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Saturday, April 15, 2017

Adriana Lecouvreur en Argentina - Elenco de las funciones de abono


Fotos: Teatro Colón de Buenos Aires

Luis Baietti

Al menos en esta oportunidad y pese a la defección de la diva internacional originalmente escalada, no se dio algo que se ha venido dando con demasiada frecuencia en el Colón de los tiempos que corren, de que el elenco nacional que hace las extraordinarias supere por lejos en calidad al de las funciones de abono. Los dos elencos fueron bastante parejos en rendimiento, con ventajas parciales para uno o para otro. La gran figura de la noche fue Nadia Krasteva, portadora de una arrolladora voz de mezzo con impresionantes grave de pecho y un temperamento proporcional a ella. Habitué de Teatros como la Opera de Viena, el Met o la Opera de San Francisco hizo acordar las añoradas épocas en que los elencos del Colón se nutrían de grandes figuras del mundo, Es evidente que la contratación de Krasteva respondió a la intención de suministrarle una rival electrizante a la diva importada si hubiera venido y hubiera estado en buenas condiciones vocales, algo de lo que muchos dudan. Nadia seguramente no sabe el peligro que corrió teniendo a Guadalupe Barrientos en el otro elenco pisándole los talones. Virginia Tola asumió el poco deseable compromiso de sustituir a la figura en torno de la cual se había publicitado el evento y vendido las entradas, y hay que decir que salió con la frente bien en alto, anotándose un claro triunfo. Sus sólidas condiciones vocales, que han crecido en volumen y extensión hicieron de ella una Adriana impecable, a la que sólo me hubiera  gustado oírle más pianísimos (que sí los tuvo Cirera).  Parece además haber controlado bien la tendencia a la estridencia en las notas agudas y una cierta propensión al vibrato que sólo aparecieron en contados momentos. 
Su desempeño escénico fue notable y evidenció la experiencia y el aplomo que ha venido conquistando a través de su creciente participación en puestas de Teatros europeos aunque por ahora no sean los de primerísimo nivel como el Covent Garden o la Opera de Viena pero que incluyen teatros importantes como el Teatro Real, Massimo de Palermo, Opera de Roma, Arena de Verona. Dio muy bien el aire de gran diva que domina la escena, se la vio bellísima además y dio buena cuenta de las escenas dramáticas aunque no haya resultado totalmente conmovedora en la escena final. El tenor Leonardo Caimi es un valor joven en etapa ascendente, portador de un bellísimo timbre, muy buena figura y presencia escénica, un volumen vocal razonable y una manera un tanto peculiar de llegar a las notas agudas que las hace sonar en algunos momentos como de sospechosa afinación. Alessandro Corbelli es un veterano bajo buffo con una gran carrera detrás de sí.-Tuvo un absoluto dominio de la parte, más allá de que la voz exhibe hoy en día serias limitaciones en la zona aguda que tiende a destimbrarse. Fernando Rado fue previsiblemente un lujo visual y vocal y Sergio Spina reiteró su gran capacidad para las partes de tenor característico. Todos del primero al último sufrieron en muchos momentos con la competencia sonora de la orquesta tocando a un volumen que recuerda la anécdota de Strauss en el ensayo general de Elektra (¿o fue de Salome?) toquen más alto que todavía puedo oír a la soprano.

Friday, March 31, 2017

Adriana Lecouvreur en el Teatro Colón de Buenos Aires

Crédito: Gentileza Teatro Colón. Máximo Parpagnoli 

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 21/03/2017. Teatro Colón. Francesco Cilèa: Adriana Lecouvreur. Ópera en cuatro actos. Libreto de Arturo Calautti, basado en el drama Adrienne Lecouvreur de Eugène Scribe y Ernest Legouvé. Aníbal Lápiz, dirección escénica y vestuario. Christian Prego, escenografía. Lidia Segni, coreografía. Rubén Conde, iluminación. Virginia Tola (Adriana Lecouvreur), Leonardo Caimi (Maurizio), Nadia Krasteva (Princesa de Bouillon), Alessandro Corbelli (Michonnet), Sergio Spìna (El Abate de Chazeuil), Fernando Radó (Príncipe de Bouillon), Fernando Grassi (Quinault), Patricio Olivera (Poisson), Oriana Favaro (Jouvenot), Florencia Machado (Dangeville), Sebastián Russo (Mayordomo). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director del Coro Estable: Miguel Martínez. Dirección Musical: Mario Perusso. Primera función del Abono Nocturno Nuevo.

