martes, 21 de septiembre de 2010

Trouble in Tahití y Bon Appétit! en Boston

Fotos de Christopher McKenzie (Sandra Piques Eddy, Stephen Salters).

Lloyd Schwarz (The Phoenix)

Durante sus cinco años de existencia como productora de operas de verano en el teatro Tsai Performance Center de la Universidad de Boston, la compañía Boston Midsummer Opera no había obtenido buenos resultados por sus producciones de poco gusto y sus versiones de obras de Mozart y Bizet a las que se les habían cortado las mejores parte de la música. Este año se realizó un doble programa de obras americanas, Trouble in Tahiti (1951), la musical pero amarga sátira de Leonard Bernstein y Bon Appétit! (1989), de Lee Hoiby, una amalgama de dos hechos verdaderos de Julia Child French chef, que es quizás el programa mas exitoso que ha presentado la BMO, especialmente porque el publico estuvo muy entretenido por Judy Kaye, y porque dos importantes cantantes en la actualidad como el barítono Stephen Salters y la mezzosoprano Sandra Piques Eddy, quienes actuaron los papeles de Sam y Dinah, los infelices personajes de Bernstein. La puesta escénica de Scott Edminston de la obra de Bernstein fue ingeniosa e inventiva (aunque por momentos mal dirigida) y el marido de Kaye, David Green hizo que ella cocinara de verdad sobre el escenario. Bernstein compuso su propio libreto para Tahití, y a su pareja de cantantes (inspirados al parecer en sus propios padres) les agregó un trió de estáticos pero alegres cantantes que encumbrando la vida de los suburbios. Edminstron también utilizó un buen trió, para personificar a los otros personajes, y agrego un verdadero y joven “junior”. Aunque estos personajes llenaron el escenario de movimiento, minimizaron el vacio que Bernstein trató de representar.

Dos importantes elementos causaron aun mas daño: el “final feliz” que Edminston dio a Sam y Dinah, y la extensa aria central en la que Dinah describe a otra chica la exótica película – Trouble in Tahití- que vio recientemente. La mala película que el buen gusto de Dinah la lleva a odiar es una revelación de su deseo escondido de romance y color. Esta divertida aria debió haber sido conmovedora, pero Edminston dispuso que Piques Eddy la hiciera con poco espontaneidad haciéndola correr por el escenario con bufandas de seda y como si lo hubiera ensayado miles de veces. En dos momentos, la obra se convirtió en sentimental y cruel. Aun así Salthers y Piques Eddy son tan buenos cantantes y poseen agradables apariencias escénicas, y Davenny Wyner fue un director tan competente y habilidoso que uno no podía dejar de estar involucrado en la función. Tambien estuvo Kaye (una celebre Dinah ella misma) como Julia Chile, el papel que Hoiby concibió para Jean Stapleton (Edith Bunker). ¿Existe algo que Kaye no tenga? Posee presencia escénica, una voz de amplio y emocional rango, e impecable comicidad. La música de Hoiby es una débil imitación de Richard Strauss, especialmente en su Sinfonia Domestica. Pero Bon Appétit! es un vehículo, y con una mejor conductora que Kaye es inimaginable. Regresando a Bernstein y a ella misma, y para redondear la velada, alegró al publico con su interpretación de una canción del primer musical de Broadway de Bernstein, On the Town, "Lucky To Be Me" ("I'm so proud/You chose me from all the crowd,/There's no other guy I'd rather be,/I could laugh out loud,/I'm so lucky to be me"). Todos los que estuvimos ahí fuimos afortunados.

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