viernes, 19 de agosto de 2011

Pelléas and Mélisande en el Teatro Colón de Buenos Aires

Fotos: Teatro Colón de Buenos Aires

Prof. Christian Lauria

PELLÉAS ET MÉLISANDE Drama lírico en cinco actos. Música de Claude Debussy. Libreto basado en el drama homónimo de Maurice Maeterlink. Elenco: Pelléas: Markus Werba, Mélisande Anne Sophie Duprels. Goulad Marc Barrard, Arkel Kurt Rydl , Geneviève Vera Cirkovic, Yniold Fabiola Masino, Médico Mario De Salvo, Pastor Sebastiano De Filippi. Orquesta Estable del Teatro Colón .Director Mtro. Emmanuel Villaume. Coro Estable del Teatro Colón .Director Mtro. Peter Burian .Directora de Escena Olivia Fuchs. Escenografía y Vestuario Yanni Tavoris .Iluminación Bruno Poet. Claire Whistler. Producción del Teatro Colón basada enla producción del Holland Park Opera de Londres, 2010.Teatro Colón de Buenos Aires. Función del 16 de Agosto de 2011

UNA MÁS... Hace exactamente cien años el público porteño conocía esta estupenda obra de Debussy en el Teatro de la Ópera interpretada por el elenco de la Ópera-Comique de París, dirección de Albert Wolff y puesta de Albert Carré. La fascinación que la cultura francesa ejercía sobre nuestro medio por entonces aseguraba un suceso más allá de los valores propios de la pieza, aunque el gusto del respetable público se inclinara más ante Massenet,Bizet y Gounod por entonces... El Colón la recibió en 1931 con la batuta de Ansermet (nada menos!) y desde entonces la enigmática criatura de la cabellera rubia cobró vida en las memorables versiones de las casi míticas Ninon Vallin o Victoria de los Ángeles hasta la encantadora y contemporánea Federica Von Stade. El centenario de su estreno porteño justificaba su programación tanto como la belleza de esta tan particular creación que sabe sumar fanáticos y devotos melómanos entre sus disfrutadores. Claude Debussy logró, sin dudas, con Pelléas et Mélisande su contribución más lograda para la lírica en un camino que no conoció demasiados continuadores de estilo. Desde que conoció el texto de Maeterlink pensó en hacer con él una ópera o, mejor dicho, un drama lírico, como él mismo lo cataloga, y a ello se entregó con toda decisión. El autor del texto es uno de los más claros exponentes del simbolismo literario francés, y esta escuela pretende mucho más que jugar con metáforas... explora el camino de la múltiple significación de las palabras mucho antes de que la semiótica teorizara sobre el tema y abre nuevas perspectivas a la creación poética con su carga de colores, sonidos, sensaciones, y lecturas múltiples. Tal vez hayan sido estas las cosas que interesaron a Debussy y le hicieron prestar atención a la historia de esta muchacha y un triángulo amoroso (cuestión trillada si la hay... desde Franceca y Paolo...!) al descubrir un estilo expresivo tan afin a sus propias exploraciones musicales. Porque si el poeta es un nombre que resulta sinónimo de simbolismo, el del músico lo es del Impresionsmo musical. Aquí la melodía deja su lugar a la creación de atmósferas sutiles, de juegos con las sensaciones e impresiones. Aquí los contornos se vuelven difusos y la música se funde con la palabra sin que podamos definir cuánto de una hay en la otra y viceversa. Pelléas es una obra única en su género. Distinta a cualquier otra, aunque con puntos de contacto con muchas. Y es que Debussy resignifica recursos y los usa novedosamente, llevándolos a extremos hasta entonces desconocidos. Simbolismo e impresionismo conjugados en una pieza sutil, delicada, profunda y rica como pocas.
El Teatro Colón optó para su producción de esta temporada por alejarse de esta visión y explorar caminos distintos... El resultado no fué muy convincente. El mundo simbólico sutil, rico en bellezas de color e impresiones casi oníricas dejó lugar a una puesta casi brutalista en la que los símbolos fueron explicitados redundantemente, hasta el punto de, paradójicamente, volver confusa su decodificación. El calor, el sensualismo, el color, fueron reemplazados por una escenografía un tanto minimalista, fría, monótona y la adición de ballet en los intermedios no sumó nada sustancial. La Mélisande de Anne Sophie Duprels (a quién vimos el año pasado en Manon en esta misma sala) no estuvo mal, aunque el timbre de la soprano no resulta muy convincente en roles de este tipo. No puede negarse su calidad dramática y su histrionismo, pero el enfoque del personaje nos presentó una criatura menos enigmática que superficial. Markus Werba creó un Pelléas poco comprometido. Su voz es muy grata, pero no logró transmitir demasiado de la riqueza del personaje. Por otra parte el amor que une a la pareja protagonista parecía un tanto ausente de la acción. El Golaud de Mark Barrard estuvo servido con sinceridad y entrega, creciendo de menor a mayor a lo largo de la velada desde lo vocal, aunque en lo dramático recurrió a ciertos clichés que le quitaron espontaneidad. Kurt Rydl se impuso con una autoridad cosechada a lo largo de una carrera extensa y más que meritoria. El hecho de hacer de Arkel un ciego generó algunas tensiones con el texto, pero más allá de esto fue un gusto verlo en nuestro escenario mayor. Fabiola Masino nos brindó un estupendo Yniold. Muy bien, asimismo, Vera Cirkovic, Mario De Salvo y Sebastiano De Filippi, quienes demostraron una vez más con cuánto talento contamos entre nuestros artistas y cuán necesario sería generar los espacios imprescindibles para que pudieran lucirse en proporción a sus méritos. La dirección del Mtro. Emmanuel Villaume intentó matizar apelando a fortes que pusieron en dificultades a los cantantes más de una vez. Se hechó de menos la sutileza tan propia de Debussy... la única que puede lograr que salgan a la luz todas las riquezas que encierra la partitura. El público que ocupó la sala sólo parcialmente, recompensó con sus medidos aplausos una velada que se guardará más en la estadística que en el corazón. En fin... Una más.



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