Showing posts with label Stephen Costello. Show all posts
Showing posts with label Stephen Costello. Show all posts

Friday, November 25, 2022

La Traviata en el Metropolitan

Foto: Marty Sohl / Metropolitan Opera

Fabiana Crepaldi 

Siempre que pienso en La Traviata del Metropolitan, me viene a la mente la bella e inteligente producción de Willy Decker, de muy buen gusto, con su tono azulado, frío, que contrasta con el sofá rojo en el que Violetta vive sus amores y sus penas, y, eso sí, con el emblemático reloj: enorme, amenazador, que no deja de recordarle a la protagonista que sus horas están contadas. Fue en este escenario donde vi, hace prácticamente una década, las brillantes actuaciones de Natalie Dessay, Diana Damrau, Mathew Polenzani, Plácido Domingo, Dmitri Hvorostovsky. Sin embargo, en diciembre del 2018, la producción de Decker dio paso a la de Michael Mayer; la inteligencia y el buen gusto dieron paso a un tradicionalismo caricaturizado y hasta ramplón. Importante director de Broadway, Mayer ya dirigió Rigoletto (aquella producción del Met de 2012 que transportó la trama a Las Vegas en los años 60) y Marnie, en 2017, en ENO y el Met. De estos, el único que vi en vivo (ya por segunda vez) fue La Traviata. Tan pronto como entré al teatro, en la noche del 12 de noviembre, vi la proyección de una flor, una camelia, obviamente, en la pantalla frente al escenario. Se trata de una referencia (de dudoso gusto) a La Dame aux Camélias, de Alexandre Dumas Fils, obra en la que se basó la ópera. Durante el preludio, con la pantalla aun nublando un poco el escenario, Violetta se levanta de la cama, se acerca a cada uno de los personajes presentes en la habitación, pero ninguno de ellos la ve: es, de hecho, el espíritu de Violetta saliendo de la habitación, abandonando la escena, y dando paso al comienzo de la ópera, en retrospectiva.

En el escenario, la cama (en el centro), un piano, dos mesas y unas sillas permanecen a lo largo de la ópera y adquieren distintas funciones. El piano, por ejemplo, servirá como mesa de juego en el segundo acto, lo que indica que todo está siendo recordado en la habitación donde murió Violetta. Estos elementos fueron bien elegidos, ya que Alphonsine Plessis, o, como se la conocía, a Marie Duplessis, la mujer real en la que se inspiraron la Margarita de Dumas Fils y la Violetta de Verdi/Piave, era de origen campesino y extremadamente pobre, pero, una vez en París como cortesana, aprendió a leer, escribir y a tocar el piano. Además, tuvo entre sus amantes a escritores y pianistas, como Dumas Fils y Franz Liszt. No son solo los muebles del dormitorio los que permanecen iguales a lo largo de la ópera, sino todo el conjunto. Lo que cambia son la iluminación y el vestuario. Durante el intermedio de la transmisión en vivo, que tuvo lugar el 5 de noviembre, la escenógrafa Christine Jones y la diseñadora de vestuario Susan Hilferty explicaron que la ambientación se basa en las cuatro estaciones. Durante el preludio, cuando se abren las cortinas con Violetta muerta, tenemos el invierno (frío, oscuro); en el primer acto, colorido, primaveral, amor floreciente; en la primera parte del segundo acto, con Violetta y Alfredo en la quinta, verano; en la segunda parte, en la fiesta, el otoño y un baile macabro; en el tercer acto, con Violetta debilitada, al borde de la muerte, vuelve el invierno con el que comenzó la ópera. La conexión que se hace, a través de este ciclo, entre el preludio y el tercer acto es bastante afortunada, ya que esta conexión también se da musicalmente. La idea es mejor que el resultado visual, que desde el principio parece hacerse eco de la frase que Annina dirá en el tercer acto: “è carnevale”! Colores, adornos excesivos, luces, algo (nieve, pétalos) que parece confeti cayendo… todo el escenario nos hace sentir como si estuviéramos en medio de un desfile de carnaval, y un carnaval brasileño. La dirección escénica también trajo algunas cosas interesantes. Dos ejemplos: en el primer acto, cuando Violetta le va a dar la camelia a Alfredo, ella toca y, mientras canta, le ofrece la flor y se la quita. Al final de la primera escena del segundo acto, después de leer la nota de Violetta, queda claro que Alfredo solo dice "¡Padre mío!" porque vio a su padre, después de que el viejo Germont le puso la mano en el hombro. Por otro lado, que Violeta se exhibiera, en medio de los invitados a la fiesta prácticamente estáticos, en un semicírculo al comienzo de la ópera, fue una idea desafortunada y artificial.

Como Alfredo Germont, el tenor estadounidense Stephen Costello, con su bello timbre, cumplió correctamente el papel, sin por ello emocionar escénica ni musicalmente. Cierto es que Alfredo es un papel ingrato para el tenor, una especie de joven mimado, que vive bajo el reinado de las pasiones. También es cierto que, en la semana entre la transmisión del video en vivo y la actuación del 12 de noviembre, la actuación de Costello creció notablemente, al igual que su interacción con la Violetta de Nadine Sierra. Sin embargo, aún le falto cierta naturalidad para hacer más convincente su interpretación. Luca Salsi, optimo barítono italiano, fue un refinado Giorgio Germont, muy en el espíritu del personaje creado por Dumas y seguido por Verdi. Su “Madamigella Valery”? fue firme, seco, sin caer en la tentación de llegar de forma excesivamente agresiva, pero cantando entre dientes “Sì, dell’incauto, che a ruina corre,/ Ammaliato da voi”. Quedó clara la evolución que sufre el personaje a lo largo del diálogo con Violetta. Salsi resaltó este cambio de tono poco después de descubrir que Violetta vendía todas sus posesiones para sostener su vida con Alfredo. A partir de ahí, el timbre del barítono se hizo más suave, y los pianos y los matices comenzaron a formar parte de su canto. En Dumas, en lugar de Giorgio Germont, tenemos a M. Duval, que es un hombre mediocre, falto de fuerza y ​​coraje para enfrentarse a la sociedad en la que vive. Dumas lo describe como justo, tierno con Marguerite y sensato, prácticamente disculpándolo. Al principio distante, Duval, después de hablar con Marguerite, se deja convencer por la sinceridad y las buenas intenciones de la ex cortesana. Él explica, sin embargo, que, para la sociedad, ella siempre será una cortesana, su pasado nunca será olvidado, ella y Armand (o Alfredo de Dumas) nunca serán aceptados y la situación se volverá insostenible. Además, tiene una hija "pura como un ángel", ¡muy diferente, entonces, de la contaminada Marguerite! —, cuyo compromiso se verá amenazado si su hermano sigue viviendo con una cortesana. En la ópera, es en “Pura siccome un angelo” que Germont le explica a Violetta la situación de su hija. Con un hermoso piano, Salsi destacó las rosas del amor (Le rose dell'amor), que, según Germont, le correspondía a Violetta evitar que se convirtieran en espinas. En opinión de Germont, por tanto, el amor puro y verdadero era el que existe entre la hija y el novio, sujeto a una condición externa, y no el amor incondicional existente entre el hijo y la cortesana. Eso es lo que Salsi logró transmitir con su canto.

