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Thursday, May 16, 2024

The Sound of Music en Houston

Fotos: Michael Bishop / Houston Grand Opera

Ramón Jacques

Tradicionalmente han sido muy pocos los teatros de ópera estadounidenses que se interesan en programar musicales como parte de sus temporadas.   Existe una línea muy tenue que divide este género -el musical- y la ópera lirica, que en esencia se asemejan en que ambos requieren de competentes cantantes, buenas escenografías y vestuarios, actuación, orquesta y coro- aunque tradicionalmente la visión siempre fueran otros los que se encargaran de los musicales.  La Gran Opera de Houston es uno de los teatros de ópera importantes – en una lista a la que se ha agregado la Lyric Opera de Chicago- que recurrentemente programan obras de la “lirica americana” si se permite el termino, y es precisamente con el célebre The Sound of Music con música de Richard Rogers y letras de Oscar Hammerstein II la obra que el teatro texano eligió para concluir sus actividades de esta temporada. La administración de la compañía ha tenido a lo largo de su historia la misión de encargar y estrenar al menos una ópera por año, especialmente de compositores estadounidenses - aunque esa lista incluye dos óperas en español de Daniel Catán-; así como el compromiso de representar títulos de compositores estadounidenses, aunque no hayan sido comisionados por el teatro.  Dentro de este ultimo rubro entran los musicales, como parte de una estrecha relación que el teatro bautizó como “Broadway en la Houston Grand Opera” y que el teatro quiso evidenciar, montando en el vestíbulo y los pasillos del teatro, una exposición muy completa y detallada que contenía: interesantes documentos, programas de mano, partituras, vestuarios etc sobre los musicales que aquí se han presentado, a propósito del estreno en este escenario de The Sound of Music.  Fue precisamente la Ópera de Houston quien hizo que muchos teatros de ópera estadounidenses voltearan hacia los musicales, y el detonador ocurrió en 1982 con la Show Boat (1927) de Jerome Kern y Oscar Hammerstein II, cuya producción originada en el teatro de Houston tuvo tanto tan éxito, que fue llevada de gira por diversas ciudades y teatros de Estados Unidos y del extranjero, además de un exitoso periodo en Broadway. Este espectáculo ayudó a establecer el teatro musical clásico como una forma de arte indiscutiblemente americana que se ganó con justicia su lugar en los teatros de ópera. Entre los títulos de los musicales que se han visto en este recinto, algunos en más de una ocasión, se pueden mencionar: Porgy and Bess de George Gershwin, Hello, ¡Dolly! de Jerry Hermann, Sweeney Todd de Stephen Sondheim, Carousel de Richard Rogers y Oscar Hammerstein II, My Fair Lady de Frederick Loewe, A Little Night Music de Stephen Sondeheim y West Side Story con música de Leonard Bernstein y Stephen Sondheim, que ya forma parte de la temporada del próximo año, entre otros titulos.  The Sound of Music tuvo su estreno en Broadway en noviembre de 1959, y esta basada en las memorias de Maria von Trapp (The Story of the Trapp Family Singers) de 1949. Situada en Austria en 1938, Maria Reiner, el personaje principal, se convierte en la institutriz de una extensa familia con niños, mientras decide entrar a un convento, termina enamorándose y casándose con el Capitan von Trapp, el padre de familia viudos, para terminar, huyendo de Austria antes del Anschluss – la anexión de Austria por parte de Alemania.  Apegándose a los ambientes descritos por la historia: como los bosques y montañas nevadas, visibles en enormes pinturas en el telón colocado al fondo del escenario, un convento, el opulento salón y la recamara de una casa; fue lo que inspiró a Peter J. Davison, diseñador de las escenografías, a Francesca Zambello, la directora de escena, y vestuarios de época de Aleš Valášek; para crear y ofrecer un espectáculo visualmente estético, sugestivo y de buen gusto en su elaboración. La producción escénica, coproducida entre el teatro de Houston y el Festival de Glimmerglass de Nueva York, del que Zambello es directora artística, tuvo estreno en el verano del 2022. La orquesta y el coro del teatro tuvieron su aporte para crear ese ambiente mágico y alegre, tocando los pasajes musicales conocidos con los redondearon un valioso espectáculo, ambos fueron dirigidos por la entusiasta conducción del maestro Richard Bado, con una carrera de cuarenta años con la compañía en el que ha ocupado diversas posiciones, como la preparación y dirección del coro.  El extenso elenco fue encabezado por la mezzosoprano Isabel Leonard, quien no escatimó recursos en lo vocal ni en su actuación para personificar una afable y afectuosa Maria Rainer, cantando con claridad, buena dicción, pasión y sentimiento. Sobresalieron también el barítono Alexander Birch Elliott como el Capitan Georg von Trapp, la soprano Katie Van Kooten como la madre superiora, la soprano Tori Tedeschi Adams como Liesl, el barítono Daniel Belcher como Max Detweiler, la mezzosoprano Megan Marino en el papel de Elsa Schraeder, y el resto de los cantantes y los niños que interpretaron bien a cada uno de sus personajes.  Las nueve funciones que se programaron estuvieron repletas de público que aplaudió efusivamente y gozó el escuchar piezas conocidas como: Edelweiss, Climb Ev’ry Mountain, My Favorite Things, y obviamente The Sound of Music, entre otras piezas conocidas de la singular obra musical.



