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Thursday, March 17, 2011

Fabio Armiliato debuta en el personaje de Otello en la Opéra Royal de Wallonie de Lieja, Bélgica

Foto: Fabio Armiliato y Daniela Dessi en Francesca da Rimini. copyright
Alicia Perris
Fabio Armiliato está considerado como uno de los mejores intérpretes del repertorio italiano, y especialmente del verdiano, tal y como atestiguan varias de sus muchas grabaciones discográficas; la última de ellas, editada por el sello alemán SoloVoce, ha sido La Traviata, interpretada junto a Daniela Dessì, su pareja en la vida real. Tras el esperado debut como Otello, Fabio Armiliato se enfrentará a un 2011 lleno de importantes compromisos: será Calaf en la Turandot de Copenhague, regresa como Radames para la Aida de la Arena de Verona, vuelve a Barcelona como Don José de Carmen y su Pinkerton marcará su regreso a la Staatsoper de Viena en Madama Butterfly. A un año de su debut como Rodolfo (Luisa Miller) en la Ópera de Zúrich, Fabio Armiliato se enfrenta a un nuevo y esperado papel verdiano en las vísperas del bicentenario del compositor: Otello. El tenor italiano dará vida por primera vez al moro de Venecia en Lieja Bélgica en una nueva producción de la Opéra Royal de Wallonie, ocasión que representa también el debut del cantante en ese escenario. “He estado durante años preparándome para asumir este papel fascinante y complejo, al que considero como un hito en la trayectoria de cualquier tenor”, afirma el cantante. La dirección de escena de esta nueva producción es del propio director artístico del citado coliseo belga, Stefano Mazzonis de Pralafera, mientras que la orquesta estará dirigida por Paolo Arrivabeni, como Armiliato, experto en Verdi. La soprano italiana Daniela Dessì, que acaba de conseguir un nuevo triunfo en su carrera al incorporar el papel titular de La Gioconda en Palermo, acompañará al tenor genovés como Desdemona en un reparto en el que también destacan Giovanni Meoni (Iago) y Cristiano Cremonini (Cassio). El estreno será el 19 de abril, con funciones el 22 y 28 del mismo mes y 1 y 3 de mayo; el 7 de mayo la producción viajará a Heerlen (Parkstad Limburg Theaters) y el 11 a Charleroi (Palais des Beaux-Arts).

Sunday, March 6, 2011

Una Gioconda de fantasía en el Teatro Massimo de Palermo

Fotos cortesía Teatro Massimo di Palermo
Alicia Perris
El Teatro Massimo de Palermo, en Sicilia, fue inaugurado con el “Falstaff” de Verdi, en 1897. La belleza y el equilibro de este monumental teatro, que se yergue como una ofrenda a la arquitectura elegante de la isla, son inenarrables. Hay que verlo. El proyecto para construirlo había sido iniciado en 1875, bajo las órdenes de los Basile, padre e hijo. Desde el primer momento, esta sala conocida y respetada en el mundo entero, proyectó las programaciones de ópera más actual y el repertorio clásico y tradicional, dando a conocer los cantantes, los directores y los instrumentistas que han jalonado la historia de la interpretación en el siglo XX. Pero para muchos cinéfilos, esta sala maravillosa quedará por siempre unida a la “Caballería Rusticana” que se desarrollaba mientras caían asesinados uno tras otro los famosos personajes del Padrino III de Coppola. Entre ellos su hija, que veía cómo se le escapaba la vida en la escalinata del Massimo, una noche que ha quedado grabada en la retina de sus espectadores, fascinados para siempre por la historia de Mario Puzo, llevada al cine magistralmente por el director ítaloamericano.
La noche del estreno

La Gioconda. Musica di Amilcare Ponchielli. Libretto di Tobia Gorrio (Arrigo Boito). Director: Srboljub Dinic, escenografía: Jean-Luis Grinda, coreografía: Marc Ribaud. La Gioconda: Daniela Dessì, Laura Adorno: Marianne Cornetti, Alvise Badoero: Alexander Vinogradov, la ciega: Elisabetta Fiorillo, Enzo Grimaldo: Aquiles Machado, Barnaba: Alberto Mastromarino, Zuane: Angelo Nardinocchi y elenco. Orquesta, coro, cuerpo de baile y coro de voces blancas del Teatro Massimo. Maestro del Coro: Andrea Faidutti, voces blancas: Salvatore Punturo. En coproducción con el Théâtre Royal de Wallonie, Lieja, la Ópera de Niza y l´Esplanade –Ópera de Saint-Étienne. 24 de febrero de 2011.

