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Friday, February 12, 2016

Kenneth Weiss & Lina Tur Bonet, US tour

In February the extraordinary Baroque violinist Lina Tur Bonet will be on tour in the America with the no-less-remarkable harpsichordist Kenneth Weiss. On the 14th they will perform a rich and varied 18th Century Baroque programme at the Yale Collection of Musical Instruments with works by Elisabeth Jacquet de la Guerre, Scarlatti, Vivaldi, Boccherini, Haendel and Bach. On the 18th they will be in New York with a concert in the celebrated Music Before 1800 season where they play La Petite Merveille and the Red Priestaprogramme which brings together the violin sonatas of the extraordinary French composer Elisabeth Jacquet de la Guerre, who was know in the court of Louis XIV as La Petite Merveille, with Vivaldi’s recently reconstructed Graz Sonatas that so well display the Red Priest’s brilliant, expressive writing. They go on to perform the same programme for the San Diego Early Music Society on the 21st February.

http://www.linaturbonet.com/ 





Sunday, February 19, 2012

Entrevista con la violinista Lina Tur Bonet

Fotos: Lina Tur-Bonet
Lina Tur Bonet profundiza contemporáneamente en dos mundos que aún hoy parecen independientes: el violín romántico-contemporáneo y el violín barroco. Así ha emprendido una carrera versátil y dinámica cuya principal seña de identidad es la variedad de registros.

Como solista, ha recorrido Europa y Sudamérica, actuando en los festivales Styriarte, Lufthansa London, Granada, Brezice, San Sebastián o Herne, y en salas como el Musikverein de Viena, Palau de la Música de Barcelona, Auditorio Nacional de Madrid, Residenzwoche Munich, Concertgebouw Amsterdam, ORF Vienesa, Teatro Solís de Montevideo, Coliseo de Buenos Aires, Teatro Municipal de Santiago de Chile, Teatro Municipal de Río de Janeiro. Ha sido grabada para la BBC en Londres, RTVE, TV3, la radio y televisión alemana, las televisiones de Eslovenia, Croacia y Bulgaria y la ORF austriaca. Ha interpretado en Viena todas las Sonatas del Rosario de Biber, y ha dirigido orquestas de cámara interpretando conciertos de Bach, Mendelssohn, Vivaldi o Piazzola Recientemente realizó la primera grabación mundial de los tríos op. 34 de Boccherini con La Ritirata. Lina Tur-Bonet ha sido requerida como concertino en Il Complesso Barocco, Clemencic Consort, Bach Consort Wien, ExTempore Gent, Neue Hofkapelle Munich, Orquesta del Palau de les Arts Valencia, Euskal Barokensemble, Estil Concertant, Accademia del Piacere, Hippocampus, Forma Antiqva, Concerto Köln, United Continuo Ensemble, o la Capilla Real de Madrid. Colabora con Les Musiciens du Louvre, Les Arts Florissants y Mahler Chamber Orchestra y ha sido dirigida por: Claudio Abbado, Daniel Harding, Marc Minkowski, William Christie, Fabio Biondi, Fabio Luisi, Kent Nagano, Ottavio Dantone, Alan Curtis, Rene Clemencic, Reinhardt Goebel, Roy Goodman, Florian Heyerick, Joshua Rifkin, John Holloway, Paul Goodwin, John Elliot Gardiner, Federico Maria Sardelli con los que ha realizado giras por todo el mundo, grabaciones para Deutsche Gramophonn, Virgin o Naïve y con los que ha actuado en el Lincoln Center NY, Berliner Philarmonie, Scala de Milan, Royal Albert Hall, Barbican Centre, Theatre des Champs Elysèes, Konzerthaus Viena. Dentro de su actividad cameristica, actuó aun siendo estudiante con Mennahem Pressler, Georg Faust, Patrick Demenga o Thomas Brandis. En la actualidad, comparte escenario con Hiro Kurosaki, Anne-Marie Dragositz, Eugène Michelangeli, Patxi Montero, Josetxu Obregón, Kennedy Moretti, Daniel Oyarzábal, Christoph Hammer o Kenneth Weiss. Obtuvo sus primeras lecciones de música a la edad de tres años, de la mano de su padre, Antonio Tur y se formó como violinista en las Universidades de Friburgo y Viena con los profesores Chumachenco, Pichler y Kurosaki, así como en clases magistrales con Höbarth, Varga, Gulli, Askenasi, Dumay, Silverstein y Kussmaul. En la actualidad se desempeña como catedrática de violín en el Conservatorio Superior de Zaragoza, e imparte con frecuencia cursos en Europa.