Monday, March 11, 2024

Madama Butterfly en Houston

Foto: Michael Bishop

Ramón Jacques

Aunque Madama Butterfly la ópera en tres actos de Giacomo Puccini (1858-1924) con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa no fue bien recibida por el público el día de su estreno 17 de febrero de 1904 en la Scala de Milán –al que algunos textos han llegado a calificar como un estreno desastroso- y el compositor debió realizar hasta cinco revisiones, tanto en la parte orquestal como en la vocal, que incluso la ópera pasó de contener dos actos a tres que es la versión final de 1907, la más conocida y ejecutada en la actualidad y que se ha convertido no solo en una ópera  de repertorio que no falta que sea escenificada por muchos teatros a nivel mundial, ocupando, al menos en el conteo solamente entre los teatros estadounidense uno 10 títulos más representados anualmente, sino que además es una de las obras más gustadas.  La versión original de su estreno en la Scala –de dos actos- se convirtió en tal rareza que el director Riccardo Chailly decidió rescatarla y revivirla en diciembre del 2016 para la apertura de la temporada de ese año del célebre teatro milanés.  La Houston Grand Opera, que la ha escenificado en varias ocasiones desde la temporada 1955-1956 decidió incluirla en su cartelera de este año coincidiendo con el 100 aniversario de la muerte del reconocido compositor, porque se trata de una ópera muy popular, indudablemente un imán de taquilla, y por qué al menos en este escenario había permanecido ausente desde la temporada 2014-2015.  Habiendo visto y reseñado varias producciones de un mismo título, alguna vez me han preguntado ¿Por qué ver de nueva cuenta una ópera ya vista y escuchada en el pasado?  La respuesta es que cada producción es única y diferente, que ofrece una nueva posibilidad de ver propuestas e ideas escénicas distintas, ver ángulos o detalles quizás antes apreciados, diferentes estilos de conducción musical, y la posibilidad de escuchar voces nuevas. Por ello, en esta ocasión resaltaría la elección del teatro de elegir a Aylin Pérez, quien cantó y actuó el papel de Cio Cio San de manera sobresaliente. La célebre soprano México-estadounidense regaló una caracterización convincente entendiendo que el papel que representaba es el de una jovencita con la cual se identificó y resaltó por su inocencia, con delicados y pausados movimientos de una joven ingenua, afable, tierna, pero a la vez enérgica de convicciones y acciones, como la escena final que estuvo cargada de intensidad, ímpetu y escalofriante violencia con la que se quitó la vida. Vocalmente, destacó rompiendo con el mito de que las intérpretes del papel requieren de amplias voces, o cantar forte.  Ella cantó plena de matices, colores en su timbre, seguridad en los agudos, y por momentos un canto ligero, casi susurrado que aunado a su desempeño escénico se apuntó una indiscutible conquista que fue premiada con largos aplausos y ovaciones del público, que en esta función llenó las butacas del Wortham Center y siguió con interés la historia de la función.  