La Gioconda, producida por primera vez en el Teatro Politeama Garibaldi de Palermo, el 25 de abril de 1884, ofreció la noche de su estreno, un espectáculo sensible y atrayente, incluso si hubo quien pensó y dijo, que el cuerpo de baile y sus bailarines podrían haber estado mejor o algún cantante o la escenografía o la dirección de orquesta… Ya se sabe. De hecho, es verdad que a alguno de los bailarines le faltó algo de ajuste, con una actuación por momentos falta de la suficiente flexibilidad y “souplesse”, pero la escenografía contextualizó con una riqueza expresiva todo el desarrollo de La danza de las horas. El coro y las voces blancas estuvieron fantásticos, bien también la orquesta, bajo la batuta del maestro Dinic, director principal y musical de la Ópera de Berna. Consiguió un fraseo expresivo y una grandiosidad acorde con el deseo de sus creadores. Jean-Pierre Capeyron hizo maravillas con un vestuario imaginativo y fulgurante, que prestó junto con los escenarios evocadores de Venecia, magia a la acción y al lucimiento de las voces. Daniela Dessì- como expresó un melómano atento la noche del estreno- llega con dificultad a los agudos y tampoco alcanza con soltura el registro más grave, aunque, eso sí, recibió sonados aplausos de un público, que situado en las butacas más alejadas del “loggione”, no dejaba de festejarla. Comentaron los críticos improvisados de la noche que su marido, presente en la sala, le había enviado un ramo enorme de rosas, detalle que corrió como la pólvora entre las poco discretas filas de las “poltronas” de la planta baja. Pero fuera de la galería, no convenció.

Sin embargo, a pesar de esta casi “claque” tan efusiva, se desenvolvió con más soltura en su papel y en el compromiso vocal, Marianne Cornetti, que hizo una Laura dulce y equilibrada, muy elegante y tierna. Aquiles Machado, a quien el Massimo agradeció su participación improvisada esa noche por ausencia del tenor que debía haber cantado el papel de Enzo Grimaldo, lo acompañó el buen hacer y una musicalidad que fue muy aplaudida, teniendo en cuenta la dificultad de su partitura. Alberto Mastromarino realizó una composición insinuante y sugerente de Barnaba, mientras que Elisabetta Fiorillo como “la ciega” y Alexander Vinogradov en Alvise cumplieron con creces con una performance solvente y generosa. El conjunto dio como resultado una velada de lujo, a la antigua, con un montaje de ensueño, fastuoso, muy propio del universo de Ponchielli y su época y cercanos al gusto de un público- el del Teatro Massimo- acostumbrado a la ópera y al espectáculo de enjundia. Entre las filas de las butacas de patio, unos sillones donde se puede disfrutar verdaderamente del espectáculo sin interferencias físicas ajenas, había en los entreactos, un evidente movimiento: comentarios, cuchicheos, miradas de complicidad, onomatopeyas, suspiros, paseos, modelos caros. Y toda una constelación de emociones y sentimientos muy acordes con la efusividad y la magnificencia de La Gioconda que consoló a los presentes, vestidos de gala, con pieles, de etiqueta, del frío exterior que por unos días, había roto la connivencia que el sol y la buena temperatura suelen regalar a menudo en Sicilia.

