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Wednesday, August 31, 2016

Stresa Festival 2016 - Oltre la Porta - Prima mondiale

Renzo Bellardone

STRESA FESTIVAL 2016 – ‘OLTRE LA PORTA’ –Prima mondiale REGINA PALACE HOTEL  27 AGOSTO 2016 Alda Caiello, Giulia Peri, soprani Gabriella Sborgi, mezzosoprano Stresa Festival Ensemble Carlo Boccadoro, direttore

IGOR STRAVINSKIJ, Three Songs from W. Shakespeare CARLO BOCCADORO, Oltre la porta Libretto di Cecilia Ligorio Prima assoluta – commissione Stresa Festival per i 400 anni dalla morte di W. Shakespeare


Delle Three Songs  vale la pena di evidenziare la seconda dove vive ‘la Tempesta’ e la terza che alleggerisce l’atmosfera ( per tutti, meno che per i mariti traditi) raccontando infatti del cucù sia con i suoni che ne simulano il verso, sia per il significato sottinteso circa i mariti traditi. Interessante e vivace la direzione di Carlo Boccadoro e del trio flauto, clarinetto, viola su cui si è innesata la calda voce del mezzosoprano Gabriella Sborgi. Dopo questa introduzione è giunto l’atteso momento di ascoltare in prima assoluta la ‘commissione 2016’ dello Stresa Festival, ovvero ‘Oltre la porta’ con i testi essenziali e modernamente efficaci di Cecilia Ligorio su scrittura musicale di Carlo Boccadoro, noto compositore ed artista ad ampio raggio. La musica ben ritmata non risulta ostica al primo ascolto, anche se forse necessiterebbe di essere riascoltata per meglio apprezzarne la ricercatezza stilistica e comunicativa e gli entusiasti crescendo degli archi.  Le voci sono altresì interessanti: Gabriella Sborgi sfodera il consueto gran temperamento interpretativo “…niente, niente, niente…”; Alda Caiello affascina con la ben conosciuta voce limpida e squillante che irrobustisce il senso drammatico della vicenda; Giulia Peri arriva da metà sala cantando con timbro chiaro e luminoso che illumina gli acuti. Per tutte e tre le interpreti si sono apprezzate sia la cura del fraseggio che l’attenzione alla dizione. Il Ponte ideale tra la tragedia di Shakespeare ed una storia di triste contemporaneità è rafforzato dai nomi dati dalla Ligorio ai personaggi, in omaggio al grande autore, cogliendoli dal suo “Re Lear”   oltre ad evidenti rimandi alla ‘Tempesta’ “…pregavo il mio cuore di diventare insensibile alla tempesta…” La Musica vince sempre

Tuesday, February 22, 2011

Las Vísperas de Santa Cecilia en versión litúrgica con obras de maestros toscanos y sicilianos del siglo XVII

