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Thursday, November 17, 2022

La Traviata en Houston

Foto: Lynne Lane

Ramón Jacques

Con La Traviata de Verdi, una de las óperas más conocidas y representadas del repertorio, inició una nueva temporada de la Houston Grand Opera.  El titulo con la producción escénica utilizada y vista en esta ocasión, trae a la memoria un sinfín de buenos y malos recuerdos, y vicisitudes por las que tuvo que atravesar el teatro para llegar a este día. A lo largo de la historia los teatros de ópera han tenido que sobreponerse a desastres naturales o a decisiones humanas que han causado su cierre como: incendios, terremotos, inundaciones, recientemente una pandemia, o guerras y remodelaciones, para cumplir su propósito de producir ópera; pero quizás ninguno otro, además de Houston, ha sufrido la destrucción causada por la fuerza de un huracán - como Harvey, en agosto del 2017- tan solo unas semanas antes de la inauguración de su temporada, que iniciaría con La Traviata, con la que se estrenaría un nuevo montaje de la directora Arin Bus, y el diseñador Riccardo Hernández, realizado en coproducción con la Lyric Opera de Chicago. Para entender la magnitud de la situación afrontada por este teatro, que debió cancelar su temporada por la inundación y daños a la sala, foso, escenario, oficinas, bodegas de vestuarios y escenografías, estacionamientos subterráneos etc; cabe señalar que Harvey ha sido el huracán de mayor categoría que ha tocado tierra en Texas, con vientos de más de 215 kms por hora, y lluvias, que en solo 4 días, vertieron sobre la región y ciudad de Houston, 54 pulgadas de agua, que equivalen a aproximadamente 41 billones de litros de agua.  Un par de meses después, se pudo rescatar parte de la temporada, y en un escenario creado ex profeso en una de las inmensas salas del centro de convenciones, y pesar de no contar con las condiciones ideales – por acústica, orquesta situada detrás de los intérpretes, falta de espacio para el coro que cantó entre el público, pero con el elenco originalmente anunciado, se llevaron a cabo en versión semi-escénica, ocho funciones de Traviata. Es por ello, que esta inauguración, tiene un valor especial para la compañía y fue obviamente recordada, ya que ¡en una historia digna de un libreto operístico! cinco años después, se vio finalmente la obra con este montaje. Situado en una época y tiempo indefinido, aunque los elegantes vestuarios de Cait O’connor, nos remitían al siglo diecinueve, y bajo la premisa que los hechos que suceden en la ópera pueden suceder en la actualidad, la directora de escena Bus se permitió algunas ocurrencias como el uso de máscaras, marionetas, exagerada actuación a manera de representar los excesos y el libertinaje, cargados simbolismos, que, si bien no eran novedosos, no interfirieron en el desarrollo de la escena.  La escena se desarrolló dentro de un muro semicircular al fondo del escenario, con algunos elementos de utilería, y resaltó el juego de iluminación, con claroscuros de Marcus Doshi.  Vocalmente y en su debut local, la soprano Angel Blue, cargó con el peso de la función, con una voz rotunda, ágil, y nítida en sus agudos y proyección. Escénicamente se le vio involucrada y convincente en su papel y supo administrar y conjugar bien su desempeño vocal con su el escénico.  El tenor Matthew White, que ocupó el lugar del originalmente anunciado Bryan Hymel, mostró buenas cualidades vocales, pero una evidente falta de conexión y química entre su Alfredo y Violetta.  A pesar de su amplia voz y grato timbre baritonal, tampoco logró convencer el barítono ucraniano Andrei Kymach como Giorgio Germont, en escena más preocupado y atento a dar las notas correctas, que por mostrar una conjunción con los demás intérpretes. Emily Triegle dio vida a una sensual y atractiva Flora, y el resto de los interpretes en papeles menores, la mayoría miembros del Houston Gran Opera Studio cumplieron satisfactoriamente.  Por su parte el coro, bajo la experta conducción de Richard Bado, su titular desde 1989, agradó por su intensidad, uniformidad y participación. La conducción musical de Matthew Aucoin, el joven compositor y director de orquesta estadounidense, en su debut local, careció de ímpetu y chispa, sin profundizar en la búsqueda del color y matiz de las óperas verdianas. Su lectura lenta, rutinaria y poco estilizada, causo algunos desfases con el escenario y con los músicos de la orquesta quienes se notaban algo condicionados.

Sunday, June 5, 2016

Crossing de Matthew Aucoin en Boston

Fot: Gretjen Helene Photograph

Lloyd Schwartz

Hay una historia conmovedora detrás de “Crossing” de Matthew Aucoin obra que presentó el American Repertory Theater  de Boston en su estreno mundial.  Inspirada en el diario de la guerra civil de Walt Whitman, la historia versa sobre la labor de voluntario que hizo el poeta en un hospital, queriendo sanar  soldados heridos y a los débiles, pero su labor se ve comprometida por su atracción sexual hacia las víctimas de guerra.  Se aparece un soldado confederado herido disfrazado quien aprovechándose de la atracción que Whitman siente por él  le pide que le escriba una carta a su familia, que es en realidad una clave para que el ejercito confederado destruya el hospital. Afortunadamente la guerra termina antes de que suceda una catástrofe. En soldado confronta a Whitman y termina muriendo.  Esta es la segunda ópera de Aucoin, de 25 años de edad, quien quiso darle el mayor sentido posible a su composición. El escribió el libreto con una dicción no idiomática y amplias citas de Whitman, otros poetas, incluso referencias de la divina comedia, y algunos largos pasajes corales que detenían la acción intentando dar significado, además de un ballet, que no se sabe si fue idea del compositor o de la directoar de escena Diane Paulus o de la coreógrafa Jill Johnson pero fue bochornoso, ya que Paulus no pudo hacer mucho con los tintes melodramáticos del libreto, así que en vez ofrecer una arrasadora historia corta, esta se convirtió en una inflada, que duró casi dos horas sin intermedio en la que los numerosos puntos álgidos parecían interminables. Aucoin es actualmente director asistente en el Met y ha recibido comisiones del Met como de la Opera Lirica de Chicago, pero espero que pueda tener tiempo de madurar.  Crossing es su primera pieza musical que escucho y puedo decir que es un buen orquestador, ya que la partitura está llena de colores, brillos y destellos en la oscuridad,  con texturas y  ritmos cambiantes,  y como director fue capaz de extraer esos matices de la orquesta de cámara A far cry.  Sin embargo, la partitura parece carecer de un perfil personal. La composición para la orquesta y las voces, es genérica sin obvios cambios de estado de ánimo de una escena a otra, aquí es donde el libreto es torpe buscando articular ideas combinadas con música que no mostraron ser reveladoras, o tener carácter o necesidad dramática.  El barítono Rod Gilfry fue un sólido y sincero, pero vulnerable Whitman; el tenor Alexander Lewis como el seductor y siniestro John Wormley, así como el coro, el tenor Frank Kelley y el barítono David Kravitz parecieron salirse un poco de lo genérico.  Es loable ver que se invierta dinero en un proyecto valido, pero considero que este en especial no tiene la madurez suficiente y al final me impacientó y me aburrió tanto intelectualismo.  Aun así desearía que Aucuoin tenga éxito.