Wednesday, November 3, 2010

I Vespri Siciliani - Festival Verdi 2010, Teatro Regio di Parma

Foto Roberto Ricci Teatro Regio di Parma
domenica 24 ottobre 2010 – ultima recita
Giosetta Guerra

Il super cast scritturato dal Teatro Regio di Parma per I Vespri Siciliani di Giuseppe Verdi ha attirato gente da tutto il mondo. Il teatro, completamente esaurito, domenica pomeriggio era affollato di Orientali, Tedeschi, Inglesi, oltre che di Italiani. Purtroppo le nostre aspettative sono state inizialmente deluse dalla sostituzione del tenore, Fabio Armiliato stava male e lo ha sostituito Kim Myung Ho nel ruolo protagonista di Arrigo, ma la presenza di altri tre maghi dell’opera, come Daniela Dessì, Giacomo Prestia e Leo Nucci ha calmato la nostra agitazione e inoltre il tenore orientale se l’è cavata dignitosamente. Certo ci è mancata la bella figura di Fabio, le sue espansioni brucianti e la sua passionalità nelle scene d’amore che con Daniela sono così veritiere, tuttavia sentir Giacomo Prestia cantare l’aria di Procida del secondo atto “O tu Palermo” a 20 centimetri dalla mia faccia e guardarlo direttamente negli occhi è stato molto coinvolgente. Sì, perché Pier Luigi Pizzi ha dilatato l’azione tra gli spettatori: tutti i personaggi si muovevano e cantavano non solo in palcoscenico ma anche tra il pubblico, entravano ed uscivano anche dalle porte di sicurezza e i coristi cantavano spesso schierati in fondo o ai lati della platea, o da un palco o fuori campo, creando una speciale osmosi tra audience ed artisti. Per l’aspetto visivo Pizzi si è adeguato alle ristrettezze economiche del momento, optando per una scenografia minimalista fatta di simboli che, anche se non descrivevano le specifiche e ricche ambientazioni, davano lo spunto per immaginare ambienti approssimativi.
Atto primo: accoglienza a sipario aperto, palcoscenico in pendenza, non c’è la piazza di Palermo con i suoi edifici e la caserma, ma ci sono solo tre barche (Palermo è città di mare) contro un fondale bianco (perché non azzurro?); atto terzo: un divano celeste visto di spalle, un grande specchio piegato in avanti a rifletter la scena stile Svoboda (mitica Traviata a Macerata) per la scena del ballo; atto quarto: un’alta inferriata per il carcere con i frati incappucciati bianchi e neri ritti tra le sbarre; atto quinto: altare classico bianco per il matrimonio e pioggia finale di volantini tricolori sulla platea del Regio (Viva l’Italia!). I militari francesi indossavano divise blu e sventolavano la loro bandiera, i siciliani avevano divise nere, la duchessa Elena era rigorosamente in nero e velata tranne alla cerimonia nuziale per la quale indossava un abito bianco, tutti della stessa foggia. Di bianco vestite le danzatrici della Tarantella, di nero i danzatori, tra cui spiccava il rosso di Ninetta (in bianco per le altre scene). Scena di stupro generale per il rapimento delle ballerine siciliane da parte dei soldati francesi (atto II). Il ballo mascherato di dame e gentiluomini di entrambe le nazionalità (atto terzo, ballo delle quattro stagioni, che in realtà non sono state definite) si rifletteva nel grande specchio, si aggiravano anche degli incappucciati con mantelli cangianti di vari colori di tonalità scure. Le luci disegnate da Vincenzo Raponi davano le giuste atmosfere alle scene e agli ambienti. Le coreografie portavano le firma di Roberto Maria Pizzuto. Tornando al versante vocale ribadisco la straordinaria da performance del basso Giacomo Prestia, che ha una cassa armonica unica, nel ruolo del patriota Procida (abito nero, capelli e barba bianchi): la voce è splendida e la figura non è da meno; al timbro conturbante si uniscono ampiezza, estensione, peso, ricchezza di armonici, naturalezza d’emissione dai gravi poderosi agli acuti pieni attraverso ampie arcate, un modo di porgere una voce cavernosa con grande morbidezza ed espressività. Magnifico. Grande prova anche quella del baritono Leo Nucci (Guido di Manforte, padre segreto di Arrigo) per l’autorevolezza della figura e per un mezzo vocale ancor nel pieno dell’efficienza e dell’efficacia, sostenuto da una consolidata tecnica vocale e da una indiscussa maestria nel porgere: la voce è estesa, ferma e intatta in ogni registro (anzi direi che non l’ho mai sentita così perfetta nei passaggi di registro e nell’intonazione), i suoni sono pieni e rotondi, i fiati lunghi e sostenuti, il peso e il volume consistenti, l’interpretazione intensa. Insomma Nucci migliora col tempo e anche fisicamente.

