domingo, 21 de marzo de 2010

Gustavo Dudamel dirigió a la Sinfónica Simon Bolivar en Lucerna, Suiza

SJVSB,Gustavo Dudamel, Sala KKL, Festival de Lucerna,Suiza. 20-03-2010 Fotos: Nohely Oliveros FESNOJIV

Prensa Fesnojiv

Un despliegue de garra, talento y fuerza sonora caracterizó el concierto que, bajo la dirección de Gustavo Dudamel -cuya sola presencia sobre el podio generó aplausos que se prolongaron durante varios minutos-, ofreció a sala llena la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar en la segunda jornada del Festival de Lucerna en Suiza, que esta considerado como uno de los más importantes en el mundo de música clásica.

Fiesta, delirio colectivo, celebración clamorosa, fueron algunos de los calificativos utilizados por los cronistas suizos para describir el desempeño de las individualidades artísticas venezolanas en sus presentaciones de años anteriores, lo que suscitó un interés superlativo al punto de que las 1840 localidades de la sala de conciertos, fueron adquiridas con casi dos meses de antelación a lo que consideraron aquí como “un exito”.

Al igual que en ocasiones precedentes, el público europeo recibió a Gustavo Dudamel como “la nueva estrella en el firmamento de la música” , y como si fuera una radiante luminaria del pop, le tributaron el homenaje de la más rendida admiración. Más de 10 minutos de ovación y el público de pie, premio la conducción del maestro venezolano.


El programa interpretado fue gratificante y ambicioso e incluyó el poema sinfónico Francesca da Rimini Op. 32 de Tchaikovsky, y la majestuosa Sinfonía Alpina de Richard Strauss. Este programa, que afrontó la juvenirl orquesta venezolana, mereció encendidos vítores de unos melómanos habituados a escuchar los sonidos más trabajados y estilizados del mundo.

“Esta es una formación orquestal de gran calibre”, expresó un experimentado profesor suizo, justificando la emotividad de la velada y la atmósfera de complacencia que se advirtió durante todo su desarrollo. La conocedora audiencia de Lucerna dio rienda suelta a su entusiasmo –y al fervor que generó la Sinfónica Simón Bolívar y su carismático director- no sin antes mostrarse silenciosamente embelesada durante la ejecución, al igual que si se encontrara frente a la exactitud de un encefalograma clínico, pero a conciencia de la salud de los protagonistas, que terminaron seduciéndolos al conjuro de su sonoridad y gracias a la milimétrica dosificación de sus alientos.

“Él viene de Sudamérica, de un país como Venezuela, comprometido con el arte como arma efectiva de desarrollo social” señaló sobre Gustavo Dudamel el maestro suizo Charles Dutoit, quien canalizó durante algún tiempo las aptitudes interpretativas de la notable pianista Martha Argerich, otra de las grandes fanáticas del movimiento orquestal venezolano.

Luego de cosechar ovaciones con la Francesca da Rimini, obra en la que habita una reposada y a veces sólida vitalidad, Dudamel y sus dirigidos obsequiaron una versión de la Sinfonía Alpina de extraordinaria belleza sonora, exenta del ceremonioso amaneramiento que cultivan algunos de los directores sinfónicos más notables.

Delirio total y absoluto en una sala casi siempre ganada por la circunspección. Gran triunfo del sistema orquestal venezolano en la hermosa villa de inmensos lagos y montañas imponentes. Como bien lo indicó el Maestro Dudamel: “El que una orquesta juvenil como la nuestra sea la invitada de honor en este magno evento, representa lo mucho que hemos crecido como movimiento musical. Claro que somos un proyecto social, pero sin dudas la simbiosis entre lo artístico y nuestra responsabilidad con el colectivo nos ponen en un lugar muy importante en el mapa musical."




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