Tan solo unas semanas después de la salida al mercado de su mas reciente grabación en CD Sonates pour le violon et basse continuo 1707 de Elizabeth Jacquet de la Guerre para el sello discográfico Verso, Lina aceptó amablemente realizar la siguiente entrevista.

¿Qué es el violín para ti?

El violín es ante todo un instrumento, un medio de entre otros tantos que ha inventado el ser humano para eso tan complejo que es expresarse. Luego vienen las paradojas: crea una gran fascinación y a su vez una tremenda neurosis para el violinista, pues por su complejidad se gana la fama de instrumento del diablo. En mi caso puede ser adictivo y equilibrante a su vez ¡y una quimera siempre! Como cualquier disciplina artística lleva a conocerse a uno mismo y al mejor entendimiento de las cosas y del mundo, y salda su deuda de consumir tanta dedicación obligando a crear belleza. Creo que los violinistas desarrollamos un síndrome de Estocolmo. Pero, si hago balance, cada día me gusta más ser violinista.

¿Qué fue lo que te atrajo a aprender a tocar este instrumento y cómo fue tu preparación académica?

Cada vez creo más que me eligió él a mí, más que yo a él, ya que he tenido una formación algo atípica. Mi padre me inició en la música de bien pequeña, y creo haber aprendido a leer música antes que palabras, pero el violín, por varios motivos, no aparecería hasta mucho después. Lo cierto es que, con la distancia, cada vez entiendo que tenía que ser éste mi instrumento y no otro, por una afinidad innata y por las cosas que busco en la música. Los instrumentos de cuerda me han atraído desde niña, y además el violín goza de un repertorio extensísimo que me permite expandirme. Aunque más tarde de lo habitual, mis profesores fueron fantásticos y el hecho de vivir tantos años en el extranjero, en Alemania, Viena y París, me enriqueció en todos los sentidos. Quise especializarme en violín romántico y luego en violín barroco sin por ello dejar de tocar el repertorio clásico. Eso lleva tiempo y doble dedicación, pero es lo que me ha permitido llegar a este momento tan interesante. La verdad es que mi preparación académica no ha sido del todo "típica", y sin embargo ya he tenido fantásticas experiencias con la música. Además siento que la formación continúa, pues aprendo tocando con músicos de primera fila mundial y disfruto enormemente de estar en continuo movimiento, pues cada paso me abre múltiples direcciones. Es muy estimulante.

¿Cuál es ese instrumento que te acompaña en todas tus presentaciones?

Son dos, dependiendo del repertorio: un Dom Nicolo Amati de Bologna, de 1740, y un anónimo del siglo XVII.

Como violinista española que eres, ¿qué te dice el nombre de Pablo de Sarasate?

Es una inspiración, alguien que mostró su entendimiento del instrumento, y que explotó sus posibilidades de una manera que me inspira gran simpatía.

¿Existe algún violinista del pasado o del presente que admires o que haya influenciado tu propio estilo de interpretación?

Hay tantos grandes violinistas...cualquiera que toque bien merece mi admiración, ¡y muchos lo hacen! pero si tuviera que elegir serían David Oistrach, Zino Francescatti, Christian Ferras, y lo que intuyo debían ser Biber, Ysaÿe, Tartini, Paganini y Corelli.

¿Cuáles son tus compositores favoritos y que obras o repertorio sientes que se acercan a tu temperamento?

Bach. El que más y el absoluto. E inmediatamente después Bartok, Ravel, Biber, Marini, Monteverdi, Brahms y, cada vez más, Beethoven.

Tu actividad musical esta dividida entre dos estilos el violín romántico y el violín barroco ¿Qué diferencias y similitudes existen entre estos dos estilos?

