Showing posts with label Deda Cristina Colonna. Show all posts
Showing posts with label Deda Cristina Colonna. Show all posts

Friday, May 30, 2025

La Scala di Seta y Prima della Scala en Novara

Foto: Teatro Coccia di Novara

Renzo Bellardone

La divertida farsa de Gioachino Rossini, La scala di seta (La escalera de seda), estrenada el 9 de mayo de 1812 en Venecia, se representó en el Teatro Coccia casi en el mismo aniversario de su estreno, hace 213 años. Al tratarse de una pieza en un solo acto, estuvo acompañada y precedida por un nuevo encargo, Prima della scala (Antes de la escalera), confiada al joven compositor Federico Gon con libreto de Stefano Valanzuolo, que no intenta una parodia que podría producir aspectos discutibles, sino la invención de un antecedente plausible e imaginativo para la puesta en escena de la pieza en un acto de Rossini.El resultado es absolutamente divertido y atractivo y, al final, incluso parece real. La historia precedente se convierte de hecho en una sola con La scala di seta y, modificando solo algunos detalles de la escena y el vestuario, sin intermedio, llegamos al aplauso final. La música de Gon es absolutamente escuchable a primera oída y sin buscar extravagancias agrada y entretiene. El libreto es cautivador. En ambos casos la dirección estuvo a cargo de Deda Cristina Colonna, conocida hace años en el papel de coreógrafa renacentista y barroca, y gratamente redescubierta en el papel de directora teatral. Su trayectoria artística verdaderamente respetable sobresale en sus creaciones, abarcando en el tiempo hasta lo contemporáneo, con el estilo de quien ha escudriñado y experimentado diferentes mundos artísticos. Su dirección fue muy divertida y recuperó gestos y actitudes —en primer lugar, los gestos del ilusionista— que dieron continuidad a la narración. La orquesta Filarmónica Italiana estuvo dirigida por Francesco Pasqualetti, a quien conocí cuando era un joven director que buscaba la precisión y el gesto, asistiendo a las master-classes impartidas por Gianandrea Noseda, en el marco del Festival de Stresa. Me lo he encontrado en otras ocasiones en el Regio de Turín o en Pisa, y ahora cuenta con una trayectoria artística decididamente importante y es considerado un intérprete refinado y ecléctico, que acepta los desafíos y los resuelve con elegancia, como se le reconoce internacionalmente. A la orquesta del Teatro Coccia dirigió con mesura y atención, manteniendo el ritmo vivo que hace amado a Rossini. La escenografía de Matteo Capobianco parte de la idea del circo y hace aflorar recuerdos, luces y colores que desde siempre han fascinado a los niños y hacen brillar de alegría sus ojos. La escena inicia en blanco y negro para retratar el dolor por el fallecimiento del dueño del circo, que se revelará como una noticia falsa puesta en marcha solo para probar a sus colaboradores, y luego cobra vida con luces y colores a medida que continúa la historia. La escalera que sube y baja es el hilo conductor escénico y narrativo, como lo son los trajes del propio Capobianco, histriónicos y festivos, que encajan muy bien en el conjunto. Las voces fueron todas agradables y adecuadas para los papeles realmente brillantes. Zabatta/Dormont fueron interpretados por el tenor seguro y agradable Davide Lando. Alina Tkachuk dio rostro y voz brillante a los personajes de Nina/Giulia. Ezio/Dorvil estuvieron interpretados con vivacidad y buenas notas altas por Paolo Nevi. Yo Otahara fue una Lucilla interesante y el bajo Dogukan Ozkan estuvo encargado de los personajes de Silvano/Blansac, que abordó con buen timbre y color. Emmanuel Franco no solo es interesante de escuchar, sino también interpretó muy bien el rol de Germano.