Ci saremmo aspettati più passione e maggior impeto da Daniela Dessì per il ruolo di Elena che richiede una vocalità tirata all’estremo. Il soprano, invece, ha sfruttato la melodiosità della sua voce per un canto a fior di labbro, una linea sospirosa con bei filati anche rinforzati, una delicatezza d’accento con impennate acute e slanci brucianti che emergono nei concertati e ha fatto emergere la voce in tutto il suo splendore nel travolgente finale. Kim Myung Ho (Arrigo figlio ribelle di Manforte e innamorato di Elena) sapeva la parte (e non è poco per un ruolo estremo di un’opera poco rappresentata), ha esternato una voce che arriva facilmente ovunque, anche se il timbro piuttosto chiaro non è drammatico, ha cantato bene e con espressività, anche se la figura non è fascinosa. Nelle parti di contorno hanno cantato Roberto Jachini Virgili (Tebaldo) un tenore incisivo di voce chiara, il basso chiaro ed esteso Alessandro Battiato (Roberto), il basso scuro Andrea Mastroni (Conte di Vaudemont), il tenore Raoul d’Eramo (Danieli), il basso Dario Russo (Sire di Bethune), il contralto Adriana Di Paola (Ninetta), il tenore Camillo Facchino (Manfredo). Le pagine corali sono risultate molto coinvolgenti, grazie anche alla nota bravura del Coro del Regio preparato da Martino Faggiani. L’Orchestra del Regio, diretta da Massimo Zanetti, ha esibito sonorità alte e dense nella nota Sinfonia d’apertura, ricca di poderosi crescendo e sensibili diminuendo, le grandi arcate della sezione archi, il frizzo dei violini, la potenza degli ottoni e delle percussioni, il guizzo dell’ottavino hanno contribuito ad annunciare il clima teso e ricco di contrasti di questo grand-opèra verdiano. Con maggior leggerezza è stata realizzata l’introduzione al II atto, una patina d’inquietudine ha pervaso il Preludio del IV e l’attenzione nell’eseguire il dettato verdiano ha reso tangibile l’immensa coralità dell’opera. Il pubblico ha risposto con calorosi applausi.

Thursday, August 5, 2010

Temporada 2010-2011 de la Opera de San Francisco

Fotos: Placido Domingo (Cyrano de Bergerac -Marie-Noëlle Robert/Théâtre du Châtelet), Nicola Luisotti ( Terrence McCarthy).

Ramón Jacques

http://sfopera.com/

El tenor Placido Domingo volverá a pisar, después de diez años, el escenario de la Opera de San Francisco y lo hará en el estreno local de la opera Cyrano de Bergerac de Franco Alfano, al lado de la soprano española Ainhoa Arteta y del tenor brasileño Thiago Arancam bajo la conducción de Patrick Fournillier. Diversos títulos con interesantes producciones y algunas estrellas conforman la temporada 2010/2011 del segundo teatro más importante de Norteamérica. A su vez, el director italiano Nicola Luisotti se afianza en su puesto como director musical del teatro, y en su segunda temporada en el cargo, dirigirá operas como: Aida con un elenco conformado por la soprano Micaela Carosi, en su debut local, Dolora Zajick, Marcello Giordani y Marco Vratogna; Las Bodas de Fígaro con Luca Pisaroni y Danielle de Niesse y la ascendente soprano americana Ellie Dehn como la Condesa; además de Madama Butterfly con Daniela Dessi y Svetla Vassileva alternándose el papel principal y Stefano Secco como Pinkerton, y la dirección escénica del argentino José María Condemi.