Son el mismo instrumento y a la vez dos instrumentos distintos en muchos aspectos: el violín barroco tiene un carácter mucho más vocal, y el romántico es más instrumental, sin que por ello ninguno carezca de la otra virtud. El romántico exige una preparación física de deportista de alta competición y una mano izquierda muy preparada, y el barroco obliga a una versatilidad de arco muy rica y a un gran conocimiento de nacionalidades, épocas y estilos. Aunque la tónica general era que los instrumentistas de música antigua estuvieran más informados estilísticamente y los románticos más preparados técnicamente, pienso que esas diferencias se están extinguiendo, afortunadamente. Ambos son igual de difíciles y de expresivos, y de cada uno se aprende para el otro. Se complementan muy bien. Tener la oportunidad de interpretar con ambos es una ración doble de placer, pero también más del doble de estudio y trabajo, pues hago gran énfasis en ser fiel a cada técnica y no utilizar la misma para los dos, algo que me parece fundamental.

A propósito de la música barroca ¿Cómo nació tu interés por investigar e interpretar la música de Elizabeth Jacquet de la Guerre, la compositora francesa del siglo XVI!?

La música de Jacquet llegó a mí como llegan a veces las cosas importantes: por casualidad. Recibí el encargo de interpretar una de sus sonatas en el Auditorio Nacional de Madrid, y yo no conocía su música para violín anteriormente. La inmediata pasión que me provocó se debió de transmitir de inmediato, pues al salir del concierto me ofrecieron grabar todo el ciclo. Y todo continuó sobre ruedas, ya que Patxi Montero y Kenneth Weiss, el que yo creo absoluto especialista para esta música a nivel mundial, aceptaron de inmediato. Por supuesto que tal agilidad en todo confirmó mi seguridad en la fuerza y la calidad de esta música, aún tan desconocida, y me embarqué en el estudio de la época, el contexto y la música de esta excelente compositora, así como en el de las Sonatas propiamente dichas. Cuanto más entro en su música, más la valoro, y creo que ésta es la mejor señal.

¿Qué consideras que haga que un dúo de violín y piano sea tan especial?

Es, desde luego, una de mis formaciones favoritas, y la extiendo a violín y teclado, añadiendo el clavecín o el fortepiano, si me permites. Creo que la intimidad que se crea entre dos intérpretes, el diálogo resultante, puede -si la química entre ellos funciona- ser de un gran valor musical. Nunca se interpreta igual si se hace con una u otra persona. Al menos esa es mi experiencia y mi predisposición. Yo, por ejemplo, tan acostumbrada a tocar en lugares distintos con músicos distintos, encuentro gran placer en observar cómo mi interpretación cambia en función de lo que venga hacia mí del otro músico u otros músicos. No soy de las que llega con una versión fija en la cabeza; clara sí, formada y estudiada también, pero flexible según las ideas que plantee el otro. Así veo la música de cámara como si cada músico fuera una estrella, y formara una constelación distinta, dependiendo de con quién se una. En el caso del dúo, es obviamente como una pareja, es más íntimo y la complicidad puede llegar a ser muy grande. Y luego a esto hay que unir las diferencias básicas de un instrumento de cuerda frotada con uno de tecla: la naturaleza del ataque y el tipo de sonido es completamente distinta; la manera de conseguir un fraseo o la propia cualidad básica melódica de uno y armónica del otro, que al trascender sus diferencias crean un gran interés. Tengo también que resaltar que cambia mucho según el tipo de teclado sea, si un fortepiano, un cémbalo o un piano moderno de gran cola. Y un buen violinista debe cambiar muchas cosas para ensamblar bien con cada uno de ellos. Una vez más, creo que cuanto más el instrumentista trate de imitar al otro instrumento, o a fundirse con él, o a precisamente reafirmar su papel intrínseco y sus diferencias, mayor será la riqueza. Algo de juego, algo de lucha, voluntad de ir juntos y mucha fantasía. Como en una relación.

También has sido concertino de diversas orquestas importantes ¿Cuál es la labor específica que desempeña un concertino?
 
