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Tuesday, March 25, 2025

Norma en Burdeos

Fotos: © Frédéric Desmesure

Ramón Jacques 

Fuera de Paris, solo existen seis casas de ópera que tienen la distinción de ser reconocidas y galardonadas como “Opéra national” y esto se debe especialmente a la calidad de sus cuerpos estables (ballet, coro y orquesta) y al nivel de obras presentadas que a través de coproducciones han logrado alcanzar reconocimiento e influencia a nivel nacional e internacional, y en esa clasificación se encuentra la Ópera nacional de Burdeos, por lo que asistir a una función en el esplendoroso Grand Théâtre de Bordeaux, fundado en 1780 y considerado monumento histórico en Francia, es ya una satisfacción. El bel canto, y en especial títulos como Norma, ofrecido en esta ocasión, son apreciados por el público de este país. Norma presenta dos mundos opuestos: uno poético, impregnado de mitología celta y visiones proféticas, y otro prosaico, marcado por la guerra y la traición. Bellini nos sumerge en una especie de sueño en el que una Norma despierta encarna la luz y la tragedia, y esa es la visión de la puesta en escena de Anne Delbée, que contó con escenografías de Abel Orain situadas en una época atemporal, con una enorme pasarela inclinada en el centro del escenario, y tenues telones en los lados opuestos, cuyos dibujos de ramas y hojas nos coloca dentro de un bosque.  La tenue, y por momentos brillante iluminación en una gama de diversas tonalidades del color azul, ideada por Vinicio Cheli, creó un efecto muy estético, atractivo y muy artístico para el espectador.  Solo los vestuarios, oscuros para la mayoría de los personajes y en diversos colores, pero más refinados para los personajes de Norma y Adalgisa, crearon el contraste y la rivalidad existente entre ambos personajes.  Este montaje que se originó en el 2019 en el Teatro del Capitolio de Toulouse ha gustado y además de recorrer diversos escenarios, este año volverá a ese mismo teatro. En el centro del libreto de Felice Romani, como de la puesta se resalta el personaje de Norma, la sacerdotisa druida en Galia, enamorada del procónsul romano Pollione. En escena aparece un personaje imaginario para Norma, es el dios druida que es una especie de consejero y guía de Norma, un personaje actuado, que interviene en la escena con diálogos hablados y magnificados. Una novedosa incorporación que se vio en esta ocasión, y que además de no ser invasiva incorporó un personaje que pareció encontrar un lugar en la trama.  Este montaje logra tejer nuevos vínculos entre la pasión, la traición y la lealtad contenidos en el texto, y la música emblemática de Bellini. Norma se sacrifica para proteger a los inocentes y ofrece un mensaje de reconocimiento y amor en medio del caos, que, a decir de la directora escénica, busca y encuentra ciertas y particulares repercusiones con las de nuestro tiempo. Estas cualidades parecieron estar presentes en la noble y convincente personificación y actuación del personaje de Norma por parte de Karine Deshayes, la reconocida soprano francesa, quien ha interpretado con igual éxito también a Adalgisa, muestra un profundo entendimiento del personaje, yéndose a lo más profundo, para envolverse en el personaje y actuarlo con pasión e ímpetu, dándole sentido a cada movimiento que hace o cada nota que emite.  Vocalmente su desempeño fue sobresaliente, ya que es capaz de alcanzar las notas más agudas, con flexibilidad y ornamentación, y de redondearla con tonos y notas oscuras que hacían la ayudaban a expresar dramatismo y fuerza.  Por su parte, la mezzosoprano Olga Syniakova fue una elegante y distinguida Adalgisa, con un color oscuro, profundo y con sedoso terciopelo en su emisión y fraseo. Los dúos entre ambas interpretes fueron notables por su conjunción.  Como Polione se presentó el tenor francés Jean-François Borras quien irradió personalidad y presencia en escena, pero que lamentablemente el belcanto no es su especialidad, y a pesar del indudable atractivo de en su timbre, optó por una emisión fornida, viril y enérgica, poco adecuada en esta ocasión. Por su parte el bajo georgiano Goderdzi Janelidze  mostró que posee la calidez y los sonidos cavernosos y profundos para el papel de Oroveso, además de mostrar los pliegues y la amplia proyección, que son características de los cantantes de esa región.  Con su estatura, se reveló como un autoritario líder de los druidas. Completaron el elenco el tenor italiano Davide Tuscano como Flavio, y la soprano mexico-francesa Déborah Salazar quien demostró desenvolvimiento y tablas actorales, y un cautivante, nítido y terso color vocal, como el personaje de Clotilda.  Participativo y bien trabajado son las virtudes que exhibió el coro de la ópera de Burdeos, y en el podio, en sustitución del Paolo Carignani, anunciado inicialmente, tomó su lugar el maestro italiano Francesco Angelico quien dirigió con equilibrio y apoyo a los cantantes. Ciertos momentos agitados y carentes de inspiración en el desempeño de la orquesta de Bordeaux-Aquitaine, restaron emoción a la vivacidad y al claro oscuro belliniano, pero la función se compensó ampliamente por la parte visual y vocal del espectáculo.