Foto: Federico Bardazzi, Ensamble San Felice
Ramón Jacques
La CLAVIS, casa productora romana que se dedica a la música antigua, presentó a finales del 2010 un magnifico CD en el que por primera vez en tiempos modernos se reconstruyó la versión litúrgica de las Vísperas de Santa Cecilia, con obras de maestros toscanos y sicilianos del siglo XVII, con especial atención al compositor de Lucca, Francesco Maria Stiava. Quien realizó este redescubrimiento fue Federico Bardazzi, director del Ensemble San Felice de Florencia, dando una voz al muy profundo trabajo del musicólogo de la Universidad de Palermo, Giuseppe Collisani, profesor que unió las partes separadas en una partitura completa de los "Salmi concertati a cinque voci con violini obbligati e ripieni a beneplacito" (Bologna, P.M Monti 1694) de Stiava. Pero ¿ Como surgió esta vinculación Toscana-Sicilia? Francesco Maria Stiava, nacido en Lucca en una familia de músicos, vivió buena parte de su vida en Messina, que en el siglo XVII era con Palermo, la ciudad más importante de Sicilia, y parte del Reino de España, donde fue el organista de la capilla real. Sus obras, como explica Bardazzi en el libreto del CD, se ponen en el cuadro de aquel "barroco colosal" que se difundió desde Venecia hasta todas las capillas de los diversos reinos que a la época componían la península italiana. De Stiava fueron elegidos tres Salmos: "Dixit Dominus", "Laetatus sum" e "Magnificat". Los fragmentos vocales que completan la liturgia de las Vísperas fueron elegidos entre algunos cantos gregorianos y otras obras de autores sicilianos como: Giovan Pietro Flaccomio (Antifona "Cantantibus organis Caecilia Domino") y Vincenzo D'Elia (Hymnus "Iesu corona Virginum"). La liturgia de las Vísperas preveía también la presencia de fragmentos instrumentales, según la practica barroca, y para ello, Bardazzi eligió dos obras de otros dos compositores toscanos: Giovanni Pietro Franchi (también vinculado a Sicilia en calidad de "maestro di cappella" del príncipe Domenico Spadafora, de Messina), cuya "Sonata V a due violini e basso" se grabó en ese CD, y Gioseffo Guami, cuya presencia se dio con su canción "L'Accorta". Esa reconstrucción se presenta vestida de un traje muy variado y rico, desde el punto de vista instrumental y sobre todo del vocal, en el que resultó muy emocionante.

Ante todo hay que señalar al imponente coro formado por los solistas, que se alternaron a la vez con los muchos papeles de los solos en los Salmos de Stiava y en los otros fragmentos polifónicos que comprenden algunos de los nombres más notables de la música antigua y vocal de Italia. Entre los que se encuentra: Pamela Lucciarini, soprano; Massimo Crispi, tenor; Giovanni Guerini, bajo, que solos ya aseguran el éxito de la operación; además un trío de contra tenores uno mejor que el otro: Francesco Ghelardini, Giovanni Duci y Antonio Giovannini, y una muy buena y joven Giulia Peri, una soprano que canta en todas las obras y cuyos fraseos y voz resplandeciente son la novedad inesperada y el inicio de una carrera brillante, así esperamos. Hacer una lista de todos sería necesario porque un ensemble vocal como ese no es fácil de reunir y al escucharlo resultó ser de un nivel muy alto, pero razones de espacio no nos lo permiten. Esta es es la característica principal de las voces italianas, llenas, sonoras, carnales, y con un cuerpo como si fueran sólidas. La realización del canto gregoriano fue entregada a las voces femeninas, porque el la practica de la época lo cantaban los "pueri cantores", un coro de niños. La interpretación que Bardazzi logró de las voces agudas de su ensemble vocal fue de una luminosidad totalmente nueva en la ejecución del gregoriano: ese canto parece aquí una cosa, casi celestial, con afinación perfecta y suavidad vocal, mientras que los versos latinos se desarrollaron sin obstáculos y sin aburrimiento como podría ocurrir en otras ejecuciones similares. Esa lectura de un canto gregoriano rico y vivaz, que por fin resulta también barroco, se mostró absolutamente introductoria de la exuberante escritura barroca de las obras de Stiava, pidiendo una gran virtuosidad vocal de todos los interpretes, como en los fragmentos: "Fecit potentiam" del "Magnificat", magníficamente cantado por Guerini, o en el "Tecum principium", dúo de Crispi y Lucciarini, voces luminosas y ágiles del "Dixit Dominus", o "Jerusalem" de "Laetatus sum", con un magnifico solo de Giulia Peri. El reparto instrumental, con el concertino Fabrizio Cipriani, compendió una gran variedad de instrumentos: cuerdas, tiorba, cornetas, trombones, tímpanos, clavecín y órgano positivo. La fusión con las voces fue sobresaliente y la ejecución de la Sonata V de Franchi resultó muy fascinante, con una búsqueda de fraseos y sonidos esencialmente revueltos en la búsqueda de la espiritualidad también en la música instrumental, pues en una dimensión estética muy carnal. Eso es lo que sale escuchando este CD: el concepto de la ejecución de la música sacra italiana del siglo XVII absolutamente pasional y con participación, distante años siderales de una lectura diáfana y aséptica típica del norte de Europa. El sol del Mediterráneo parece aclarar, con todas sus gamas, cada fragmento de esa grabación que esperamos se difunda como merece, cuando los italianos lo hacen, lo hacen bien. El único pecado: el montaje tuvo que ser muy de prisa, porque de vez en cuando se escuchan en los puntos de unión, unos ecos de los fragmentos precedentes, quizás porque la iglesia donde se hizo el CD tenía demasiada resonancia, pero son solo detalles.

