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Sunday, March 4, 2018

Otro canto del cisne: la Orquesta Sinfónica Nacional en la Catedral Metropolitana de México


Fotos: OSN

Por José Noé Mercado

Hay ocasiones afortunadas en las que el contexto armoniza de manera peculiar con el programa musical de un concierto. No siempre ocurre y en rigor es poco probable que una obra sintonice su estética y espíritu en el común de una sala multirepertorio por más renombrados que sean sus méritos acústicos o ante lo genérico que puede resultar un teatro aun con una tradición legendaria para ciertos catálogos sonoros. Por eso, la noche del pasado 2 de marzo resultó una fecha feliz, dichosa, para el público que asistió a la Catedral Metropolitana de la Asunción de la Santísima Virgen María a los Cielos, de la Ciudad de Mexico, para escuchar el concierto ofrecido por la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), en el marco de la 34 edición del Festival del Centro Histórico, bajo la batuta de su director titular Carlos Miguel Prieto.

La catedral capitalina, sede de la Arquidiócesis Primada de México, cuya construcción data de 1573 y habría de extenderse por más de 250 años, fue ese insuperable escenario para un programa que, luego de la Sonata pian’e forte y la Canzona septimi toni de Giovanni Gabrieli, tuvo como platillo principal la Misa No. 6 en mi bemol mayor, D. 950 de Franz Peter Schubert, con la participación multitudinaria del Coro de Madrigalistas y Solistas Ensamble, agrupaciones del Instituto Nacional de Bellas Artes que se fundieron en un solo conjunto coral, y las presencias solistas de la soprano Ekaterina Tikhontchouk, la mezzosoprano Itia Domínguez, el bajo Sergio Meneses y los tenores Ángel Ruz y Gustavo Cuautli. En el bello núcleo del eclecticismo arquitectónico de la catedral —ornamentación, pinturas, esculturas, herrería—, en su centro de intimidad histórica, artística y litúrgica colonial e independiente, un ensamble de metales de la OSN mostró la viveza de virtudes estereofónicas de Gabrieli y encaminó el estado anímico de los asistentes hacia una experiencia que habría de resultar apacible y espiritual, casi mística.

Para la primavera-verano de 1828, año de su Misa No. 6 si bien sería estrenada de manera póstuma hasta 1829, Franz Schubert era un compositor de notable relieve romántico y, además, parecía vislumbrar su propia muerte, que en efecto le llegaría en poco tiempo, el 19 de noviembre. Esas condiciones estéticas y emocionales son las que se conjugan en esta misa conformada por seis partes (“Kyrie”, “Gloria”, “Credo”, “Sanctus”, “Benedictus” y “Agnus Dei”) que fuera interpretada con reconfortante sensibilidad y estilo por la OSN, el coro y los cinco solistas. En los primeros incisos pudo percibirse al Schubert sinfónico que discurre con expresividad en conjunto, sin por ello perder intimidad y elocuencia; luego, los solistas vocales emprendieron el vuelo del canto ya construido por el coro con la delicadeza simple del lied, género del que Schubert era grande y, a la vez, complejo como pocos; hasta llegar a los dos últimos apartados con pasajes fugados de estirpe bachiana, en los que la ejecución alcanza un discurso de emocionante serenidad. La principal virtud de las voces y el canto de Tikhontchouk, Ruz, Cuautli y Meneses fue afirmarse en una emisión con clase, alejada de la inútil estridencia o de la parafernalia lírica. Se concentraron, igual que el refinado y versátil canto de Itia Domínguez, en una cierta paz tan etérea como musical. Las frases de la mezzosoprano fecundaron de belleza, tranquilidad y esperanza al conjunto solista y viajaron con lirismo por la atmósfera catedralicia dominada por el conjunto coral.

La interpretación de esta misa, otra especie de canto del cisne de Schubert, en la que el compositor vienés se muestra creyente pero no acrítico (la exclusión de algunas frases típicas del género alusivas a la institución eclesiástica así lo sugieren) constituyó la primera presentación de la OSN en la Catedral Metropolitana en su historia. Ojalá no sea la única. Se trató de un concierto breve —repetido en el Teatro del Bicentenario de León, Guanajuato, la tarde del 4 de marzo—, que apenas rebasó la hora de duración, pero que por gozoso y bien ejecutado será de larga permanencia en la memoria de quienes acudieron a su cita.

