viernes, 19 de agosto de 2011

Jordi Savall en el Festival de Santander: lo suyo es siempre diálogos entre culturas.

Foto: Fernando Baños / Festival Internacional de Santander

Alicia Perris

Música de Cámara y recitales: Jordi Savall, lira de arco y rebab. Dmitris Psonis, percusión. Programa: La lira de Hesperia. Oriente-Occidente. Diálogo de la música antigua y la música del mundo. Miércoles 10 de agosto 2011. 21 horas. Sala Pereda.

Desde que lo escucháramos en “Todas las mañanas del mundo”, la película de Alain Corneau sobre Marin Marais y los entresijos artísticos y personales en la corte de Luis XIV, no hemos podido dejar de seguirle la pista. Numerosos son los trabajos que nos fascinan del maestro y sus habilidades para reconocer y rescatar músicas olvidadas, de otros países, de otras civilizaciones, de otros tiempos. Entre las más destacadas últimamente que me gustaría citar, su trabajo sobre Los Borgia, Los cátaros y la cruzada que acabó con su cultura y su peculiar concepción del misticismo y la religión, Jerusalem y el cruce de culturas y justamente, Oriente y Occidente, una propuesta que ya habíamos podido escuchar en el Festival de verano de San Lorenzo de El Escorial, en el Teatro Auditorio, hace algunas temporadas. En Santander, mecido por la brisa del mar que tan a menudo lo acompaña cuando está en casa, Savall propone esta vez la “búsqueda de los estilos propios de cada época y de cada espacio cultural e intenta restablecer un diálogo respetuoso con la identidad musical de estos espacios y cada cultura”. En el contexto de este recital se muestra un repertorio a mitad de camino entre Oriente (del que todos somos en cierta forma descendientes y deudores) y Occidente, nuestra alma mater, aunque enriquecida de influencias y aportaciones foráneas benéficas. Para llevar a cabo esta verdadera exhibición de creatividad, de maestría y de belleza, Jordi Savall y el percusionista que lo acompaña, Dimitri Psonis, unen en el espectáculo, en sus hallazgos y contenidos musicales, un instrumental tan exquisito como sugerente. Amin Maalouf, que dio en su libro “La cruzada vista por los árabes” una versión diferente y propia del mundo árabe, del “otro lado” de la contienda, escribe largamente en el comentario que acompaña el disco de Savall, Orient-Occidente (1200-1700), Hesperion XXI, parte de cuyo perfume se disfruta ahora en el recital de Santander y sus palabras suenan a pensamientos y teorías que no son habituales en la historiografía española, francesa, inglesa o europea en general: “Escuchar estas músicas de Oriente y Occidente reunidas con sutileza por Jordi Savall no es una experiencia común. Porque a la emoción estética se añade un sentimiento más intenso aún, el de comulgar, como por ensalmo, con una humanidad reconciliada. ¿Acaso no perdió ésta una parte de su alma en la segunda mitad del siglo XV, con la muerte simultánea de Sefarad y Al Ándalus, cuarenta años después de la caída de Bizancio? Se destruyeron entre Oriente y Occidente unas pasarelas mentales y espirituales que desde entonces no han vuelto a repararse. El Mediterráneo dejó de ser un mar nutricio situado en el centro de nuestro universo cultural, para convertirse únicamente en un campo de batalla y una barrera. En el curso de este viaje en el tiempo y el espacio nos preguntamos si no serán en el fondo falaces los conflictos a los que estamos acostumbrados y si la verdad de los hombres y las culturas no reside más bien en ese diálogo de los instrumentos, los acordes, las cadencias, los gestos y los alientos…La diversidad no es necesariamente preludio de la adversidad, nuestras culturas no están rodeadas por separaciones estancas: nuestro mundo no está condenado a desgarramientos sin fin; aún cabe la salvación. ¿Y no es ésta, desde el principio de la aventura humana, la razón primera del arte?” (Cita de Amin Maalouf, traducción de Juan Gabriel López Guix.)




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