Típica ópera de soprano, el éxito de La Traviata depende de una buena Violetta, y Nadine Sierra tiene atributos importantes que la califican para el papel. Dueña de una voz poderosa, perfectamente audible en un teatro del tamaño del Met, nunca oculta, con peso en los medios y agudos estratosféricos, brillante y segura, encaja en los tres actos, en las tres fases distintas de la vida de Violetta, algo que no siempre ocurre, incluso con grandes artistas. Además, ha desarrollado un altísimo nivel técnico, es musicalmente consistente y tiene una excelente dicción. Justo al inicio, ya en el famoso brindisi, Nadine Sierra puso en acción su hermoso fraseo, con riqueza dinámica y legato, pero al final de este famoso pasaje, la diva aguantó demasiado los agudos, y terminó por detrás de los demás. . Si esto fuera un mero accidente, ni siquiera sería digno de comentario. El problema es que no solo pasó el día 12, sino que también se pudo ver en el vídeo del día 5, y se repitió en todas las demás situaciones del escenario. No me parece razonable suponer que es un problema musical, de tiempo, ya que Sierra ha demostrado su competencia en este campo. Cosa de diva deslumbrada con sus propios agudos... Una pena.

Enferma, en medio de la fiesta, Violetta no se siente bien y se retira. Es un punto en el que es necesaria cierta demostración de debilidad, de fragilidad, algo que, dirigido por Mayer, Sierra no pudo hacer. Riendo, dando vueltas, fue una Violetta coqueta y totalmente sana durante todo el primer acto. Musicalmente, sin embargo, no hay nada que reclamar. En su dueto con Alfredo (Un dì felice, eterea), no repitió de la misma manera la misma melodía, fue musicalmente rica, en la línea de la interpretación de Mariella Devia, una cantante que, según declaró Sierra durante el descanso en la transmisión en vivo, fue su inspiración. Lo mismo ocurre con su gran escena, con la que termina el primer acto, donde, por primera vez, Violetta se siente amada por un joven que se preocupa por ella, por su salud, a diferencia de sus “patrocinadores”, que no eran sus amantes por amor ella, sino por el amor a si mismos. En Dumas, Marguerite le dice a Armand: "Tú me amas por mí y no por ti, mientras que los demás siempre me han amado solo por sí mismos". En Verdi, en un soliloquio durante el recitativo, Violetta ensalza la alegría que no conoció, la de ser amada, amando. En este recitativo sobraba dramatismo, y la dirección escénica carecía de sensibilidad (¡lo que hizo que Sierra fue tirar con rabia una almohada!), defecto más que compensado en el andante (Ah, fors' è lui) y en la cabaletta (Sempre libera), que fueron magistrales. El andante, con un llamativo legato, un fraseo pulido y elegante, con sus notas sostenidas, algunas incluso un poco prolongadas –cuando Violetta dice que tal vez sea el hombre con el que su alma siempre ha soñado–, contrastaba con el sabroso toque belcantista de la cabaletta, con todos los agudos a las que tenemos derecho y que Verdi no escribió, incluido el famoso Mi bemol final, subrayando una frivolidad casi histérica, cuando la heroína niega el amor y dice que siempre quiere ser libre. A partir del segundo acto, Sierra empezó a emplear un estilo más verista, que funcionó bien. Su confrontacion con el Giorgio Germont de Salsi fue uno de los grandes momentos de la ópera, con perfecta sincronía entre los intérpretes. Lo único que faltó, tanto a Sierra como en la conducción de Callegari, fue cierta delicadeza, cierta sensibilidad, en la conmovedora “Dite alla giovine”, cuando Violetta dice que se sacrificará por una joven tan bella y pura. No es que Sierra la cantara sin sentimiento, el problema fue que, con un tempo acelerado, sin hacer el piano, sin que ese canto indicara resignación, la entrega, casi una derrota, sonaba como un vals indiferente, como si eso no significara que estaba sacrificando su vida. Tras la marcha de Germont, la Violetta de Sierra fue pura emoción. No recuerdo haber visto nunca un “Amami, Alfredo” como el de ella, nunca he visto a una Violetta despedirse de su amado de una manera tan verdadera, tan sufrida. Además de la emoción, la interpretación, la voz firme, afinada, con los agudos penetrantes e irresistibles, se escuchaban y distinguían todas las sílabas, lo cual es raro.

