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Thursday, September 25, 2014

Falstaff de Verdi en el Teatro Colon de Buenos Aires

Foto: Maximo Parpignoli / Teatro Coloon de Buenos Aires

Luis Baietti para operaintheworld

Junto con Otello las dos óperas que compuso en colaboración con Arrigo Boito (además de la segunda versión de SIMON BOCCANEGRA), ambas basadas en Shakespeare, es una obra atípica en la carrera de Verdi. En primer lugar porque a la inversa de toda su producción es una comedia, género en el cual sólo había incursionado antes muy al comienzo de su carrera produciendo un título muy simpático y muy agradable de oír pero muy menor. Y es atípica porque se distancia marcadamente de lo que había sido hasta entonces el estilo Verdi...No hay aquí las grandes arias ricas en melodías, que invitan a salir cantando del Teatro. La acción se desarrolla en un continuo donde no se pueden separar fragmentos, pero además, como si estuviera apuntando como un profeta a lo que será el futuro de la Opera, los cantantes pierden en buena medida el rol de protagonistas absolutos que siempre tuvieran sus óperas, y pasan a competir con la Orquesta que a menudo es la que lleva adelante la línea musical mientras los cantantes en escena entonan algo que está a medio camino entre el canto y el recitativo. Quizás sea esa la explicación de que este título, verdadero canto del cisne del Maestro, sea tan apreciado por los musicólogos que lo consideran su obra maestra, pero tenga una recepción más bien tibia entre el público que nunca acabó de incorporarlo a sus obras favoritas. La verdad es que la excelente versión que presentó el Teatro Colón hizo todo lo posible y bastante más para comunicar la grandeza del texto mostrando sus valores. En primer lugar importando algo que antes era cosa de todos los días pero que cada vez disfrutamos más raramente en nuestro Teatro de Opera: un cantante top de línea en pleno apogeo de sus condiciones vocales. Cuesta concebir un Falstaff mejor que el de AMBROGIO MAESTRI. Dotado, para comenzar con el verdadero físico del papel (alto, voluminoso) es un actor consumado, dotado de una comicidad natural que no necesita exageraciones y es portador por si fuera poco de una voz excepcional con un impresionante volumen y un registro agudo que invita al asombro. Gran actuación para conservar en el recuerdo y colocar en la galería de las grandes interpretaciones que han hecho honra a este gran Teatro que no pasa hoy por hoy por sus mejores días. A su lado impactó la interpretación de FABIAN VELOZ que cantó la expuesta partitura de Ford como si fuera un juego de niños e hizo gala de una creciente capacidad interpretativa, que seguramente ha crecido gracias a sus incursiones en los principales teatros de Europa, con los grandes maestros que ahora frecuenta. Para colmo se lo nota bastante más delgado, lo cual lo ayuda a desplazarse con una agilidad superior a la que exhibía cuando estaba entre nosotros todo el tiempo y no teníamos que compartirlo con nadie. BARBARA FRITTOLI, gran cantante con una impresionante carrera, nos tranquilizó a todos con su línea de canto, ya que llegamos a pensar que comenzaba a frecuentar los teatros “extracomunitarios “y este tipo de repertorio menos exigente en cuanto a notas porque estuviera en decadencia vocal. Nada de eso, fue una Alice elegante, excelentemente cantada y sólo no logró dominar completamente los concertantes porque a su lado estaba PAULA ALMERARES una Nannetta deliciosa y juvenil pero que en los concertantes mostraba un volumen vocal que no es el usual para las sopranos que encaran este papel. Poca cosa Meg para GUADALUPE BARRIENTOS pero siempre es un placer volver a verla y constatar in situ como continúa progresando su solvencia vocal y escénica ahora que canta regularmente en Europa y frecuenta un repertorio variado y exigente. ELISABETTA FIORILLO reiteró la impresión dejada en Ballo (Ulrica) de que canta con los restos de una gran voz, sólo que aquí su contundente registro grave, usado con sentido cómico le permitió lograr una creación magistral. Totalmente solvente el Fenton de EMANUELE D'AGUANNO no logró realmente justificar su contratación dado que hay una nada corta lista de cantantes locales que podían haber encarado este papel en igualdad de condiciones. Muy buenas las actuaciones de los encargados de los papeles comprimarios SERGIO SPINA, JUAN BORJA, GUSTAVO GIBERT. Muy simpático y desenvuelto el niño JORGE CHAMORRO que hace de paje de Falstaff. La dirección musical fue totalmente correcta, sin mayor destaque, pero con los endiablados contrapuntos entre foso y escenario que Verdi propone en esta ópera, esto ya es más que suficiente. Sólida, firmemente asentada en el sentido común la puesta de ARTURO GAMA , TUVO UNA IDEA GENIAL EN LA ESCENA FINAL DE HACER QUE TODOS LOS CANTANTES SE DESPOJEN DE SUS DISFRACES Y PASEN A USAR ROPA DE CALLE, MIENTRAS EL ESCENARIO GIRA Y MUESTRA SU REVERSO Y LOS CANTANTES , CANTANDO EL TEXTO ESCRITO POR VERDI, LE DICEN AL PUBLICO QUE QUIENES LO INTEGRAN HAN SIDO LOS ENGAÑADOS EN REALIDAD Y NO FALSTAFF O FORD. La escenografía fue funcional pero francamente pobre y fea de ver. Un párrafo aparte, elogioso, se merecen los profesores de la Orquesta que llevaron adelante una protesta gremial (por sueldos y un despido) sin afectar el desarrollo del espectáculo, tocando en mangas de camisa y exhibiendo al final durante los aplausos carteles indicativos del conflicto. No sé si tienen razón o no, pero al menos no la han perdido como la perdían en el pasado sometiendo al público a malos tratos como tenerlo esperando en sus butacas mientras los músicos decidían en asamblea en el escenario si la función se hacía o no.