Sunday, November 5, 2023

Juditha Triumphans en Cremona

Fotos: J Diego Biainchi

Ramón Jacques

Una amplia variedad de interesantes proyectos, obras, montajes de óperas, conciertos y festivales son presentados anualmente por los teatros italianos que no suelen acaparar la atención y los reflectores, como lo hacen los teatros reconocidos a nivel internacional, que tienen grandes presupuestos y que se ubican en las ciudades más importantes de este país.  En esa categoría se ubica el Teatro Ponchielli de Cremona situado a menos de cien kilómetros al sur de Milán en la región de Lombardía. El origen de este teatro se remonta a 1747, aunque la edificación existente fue inaugurada en 1808 con el nombre de Teatro della Concordia, para posteriormente, en 1907, cambiárselo por el de teatro Ponchielli, en honor al compositor Amilcare Ponchielli (1834-1886) nativo de esta ciudad. Cabe señalar la importancia que tiene la ciudad de Cremona, ya que es considerado un centro musical por antonomasia, ya que aquí nació también el compositor Claudio Monterverdi (1567-1643)  pionero en el desarrollo de la ópera, en cuyo honor se lleva a cabo aquí mismo un festival anual, además de que cuenta con un importante conservatorio (Istituto Monteverdi) y ha sido desde el siglo XVI hasta el día de hoy, la ciudad de los violines, ya aquí se han fabricado los violines: Stadivarius, Andrea Amati o Guarneri, del Gesù; actividad que en hoy realizan los más de cien talleres localizados en la ciudad, así como la existencia de un importante museo dedicado al violín. Como parte de la actual temporada lírica del teatro se ofreció, en versión escénica, Juditha Trimphans devicta Holofernes barbarie, oratorio sacro militar en dos partes RV 644 con libreto de Giacomo Cassetti inspirado en el libro bíblico de Judit con música de Antonio Vivaldi (1678-1741). Juditha Triumphans es de las pocas obras de Vivaldi, cuyos manuscritos se encontraron intactos, a excepción de la obertura original que se extravió, y es de los pocos oratorios que hoy se ofrecen en en versión escénica a pesar de las dificultades que ello supone, ya que sus historias son generalmente abstractas, cargadas de alegorías y metáforas, lo que complica establecer un lugar y tiempo preciso donde situarlas, pero en este caso, y gracias al perfil dramatúrgico diferenciado por los registros vocales (contralto, soprano) dan la posibilidad de escenificarla. Es una obra compuesta para voces femeniles, con una secuencia de veintiocho arias, o perlas como las han descrito directores de orquesta que la han dirigido, coros cantados por voces femeninas de tesitura grave, y tintes bélicos, porque acompañan momentos de batallas, como el notable coro con el que da inicio la obra. Al final, Juditha es una descripción alegórica de la victoria de los venecianos (cristianos) sobre los turcos en 1716.  La producción escénica estrenada el pasado mes de marzo en el Teatro de Pisa, coproductor del proyecto, fue ideado por la directora de escena Deda Cristina Colonna, quien concibió el montaje con los elegantes y coloridos vestuarios de Manuela Gasperoni, y la iluminación, determinante dentro de este concepto, de Michele Della Mea, en un espectáculo de una idea sencilla, eficaz, conceptual e íntima que no apuntó a temas bélicos, si no a hacer sencilla la parte teatral, en la que los personajes expresaban sentimientos, parecían poseer un carácter humano y se movían sobre el escenario con pausa y precisión, evocando al teatro clásico o quizas griego. Con pocos elementos en escena, como algunas mesas y tarimas, y algunas cortinas y velos blancos que subían y bajan, cubriendo a los personajes, se creaban diversos ambientes con continuidad en el cambio de escenas. En el foso estuvo la orquesta de instrumentos antiguos, y en escena el coro de voces femeninas, del ensamble Auser Music, bajo la conducción de su titular Carlo Ipata, flautista, director y fundador de una de las agrupaciones de referencia de la música antigua en Italia quien dirigió de manera meticulosa y conocimiento de la obra, resaltando el rico y diverso uso de los instrumentos que acompañan las arias como por ejemplo la viola d’amore (instrumento de seis cuerdas similar al violín) y la tiorba que se escuchan en la escena de preparación del banquete para Juditha y Holofernes; o la mandolina, las flautas dulces, el oboe y las violas de gamba que se escuchan y encuadran el aria de Juditha In somno profundo en el acto final del asesinato de Holofernes. El elenco conformado por cantantes especializadas en el repertorio dejó muchas satisfacciones comenzando con la contralto Sonia Prina, reconocida intérprete de música antigua en especial en óperas de Handel y Vivaldi, quien dio vida al papel de Juditha la joven viuda betuliana, desplegando una voz oscura, profunda pero suntuosa en su timbre y sentida en su interpretación. El papel de Holofernes fue encomendado a la contralto Francesca Ascioti, quien posee una voz oscura, matizada, a la que supo imprimir suavidad y estilo, con un canto conmovedor y consistente y un despliegue de elegancia y delicadeza escénica a la par de la vocal. La mezzosoprano israelí Shakèd Bar recreó un jovial y vivaz Vagaus, que aportó alegría y jubilo a cada una de sus apariciones. Miram Carsana, cantó con estilo y sentimiento el papel de Abra, y aunque la contralto Federica Moi cantó con exaltación y buenos medios vocales personificando el papel de Ozias, aunque por momentos no logró calibrar el brío y el impulso en la emisión de su voz, discrepando con las otras voces. Un reiterado reconocimiento al coro femenil, tan importante en la obra, dirigido por Marco Bargagna. Al final mucho entusiasmo y reconocimiento al espectáculo y todos lo que en el participaron, y un aviso de que las mejores puestas en escena y cantó no se encuentran necesariamente en los teatros más reconocidos.