Algunas funciones de estas tres producciones serán dirigidas por Giuseppe Finzi, segundo director de la orquesta del teatro y Julian Kovatchev que asumirá el podio de algunas funciones de Madama Butterfly. La puesta escénica de Werther de Massenet contará con Ramón Vargas y Alice Coote, y la dirección escénica del regista mexicano Francisco Negrin y la conducción de Emmanuel Villaume. El Caso Makropulos de Janáček tendrá a Karita Mattila y a Miro Dvorsky, en los papeles estelares, bajo la batuta de Jiři Bělohlávek y la guía artística de Olivier Tambosi. Para redondear la oferta, el tenor alemán Jonas Kaufmann dará un recital de arias de Verdi, Puccini, Massenet y Berlioz, y se escenificaran tres ciclos completos del Anillo de los Nibelungos de Wagner con la moderna realización escénica de Francesca Zambello y el regreso al foso del maestro galés Donald Runnicles, quien durante mas de diez años fungiera como director musical de la compañía, y una larga lista de nombres que incluirá a: las sopranos Nina Stemme y Anja Kampe, la contralto Larissa Diadkova, al bajo Mark Delavan y a los tenores Ian Storey, Brandon Jovanovich y Stefan Margita.

Tuesday, October 6, 2009

Aida - Arena di Verona

Foto: Daniela Dessi (soprano-Aída)
Crédito: Ennevi – Arena di Verona



Giosetta Guerra

Le previsioni del tempo erano discrete e così abbiamo assistito tranquillamente ai primi due atti, ammirando l’ancor bella e funzionale scenografia che Ettore Fagiuoli aveva ideato per la mitica inaugurazione dell'agosto 1913, qui ripresa dall’ottantacinquenne regista veronese Gianfranco De Bosio, e godendoci la coppia d’oro del momento, Dessì-Armiliato, per l’impronta emotiva che hanno conferito al canto e per la perfetta gestione di un mezzo vocale lirico e drammatico nella Dessì, eroico ed appassionato in Armiliato. Purtroppo non abbiamo potuto inebriarci del loro struggente duetto finale, perché prima della fine del secondo atto la pioggia ci ha cacciato dalle nostre postazioni. Alla prima goccia sentita sul mio braccio gli orchestrali erano già spariti, nell’arco di pochi minuti il palcoscenico si è svuotato e la folla si è ammassata nei corridoi angusti e scomodi dell’Arena (potrebbero metterci delle sedie o delle panchine, visto che l’attesa supera sempre la classica manciata di minuti). Speravamo in un rientro, ma la pioggia è presto diventata un uragano e gli spettatori, dopo l’annuncio della direzione, ha finito la serata bevendo e cantando sotto i gazebo dei bar intorno a Piazza Bra. Comunque, tornando allo spettacolo, quel che abbiamo visto è stato di nostro gradimento. Le scene erano costituite di elementi di base classici (obelisco e sfinge in entrambi i lati, un portale sul fondo, le famose otto colonne istoriate e colorate disposte con geometrie diverse nei vari quadri, gradinate nude con figuranti) con l’aggiunta di dettagli di completamento, come le palme, la scalinata, un trono davanti a una stele con icona egizia affiancata da due animali dorati, ecc. Un’ambientazione egizia, dunque, completata dai bellissimi costumi in stile (con predominanza del bianco per il coro, per Aida e per Amneris e vivacizzati dal rosso per Radames), ma non faraonica, molto bella e di grande eleganza. Ha conferito monumentalità dello spettacolo, come abitualmente avviene in Arena, anche il grande spiegamento delle masse sia in movimento che in una staticità ieratica, distribuite da De Bosio con consapevole abilità e precisione in uno spazio già monumentale in natura. Si componevano quadri di grande respiro quando le masse corali schierate facevano da sfondo ai magnifici balletti, dominati dalla brava ed anche bella danzatrice Mirna Kamara (corpo scultoreo seminudo, movenze plastiche), e di grande spettacolarità negli ingressi a fiume, ma ben controllati, di cortei d’ogni specie sulle note della marcia trionfale. L’uso artistico delle luci ha contribuito a create immagini di suggestiva bellezza, suggestione che è iniziata, come sempre in Arena, con le mille e mille lucine accese dagli spettatori sugli spalti. Daniel Oren, concertatore e direttore dell’orchestra dell’Arena, ha optato per una lettura intimista, cesellando i suoni e facendo uscire tutta la struggente bellezza di questa musica che Verdi ha indirizzato al cuore, solo a tratti ha accentuato sonorità e densità in orchestra, come nei balletti, per il resto Oren ha tenuto la mano leggera ed ha assecondato le voci con sensibile attenzione. Le coreografie di Susanna Egri avevano una limitata varietà di passi, ma componevano