El Teatro Colón de Buenos Aires inició su Temporada Lírica 2017 con una adecuada versión de Adriana Lecouvreur de Francesco Cilèa. La obra estrenada mundialmente en el Teatro Lírico de Milán el 6 de noviembre de 1902 llegó a Buenos Aires el 7 de julio de 1903 en el Teatro de la Ópera, bajo la batuta de Arturo Toscanini actuaron Medea Mei-Figner (Adriana) y dos de los artistas del estreno mundial: Enrico Caruso (Maurizio) y Giuseppe de Luca (Michonnet). Posteriormente se cuentan representaciones en 1904 (Teatro de la Ópera con la protagonista del estreno mundial: Angélica Pandolfi y nuevamente la batuta de Toscanini), 1911 (Teatro Politeama) y 1933 (Teatro Marconi). La primera representación en el Teatro Colon fue el 14 de mayo de 1948 con María Caniglia (Adriana), Beniamino Gigli (Maurizio), Fedora Barbieri (princesa) y Víctor Damiani (Michonnet), con la dirección de Héctor Panizza. Volvió a la Sala del Teatro Colón en 1951, 1987 y 1994. Otras representaciones en la ciudad de Buenos Aires tuvieron lugar en abril de 1980 (coproducción entre el Teatro Argentino de La Plata y la Fundación Coliseum en el Teatro Coliseo con el protagónico de Giovanna Casolla). Mientras que La Casa de la Ópera de Buenos Aires en 2007 y Buenos Aires Lírica en 2005 y 2014 la presentaron en el Teatro Avenida. Adriana Lecouvreur, la obra por la cual Cilèa permanece en las carteleras mundiales, requiere una protagonista de fuste, el Colón anunció a la soprano Angela Gheorghiu. La artista llegó a Buenos Aires, no concurrió nunca a ensayar y luego de un par de días de estar en la ciudad renunció al compromiso diciendo que el Colón no cumplía con lo pactado y que aún no tenía contrato. El Colón sólo informó que por ‘cuestiones artísticas’ no era de la partida la soprano rumana. Por suerte se contaba con Virginia Tola, a quien se le habían asignado dos de las seis funciones programadas, quien pasó a protagonizar la obra en las cuatro representaciones originalmente previstas con la diva rumana. En esta función -la tercera del elenco encabezado por Tola- algunas cosas mejoraron con respecto al día del estreno, sobre todo en seguridad de los solistas, afortunadamente se resolvió cancelar el primer intervalo uniendo los actos primero y segundo lo que redundó en un espectáculo más fluido, pero otras bajaron de calidad como el balance entre el foso y la escena. 
Aníbal Lápiz al frente de la dirección escénica decidió, con buen tino, ubicar la acción en el tiempo y en espacio que indica la partitura. Los movimientos actorales Lápiz resultaron coherentes, con una marcación simple pero sin llegar nunca al estatismo. El vestuario, también firmado por Lápiz, resultó de un lujo y belleza dignos de destacar. La escenografía de Christian Prego resultó fastuosa y funcional. Utilizó una estructura fija consistente en columnas y parte de un techo y en cada acto se le adicionaron fondos, telas, muebles y proyecciones para dar el marco a cada una de las escenas. No más que correcta la coreografía de Lidia Segni y de muy buen nivel la iluminación de Rubén Conde. Mario Perusso al frente de la Orquesta Estable aportó su veteranía y conocimiento del estilo para plasmar una versión con vuelo. Virginia Tola fue una Adriana Lecouvreur de potentes acentos y convicción escénica. Administró con suma inteligencia sus recursos vocales durante toda la representación, hasta llegar a un final emocionante con frases interpretadas con un hilo de voz. El tenor italiano Leonardo Caimi fue un Maurizio de voz potente y buen color que se afianzó a medida que avanzaba la representación. Se nota su buena escuela y su sólida preparación. La Princesa de Bouillon de Nadia Krasteva fue impactante tanto por su seguridad vocal como por su temperamento escénico y su volumen. El barítono italiano Alessandro Corbelli el rol de Michonnet dio una verdadera cátedra de canto, buen gusto y refinamiento expresivo. Fernando Radó fue un sólido Príncipe de Bouillon por su presencia, volumen y línea de canto. Sergio Spina se distinguió por su inteligente combinación de eficacia vocal y actoral en su Abate. Los comediantes interpretados por Fernando Grassi (Quinault), Patricio Olivera (Poisson), Oriana Favaro (Jouvenot) y Florencia Machado (Dangeville) se destacaron por su homogeneidad y aptitud vocal. En sus brevísimas intervenciones no desentonaron Sebastián Russo (Mayordomo), así como el Coro Estable del Teatro Colón, que dirige Miguel Martínez.