Sunday, October 31, 2021

El Castillo de Barba Azul en Novara, Italia

Foto: Teatro Coccia di Novara

Renzo Bellardone

La recuperación ... ¡la vuelta al teatro no tiene precio! El entusiasmo y el deseo de la escena, de la música, del espectáculo de autor palpitan con fuerza en los templos y uno se encuentra en la sala con la directora del teatro, el director de escena y el escenógrafo que cuentan lo que pronto se escuchará y se verá, como llena el corazón y la mente de emociones. La obra no es una de las más conocidas y representadas, ¡así que me siento muy afortunado de haber tenido ya otras oportunidades de asimilar la belleza incomparable de escuchar la única obra (o pecado) de Béla Bartók! No soy músico, pero la frecuencia con la que escucho música en vivo y de alto nivel, me hace apreciar mucho esta composición viva, llena de fermento, ímpetu, pasión e intimidad expresiva. 1000 páginas no bastarían para ilustrar las facetas de esta impactante composición que, si bien fue planificada para una orquesta de al menos noventa elementos, con un trabajo minucioso de absoluta calidad, la hemos escuchado propuesta por un grupo musical de tan solo 23 elementos. El mérito de esta orquestación para personal reducido es para Paola Magnanini y Salvatore Passantino de la Academia AMO, creada bajo la preciosa supervisión de Marco TaralliUno de los aspectos más interesantes de la obra de Béla Bartók es sin duda el de la relación entre la métrica verbal con la musical. Por primera vez, la lengua húngara no es transgredida ni deformada por las necesidades de la música y, como se expuso durante la presentación, la traducción al italiano de los subtítulos se manejó con atención, fidelidad y amor por la obra. Todo aquí emerge: el lamento, el chillido, el grito, la esperanza, la ilusión y la realidad, la persecución de un sueño, la expectativa de realización y el tormento del ser. Pero vayamos a la creación escénica de Deda Cristina Colonna quien, navegando por las páginas de cuento de hadas del castillo del príncipe Barbazul, en lugar de detenerse en el imaginario colectivo del príncipe asesino, sediento de sangre sin piedad, buscó la psicología y el sueño del príncipe en una búsqueda espasmódica de sí mismo a través de ser amado sin preguntas ni condiciones. Abriendo las puertas del castillo una a una, a petición femenina de Judit, poco a poco se revela a sí misma. La narración aguanta con la respiración contenida como en un thriller con final feliz. La dirección de las proyecciones iniciales representó este camino de busqueda con sorprendente efectividad y convirtió a Barba azul en un ser humano con sus dudas y el escenario elegido, creado con elegancia estructural por el escenógrafo Deda Cristina Colonna, contribuyó a la representación del hombre de Barba azul. Lla cuarta y última esposa Judit, a quien dedica todas las noches, así como a las otras esposas encerradas en la última habitación a la que había dedicado, mañana, mediodía y el bruñir de la noche. La dirección de Marco Alibrando fue fresca y a la vez rigurosa, dejando espacio a la pasión que sigue a los distintos timbres, los chillidos y las bocanadas casi imperceptibles sobre las lágrimas del lago. Un sincero aplauso para los intérpretes: Mary Elisabeth Williams quien fue una Judit sincera que vive con gran fuerza interpretativa manteniendo el ritmo narrativo y expresando una figura vocal muy adecuada al papel. Andrea Mastroni puede definirse como un intérprete de referencia gracias a la voz naturalmente baja que expone colores y profundidades de todo relieve, logrando una soberbia interpretación que sin duda marca una pieza importante en la lista de sus interpretaciones. ¡Ambos profundizan en el drama para luego retirarse sensualmente! Honestamente, si un buen comienzo se da a la mitad del camino, podemos estar tranquilos en cuanto a resto de la temporada. ¡La música vence siempre!

IL CASTELLO DI BARBABLU’ Teatro Coccia Novara 23 ottobre 2021

Foto: Teatro Coccia di Novara

Renzo Bellardone

La ripresa...il tornare a teatro NON ha prezzo! L’entusiasmo e il desiderio della scena, della musica, dello spettacolo d’autore pulsano fortemente alle tempie e ritrovarsi in sala con Direttrice teatro, regista e scenografo che raccontano quello che fra poco si andrà ad ascoltare e vedere, riempie cuore e testa di emozioni.