Un concertino, creo, debe ser un líder en el sentido, no de imponer, sino de crear una atmósfera propicia para que los músicos del grupo quieran tocar juntos. Imprime su sonido a las cuerdas, sobre todo en el caso de orquestas de cámara, y debe ser un intermediario de ida y vuelta entre el director, si lo hay, y los instrumentistas. Un buen concertino debe inspirar a su cuerda y dar su sello personal.
 
¿Es importante para ti enseñar y poder transmitir tus conocimientos a las nuevas generaciones?
 
Enseñar es para mí el último paso dentro del proceso de aprendizaje. O sea, que yo "continúo mis estudios enseñando a mis alumnos". Es muy difícil; le tengo mucho respeto y me esfuerzo mucho en hacerlo lo mejor que sé, ¡pero constantemente me asaltan dudas de si soy capaz de hacerlo bien! Además, es la única manera que se me ocurre de agradecer a mis maestros: haciendo lo mismo que hicieron ellos, y tratar de hacerlo con generosidad. Aparte, el contacto con gente más joven me es necesario, importante y divertido.
 
¿Cuál es tu opinión y tu experiencia respecto a las grabaciones discográficas?
 
Las grabaciones son una manera distinta de hacer música. Como Celibidache, no creo en la música enlatada, privada de lo efímero y del momento único e irrepetible. No creo que la repetición exista en la música. Pero a su vez creo que nuestros tiempos nos ofrecen otra manera de disfrutar de la música y de crearnos una intimidad con ella, a la carta, en el momento que queramos. Es más, la fuerza de la música sobrevive a este proceso, y de su naturaleza prevalece el arte de engañar al tiempo. Visto así intento crear la mayor magia posible, y que ésta sea capaz de trascender ese momento. Y el hecho de que la música de cualquier compositor y época pueda darse a conocer en cualquier lugar del mundo es también algo muy positivo. Por último, para mí personalmente una grabación es un tributo al compositor.
 
¿Cuáles son tus proyectos y planes más importantes a futuro?
 
Planeo una grabación de las Sonatas de Bach, de Música del Stylus Phantasticus y de otro compositor desconocido, y de una obra de Vivaldi recién descubierta, conciertos de trío con piano (Mozart, Beethoven, Brahms...), algunos proyectos con la Mahler Chamber Orchestra, las estaciones de Piazzola y Vivaldi, las Sonatas del Rosario de Biber y la presentación de los CDs con los tríos inéditos de Boccherini y las Sonatas de Jacquet de la Guerre, se encuentran entre el repertorio de esta temporada que empieza. Además tiendo mucho a valorar la diversidad y el interés en cosas distintas y una visión más holística de la música, contraponiéndola a la excesiva especialización. No creo que haya sólo una manera estándar de hacer una carrera musical. Así que estoy comenzando un doctorado, y también me he embarcado en otros proyectos: voy a interpretar a Bach en un proyecto multidisciplinar junto con la poesía de Antonio Colinas, y a colaborar con el proyecto ARTIN GROUP que relaciona formas artísticas, creando una performance. Es algo que me interesa mucho, y donde se va a reflexionar con algunos grandes del panorama artístico sobre hacia dónde se encaminan las artes...la vieja pregunta reformulada una y otra vez.  RJ
 

Friday, January 21, 2011

La vida de Elisabeth Jacquet de la Guerre: una de las primeras grandes mujeres compositoras conocidas en la Historia

Foto: Elisabeth-Claude Jacquet de La Guerre (1665-1729, French composer) por François de Troy.

Lina Tur Bonet (*)

Cuentan que podría haber sido uno de los caprichos de Madame de Montespan, una de las favoritas del monarca -quien llegaba a recorrer hasta 60 km a caballo para gozar de los favores de sus damas- lo que terminaría de impulsar a Luis XIV a hacerse cargo personalmente del mecenazgo de la joven prodigio parisina. Pero lo cierto es que podemos creer que el Rey Sol, el amante y patrocinador de artes y artistas, no debió albergar dudas cuando el organista, masón y bien relacionado Claude Jacquet presentó a Elisabeth, su pequeña hija de cinco años, en una de las veladas en Versalles, donde todos pudieron admirar la belleza de su voz y las maravillas y el talento de la precoz niña al clavicémbalo. Bautizada el 17 de marzo de 1665 en París, Elisabeth Jacquet fue descendiente de una larga tradición musical: abuelo y tío eran afamados constructores de órganos.

