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Friday, July 3, 2015

Quartett de Francesconi en el Teatro Colón de Buenos Aires

Crédito: Prensa Teatro Colón/Máximo Parpagnoli 

Gustavo Gabriel Otero

Buenos Aires, 16/06/2015. Teatro Colón. Luca Francesconi: Quartett. Opera épica en trece escenas, libreto de Luca Francesconi, basado en la pieza homónima de Heiner Müller. Estreno americano. Alex Ollé (La Fura dels Baus) dirección escénica. Alfons Flores, escenografía. Lluc Castells, vestuario. Marco Filibeck, iluminación. Franc Aleu, diseño de proyecciones. Valentina Carrasco, colaboración escénica. Producción del Teatro Alla Scala de Milán / IRCAM (París). Allison Cook (Marquesa de Merteuil), Robin Adams (Vizconde de Valmont). Orquesta Estable del Teatro Colón. Dirección Musical: Brad Lubman.

El Teatro Colón de Buenos Aires presentó en carácter de estreno americano la ópera Quartett del compositor italiano, nacido en Milán en 1956, Luca Francesconi. La realización escénica fue impactante y los intérpretes extraordinarios pero la obra resulta, más que cuestionadora o transgresora, un poco aburrida. Quartett está escrita en inglés con texto propio del compositor basado en Heiner Müller quien a la vez se basa en Las relaciones peligrosas de Choderlos de Laclos, o sea la relectura de la relectura, por lo que nada queda de la aristocracia rococó y refinada del original. No hay aquí cuarteto en el sentido literal del texto ya que la obra tiene sólo dos personajes: la Marquesa de Merteuil y el Vizconde de Valmont, quienes alternativamente cambian de roles y asumen los papeles de madame de Tourvel y de madame de Volanges. Todo un juego de perversión destinado al aniquilamiento, con una escritura procaz que nunca levanta vuelo poético y con un contenido poco teatral. La extraordinaria puesta en escena explicita la idea del aislamiento de los dos personajes con un dispositivo escénico impecable constituido por tres espacios: un cubo sin paredes ni delante, ni detrás -la habitación en la que transcurre la escena- sujeto por infinidad de cables delgadísimos y aparentemente suspendida en el aire, un espacio exterior a la celda en el que se proyectan los deseos, los sueños y las tribulaciones mentales de la pareja y un tercer espacio que representa la fuerza de la naturaleza en movimiento y que aparece en contadas ocasiones simulando el mar o un desierto. El marco escénico de Alfons Flores luce espectacular, los movimientos y la idea general de Alex Ollé con la genial marca de La Fura dels Baus lucen milimétricos. Perfecto el vestuario Lluc Castells, con el agregado de los cambios de ropas casi a la vista del público de manera milagrosa dentro de ese cubo cerrado, y espectacular la iluminación de Marco Filibeck bien acompañada por las proyecciones de Franc Aleu. Sin duda el mejor trabajo de los vistos en ópera en Buenos Aires del colectivo catalán. El lenguaje musical de Francesconi es variado y politonal. La parte musical se desarrolla en dos planos, una orquesta de cámara en el foso y una cinta grabada con orquesta grande, coro, ruidos y sonidos electrónicos. Un muy buen trabajo de los solistas convocados de la Orquesta Estable del Teatro Colón bajo la dirección atenta y prolija de Brad Lubman, completado por el envolvente y enigmático sonido grabado en la oportunidad del estreno mundial por la Orquesta y el Coro del Teatro alla Scala de Milán y por el IRCAM de París. Los dos solistas vocales, los mismos del estreno mundial en el Teatro alla Scala de Milán en 2011, resultaron formidables. La escritura es compleja y difícil, pasa de la voz hablada al canto, hay saltos intervalitos profundos, se utiliza el recurso del falsete y por momentos las voces son amplificadas. Una faena vocal y actoral extenuante para los cantantes que están la casi totalidad de los ochenta minutos que dura la obra en el escenario. Es difícil pensar la posibilidad de encarar esta obra por otros que no sean el barítono Robin Adams y la mezzosoprano Allison Cook.