Friday, March 11, 2022

Los Gavilanes en Oviedo

Fotos: Alfonso Suárez


Ramón Jacques


La Gavilanes zarzuela en tres actos y cinco cuadros en prosa de Jacinto Guerrero: fue el titulo elegido para inaugurar la edición XXIX del Festival de Teatro Lírico Español que se celebra anualmente en la ciudad de Oviedo, y que a lo largo de varios meses ofrecerá representaciones en el Teatro Campoamor de El Rey que Rabió de Ruperto Chapí, Katiuska de Pablo Sorozábal, María Moliner de Antoni Perera Fons, además de una gala lírica, y un par de conciertos más. La obra se montó con la nueva producción escénica traída del Teatro de la Zarzuela de Madrid, escenario donde inexplicablemente el título no había sido visto desde casi veinte años, a pesar de su popularidad.  Los diseños de Ezio Frigerio con imágenes transmitidas en una pantalla al fondo del escenario, algunas estructuras metálicas que subían y bajan durante la función, coloridos y bien hechos atuendos de Franca Squarciapino, la buena iluminación de Vinicio Cheli, y la detallada y puntual dirección escénica del experimentado director Mario Gas (notable en el 2021 por su célebre adaptación escénica de Pedro Páramo del novelista mexicano Juan Rulfo en el Teatro Romea de Barcelona) situaron la acción en un lugar indeterminado en la región de Provenza, que bien podría ser España, creando un espectáculo visualmente estimulante y atractivo para los espectadores, con alegres y  precisos bailables, coros, comparsas y solistas que lograron un buen espectáculo.  Ante este marco, es difícil no aludir, aunque sea brevemente, al debate sobre porqué la zarzuela, que utiliza todos los recursos a su alcance, como cualquier otra obra lírica, que posee brillantes arias, romanzas, dúos, partes corales y atractivas orquestaciones, no logra afianzarse dentro del repertorio lirico de los teatros internacionales.  Las respuestas que se escuchan frecuentemente es que se trata de un género muy español, muy apegado al folclore español, el tema de los diálogos hablados, las parejas cómicas, su dificultad para cantarla etc. Pero ¿Acaso la opereta, las operas checas, rusas o la opera-cómique no contienen los elementos anteriores señalados y se han universalizado gracias en parte a los subtítulos? Es una pregunta que aun quedará sin respuesta, lo cierto es que quienes ponen su empeño por mantener el género vivo lo hacen muy bien. Los Gavilanes es además un titulo que toca un tema que tiene vigencia en la actualidad, que es el de la emigración.  En el podio, la Oviedo Filarmonía fue dirigida con maestría y conocimiento por el maestro Miguel Ángel Gómez Martínez, quien dirigió con seguridad y pericia, entusiasmo, alegría, y consideración por las voces sobre el escenario. Ángel Òdena se mostró muy desenvuelto y seguro en escena interpretando a Juan ‘el Indiano’ (termino utilizado en España para describir a los que emigraban a América y volvían). El barítono tarraconense desplegó en su canto un timbre robusto, matizado y buen gusto en el fraseo. Por su parte el tenor José Bros, interpretó de manera correcta al personaje de Gustavo, con su inconfundible timbre lírico, casi solar, sobresaliendo especialmente en la conocida romanza “Flor roja”.  Carmen Solís personificó a una apasionada y bien cantada Adriana; y Beatriz Díaz una juvenil y radiante Rosaura, tanto en lo vocal como en lo escénico.  Destacados el resto de los intérpretes del elenco como Lander Iglesias en el papel de Clariván y Esteve Ferrar como Triquet, sin olvidar la aportación de los bailarines y la entusiasta Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” en sus intervenciones. Como nota personal, Los Gavilanes fue la primera zarzuela que yo escuché en vivo, esto fue en mi infancia, en el Teatro San Pedro de la ciudad de Monterrey, Nuevo León México.