Tuesday, July 7, 2015

Salome di Strauss - Orchestra Sinfonica Nazionale del Messico

Foto Ana Lourdes Herrera

Ramón Jacques


L'Orchestra Sinfonica Nazionale del Messico ha concluso con successo la sua stagione 14/15 con l'esecuzione dell'opera Salome di Richard Strauss (1864-1949) Due concerti sono parsi pochi di fronte all'entusiasmo e al l'interesse che ha generato questa proposta tra il pubblico locale che ha gremito il Palazzo di Bellas Artes avido di assaporare questo capolavoro in un atto con libretto in tedesco del compositore stesso che come si sa è basato sulla traduzione tedesca operata da Hedwig Lachmann della Salome in francese di Oscar Wilde.  Originariamente si pensava che le recite avrebbero dovuto realizzarsi con un montaggio scenico ma per motivi tecnici si è poi optato per una versione da concerto, che alla fine è stata cantata e realizzata dai solisti.  Pochissimo elementi bastavano per realizzare la trama e il dramma contenuto nella partitura, che consistevano in un grande telo bianco al fondo della scena, dietro all'orchestra, si vedeva una intensa e folgorante luna rossa, solisti vestiti  con eleganti costumi neri e l'azione con appena due sedie occupava una angolo  della scena mentre la grande orchestra occupava il resto.  Questo è bastato per dare vita con fluidità e intensità a questo conosciuto episodio biblico. Fortunatamente il cast contava su buoni interpreti tra i quali emergeva il leggendario tenore statunitense Chris Merritt che ha mostrato una ammirevole compenetrazione vocale e scenica con il personaggio di Erode.  La sua presenza su questo palcoscenico  è stato un lusso già che vocalmente ha esibito una voce ferma sonore carica di espressività e intenzione con la quale ha affascinato. Istrionicamente ha regalato un personaggio  ironica perverso degenerato e nevrastenico. Le notti di successo nella ampia carriera di Merritt saranno state sicuramente innumerevoli, però sicuramente le estenuanti ovazioni ricevute in entrambe le recite in questo teatro, che tanto hanno commosso, saranno ricontate nella memoria.  Come Salome il soprano Elizabeth Blancke-Biggs ha esibito una voce robusta capace di attraversare la massa orchestrale, di brillante e colorita tonalità metallica e intensità. La sua interpretazione è stata convincente, seducente, inclusa la Danza dei sette veli.  Il baritono Peter Castaldi ha cantato il ruolo di Jokanaan in modo energico e buon temperamento , e Nieves Navarro ha dato la sua voce brunita e profonda di mezzosoprani a Erodiade. È piaciuto il giovane contralto messicano Dolores Menéndez come Paggio di Erodiade, per il suo timbro giovane, fresco e di gradevole colore.  Il disimpegno del tenore Camero Schutza come Narraboth  è stato discreto e limitato.  Corretto sono stati i cantanti che hanno dato vita ai giudei e ai nazareni, tutti i membri del coro del teatro de Bellas Artes, Che hanno dimostrato di essere artisti molto preparati e professionali dei loro interventi.  L'orchestra sotto l'entusiasta direzione del suo titolare Carlos Miguel Prieto è stata modellata nella struttura per le voci e lo sviluppo dell'opera, mantenendo l'attenzione che richiede la partitura così come il colore e l'emozione inclusa la commozione con una sezione compatta e omogenea gli strumenti a corda. Alcuni minimi sfasamenti ho una forza che certe volte ha coperto le voci non sono motivo sufficiente per togliere merito e valore alla soddisfacente serata come in effetti è stata. Auguriamo che gli amministratori dell'orchestra tengano in considerazione  di programmare nelle future  stagioni più progetti di questo calibro.

Monday, June 29, 2015

Salome de Strauss con la Orquesta Sinfónica Nacional, México D.F.

