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Wednesday, March 18, 2015

Anna Netrebko cautiva con su voz en el Teatro Diana, Guadalajara México

 ESPECIAL / Teatro Diana / Y. Gómez

La soprano rusa Anna Netrebko hizo vibrar con su voz a los asistentes al concierto por el décimo aniversario del Teatro Diana. La noche de gala convocó a aficionados al bel canto que llenaron el lugar. Acompañada por la Orquesta Filarmónica de Jalisco bajo la batuta de su director titular, Marco Parisotto, la diva de la ópera cantó arias y duetos seleccionados del clásico repertorio italiano del siglo XIX, principalmente, con Verdi y Puccini. En la voz masculina, Netrebko alternó con el tenor azerbaiyano Yusif Eyvazov. El par de cantantes ofrecieron interpretaciones que cautivaron a la audiencia por su calidad. La noche comenzó con la proyección de un video con la historia del viejo Cine Diana, su cierre y su transformación en Teatro Diana. La presentación tuvo comentarios de los involucrados en su remodelación La música corrió a cargo de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, con su titular Marco Parisotto como director. Parisotto subió al escenario para dirigir la obertura de "La fuerza del destino", de Verdi. Anna llegó al escenario con un largo vestido rojo, entre ovaciones y aplausos. Como agradecimiento la diva lanzó besos al público. El programa continuó con "Macbeth", también de Verdi. Netrebko ostentó su presencia al recorrer la parte frontal de la orquesta durante su interpretación. Para la siguiente aria, surgida de "Luisa Miller", Anna lució de lleno su voz, lo que se tradujo en una explosión de aplausos al finalizar la pieza con la correspondiente caravana por parte de la rusa. La soprano alternó con Yusif Eyvazov, tenor originario de Azerbaiyán y su actual pareja. Yusif entonó un aria que satisfizo a los presentes en la ausencia de Anna. Ambos cantantes también cantaron a dueto, interpretaciones en las que se comprobó la dinámica que posee la pareja, ya que los temas a dos voces fueron los más sobresalientes de la noche.

En casa disquera centenaria

Anna Netrebko es parte del talento de la emblemática casa disquera centenaria Deutsche Grammophon. En enero pasado lanzó la ópera "Iolanta", del compositor ruso P. I. Tchaikovsky. Con más de dos decenios de carrera, la discografía de Anna supera los 20 álbumes, con una docena de óperas registradas en video.

Sunday, March 1, 2015

Anna Netrebko en el Palacio de Bellas Artes de México D.F.

Foto: JVL / Conaculta

Iván Martínez / Confabulario  

Desde siempre, con cierta periodicidad, se ha dado un debate público alrededor de una cuestión muy general que paradójicamente, no admite generalidades: el poder político y los artistas. No que debamos obviar que cada personaje necesite un estudio particular, sino que los matices de las respuestas pueden variar tanto como varíe la posición de los sujetos: la postura que tenemos asumida quienes cuestionamos y la posición –hay que admitir, a veces obligada– del artista. Hay, también, valores morales y cívicos que pueden o haber cambiado en el transcurso del tiempo en ciertas sociedades o haber permanecido inermes en otras: no puede medirse con la misma vara la Cuba de Reynaldo Arenas y la de Bola de Nieve, tan disímbolas a pesar de haberla compartido, que la comodidad hollywoodense de Gustavo Dudamel con la Caracas de los profesores acosados en las facultades de música

Los críticos solemos acudir, como justificación por cuestionar la inmoralidad de ciertas posiciones, al mito aquel que envolvería a los artistas, por alguna razón con más fuerza en la música clásica, con un halo de pureza que los aleja de todo mal, purificados desde una posición divina por los Mozart y los Brahms. Nos equivocamos porque debiéramos ser más claros: se está utilizando al arte para legitimar regímenes atroces. Y se hace conscientemente.

La soprano Anna Netrebko, que ofreció una gala en el Palacio de Bellas Artes es un ejemplo de ello. Cómplice, a veces en voz alta y en ocasiones desde un silencio aterrador con intentos tardíos de expiación, del presidente ruso Vladimir Putin. Su más reciente episodio público fuera de los escenarios tiene que ver con dinero y apoyos ofrecidos a los rebeldes en Ucrania, en un acto con fotografías sosteniendo su bandera; lo que luego –con la torpeza de sus publicistas– negaría aludiendo ignorancia.

 ¿Puede separarse esto de su personalidad? No lo creo. No solo porque en el pórtico de Bellas Artes se haya visto un par de cartulinas de protesta como ya se esperará en cualquier presentación suya, sino porque quienes asistamos, en mi caso permitiendo guardar en casa la objeción de conciencia, lo tendremos presente desde que cante su primera nota y aun cuando desde ésta demuestre por qué occidente la sigue perdonando.
Para la primera parte, la soprano eligió dos arias del repertorio verdiano con el que mejor se adecua este momento de su voz: la “Nel dí della vittoria… vieni, t’affreta!… or tutti sorgete”, de Macbeth, y la “Tacea la notte placida… Di tale amor”, de El Trovador. Dos arias demandantes en fuerza y virtuosismo vocal, pero sobre todo de búsqueda actoral a la que, como pocas cantantes hacen en una gala, acudió con garra; quizá porque es inevitable para realizar la hazaña musical con determinación. Incisiva, de largos fraseos y una voz extraordinariamente manejada en todos sus matices, categórica en sus fortes, delicada en suspianissimos.