Ya que la historia contiene elementos estadounidenses la hace atrayente para los espectadores, y cada vez que se presenta la obra en algún teatro de este país, al concluir la representación se suele escuchar una combinación de aplausos, chiflidos y abucheos, que se entienden como una manera de desaprobación por el comportamiento de Pinkerton en la trama, y no un menosprecio hacia el intérprete, que en esta ocasión fue el tenor chino Yongzhao Yu, cantante de voz robusta y buena presencia escénica, al que sin embargo le faltan más tablas, maduración y experiencia escénica para hacerle justicia al papel.  El bajo-barítono Michael Sumuel se paró con autoridad sobre el escenario y confirió dignidad al personaje de Sharpless, su voz es robusta, profunda dándole sentido y sentimiento a cada palabra que emitió.  Buen trabajo hizo también la mezzosoprano Sun-Ly Pierce como Suzuki con penetrante tonalidad oscura y proyeccion, apta para el papel, que actuó de manera correcta y los movimientos adecuados. El bajo William Guanbo fue un malicioso y pícaro Bonzo, y cumplieron con sus partes el resto de los cantantes como el experimentado tenor Rodell Rossell como Goro, el bajo barítono André Courville en el papel de Yamadori, Erin Wagner como Kate Pinkerton, el bajo Cory McGee como el comisionado imperial, estos últimos miembros del estudio del teatro que ha producido cantantes de importantes trayectorias, algunos se han convertido en estrellas, a lo largo de los años.  La producción tripartita entre los teatros de Ginebra, Lyric Opera de Chicago, y Houston; es la misma ya vista aquí en el 2015, con escenografías y elegantes vestuarios ideados por Christopher Oram. Los diseños orientales son minimalistas, y la iluminación de Neil Austin aquí fue trascendental. La dirección escénica fue de Michael Grandage, quien se apegó al libreto sin ocurrencias o sobreactuación que incidiera sobre la historia, como en su controversial trilogía Mozart-Da Ponte, vista en San Francisco y que ahora ira a otros escenarios.  El coro que dirige hábilmente su titular Richard Bado, tuvo una participación decisiva en esta ocasión, homogéneo, seguro, y su ejecución del Coro a boca cerrada, se conjugó con uno de los momentos estéticamente más atractivos de la función en el que Cio Cio San, su hijo dolor y Susuki, giraban en la oscuridad de la noche sobre una plataforma circular, quedando de espalda frente al público mientras amanecía.  Dirigió con entusiasmo y maestría el maestro titular de la orquesta Patrick Summers, quien parece alejarse paulatinamente del podio, pero cuya orquesta tiene un sello particular en el sonido que emiten de uniforme por cada una de sus líneas y resaltando los momentos más sobresalientes de la orquestación que plasma debidamente los diferentes estados de ánimo y tensión por la que atraviesan los personajes.