Su padre era organista de la iglesia Saint-Louis-en-l'Ile de París , y todos sus hermanos fueron también músicos de buena reputación. Luis XIV la animó a “cultivar el maravilloso talento que le había dado la naturaleza”, de manera que la joven se mudó a Versalles, donde la citada Madame de Montespan la criaría con sus propios hijos, y donde recibiría una educación exquisita, pasando a formar parte de la más cultivada sociedad francesa y del universo versallesco. Allí fue llamada durante todo ese tiempo “La petite merveille” o “La merveille de notre siècle”, y ante su genio hubieron de rendirse todos los maestros de la época. Elisabeth fue siempre consciente de la inmensa oportunidad y del privilegio que todo esto supuso para su formación y su aprendizaje, y no dejó pasar jamás por alto ninguna ocasión de agradecer sus favores a Luis XIV, a quien dedicó sus obras, con emoción y reconocimiento, hasta la muerte del rey.
Así se expresaba la propia Elisabeth: “Desde mi más tierna edad (y este recuerdo será para mí eternamente preciado), tras ser presentada ante vuestra ilustre corte, donde he tenido el honor de permanecer durante varios años, he aprendido, Señor, a dedicaros todas mis vigilias. Desde aquel momento os dignasteis acoger con agrado las primicias de mi genio y habéis tenido a bien recibir, además, a partir de entonces algunas de mis obras. Pero esas señales privadas de mi devoción no me son suficientes y ansiaba la feliz ocasión de poder daros muestras públicas de ella" El propio Titon du Tillet en su "Le Parnasse Français" de 1732 (anecdotario sobre famosos poetas y músicos durante el reinado de Luis XIV) habla en estos términos de su "maravillosa facilidad para tocar preludios y fantasías espontáneamente”. “A veces, –nos dice du Tillet- improvisa sobre cualquier tonalidad o tema requeridos durante media o una hora completa con melodías y armonías de gran variedad, de manera impecable y encantando a sus oyentes".
Las primeras composiciones conocidas de Elisabeth Jacquet (**) no fueron escritas para clavecín, instrumento que tanta celebridad le otorgaba, sino que son pequeñas obras de factura dramática que se representaban en la corte, como una pequeña ópera cantada en la residencia del Delfín, y en los aposentos de Madame de Montespan el mismo mes, o una pastoral representada en varias ocasiones ante Luis XIV. Ella misma, con humildad y sorpresa, recordará una obra ofrecida en el domicilio del Delfín y “la fama y el renombre que [me] supuso aquella novedad, incluso en países extranjeros. Todas esas ventajas —añade— fueron señales indudables del éxito inesperado de aquel intento mío”. En 1684 abandonó el dorado de Versalles para mudarse a París y casarse con el organista Marin de la Guerre, quien acabaría siendo organista de la Sainte-Chapelle. En la capital no le costaría continuar con su carrera ofreciendo tanto clases particulares como conciertos de éxito como compositora e intérprete.
De este modo, el mérito y la fama de “Madame. de la Guerre” no dejaron de ir en aumento en esta gran ciudad, y todos los grandes músicos y entendidos acudían diligentemente a oírla tocar el clave. Incluso fuera de la corte siguió gozando del mecenazgo del rey todo el tiempo que él siguió con vida, componiendo a menudo a su encargo. De esta época feliz son obras como "Jeux á l´honneur e la Victoire" de 1691, o su ópera (tragédie lyrique) "Céphale et Procris" de 1694. De hecho, el "Mercure Galant" de diciembre de 1690 publicó nada menos que nueve páginas de su edición en verso calificándola de "sombra de Lully" o bien de "la compositora y músico más prominente". La que ya era conocida como Mademoiselle de la Guerre tenía entonces veintiseis años. Esta época de esplendor y sus gratas vivencias se verían, sin embargo, truncadas en un corto espacio de tiempo.
