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Wednesday, May 25, 2022

A Sweet Silence in Cremona - Teatro Ponchielli de Cremona

Foto: © Salvo Liuzzi

Roberta Pedrotti 

Cremona ocupa un lugar central en una obra situada precisamente en Cremona. Nunca antes se había concretado el espejo ideal entre público y teatro, con una obra inspirada en un hecho que realmente ocurrió recientemente -en 2019 se impuso el silencio en las calles limítrofes del Museo del Violín para conseguir las condiciones óptimas para realizar unas grabaciones- y en el que se menciona varias veces a un personaje, el alcalde, que se sienta en la sala todavía en el cargo. Una pizca de extrañamiento viene dada por el hecho de que todo el mundo canta en inglés también se encuentran en escena cinco italianos y un argelino, así como un perro y un violín (este último, sin embargo, sólo vocaliza). Pero ¿No estamos acostumbrado a escuchar japoneses, antiguos egipcios, sacerdotes galos y mineros estadounidenses expresarse en nuestra lengua? ¿O amantes veroneses en francés o dragones y tribunos romanos en alemán? El teatro y la vida son la misma cosa y no lo son, verdad e invención se intercalan: en una adorable paradoja, que hace aún más encantador el libreto de Mark Campbell para este A sweet Silence in Cremona.  Se trata de una coproducción internacional, comisionada por la New York University, la Casa Italiana Zerilli - Marimò, NYU Florence, que en el Teatro Ponchielli encontró su primer hogar a la espera de los próximos estrenos en Florencia y en la Gran Manzana. El público lombardo acudió en gran cantidad, y ya es una buena noticia, en un teatro decorado para fiesta con pinceladas del arcoíris -ya se notan los aires del Pride del próximo mes. La curiosidad que destaca en el escenario citadino fue bien recompensada y lo más importante es que este numeroso público demostró divertirse y emocionarse al fundirse en los aplausos a escenario abierto al finalizar la funcion. Más que merecido, porque la obra está realmente bien hecha y demuestra su brevedad – en su hora de duración (“¡gran mérito!”)  -  la perfecta técnica de la escritura teatral de Campell, toda la auténtica profesionalidad de un libretista. Comienza con la ligereza de la comedia, presentando a la humanidad obligada al silencio por deferencia a los violines del museo: la señora Mariolina disfruta de la tranquilidad; Giulia está ansiosa por el inminente nacimiento de su primer hijo, mientras que Federico, su esposo está ausente; Valentina mima al perro Attila, que tanto nos recuerda a Brian Griffin; Ettore se lamenta de que esta orden del alcalde "liberal y amigo de los inmigrantes" pueda arruinar su zapatería, aunque será el joven repartidor argelino Yassine -en la zona para entregarle flores a Giulia de parte de su consorte- y comprar un par de zapatos para su hermanita. Yassine es también quien, en su entusiasmo por la ciudad donde se mudó con su familia, invita a no quejarse y a aprovechar el silencio para soñar con la música. Dicho y hecho, la atención se centra en un lutier que termina su creación y la apoteosis final se libera en el solo del violín/soprano coloratura. La ligereza del tema arranca algunas sonrisas y risas, la sinceridad del himno a la música conmueve, la medida del texto da en el blanco y al referirse a un episodio muy específico logra mantenerse vigente tanto por la sabrosa imagen en la que hasta el encuentro. entre el comerciante reaccionario y el joven inmigrante no sabe de falsedades ni de lo impredecible, en el 2019, es referencia a un lockdown musical. Eterno, pero no menos profético y accidental, el himno a la ciudad “devoted to the violin” frente a la que “invests in violence and war”. El muchacho extranjero que elige a Cremona como "my home" se refleja en la internacionalidad de las insignias de los laudistas, que llegaron a establecerse aquí desde todo el mundo para aprender y practicar esa antigua arte. Si el libreto de Campbell –quien no en vano ganó el premio Pulitzer y es un autor muy prolífico en el género- funciona muy bien, es también por la unión con las notas del siciliano Roberto Scarcella Perino, excelente exponente de esa escuela de teatro musical tan fértil en el Estados (se piensa en Bernstein y en Menotti, por decir sólo los nombres más conocidos en nuestro medio) pero no sólo (Rota), hecha de inteligibilidad textual y melódica, lenguaje tonal no banalizado, eficaz caracterización de personajes y situaciones, comunicativa y con sentido del teatro. ¿Fácil? Definitivamente valiosa, y no es que parezca un defecto: hace falta maestría para destilar una hora de teatro musical que sabe hablar de arte e integración sin inmovilizarse ni tomarse a sí mismo demasiado en serio o, peor que nada, tomarse a la ligera al público y sus necesidades. Todo el cartel, todo el equipo que hizo este debut merece un aplauso, pero la larga lista quizás cansaría al lector. De la Orchestra Monteverdi Festival debe mencionarse al menos a la solista Lena Yokoyama, del violín que se une a la voz violín de la soprano Sara Fanin, también intérprete puntual de Valentina. El perro Atila comparte cara y voz con el lutier, que son las del barítono Ramiro Maturana, admirable para delinear partes tan diversas. La mezzosoprano Antonella Di Giacinto fue una deliciosa Mariolina y no se puede permanecer indiferente ante el cambiante monólogo de la soprano Costanza Fontana, Giulia en una espera agridulce. Pietro Di Bianco, bajo-barítono, fue tan incisivo como Ettore, en contraparte al perfectamente adecuado Yassine del tenor Gianluca Moro: con physique du role, presencia ágil y dinámica, articulación clara y una brillante voz, ideal para el papel que es clave para unir la acción. Giuseppe Bruno dirigió con claridad y ejemplar sentido del teatro. Cecilia Ligorio firmó uno de sus más exitosos trabajos, precisamente porque en proporciones mínimas logró hacer poesía de la simplicidad, en el elegante y funcional montaje escénico de Tommaso Lagattolla, también creador de los bien caracterizados vestuarios, que no tienen una sombra de caricatura. Tampoco se puede pasar por alto la aportación de la iluminación de Oscar Frosio y las proyecciones de vídeo de Imaginarium Studio, que incluso en el pie de foto aparente consiguen mantener la adecuada estilización en una Cremona caricaturesca, verdadera y fantástica al mismo tiempo. La ópera contemporánea está más viva que nunca. Basta solo con no tenerle miedo. Incluso en el restaurante después del espectáculo se podían ver a personas del público felicitando a los intérpretes, al libretista y al compositor.