Monday, April 12, 2010

Semana de Musica Sacra del Mundo 2010 en Florencia

Foto: © 2007 Tamsin Waley-Cohen, CHIESA di S. Stefano al Ponte- Firenze

Esteban von Mecher.

En el ámbito de la cita anual de la Semana de Música Sacra del Mondo, organizada por la Accademia San Felice de Florencia, siempre plena de propuestas curiosas y sorprendentes, se realizaron dos conciertos con programas conformados por obras populares, no por ello menos interesantes. Ambos conciertos tuvieron la participación de la orquesta Polska Iuventus Orchestra, dirigida por Andrea Fornaciari y del Coro Harmonía Cantata, dirigido por Rafaelle Puccianti. El primer concierto estuvo consagrado al Requiem en re menor KV 626 de W. A. Mozart, y contó con la participación de un excelente cuarteto de solistas: Erika Colon, soprano; Lucia Sciannimanico, contralto; Massimo Crispi, tenor, y Antonio Marani, bajo. De inicio a fin, Fornaciari, dio una lectura austera pero no grave, casi operística por momentos, de la última e incompleta obra mozartiana, privilegiando la sonoridad oscura y misteriosa de los clarinetes, mientras la argentina voz de Colon declamaba con elegancia el celebre Te decet hymnus, magia repetida al final. No obstante que la sección de cuerdas no estuvo muy amplia las intenciones musicales de Fornaciari, que estuvieron bien acentuadas, pudieron dar una ejecución eficaz y plena de las partes Dies Irae y Confutatis, donde también el coro dio un buena prueba de si mismo con hermosas frases, muy entonadas y perfectamente pronunciadas, y donde la articulación resultó basta clara. No sucede frecuentemente escuchar una dicción tan puntual de coros italianos. El cuarteto vocal, en su primera intervención del Tuba mirum, presentado con autoridad por Marani en dialogo con el trombón, fue seguido por el explosivo y doliente Mors stupebit del tenor Crispi, el deciso Judex ergo de Sciannimanico, y la dulzura contemplativa del Quid sum miser de Colon, así como en el sucesivo Recordare, en donde se dio una optima prueba de fusión y dialogo entre ellos mismos y los instrumentos de viento. El mismo equilibrio apareció en el espurio Benedictur, donde más que nunca la compensación de la imitación, exposición, y la respuesta homo rítmica de las cuatro voces fue alcanzada por las cuatro voces bajo el control de Fornaciari. Un pequeño elogio adicional al tenor Massimo Crispi, que exhibió por momentos un fraseo un poco mas variado y pertinente respecto a lo demás (exhibió también un optimo trino), aunque por su parte los demas ofrecieron una prestación mas que digna. Muy bien también estuvieron los otras partes Domine lesu, Lacrymosa y la fuga final Cum Santis tuis.