En un fragmento transcrito en el ineludible artículo The Violettas of Patti, Muzio and Callas: Style, Interpretation and the Question of Legacy, de Magnus Tessing Schneider, la soprano Luisa Tetrazzini (1871-1941) dice que, para sugerir el agotamiento físico y la proximidad de la muerte, el último acto de la ópera requiere el uso de la voz blanca, sin apoyo suficiente para dar una cualidad vitali al canto. Eso fue, para mí, muy llamativo en la actuación de Nadine Sierra, y su Addio del passato fue conmovedor. Persistiendo en su Traviata verista, Sierra empleó, en este acto, la bien construida respiración sofocada de un enfermo terminal de tuberculosis. Esta característica, sin embargo, funcionó mucho mejor en video, cuando se captaba con el micrófono, que, en vivo, en el enorme Met. Mientras observaba, desde el dress circle, me pregunté si, de no haber visto el video, habría sabido qué era ese gruñido distante y fantasmagórico. En resumen, Nadine Sierra es una gran cantante, tiene una voz aterciopelada, con consistencia y proyección en todas las regiones que utilizó en La Traviata, desde los graves hasta los agudos, pasando por las coloraturas, y tiene una técnica sólida. Esté o no de acuerdo con Violetta que creó, no se puede negar: que ella construyó un personaje con total maestría musical, estuvo atenta a los detalles más pequeños y su interpretación fue muy personal y consistente. Cargó de bel canto en el primer acto y de verismo en los dos actos siguientes. Fue una Violetta agitada, más jovial y dueña de la situación que frágil, debilitada. Con algunas exageraciones, una cierta dosis de exhibicionismo, por momentos parecía totalmente acorde con la producción carnavalesca. ¿Faltó un poco de profundidad? Parece, pero era una Violetta impresionante, y era simplemente imposible desviar la atención de ella por un solo minuto. La sensación de constante agitación no procedía solo de Sierra, sino también del foso: fue una elección del maestro Daniele Callegari, quien dirigió a The Metropolitan Opera Orchestra, lo que no quiere decir que no haya habido momentos de delicadeza, de sutileza, sobre todo en el tercer acto. Además, Callegari se mostró como un maestro atento a los cantantes, dando a Sierra y Salsi la libertad necesaria en sus arias. Como escribió Julian Budden, el preludio es un retrato musical de la heroína, y comienza presentándola en su estado de mayor fragilidad física –no por casualidad, se retoma en el tercer acto. A estas primeras frases le sigue la melodía que lo presenta en todo su esplendor. Por eso es fundamental que el comienzo sea pianississimo (ppp), como indica la partitura, seguido de un crescendo. Sin embargo, no fue con ese pianissimo tan verdiano que la Met Orchestra y Callegari comenzaron la ópera. Es cierto que el Met es un gran teatro, y que en el público el sonido de la orquesta es algo apagado, pero, aun así, era perfectamente posible respetar la indicación de la partitura: he escuchado este pianissimo en otras óperas, incluyendo en Traviatas pasadas. Por lo tanto, desde el preludio, la fragilidad de Violetta estuvo ausente. Para cerrar, haciendo un balance general, fue una gran noche, especialmente gracias a la brillantez de Nadine Sierra y la atractiva orquesta del Met.

Thursday, April 18, 2019

Carmen - Dallas Opera

Fotos: Karen Almond - Dallas Opera

Ramón Jacques

Carmen é  una delle opere più rappresentate nell’ampia e prolifica storia di questa compagnia. In quest’occasione é stato un piacere presentare uno spettacolo con la produzione concepita da Sir David McVicar nel 2002 per il Teatro di Goteborg, Svezia; che è stata riproposta tempo dopo nello stesso teatro e nel 2015 al festival estivo inglese di Glyndebourne. In questa produzione si è curato fino il più piccolo dettaglio, come gli eleganti costumi sivigliani, o quelli dei toreri, facendo la camminata prima della corrida; così come le scenografie della prigione, la taverna di Lillas Pastia e particolarmente l’esterno della plaza de toros in un giorno brillante e soleggiato. Da sottolineare il lodevole lavoro svolto dal regista inglese che ha mostrato una approfondita comprensione della tematica dell’opera e dello spirito e dell’ambiente spagnolo in cui si svolge la storia. Personalmente la considero come la miglio messa in scena di Carmen a cui ho assistito.Allo stesso modo, la regia è rimasta lontana dai cliché e dalle solite pratiche su cui incorrono la maggioranza dei registi che affrontano questo lavoro. Qui la storia è stata raccontata in modo conciso e diretto, ed è vero che Carmen è una donna attraente, appassionata la cui storia finisce tragicamente. Facile da dire, ma difficile da plasmare sul palco con tale chiarezza e credibilità. Fondamentale è stata la presenza del mezzosoprano francese Stéphanie d'Oustrac, che conosceva già la produzione e la concezione registica; e perché il suo nome è attualmente strettamente legato a quello di Carmen. Vocalmente è stata ideale, dato che il suo timbro possiede una colorazione brunita  drammatica e brillante, una dizione impeccabile e la necessaria proiezione vocale.Capisce bene il ruolo, irradiando la sensualità e la forza che richiede. Come il suo omologo, Don José, il tenore Stephen Costello ha dimostrato una voce solida di gradevole colorazione per cantare i ruoli più difficili tra quelli conosciuti; e nonostante si comportasse con passione, sembrava allontanarsi dal centro dell'azione in diverse scene. Il soprano Sarah Gartland si è distinto per la brillantezza con cui ha interpretato le sue arie, e la sua disinvoltura attoriale. Alexander Vinogradov ha avuto una performance vocale e di recitazione accettabile come Escamillo, così come il resto del cast e del coro e. Emmanuel Villaume, direttore titolare del teatro, ha offerto una lettura entusiastica , dinamica e piena di slancio.


Thursday, February 21, 2019

Carmen en Dallas


Fotos: Karen Almond - Dallas Opera

Ramón Jacques

Carmen es una de las obras más representadas en la larga y prolífica historia de esta compañía. En esta ocasión fue un placer presenciar un espectáculo con la producción concebida por Sir David McVicar en el 2002 para el teatro de Goteburgo, Suecia; que fue repuesta tiempo después en el mismo teatro; y en el 2015 por el festival ingles de verano de Glyndebourne. En esta realización se cuidó hasta el más mínimo detalle, como los elegantes vestidos sevillanos, o los trajes de toreros, haciendo el paseíllo antes de la corrida; así como las escenografías en la prisión, la taberna de Lillas Pastia, y particularmente el exterior de la plaza de toros en un día brillante y soleado. Destaca el loable trabajo realizado por el director inglés, que demostró entender a profundidad el tema de la ópera y el espíritu y ambiente español dentro del cual se desarrolla la historia. Personalmente, la consideró como la mejor producción escénica que haya visto de Carmen. 
De la misma forma, la dirección escénica, se alejó de los clichés y las prácticas usuales en la que suelen incurrir la mayoría de los directores que se enfrentan a esta pieza. Aquí la historia fue contada de manera concisa y directa, es verdad que Carmen es una mujer atractiva, que se apasiona y su historia termina trágicamente. Fácil decirlo, pero difícil plasmarlo en escena con tal claridad y credibilidad. Fundamental fue la presencia de la mezzosoprano francesa Stéphanie d'Oustrac, que ya conocía la producción y los conceptos del director; y porque actualmente su nombre esta muy vinculado al de Carmen. Vocalmente fue ideal, ya que en su timbre posee una oscura coloración dramática y relumbrante, impecable dicción, y la necesaria proyección. Entiende bien el papel, irradiando la sensualidad y la fuerza que requiere. Como su contraparte, Don José, el tenor Stephen Costello demostró una voz solida de grata coloración para cantar papeles de mayor exigencia a los que se le conocen; y a pesar de actuar con pasión, pareció estar alejando del centro de la acción en varias escenas. La soprano Sarah Gartland destacó por la brillantez con la que interpretó sus arias y su desenvoltura actoral.  Alexander Vinogradov tuvo un desempeño vocal y actoral aceptable como Escamillo, así como el resto del elenco y el coro por su conjunción. Emmanuel Villaume, director titular del teatro, ofreció una lectura entusiasta y dinámica llena de ímpetu.