Cuando por exigencia, o por necesidad, figuras como ella tienen que alternar con pares que resultan dispares, los resultados son impredecibles. Puede suceder que la figura se rebaje al nivel de sus alternantes, como pasó hace unos días en este mismo recinto, puede suceder que sólo se evite opacar al estelar, resultado casi siempre de una exigencia, o puede ocurrir un milagro, por un sentido de obligación o de sobresalir, en el que los acompañantes ofrezcan la mejor actuación de su carrera. Esto último ocurrió con la Orquesta del Teatro de Bellas Artes y su director Srba Dinic.

Con la soprano al lado, Dinic no solo se dio el lujo de explotar el más amplio sonido de este ensamble, regodeándose en los incisos meramente orquestales y atendiendo detalladamente la dramaturgia musical de cada inciso que acompañó, sino que trabajó cuidadosamente los rangos de cada sección: la cuerda uniforme, con sonido vasto, una redondez exquisita de las maderas (mención especial a los solos en las oberturas verdianas al clarinete de Martín Scalona), buena pronunciación de los metales, y hasta una articulación menos grotesca a la acostumbrada por su arpista.

No puede decirse lo mismo del alternante vocal, Yusif Eyvazov, pareja sentimental de la soprano. Este tenor, a quien habría que clasificar como melodramático manierista por las cualidades de su canto y presencia, no solo ofreció el inciso menos sobresaliente, el aria “Oh! Fede negar potessi…” de la verdiana Luisa Miller, sino que a su lado durante dos duetos, Netrebko hubo de bajar a su nivel para cuidarlo, aunque para eso restara sonoridad y color a su propio canto.

Con canto excepcional, la soprano ofreció durante la segunda parte incisos más líricos, como la “In quelle trine morbide” de la Manon Lescaut de Puccini, pero igualmente dramáticos, como “La mamma morta”de la Andrea Chénier de Giordani, aria que –no hay duda- ha encontrado en ella a su mejor exponente después de la interpretación paradigmática de María Callas, y emotivos, como la “Ecco! Respiro appena…” de la Adriana Lecouvreur de Cilea

Saturday, December 20, 2014

Anna Netrebko en el Palau de la Música Catalana en Barcelona

Foto: Antoni Bofill

Hèctor Mariñosa - La Vanguardia

Barcelona, 17 dic (EFE).- La soprano rusa Anna Netrebko, una de las cantantes líricas más reconocidas internacionalmente, ha emocionado y enamorado al público en su debut en el Palau de la Música de la capital catalana, donde hoy ha ofrecido un recital de arias de Giuseppe Verdi y de compositores veristas. Con las entradas agotadas desde hace meses, tras haber pospuesto el recital previsto para el pasado 21 de mayo a consecuencia de una enfermedad, Netrebko ha cumplido finalmente su compromiso con el público catalán con un programa dedicado en su primera parte a Verdi y una segunda que ha incluido piezas de Puccini, Giordano y Cilea. El amor en sus distintos estados de ánimo ha vertebrado el programa del concierto, vivido desde la esperanza ("Il trovatore"), el egoísmo ("Macbeth"), el hedonismo ("Manon Lescaut"), la pasión y los celos ("Otello") o el sacrificio ("Andrea Chénier"). La soprano ha escogido un programa con una galería de personajes femeninos en los que, junto a la calidad del canto, es importante subrayar el perfil psicológico de las heroínas, que traslucen fuertes dosis de inocencia, astucia, sensualidad o pasión. Dotada de una amplia tesitura y color de voz, poderosa y aterciopelada a la vez, la prima donna rusa ha desplegado sus amplios recursos vocales para dar vida a los distintos personajes que ha adoptado durante la velada y emocionar a un público más que entregado, que la ha obsequiado con constantes gritos de "Bravo" y "Brava". De este modo, en la primera parte del concierto Netrebko ha adoptado el papel de la Leonora de "Il trovatore" en "Tacea la notte placida...", de Lady Macbeth en "La luce langue" y de la Desdémona de "Otello" en "Già nella notte densa". Pero ha sido en la segunda parte del recital donde la soprano ha entusiasmado incluso más al público, especialmente con las arias "In quelle trine morbide", de "Manon Lescaut" (Puccini) y "La mamma morta", de la obra de Umberto Giordano "Andrea Chénier". Anna Netrebko ha actuado acompañada por la Orquesta Sinfónica del Vallès, bajo la dirección de Massimo Zanetti, y en dos de las arias por el tenor Yusif Eyvazov, asiduo acompañante operístico de la soprano rusa en los últimos tiempos y actual pareja de la diva tras su separación del barítono uruguayo Erwin Schrott. Ha sido precisamente con Yusif Eyvazok donde Netrebko ha dejado entrever sus reconocidas dotes interpretativas y dominio de la escena, dificultadas en el Palau por el reducido espacio en el que debía moverse la cantante. El idilio con el público catalán, y también con los muchos aficionados internacionales al bel canto que no han querido perderse su actuación en el Palau de la Música, se ha constatado con una interminables ovación final y el regalo de tres bises, uno de Yusif Eyvazon (Nessum dorma) y dos arias de Netrebko pertenecientes a las óperas "Rusalka" y "Adriana Lecouveur". Comentarios como "esto sí es un chorro de voz", "nunca había oído una voz así", "tiene una voz prodigiosa" o "es una de las grandes" atestiguan que el público se ha rendido a una Anna Netrebko que ha demostrado haber llegado a la madurez en plena forma. Dados sus numerosos compromisos en los teatros y festivales de ópera de todo el mundo, Anna Netrebko se prodiga poco en España y, así, no debutó en Barcelona hasta el pasado año, cuando protagonizó una memorable interpretación de la "Iolanta" de Chaikovski que hizo que el público del Liceu también se rindiera a sus pies.

http://www.lavanguardia.com/cultura/20141218/54421940058/anna-netrebko-enamora-al-publico-barcelones-en-su-debut-en-palau-de-la-musica.html