viernes, 15 de julio de 2011

La cantante israelí Noa bucea en la música napolitana.

Foto: Noa; Noa y Andrea Bocelli en Masada Israel copyright Maxim Reider.


Alicia Perris (Revista Raíces de Cultura Judía- Madrid)

“Llevo 18 años actuando en Italia y creí que había llegado el momento de devolver al público de ese país todo el cariño que me ha dado” (Noa).

Y lleva a cabo otro desafío importante, ella que rastrea las raíces propias y diversas, de las gentes, de su idiosincrasia, de su música. Achinoam Nini, Noa, nació en 1969 en Tel Aviv, pero vivió también en Estados Unidos y tiene un vínculo visceral con la cultura yemení. Judía por los cuatro costados, su temperamento la lleva a buscar puentes que unan a las diferentes tradiciones, políticas y exigencias de judíos y palestinos, en una simbiosis que los aleje de las guerras casi fratricidas que mantienen por una hegemonía territorial, por los recursos, por la religión. Convertirse en cantante, maravillar al mundo con su voz avellanada de madera noble, la artista israelí se unió a su colaborador y compañero, Gil Dor, para hacer música, quererse y tener hijos. Actuó en diferentes partes del planeta, también en algunos países árabes como en Marruecos, sufrió críticas y asonadas, como alguna, muy conocida, en Barcelona, pero su capacidad de entrega no se viene abajo. Cantó con Sting y la Filarmónica de Israel y ante personalidades tan señeras como Hill Clinton, Yasser Arafat, el rey de Noruega o Ehud Barak. Su Album recopilatorio “Noa Gold”, da cuenta de su incansable trabajo siempre innovando, siempre incorporando propuestas artísticas sorprendentes.
 
En este último cd, canta a Nápoles y delimita una labor fantástica, mientras se expresa en hebreo, en español y sobre todo en dialecto napolitano, difícil de hablar y de entender. No sólo Santa Lucía, sino también la festejada Torna a Surriento, Nonna Nonna, la deliciosa Tammurriata Nera, Napule Ca´se ne va y tantas otras, jalonan una propuesta que engancha y acompaña como una como canción de cuna, como un requiebro amoroso y apasionado, como una melodía de seducción inacabable, porque todo eso son las melodías que a través de los siglos han florecido alrededor de la tierra dulce y acogedora cercana al Golfo de Nápoles. Noa no tiene igual, pero Nápoles tampoco. Su golfo es, como dicen algunos, “probablemente, uno de los más bellos lugares del mundo”. Es así. Y nos atrapa y nos conmueve. Y nos deja sin respiro, de pura sorpresa. Noa reinterpreta la vivencia de esta tierra de volcanes, como un Vesubio más, a fondo. Como escribe Federico Vacalebre (en traducción de Joan Ollé): “Noa trino, Noa agudo, Noa bajo profundo. Noa serenata sobre el mar…Noa perfume de mayo. Noa descarada. Noa eco de oriente. Noa voz de occidente”.

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