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Monday, July 11, 2022

Un Ballo in Maschera en Chicago (Chicago Symphony Orchestra)


Foto: Todd Rosenberg

Ramón Jacques

Estas representaciones en concierto de Un Ballo in Maschera, que concluyen un ciclo de óperas de Verdi que comenzará en el 2009 con el Réquiem cuando Riccardo Muti asumió la dirección musical de la Chicago Symphony Orchestra, serian también los últimos conciertos que dirigiría el célebre director italiano en su cargo. Sin embargo, por petición de la administración de la orquesta, que atraviesa por un periodo de transición en la búsqueda de un nuevo director titular de un calibre cercano al de Muti, se le pidió extender su vínculo por un año más, situación que el amablemente aceptó. Lamentablemente, para el director que ha afirmado y reiterado aquí mismo en Chicago, y seguramente a lo largo de su vida, que: "Verdi es el músico de la vida, y por supuesto que ha sido el músico de mi vida" su encargó concluirá finalmente, no con Verdi, si no con Beethoven, dirigiendo su Missa solemnis en junio del 2023.  Es por eso que más allá del sobresaliente resultado musical y vocal que aquí se presenció, en el último de tres conciertos, el gran valor anecdótico, curricular e histórico que adquiere este concierto crece considerablemente, ya que, al haber sido de una obra de Verdi, este fue de hecho la culminación de un vínculo personal y afectivo propio del director con la orquesta, no así en el plano laboral o profesional. Quedan como testimonio y para la posteridad (porque existen grabaciones en CD, como la de su primer Réquiem que obtuvo un premio Grammy) ejecuciones memorables del citado Réquiem, interpretado varias veces durante su gestión, así como conciertos de: Otello, Macbeth, Falstaff y Aida en el Symphony Center, continuando con la tradición de presentar operas, algo habitual en la gestion de Sir Giorg Solti.  En realidad, la relación de Muti con la CSO no comenzó en el 2009, cuando se ofreció la dirección titular, si no en enero de 1973, por lo que seguramente en el 2023 no habrá una separación definitiva ya que las mejores agrupaciones requieren siempre tener a los mejores directores.  La versión aquí escuchada, fue la que se sitúa en Boston, y la ejecución musical de la orquesta fue sobresaliente, por momentos sublime, como la sincronización y precisión de un reloj, en cada una de sus secciones, como las cuerdas, los metales o las percusiones. Con pocos movimientos, pero con precisión en su conducción Riccardo Muti demostró autoridad y conocimiento del repertorio, plasmándolo en cada pasaje extrayendo lo mejor de los músicos, y con consideración por las voces, esculpiendo una lectura musicalmente colorida y entusiasmante.  Poco más que agregar al ver en acción a un director y una influyente presencia en la ejecución del repertorio operístico italiano. Pocas veces se dice, pero los coros que acompañan a estas orquestas están al mismo nivel de la orquesta, y el Chicago Symphony Chorus no es la excepción. Colocado en las butacas traseras del escenario y detrás de la orquesta en un plan superior, se mostró uniforme, participativo y contribuyó al buen resultado final, bajo la dirección del longevo maestro Donald Palumbo, conocido por su trabajo con el coro del Metropolitan.  El elenco vocal agradó y satisfizo con la presencia del tenor Francesco Meli, quien cantó con elegancia, y una voz de timbre cálido y rotundo, además de buena proyección, que incluso logró conmover en los momentos de vulnerabilidad e inseguridad por los que atraviesa su personaje como las arias "Di' tu se fedele" al estilo de una barcarola en el Acto I, o "È scherzo od è follia" La mezzosoprano rusa Yulia Matochkina, ofreció una escalofriante intervención como Ulrica, por la densidad vocal que posee pero con la que supo darle un sentido comunicativo a lo que canta. Sobresaliente estuvo la soprano Damiana Mizzi, dando vida a un perspicaz y astuto Oscar, al que actuó con gracia y convicción y cantó mostrando elasticidad, seguridad y brillantez en su vocalidad.  El barítono Luca Salsi, mostro garbo escénico y adecuados medios vocales en el papel de Renato.  Por su parte, la soprano Joyce El-Khoury tuvo un inicio incierto, un poco inaudible e inseguro, que fue creciendo en intensidad a lo largo del concierto, hasta llegar al que fue uno de los momentos más altos con “Morrò, ma prima in grazia” que detuvo el tiempo y causó una explosión de emotividad en el público.  Correctos estuvieron el resto de los cantantes como los bajo-barítonos Kevin Short (Tom) y Alfred Walker (Samuel) y el barítono puertorriqueño Ricardo José Rivera (Silvano). Es evidente que presentar óperas en concierto tiene sus ventajas: que permiten apreciar y adentrarse en la música y el canto, pero también posee algunas desventajas que aquí fue la de colocación de los solistas en posiciones distantes uno del otro, así a diferencia de Riccardo y Oscar, pareció haber una desconexión y alejamiento entre Riccardo y Amelia, por ejemplo, colocados en extremos opuestos, que privaron al concierto de cierta teatralidad. Además, en esta ocasión se extrañaron los supertitulos, ya que, al haberse entregado un libreto a cada persona del público, que causo una distracción con ruido ocasionada por el constante cambio de páginas.