Friday, December 20, 2013

Un ballo in maschera en Buenos Aires


Fotos: Teatro Colón de Buenos Aires

Gustavo Gabriel Otero

Buenos Aires, 04/12/2013. Teatro Colón. Giuseppe Verdi: Un Ballo in Maschera, ópera en tres actos. Libreto de Antonio Somma, basado en Gustave III ou le bal masqué de Eugène Scribe. Alex Ollé -La Fura dels Baus-, dirección escénica. Valentina Carrasco, colaboradora del la dirección escénica. Alfons Flores, escenografía. Lluc Castells, vestuario. Urs Schönebaum, iluminación. Emmanuel Carlier, vídeo. Coproducción Escénica del Teatro Colón de Buenos Aires con la Sydney Opera House, Teatro Real de La Monnaie de Bruselas y la Ópera de Oslo. Giuseppe Gipali (Riccardo), Fabián Veloz (Renato), Virginia Tola (Amelia), Elisabetta Fiorillo (Ulrica), Sussana Andersson (Oscar), Leonardo Estévez (Silvano), Fernando Radó (Sam), Lucas Debevec Mayer (Tom), Marcelo Monzani (Juez), Pablo Sánchez (Sirviente de Amelia). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Martínez. Dirección Musical: Ira levin.

El Teatro Colón de Buenos Aires finalizó su temporada 2013 con una nueva producción escénica -fruto de la concepción de la Fura dels Baus- de Un ballo in maschera de Giuseppe Verdi, con una puesta renovadora, que generó la usual descalificación por parte de los espectadores más tradicionalistas que se resisten a cualquier cambio, y buen nivel musical general. La concepción escénica de Alex Ollé transplantó la historia a un terreno vagamente contemporáneo y con tintes futuristas en una sociedad orwelliana. La puesta resalta los aspectos políticos de la ópera de Verdi, deja un poco al margen el nudo de la acción que es el triángulo amoroso y denota una lectura general amarga y sin futuro. Dentro de una puesta en líneas generales coherente y de adecuada progresión dramática la presencia permanente de todos los rostros enmascarados -sin duda una idea que nos remite a un hombre masa sin rostro- es buena para el teatro de prosa pero inadecuada para el canto lírico ya que de alguna manera hace cambiar la proyección de las voces. También faltó algo de trabajo en la escena del baile de máscaras donde los personajes estaban vestidos con los mismos trajes que en toda la obra y sumaban un antifaz a sus máscaras. La escenografía de Alfons Flores tiene como componente principal a frías, monumentales y grises estructuras de cemento que dan marco a todas las escenas mediante pequeños cambios o paredes que bajan o suben. La iluminación de Urs Schönebaum es el complemento perfecto de la concepción escénica con inquietantes tonos gélidos, azules y violetas. El vestuario de Lluc Castells es funcional al concepto de la puesta y las imágenes diseñadas por Emmanuel Carlier intrascendentes. La Orquesta Estable bajo la batuta de Ira Levin amalgamó una versión prolija y refinada a la que quizás le faltó buscar mayor coordinación de intensidades entre el foso y la escena. En rol protagónico de Riccardo el albanés Giuseppe Gipali mostró una voz pequeña pero bien trabajada con afinación, adecuada línea y expresividad. Cantó intensificando los aspectos más líricos por sobre los dramáticos o de fuerza. Fabián Veloz fue un claro triunfador con su Renato expresivo y verdiano de principio a fin. A su lado Virginia Tola compuso una muy correcta Amelia, De excelencia el Oscar -en la puesta una secretaria de Riccardo- de Susanna Anderson y con buenos graves y algunos problemas de vibrato en el agudo la Ulrica de Elisabetta Fiorillo. Correcto el resto del elenco y con lo que hay que tener el Coro Estable que dirige Miguel Martinez.

 

Tuesday, July 3, 2012

Un Ballo in Maschera en Turín, Italia


Foto: Ramella & Giannese

Renzo Bellardone

La cuidada dirección escénica de Lorenzo Mariani se conjugó muy bien con la refinadísima escena de Maurizio Balò y los vestuarios de Maurizio Millenotti. Dicha dirección estuvo atenta a los movimientos que narraban sentimientos vividos; las escenografías representaron con sobrio refinamiento una paleta de colores, y los vestuarios, por momentos esenciales y en otros evocativos, se fundieron muy bien en la elegante construcción.  La orquesta de buenos maestros del Teatro Regio fue dirigida por Renato Palumbo en una  búsqueda, por delinear en destellos, el ímpetu de la teatralidad de cada momento y tema. La opera en conjunto fue agradable y entretenida, y fue exaltada por la presencia del irreprochable coro dirigido por Claudio Fenoglio que estuvo siempre preciso y elegante en la extracción de los mejores sonidos. Giancarlo Monsalve interpretó con prestancia a Riccardo, con envolvimiento y una voz calida y apasionada.  El papel de Renato le fue confiado a Marco di Felice, quien con respecto a su interpretación en el Sferisterio de Macerata en el 2011, mostró madurez en el personaje con apreciable rotundidad.  Muy bella estuvo la escena de celos con la cama roja rota por la discusión con Amelia, personaje al que prestó su voz Anna Pirozzi quien por momentos estuvo al limite de su empeñó, pero que estuvo inquietante en la escena en la que se encontró vagando en el horroroso campo en el que se veían cinco cadalsos con cuerdas colgando y hierbas milagrosamente rojas en un ángulo. Elisabetta Fiorillo, consolidada en el personaje de Ulrica, sorprendió en cada momento por los colores profundos y oscuros que atemorizaban y creaban una atmosfera de suspenso y predicciones que fue reforzada por una discontinua luz roja en una oscuridad que fue interrumpida solo por símbolos esotéricos. Barbara Bargnesi fue un irónico Oscar que con cabello cubierto y una urna de extracción, mantuvo una constante verve en un crescendo de agradables medios vocales. Este Ballo estuvo lleno de serpentinas rojas y confeti y fue bruscamente ensombrecido  por el disparo de pistola con el que concluyó el trágico evento. Un papel importante asumió la iluminación diseñada por Andrea Anfossi, ya que delineó armoniosamente  el acontecimiento así como varios pasajes musicales. ¡La Música vence siempre!