Thursday, February 1, 2018

Rigoletto–Canadian Opera Company, Toronto

Fotos de escena de Michael Cooper

Giuliana Dal Piaz

Toronto, 27-01-2018, Fours Seasons Centre for the Performing Arts. temporada 2017-18 de la Canadian Opera Company en co-producción con la English National Opera (20 de enero -23 de febrero). RIGOLETTO, música de Giuseppe VERDI, libreto de Francesco Maria Piave. Director de orquesta: Stephen Lord. Dirección: Cristopher Alden. Escenas y vestuario: Michael Levine. Luces: Duane Schuler. Director del Coro: Sandra Horst. Coro y Orquesta de la Canadian Opera Company. Personajes e intérpretes: Rigoletto –Roland Wood, barítono El Duque de Mantua – Stephen Costello, tenor Gilda – Anna Christy, soprano Monterone – Robert Pomakov, bajo Sparafucile – Goderdzi Janelidze, bajo Giovanna – Megan Latham, mezzo-soprano Maddalena –Carolyn Sproule, mezzo-soprano.

Un Rigoletto particularmente decepcionante está en cartelera en estos días en Toronto. No lo defino “decepcionante” desde el punto de vista musical, porque la Orquesta de la Canadian Opera Company es muy buena e interpreta magistralmente la partitura de Verdi, bajo la experimentada batuta del Mº Stephen Lord. Pero el director responsable del aspecto teatral (un estadounidense, para variar...), Cristopher Alden, le da a una de las obras maestras del Maestro italiano una puesta en escena de drama gótico del siglo XIX, en el cual es difícil individuar la huella del Verdi dramaturgo y hasta la potencia de su música se percibe alterada. Me ha molestado sobre manera su falta de atención para la Historia (durante el Renacimiento, el soberano ejercía abiertamente el derecho de seducir a las mujeres que le gustaran, solteras o casadas, damas o campesinas), así como para los autores del texto y de la música, y a final de cuenta para el público. Aplausos muy moderados y pocas caras satisfechas a la salida del Four Seasons Centre, a pesar de que fuera un sábado por la tarde, cuando la mayoría del público acude a la ópera no por un especial amor a ella o porque la conozca y comprenda, sino como a un entretenimiento “elegante”, más que no lo sea el cine.

El director Christopher Alden ha optado por una única vasta escena, enmarcada por paneles oscuros de madera y un techo artesonado, dando la idea de un club inglés para hombres; de traje de etiqueta, éstos charlan, beben, fuman, leen el periódico. En medio de ellos, el Duque de Mantua sólo es uno más de los socios, quizás ni siquiera el más rico o poderoso, ya que asistían a ese tipo de club personajes muy importantes de la primera sociedad industrial, a menudo financiadores de la Corte misma, empobrecida por las guerras, el lujo desmedido y los gastos imprevistos. Despojado de su dignidad de “soberano” (en el texto original de Víctor Hugo en el que se inspiró Verdi, Le Roi s’amuse, el soberano era el mismísimo Rey Francisco I de Francia, lo que le causó al escritor serios problemas con la censura), no se entiende el derecho a impunidad, y el poder de vida o muerte, que el Duque ejerce sobre los demás miembros del club. Asimismo, es difícil entender el papel de Rigoletto, retratado fuera de una Corte en la que el bufón representaba, al lado del soberano absoluto, una “institución”, una especie de “voz de la conciencia”, buena o mala no importa, con el privilegio de una libertad de palabra vedada a los demás cortesanos.

Incongruencias y disparates se multiplican en el escenario del Fours Seasons Centre, teatro permanente de la Canadian Opera Company: desde la hija de Monterone en escena – semidesnuda anticipación del personaje de Gilda, estalla en un par de risotadas, vuelve a aparecer en el momento de la ejecución de su padre (cuyo cadáver colgado queda en escena casi hasta el final de la ópera) y retorna como “sombra” consoladora de Gilda a punto de morir –; hasta Giovanna, dama de compañía y guardiana de Gilda – papel originalmente limitado al de una superficial celestina –, transformada aquí en una omnipresente matrona al estilo Botero, quien abre y cierra el velorio que separa el club del mundo, sugiere un intento de seducción del Duque, y juega un rol casi litúrgico en su imponente ir y  venir por el escenario. Los miembros del coro masculino – los socios del club – bailan desparramando pétalos de rosa, después de la detención de Monterone, o avanzan en fila de 4, todos drapeados de negro como sepultureros, para el rapto de Gilda.
Rigoletto está físicamente siempre presente, a veces sentado en un sillón a la extrema derecha del escenario (Gilda le cubre la cabeza con su chalina durante el encuentro con el Duque-estudiante, quien le declara su amor desde encima de una mesa puesta), y desde allí maneja el encuentro y el pacto con Sparafucile, que se presenta en escena como un viajante de comercio con su maletín. Cuando al final Rigoletto destapa el cuerpo de Gilda, de la sábana blanca que hubiera debido cubrir el cadáver del Duque se libera una nubecita de pétalos de rosa: ¿un pensamiento gentil de parte de Maddalena y Sparafucile?

Ante todas estas ocurrencias, que interfieren constantemente con la atención del público, sobre todo del no familiarizado con la ópera, la música se transforma en la banda sonora (hermosa, grandiosa, trágica o chispeante, más al fin y al cabo sólo una banda sonora) de una película que, como menciona en el programa el director de la Canadian Opera Company, Alexander Neef, resulta de especial actualidad en tiempos del #MeToo. 

Como dije, resultó impecable la orquesta dirigida por el Mº Stephen Lord pero éste, quizás accediendo a un pedido del director, la hace enmudecer totalmente en dos momentos dramáticos, y otra vez más por varios minutos. El coro es óptimo, como siempre magistralmente dirigido por Sandra Horst. En conjunto, encontré bueno, con unas cuantas limitaciones, el cast de los intérpretes, tanto desde el punto de vista vocal como desde el punto de vista teatral. Gilda (la estadounidense Anna Christy) es una discreta soprano, pero su voz no tiene la madurez requerida por un rol verdiano y se vuelve por momentos estridula. El escocés Roland Wood, en el rol protagónico, buen actor y buen barítono, tiene una voz poderosa pero gutural, que no siempre logra expresar todos los matices de la compleja personalidad de Rigoletto. Me pareció potencialmente buen tenor el Duque de Mantua del estadounidense Stephen Costello (voz redonda y agradable, fuerte y de timbre justo); lástima que esa noche estuviera resfriado, y haya tomado un par de notas falsas, una de ellas un auténtico gallo (en lugar de abuchearlo, sin embargo, el amable público canadiense lo ha aplaudido, confortante...), reemplazado en el Tercer Acto por el también americano, y también buen tenor, Joshua Guerrero. Muy bueno el bajo ruso Goderdzi Janelidze (Sparafucile) en su debut torontino, y buenos los comprimarios, todos canadienses, una prueba más de las buenas voces que se van formando en este país poco suponente.  

