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Friday, February 3, 2023

Mozart e Milano concierto en Milán


Fotografía: Alberto Panzani

Ramón Jacques

Exactamente el día 17 de enero, pero del año 1773, se escuchó en la iglesia de Sant’Antonio Abate de la ciudad de Milán el motete religioso Exsultate, jubílate K. 165 compuesto aquí en 1773 por Mozart, que en aquel entonces contaba con 17 años de edad.  El mismo día, pero del año 2023, exactamente 250 años después, la primera obra sacra de Mozart volvió a resonar dentro de la misma iglesia como parte del concierto titulado Mozart e Milan ofrecido por el Coro y la Orquesta Ghislieri, la acreditada agrupación especializada en el campo de la música históricamente informada y en la música vocal italiana del siglo XVIII con sede en el Centro di Musica Antica Ghislieri en la ciudad de Pavía, ubicada a 50 kms al sur de Milán.  El proyecto, desarrollado por su actual director, el Maestro Giulio Prandi, intenta recrear el modelo de la capilla musical del siglo XVIII para revivir obras de música del periodo barroco, como también del repertorio clásico, y ha cosechado ya algunos frutos como la ejecución y grabación discográfica de obras como: el Réquiem de Jommelli, la Misa en re mayor de Pergolesi, así como descubrir, y dar a conocer, incluidas grabaciones en CD, del trabajo del poco conocido compositor napolitano de origen español Davide Pérez (1711-1778). El concierto que formó parte de una gira de conciertos realizados por la orquesta, como promoción de su último CD titulado precisamente Mozart e Milán, editado y lanzado al mercado este mismo día por el sello Arcana, que contiene la mayoría de las piezas escuchadas en esta presentación, todas ellas relacionadas con las diversas estancias que Mozart tuvo en su paso por la capital lombarda, y se realizó como parte de la temporada de la asociación Società del Quartetto di Milano.  Así, en un evocativa ambiente religioso, en una iglesia que alberga una extensa colección de frescos de  pintores como Genovese, y de otros como Carlone, Procaccini, Mazzucchelli y Caccia, dedicados a la vida de la virgen María y con escenas del antiguo testamento, un espacio poco conocido, incluso para los habitantes de la ciudad como se mencionó en el mensaje de bienvenida e introducción al concierto, dio inicio, con dos piezas de canto ambrosiano (o canto milanés, una forma de canto litúrgico monódico que se desarrolló en la zona de lo que es hoy Milán en el siglo IV) : tituladas Lucernarium, Quoniam tu illuminas lucernam meam, Domine; y Antiphonam ad Magnificat, Exultavit spiritus meus in Deo, el coro que tuvo un papel importante en el concierto interpretó en solitario la obra O sacrum convivum para coro y órgano de Giuseppe Fioroni.  De J.C. Bach se escucharon el Dixit Dominus y el Magnificat Warb E22 ambas para coro, solistas y orquesta, y del propio Mozart su Offertorio Misericordias Domini KV 122. La agrupación regaló una rareza y una joya en el Mottetto Caelo tonanti para alto cuerdas y continuo del compositor Melchiorre Chiesa, acompañada de la nitidez en el canto y timbre del contratenor Carlo Vistoli. Como punto alto del concierto no podía faltar el motete Exsultate, jubilate KV 165 para soprano y orquesta, que tuvo en la soprano estadounidense Robin Johannsen una interprete ideal por la calidez en su timbre e involucramiento emocional con el texto, como en allegro final, el destacado y conocido "Alleluia".  Bueno fue el aporte del tenor Raffaele Giordani y del bajo Alessandro Ravasio en sus intervenciones con el resto de los solistas. Agradó la solidez y uniformidad del Coro Ghislieri dirigido por Renato Cadel, maestro de la Schola Gregoriana Ghislieri, así como las partes musicales dirigidas con atención a cada detalle, el evidente conocimiento del repertorio y el entusiasmo exhibido por el maestro Giulio Prandi ante los músicos que respondieron con una ejecución de buen nivel.



Thursday, April 1, 2010

La Venexiana en el Teatro Comunal de Ferrara, Italia.