En unos pocos años, Elisabeth vería morir a la mayoría de sus personas cercanas: su madre, su padre, su hermano Nicolás, su marido y hasta su único hijo de diez años de edad, también un prodigio del clave. La compositora se recluyó en su intimidad durante varios años, y los amantes de su música tuvieron entonces que esperar hasta 1707 para su siguiente publicación que incluiría la colección de sonatas que hoy nos ocupa integralmente. Esta nueva Jacquet de la Guerre reaparece con madurez, reflexión y sabiduría regalándonos a los violinistas una de las más exquisitas y desconocidas páginas que nuestro repertorio, ya de por sí tan extenso y magnífico, posee. Las "Six Sonates pour le viollon et pour le clavecin" de 1707 son un ejemplo temprano del nuevo género de obras de clavicémbalo acompañadas, donde éste es tratado en forma obbligato, como ocurre por ejemplo con las Pieces de clavecin en concerts de Rameau.
Uno de los primeros conocidos en fomentar el nuevo e italiano estilo de la sonata sería Nicolas Mathieu, sacerdote de Sant-Ándré-des-Arts, en cuyo hogar se suponen las primeras audiciones parisinas de las triosonatas de Corelli publicadas en Roma en 1685. El primer compositor en crear con este innovador patrón en Francia sería Marc-Antoine Charpentier. Junto con Couperin y Rebel, Eisabeth Jacquet de la Guerre es una de las pioneras en explorar la Sonata en Francia. El estilo italianizante de sus Sonatas para violín, bastante adelantado a su época (en cualquier país que no fuese la propia Italia), da muestras de su maestría y su sensibilidad excepcional, creando inteligentes sucesiones armónicas, dando forma a los diversos registros estilísticos, adelantados a su época. Escalas ascendentes o descendentes, imitaciones, repeticiones de notas, intervalos de cuarta y progresiones puramente italianas conviven en la más perfecta simbiosis con la elegancia ornamental y la delicadeza de melodías y arias absolutamente francesas. Algunos adagios son apenas pequeños puentes entre dos movimientos más extensos, a modo de quasi recitativo, con función a menudo armónica para pasar de grado o incluso de modo.
Sus sonatas son sin duda una contribución fundamental dentro de la evolución de la sonata francesa. Esta publicación volvió, una vez más, a ser dedicada a su honrado Luis XIV, mostrando su gratitud y amor por el monarca que se ocupó de ella en los años de juventud. La honda expresividad que impregna su música, el amor a los detalles, la sabiduría de su mètier, la variedad de estados de ánimo y de formas, así como el contraste entre la intimidad y elegancia más francesa y el temperamento arrebatado tan italiano que destilan sus composiciones la convierten en una compositora que representa perfectamente el espíritu barroco y la parte más universal de éste. Nos deja ella así como legado una obra fantástica que le da su valor propio en el parnaso de los creadores del barroco, reclamando su merecido lugar entre los compositores más célebres y no sólo por el mero y curioso hecho de ser una mujer compositora.
(*) Lina Tur Bonet - Experta y conocedora de la vida y obra de la compositora francesa Élisabeth Jacquet de La Guerre. Se formó como violinista con Joaquín Palomares en Murcia y, después, en las Universidades de Friburgo y Viena con los profesores N. Chumachenco y G. Pichler. Ha recibido clases magistrales de Tibor Varga, Franco Gulli, Shmuel Askenasi, Augustin Dumay, Joseph Silverstein, Erich Hobart y Reiner Kussmaul. Ha estudiado violín barroco con Hiro Kurosaki y consorte e interpretación de Música Antigua con José Vázquez en la Universidad vienesa, donde también ha recibido clases de Música de Cámara y Viola. Ha sido concertino entre otros, de la Orquesta de Cámara de Mannheim, de Il Complesso Barocco de Italia, del Bach Consort de Viena y otros agrupaciones alemanas, así como solista de violín en el European Union Baroque Orchestra y de Les Musiciens du Louvre en Francia, bajo la dirección de Marc Minkowski, Alan Curtis, Fabio Biondi, Reinhard Goebel, John Holloway, Roy Goodman, Florian Heyerick, Paul Goodwin y un largo etcétera. Es primer violín de Les Arts Florissants, la Orquesta de Cámara Reina Sofía, el Österreichische Kammersymphoniken de Viena o Al Ayre Español, entre otros.

