miércoles, 1 de septiembre de 2010

Daniel Barenboim dirigió a la Orquesta East-Western Divan en el Teatro Colón de Buenos Aires

Fotos cortesía: Mozarteum Argentino

Ramón Jacques

El 19 de agosto de 1950 y con tan solo ocho años de edad, debutaba en su natal Buenos Aires, en un concierto de piano, Daniel Barenboim. Él mismo día, pero sesenta años después, el celebre pianista y director de orquesta argentino se encontró en el podio del Teatro Colón de Buenos Aires dirigiendo en un programa monográfico de Beethoven a su Orquesta East-Western Divan, a la que considera su proyecto musical mas ambicioso porque la conforman jóvenes músicos provenientes de Israel, Palestina y otros países árabes, y cuyo fin es el de difundir la convivencia y el dialogo intercultural.

Como parte de la gira que realizan Barenboim y la orquesta, por diversos países hispanoamericanos, los conciertos en la Argentina donde interpretaron todas las sinfonías de Beethoven, se realizaron por invitación de la asociación Mozarteum Argentino. Las colaboraciones pasadas entre esta asociación y Barenboim, han rendido frutos musicalmente muy interesantes ya que como pianista ha interpretado las Variaciones de Goldberg y El clave bien temperado, ambas de Bach, así como todas las sonatas para piano de Beethoven.

Por tratarse de un importante aniversario en la vida del intérprete, el concierto resultó ser muy emotivo ya que después del intervalo y antes de dar inicio a la segunda parte, Barenboim se dirigió al público con palabras de agradecimiento y habló sobre este proyecto, iniciado en 1999, el cual considera tan “humanitario” como musical.

Desde el punto de vista orquestal, se interpretó la Sinfonía No 4 en Si bemol mayor, Op. 60 de Beethoven, música y repertorio afines al gusto y al temperamento del director, que dirigió con maestría y elegancia, con sutileza y vigor cuando fue necesario, y del que extrajo interesantes y sutiles tonalidades timbricas, como del reflexivo Adagio inicial, que continuó con un gracioso Allegro vivace, al sereno Adagio del segundo movimiento y hasta los alegres últimos dos movimientos, en los que se notó el contraste entre la sólida sección de cuerdas de la orquesta, con la de vientos, particularmente del fagot y del clarinete.

La ejecución de la Sinfonía No. 3 “Heroica” fue notable, conmovedora y emocionante, con la segura e incisiva baqueta de Barenboim de la que emanó un sonido compacto y homogéneo de todas las fuerzas musicales de la orquesta, pero que fue sobretodo, trabajado con más brilló y exaltación: como en la Marcha Fúnebre, y el muy alegre Finale. Al concluir el concierto, el publicó premio con largos aplausos a “su” músico, y a la muy grata interpretación musical que ofreció

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