Tuesday, November 8, 2016

Volo di notte e Il prigioniero en el Colón de Buenos Aires

Fotos: Prensa Teatro Colón /Arnaldo Colombaroli o Máximo Parpagnoli 

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 25/10/2016. Teatro Colón. Luigi Dallapicccola: Volo di notte - ópera en un acto. Libreto del compositor basado en la novela ‘Vuelo nocturno’ de Antoine de Saint-Exupéry- e Il prigioniero -ópera en un prólogo y un acto, libreto del compositor basado en el relato ‘La tortura por la esperanza’ de Auguste Villiers del L’Isle-Adam y en ‘La légende de Thyl Ulenspiegel et de la Lamme Goedzak’ de Charles de Coster-. Michał Znaniecki, dirección escénica, Luigi Scoglio, escenografía, Ana Ramos Aguayo y Joanna Medyńska, vestuario, Diana Theocharidis, coreografía de acróbatas y bailarines, Bogumil Palewicz, iluminación. Elenco de Volo di notte: Victor Torres (Rivière), Carlos Ullán (Pellerin), Daniela Tabernig (Simona Fabien), Sergio Spina (Radiotelegrafista), Carlos Esquivel (Robineau), Duilio Smiriglia, Sebastián Sorarrain, Gabriel Centeno y Emiliano Bulacios (empleados), Carolina Gómez (Una voz interna) y Víctor Castells (Leroux). Elenco de Il prigioniero: Leonardo Estévez (Prisionero), Adriana Mastrángelo (Madre), Fernando Chalabe (Carcelero y Gran Inquisidor), Duilio Smiriglia y Fernando Grassi (Sacerdotes). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Martínez. Dirección Musical: Christian Baldini.

