martes, 28 de septiembre de 2010

Estreno mundial de Il Postino de Daniel Catán en la Opera de Los Ángeles.

Fotos crédito: Robert Millard

Ramón Jacques
La Opera de Los Ángeles ofreció el estreno mundial de Il Postino, opera en tres actos con música y libreto del compositor mexicano Daniel Catán. La opera, escrita y cantada en español esta basada en la película italiana homónima de 1994, dirigida por Michael Radford, con Massimo Troisi, Maria Grazia Cucinotta y Philippe Noiret, en los papeles principales, así como en la novela Ardiente Pasión del escritor chileno Antonio Skármata. Il Postino, que fue comisionada por la Opera de Los Ángeles, es la cuarta opera escrita en español por el compositor mexicano que ha sido escenificada por algún teatro estadounidense. Su primera opera, La Hija de Rappacini fue estrenada en 1994 en la Opera de San Diego (aunque su premier fue en 1991 en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México) y tanto Florencia en el Amazonas (1996) como Salsipuedes (2004), que fueron comisionadas por la Opera de Houston, tuvieron ahí sus respectivos estrenos mundiales. Curiosamente, fuera de México, las operas de este compositor no han captado el interés de teatros de otros países hispanoparlantes o de España, y fuera de Estados Unidos, solo Florencia en el Amazonas ha sido escenificada en Europa, en Heidelberg, Alemania en el 2006. La producción viajará al teatro Theater an der Wien de Viena en diciembre del 2010 y a Paris al Théâtre du Châtelet en julio del 2011. Además, se habla ya del interés mostrado por el: Teatro Real de Madrid, al Palau de les Arts de Valencia, al Teatro Municipal de Santiago de Chile, y la Opera de Bellas Artes de México por representar la obra.

Desde el punto de vista musical, la orquestación de Il Postino es armoniosa y grata para escuchar, porque si bien se trata de un compositor contemporáneo, Catán no renuncia al estilo romántico y musical de componer operas en el estilo tradicional, en el que se percibe la influencia de compositores como: Puccini, Strauss o Debussy, y que hábilmente fusionó con novedosas ritmos provenientes de la música contemporánea, la folclórica, incluso latina y caribeña. Además, su admiración por la voz, hace que sus personajes cuenten con recitativos, arias, dúos etc. Frente a la orquesta, Grant Gershon, segundo director del teatro, condujo con mano segura y precisa, logrando resaltar los momentos más sutiles y liricos de la partitura, así como los de tensión, cuando fue necesario.
La figura de Placido Domingo, acaparó indudablemente la atención dando vida al papel del poeta Pablo Neruda, (el 134 de su extensa carrera). El personaje fue creado vocalmente para su voz de tenor, por lo que se mostró cómodo en la tesitura y brilló en el timbre y la emisión que fue uniforme. Su trabajo escénico fue verosímil y hasta notable, ya que la imagen de Neruda parece acercarse a su naturaleza, a su constitución y sobretodo a su temperamento. El ingenuo y romántico cartero Mario Ruoppolo fue interpretado correctamente por el tenor Charles Castronovo, quien mostró una voz lirica de buenas cualidades e impecable dicción española. Dignas y meritorias fueron las participaciones individuales del resto del extenso elenco y el coro, mencionado a la soprano Amanda Squitieri por el fulgor en su canto como Beatrice Russo, al barítono ruso Vladimir Chernov, todo un lujo para el breve papel de Giorgio; a la mezzosoprano española Nancy Fabiola Herrera, como Donna Rosa la autoritaria madre de Beatrice, por la opulencia de su oscuro timbre y al barítono mexicano José Adán Pérez, por el matiz de su timbre, la claridad de su línea de canto, y su desempeño como Di Cosimo. La soprano chilena Cristina Gallardo-Domâs, se distinguió por su segura prestación vocal y actoral en el papel de Matilde, la esposa de Neruda. (Tanto Domingo como Gallardo-Domâs están confirmados para las representaciones de la opera en Viena y en Paris).

Visualmente se vio la producción diseñada por el cubano Riccardo Hernández, quien en un escenario cubierto de mosaicos y una brillante iluminación en tonos azules y claros captó la luminosidad, la frescura y el ambiente mediterráneo de la isla. Con pocos elementos escénicos en constante cambio de ambientes y locaciones y la ayuda de proyecciones de estrellas, mares y escritos de poesías de Neruda proyectados sobre el escenario se creo una secuencia de corte y estilo cinematográfico. La trama de la opera, similar a la de la película en términos generales trató, sobre la amistad y admiración que nace entre Mario, un cartero, y Pablo Neruda, durante el exilio político del celebre poeta chileno en la isla italiana imaginaria de Cala di Sotto. La dirección escénica del brasileño Ron Daniels fue directa y concisa, haciendo que sus personajes tuvieran credibilidad y un lado humano. Así, se pudo ver a un Neruda cantando música popular que escuchaba en su radio o bailando tangos con su esposa Matilde durante la escena de la boda.

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