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Sunday, July 3, 2011

Orchestra Filarmonica dell´UNAM concerto diretto dal maestro israeliano Yoav Talmi, Città del Messico

Foto: Yoav Talmi - Musica UNAM

Ramón Jacques

L’Orchestra Filarmonica dell’UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), che compie 75 anni, ha concluso la sua stagione di primavera 2011 con un programma composito diretto dal maestro israeliano Yoav Talmi. Il concerto è iniziato con la prima esecuzione in Messico delle Dachau Reflections (Riflessioni di Dachau), la cui prima mondiale avvenne nel 1997 e che fu composta dallo stesso Talmi, nato nel 1943. Si tratta di un’elegia per orchestra d’archi, timpani e fisarmonica. Il breve brano dal carattere malinconico, nostalgico e riflessivo fu ispirato dalle visite del maestro alla pittoresca città di Dachau, che dal 1933 fu sede di un campo di concentramento nazista. In sostanza è un collage di pezzi o di idee, come dice lo stesso compositore, che contiene reminiscenze della Sarabanda dalla suite no. 5 per violoncello di Bach, frammenti dei Kindertotenlieder di Mahler, di una antica canzone yidddish, Sotto un cielo di stelle, quest’ultima caratterizzata dalla fisarmonica. La soavità e la leggerezza di questo brano era in palese contrasto con l’irruzione dei fiati e il carattere focoso dell’Ouverture Tragica op. 81 di Johannes Brahms, diretta da Talmi con entusiasmo. Gran finale con una splendida esecuzione della Grande Messa in do minore K. 427 de Mozart, che insieme al suo Requiem è forse una delle massime opere di musica sacra dell’Occidente, nella quale sono evidenti una visione sia barocca che operistica della musica liturgica. Il Coro de Cámara de la Escuela Nacional de Música, che in alcune parti si è diviso, ha dato una buona interpretazione e ha brillato nel Kyrie, nel Gratias e nel Sanctus; così come sono stati corretti i quattro solisti, il soprano Alejandra García, il tenore Leonardo Villeda e il basso Ricardo López. Il soprano israeliano Hila Baggio si è distinta per il suo colore caldo e argentino, unitamente alla spettacolare coloratura, e ha realmente commosso il pubblico nell’Et incarnatus est. La grande orchestra, soprattutto nella sezione degli ottoni, ha realizzato un suono compatto e omogeneo, nonché dinamico, guidata dal sicuro e ispirato braccio del direttore Talmi.

Yoav Talmi dirigió la Gran Misa en do menor de Mozart con la OFUNAM, México

Foto: Yoav Talmi - Musica UNAM

Ramón Jacques

La Orquesta Filarmónica de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) que celebra sus 75 años de existencia, concluyó su temporada de primavera 2011 con un programa variado que fue dirigido musicalmente por el maestro israelí, Yoav Talmi. El concierto comenzó con la primera ejecución local de Dachau Reflections (Reflexiones de Dachau), obra estrenada en 1997 y compuesta por el propio Talmi (1943) que fue concebida como una elegía para orquesta de cuerdas, con acompañamiento de timbales y acordeón. La breve pieza de carácter melancólico, nostálgico y reflexivo, fue inspirada en las visitas que realizó el director-compositor a la pintoresca ciudad de Dachau en Alemania, que albergó un campo de concentración en 1933, y es un collage de piezas o ideas (como lo llama el compositor) que contiene reminiscencias de obras como la Sarabanda de la suite no. 5 para violonchelo de Bach; fragmentos de los Kindertotenlieder de Mahler, así como de una antigua canción yidddish, Bajo el cielo estrellado, que es representada por el sonido del acordeón. La suavidad y ligereza contenida en esta pieza, contrastó con la irrupción de los metales, la musicalidad y el carácter fogoso y temperamental de la Obertura Trágica, op 81 de Johannes Brahms que Talmi dirigió con entusiasmo. Finalmente se realizó una satisfactoria ejecución de la Gran Misa en do menor, K. 427 de Mozart,  que junto a su Réquiem es quizás una de las obras cumbre de la música sacra de occidente, y en la que se percibe  una visión barroca y a la vez operística en la música litúrgica. El Coro de Cámara de la Escuela Nacional de Música, que se dividió en algunas partes, tuvo un correcto desempeño particularmente en el Kyrie, el Gratias y el Sanctus; así como el grupo de cuatro solistas, que incluyó a  la soprano Alejandra García, al tenor Leonardo Villeda y al bajo Ricardo López. Sobresalió particularmente la soprano israelí Hila Baggio, por su timbre calido y cristalino,  muy colorido y ágil  en cada una de sus intervenciones, como el Et incarnatus est el que fue capaz de conmover. De la amplia orquesta y su sección de metales, emanó un sonido compacto, homogéneo, pero sobretodo dinámico, bajo la segura y exaltada mano del director Talmi.