Thursday, November 17, 2022

La Traviata en Houston

Foto: Lynne Lane

Ramón Jacques

Con La Traviata de Verdi, una de las óperas más conocidas y representadas del repertorio, inició una nueva temporada de la Houston Grand Opera.  El titulo con la producción escénica utilizada y vista en esta ocasión, trae a la memoria un sinfín de buenos y malos recuerdos, y vicisitudes por las que tuvo que atravesar el teatro para llegar a este día. A lo largo de la historia los teatros de ópera han tenido que sobreponerse a desastres naturales o a decisiones humanas que han causado su cierre como: incendios, terremotos, inundaciones, recientemente una pandemia, o guerras y remodelaciones, para cumplir su propósito de producir ópera; pero quizás ninguno otro, además de Houston, ha sufrido la destrucción causada por la fuerza de un huracán - como Harvey, en agosto del 2017- tan solo unas semanas antes de la inauguración de su temporada, que iniciaría con La Traviata, con la que se estrenaría un nuevo montaje de la directora Arin Bus, y el diseñador Riccardo Hernández, realizado en coproducción con la Lyric Opera de Chicago. Para entender la magnitud de la situación afrontada por este teatro, que debió cancelar su temporada por la inundación y daños a la sala, foso, escenario, oficinas, bodegas de vestuarios y escenografías, estacionamientos subterráneos etc; cabe señalar que Harvey ha sido el huracán de mayor categoría que ha tocado tierra en Texas, con vientos de más de 215 kms por hora, y lluvias, que en solo 4 días, vertieron sobre la región y ciudad de Houston, 54 pulgadas de agua, que equivalen a aproximadamente 41 billones de litros de agua.  Un par de meses después, se pudo rescatar parte de la temporada, y en un escenario creado ex profeso en una de las inmensas salas del centro de convenciones, y pesar de no contar con las condiciones ideales – por acústica, orquesta situada detrás de los intérpretes, falta de espacio para el coro que cantó entre el público, pero con el elenco originalmente anunciado, se llevaron a cabo en versión semi-escénica, ocho funciones de Traviata. Es por ello, que esta inauguración, tiene un valor especial para la compañía y fue obviamente recordada, ya que ¡en una historia digna de un libreto operístico! cinco años después, se vio finalmente la obra con este montaje. Situado en una época y tiempo indefinido, aunque los elegantes vestuarios de Cait O’connor, nos remitían al siglo diecinueve, y bajo la premisa que los hechos que suceden en la ópera pueden suceder en la actualidad, la directora de escena Bus se permitió algunas ocurrencias como el uso de máscaras, marionetas, exagerada actuación a manera de representar los excesos y el libertinaje, cargados simbolismos, que, si bien no eran novedosos, no interfirieron en el desarrollo de la escena.  La escena se desarrolló dentro de un muro semicircular al fondo del escenario, con algunos elementos de utilería, y resaltó el juego de iluminación, con claroscuros de Marcus Doshi.  Vocalmente y en su debut local, la soprano Angel Blue, cargó con el peso de la función, con una voz rotunda, ágil, y nítida en sus agudos y proyección. Escénicamente se le vio involucrada y convincente en su papel y supo administrar y conjugar bien su desempeño vocal con su el escénico.  El tenor Matthew White, que ocupó el lugar del originalmente anunciado Bryan Hymel, mostró buenas cualidades vocales, pero una evidente falta de conexión y química entre su Alfredo y Violetta.  A pesar de su amplia voz y grato timbre baritonal, tampoco logró convencer el barítono ucraniano Andrei Kymach como Giorgio Germont, en escena más preocupado y atento a dar las notas correctas, que por mostrar una conjunción con los demás intérpretes. Emily Triegle dio vida a una sensual y atractiva Flora, y el resto de los interpretes en papeles menores, la mayoría miembros del Houston Gran Opera Studio cumplieron satisfactoriamente.  Por su parte el coro, bajo la experta conducción de Richard Bado, su titular desde 1989, agradó por su intensidad, uniformidad y participación. La conducción musical de Matthew Aucoin, el joven compositor y director de orquesta estadounidense, en su debut local, careció de ímpetu y chispa, sin profundizar en la búsqueda del color y matiz de las óperas verdianas. Su lectura lenta, rutinaria y poco estilizada, causo algunos desfases con el escenario y con los músicos de la orquesta quienes se notaban algo condicionados.

Thursday, February 13, 2014

Voci emergenti per Rigoletto - Houston Grand Opera

foto Lynn Lane
Carlos Rosas T.