Foto: La Venexiana

Athos Tromboni

La temporada de conciertos de Ferrara Música trajo al teatro Comunale de Ferrara un ensamble de música antigua, protagonista de una labor ejemplar como fue La Venexiana, y con una obra ejemplar que se tituló Era la notte. Se trató de una recopilación musical ideada y realizada por el director de la Venexiana, Claudio Cavina, que unió en una sola representación algunas sinfonías y madrigales de Claudio Monteverdi (1567-1643), dos “canciones” de Tarquinio Merulla (1596-1665) y de Benedetto Ferrari (1597-1681). La función se realizó en forma semi escénica, con vestuarios modernos y de época, y la ejecución musical respetó el diapasón barroco y el color de los instrumentos antiguos. ¿Provocacion? No. Escuchamos de la boca (como de la pluma) de Monteverdi un concepto ejemplar para entender su intima filosofía y para promover la elección de Cavin, citando una carta que Monteverdi le escribió a Alessandro Striggio el 9 de diciembre de 1616, en la que el divino Claudio criticaba una obra teatral realizada por el Cardenal Montalto, señalando que “en el trabajo del cardenal cada actor/cantante componía su papel, mientras que en Arianna y Orfeo, que eran "de una sola mano" o de un único autor (Monteverdi), la tendencia debía ser al parlar cantando y no como en la otra al cantar parlando” Para Monteverdi, se había generado un “cantar parlando” aunque también agradable pero sin un fin especifico desde el punto de vista dramático, porque era un florilegio de motivos musicales finalizados por ellos mismos y puramente hedonísticos. Justo en referencia a la Arianna y al Orfeo, la contra tesis era que en la música y en el teatro se debía “parlar cantando” eso es modular emotivamente la palabra expresando con ello un fin que se persigue, que es el de mover los sentimientos. Cavina, profundo conocedor de la música y de la “practica” monteverdiana, puso en escena Era la notte, en la que el parlar cantando se realizó con plena eficacia, con caluroso gusto del publico y con un éxito muy positivo.

La escena se abrió solo con la luz de los atriles iluminando sutilmente a los instrumentos y a los músicos, y comenzó a sonar la sinfonía “Tempro la cetra” (séptimo libro de madrigales). Todo era negro, y las siluetas se definían vividas contra el fondo; y en esta atmosfera las sinfonías, obtenidas de los Libros de los Madrigales, fueron intercaladas con las partes cantadas, e interpretadas siempre en una penumbra que sugestionaba a los ojos. Posteriormente, llegamos a las partes cantadas y con diversos vestidos de escena, entró la soprano Roberta Mameli, que en el madrigal monódico Ohimè ch'io cado vistió la ropa de una ocupada secretaria de oficina tomando dos teléfonos y cuadernos de notas; en Con che soavità se transformo en una señora de edad y clase media; en la Canzona sopra la nanna (de Tarquinio Merula) en una mama amorosa que abrazaba un osito de peluche como si fuera un infante; en Amanti io vi so dire (de Benedetto Ferrari) como una señora de la limpieza que con delantal y guantes para lavar se transformaba en una atractiva escort digna de aspirar a relacionarse con los gobernantes italianos de la actualidad; en el Lamento di Arianna de la mítica diosa destrozada por la desilusión amorosa por el abandono de Teseo; y en el Lamento della ninfa en una conmovedora representación escénica de Marlene Dietrich que confiesa su propia tristeza al micrófono de la radio. El canto de Mameli fue entonado emotivamente, y privado de vibraciones y florituras (trinos y gorghe como los llamaba Monteverdi) pero su gesto escénico y la mímica fueron impresionantes, poniendo en segundo plano las traslaciones temporales y las provocaciones escénicas y conduciendo a los espectadores a la atmosfera justa, aquella que estuvo en auge en los tiempos de la “segunda practica” de Monteverdi. Los mejores resultados, desde el punto de vista emotivo, llegaron obviamente conseguidos con los lamentos y la ninna nanna, ya que son melodías elegiacas, capaces de impresionar hasta los corazones más duros. En la segunda parte de la velada se propuso, después de la breve sinfonía de Orfeo, el bellísimo madrigal Combattimento di Tancredi e Clorinda: y cabe recordar que estas octavas, de Monteverdi tan magistralmente musicalizadas, las escribió el trastornado Torquato Tasso justo aquí en Ferrara, mientras estuvo internado en el hospital de Santa Anna, donde hoy es posible visitar su celda en la plaza homónima de la ciudad. Para el Combattimento entraron a escena los tenores Vincenzo Di Donato y Raffaele Giordani (con Testo y Tancredi) con Mameli (Clorinda). Tancredi y Clorinda vistieron como rockabilly y fueron esposadas y vendados. Testo que parecía mariscal de la SS, cantaba volteándose cada tanto hacia los dolientes, que al final fueron liberados por el director Claudio Cavina, a fin de que Tancredi pudiera bautizar, y Clorinda perdonar pronunciando sus ultimas y famosas palabras "S'apre il ciel; io vado in pace". (Se abre el cielo y me voy en paz). Habrá sido el espíritu de Tasso que soplaba o la óptima interpretación de La Venexiana, habrá sido la unidad de espacio tiempo y lugar, sabrá dios lo que fue, pero este madrigal pareció ser el mas bello todos. Considerando el espectáculo entero se puede afirmar que rara vez se ha asistido a una ejecución monteverdiana de tan alto valor y tan envolvente impacto. ¡Todo el merito fue de la Venexiana!