domingo, 3 de julio de 2011

Ariadna en Naxos en el Teatro Municipal de Santiago de Chile.

Fotos: Teatro Municipal de Santiago.

Johnny A. Teperman

Con un estreno absoluto para Chile, "Ariadna en Naxos", de Richard Strauss, se presentó como toda una novedad de la temporada lírica 2011 del Teatro Municipal. Esta obra, segundo título del ciclo, pretende ser uno de los puntos cúlmine del año, al ofrecer un argumento muy original, que representa la magia del teatro dentro del teatro, con situaciones tragicómicas, y roles que presentan grandes desafíos para sus intérpretes.  Una vez más, se encargó la puesta en escena al artista argentino Marcelo Lombardero, cuyo trabajo ha sido satisfactorio, al ofrecer un espectáculo que en líneas generales, agradó al público que asistió a las cinco funciones de la obra. El año pasado, el regisseur trasandino también dio que hablar con la muy moderna puesta en escena de la ópera Alcina, en la temporada lírica nacional. La ópera contó con muy buenos cantantes, incluyendo protagonistas de excepción. Destacaron, la soprano estadounidense Christine Goerke (Prima Donna / Ariadne), el tenor estadounidense Richard Cox (El Tenor / Baco), la soprano rusa Ekaterina Lekhina (Zerbineta) – quien tenía como antecedente una brillante interpretación de Gilda en el "Rigoletto" del año pasado - y la mezzosoprano alemana Gundula Schneider (El Compositor). Christine Goerke cantando a “Ariadna” y la “Prima Donna”, exhibió un podeoso caudal de voz y en especial en su rol de Ariadna de la segunda parte (único acto de la obra) sostiene el peso argumental con su dolido canto, extenso y convincente para culminar en un atractivo duo con un Richard Cox que sin estar a la altura de ella, hizo lo posible por equiparársele. El trío de ninfas que la acompañaron, fueron tres cantantes chilenas de primer nivel, incluso de trayectoria: Pamela Flores, Evelyn Ramírez y Andrea Aguilar. Las tres con notas de excelencia. Ekaterina Lekhina, brindó una Zerbinetta exquisita por todo concepto. Una voz probada de calidad como soprano de coloratura en un personaje divertido y que en el Prólogo brindó una ária de gran jerarquía. En cuanto al Compositor, rol masculino que encarnó Gundula Schneider, basta señalar que ella fue el mayor sostén del Prólogo, en el cual a poco andar y en medio de tanto diálogo (cantado y hablado) impuso su presencia lírica y una técnica vocal de primer nivel.  El barítono brasileño Leonardo Neiva, que siempre se luce en Chile, calzó muy bien en su papel de “Profesor de Música”, tanto en lo vocal como en lo actoral. Los demás peronajes fueron encarnados en forma satisfactoria aunque el argumento y los diálogos del Prólogo fueron enredados y al público le costó compenetrarse de lo que sucedía hasta la correctísima aparición e intervención del Compositor.
 
La parte musical estuvo a cargo del titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago, Rani Calderón, quien cumplió satisfactoriamente al frente de la Orquesta Filarmónica de Santiago, de la cual es el titular.  La escenografía de Diego Siliano, el vestuario, de Luciana Gutman, y la iluminación, de José Luis Fiorruccio, los tres argentinos, excelentes, para brindar una idea adecuada de la obra.  "Ariadna en Naxos" está considerada como la obra lírica más exquisita de Richard Strauss, en la cual éste propone un diálogo entre la tragedia clásica (la historia de Ariadna) y la “ópera buffa”, vinculada a los argumentos más ligeros de la "commedia dell'arte" italiana (con Zerbinetta y sus compañeros).  La escenografía del Prólogo, nos pareció moderna, elegante y funcional. En el segundo esta impresión cambió: la encontramos algo pobre, con un escenario de pocas dimensiones en donde estuvieron, la mayor parte del tiempo, la entristecida Ariadna junto a sus tres ninfas.  La acción transcurre en la mansión de un magnate (Prólogo) y en un escenario que representa la isla de Naxos (único acto). El dueño de casa propone hacer la ópera “Ariadna en Naxos”, después de la cual se presentará una ópera buffa, “La infiel Zerbinetta” y sus cuatro amantes.  Cuando el joven compositor se entera, se enfurece porque considera indigno juntar ambos espectáculos en la misma velada. Ante la disyuntiva, el dueño de casa corta por lo sano: mezclará los dos espectáculos.

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