HOUSTON 24 gennaio 2014 –Rigoletto è uno dei titoli rappresentati con maggior frequenza dei teatri statunitensi, e nel tornare ad assistere a una produzione di quest’opera c’è sempre il timore possa trattarsi di una serata di routine. Tuttavia, ciò che balza subito all’occhio in questa riproposta realizzata dalla Houston Grand Opera è la scoperta di nuovi talenti americani in ascesa di cui si sente parlare sempre più spesso, come nel caso del basso baritono Ryan McKinny, che ha debuttato nel ruolo principale dimostrando sicurezza scenica, ammirevoli qualità vocali nel calore timbrico e nella partecipazione espressiva nelle sue arie. Ha caratterizzato un personaggio deforme, anche nel volto, ma pure umano e credibile, mai eccessivo.  Al suo debutto in questo teatro, Stephen Costello, come Duca di Mantova,e con una carriera già consolidata a soli trent’anni, si è imposto per la bontà dell’emissione, del timbro e della proiezione, oltre che disinvoltura sulla scena. Il ruolo di Gilda è stato reso in maniera adeguata dal soprano ucraino Uliana Alexyuk: fragile e vulnerabile nella sua caratterizzazione, dopo un inizio un po’ freddo è cresciuta in intensità fino alla sua aria “Caro nome”, in cui ha mostrato coloratura, flessibilità e luminosità vocale. Il basso russo Dmitry Belosselskiy ha dato vita a un violento Sparafucile, con voce potente e scura, e Carolyn Sproule ha destato una buona impressione con un’attraente Maddalena. Gli altri interpreti si sono disimpegnati tutti correttamente, e il coro diretto da Richard Bado si è fatto apprezzare nei suoi interventi. Patrick Summers, nuovamente sul podio, ha impresso tempi corretti e ha diretto con autorevolezza e buon rapporto con le voci. La regia di Harry Silverstein e l’allestimento di Michael Yeargan, importati dalla Dallas Opera, sono severi e cupi, in una visione lugubre che si segnala solo per il fatto di essere funzionale. I costumi d’epoca erano, invece, colorati ed eleganti.

Friday, February 7, 2014

Rigoletto en Houston

Foto: Houston Grand Opera/ Lynne Lane

Carlos Rosas T.

Rigoletto es uno de los títulos que se representan con mayor frecuencia en los teatros de Norteamérica, y al asistir a nuevamente a otra producción de esta obra se tiene el prejuicio de que será rutinaria. Sin embargo, lo que resalta de esta reposición que realizó la Ópera de Houston, fue descubrir nuevos valores estadounidenses cuyas carreras van en franco ascenso y de los que se escuchará hablar más muy pronto, como es el caso del bajo barítono Ryan McKinny, quien debutó en el papel principal demostrando seguridad escénica, admirable calidez vocal y sentimiento en la interpretación de sus arias. Su caracterización fue la de un personaje deforme, también de la cara, pero humano y creíble, en ningún momento sobreactuado.  En su debut en este teatro, Stephen Costello, como el Duque de Mantua, y con una carrera ya consolidada a sus 30 años de edad, demostró sus calidades vocales en la emisión, color de timbre y proyección, mostrando además soltura y tablas en escena.  El papel de Gilda fue interpretado de manera adecuada por la soprano ucraniana  Uliana Alexyuk, frágil y vulnerable en su personificación del personaje, con un inicio frio de la voz, fue creciendo en intensidad hasta su aria “caro nome” en la que mostró colorido, luminosidad y flexibilidad. El bajo ruso Dmitry Belosselskiy dio vida a un violento Sparafucile, con voz potente y oscura y Carolyn Sproule dejó buena impresión de una atractiva Maddalena. El resto de los cantantes tuvieron un desempeño correcto, y el coro que dirige Richard Bado, gustó en sus intervenciones. Patrick Summers, nuevamente en el podio, imprimió tiempos correctos a su lectura y dirigió con autoridad y buena sincronía con los cantantes.  La dirección escénica de Harry Silverstein y el montaje de Michael Yeargan, importada de la Opera de Dallas, fue austero y oscuro, mostrando una visión lúgubre, con poco que destacar solo el hecho de que fue funcional.  Coloridos y elegantes fueron los vestuarios, muy acordes con la época.