Recensione in italiano: L'Ape Musicale:

https://www.apemusicale.it/joomla/it/recensioni/70-opera/opera-2022/13176-cremona-a-sweet-silence-in-cremona-08-05-2022




Monday, May 9, 2022

A Sweet Silence in Cremona, Italia

A SWEET SILENCE IN CREMONA, in prima mondiale domani 8 maggio al Teatro Ponchielli di Cremona. Ci sarà una replica in forma di concerto alla Villa La Pietra a Firenze il prossimo 28 giugno, unica data per ora confermata.

Gianluca Moro, tenore, Interpreto il ruolo di Yassine, un giovane teenager algerino trapiantato a Cremona, la sua nuova città di appartenenza, che con spirito di intraprendenza, solarità e tanta voglia di vivere bene la propria vita, sfrutta a proprio vantaggio il suo essere un immigrato in terra straniera.,E’ giovane, solare e pieno di energia, ma la tempo stesso presenta una maturità non certo comune per un qualsiasi altro ragazzo della sua età: lasciare la propria terra natia non è facile, essere costretti a farlo per motivi di sopravvivenza lo è ancora meno.  E’ un giovane adulto, maturo e solare, e con un background vissuto non di poco conto. D’altro canto il tema dell’immigrazione non è qualcosa di così leggero, tante sono le storie, ed è certamente sempre attuale. Fin dalla prima lettura ho capito che sarebbe stato un personaggio a me affine, ed è stato molto interessate costruirlo da zero assieme alla regista, Cecilia Ligorio, che ha fatto con tutti noi del cast un lavoro straordinario.  Siamo sei interpreti, tutti protagonisti, ognuno con una propria storia da raccontare, ma uniti da un momento di vita comune, particolare e unico. Il resto è da scoprire. La musica del compositore Roberto Scarcella Perino, con il libretto di Mark Champbel, è decisamente deliziosa. Il lavoro è scritto magnificamente, con una grande cura e attenzione non solo per l’impianto orchestrale ma anche per le voci, trattate davvero con garbo e gentilezza. Ognuno di noi ha la possibilità di esprimersi vocalmente al meglio, con agio e delicatezza, o con grinta e determinazione dove necessario. E’ il bello del contemporaneo, finché non accade la magia della messa in scena non sai davvero come potrà essere e come potrà reagire il pubblico. E’ sempre un’incognita, ed è sempre motivo di grande emozione. La direzione è del Maestro Giuseppe Bruno, e le scene e i costumi di Tommaso Lagattolla, geniale aggiungerei.