(**) Élisabeth Jacquet de La Guerre, o Élisabeth-Claude Jacquet de La Guerre (parroquia de Saint-Louis-en-l'Île de París, 17 de marzo de 1665 – París, 27 de junio de 1729), fue una compositora y gran intérprete de clavecín francesa.

Sunday, January 16, 2011

Elisabeth Jacquet de la Guerre, una compositora del siglo XVII en el Real Coliseo de Carlos III de el Escorial, España

Fotos: Julio Serrano

Alicia Perris
Lina Tur Bonet (violín barroco) y Kenneth Weiss (clave). Seis sonatas para violín y clavicémbalo de Elisabeth Jacquet de la Guerre (1665-1729). Sábado 15 de enero de 2011.

Según detalla Lina Tur Bonet, la intérprete de violín barroco presente en esta velada, que también preparó las Notas al Programa de este delicioso concierto, Elisabet Jacquet fue una niña prodigio cuyo padre, organista, la presentó en la corte de Luis XIV, el gran territorio artístico de la época, en la arquitectura, los jardines, el teatro, la música y la danza. Madame de Montespan, una de las favoritas del Rey Sol la acoge en su casa, donde recibe una educación exquisita. En 1684 se traslada a París, se casa con el organista Marin de la Guerre. De esta época luminosa y feliz datan obras como Jeux à l´honneur de la victoire de 1691, o su ópera Céphale et Procris, de 1694. Los años de plenitud vital y creativa no duran siempre y así Elisabet perderá en poco tiempo a casi todos sus seres queridos, lo que la sumirá en un retiro nostálgico y doloroso. A la salida de éste, un nuevo momento existencial más maduro y asentado, le permite componer las seis Sonates pour le viollon et pour le clavecin en 1707, una joya musical que hoy ofrecen los dos intérpretes invitados. Estas obras son una aportación decisiva a la evolución de la sonata francesa, con su estilo italianizante adelantado para su tiempo, donde se entrecruzan la elegancia francesa y un despliegue de sentimientos que se ajustan como un guante al “espíritu barroco en su faceta más universal”. Las seis Sonatas, la I en re menor, la II en re mayor, la III en fa mayor, la IV en sol mayor, la V en la menor y la VI en la mayor, evocan formas muy cercanas a la danza o recuerdan los números, tan diferentes y tan complementarios de las Suites Francesas de Bach. Lina Tur Bonet, tiene una trayectoria sorprendente llena de proyectos. De familia ibicenca, recibió clases de maestros reconocidos como Chumachenco, Pichler y Kurosaki. Tocó con los mejores grupos de cámara internacionales, la dirigieron maestros como Biondi, Curtis, Abbado, Dantone y un largo etcétera. Publicó una tesis doctoral, “Simbología, retórica y la Ciaccona de Bach” para su master en Viena. Es profesora de violín romántico y barroco en el Conservatorio Superior de Música de Zaragoza y viaja por todo el mundo como intérprete e integrante de diferentes conjuntos y orquestas. Su musicalidad es evidente, igual que la compenetración que consigue con el clavecinista norteamericano, Kenneth Weiss, que en otro currículo prodigioso desarrolla su labor docente en el Conservatorio de París y la Juilliard School de Nueva York y ha articulado una nutrida participación en conjuntos musicales, festivales y grabaciones en Europa y el resto del mundo.
Se podría decir más de este artista, pero no más claro. Un concierto sugerente, bien escogido por la sutileza y el desconocimiento que se tiene de Elisabet Jacquet. El acompañamiento de clave y el violín suenan muy bien, contextualizados en un teatro, el Carlos III, con una acústica prodigiosa. Buena técnica y sonido claro en el dúo de intérpretes y una expresividad evidente y conmovedora. Una manera de recobrar la mirada con que se reconoce el mérito y el esfuerzo de restauración del recién reinaugurado Coliseo Carlos III de El Escorial. Una pena que sólo se hubiera cubierto media entrada. Hay que disfrutarlo y aprovecharlo más, mucho más.