Monday, February 16, 2015

Romeo y Julieta de Gounod en Austin Texas, Austin Opera

Foto: Lynn Lane photography -Austin Opera

Ramón Jacques

La Austin Opera ofreció su primera representación de la siempre fascinante ópera Roméo y Julieta de Gounod. A pesar de su corta existencia, de apenas 29 años de existencia, la compañía cuenta ya con un lugar dentro mapa operístico estadounidense por su variada elección de títulos que incluye por ejemplo: Lady Macbeth de Mtsensk de Shostakovich, Elektra de Strauss y el estreno americano de la ópera Waiting for the Barbarians de Phillip Glass. El montaje no podía ser de otra manera que tradicional, y en una producción reminiscente al Globe Theatre de Shakespeare, diseñada por Eric Fielding para la ópera de Utah, la función transcurrió con fluidez en el centro de un palacio renacentista en dos niveles, que rodeaba el escenario. Para cada cambio de escena y ambiente bastaba solo con mover algunos elementos –balcones, columnas, escaleras etc.  Si bien los vestuarios fueron acordes a la escenografía, sus colores pálidos deslucieron visualmente, y en este sentido poco ayudó la iluminación cuya tendencia fue hacia crear una escena sombría y oscura. Lo que sí tuvo mucho sentido fue la puntual y detallada dirección de Doug Scholz-Carlson, de larga experiencia dirigiendo operas y obras de Shakespeare, en el que sus personajes expresaban emociones y sentimientos, particularmente en los momentos más íntimos, así como pasión e incluso gracia. Sus coreografías incluso las peleas con espadas, parecían tener un sentido y embonaban acorde a su visión de la trama. Los dos protagonistas dejaron una agradable sensación por su compatibilidad vocal y su química escénica, como por su desempeño individual. El tenor Stephen Costello cantó con una calidad tonalidad oscura, apropiada para Romeo, y con su juventud y atrevimiento escénico dio credibilidad a su papel.  La soprano canadiense Joyce El-Khoury fue una ideal Julieta, jovial y carismática, de un canto rutilante y elegancia en el fraseo y en la dicción. El agradece el correcto desempeño del resto de los cantantes del elenco así como del sólido y participativo coro del teatro. La orquesta de la mano segura del experimentado director Richard Buckley, se escuchó dinámica, con sentido de balance  y una solida y densa sección de metales. 

Sunday, February 15, 2015

Roméo et Juliette di Charles Gounod - Austin Opera, USA

Foto: Lynn Lane -Austin Opera

Ramón Jacques

La Austin Opera ha inserito nella stagione corrente la sua prima produzione di Roméo et Juliette di Charles Gounod. Pur essendo una compagnia giovane, con solo ventinove anni d'attività, e pur trovandosi in Texas fra Dallas e Houston, che vantano grandi tradizioni e maggiori risorse economiche, la Austin Opera si è ritagliata il suo spazio nel mondo operistico statunitense, in particolare per la scelta dei titoli variegata e stimolante. Infatti abbiamo avuto, per esempio Lady Macbeth di Mzensk di Shostakovich, Elektra di Strauss o il debutto americano dell'opera Waiting for the Barbarians di Phillip Glass. Il regista Doug Scholz-Carlson, che oltre all'impegno del teatro lirico è direttore artistico del noto Great River Shakespeare Festival in Minnesota, ha inteso presentare l'opera in una cornice tradizionale e ha concepito un allestimento con reminiscenze dal Globe Theatre shakesperiano, su bozzetti di Eric Fielding, in un ambiente rinascimentale al centro di un palazzo che circondava la scena. L'azione si è sviluppata fluidamente, cambiando ambiente al solo muovere alcuni elementi (balconi, colonne, scale, tombe). Gli abiti erano aderenti all'epoca, tuttavia il pallore delle tinte non giovava alla vista. Da questo punto di vista non sono nemmeno venute in soccorso le luci, tendenti a creare un ambiente cupo e ombroso. Scholz-Carlson ha curato la recitazione nel dettaglio, soprattutto nei momenti più intimi, nei quali l'umanità dei personaggi traspariva con emozioni e sentimenti, passione, gioia, simpatia. Tanto le coreografie quanto i duelli erano pertinenti e sensati in una visione complessiva dell'opera. Molto soddisfacente la parte vocale, che si è avvalsa di due giovani valenti nordamericani ben affiatati sulla scena e nel canto. Il tenore Stephen Costello, la cui voce calda e scura è parsa ben adeguata al ruolo di Roméo, come l'età e la recitazione, che hanno contribuito alla credibilità del personaggio. Dal canto suo la canadese Joyce El-Khoury è stata una delizia come Juliette. Giovane, bella e carismatica, di voce brillante, fraseggio e dizione eleganti, è stata una delle punte di diamante della serata.  Abbiamo apprezzato la correttezza del resto del cast, non al medesimo livello dei protagonisti ma senza demeriti che penalizzassero l'esito complessivo. In ogni caso, se si deve una menzione particolare, questa deve essere per il basso Peter Volpe, Frère Laurent, e per il mezzosoprano Ellie Jarrett, Stephano. Il coro si è mostato solido e coinvolto dall'azione, l'orchestra, sotto la mano sicura ed entusiasta del collaudato direttore Richard Buckley, ha ben reso le dinamiche, con un buon equilibrio e una mirabile sezione di ottoni.