Monday, February 16, 2015

Romeo y Julieta de Gounod en Austin Texas, Austin Opera

Foto: Lynn Lane photography -Austin Opera

Ramón Jacques

La Austin Opera ofreció su primera representación de la siempre fascinante ópera Roméo y Julieta de Gounod. A pesar de su corta existencia, de apenas 29 años de existencia, la compañía cuenta ya con un lugar dentro mapa operístico estadounidense por su variada elección de títulos que incluye por ejemplo: Lady Macbeth de Mtsensk de Shostakovich, Elektra de Strauss y el estreno americano de la ópera Waiting for the Barbarians de Phillip Glass. El montaje no podía ser de otra manera que tradicional, y en una producción reminiscente al Globe Theatre de Shakespeare, diseñada por Eric Fielding para la ópera de Utah, la función transcurrió con fluidez en el centro de un palacio renacentista en dos niveles, que rodeaba el escenario. Para cada cambio de escena y ambiente bastaba solo con mover algunos elementos –balcones, columnas, escaleras etc.  Si bien los vestuarios fueron acordes a la escenografía, sus colores pálidos deslucieron visualmente, y en este sentido poco ayudó la iluminación cuya tendencia fue hacia crear una escena sombría y oscura. Lo que sí tuvo mucho sentido fue la puntual y detallada dirección de Doug Scholz-Carlson, de larga experiencia dirigiendo operas y obras de Shakespeare, en el que sus personajes expresaban emociones y sentimientos, particularmente en los momentos más íntimos, así como pasión e incluso gracia. Sus coreografías incluso las peleas con espadas, parecían tener un sentido y embonaban acorde a su visión de la trama. Los dos protagonistas dejaron una agradable sensación por su compatibilidad vocal y su química escénica, como por su desempeño individual. El tenor Stephen Costello cantó con una calidad tonalidad oscura, apropiada para Romeo, y con su juventud y atrevimiento escénico dio credibilidad a su papel.  La soprano canadiense Joyce El-Khoury fue una ideal Julieta, jovial y carismática, de un canto rutilante y elegancia en el fraseo y en la dicción. El agradece el correcto desempeño del resto de los cantantes del elenco así como del sólido y participativo coro del teatro. La orquesta de la mano segura del experimentado director Richard Buckley, se escuchó dinámica, con sentido de balance  y una solida y densa sección de metales. 

Sunday, February 15, 2015

Roméo et Juliette di Charles Gounod - Austin Opera, USA

Foto: Lynn Lane -Austin Opera

Ramón Jacques

La Austin Opera ha inserito nella stagione corrente la sua prima produzione di Roméo et Juliette di Charles Gounod. Pur essendo una compagnia giovane, con solo ventinove anni d'attività, e pur trovandosi in Texas fra Dallas e Houston, che vantano grandi tradizioni e maggiori risorse economiche, la Austin Opera si è ritagliata il suo spazio nel mondo operistico statunitense, in particolare per la scelta dei titoli variegata e stimolante. Infatti abbiamo avuto, per esempio Lady Macbeth di Mzensk di Shostakovich, Elektra di Strauss o il debutto americano dell'opera Waiting for the Barbarians di Phillip Glass. Il regista Doug Scholz-Carlson, che oltre all'impegno del teatro lirico è direttore artistico del noto Great River Shakespeare Festival in Minnesota, ha inteso presentare l'opera in una cornice tradizionale e ha concepito un allestimento con reminiscenze dal Globe Theatre shakesperiano, su bozzetti di Eric Fielding, in un ambiente rinascimentale al centro di un palazzo che circondava la scena. L'azione si è sviluppata fluidamente, cambiando ambiente al solo muovere alcuni elementi (balconi, colonne, scale, tombe). Gli abiti erano aderenti all'epoca, tuttavia il pallore delle tinte non giovava alla vista. Da questo punto di vista non sono nemmeno venute in soccorso le luci, tendenti a creare un ambiente cupo e ombroso. Scholz-Carlson ha curato la recitazione nel dettaglio, soprattutto nei momenti più intimi, nei quali l'umanità dei personaggi traspariva con emozioni e sentimenti, passione, gioia, simpatia. Tanto le coreografie quanto i duelli erano pertinenti e sensati in una visione complessiva dell'opera. Molto soddisfacente la parte vocale, che si è avvalsa di due giovani valenti nordamericani ben affiatati sulla scena e nel canto. Il tenore Stephen Costello, la cui voce calda e scura è parsa ben adeguata al ruolo di Roméo, come l'età e la recitazione, che hanno contribuito alla credibilità del personaggio. Dal canto suo la canadese Joyce El-Khoury è stata una delizia come Juliette. Giovane, bella e carismatica, di voce brillante, fraseggio e dizione eleganti, è stata una delle punte di diamante della serata.  Abbiamo apprezzato la correttezza del resto del cast, non al medesimo livello dei protagonisti ma senza demeriti che penalizzassero l'esito complessivo. In ogni caso, se si deve una menzione particolare, questa deve essere per il basso Peter Volpe, Frère Laurent, e per il mezzosoprano Ellie Jarrett, Stephano. Il coro si è mostato solido e coinvolto dall'azione, l'orchestra, sotto la mano sicura ed entusiasta del collaudato direttore Richard Buckley, ha ben reso le dinamiche, con un buon equilibrio e una mirabile sezione di ottoni.

Thursday, February 13, 2014

Voci emergenti per Rigoletto - Houston Grand Opera

foto Lynn Lane
Carlos Rosas T.