Wednesday, April 13, 2011

Recital di canto con la soprano Renée Fleming

Foto: Christine Cotter - Orange County Register copyright. Ramón Jacques

Il soprano statunitense Renée Fleming ha debuttato nella sala da concerto Renée and Henry Segerstrom Concert Hall di Costa Mesa California in un recital presentato dall’Associazione Philharmonic Society of Orange County. Tra le recite di Capricco al Metropolitan di New York e un giorno solo prima di partire per Berlino dove è stata invitata come solista dai prestigiosi Berliner Philharmoniker, la Fleming ha trovato il tempo per quella che sarà la sua unica apparizione sulla costa ovest degli States, nella quale ha offerto un programma insolito costituito da arie d’opera, brani da musicall americani, con accompagnamento al pianoforte, e una selezione di canzoni tratte dal suo disco crossover “Dark Hope” con il quale ha fatto le sue prime incursioni in carriere nel genere pop-rock, con tanto di banda rock sul palco. La parte operistica del concerto è iniziata con arie tipiche del repertorio e della carriera del celebre soprano: Allons! Il le faut…Adieu notre petite table dalla Manon di Massenet e Ah! Je ris de me voir si belle dal Faust di Gounod nelle quali ha ben esibito un’ampia proiezione vocale e una tonalità brillante, ma con interpretazioni un po’ fredde e poco attendibili in quanto a dizione. Con il passare del tempo la sua voce si è fatta calda e il calore e l’intensità erano meglio percepibili in un arie come Soft People e I want magic dall’opera A Streetcar Named Desire di André Previn, scritta proprio per la sua voce nel 1988 quando a San Francisco diede vita alla prima mondiale di questo lavoro vestendo i panni di Blanche Dubois. Del compositore Dave Grusin cantava poi una spumeggiante versione di Two Rivers da The Water is Wide/Shenandoah, e un’affabile e idiomatica versione di Somewhere e I fell pretty da West Side Story di Bernstein, una musica adattissima alla sua linea vocale e alla sua naturalezza. La sua selezione di arie italiane è stata piacevole ma un po’ routinaria ne Io sono l’umile ancella da Adriana Lecouvreur di Francesco Cilea e poco convincente in Vissi d’arte dalla Tosca. Il momento più alto del recital è stata l’esecuzione ispirata della commovente Canzone della Luna dalla Rusalka di Dvorak, in una interpretazione carica di suggestione e sentimento, che fu resa con ampia gamma di colori a livello timbrico. Un armonioso Vilja lied da La Vedova Allegra di Lehar e una espressiva e graziosa Mercè dilette amiche dai Vesptri Siciliani di Giuseppe Verdi hanno completato il recital operistico. Dopo ogni gruppo di tre brani la Fleming raccontava al pubblico aneddoti e storie allusive sulla sua propria carriera o sui pezzi che interpretava. Al pianoforte per la parte lirica c’era il pianista Richard Bado, direttore musicale associato dell’Opera di Houston, solido e dinamico, ma alcune volte sembrava dimenticare che stava accompagnando una voce, con conseguenti rischi di cattiva sincronia e sfasamento. Nella seconda parte del concerto, e accompagnata da una banda rock (composta da batteria, tastiere. violino, chitarra e banjo elettrico) la Fleming ha mostrato un nuovo volto musicale poco conosciuto, ma interessante che ha sorpreso o irritato più di uno spettatore in sala, nella quale ha interpretato al microfono cinque cover come In your eyes di Peter Gabriel, Halleluyah di Leonard Cohen e Soul meets body di Death Cab for Cutie, e altre ancora. Tre bis a conclusione del concerto, nuovamente col pianoforte, Summertime, Somewhere over the rainbow e l’aria O mio babbino caro.