Tuesday, April 30, 2013

Concierto de la soprano Joyce El-Khoury en el Festival Ortíz Tirado de Sonora, México


Fotos: Orquesta Filarmónica de Sonora
 
Juan José Arias
 
¡Viva Verdi! Celebración por los 200 años de su nacimiento (1813-1901) Joyce El-Khoury, soprano y Luis Ledesma, barítono. Rodrigo Macías, director Palacio Municipal de Álamos.

La calidad artística del Festival Alfonso Ortiz Tirado se enriqueció con la presencia de la soprano canadiense Joyce El-Khoury, que en conjunto con el barítono mexicano Luis Ledesma y el joven director de orquesta Rodrigo Macías, festejaron 200 años del natalicio de Giuseppe Verdi, figura cumbre de la ópera en Italia y uno de los más altos exponentes del canto lírico mundial. ¡Viva Verdi! Si, viva, y viva también el buen arte y el bello canto que en este concierto destacó la hermosa presencia de Joyce El-Khoury. Calidad interpretativa, técnica depurada, bello timbre, juventud, generosidad, son algunas de las cualidades que mostró y obsequió a un público que de nuevo llenó el Palacio Municipal.
La mayoría de las selecciones escogidas para esta celebración, pertenecen a la etapa intermedia de la vida musical de Verdi. Las primeras notas de esta pertenecen a la obertura de la ópera I Vespri Siciliani (Las vísperas sicilianas). Debemos destacar la buena participación de Rodrigo Macías, que con su batuta supo extraer lo mejor de cada uno de los integrantes de la orquesta, dando los matices adecuados y necesarios para conseguir una equilibrada y acertada ejecución. Llegó el turno de la estrella de la noche, la soprano El-Khoury con el aria de Elena, de la misma ópera I Vespri Siciliani. Podríamos describirla como una demostración de facultades, de depurada técnica y buen gusto en su ejecución, el manejo de la media voz es extraordinario de una limpieza notable. La primera participación de Luis Ledesma estuvo marcada por un cambio en el programa sustituyendo “Di Provenza il mar” de La Traviata por “O Carlo ascolta” de Don Carlo, donde sobresalió la experiencia y seguridad escénica. Previo al intermedio, ambas voces se fusionaron con armonía en una emotiva interpretación del dueto “Pura si come un angelo” de La Traviata.  De regreso al pódium, Rodrigo Macías condujo un preludio coloreado por afligidos matices que da entrada al tercer acto de la Traviata.
El resto del programa quedó dedicado a la ópera El Trovador. “D’amor sull’ali rose” que aunque es prematuro para que Joyce abordar el personaje, demuestra que en un futuro será una de las mejores interpretes de Leonora. Su calidad artística, por momentos recordaba a la insigne soprano turca Leyla Gencer. Después de “Il balen del suo sorriso” con Luis Ledezma, concluyeron ambos con el dueto “Mira , di acerbe lagrime”.  Rompiendo con Verdi llegaron tres piezas como encore. “O mio babbino caro” de Giacomo Puccini obra que queda como anillo al dedo en la magnífica interpretación de la soprano Joyce EL-Khoury. Luis Ledesma escogió la canción de Consuelo Velázquez “Bésame mucho” que con micrófono en mano se bajó del escenario para caminar cantando acercándose al público asistente. Para cerrar la noche el famoso dueto “La ci darem la mano” de la ópera Don Giovanni de Mozart deleitó a todos los asistentes con la graciosa interpretación de Joyce y la arrogante y requerida presencia histriónica de Luis. Un concierto memorable que deja huella en los anales del Festival Alfonso Ortíz Tirado.