HOUSTON 24 gennaio 2014 –Rigoletto è uno dei titoli rappresentati con maggior frequenza dei teatri statunitensi, e nel tornare ad assistere a una produzione di quest’opera c’è sempre il timore possa trattarsi di una serata di routine. Tuttavia, ciò che balza subito all’occhio in questa riproposta realizzata dalla Houston Grand Opera è la scoperta di nuovi talenti americani in ascesa di cui si sente parlare sempre più spesso, come nel caso del basso baritono Ryan McKinny, che ha debuttato nel ruolo principale dimostrando sicurezza scenica, ammirevoli qualità vocali nel calore timbrico e nella partecipazione espressiva nelle sue arie. Ha caratterizzato un personaggio deforme, anche nel volto, ma pure umano e credibile, mai eccessivo.  Al suo debutto in questo teatro, Stephen Costello, come Duca di Mantova,e con una carriera già consolidata a soli trent’anni, si è imposto per la bontà dell’emissione, del timbro e della proiezione, oltre che disinvoltura sulla scena. Il ruolo di Gilda è stato reso in maniera adeguata dal soprano ucraino Uliana Alexyuk: fragile e vulnerabile nella sua caratterizzazione, dopo un inizio un po’ freddo è cresciuta in intensità fino alla sua aria “Caro nome”, in cui ha mostrato coloratura, flessibilità e luminosità vocale. Il basso russo Dmitry Belosselskiy ha dato vita a un violento Sparafucile, con voce potente e scura, e Carolyn Sproule ha destato una buona impressione con un’attraente Maddalena. Gli altri interpreti si sono disimpegnati tutti correttamente, e il coro diretto da Richard Bado si è fatto apprezzare nei suoi interventi. Patrick Summers, nuovamente sul podio, ha impresso tempi corretti e ha diretto con autorevolezza e buon rapporto con le voci. La regia di Harry Silverstein e l’allestimento di Michael Yeargan, importati dalla Dallas Opera, sono severi e cupi, in una visione lugubre che si segnala solo per il fatto di essere funzionale. I costumi d’epoca erano, invece, colorati ed eleganti.

Friday, February 7, 2014

Rigoletto en Houston

Foto: Houston Grand Opera/ Lynne Lane

Carlos Rosas T.

Rigoletto es uno de los títulos que se representan con mayor frecuencia en los teatros de Norteamérica, y al asistir a nuevamente a otra producción de esta obra se tiene el prejuicio de que será rutinaria. Sin embargo, lo que resalta de esta reposición que realizó la Ópera de Houston, fue descubrir nuevos valores estadounidenses cuyas carreras van en franco ascenso y de los que se escuchará hablar más muy pronto, como es el caso del bajo barítono Ryan McKinny, quien debutó en el papel principal demostrando seguridad escénica, admirable calidez vocal y sentimiento en la interpretación de sus arias. Su caracterización fue la de un personaje deforme, también de la cara, pero humano y creíble, en ningún momento sobreactuado.  En su debut en este teatro, Stephen Costello, como el Duque de Mantua, y con una carrera ya consolidada a sus 30 años de edad, demostró sus calidades vocales en la emisión, color de timbre y proyección, mostrando además soltura y tablas en escena.  El papel de Gilda fue interpretado de manera adecuada por la soprano ucraniana  Uliana Alexyuk, frágil y vulnerable en su personificación del personaje, con un inicio frio de la voz, fue creciendo en intensidad hasta su aria “caro nome” en la que mostró colorido, luminosidad y flexibilidad. El bajo ruso Dmitry Belosselskiy dio vida a un violento Sparafucile, con voz potente y oscura y Carolyn Sproule dejó buena impresión de una atractiva Maddalena. El resto de los cantantes tuvieron un desempeño correcto, y el coro que dirige Richard Bado, gustó en sus intervenciones. Patrick Summers, nuevamente en el podio, imprimió tiempos correctos a su lectura y dirigió con autoridad y buena sincronía con los cantantes.  La dirección escénica de Harry Silverstein y el montaje de Michael Yeargan, importada de la Opera de Dallas, fue austero y oscuro, mostrando una visión lúgubre, con poco que destacar solo el hecho de que fue funcional.  Coloridos y elegantes fueron los vestuarios, muy acordes con la época.


Tuesday, September 20, 2011

George London Foundation Presents Ailyn Perez & Stephen Costello in Recital - Sun., Oct. 16, 2011, at The Morgan‏

AILYN PÉREZ, SOPRANO & STEPHEN COSTELLO, TENOR – WIFE & HUSBAND – LAUNCH THE 2011-2012 GEORGE LONDON FOUNDATION SEASON AT THE MORGAN LIBRARY & MUSEUM ON SUNDAY, OCTOBER 16, 2011

Pérez To Sing the World Premiere of Thomas Pasatieri’s Bel Canto Songs

Two 2006 George London Award winners, soprano Ailyn Pérez and tenor Stephen Costello, launch the 2011-2012 George London Foundation season of events with a duo-recital, with Ken Noda at the piano, on Sunday, October 16, 2011, at 5:00 PM at The Morgan Library & Museum. The foundation’s recital series, which often pairs a recent winner with an established star, opens this year with this pair of singers, who since their award wins five years ago have not only married one another but made major strides in their careers: Costello sings the role of Percy in the Metropolitan Opera’s opening night performance of Anna Bolena opposite Anna Netrebko, and Pérez this season sings starring roles at Covent Garden, Santa Fe Opera, Deutsche Oper and Deutsche Staatsoper.

Highlighting the recital program is the world premiere of Thomas Pasatieri’s Bel Canto Songs, which Ms. Pérez will perform with Mr. Noda. This song cycle, settings of poems by William Blake, had been slated for performance on the George London series last season (by Julianna DiGiacomo, who was forced to cancel due to illness). In addition, Ms. Pérez will sing Spanish songs by Obradors (selections below) and “Salce, salce” and “Ave Maria” from Verdi’s Otello. Mr. Costello will perform selections by Liszt and Tosti, and the two will conclude the program with “Suzel, buon di...Tutto face” (“Cherry Duet”) from Mascagni’s L’Amico Fritz. For tickets, priced at $45, and information, call (212) 212-956-2809, e-mail info@georgelondon.org, or visit www.themorgan.org.

Bel Canto Songs

Of his Bel Canto Songs, Thomas Pasatieri says, “I have always been attracted to the music of the Italian Bel Canto composers. They expressed different emotions with the vocal ornamentation and poignant melodic shaping of this style. In my songs and operas, I always incorporated these principles along with the dramatic thrust of the verismo school. For some time I had been thinking of writing a group of songs which employed a pure bel canto aspect in the vocal line but which also featured a contemporary harmonic palette in the piano part. It was interesting to me to set texts in English in this way since all the bel canto composers wrote in Italian. Last year, reading the poetry of William Blake, the image of six songs became clear to me, his poetry perfect for this kind of vocal shading. I call the cycle Bel Canto Songs, separated by over a hundred and fifty years from their models but sharing the same muse.”

