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Wednesday, September 4, 2013

Violinista Joshua Bell ofrece excepcional concierto en el Teatro Municipal de Ñuñoa, Chile

Johnny Teperman. El gran violinista estadounidense Joshua Bell, brindó un excepcional concierto en el Teatro Municipal de Ñuñoa, acompañado del talentoso pianista italiano Alessio Bax y dedicado especialmente, con entrada liberada, para 1.200 jóvenes músicos de la FOJI (Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles) y vecinos de la comuna. Fue ésta, la segunda de dos funciones pertenecientes a la Temporada Internacional de la Fundación Beethoven y se constituyó en un espectáculo de elevadísima calidad. Bell y Bax conforrmaron un duo extraordinario para ofrecer una programación reiteradamente ovacionada por un público muy receptivo y emocionado por los ofrecieron dos talentos que subieron al escenario ñuñoíno, realmente engalanado por la presencia de ambos músicos, verdaderos genios de sus respectivos instrumentos y con una solidez técnica realmente impresionante. Especialmente notable fue la ejecución de la Sonata “Kreutzer” de Beethoven, pieza emblemática de la música de cámara y le siguieron en méritos, las Sonatas K. 301 de Mozart, y la Sonata Nº 3 de Grieg. También, una pieza que Bell grabó en 1989, en su tercer disco -hoy supera los 40-, con el pianista Jean-Yves Thibaudet: la Sonata de Debussy. Bell se manifiesta muy partidario de fomentar la música con jóvenes ejecutantes y admira especialmente la labor que se realiza en este aspecto en nuestro continente.. Sobre el programa que interpretó esta semana en Ñuñoa y antes een el Teatro Municipal de Las Condes, reiteró que “Volví a estudiar la Sonata de Debussy, pues hace 20 años que no la tocaba. Ha sido un hecho muy agradable,  porque ahora entiendo lo que quiero hacer con el rubato y, como tengo más experiencia, siento que tengo acceso a muchos más colores. Además, mi Stradivarius es un instrumento mucho mejor que el que tenía en esa época”. En la Sonata ‘Kreuzter’, que ya presentó en Santiago el año 2008, también se pudo comprobar una nueva interpretación de Bell, ahora que ha tenido experiencia dirigiendo a Beethoven. Porque Bell, que sucedió a Sir Neville Marriner como director musical de la Academy of St. Martin in the Fields, grabó en febrero, con esa orquesta, la Cuarta y la Séptima Sinfonías de Beethoven. Luego vendrán la Tercera y la Quinta. “Cuando diriges, no puedes hacer algo por puro instinto. Debes pensar en cada frase y comunicarte con la orquesta, analizarlo todo. Eso te da más claridad, así que sabes cómo quieres que suene esta sonata”, finaliza.  En cuanto al joven pianista italiano Alessio Bax, talentoso ejecutante graduado con honores a los 14 años, también fue muy alabado por el público chileno, al igual que en otras partes del mundo "pues brindó interpretaciones de gran calidad, caracterizadas por un sonido deslumbrante y un toque lírico más allá de lo sobresalente". Bax ha realizado ya una exitosa carrera y ganado importantes premios en concursos de especial relevancia en diversos países. 

Monday, December 20, 2010

Joshua Bell y la Chamber Orchestra of Europa en Turin, Italia

Foto: Pasquale Juzzolino - Lingotto Musica

Massimo Viazzo
Poder escuchar en vivo a Joshua Bell es antes que todo una experiencia estética. El extremo lirismo de la línea melódica, el candor casi púdico en la conducción del fraseo y por ultimo, un sonido de timbre bellísimo (Bell toca un esplendido Gibson ex-Huberman Stradivarius de 1713) contribuyeron a hacer que este artista estadounidense fuera siempre reconocible. La ejecución de una de las piedras angulares del repertorio, el Concierto para violín y orquesta en re mayor de Tchaikovsky, no podía más que confirmar lo que se veía venir, una intima expresividad libre de sentimentalismos que acarició frecuentemente un tono crepuscular (como por ejemplo la exposición del segundo tema del Allegro moderato inicial) de suave seducción. Pero Bell es ya un virtuoso de raza, y aunque no tenia necesidad de exhibirlo, en su pirotécnico bis de vértigo sobre las variaciones al Yankee doodle elaboradas por Henry Vieuxtemps, con sus armónicos tan seguros y muy entonados, siempre estuvo ahí para demostrarlo. La muy atenta conducción de Vladimir Jurowski no se limitó a coadyuvar la representación, si no que buscando un constante dialogo con el solista logró hacer emerger líneas secretas y melodías escondidas, en la constante búsqueda por crear un estimulante dialogo. Jurowski es un director que ama las proporciones, por lo que el concierto de Tchaikovski sonó menos “ruso” de lo normal, y no por ello, los valores meramente musicales de la partitura fueron a menos. Magnifico fue su control de la agógica y de la dinámica, también en las paginas schubertianas del programa. De modo particular es digna de mencionarse la muy detallada y muy cuidada ejecución de los planos sonoros en la Sinfonía 3 en re mayor de Franz Schubert. Al final una grande ovación a la chispeante Cenicienta rossiniana regalada al jubiloso publico del Lingotto. La próxima cita será el 15 de febrero con Martha Argerich y Misha Maisky.