Sunday, June 7, 2009

Stabat Mater de Antonín Dvořák con la OFUNAM, México

Imagen:Antonín Dvořák

Ramón Jacques

Con más de setenta años de existencia, la OFUNAM (Orquesta Filarmónica de la Universidad Nacional de México) es el conjunto sinfónico más antiguo que existe en la Ciudad de México, y se ha convertido en una de las orquestas más importantes del país. Si bien su origen se remonta a 1929, cuando un grupo de estudiantes y maestros de música crearon una orquesta de la entonces Facultad de Música de la UNAM (Universidad de México), su fundación como conjunto profesional ocurrió en 1936. En 1966, fue designado como director artístico de la orquesta el celebre director mexicano Eduardo Mata, con lo que dio inicio una de las etapas de mayor desarrollo de la agrupación, y durante este periodo la Orquesta Sinfónica de la Universidad, como originalmente se le denominó, adoptó su actual nombre y la personalidad que conserva en la actualidad.

Para el programa numero 5 de la actual temporada 2009, se eligió la interpretación de la famosa pieza sacra o cantata religiosa del compositor checo Antonín Dvořák, que fue el primer texto religioso musicalizado por dicho autor, y cuya composición comenzó en 1876, y concluyó en 1877. Para su creación se inspiró, como varios compositores (como Palestrina, Haydn, Mozart, Schubert, Rossini y Poulenc), por un texto medieval del siglo XIII, cuyo autor se cree que fue el poeta italiano Jacopone da Todi o San Bonaventura.

Dvořák comenzó a redactar la partitura con tan solo 35 años de edad, y después de la muerte de su hija Josefa, tan solo dos días después de haber nacido. La tragedia marco la conclusión de la obra, ya que terminó de orquestarla después de perder a dos hijos más en el lapso de un mes, y sirvió como alivio en su dolor. El estreno tuvo lugar en Praga, un 23 de diciembre del 1880.

La obra cargada de emotividad en la que el compositor transmite su dolor a las notas musicales, está dividido en diez partes o movimientos individuales, entre las cuales solo entre la primera y la ultima existe una conexión temática. El primer movimiento es una sonata extendida en estilo sinfónico, que abre con una larga introducción orquestal, que es repetida por el coro. Un contrastante segundo tema es introducido por los solistas. Una sección de desarrollo lleva la obra al inicio del material inicial.

Solo en el cuarto movimiento, se escucha un órgano que aparece acompañando un coro femenino. El ultimo movimiento recuerda el tema inicial de la obra, y se convierte en el amen, una fuga triunfante de considerable complejidad.

En la obra cargada de intensidad espiritual y rango emocional, la orquesta, bajo la batuta de su director titular, el maestro ingles Alun Francis, mostró una enérgica y lucida calidad sinfónica. Francis exhibió un control y seguridad en su batuta convirtiendo el carácter triste de la obra y enalteciéndolo con emoción. Su conducción fue cuidada, atenta y mostrando conocimiento de la obra, marcando las entradas, y con adecuada dinámica.

En los momentos finales del Stabat Mater, que atraviesa diferentes cambios de ánimo que van del dolor y la desesperación a la esperanza y fe, y la orquesta queda en silencio, el coro inicia, sin acompañamiento un inesperado himno de alabanza, un monumental final de éxtasis: el ‘Quando corpus moriertur’, que fue interpretado por el el Coro Filarmónico Universitario (formado en el 2008 y asociado a la OFUNAM), que mostró su conjunción, y confianza en cada una de sus intervenciones, que fueron primordiales en el desarrollo y éxito de la obra.

Cada uno de los solistas también aportó lo suyo en cada una de sus intervenciones como solistas y en conjunto, resaltando el timbre cristalino y límpido exhibido por la soprano Guadalupe Jiménez, el timbre lírico de adecuada proyección del tenor Leonardo Villeda, y la suntuosidad en la voz oscura y línea de canto de la mezzosoprano Grace Echauri. Finalmente, el bajo alemán Patrick Rohbeck mostró una potente voz y profunda voz, de tono terso, muy adecuado para las partes mas solemnes de la obra.