El segundo concierto de la Semana de la Música Sacra del Mundo en Florencia, siempre en la marco de la Iglesia de S. Stefano en el Ponte Vecchio, comprendió un programa enteramente de Vivaldi, con las Cuatro Estaciones en la primera parte, y el Gloria en la segunda, con la participación del Coro Harmonia Cantata y de dos buenas voces de las solistas: la soprano Giulia Peri y de la contralto Patrizia Scivoletto. Tamsin Waley-Cohen, violín solista de las estaciones, que parece estar ya en casa en Florencia (para nuestra fortuna), nos impresionó, con una lectura melancolía y participativa de la partitura vivaldiana: los miles de colores y frases requeridos al violín, fueron por momentos elegiacos, tempestuosos, virtuosos o populares, parecieron formar parte natural del código genético de la joven artista inglesa y de su superlativo instrumento, perfectamente secundada y apoyada por Andrea Fornaciari y por la joven orquesta polaca. La tempestad que cubre siempre al sombrío Verano, afloró en pequeños momento que rompieron la monotonía de la calor y del zumbido de las moscas, y se convirtió al final en el huracán Tamsin, absolutamente envolvente por los tiempos elegidos y por las diversas expresiones de Waley Cohen. El dulcísimo movimiento central del invierno, fue uno de los movimientos más conmovedores de estas estaciones, y en el que la gracia pareció haber afianzado antes de dirigirse hacia otras metas. En el Gloria se aprecio, como en el Requiem de Mozart, el buen coro, además de la intensa participación y virtuosidad de Peri y de Scivoleto, subrayando la intensidad de esta ultima en su fascinante aria acompañada del coro. También aquí, la Polska Iuventus Orchestra y Fornaciari, ofrecieron una notable ejecución, sentida y plena de sutilezas. Muchos aplausos para todos los intérpretes en ambos conciertos, con un público que no quería retirarse porque quizás esperaba un bis que nunca llegó

Monday, April 5, 2010

L’Uragano Tamsin Waley-Cohen alla Settimana di Musica Sacra a Firenze. Settimana Santa 2010

Foto: Copyright © 2007 Tamsin Waley-Cohen

Esteban von Mecher
Il secondo concerto a cui abbiamo assistito, sempre nella stupenda cornice della Chiesa di S. Stefano al Ponte Vecchio, comprendeva un programma interamente vivaldiano, con Le Quattro Stagioni nella prima parte e il Gloria nella seconda, sempre colla partecipazione del Coro Harmonia Cantata, e delle due buone voci soliste del soprano Giulia Peri e del contralto Patrizia Scivoletto. Tamsin Waley-Cohen, violino solista delle stagioni, che sembra essere ormai di casa a Firenze (per nostra fortuna), ci ha travolto con una lettura incalzante e partecipata delle partiture vivaldiane: i mille colori e fraseggi richiesti al violino solista, ora elegiaci, ora virtuosistici, ora tempestosi, ora popolareschi, sembravano far naturalmente parte del codice genetico dalla giovane artista inglese e del suo superlativo strumento, perfettamente assecondata e supportata da Andrea Fornaciari e dalla giovane orchestra polacca. La tempesta, che incombe sempre sull’afosa Estate, affiorando in piccoli interventi che rompono la monotonia della calura e del ronzio delle mosche, diventa alla fine l’Uragano Tamsin, assolutamente sconvolgente per i tempi scelti e per le diverse espressioni della Waley-Cohen. E il dolcissimo movimento centrale de l’Inverno è stato uno dei momenti più commoventi di queste Stagioni, dove la Grazia sembrava essersi posata prima di ripartire per altre mete. Nel Gloria abbiamo apprezzato, come per il Requiem di Mozart, il buon coro, e, in più, l’intensa partecipazione e virtuosità della Peri e della Scivoletto, sottolineando l’intensità di quest’ultima nella sua affascinante aria col coro. Anche qui la Polska Iuventus Orchestra e Andrea Fornaciari hanno offerto una notevole esecuzione, sentita e piena di sottigliezze. Grandi applausi per tutti in entrambi i concerti, con un pubblico che non voleva partire perché forse attendeva un bis che non c’è stato.