Chamber Orchestra of Europe - Lingotto Musica, Torino

Foto: Pasquale Juzzolino - Lingotto Musica
Massimo Viazzo
Ascoltare Joshua Bell dal vivo è prima di tutto un’esperienza estetica. L’estremo lirismo della linea melodica, un candore quasi pudico nella conduzione del fraseggio e, non ultimo, un suono timbricamente bellissimo (Bell suona su uno splendido Gibson ex-Huberman Stradivarius del 1713) contribuiscono a rendere l’artista americano sempre riconoscibile. L’esecuzione di uno dei capisaldi del repertorio, il Concerto per violino e orchestra in re maggiore di Čajkovskij, non poteva che confermare l’attitudine a perseguire un’espressività intima scevra da sentimentalismo che accarezzava spesso un tono crepuscolare (l’esposizione del secondo tema dell’Allegro moderato iniziale, ad esempio) di morbida seduzione. Ma Bell è pur un virtuoso di razza anche se non ha bisogno di esibirlo: il pirotecnico bis, le vorticose variazioni su Yankee Doodle elaborata da Henry Vieuxtemps, con quegli armonici così sicuri ed intonatissimi, era pur sempre lì a dimostrarlo. La bacchetta attentissima di Vladimir Jurowski non si è limitata a coadiuvare la performance, ma, cercando un costante dialogo con il solista, è riuscita a far emergere linee segrete, controcanti nascosti, alla costante ricerca di uno stimolante colloquio. Jurowski è un direttore che ama le proporzioni e quindi il concerto čajkovskijano è forse suonato meno “russo” del consueto, ma non per questo i valori meramente musicali della partitura sono venuti meno. Superbo controllo dell’agogica e della dinamica anche nelle pagine schubertiane in programma, in particolar modo degna di nota la dettagliatissima (e sorvegliatissima) resa dei piani sonori nella Sinfonia n. 3 in re maggiore di Franz Schubert. Grandi ovazioni alla fine e una scoppiettante Cenerentola rossiniana regalata al pubblico festante del Lingotto. Prossimo appuntamento il 15 febbraio con Martha Argerich e Misha Maisky.

Sunday, September 19, 2010

L'Orquesta Sinfónica Nacional de México con Joshua Bell - Messico

Fotos crédito: Fernando Cruz / INBA

Ramón Jacques

L'Orquesta Sinfónica Nacional de México merita realmente il titolo di "Nacional", dal momento che da quando fu creata, nel 1928, ha sempre avuto lo scopo di eseguire, diffondere e commissionare nuove opere, in ogni concerto delle proprie stagioni, di compositori messicani. Il catalogo della musica sinfonica messicana, in parrticolare della musica contemporanea, è molto ricco e, sebbene, le opere siano poco conosciute e considerate come rarità in Europa, nel continente americano sono eseguite frequentemente da varie orchestre in molti paesi e città. Alcune di queste composizioni sono diventate dei cavalli di battaglia per il direttore venezuelano Gustavo Dudamel o per il finlandese Esa Pekka Salonen, che ha registrato molte volte queste musiche. Per l'inaugurazione delle proprie stagioni 2010-11 importanti orchestre statunitensi hanno incluso dei brani messicani: la Chicago Symphony Orchestra, diretta da Carlos Miguel Prieto, interpreterà Sones de Mariachi di Galindo, Danzón No.2 di Márquez e Huapango di Moncayo; gli stessi saranno diretti da Dudamel per la Los Angeles Philharmonic; Sensemaya di Revueltas sarà eseguita dalla San Francisco Symphony sotto la bacchetta di Michael Tilson Thomas; e l'opera Il Postino del compositore messicano Daniel Catán in prima mondiale inaugurerà la stagione 2011 dell'Opera di Los Ángeles, con Placido Domingo. Parte della diffusione di questa musica nel Nordamerica si deve parzialmente al fatto che l'Orquesta Sinfónica Nacional ha avuto come direttori, tra i tanti, Leonard Bernstein, Igor Stravinsky e Aaron Copland, che conobbero la musica messicana, la divulgarono e influenzarono anche la creazione di nuove opere. Si comprende perché lo stesso Copland abbia scelto quest'orchestra per la prima della sua creazione Salón México nel 1937.