Friday, December 20, 2013

Un ballo in maschera en Buenos Aires


Fotos: Teatro Colón de Buenos Aires

Gustavo Gabriel Otero

Buenos Aires, 04/12/2013. Teatro Colón. Giuseppe Verdi: Un Ballo in Maschera, ópera en tres actos. Libreto de Antonio Somma, basado en Gustave III ou le bal masqué de Eugène Scribe. Alex Ollé -La Fura dels Baus-, dirección escénica. Valentina Carrasco, colaboradora del la dirección escénica. Alfons Flores, escenografía. Lluc Castells, vestuario. Urs Schönebaum, iluminación. Emmanuel Carlier, vídeo. Coproducción Escénica del Teatro Colón de Buenos Aires con la Sydney Opera House, Teatro Real de La Monnaie de Bruselas y la Ópera de Oslo. Giuseppe Gipali (Riccardo), Fabián Veloz (Renato), Virginia Tola (Amelia), Elisabetta Fiorillo (Ulrica), Sussana Andersson (Oscar), Leonardo Estévez (Silvano), Fernando Radó (Sam), Lucas Debevec Mayer (Tom), Marcelo Monzani (Juez), Pablo Sánchez (Sirviente de Amelia). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Martínez. Dirección Musical: Ira levin.

El Teatro Colón de Buenos Aires finalizó su temporada 2013 con una nueva producción escénica -fruto de la concepción de la Fura dels Baus- de Un ballo in maschera de Giuseppe Verdi, con una puesta renovadora, que generó la usual descalificación por parte de los espectadores más tradicionalistas que se resisten a cualquier cambio, y buen nivel musical general. La concepción escénica de Alex Ollé transplantó la historia a un terreno vagamente contemporáneo y con tintes futuristas en una sociedad orwelliana. La puesta resalta los aspectos políticos de la ópera de Verdi, deja un poco al margen el nudo de la acción que es el triángulo amoroso y denota una lectura general amarga y sin futuro. Dentro de una puesta en líneas generales coherente y de adecuada progresión dramática la presencia permanente de todos los rostros enmascarados -sin duda una idea que nos remite a un hombre masa sin rostro- es buena para el teatro de prosa pero inadecuada para el canto lírico ya que de alguna manera hace cambiar la proyección de las voces. También faltó algo de trabajo en la escena del baile de máscaras donde los personajes estaban vestidos con los mismos trajes que en toda la obra y sumaban un antifaz a sus máscaras. La escenografía de Alfons Flores tiene como componente principal a frías, monumentales y grises estructuras de cemento que dan marco a todas las escenas mediante pequeños cambios o paredes que bajan o suben. La iluminación de Urs Schönebaum es el complemento perfecto de la concepción escénica con inquietantes tonos gélidos, azules y violetas. El vestuario de Lluc Castells es funcional al concepto de la puesta y las imágenes diseñadas por Emmanuel Carlier intrascendentes. La Orquesta Estable bajo la batuta de Ira Levin amalgamó una versión prolija y refinada a la que quizás le faltó buscar mayor coordinación de intensidades entre el foso y la escena. En rol protagónico de Riccardo el albanés Giuseppe Gipali mostró una voz pequeña pero bien trabajada con afinación, adecuada línea y expresividad. Cantó intensificando los aspectos más líricos por sobre los dramáticos o de fuerza. Fabián Veloz fue un claro triunfador con su Renato expresivo y verdiano de principio a fin. A su lado Virginia Tola compuso una muy correcta Amelia, De excelencia el Oscar -en la puesta una secretaria de Riccardo- de Susanna Anderson y con buenos graves y algunos problemas de vibrato en el agudo la Ulrica de Elisabetta Fiorillo. Correcto el resto del elenco y con lo que hay que tener el Coro Estable que dirige Miguel Martinez.