lunes, 8 de marzo de 2010

Música de cámara con el Cuarteto Humboldt - México

Fotos: Sebastian Kwapisz (violín) y Cuarteto Humboldt. Crédito: Musica UNAM

Ramón Jacques

El Ciclo de Música de Cámara que presenta Música UNAM, en la recientemente renovada sala para recitales Carlos Chávez del complejo cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México, ofreció este agradable y sugestivo concierto a cargo del destacado Cuarteto Humboldt, conformado por cuatro destacados músicos integrantes de la Filarmónica de la UNAM, y que tomó su nombre inspirándose en los preceptos del naturalista alemán Alexander Von Humboldt (1769-1859) quien apoyó el desarrollo de la ciencia, combatió la esclavitud, la opresión y la discriminación, y que fomentó el desarrollo cultural entre México y Alemania.

El concierto inició con la interpretación del placido y grato Cuarteto para cuerdas Op. 33, conocido como El Ave, de Haydn una armoniosa y alegre pieza clásica de cuatro movimientos, de fresco y exuberante tono “primaveral”, y con alargados y melancólicos pasajes por momentos, mayormente expresados en su cadencioso tercer movimiento Adagio, pero sin perder nunca su carácter alegre y optimista. Sobresalió en todo momento el fulgor y la emoción que provino del violín de Sebastian Kwapisz, líder del cuarteto y concertino de la OFUNAM (Filarmónica de la UNAM). En cada movimiento se escuchó un sonido uniforme y parejo del ensamble, y en los momentos de mayor dinamismo la comunicación se convirtió en un autentico dialogo a cuatro voces.

En la ejecución del breve Adagio y fuga para cuarteto de cuerdas en do menor, K 546 de Mozart, se escuchó al inicio un violoncelo de tono oscuro, y tenues pinceladas musicales de los demás instrumentos, pero como fue desarrollándose la pieza se pudo percibir la musicalidad y la ligereza en las cuerdas de un sonido típicamente mozartiano.

En la última parte del concierto, el cuarteto confeccionó una interesante y esplendorosa realización del Cuarteto para cuerdas en re menor, op 56, Voces Intimae de Jean Sibelius, obra contemporánea que por su acento sombrío y solemne, logra confrontar al publico con sentimientos profundos que invitan a la reflexión, en cada uno de sus cinco movimientos. Sobresalió nuevamente el chelo de Ville Kivivuori que marcó una pauta enérgica y por momentos triste a la melodía, complementándose con un placentero y sutil acompañamiento de los violines y la viola. La mayor vehemencia y riqueza de toda la pieza quedo cincelada en la memoria con el fascinante cuarto movimiento, Allegretto (ma pesante), que debió ser interpretado nuevamente, como bis, al final de concierto.

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