stupende figure d’insieme, come quella formata da ballerine in bianco con grandi ventagli bianchi di piume, agilissimo e dinamico il corpo di ballo di “colore”. Vocalmente i cantanti erano giusti nel loro ruolo. Daniela Dessì, una bellissima Aida nera (ma potevano tingerle anche le mani e le braccia), è stata interprete di alto rango (ma già si sapeva), la voce, usata con sicurezza e precisione in tutti i registri, era screziata nei colori, luminosa negli slanci acuti, vibrante nell’accento drammatico e nel fraseggio, sensibilissima nei pianissimo densi di lirismo, che attraversavano l’Arena come lucidi fili di seta o come un fluorescente raggio laser. Non possiamo dire se il personaggio entra in lei o lei entra nel personaggio, possiamo solo constatare che lei è il personaggio. Fabio Armiliato è stato un eroico Radames, applaudito a scena aperta nella “Celeste Aida”, l’emissione corretta e il timbro deciso non hanno temuto l’ampiezza dello spazio, il calore del canto e l’incisività dell’accento lo rendono sempre interprete appassionato e magnetico. Trichina Vaughn ha prestato ad Amneris una voce pastosa, di colore scuro e luminosa nella tessitura acuta, che si è potenziata in itinere. Ambrogio Maestri ha esternato voce ampia, poderosa e ben proiettata nel ruolo di Amonasro, Giorgio Surian è stato un composto e corretto Ramfis. Gli altri erano Carlo Striuli (il re), Angelo Casertano (un messaggero), Nicoletta Curiel (sacerdotessa). Bravo e ben amalgamato nelle voci il Coro, preparato da Marco Faelli, direttore del corpo di ballo Maria Grazia Garofoli.
Versión en Español
Las previsiones del tiempo eran con reserva para esta velada y así transcurrieron tranquilamente los primeros dos actos, con la bella y funcional escenografía que Ettore Fagiuoli ideó para la mítica inauguración de agosto de 1913, y que repuso el regista veronés de ochenta y cinco años Gianfranco De Bosio. Se gozó a la pareja del momento, Dessi-Armiliato, por la impronta emotiva que le confirieron al canto y por la perfecta gestión de un medio vocal lirico y dramático en la Dessi, heroico y apasionado en Armiliato. Lamentablemente no pudimos intoxicarnos con su inquietante dueto final, porque antes del final del segundo acto la lluvia nos saco de nuestros lugares. Con la primera gota la orquesta ya había desaparecido, y en pocos minutos el escenario se había vaciado. Esperando que se fuera la lluvia, esta se convirtió en un huracán y vino el anuncio de la dirección que la velada había concluido. Respecto al espectáculo visto, que fue agradable, la escena se constituyó de elementos base clásicos (obelisco y esfinge en ambos lados, un portal al fondo, las famosos ocho columnas coloreadas y ordenadas con diversas geometrías en distintos cuadros, escalones, con figurantes), y detalles que complementaban como unas palmas, una escalinata, un trono frente a una estela con iconografía egipcia afianzada por dos animales dorados. Una ambientación egipcia, completó con bellos vestuarios en estilo (predominando el blanco para el coro, para Aida y para Amneris y en rojo para Radames) no faraónico, bellos y elegantes. Se confirió monumentalidad al espectáculo, como habitualmente sucede en la Arena, con el gran despliegue de las masas, ya sea en movimiento o en estática hierática, ordenada por De Bosio con habilidad y precisión en un espacio ya monumental por naturaleza. El uso artístico de las luces contribuyó a crear imágenes de sugestiva belleza, que inició como siempre en la Arena, con las miles de luces encendidas por los espectadores desde sus butacas. Daniel Oren, concertador y director de la orquesta, optó por una lectura intimista, esculpiendo los sonidos y haciendo salir toda la belleza de esta música que Verdi dirigió al corazón, dibujando y acentuando sonoridad y densidad en la orquesta. Daniela Dessì, fue una bellísima Aida negra, y una intérprete de alto rango, que utilizó la voz con seguridad y precisión en todos los registros, vibrante en el acento dramático y en el fraseo, y sensible en el pianísimo, que fue denso de lirismo. Se pudo constatar que ella es el personaje. Fabio Armiliato fue un heroico Radames, aplaudido a escena abierta en “Celeste Aida”, de emisión correcta. Trichina Vaughn prestó a Amneris una voz pastosa de color seguro y luminoso en la tesitura aguda. Ambrogio Maestri externó una voz amplia, poderosa y bien proyectada como Amonasro. Giorgio Surian fue un correcto Ramfis. Bueno y bien amalgamado en las voces estuvo el coro preparado por Marco Faelli.