Upcoming events in 2011-2012

The George London Foundation for Singers season continues at the Morgan with the continuation of the recital series, the annual awards competition, and a U.S. premiere documentary screening: The U.S. premiere screening of George London: Between Gods and Demons, a 2011 documentary from Arthaus Musik, the world’s leading classical music DVD label, will be hosted by baritone Sherrill Milnes on Sunday, November 13, 2011, at 3:00 PM – the exact 60th anniversary of George London’s Metropolitan Opera debut in Aida. This video portrait of the career of the legendary bass-baritone features previously unreleased performance footage and interviews with colleagues and students, including many George London Award winners. The 41st annual George London Foundation Awards Competition begins with three days of preliminary auditions and culminates with the final round and award ceremony open to the public. The 2012 competition takes place February 13-17, and the public is invited to attend the competition finals and awards announcement

on Friday, February 17, 2012. Marcello Giordani, tenor, and Meagan Miller, soprano, perform in recital with Craig Rutenberg, piano, on Sunday, March 4, 2012, at 5:00 PM. This is the only New York recital of the season for Ms. Miller, a 2008 George London Award winner.

Lisette Oropesa, soprano, and Brian Mulligan, baritone, perform in recital with Ken Noda, piano, on Sunday, April 1, 2012, at 5:00 PM. Ms. Oropesa, a 2008 George London Award winner; and Mr. Mulligan, who won the award in 2003, perform their only New York recitals.

Ailyn Pérez (biography), also a 2006 George London Award winner, counts among her upcoming schedule highlights Marguerite in Faust with Santa Fe Opera, Amelia in Simon Boccanegra with Deutsche Staatsoper, Liu in Turandot at Convent Garden, and Violetta in La Traviata at Deutsch Oper. Among the events in a recent string of European successes: after her critically acclaimed portrayal of Amelia in Simon Boccanegra alongside Plácido Domingo at the Deutsche Staatsoper Berlin and Teatro alla Scala Milan, the young American soprano was invited to sing Violetta in La Traviata at the Wiener Staatsoper in May 2010. “The real sensation of the evening was Ailyn Pérez, who had already proven herself at the Salzburg Festival,” said Kronenzeitung. “Her sumptuous lyric soprano voice, with its remarkable coloratura powers, displays every nuance of expression and emotion. This singer is destined to portray the great, passionate Verdi and Puccini heroines.” Violetta was the role Ailyn sang for her debuts with the Deutsche Staatsoper Berlin and Hamburg State Opera in 2009-2010; later that season she performed alongside Plácido Domingo in Baku, Azerbaijan, and Jose Carreras, in Sao Paolo, Brazil. Ailyn Pérez is a graduate of the Academy of Vocal Arts and Indiana University.

Stephen Costello (www.stephencostellotenor.com), a 2006 George London Award winner, this past summer made his Glyndebourne Festival debut as Nemorino in L’Elisir d’amore. Stephen will be starring at the opening of the Metropolitan Opera’s 2011-2012 season, singing the role of Lord Riccardo Percy opposite Anna Netrebko in the title role of Anna Bolena. “A first-class talent” (Opera News), the Philadelphia-born tenor has made headlines in recent seasons for a string of distinguished performances in America and Europe. He came to national attention in 2007 when, at age 26, he debuted at the Met’s season-opening night and was quickly invited to appear again that same season. In 2009, Costello won the prestigious Richard Tucker Award. He subsequently made his debuts at a number of the world’s most important opera houses and music festivals, including London’s Royal Opera House, Covent Garden, the Deutsche Oper Berlin, the Salzburg Festival, and the Vienna State Opera. In 2010 he inaugurated the role of Greenhorn in the Dallas Opera’s acclaimed world-premiere production of Jake Heggie and Gene Scheer’s Moby Dick. In January 2012, Costello makes his company role debut as Alfredo in Verdi’s La Traviata at London’s Royal Opera House, Covent Garden. In May 2012, he portrays Rodolfo, and Costello’s wife, soprano Ailyn Pérez, plays Mimì in Los Angeles Opera’s production of Puccini’s La Bohème. Other engagements this season include Nemorino in Donizetti’s L’elisir d’amore at the Vienna State Opera; Leicester in Donizetti’s Maria Stuarda in concert performances to be recorded at the Gasteig in Munich; Edgardo in Donizetti’s Lucia di Lammermoor at Teatro de la Maestranza in Seville; Fritz in Mascagni’s L’Amico Fritz opposite Ailyn Pérez with the Moscow Philharmonic; and Alfredo in La Traviata, once again opposite Ailyn Pérez, with Cincinnati Opera.
--------------------------------------------------------------------------------

Sunday, October 16, 2011, at 5:00 PM
Gilder Lehrman Hall at The Morgan Library & Museum
225 Madison Avenue at 36th Street, New York City

The George London Foundation Recital Series presents

AILYN PÉREZ, Soprano
STEPHEN COSTELLO, Tenor
Ken Noda, Piano

PASATIERI Bel Canto Songs (World Premiere) (Ms. Pérez & Mr. Noda)
“The Garden of Love”
“Laughing Song”
“To the Evening Star”
“To the Muses”
“The Lamb”
“Hear the Voice”

OBRADORS “La mi sola, Laureola” (Ms. Pérez & Mr. Noda)
“Al Amor”
“¿Corazón porque pasais?”
“Del cabello mas sutil”
“El Molondrón”

VERDI “Salce, salce” and “Ave Maria” from Otello (Ms. Pérez & Mr. Noda)

Songs by LISZT and TOSTI (Mr. Costello & Mr. Noda)

MASCAGNI “Suzel, buon di...Tutto face” (“Cherry Duet”) from L’Amico Fritz (Ms. Pérez, Mr. Costello & Mr. Noda)
Tickets: $45
Call (212) 956-2809, e-mail info@georgelondon.org





