miércoles, 7 de septiembre de 2011

Verónica Villarroel ofrece master class en homenaje al primer aniversario del Centro Cultural Gabriela Mistral en Chile

Foto: Veronica Villarroel en clase maestra.

Johnny Teperman.

La cantante Verónica Villarroel, considerada entre las más destacadas sopranos chilenas de todos los tiempos, compartió su valiosa experiencia en una master class en homenaje al primer aniversario del Centro Cultural Gabriela Mistral.  Junto a la gran exponente de la lírica nacional, participaron cinco alumnos de canto previamente seleccionados de academias privadas y de planteles universitarios, tres sopranos y dos tenores, en una jornada abierta a público general, de dos horas y media de duración, la que asistieron más de 300 personas, de todas las edades y las actividades, unidas por su amor al canto lírico.  Para ya echar raíces en el medio chileno, Verónica se decidió a crear una Academia de Canto, que cada día adquiere más importancia: “Ha llegado el momento de entregar toda la experiencia y conocimiento acumulados en todos mis años de trayectoria, y qué mejor que hacerlo en mi Chile, donde hay tanta gente talentosa y que, creo, pueden obtener de mi muchas cosas que sé son necesarias para enfrentar la vida real del arte del canto”, expresó. “Espero que paso a paso este lugar vaya creciendo para poder ir entregando a más personas toda mi experiencia y ayudar a la formación de nuevos artistas con todo mi cariño”., señaló emocionada.  Profesores de la Academia de Verónica Villarroel, encabezados por el conocido tenor Pedro Espinoza seleccionaron a los cinco alumnos que participaron en la master class. a partir de una convocatoria entre estudiantes de canto. El programa de trabajo dispuesto para esta única jornada incluyó lecciones de interpretación, técnica vocal, desarrollo del personaje, contexto, y dicción. Los alumnos, todos de excelentes voces, interpretaron brillantemente, arias de las famosas óperas, "Capuletos y Montescos", de Vincenzo Bellini; "El Elixir de Amor" y "La Hija del Regimiento", de Gaetano Donizetti; "Rigoletto", de Giuseppe Verdi y "La Boheme", de Giacomo Puccini.

Posteriormente hubo una interesante y amable sesión de preguntas y respuestas entre Verónica y los asistentes de las cuales extractamos las siguientes:

¿Acostumbra usted a ofrecer clases a estudiantes de canto lírico?

Lo he hecho varias veces, en Chile y otros países. Me encanta hacerlo, pues así se aporta mucho a los profesionales jóvenes y también uno aprende de las clases. La técnica de canto no es una ciencia, sino que está abierta a muchas visiones y debates. Están las corrientes, rusas, italianas, francesas, alemanas… Como se basa en tu cuerpo y experiencia emocional, es algo difícil de fijar; es muy personal.

¿Cuáles son los pilares sobre los que basa sus lecciones?

No es una tarea fácil aprender cómo usar tu instrumento y experiencia para que el auditor capte lo que quieres decir. Si el canto realmente te apasiona hay una ventaja. Luego de treinta años de experiencia y de haber trabajado con grandes maestros del mundo, creo que puedo dar mucho. Como alumna, asistí a clases magistrales de Pavarotti, Alfredo Kraus, Renata Scotto. Entonces, aparte de mi propia percepción del trabajo del otro, puedo ofrecer una guía en torno a su dicción, su fraseo, su expresión como actor. Creo en entregar a la comunidad lo que uno ha aprendido a lo largo de su carrera. Me interesa trabajar con gente que esté realmente abierta y apasionada por el tema, y que realmente quiera entregarse a investigar más.

¿Qué buscaba usted cuando era una alumna de canto lírico?

Respuestas. Respuestas a los miedos, a las inseguridades. Respuestas a cómo pararme arriba de un escenario, cómo vestirme. He aprendido que el momento en el que pones un pie sobre el escenario ya es importante, pues eres alguien que lleva un carácter y que va a entregarse a una dimensión que es la música. También he aprendido que los trabajos emocionales y sicológicos son muy importantes. A veces nosotros mismos nos limitamos por cosas emocionales, y no nos damos cuenta de que trabajando personajes sacamos mucho de nuestro pasado, de nuestras vivencias que tal vez aportarían muchísimo a la construcción de un personaje. Uno aprende a sentir cada palabra; a saber emocionalmente lo que se está diciendo.

















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