Sunday, August 9, 2009

Giancarlo Del Monaco triunfa en el Maestranza de Sevilla con La fanciulla del West

Fotos: Teatro la Maestranza de Sevilla

David Cuesta

El Teatro Maestranza de Sevilla estrenó La fanciulla del West, ópera de Giacomo Puccini que contó con una espectacular puesta en escena de Giancarlo Del Monaco que cautivó a los espectadores desde el primer momento, y que supuso también un triunfo para el director musical Pedro Halffter y los cantantes Marco Berti / Fabio Armiliato, Janice Baird / Daniela Dessì y Claudio Sgura. No es tarea fácil desarrollar convincentemente la dramaturgia de la ópera menos representada de Puccini (en España se vio La fanciulla del West por última vez en 1984 en el Liceo), cuya acción transcurre en el Oeste, concretamente en la California de 1848, en plena fiebre del oro.

El director de escena, escenógrafo y figurinista de esta producción procedente de la Ópera de Roma, Giancarlo Del Monaco, ha desplegado toda su fantasía y su capacidad creativa para trasladar a los espectadores a un western hollywoodiense que es escrupulosamente respetuoso con la partitura. Los movimientos actorales son muy cinematográficos y la atmósfera plasmada en el escenario es "de película": partidas de póquer en la taberna que acaban en pelea, con rotura de botella incluida sobre la cabeza de algún vaquero; espectacular entrada de Minnie en al taberna; caballos; la diligencia; carteles que rezan "Wanted"; una preciosa tormenta de nieve que cae sobre la cabaña mientras tiene lugar la escena de amor de los protagonistas o la aparición Minnie, rifle en mano, para liberar a su amado de la horca.

Estas representaciones de La fanciulla del West han contado con un doble reparto en el que se alternaron las sopranos Janice Baird y Daniela Dessì (días 21, 24 y 26) en el papel de Minnie y los tenores Marco Berti y Fabio Armiliato y en el rol de Dick Johnson. La soprano estadounidense Janice Baird, delineó una Minnie sicológicamente valiente ante las adversidades y sensible ante el amor, y vocalmente muy adecuada a la tesitura que exige el personaje, con especial firmeza en la zona aguda. La artista ya había triunfado anteriormente en el Maestranza con Elektra y La valquiria. El tenor Marco Berti, en el papel de Dick Johnson, emocionó gratamente al público y recibió una gran ovación y bravos en los saludos finales de la representación. Evidenció potencia vocal en los momentos de mayor dramatismo y densidad orquestal, y sacó a relucir su belleza tímbrica y expresividad en la famosa aria 'Ch'ella mi creda'.

Aclamación del público, también, a la pareja formada por Fabio Armiliato y Daniela Dessì, protagonistas del otro reparto y quienes ya triunfaron anteriormente en el teatro sevillano con Manon Lescaut. Dessì es toda una experta en papeles puccinianos y su Minnie es de antología. Fabio Armiliato cantó con su elegancia habitual y conmovió al público con su versión del 'Ch'ella mi creda'. Éxito también del barítono Claudio Sgura, en el papel del sheriff Jack Rance, y del resto del reparto que, aunque en cometidos muy breves, fueron en general buenos actores y cantantes: Vicente Ombuena, Pavel Kudinov, Manel Esteve, Jon Plazaola, Radoslaw Wielgus, Manuel de Diego y Giovanna Lanza. En el foso, al frente de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, triunfó Pedro Halffter, que fue ovacionado en los saludos finales. El director madrileño supo estar a la altura de una de las partituras más complejas de Puccini e imprimió ciertos aires straussianos en la ejecución de las dinámicas.