‘UN BALLO’ RAFFINATO IN UN CRESCENDO DI ATTESA - TEATRO REGIO DI TORINO


Foto: Ramella & Giannese

Renzo Bellardone

La regia accurata di Lorenzo Mariani ben si coniuga con le scene raffinatissime di Maurizio Balò ed il costumi di Maurizio Millenotti. La regia è attenta ai movimenti che parlano dei sentimenti vissuti, le scene rappresentano  con sobria raffinatezza e l’uso di una minimale tavolozza; i costumi talora essenziali, talvolta evocativi ben si fondono nella elegante costruzione.L’orchestra degli ottimi professori del Teatro Regio è diretta da Renato Palumbo alla ricerca, a sprazzi, dell’impetuosità a sottolineare la teatralità dei momenti topici. L’opera, nell’insieme piacevole e gradevole, è esaltata dalla presenza dell’ineccepibile coro diretto da Claudio Fenoglio sempre preciso ed elegante nell’estrazione delle migliori sonorita. Giancarlo Monsalve con prestanza interpreta ‘Riccardo’, con  coinvolgimento e  voce calda ed appassionata. Il ruolo di Renato è affidato a Marco di Felice, che rispetto alla sua stessa interpretazione nel 2011 allo Sferisterio di Macerata denuncia maturazione nel ruolo con rotondità apprezzabili. Bella la scena di gelosia con il letto rosso spezzato dalla lite con Amelia cui da  voce  Anna Pirozzi talvolta  al limite dell’impegno; inquietante la scena in cui lei si aggira nell’orrido campo visualizzato con cinque  forche con i cappi penzolanti e l’erba miracolosa rossa, in un angolo. Elisabetta Fiorillo, consolidata nel personaggio, ogni volta stupisce per i colori profondi e scuri che intimoriscono e creano una perfetta atmosfera di suspense e predizione qui rinvigorita da luce rossa altalenante nel buio interrotto solo  da simboli esoterici!!!! Barbara Bargnesi è un ironico Oscar che indossato il cappello, urna dell’estrazione, mantiene verve costante in un crescendo di gradevolezze vocali.  Il Ballo è un trionfo  di stelle filanti rosse e coriandoli che saranno bruscamente annebiati dal colpo di pistola che conclude la tragica vicenda.Importante ruolo assumono le luci disegnate da Andrea Anfossi che sottolineano armoniosamente la vicenda ed i vari passaggi musicali. !La Musica Vince sempre!

Thursday, November 10, 2011

Teatro Regio “Un ballo in maschera”

Foto: Teatro Regio di Parma

Parma - Festival Verdi 2011. Un mese di opere, mostre, concerti. Teatro Regio “Un ballo in maschera” Melodramma in tre atti su libretto di Antonio Somma, tratto da Gustave III ou le bal masqué di Eugène Scribe, musica di Giuseppe Verdi. 9 ottobre 2011