IL CASTELLO DI BARBABLU’ Teatro Coccia Novara 23 ottobre 2021 Orchestrazione per organico orchestrale ridotto  Paola Magnanini e Salvatore Passantino (Accademia AMO)
Musica di Béla Bartók, Libretto di Béla Balázs Traduzione di Hannah Gelesz e Deda Cristina Colonna Direttore Marco Alibrando Regia Deda Cristina Colonna Assistente alla regia Hannah Gelesz Scene e costumi Matteo Capobianco Barbablù Andrea Mastroni Judith Mary Elizabeth Williams Prologo Giuditta Pascucci, Carolina Rapillo Orchestra del Teatro Coccia Coproduzione Fondazione Teatro Coccia e Fondazione Pergolesi Spontini di Jesi

L’opera non è delle più conosciute e rappresentate,  quindi mi ritengo ben fortunato ad aver già avuto altre occasioni per assimilare l’ineguagliabile bello dell’ascolto dell’unica (peccato) opera di  Béla Bartók! Non sono musicista, ma il frequente ascolto dal vivo di Musica ben elevata, mi fa apprezzare enormemente questa composizione viva, ricca di fermenti, impeti, passione ed  espressiva intimità. Non basterebbero 1000 pagine ad illustrare le sfaccettature di questa scrittura imponente che seppure prevista per un organico di almeno novanta elementi, con un lavoro certosino e di assoluta qualità l’abbiamo ascoltata proposta da un organico musicale di soli 23 elementi. Il merito di questa orchestrazione per organico  ridotto va a  Paola Magnanini e Salvatore Passantino dell’Accademia AMO, realizzata sotto la preziosa supervisione di Marco Taralli. Uno degli aspetti più interessanti dell’opera di Béla Bartók è senz’altro quello del rapporto tra il metro verbale e quello musicale. Per la prima volta la lingua ungherese non risulta violentata e deformata dalle esigenze della musica e come è stato esposto durante la presentazione la trasposizione in lingua italiana per i sottotitoli è stata curata con attenzione, fedeltà ed amore all’opera. Tutto emerge: il lamento, lo stridore, il grido, la speranza, l’illusione e la realtà, la rincorsa di un sogno, l’attesa della realizzazione ed il tormento dell’essere. Ma veniamo alla realizzazione registica di Deda Cristina Colonna che navigando tra le pagine fiabesche del castello del principe Barbablù, invece di soffermarsi all’immaginario collettivo  del principe assassino uxoricida, spietatamente assetato di sangue, ha ricercato la psicologia ed il sogno del principe alla spasmodica ricerca di se stesso attraverso l’essere amato senza domande e condizioni.  Aprendo una ad una le porte del castello, sulle femminee richieste di Judit, svela man mano il suo IO. La narrazione tiene con il fiato sospeso come in un giallo a lieto fine. La regia fin dalle proiezioni iniziali ha rappresentato con efficacia sorprendente questo suo percorso di ricerca ed ha reso Barbablù un essere umano con i suoi interrogativi e l’ambientazione scelta, realizzata con eleganza strutturale dallo scenografo Matteo Capobianco, ha contribuito alla rappresentazione dell’uomo Barbablù e della sua quarta ed ultima moglie Judit a cui dedica tute le notti, cosi come alle altre mogli racchiuse nell’ultima stanza aveva dedicato, il mattino, il mezzogiorno e l’imbrunire della sera. La direzione di Marco Alibrando è fresca ed al tempo stesso rigorosa, lasciando spazio alla passione che insegue le varie timbricità, gli stridori ed i quasi impercettibili soffi sopra le lacrime del lago. Agli interpreti va un applauso sincero: Marco Alibrando  è un’accorata Judit che vive con grande forza interpretativa  mantenendo il ritmo narrativo  ed esprimendo una cifra vocale ben attagliata al ruolo. Andrea Mastroni può definirsi interprete di riferimento grazie alla voce che naturalmente bassa espone colori e profondità di tutto rilievo, riuscendo a declinare una interpretazione superba che indubbiamente segna un tassello importante nell’elenco delle sue interpretazioni. Entrambi si addentrano nella drammaticità per poi uscirne sensualmente! Sinceramente se chi ben comincia è a metà dell’opera, possiamo tranquillizzarci sul resto dell’insieme delle stagioni. La Musica vince sempre