Tuesday, April 12, 2011

Recital de Renée Fleming en Costa Mesa California

Foto: Allen J. Schaben / Los Angeles Times

Ramón Jacques


La soprano estadounidense Renée Fleming debutó en la sala de conciertos Renée and Henry Segerstrom Concert Hall de Costa Mesa California en un recital presentado por la asociación Philharmonic Society of Orange County. Entre funciones de la opera Capriccio de Strauss en el Metropolitan de Nueva York, y tan solo unos días antes de partir hacia Berlín donde fue invitada como solitas de la prestigiosa orquesta Berliner Philarmoniker, Fleming se dio tiempo para realizar su única aparición del año en la costa oeste de Estados Unidos, en la que ofreció un insólito programa conformado por arias de ópera y musicales americanos, con acompañamiento de piano, y de una selección de canciones de su disco de crossover “Dark Hope” en el que incursionó por primera ocasión en su carrera en el género pop-rock, y en las que fue acompañada de una banda de rock sobre en el escenario. La parte lirica del concierto inició con una selección de arias de óperas en las que ha sobresalido la soprano a lo largo de su carrera, tales como: Allons! Il le faut…Adieu notre petite table de Manon de Massenet y Ah! Je ris de me voir si belle de Faust de Gounod en las que si bien exhibió una brillante tonalidad y amplia proyección, con interpretaciones un frías y poco entendibles en su dicción. Con el transcurso del tiempo la voz se fue asentando y su calidez e intensidad quedo mejor plasmada en arias como Soft People y I want magic de la opera A Streetcar Named Desire de André Previn, escritas especialmente para la voz de Fleming cuando en 1988 en el estreno mundial de esta obra en la Opera de San Francisco dio vida al personaje de Blanche Dubois. Del compositor Dave Grusin cantó una chispeante versión de Two Rivers de The Water is Wide/Shenandoah, y afables e idiomáticas versiones de Somewhere y I Feel pretty de West Side Story de Bernstein, una música muy compenetrada a su línea vocal y afín a su naturaleza. Su selección de arias italianas fue grata pero rutinaria por su Io son l´umille ancella de Adriana Lecouvreur y una poco convincente Vissi d´Arte de Tosca. El momento más alto del recital fue indudablemente su conmovedora e inspirada versión de la Canción de la luna de Rusalka de Dvorak, en una interpretación cargada de sugestión y sentimiento, que fue cantada con una amplia gama de colores en su timbre y emisión. Su armoniosa Vilja lied de Die Lustiwe Witwe de Lehár y su expresiva y graciosa Merce dilette amiche de I Vespri Siciliani de Verdi completaron su recital operístico. Entre cada ciclo de tres canciones, Fleming contó al público anécdotas e historias alusivas a su propia carrera o sobre las arias que interpretaba. La parte lirica tuvo el acompañamiento del pianista Richard Bado, director musical asociado a la Opera de Houston, quien ofreció una sólida, dinámica ejecución, aunque por momentos pareció olvidar que acompañaba una voz evidenciando falta de sincronía y algunos notables desfases. En la segunda parte del concierto, y acompañada una banda de rock (compuesta por: batería, teclados, violín, guitarra y bajo eléctricos) Fleming mostró una nueva faceta musical poco conocida pero interesante, que sorprendió o disgusto a más de uno en la sala, en la que interpretó con micrófono cinco covers de canciones de rock como: In your eyes de Peter Gabriel, Halleluyah de Leonard Cohen y Soul meets body de Death Cab for Cutie, entre otras. El concierto concluyó con tres bises, que nuevamente al piano incluyó Summertime, Somewhere over the rainbow y el aria O mio babbino caro.