Giosetta Guerra

Entusiasmo per la coppia Francesco Meli-Serena Gamberoni

Massimo Gasparon ha ripescato l’allestimento tradizionale di Pierluigi Samaritani del Teatro Regio di Parma rifacendo le parti e i costumi rovinati dal tempo.  Ecco la scenografia: grande scalinata che giunge a una vetrage, con bandiere inglesi e cortigiani distribuiti con cura sì da creare un grande quadro d’epoca per il palazzo del governatore; un loco semioscuro tra le rocce, da cui si affacciano giovani a dorso nudo e donne velate, tagliato da uno sprazzo di luce filtrante da un grosso pertugio, donzelle discinte gesticolanti a terra sopra una stella a sei punte, per l’antro di Ulrica; nebbia, lapidi, croci bianche, alberi neri per il campo solitario; grande tavolo con tappeto rosso, strumenti musicali antichi e libri per l’appartamento di Renato; festosa sala da ballo con coppie imparruccate tutt’intorno ed al centro inquietanti danzatori bianchi con doppia maschera bifronte e seni sulla schiena per gli uomini, sì che bisognava guardare i piedi per capire dove ognuno era rivolto, tra loro anche una violinista e in fondo violini e violoncelli. Il regista ha optato spesso per una posizione concertistica dei cantanti per dar risalto ai personaggi e io che ero in un palco di proscenio ho scrutato ogni espressione, ogni respiro, ogni sguardo dei cantanti, come ho colto la profonda immedesimazione del M° Gianluigi Gelmetti, che nel rispetto della funzione drammatica della musica ha diretto con tempi serrati e coinvolgenti una splendida Orchestra e il magnifico coro del Teatro Regio, icona del melodramma italiano, pieno e trascinante nel vigore cadenzato della musica, morbido nel cesello dei lunghi filati e delle suggestive pennellate vocali a mezza voce, attentamente preparato dal genio di Martino Faggiani. Nella scena finale della morte di Riccardo il palcoscenico si è popolato e l’orchestra è esplosa. Un inno a Giuseppe Verdi. Favolosi Belli i costumi dai colori sparati, di foggia antica, presenti bambini vestiti da paggetti.
Sul versante vocale la coppia Francesco Meli-Serena Gamberoni ha riportato lo strepitoso successo ottenuto nello stesso teatro centocinquanta anni fa dalla coppia Mario Tiberini-Angiolina Ortolani. Primeggia fra tutti Francesco Meli, un Riccardo ispirato fin dalla prima aria “La rivedrà nell’estasi” che ha affrontato con enfasi e piglio eroico, con generosità e tenuta del suono, gestito con la saggezza di cantare sul fiato e quindi piegandolo alla soavità del cantar a fior di labbra e alla veemenza dello squillo pieno senza forzature. Sicuro negli affondi (“Dì, tu sei fedele”), bravissimo nel canto a mezza voce e negli sbalzi (“Sull’agil prova”) e nella sillabazione di “È scherzo o è follia”, quasi una ballata, ha modulato la voce sui palpiti del cuore (“Ma se m’è forza perderti”) con colore bellissimo, fiati lunghissimi, espansioni acute larghe e lucenti, mezze voci struggenti (“Forse la soglia attinse”). Meli, erede dei grandi tenori del passato, è interprete eccelso e realizza appieno la parola scenica con dizione chiara, padronanza dell’arte del canto e slancio eroico (“Sì, rivederti, Amelia”). Grandissimo nella scena della morte, pugnalato alle spalle.  Serena Gamberoni con voce fresca, pulitissima, scintillante, sicura, estesa, luminosissima in tessitura acuta, ha delineato un Oscar malizioso e mobilissimo, la sua voce svettante ha superato tutti in “Di che fulgor”, è stata deliziosa, brillantissima e agilissima nella famosa aria “Saper vorreste”. Il soprano conosce l’arte del canto e ce ne ha dato una dimostrazione tangibile, delineando un Oscar da manuale. Ci sarebbe voluta un’Amelia alla stessa altezza di questa magnifica coppia; il soprano statunitense Kristin Lewis (Amelia con abiti splendidi), pur avendo tanta voce e di bel timbro, ha cantato tutto sul forte e con dizione incomprensibile, l’acuto era grido, tuttavia in corso d’opera l’emissione si è affinata, il soprano ha prodotto belle vibrazioni e bei colori in zona medio grave, buoni assottigliamenti e gravi quasi mezzosopranili, fino a cantare splendidamente con le dovute modulazioni “Morrò ma prima in grazia”. Nobile nel porgere, con accento intenso e scandito e padronanza del canto sfumato e della parola scenica, il bulgaro Vladimir Stoyanov (Renato) ha evidenziato un bel timbro baritonale rotondo ed esteso e linea di canto morbida.  Con forza scenica e maestria interpretativa il mezzosoprano drammatico Elisabetta Fiorillo (una Ulrica dai capelli grigi arruffati e un lungo abito in velluto colorato) ha scolpito un personaggio storico con voce screziata, tagliente, un po’ oscillante, un registro grave poderoso, un declamato imponente, una tecnica di canto solida. Buone le voci di Filippo Polinelli (Silvano) un baritono ben timbrato, di Antonio Barbagallo (Samuel) e di Enrico Rinaldo (Tom), un po’ meno gradevole quella del tenore Cosimo Vassallo (giudice). Grande successo.

Presenti in questa produzione alcuni premiati col Tiberini d’oro: Martino Faggiani e Coro Teatro Regio di Parma Premio Tiberini d’oro 2011, Francesco Meli e Serena Gamberoni Premio d’oro Tiberini/Ortolani come coppia dell’anno 2009.


La prima di Un Ballo in Maschera ebbe luogo il 17 febbraio 1859 al Teatro Apollo di Roma, teatro costruito nel 1795 sulla Torre di Nona, antica prigione, distrutto nel 1925 in seguito alla costruzione dei muraglioni del Tevere e rimpiazzato con una fontana a ricordo del teatro.

Il tenore Mario Tiberini interpretò il ruolo di Riccardo dal 1862 l 1871 a Napoli, Roma, Firenze, Milano, Madrid.

Il 4 gennaio 1864 i coniugi Tiberini furono protagonisti di Un Ballo in Maschera al Teatro Apollo di Roma. Ecco cose scrive Il Pirata due giorni dopo:

“I conjugi Tiberini eseguirono le parti a loro affidate da provetti artisti, che nulla lasciano a desiderare sia dal lato musicale sia da quello drammatico. Mario Tiberini si mostrò un Riccardo giustamente applaudito alla sua Cavatina, alla Barcarola, al Duetto dell’atto II, specialmente ebbe applausi per la Romanza del III, per la toccante dolcezza con cui eseguì il Largo e la forza con cui espresse l’ultima frase “La rivedrò nell’estasi”. Mario Tiberini è uno dei pochi che possono coscienziosamente chiamarsi campione dell’arte, Angiolina fu un’Amelia fantastica, simpatica, insinuante per la voce dolce che esce dal cuore e l’espressione angelica…”.

Il 26 dicembre 1867 al Teatro alla Scala di Milano Tiberini, padrone dell’arte del canto e dello scavo psicologico del personaggio, riuscì a smuovere quella pance piene di risotto, perché ebbe momenti sublimi e soggiogò il pubblico.