Sunday, April 17, 2011

Der Rosankavalier di Strauss - San Diego Opera, California

Foto: Ken Howard / San Diego Opera


Ramón Jacques

Per celebrare il centenario della prima rappresentazione di Der Rosenkavalier (avvenuta a Dresda nel gennaio 1911) la San Diego Opera ha incluso in questa stagione la riproposta del capolavoro di Richard Strauss, assente da questo palcoscenico da ben diciannove anni.
In primo luogo occorre sottolineare la realizzazione della parte visiva dello spettacolo, con un tocco di autenticità e di rispetto per il tempo e il luogo dove si svolge la vicenda, grazie a tradizionali ed eleganti scene e ai costumi colorati e aristocratici dell’artista belga Thierry Bosquet originariamente creati per la San Francisco Opera prendendo come spunto i bozzetti originali disegnati da Alfred Roller per la prima mondiale del lavoro all’inizio del secolo scorso. La brillantezza delle luci di Michael Whitfield ha contribuito a rendere lo spettacolo ancora più suggestivo. La regia era affidata a Lotfi Mansouri, che conosce bene Der Rosenkavalier avendo cominciato a frequentarlo già negli anni 60, ed era co-diretta da Elisabeth Söderström nella sua produzione d’addio come direttore artistico dellla San Francisco Opera. Mansouri comprende che nel lavoro convivono personaggi di diverso livello sociale e che ciascuno, come descritto da testo e musica, ha un carattere distinto e una personalità, che ha sottolineato con movimenti lenti, con solennità e senza esagerare mai le situazioni comiche. La parte musicale è stata meno fortunata nell’esito, prendendo atto della cancellazione inattesa di Anja Harteros e Ferruccio Furlanetto, originariamente previsti per il debutto in questa produzione come Marescialla e come  Barone Ochs. È curioso notare come la defezione di artisti e star un paio di settimane prima dell´inizio di una produzione stia diventando in questo teatro una consuetudine. Potrebbe essere un segnale che sia ormai necessario in questa fase un rinnovamento sia nella gestione del teatro che nella scelta dei cantanti? Vertice del cast è stato senza dubbio il soprano italiano Patrizia Ciofi, che ha creato una delicata e deliziosa Sophie, molto impegnata nella recitazione come nel canto, la quale ha offerto un canto cristallino, molto flessibile e sottile, che è stato in grado di commuovere in più di un’occasione.Corretto è stato il mezzosoprano Anke Vondung nel ruolo di Octavian, per la sua leggera e brunita, linea di canto, anche Il baritono Hans-Joachim Ketelsen ha dato al personaggio del signor von Faninal  nobiltà e signoria vocale e scenica come richiesto dal ruolo, e il tenore Stephen Costello è piaciuto  per il suo canto limpido nell aria del tenore italiano. Né il soprano Twyla Robinson (Mareschialla) nè il basso inglese Andrew Greenan si sono mostrati all’altezza delle esigenze richieste dai loro ruoli. Anche se lei aveva una bella presenza e un bel colore timbrico, la sua proiezione scarsa ha  fatto sì che la sua voce fosse praticamente inudibile per tutta la recita. Da parte sua Greenan  ha basato la sua prova sulla forza e sulla potenza, ma la sua prestaziona così rigida e impassibile non ha convinto per un personaggio tanto arrogante come Ochs. Meno male che l’ orchestrazione di Strauss ha una sua armonia e musicalità intrinseche che scorrono naturalmente, già che nella sua lettura Christof Perick era più preoccupato a raddrizzare la prestazione di un’orchestra imprecisa che costantemente manifestava problemi di sincronia, intonazione, in particolare nella sezione degli ottoni. Il coro ha soddisfatto pienamente.






Wednesday, April 13, 2011

El Caballero de la Rosa de Strauss en la Opera de San Diego, California

Fotos: © Ken Howard.

Ramón Jacques

Con motivo del centenario del estreno de Der Rosenkavalier (ocurrido en Dresden Alemania el 26 de enero del 1911) la Opera de San Diego incluyó en su presente temporada la reposición de una de las obras maestras de Strauss, que estuvo ausente de este escenario desde hace diecinueve años. En primer lugar debe resaltarse la parte visual del espectaculo por el toque de autenticidad y respeto a la época y al lugar en que se ubica la trama, gracias a las tradicionales y elegantes escenografias y a los coloridos y aristocráticos vestuarios que el diseñador belga Thierry Bosquet creó originalmente para la Opera de San Francisco, tomando como inspiración los bocetos originales ideados por Alfred Roller para el estreno mundial de la obra en el siglo pasado. La brillantez de la iluminación de Michael Whitfield contribuyó a hacer que el espectáculo fuera aun más sugestivo. La dirección escénica fue de Lofti Mansouri, quien conoce bien la opera ya que comenzó a dirigirla en los años 60s, e incluso la co-dirigió al lado de Elisabeth Söderström en la producción de su despedida como director artístico de la Opera de San Francisco. Mansouri, entiende que en la obra conviven personajes de diferentes niveles sociales y que cada uno, como describe el texto y la música, posee un carácter definido y una personalidad, lo que resaltó con movimientos lentos, con solemnidad y sin exagerar nunca las situaciones cómicas de la historia. La parte musical fue la menos afortunada, señalando primero las inesperadas cancelaciones de Anja Harteros y de Ferruccio Furlanetto, originalmente contratados para debutar en esta producción a los personajes de la Mariscala y del Barón Ochs. Curiosamente, la deserción de artistas y estrellas semanas antes del inicio de cada producción de este teatro se esta convirtiendo desde hace algunas temporadas en algo habitual. ¿Será acaso una señal de que es necesaria una renovación de fondo en la gestión del teatro, pero sobretodo en la elección de repertorios y por consecuencia de los cantantes y los elencos que se contratan? Ni la soprano Twyla Robinson ni el bajo ingles Andrew Greenan se mostraron a la altura de las exigencias requeridas por los personajes que debían cubrir. Si bien ella mostró dotes artísticos y una grata coloración en su timbre, su insuficiente proyección ocasionó que su prestación fuera prácticamente inaudible durante toda la función. Por su parte Greenan basó su canto en el vigor y en la potencia de su instrumento, y su rígida e impasible actuación no convenció como el arrogante Ochs. Correcta si estuvo la mezzosoprano Anke Vondung en el papel de Octavian, por su ligera, oscura y bien manejada línea de canto. El barítono Hans-Joachim Ketelsen prestó al personaje de Herr von Faninal, la nobleza y el señorío vocal y escénico requeridos por su papel, y el tenor Stephen Costello agradó por su lucida y rica voz lirica en el aria del tenor italiano. La mas destacada de todo el cast fue indudablemente la soprano italiana Patrizia Ciofi, quien creó una delicada y deliciosa Sophie, muy comprometida en la parte actoral, y que ofreció un canto claro y cristalino, muy dúctil y sutil, con el que fue capaz de conmover en mas de una ocasión. El resto de los cantantes y el coro cumplieron de manera satisfactoria. Menos mal que la orquestación de Strauss contiene una musicalidad y una armonía intrínseca que fluye de manera natural, ya que en su lectura Christof Perick estuvo mas preocupado por enderezar el accidentado desempeño de una orquesta que constantemente apuntaba hacia la falta de sincronización, al desfase y a la desafinacion en sus secciones, particularmente la de los metales.