Fotos: Ana Lourdes Herrera 

Ramón Jacques

La Orquesta Sinfónica Nacional de México concluyó con éxito su temporada 2014-2015 con la ejecución de la ópera Salome de Richard Strauss (1864-1949).  Dos conciertos parecieron pocos ante el entusiasmo y el interés que generó esta propuesta entre el público local,  que abarrotó el Palacio de Bellas Artes ávido de saborear esta obra maestra en un acto, con libreto en alemán del propio compositor, que como se sabe está basado en el traducción al alemán que hiciera Hedwig Lachmann de la obra en francés Salomé de Oscar Wilde. Originalmente se pensó que las funciones debían realizarse con un montaje escénico, pero por situaciones de carácter técnico se optó por una versión en concierto, aunque finalmente lo que se vio en escena fue un montaje cantado y actuado por los solistas. Muy pocos elementos bastaron para realzar la trama y el dramatismo que contiene la partitura, que consistieron en un enorme telón blanco al fondo del escenario, detrás de la orquesta, donde se observaba una intensa y fulgurante luna roja,  solistas ataviados con elegantes vestuarios negros, y la acción, con apenas dos sillas ocupó una esquina del escenario, mientras que la extensa orquesta ocupó el resto. Ello bastó para dar vida con fluidez e intensidad a este conocido pasaje bíblico. Afortunadamente, el elenco contó con buenos intérpretes, entre los que descolló la presencia del legendario tenor estadounidense Chris Merritt, quien demostró una admirable compenetración vocal y escénica como Herodes. Su presencia en este escenario fue un lujo, ya que vocalmente exhibió una voz firme, sonora y cargada de expresividad e intención con la que cautivó. Histriónicamente regaló un personaje, irónico, perverso, degenerado y neurasténico.  Las  noches de éxito a lo largo de la carrera de Merritt serán seguramente innumerables, pero las estruendosas ovaciones que recibió en ambas presentaciones en este teatro, que tanto lo conmovieron, quedaran grabadas en su memoria. Como Salomé, la soprano Elizabeth Blancke-Biggs, exhibió una voz robusta, capaz de atravesar la masa orquestal, de brillante y colorida tonalidad metálica e intensidad. Su actuación fue convincente, seductora, incluida la danza de los siete velos.  El barítono Peter Castaldi cantó el papel de Jokanaan de manera enérgica y buen temple, y Nieves Navarro prestó su voz oscura y profunda de mezzosoprano a Herodías. Agradó la joven contralto mexicana Dolores Menéndez, como el paje de Herodías, por su timbre joven, fresco y de grata coloración. El desempeño del tenor Cameron Schutza como Narraboth, no paso de ser discreto, e incluso podría calificarse de intrascendente. Correctos estuvieron los cantantes que dieron vida a los judíos y nazarenos, todos miembros del coro del Teatro de Bellas Artes, que demostraron ser artistas muy solventes y profesionales en sus intervenciones. La orquesta bajo la entusiasta dirección de su titular Carlos Miguel Prieto fue moldeando un buen marco  musical para las voces y el desarrollo de la obra, manteniendo la tensión que requiere la partitura, así como el colorido y la emoción, incluso conmoción, que emana de la propia partitura, con una sección compacta y homogénea de cuerdas.  Algunos mínimos desfases o fuerza de más que por momentos cubrió a las voces no son motivos suficientes para restarle merito o desvalorizar una satisfactoria velada como lo fue esta. Auguramos que los administradores de la orquesta contemplen programar en futuras temporadas más proyectos de este calibre. 

Sunday, January 16, 2011

Concierto de Gala de la Orquesta Sinfónica Nacional por la reapertura del Palacio de Bellas Artes de México.

Foto: Robert McDuffie (violinista), Orquesta Sinfónica Nacional, Carlos Miguel Prieto (director) /INBA.

Ramón Jacques

Con motivo de la reinauguración del Palacio de Bellas Artes de México, la Orquesta Sinfónica Nacional, que tiene su sede en ese recinto, realizó un concierto de gala en el que se interpretaron obras de diversos compositores, comenzando con el estreno absoluto de Duelo de Siglos, breve obra orquestal del compositor mexicano Federico Ibarra (1946) que fue comisionada para ser interpretada precisamente en esta reapertura y a la vez conmemorar dos episodios de la historia de México ocurridos en el 2010 como el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución. La pieza en la que resaltan las profusas percusiones y metales, intenta capturar precisamente ese espíritu de celebración Del compositor estadounidense Phillip Glass (1937) se escuchó el estreno local de su Concierto para violín y orquesta numero. 2, conocido también como “Las cuatro estaciones americanas” que contó con la presencia del violinista estadounidense Robert McDuffie, para quien el compositor escribió la pieza, y quien la estrenó en el 2009 y posteriormente la grabó con la London Philharmonic Orchestra. La serena y tranquila obra para cuerdas, violín y órgano sintetizador, es la respuesta contemporánea de Glass a las cuatro estaciones de Vivaldi. En la obra de cuatro movimiento y cargado acento minimalista, que distingue a su compositor, se evidenciaron ciertas influencias y conexiones de la música electrónica y la música barroca, y se mezclaron los solos del fulgurante violín de McDuffie con gratos movimientos armónicos de las cuerdas de la orquesta. El concierto concluyó con la monumental y emotiva Misa en tiempo de Guerra, Hob. Xxiii:9 o Paukenmesse de Franz Joseph Haydn, que contó con la presencia del Coro Pro Música, notable en el movimiento Gloria in excelsis Deo que fue acompañado por la muy lírica participación del chelo, y del barítono Kevin Deas. El resto de los solistas contó con la presencia del tenor Steven Tharp, de la mezzosoprano Margaret Lattimore y la soprano Jonita Lattimore, cuya voz cristalina y nítida fue capaz de atravesar la densa masa orquestal y coral que por momentos se escuchó. La orquesta que tuvo un correcto desempeño en todas sus secciones estuvo dirigida por la entusiasta batuta de su titular Carlos Miguel Prieto.