Così scrive La Gazzetta Musicale di Milano il 31 dicembre 1867:

“Il Tiberini primeggiò fra tutti: egli creò un personaggio affatto nuovo della parte di Riccardo: fece comprendere e scoprire al pubblico bellezze fino ad ora sconosciute: questo artista nulla trascura: il minimo dettaglio, una parola, un gesto, sono per lui oggetto di uno speciale studio: dal principio alla fine dell’opera Tiberini venne fatto oggetto di continue e clamorose ovazioni. Fra i pezzi nei quali egli ci parve più notevole citeremo: la barcarola del primo atto e il seguente quintetto , il duetto d’amore del secondo atto; nell’ultimo atto la romanza di Riccardo, che non si era quasi mai udita e che ci apparve una deliziosa melodia, di forme accuratissime ed eleganti, ed in fine la scena della morte nella quale il Tiberini fu grande, ispirato, straziante. Questo stupendo finale dell’opera ha suscitato il più vivo entusiasmo, sì che il pubblico chiamò ben quattro volte all’onore del proscenio tutti gli artisti.”

(Da: Giosetta Guerra – Mario Tiberini, tenore).



Storia e curiosità

Monday, August 8, 2011

Con Ballo in Maschera Pizzi reinventa a Pizzi - Sferisterio Opera Festival 2011, Macerata

Foto: Sferisterio Opera Festival 2011, Macerata.

Renzo Bellardone

Sferisterio di Macerata 22 de julio del 2011. UN BALLO IN MASCHERA. Libreto de Antonio Somma Musica de Giuseppe Verdi. Director: Daniele Callegari. Dirección escenica, producción, vestuarios: Pier Luigi Pizzi. Diseño de luces: Sergio Rossi. Maestro del coro Davide Crescenzi Coreografía: Roberto Maria Pizzuto. Riccardo Stefano Secco Renato Marco di Felice Amelia Viktoria Chenska Ulrica Elisabetta Fiorillo Oscar Gladys Rossi Silvano Alessandro Battiato Samuel Antonio Barbagallo Tom Dario Russo Un juez Raoul d’Eramo Un sirviente de Amelia Enrico Cossutta

Pier Luigi Pizzi quien llegó a Macerata por “Destino” y ha sido un buscador de siempre de la “Libertad”, en su sexta dirección artística propuso una realización que si bien dista de la arquitectura a la que nos tiene acostumbrados, mantiene la constante de la refinada elegancia, que sorprendió sin perturbar, con uno de los títulos de repertorio. El título de la temporada “Libertad y Destino” explica y motiva tanto a los títulos en cartelera como a la elección de las producciones, al menos en lo que respecta a la primera obra propuesta que fue “Un Ballo in Maschera” Con nada estereotipado y ninguna auto mención, pero si como un atento buscador, Pizzi utilizó instrumentos de lo cotidiano y los puso a disposición de la historia de siempre sobre un escenario fijo, de una plataforma con elementos modernos que cambiaban de escena a escena. Sobre el célebre muro, se proyectaron textos, en un sepia tenue, en tres pantallas, una central en “primer plano” mientras que en dos pantallas más, en ambos lados del escenario se realizaban idénticas proyecciones, en la que se sobreponían las escenas de la obra con los detalles de la propuesta. Las transmisiones se realizaron por medio de tres cameras de televisión de las cuales dos se ubicaron sobre el escenario y cuyos camarógrafos se convirtieron en integrantes de la escena. 

El predilecto color blanco del ecléctico Pizzi dejo su lugar a colores más vivos como el de los vestuarios del coro femenil que esperaba las predicciones del personaje de Ulrica, quien en un vistoso color fucsia fue interpretada por la aplaudida Elisabetta Fiorillo, quien resultó ser creíble en los tonos más altos y muy oscura y amenazante, así como inquietante en los más profundos.  El conde Riccardo hizo su entrada a la escena y el abandono “en un dos por tres” en un Cadillac rojo. Este papel fue encomendado a Stefano Secco, quien sin efectos especiales supo ser constante y convincente con su cálida emisión, en la profesión del amor y con ostentosa seguridad de sí mismo dentro de su inconsistencia. El coro lirico marchegiano “V. Bellini” dirigido por Davide Crescenzi que oportunamente (en la escena del cementerio) eligió colocar a los bajos y a los barítonos en lados opuestos al tenor, y fue incisivo desde el inicial ‘Su profetessa monta il treppiè’ hasta el final ‘Dunque vedermi vuoi’ interactuando muy bien con la Banda Salvadei dirigida por Roberto Maria Pizzuto. La orquesta Regionale della Marche fue conducida por Daniele Callegari quien realizó una lectura suavizada y de registro tenue que se convirtió en muy lírica cuando el violín introdujo el dueto que antecede al baile, o en los solos para violonchelo y arpa.  Llamada de último minuto por elección artística, Viktoria Chenska superó la exigente prueba con algunas dificultades justificables y comprensibles, aunque de todas maneras convenció, como en la dramática romanza del tercer acto ‘Morrò, ma prima in grazia..’ Fue una valida actriz aun cuando tuvo que atravesar por la niebla de la ciudad con la cara descubierta caminando entre tranques de gasolina abandonados, neumáticos de autos abandonados, entre hombres que buscaban hombres y mujeres en busca de mujeres, tanques oxidados y drogadictos que se inyectaban drogas. Tanto esta como las otras escenas contaron con un sugestivo rayo de luz diseñado por Sergio Rossi.

