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Tuesday, December 6, 2011

“LA VIUDA ALEGRE” DE Franz Lehár - TEATRO COLON DE BUENOS AIRES

Fotos: Teatro Colon de Buenos Aires

Dr. Alberto Leal

"La viuda alegre", opereta en tres actos. Libro: Víctor Léon y Leo Stein. Música: Franz Lehár. Elenco: Solveig Kringelborn, Matthias Hausmann, Lyuba Petrova, Benjamin Bruns, Reinhard Dorn, Norberto Marcos, Carlos Ullán, Gustavo Zahnstecher, Ernesto Bauer, Natalia Lemercier. Alejandro Meerapfel, Oriana Favaro, Rosemarie Klingenhagen, Marisú Pavón, Leonardo Estévez, Ariel Ramos. Iluminación: Roberto Traferri, Vestuario: Mini Zuccheri, Escenografía: Michael Yeargan, Coreografía: Rodolfo Lastra, Régie: Candace Evans, Ballet Lidia SegniCoro Peter Burian. Orquesta Estables del Teatro Colón Gregor Bühl

Franz Lehár, austriaco de nacimiento pero de ascendencia húngara, produjo 19 obras, siendo “La Viuda Alegre” su quinta composición y la que sin duda logró trascender hasta el presente como modelo en su género. Luego de padecer durante años versiones en español, que desnaturaliza la obra y no dejan de filtrar un sabor a zarzuela, es de celebrar que el Teatro Colón brindará la versión original en alemán, ganando la obra considerablemente, como lo hizo Juventus Lyrica años atrás. Siempre he creído que para cierre de una temporada, y en época estival, una obra más leve, argumental y musicalmente, es lo más adecuado y el público que concurrió el domingo pasado, en su mayoría turistas o gente no habitué del Colón, celebraron esta función. Con una puesta "art nouveau" de singular belleza creada por estadounidense Michael Yeargan en el 2001, un magnífico vestuario de Mini Zuccheri , siempre elegante y en estilo, y una excelente iluminación de Roberto Traferri, la parte visual fue un regalo para la vista. Desgraciadamente no tuvimos la misma suerte en la parte musical y vocal.
El maestro Gregor Bühl brindó una versión de trazos gruesos, tiempos acertados pero carente de sutilezas, que la partitura reclama, y con poco cuidado en la relación foso escenario. Seguramente un Director más relacionado con el género hubiera sacado mucho más partido de la misma. El Coro realizó una buena tarea, dentro del marco musical explicitado, mostrándose por momentos un poco estático, problema atribuible a la Reggie de Candace Evans. Ella supo mover con sentido a los solistas, ayudada en la mayoría de los casos por el buen sentido actoral de los mismos. Hubo buenos desplazamientos y algunos “gags” que fueron festejados. Por momentos el Coro permaneció totalmente estático no favoreciendo a la puesta como un todo. Rodolfo Lastra ideó una muy buena coreografía que fue ejecutada con brillantez por el Ballet estable, tanto en las primeras escenas como en el explosivo Can- Can. Un muy buen trabajo. Solveig Kringelborn, quien posee una muy buena figura y se mueve bien como actriz, está lejos de sus buenos tiempos vocales. Su cantó sonó desparejo, con un centro casi inaudible, agudos destemplados y un persistente vibrato en toda su extensión. Después de un año donde se repitieron muchos errores de casting me sigo preguntándome como el Teatro Colón hace las contrataciones…Creo que en nuestro medio varias sopranos pueden hacer un más decoroso papel del rol e internacionalmente cientos. Por lo menos un misterio…sin indagar más…Lyuba Petrova, a quien ya habíamos apreciado como una correcta Pamina, se mostró más cómoda en Valencienne. Cantó con seguridad, buena afinación, aunque su volumen parece no ser el más indicado para una sala como la del Teatro Colón, moviéndose bien como actriz. Matthias Hausmann, como Danilo, fue sin dudas el elemento más positivo del elenco. Posee una importante voz de barítono lírico, canta con buena técnica, preciso estilo y es un muy buen actor. Redondeó un trabajo ponderable y lo mejor desde el punto de vista vocal, ayudado además por su buena presencia escénica. Otro punto positivo de la representación fue el tenor Benjamin Bruns (Camille de Rosillon), poseedor de una buena voz de tenor lírico-ligero, considerable volumen y un canto libre, en estilo y excelente fraseo. Reinhard Dorn, (Barón Mirko Zeta), un bajo de larga trayectoria, cantó en buena forma y realizó una lograda composición del personaje. Del amplio elenco cabe destacar a Gustavo Zahnstecher, acertadísimo Njegus, mostrando un gran despliegue actoral. El resto del elenco local cumplió con corrección, adaptándose muy bien a un estilo al que no están acostumbrados. Marisú Pavón (Zozó), muy desenvuelta pero en una parte tal vez algo grave para su registro, Alejandro Meerapfel (Kromow), Norberto Marcos (Vizconde Cascada), Leonardo Estévez (Pritschitsch), Ernesto Bauer (Bogdanowitsch), Carlos Ullán (Raoul de St. Brioche) y Rosemarie Klingenhagen (Praskowia) entre otros. Una versión de “La Viuda Alegre” que no quedará en los anales del Colón, la Opera es básicamente canto y música y una muy buena versión visual no puede compensar otras falencias. Pero Lehár se presta para pasar un rato agradable y tratar de pensar poco en la muy cuestionada próxima temporada.