 

 

Thursday, January 27, 2011

Carmen de Bizet en el Metropolitan de Nueva York

Foto: Elina Garanca (Carmen)- Ken Howard / Metropolitan Opera House

Fabrizio Moschini
Parece que el Met se encuentra en un proceso de “des-zeffirelizacion”, a causa de la progresiva eliminación, por parta de la nueva dirección artística, de todas las históricas y ya un poco obsoletas producciones escénicas, entre las cuales, los faraónicos espectáculos del director de escena toscano están sufriendo las inevitables consecuencias. La Boheme aun se resiste, pero Carmen ha sido sustituida por una nueva producción confiada al talento de Richard Eyre, quien creó un espectáculo de gran impacto y relativamente “ingenioso” porque alía por un lado a las ultimas y hoy ya consolidadas tendencias del teatro lírico y por el otro, a no perder de vista la espectacularidad que el publico mas tradicionalista espera, en general de una función del Met, y en particular de uno de los títulos tan populares, como Carmen, la obra maestra de Georges Bizet lo es. La hoy casi inevitable transposición temporal del espectáculo (en este caso de casi cerca de un siglo, en la época de la guerra civil española de los años 30) resultó tener un lenguaje de dirección no demasiado extremo, para poder ser digerida por el publico menos maleado. El espectáculo es más bien bello visualmente y muy rico de ideas, logrado sobre un complejo y bien construido escenario giratorio, que fue cubierto por una cortina negra atravesada verticalmente por una profunda línea roja sangre, a la que le pueden ser atribuidos muchos significados (una herida, un rayo) todos en línea con el libreto.

Valido fue el apoyo de dos bailarinas solistas y de fuerte impacto el final, en el que también la arena giro a espaldas de la protagonista, para ese momento ya muerto y de un desesperado José que se lanzó hacia un gran toro apenas muerto por el torero. En Nueva York se utiliza la versión de la opera de Georges Bizet sustancialmente basada en la “revisión- Oeser”, es decir sin diálogos. Elina Garanca es una de las Carmenes mas acreditadas de los últimos años. La belleza fuera de lo común de la cantante letona y una cierta frialdad en el timbre han hecho crecer en muchos la convicción de que se trata, sobretodo, de un producto bien promocionado por su casa discográfica. Como frecuentemente sucede “los tantos -que si se nos permite insinuar- por momentos hablan con sentido o por haber escuchado algún CD. Escuchada en Nueva York, Garanca, confirmando para bien o para mal las características ya descritas (notable belleza y voz poco comunicativa por naturaleza), impuso a su vez las virtudes de un instrumento, más allá de limitado, que aun entrando la categoría de las carmenes mas fascinantes tiene dificultades para correr en una sala amplia como la del Met. La voz parece rotunda y más bien con cuerpo sobretodo en la zona media-aguda, pero también el registro grave, seguramente menos sonoro, fue resuelto con oficio y gusto, y sin aperturas del sonido. Queda una cierta frialdad expresiva, a pesar de los evidentes esfuerzos por acentuar las frases, pero la escena de las cartas se lograron producir ciertos escalofríos gracias también al momento mejor elegido por la baqueta de Edward Gardner. El director ingles concertó una Carmen de discreta rutina, con buen equilibrio entre el foso y la escena, tiempos por demás lanzados, pero con una cierta monotonía en la dinámica y una mesurada relajación de fondo, también en los momentos en los que se pediría mayor vigor e intensidad.
Pareció particularmente interesante la voz del tenor Brandon Jovanovich, quien mas allá de tener el physique du rôle de Don José, posee también una voz amplia y muy oscura (no es casualidad que el cantante haya comenzado su carrera como barítono) y una línea de canto no del todo refinada, evidenciando sobretodo un pasaje superior engolado, pero emitiendo agudos seguros y timbrados. Sin limitarse a proponer el típico Don José muscular, Jovanovich mostró buenas intenciones expresivas, resueltas honorablemente, y buscó y encontró algunos refinamientos como una media voz correctamente interpretada en el aria de la flor. Si la Micaela de Hei-Kyung Hong pareció de modesto impacto en el dueto con el tenor, resolvió con seguridad su aria importante. El Escamillo de John Relyea de voz poco agradable, cavernosa y pésimo canto, que además de ser muy vociferante, es de olvidarse en toda la línea. De discreto impacto: Morales de Michael Todd Simpson, más modesto el Dancaire de Malcolm Mackenzie y el remendado de Scott Scully. Tampoco la Frasquita de Joyce El-Khoury ni la Mercedes de Eve Gigliotti brillaron; en particular la primera de ellas estuvo demasiado incomoda en el agudo. Excelente estuvo el Zúñiga de Richard Bernstein. La Orquesta de buen nivel y un coro mejorable, hicieron bien un discreto ultimo acto, y muy bien preparado estuvo el coro de niños.