Sunday, September 19, 2010

L'Orquesta Sinfónica Nacional de México con Joshua Bell - Messico

Fotos crédito: Fernando Cruz / INBA

Ramón Jacques

L'Orquesta Sinfónica Nacional de México merita realmente il titolo di "Nacional", dal momento che da quando fu creata, nel 1928, ha sempre avuto lo scopo di eseguire, diffondere e commissionare nuove opere, in ogni concerto delle proprie stagioni, di compositori messicani. Il catalogo della musica sinfonica messicana, in parrticolare della musica contemporanea, è molto ricco e, sebbene, le opere siano poco conosciute e considerate come rarità in Europa, nel continente americano sono eseguite frequentemente da varie orchestre in molti paesi e città. Alcune di queste composizioni sono diventate dei cavalli di battaglia per il direttore venezuelano Gustavo Dudamel o per il finlandese Esa Pekka Salonen, che ha registrato molte volte queste musiche. Per l'inaugurazione delle proprie stagioni 2010-11 importanti orchestre statunitensi hanno incluso dei brani messicani: la Chicago Symphony Orchestra, diretta da Carlos Miguel Prieto, interpreterà Sones de Mariachi di Galindo, Danzón No.2 di Márquez e Huapango di Moncayo; gli stessi saranno diretti da Dudamel per la Los Angeles Philharmonic; Sensemaya di Revueltas sarà eseguita dalla San Francisco Symphony sotto la bacchetta di Michael Tilson Thomas; e l'opera Il Postino del compositore messicano Daniel Catán in prima mondiale inaugurerà la stagione 2011 dell'Opera di Los Ángeles, con Placido Domingo. Parte della diffusione di questa musica nel Nordamerica si deve parzialmente al fatto che l'Orquesta Sinfónica Nacional ha avuto come direttori, tra i tanti, Leonard Bernstein, Igor Stravinsky e Aaron Copland, che conobbero la musica messicana, la divulgarono e influenzarono anche la creazione di nuove opere. Si comprende perché lo stesso Copland abbia scelto quest'orchestra per la prima della sua creazione Salón México nel 1937.

Il nostro concerto è iniziato con la Suite del ballet H.P. (horse power o cavalli-vapore) di Carlos Chávez (1899-1978), concepito come una sinfonia di danze in quattro parti, una specie di glorificazione orchestrale delle forze meccaniche, mescolando melodie e danze popolari messicane, con forti influenze dalla Sagra della Primavera di Stravinsky e dalla musica di Varese e Prokofiev, conservando uno spirito nazionalista che ha sempre distinto il compositore. L'interpretazione dell'orchestra diretta dal suo direttore principale, Carlos Miguel Prieto, ha messo in risalto la musicalità esuberante e i momenti di atonalità del brano, con ampia partecipazione dei fiati, e con un sassofono sensuale e una marimba nell'ultimo movimento: El trópico. Di Silvestre Revueltas (1899-1940) prolífico compositore, abbiamo ascoltato La noche de los mayas, considerata como una partitura cinematografica, perché fu scritta come colonna sonora di un omonimo film del 1938 che, dopo un oblio durato fino all'inizio degli anni '60, fu rielaborata in una sinfonia di quattro movimenti. L'orchestra ha dato un'interpretazione da manuale, con leggerezza e serenità degli archi nei primi movimenti, irrompendo poi con l'energia e l'intensità delle vibranti percussioni che accompagnano il quarto movimento, la Noche del Encantamiento, che avrebbe tanto affascinato Salonen. Il concerto è stato addolcito dal brillante Concierto para violín y orquesta, Op. 35, con un ispirato Joshua Bell, col leggiadro suono del suo Stradivarius del 1713, ha ornato con un'eccitante maestria e agilità il vertiginoso e tecnicamente difficile Allegro vivacissimo. L'orchestra ha fornito un adeguato e sonoro tappeto in tutto il pezzo, nella briosa lettura di Carlos Miguel Prieto.