El barítono Marco di Felice hizo el personaje del amigo/enemigo Renato, difícil papel que fue “afrontado” con una manear viril y con decisión, aunque hubo alguna discontinuidad en el parte del hombre que se imagina traicionado por la mujer y por el amigo. Silvano el marinero fue interpretado por el buen barítono Alessandro Battiato, con una voz firme de grato color y relevante presencia. Antonio Barbagallo –Samuel-, Dario Russo –Tom-, Raoul d’Eramo –un juez- y Enrico Cossutta – sirviente de Amelia-, se mostraron de acuerdo y bien colocados cada uno con su papel. El personaje de Oscar el paje, como en toda la función que se realizó dentro de la osada actualización contemporánea de Pizzi, que incluyó uniformes militares, elementos post modernos, lucidas capas, faros, antorchas y motocicletas; fue logrado por una confiable colaboradora de largo vestido rojo y sobresaliente voz, que fue Gladys Rossi, quien desde la canción del primer acto ‘’Volta la terrea..’ para continuar en ‘Di che fulgor, che musiche..’ así como en todos los momentos posteriores, fue decididamente el papel más convincente por su voz cristalina y bien modulada, con la que supo extraer de su tableta de colores solo los más claros. Después de 36 años de ausencia del Sferisterio, el titulo verdiano retornó en el 150 aniversario de la unidad italiana para honrar a Giuseppe Verdi compositor y hombre del Resurgimiento italiano, quien por su coherente fidelidad al mensaje y porque no le huyó al destino, buscó siempre la libertad. ¡Al final, la música vence siempre!

Tuesday, July 26, 2011

Con "Ballo in Maschera", Pizzi reinventa Pizzi - Sferisterio Opera Festival, Macerata 2011

Foto: Sferisterio Opera Festival, Macerata 2011

Renzo Bellardone

SFERISTERIO OPERA FESTIVAL 2011. Sferisterio di Macerata 22 luglio 2011 ore 21,oo. UN BALLO IN MASCHERA. Libretto di Antonio Somma. Musica di Giuseppe Verdi. Direttore Daniele CallegariRegia, scene, costumi Pier Luigi Pizzi. Disegno luci Sergio Rossi. Maestro del coro Davide Crescenzi. Movimenti coreografici Roberto Maria Pizzuto. Riccardo Stefano Secco, Renato Marco di Felice, Amelia Viktoria Chenska, Ulrica Elisabetta Fiorillo, Oscar Gladys Rossi,, Silvano Alessandro Battiato, Samuel Antonio Barbagallo, Tom Dario Russo, Un giudice Raoul d’Eramo, Un servo di Amelia Enrico Cossutta

CON ‘BALLO IN MASCHERA’, PIZZI REIVENTA PIZZI

Pier Luigi Pizzi approdato a Macerata per ‘Destino’ e da sempre ricercatore della ‘Libertà’, alla sua sesta direzione artistica si ripropone con una realizzazione che si discosta dalle architetture cui ha abituato, ma mantenendo la costante dell’eleganza raffinata, stupisce senza sconvolgere, con un titolo di repertorio.. Il titolo della stagione ‘Libertà e Destino’ spiega e motiva sia i titoli in cartellone che le scelte dell’allestimento, almeno per quanto riguarda la prima proposta ‘Ballo in Maschera’ Nulla di stereotipato e nessuna autocitazione, ma da attento ricercatore, Pizzi mette gli strumenti del nostro quotidiano a disposizione delle storie di sempre; sul palco fisso, un pedana con arredi moderni che variano di scena in scena; sul celebre muro viene proiettato il testo, oltre che, in tenue seppia, la scena del palco: tre proiezioni di cui quella centrale propone i ‘primi piani’, mentre lateralmente altre due identiche proiezioni in cui si sovrappongono le scene d’insieme sovrastate dal dettaglio riproposto. Le riprese sono eseguite da tre telecamere di cui due sul palco che, con gli operatori, diventano parte integrante della scena. Il prediletto colore bianco dell’eclettico Pizzi lascia il posto a vivaci colori come per i costumi del coro femminile in attesa delle predizioni di Ulrica, in fucsia sgargiante, interpretata dall’applaudita Elisabetta Fiorillo che risulta credibile nei toni alti e molto scura e minacciosamente inquietante in quelli profondi. Il Conte Riccardo arriva sulla scena e l’abbandonerà ‘se ne va alle tre..’ in piedi su una cadillac rossa; il ruolo è affidato a Stefano Secco, che senza effetti speciali sa essere costante e convincente con calda emissione nelle professioni d’amore od ostentata baldanza nelle intemperanze . Il coro lirico marchigiano ‘ V.Bellini’ diretto da Davide Crescenzi che opportunamente (nella scena del cimitero) sceglie di posizionare i bassi e baritoni opposti ai tenori è incisivo dall’iniziale ‘Su profetessa monta il treppiè’ al finale ‘Dunque vedermi vuoi’ e ben interagisce con la Banda Salvadei difretta da Roberto Maria Pizzuto. L’orchestra Regionale della Marche è condotta da Daniele Callegari che esegue una lettura ovattata e di registro tenue, ma che diventa molto lirica quando il violino introduce il duetto che precede il ballo, o negli assolo di violoncello e d’arpa. Chiamata all’ultima ora per scelta artistica, Viktoria Chenska supera l’impegnativa prova con qualche difficoltà giustificabile e comprensibile; riesce comunque a convincere come nella romanza drammatica nel terzo atto ‘Morrò, ma prima in grazia..’. Valida attrice anche quando avvolta dalle nebbie della città si aggira con il volto coperto tra pompe di benzina in disuso, copertoni d’auto abbandonati, tra uomini che cercano uomini e donne che cercano donne, taniche arrugginite e drogati che convulsi si iniettano droga. Sia in questa che nelle altre scene hanno suggestivo taglio le luci disegnate da Sergio Rossi.
Il baritono Marco di Felice è l’amico/nemico Renato; ruolo impervio che viene ‘affrontato’ con piglio virile e decisione; seppur con qualche discontinuità sta nella parte dell’uomo che si immagina tradito dalla moglie e dall’amico. Silvano il marinaio, è il bravo baritono Alessandro Battiato :voce ferma e di un bel colore è presenza rilevante. Antonio Barbagallo –Samuel-, Dario Russo –Tom-, Raoul d’Eramo –un giudice- ed Enrico Cossutta – un servo di Amelia-, risultano contestuali e bene allocati nel ruolo.Il personaggio di Oscar il paggio, come tutta la vicenda nell’ardita contemporaneizzazione di Pizzi che prevede divise militari, arredi post moderni, mantelli lucidi, fari, torce e motociclette è rivisitato con la creazione di una fidata collaboratrice in avvolgente abito costantemente rosso  cui presta la voce una superba Gladys Rossi ; fin dalla canzone del primo atto ‘’Volta la terrea..’ per proseguire nella cabaletta ‘Di che fulgor, che musiche..’ ed in tutti i momenti successivi è decisamente nel ruolo e convincente con voce limpida e ben modulata che sa attingere dalla tavolozza dei colori solo quelli più limpidi…Dopo 36 anni di assenza dallo Sferisterio, il titolo verdiano è ritornato nell’anno celebrativo dei 150 anni dell’Unità d’Italia, per onorare Giuseppe Verdi compositore e uomo risorgimentale oltre che per coerente fedeltà al messaggio che al destino non si sfugge, ma la libertà va sempre ricercata. La Musica vince sempre.