Il nostro concerto è iniziato con la Suite del ballet H.P. (horse power o cavalli-vapore) di Carlos Chávez (1899-1978), concepito come una sinfonia di danze in quattro parti, una specie di glorificazione orchestrale delle forze meccaniche, mescolando melodie e danze popolari messicane, con forti influenze dalla Sagra della Primavera di Stravinsky e dalla musica di Varese e Prokofiev, conservando uno spirito nazionalista che ha sempre distinto il compositore. L'interpretazione dell'orchestra diretta dal suo direttore principale, Carlos Miguel Prieto, ha messo in risalto la musicalità esuberante e i momenti di atonalità del brano, con ampia partecipazione dei fiati, e con un sassofono sensuale e una marimba nell'ultimo movimento: El trópico. Di Silvestre Revueltas (1899-1940) prolífico compositore, abbiamo ascoltato La noche de los mayas, considerata como una partitura cinematografica, perché fu scritta come colonna sonora di un omonimo film del 1938 che, dopo un oblio durato fino all'inizio degli anni '60, fu rielaborata in una sinfonia di quattro movimenti. L'orchestra ha dato un'interpretazione da manuale, con leggerezza e serenità degli archi nei primi movimenti, irrompendo poi con l'energia e l'intensità delle vibranti percussioni che accompagnano il quarto movimento, la Noche del Encantamiento, che avrebbe tanto affascinato Salonen. Il concerto è stato addolcito dal brillante Concierto para violín y orquesta, Op. 35, con un ispirato Joshua Bell, col leggiadro suono del suo Stradivarius del 1713, ha ornato con un'eccitante maestria e agilità il vertiginoso e tecnicamente difficile Allegro vivacissimo. L'orchestra ha fornito un adeguato e sonoro tappeto in tutto il pezzo, nella briosa lettura di Carlos Miguel Prieto.

Sunday, September 12, 2010

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional y el violinista violinista Joshua Bell en México

Fotos: Fernando Cruz / INBA - Joshua Bella y la OSN

Ramón Jacques

La Orquesta Sinfónica Nacional de México, realmente le hace honor a su titulo de “nacional” ya que desde su creación en 1928, siempre ha tenido la misión de: ejecutar, difundir y comisionar, en cada uno de sus conciertos, obras de compositores mexicanos. El catalogo de obras de música sinfónica mexicana, particularmente de música contemporánea, es bastante rico y extenso, y aunque las obras son poco conocidas o consideras “rarezas” en Europa, en el continente americano son interpretados con frecuencia por orquestas de diversas ciudades y países. Algunas de estas obras se han convertido en “caballos de batalla” para el director venezolano Gustavo Dudamel, o para el finlandés Esa-Pekka Salonen, quien realizó diversas grabaciones discográficas de esta música. Para el inicio de su temporada 2010-11, importantes orquestas estadounidenses han incluido alguna pieza mexicana en sus conciertos iniciales como por ejemplo: la Chicago Symphony Orchestra, que bajo la conducción de Carlos Miguel Prieto interpretará: Sones de Mariachi de Galindo, Danzón No.2 de Márquez y Huapango de Moncayo; mismas obras que se escucharan con la Los Angeles Philharmonic que dirige Gustavo Dudamel; Sensemaya de Revueltas que será ejecutada por la San Francisco Symphony bajo la conducción de Michael Tilson Thomas; y la opera Il Postino del compositor mexicano Daniel Catán, cuyo estreno mundial, inaugurará la temporada 2011 de la Opera de Los Ángeles, con Placido Domingo. Parte de la expansión de esta música por Norteamérica, se debe en parte a que la Orquesta Sinfónica Nacional fue conducida por regularidad por directores como: Leonard Bernstein, Igor Stravinski, y Aaron Copland, entre otros, quienes conocieron la música, la divulgaron e incluso influenciaron la creación de más obras. Por ello, es entendible que el propio Copland, haya elegido a esta orquesta para el estreno de su obra el Salón México en 1937.

El concierto que nos ocupa inicio con la Suite del ballet H.P. (horse power o caballos de vapor) de Carlos Chávez (1899-1978), que fue concebido como una sinfonía de baile en cuatro partes, una especie de glorificación orquestal a las fuerzas mecánicas, que mezcla melodías y danzas populares mexicanas con notables influencias de la Consagración de la primavera de Stravinsky, y la música de Varese y Prokofiev, conservando siempre el espíritu nacionalista que caracterizó a su compositor. La interpretación de la orquesta bajo la conducción de su titular, Carlos Miguel Prieto, resaltó la exuberante musicalidad, como los momentos de atonalidad de la pieza, con amplia participación de instrumentos de viento, como el sensual saxofón y la marimba que se escucharon en el último movimiento: El trópico. De Silvestre Revueltas (1899-1940) prolífico compositor, se ejecutó La noche de los mayas, considerada como una partitura cinematográfica, porque fue escrita como música para un film homónimo de 1938, y que después de permanecer olvidada, a inicios de los 60s, fue ordenada en una sinfonía de cuatro movimientos, que fueron interpretados como con un manual por la orquesta, con la ligereza y serenidad de las cuerdas en los primeros movimientos, para irrumpir con la fuerza e intensidad de las vibrantes percusiones que acompañan el cuarto movimiento la Noche del Encantamiento, aquel que tanto fascinara a Salonen. El concierto lo redondeó el lucido Concierto para violín y orquesta, Op. 35, con la presencia de un inspirado Joshua Bell, quien tocó su Stradivarius de 1713 de un sonido liviano, ligero y muy ornamentado de excitante agilidad y maestría, en el vertiginoso y técnicamente difícil Allegro vivacissimo. La orquesta creo un adecuado y sonoro fondo musical durante toda la obra, con atrevimiento y brío en la lectura de Carlos Miguel Prieto.