Sunday, September 12, 2010

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional y el violinista violinista Joshua Bell en México

Fotos: Fernando Cruz / INBA - Joshua Bella y la OSN

Ramón Jacques

La Orquesta Sinfónica Nacional de México, realmente le hace honor a su titulo de “nacional” ya que desde su creación en 1928, siempre ha tenido la misión de: ejecutar, difundir y comisionar, en cada uno de sus conciertos, obras de compositores mexicanos. El catalogo de obras de música sinfónica mexicana, particularmente de música contemporánea, es bastante rico y extenso, y aunque las obras son poco conocidas o consideras “rarezas” en Europa, en el continente americano son interpretados con frecuencia por orquestas de diversas ciudades y países. Algunas de estas obras se han convertido en “caballos de batalla” para el director venezolano Gustavo Dudamel, o para el finlandés Esa-Pekka Salonen, quien realizó diversas grabaciones discográficas de esta música. Para el inicio de su temporada 2010-11, importantes orquestas estadounidenses han incluido alguna pieza mexicana en sus conciertos iniciales como por ejemplo: la Chicago Symphony Orchestra, que bajo la conducción de Carlos Miguel Prieto interpretará: Sones de Mariachi de Galindo, Danzón No.2 de Márquez y Huapango de Moncayo; mismas obras que se escucharan con la Los Angeles Philharmonic que dirige Gustavo Dudamel; Sensemaya de Revueltas que será ejecutada por la San Francisco Symphony bajo la conducción de Michael Tilson Thomas; y la opera Il Postino del compositor mexicano Daniel Catán, cuyo estreno mundial, inaugurará la temporada 2011 de la Opera de Los Ángeles, con Placido Domingo. Parte de la expansión de esta música por Norteamérica, se debe en parte a que la Orquesta Sinfónica Nacional fue conducida por regularidad por directores como: Leonard Bernstein, Igor Stravinski, y Aaron Copland, entre otros, quienes conocieron la música, la divulgaron e incluso influenciaron la creación de más obras. Por ello, es entendible que el propio Copland, haya elegido a esta orquesta para el estreno de su obra el Salón México en 1937.

El concierto que nos ocupa inicio con la Suite del ballet H.P. (horse power o caballos de vapor) de Carlos Chávez (1899-1978), que fue concebido como una sinfonía de baile en cuatro partes, una especie de glorificación orquestal a las fuerzas mecánicas, que mezcla melodías y danzas populares mexicanas con notables influencias de la Consagración de la primavera de Stravinsky, y la música de Varese y Prokofiev, conservando siempre el espíritu nacionalista que caracterizó a su compositor. La interpretación de la orquesta bajo la conducción de su titular, Carlos Miguel Prieto, resaltó la exuberante musicalidad, como los momentos de atonalidad de la pieza, con amplia participación de instrumentos de viento, como el sensual saxofón y la marimba que se escucharon en el último movimiento: El trópico. De Silvestre Revueltas (1899-1940) prolífico compositor, se ejecutó La noche de los mayas, considerada como una partitura cinematográfica, porque fue escrita como música para un film homónimo de 1938, y que después de permanecer olvidada, a inicios de los 60s, fue ordenada en una sinfonía de cuatro movimientos, que fueron interpretados como con un manual por la orquesta, con la ligereza y serenidad de las cuerdas en los primeros movimientos, para irrumpir con la fuerza e intensidad de las vibrantes percusiones que acompañan el cuarto movimiento la Noche del Encantamiento, aquel que tanto fascinara a Salonen. El concierto lo redondeó el lucido Concierto para violín y orquesta, Op. 35, con la presencia de un inspirado Joshua Bell, quien tocó su Stradivarius de 1713 de un sonido liviano, ligero y muy ornamentado de excitante agilidad y maestría, en el vertiginoso y técnicamente difícil Allegro vivacissimo. La orquesta creo un adecuado y sonoro fondo musical durante toda la obra, con atrevimiento y brío en la lectura de Carlos Miguel Prieto.