Sunday, April 24, 2011

Requiem de Verdi en el Teatro Municipal de Lima, Peru.

Gonzalo Tello

"Réquiem" de Giuseppe Verdi en el Teatro Municipal de Lima. Abril 2011. Festival internacional de Ópera "Alejandro Granda" Intérpretes:   Radostina Nikolaeva, soprano, Elisabetta Fiorillo, Mezzosoprano, Gregory Kunde, tenor,Orlin Anastassov, bajo. Coro Nacional del Perú. Director: Javier Súnico Orquesta de la Universidad de Lima. Director de orquesta: Matteo Pagliari
Por un año mas el Festival de Ópera Alejandro Granda nos vuelve a entregar satisfacciones con una temporada de alto nivel internacional. Esta vez la satisfacción llega pro partida doble pues su nueva sede, el Teatro Municipal de Lima el cual reabre coincidiendo con esta temporada hacen de esta experiencia una mágica.  Coincidiendo con la semana santa se presentó la Misa de Réquiem de Giuseppe Verdi, reconocida obra del periodo tardio del compositor. Escrita y estrenada hacia 1874, esta obra tuvo sus primeros intentos en una misa por la muerte de Gioacchino Rossini que no se pudo concretar ni estrenar como lo planificado. El director italiano Matteo Pagliari, conocido por todos por haber pasado varios meses frente a la Orquesta sinfónica Nacional, plasmó un sello especial a la interpretación de esta obra, la cual conducía por primera vez. Pagliari había confesado tener predilección por la interpretación de Arturo Toscanini, y efectivamente podemos percibirla con una dirección algo apresurada y con mucho matiz dramático, al mejor estilo operático de “Aida” u “Otello”. La uniformidad que logra con la orquesta y el coro en los pasajes tan complicados del “Dies Irae” y “Sanctus” son de gran efecto y excelencia. Los fortes retumban en el teatro, las trompetas en el “Tuba Mirum” (Hay trompetas en escena y en dos balcones del teatro) resuenan perfectamente. Pagliari ademas apoya a los cantantes y miembros del coro permanentemente, gracias a su experiencia como director coral. Esta obra careció por momentos de las sutilezas que en ciertos fragmentos requiere. Esta es una versión que busca deslumbrar al público y lo hace de una admirable manera. La mezzo Elisabetta Fiorillo es reconocida por su gran facilidad entonando las notas bajas de su registro. Fiorillo da cátedra de una técnica pulida sobre todo durante el “Liber scriptus”, “Lacrymosa”, y “Lux Aeterna”. Graves poderosos y gran efecto dramático la de esta intérprete, voces como estas se escuchan muy contadas y especiales veces en Lima.
La joven soprano búlgara Radostina Nikolaeva mostro gran lirismo y mucha magia en su interpretación bastante personal de la obra. Esta soprano posee potencia, lirismo, belleza vocal y bellos pianissimos. Su momento más importante llega cuando debe cerrar la misa con el “Libera me”, la cual fue el primer fragmento compuesto por Verdi para la misa de Rossini, y que finalmente aterrizó en este Réquiem. Un lujo tener en Lima a Gregory Kunde, tenor lirico ligero que durante décadas ha sorprendido con una voz poderosa, y con gran facilidad para la coloratura y sobreagudos que lo han hecho uno de los tenores rossinianos más importantes de la historia. Bella voz, gran poder de emisión, un color agradablemente opaco propio de un “baritenor” nos ofreció un “Ingemisco” de manera magistral y destacando además en el “Quid sum miser” y el “Domine Jesu – Hostias”. Orlin Anastassov tiene una voz poderosa, recia y tanto el como Kunde fueron dos presencias imponentes en escena. Anastassov dio el carácter profundo y dramático a la misa. Mención especial cabe para el Coro Nacional reforzado por varias voces más, entre maestros de diferentes canteras y miembros de otros coros, los cuales a través de mas de 90 voces interpretaron magistralmente las difíciles pasajes de la misa, tanto con balances extremos, desde los casi imperceptibles pianissimos del “Requiem aeternam” hasta los fortes del “Dies Irae”. La orquesta Universidad de lima es reconocida por contar con los mejores músicos del país, lo cual se pudo comprobar con un sonido parejo, afinado, y a la altura del elenco de primer nivel con el que alternaba. Gran noche histórica para nuestro primer teatro con una obra que sobrepasó las expectativas generales. Buena decisión la de incluir la Misa de Réquiem dentro de la temporada del Festival y considerar necesario que Lima necesitaba escucharla con este nivel de excelencia. Seria muy interesante poder presentar otras obras sinfónico-corales de este tipo y con cantantes de primera. Asi como, quien sabe, retomar dentro de las temporadas de ópera las versiones en concierto de obras menos populares. Esta es una práctica que la realizan los mejores teatros y permite a un publico disfrutar de una obra que difícilmente puede ver montada en escena.