Sunday, June 5, 2011

La Flauta Mágica de Mozart en el Teatro Colón de Buenos Aires

Fotos: Teatro Colón de Buenos Aires

Alberto Leal

“La Flauta Mágica”, una de las obras más populares de Mozart, fue estrenada en 1791. En el largo camino transcurrido hasta nuestros días generó las más diversas interpretaciones. Desde cuento infantil hasta folleto masónico, todo ha sido válido y por esa causa el espectador nunca sabe - a priori - que pasará cuando se abra el telón. Esta misma discrepancia tal vez sea una de las causas que ha llevado a famosos directores de cine a generar más de una versión cinematográfica. En su ambigüedad podemos encontrar una parte importante de su atractivo. Y fue segundo título del Teatro Colón para la presente temporada. Debo adelantar que el placer más grande que tuve - y uno de los pocos – es ver el teatro funcionando a pleno con su Orquesta, Coro y que – aunque no se especifica como puesta nueva – nuestros queridos artesanos han trabajado en ella. Lo musical y visual fue otra cosa… Sergio Renán, de quien guardo el recuerdo de algunas puestas valiosas y que en lo personal me alegra verlo activo, no será éste uno de sus trabajos por lo que lo recordaremos. Con una más que pesada escenografía de Juan Pedro de Gaspar, con un aspecto monumental, algo fuera de moda, y un despliegue sin definir entre Cecil B. DeMille y Disneylandia, lo visual tuvo muy poco de acierto. Solamente algunas proyecciones lograron momentos algo interesantes. Tampoco contribuyó el vestuario de Renata Schussheim, una diseñadora que merece el mayor de mis respetos. Líneas simples y colores suaves, que siempre son bienvenidos, pero trajes realmente pocos sentadores, como el de la Reina de la Noche, o fuera de contexto como el de Papagena. En la parte musical el Maestro Frédéric Chaslin pareció dirigir para él, sin tener en cuenta en general lo que pasaba en el escenario. Con tiempos más rápidos que los habituales, que incomodó a algunos cantantes, y en general poca presencia de estilo mozartiano. Muchos desajustes en la orquesta tampoco contribuyeron a lograr un buen nivel musical. Lo vocal es digno de un análisis más exhaustivo que no puede ser cubierto en esta crónica. Pero existieron cosas inexplicables. Solamente puede pensarse en un mal casting, una presión de parte de los representantes, falta de conocimiento o alguna otra causa… Como puede ser que un tenor como Darío Schmunck, que ha cantado en la mayoría de los grandes teatros del mundo junto a artistas como Anna Netrebko, Elina Garanca, etc. sea el segundo reparto de un intérprete con una magra trayectoria en teatros de provincia europeos? Además Scmunck, a quien he visto en Tamino, hace realmente una más que interesante creación del papel. Patrick Henckens posee una voz de timbre poco agradable, poca conciencia de canto mozartiano, problemas notorios de afinación y emite los agudos con gran dificultad. Siendo además nulo como actor. La Pamina de Lyuba Petrova es otro caso para tener en cuenta. Hasta hace muy poco tiempo cantaba roles de soprano ligera – algunos todavía los canta. Posee una voz de bello timbre, buen volumen y tiene un canto afinado. Pero su voz sigue sonando algo leve para el rol y sus conocimientos de cómo cantar Mozart parecen no ser su fuerte, como quedó demostrado en su aria. Markus Werba brindó un Papageno desenvuelto, vivaz y con notables condiciones de actor. Su voz no posee un timbre particularmente bello y cuesta imaginárselo en otro rol, pero posee suficiente volumen para un teatro de las dimensiones del Colón.
Aline Kutan, con una voz más oscura que las sopranos que abordan este rol, cantó con solvencia las dos temibles arias de coloratura, luciéndose más en la segunda de ellas. Lucas Debevec – Mayer (reemplazo a último momento de Reinhard Hagen) cantó con su habitual dignidad un rol que no parece el más adecuado para su voz en un teatro de las dimensiones del Colón, donde un bajo profundo es necesario. Le he visto el mismo rol en el Teatro Avenida y adquiere otra dimensión. Tampoco fue favorecido con los tiempos del Director, especialmente en el sector grave, pero su trabajo nunca estuvo debajo de un nivel de dignidad artística. Virginia Wagner, Florencia Machado, Mónica Sardi, como las tres damas, no lograron en ningún momento amalgamar sus voces, con una notable diferencia de volumen entre ellas, donde sobresalió todo el tiempo Virginia Wagner, con algunos pasajes realmente notables. Nada puedo comentar sobre la actuación de Laura Belli, vestida más para un teatro de revistas que para una ópera de Mozart, ya que fue totalmente inaudible desde mi posición, fila 14 de platea. Muy desenvueltos los tres genios de Tobías Campos, María Constanza Leone, Solana Figuera. Y merece un reconocimiento especial el Orador de Fernando Radó, voz bien impostada y dignidad en el decir y actuar. De rutina el resto del elenco. El coro tuvo un olvidable primer acto, voces sueltas sin amalgamar, pero mejoró sensiblemente en el segundo acto. Una Flauta Mágica totalmente olvidable. Solo me llevé la ilusión de un Teatro trabajando a pleno. Espero mejores resultados para los títulos siguientes de la temporada.