Sunday, March 6, 2011

Una Gioconda de fantasía en el Teatro Massimo de Palermo

Fotos cortesía Teatro Massimo di Palermo
Alicia Perris
El Teatro Massimo de Palermo, en Sicilia, fue inaugurado con el “Falstaff” de Verdi, en 1897. La belleza y el equilibro de este monumental teatro, que se yergue como una ofrenda a la arquitectura elegante de la isla, son inenarrables. Hay que verlo. El proyecto para construirlo había sido iniciado en 1875, bajo las órdenes de los Basile, padre e hijo. Desde el primer momento, esta sala conocida y respetada en el mundo entero, proyectó las programaciones de ópera más actual y el repertorio clásico y tradicional, dando a conocer los cantantes, los directores y los instrumentistas que han jalonado la historia de la interpretación en el siglo XX. Pero para muchos cinéfilos, esta sala maravillosa quedará por siempre unida a la “Caballería Rusticana” que se desarrollaba mientras caían asesinados uno tras otro los famosos personajes del Padrino III de Coppola. Entre ellos su hija, que veía cómo se le escapaba la vida en la escalinata del Massimo, una noche que ha quedado grabada en la retina de sus espectadores, fascinados para siempre por la historia de Mario Puzo, llevada al cine magistralmente por el director ítaloamericano.
La noche del estreno

La Gioconda. Musica di Amilcare Ponchielli. Libretto di Tobia Gorrio (Arrigo Boito). Director: Srboljub Dinic, escenografía: Jean-Luis Grinda, coreografía: Marc Ribaud. La Gioconda: Daniela Dessì, Laura Adorno: Marianne Cornetti, Alvise Badoero: Alexander Vinogradov, la ciega: Elisabetta Fiorillo, Enzo Grimaldo: Aquiles Machado, Barnaba: Alberto Mastromarino, Zuane: Angelo Nardinocchi y elenco. Orquesta, coro, cuerpo de baile y coro de voces blancas del Teatro Massimo. Maestro del Coro: Andrea Faidutti, voces blancas: Salvatore Punturo. En coproducción con el Théâtre Royal de Wallonie, Lieja, la Ópera de Niza y l´Esplanade –Ópera de Saint-Étienne. 24 de febrero de 2011.

La Gioconda, producida por primera vez en el Teatro Politeama Garibaldi de Palermo, el 25 de abril de 1884, ofreció la noche de su estreno, un espectáculo sensible y atrayente, incluso si hubo quien pensó y dijo, que el cuerpo de baile y sus bailarines podrían haber estado mejor o algún cantante o la escenografía o la dirección de orquesta… Ya se sabe. De hecho, es verdad que a alguno de los bailarines le faltó algo de ajuste, con una actuación por momentos falta de la suficiente flexibilidad y “souplesse”, pero la escenografía contextualizó con una riqueza expresiva todo el desarrollo de La danza de las horas. El coro y las voces blancas estuvieron fantásticos, bien también la orquesta, bajo la batuta del maestro Dinic, director principal y musical de la Ópera de Berna. Consiguió un fraseo expresivo y una grandiosidad acorde con el deseo de sus creadores. Jean-Pierre Capeyron hizo maravillas con un vestuario imaginativo y fulgurante, que prestó junto con los escenarios evocadores de Venecia, magia a la acción y al lucimiento de las voces. Daniela Dessì- como expresó un melómano atento la noche del estreno- llega con dificultad a los agudos y tampoco alcanza con soltura el registro más grave, aunque, eso sí, recibió sonados aplausos de un público, que situado en las butacas más alejadas del “loggione”, no dejaba de festejarla. Comentaron los críticos improvisados de la noche que su marido, presente en la sala, le había enviado un ramo enorme de rosas, detalle que corrió como la pólvora entre las poco discretas filas de las “poltronas” de la planta baja. Pero fuera de la galería, no convenció.

Sin embargo, a pesar de esta casi “claque” tan efusiva, se desenvolvió con más soltura en su papel y en el compromiso vocal, Marianne Cornetti, que hizo una Laura dulce y equilibrada, muy elegante y tierna. Aquiles Machado, a quien el Massimo agradeció su participación improvisada esa noche por ausencia del tenor que debía haber cantado el papel de Enzo Grimaldo, lo acompañó el buen hacer y una musicalidad que fue muy aplaudida, teniendo en cuenta la dificultad de su partitura. Alberto Mastromarino realizó una composición insinuante y sugerente de Barnaba, mientras que Elisabetta Fiorillo como “la ciega” y Alexander Vinogradov en Alvise cumplieron con creces con una performance solvente y generosa. El conjunto dio como resultado una velada de lujo, a la antigua, con un montaje de ensueño, fastuoso, muy propio del universo de Ponchielli y su época y cercanos al gusto de un público- el del Teatro Massimo- acostumbrado a la ópera y al espectáculo de enjundia. Entre las filas de las butacas de patio, unos sillones donde se puede disfrutar verdaderamente del espectáculo sin interferencias físicas ajenas, había en los entreactos, un evidente movimiento: comentarios, cuchicheos, miradas de complicidad, onomatopeyas, suspiros, paseos, modelos caros. Y toda una constelación de emociones y sentimientos muy acordes con la efusividad y la magnificencia de La Gioconda que consoló a los presentes, vestidos de gala, con pieles, de etiqueta, del frío exterior que por unos días, había roto la connivencia que el sol y la buena temperatura suelen regalar a menudo en Sicilia.