Con buen resultado general el Teatro Colón presentó -fuera de sus abonos y en funciones denominadas extraordinarias- dos obras breves de Luigi Dallapiccola: ‘Vuolo di notte’ e ‘Il Prigioniero’. En ambos casos las obras subían por tercera vez en la historia del ente lírico. Volo di notte -la única ópera que transcurre en la Argentina de autor no nacido o afincado en nuestro país- se pudo presenciar en las Temporadas 1959 y 1969 e Il prigioniero en 1954 y 2000. En este doble programa Dallapicola el director escénico, Michał Znaniecki, optó por intentar dar unidad dramática sin lograrlo y ésta fue la principal debilidad de la versión escénica. El trascurrir Volo di notte en la Argentina, en los inicios de la aviación civil, le dio pié a Znaniecki para colocar referencias al pasado reciente a pesar de estar la versión en la época en la que debe transcurrir. Así Simona Fabien se convirtió luego de la noticia de la muerte del piloto Fabien en una ‘madre de plaza de mayo’ -sesenta años antes de que éstas existieran- y la protesta del final de Volo en una alusión a la última dictadura militar argentina (1976-1983). Si en esta obra se forzaron las alusiones las mismas quedaron mejor en Il prigioniero, ya que es una metáfora puede ser más fácilmente localizable en un contexto más cercano tanto en el tiempo como en el espacio. La monumental escenografía de Luigi Scoglio contextualiza adecuadamente el aeródromo de noche con dos grandes torres en los costados, una con tres pisos donde se ubican el radiotelegrafista y los empleados, y otra casi sin uso que parece ser la torre de control, en el fondo se ve la pista separada de los controles por una reja que se abre o cierra alternativamente. En el Prigioniero reaparecen las torres y en lugar de la pista se adiciona un gran cubo que permite ver, mediante diversos giros, distintas perspectivas de la prisión. Adecuado a los años 30 el vestuario diseñando para Volo di notte por Ana Ramos Aguayo y de buena factura el de Joanna Medyńska para Il Prigioniero. 
Razonables a la estética planteada las coreografías de acróbatas y bailarines de Diana Theocharidis y excelente la iluminación de Bogumil Palewicz, aterrizaje de aviones incluido. La dirección musical de Christian Baldini y la respuesta de la Orquesta fueron de primer nivel, mientras que con gran calidad se desempeñó el Coro preparado por Miguel Martínez. Víctor Torres fue un Rivière muy bien actuado con acento en la crueldad del personaje. Vocalmente la masa orquestal lo opacó en algunos momentos aunque fue convincente en toda la obra. Mientras que Daniela Tabernig compuso una Simona Fabien impecable, con perfecta línea de canto y adecuada proyección deslumbrando y conmoviendo en todos los momentos que se encontró en escena. Sergio Spina (radiotelegrafista) y Carlos Ullán (Pellerin) aportaron calidad vocal y eficacia escénica. Carlos Esquivel fue un sobrio Robineau mientras que no desentonaron los empleados encarnados por Duilio Smiriglia, Sebastián Sorarrain, Gabriel Centeno y Emiliano Bulacios. Adecuado el Leroux de Víctor Castells y muy interesante la voz de Carolina Gómez en su breve intervención. En Il Prigioniero brilló el barítono Leonardo Estévez en el protagónico haciendo uno de las mejores actuaciones de su carrera, con credibilidad escénica y sólidos recursos vocales. Con la calidad de siempre Adriana Mastrángelo como la madre y ajustado y compenetrado Fernando Chalabe en el doble rol de Carcelero e Inquisidor. Buen servidos los roles menores por Duilio Smiriglia y Fernando Grassi.

Wednesday, December 10, 2014

Madama Butterly en el Teatro Colón de Buenos Aires

Foto: Teatro Colón / Máximo Parpagnoli

Luis G. Baietti 

Contrariamente a lo que se comentaba en los pasillos del Teatro. El elenco del día del estreno , mayormente integrado en sus papeles principales por cantantes internacionales incluyendo entre ellos a dos cantantes argentinos actualmente radicados en Europa y llevando adelante una interesante carrera, fue de excelente calidad. En primer lugar la soprano armenia LIANA ALEKSANYAN, que tenía dos graves compromisos: cumplir con Puccini en uno de sus personajes más exigentes vocal y dramáticamente, y apaciguar el estado de ánimo de buena parte del público que compró un abono que tenía a PATRICIA RACCETTE protagonizando esta ópera y se sentía estafado con el cambio. La verdad es que Liana tuvo una actuación memorable, muy cercana a la perfección, con gran fuerza dramática, que fue creciendo a medida que avanzaba la obra hasta llegar a una angustiante escena final. Vocalmente exhibió una agradabilísima voz de soprano lírica con un esplendido registro agudo , que permitió recordar cómo era oír notas agudas de sonido amable para el oído .Como toda soprano lírica que encara Butterfly tuvo que luchar con las notas graves que no son su fuerte y tendieron a desaparecer por debajo de la orquesta ( que no fue nada benévola con ella ) o de alguno de sus compañeros de reparto en los dúos y fue esa su principal limitación. Yo le agregaría la forma no muy ortodoxa con que llegó al agudo final de la entrada y al agudo final del primer acto, cortando la línea melódica para respirar antes de embarcarse en la nota. Junto a ella tuvo gran lucimiento la actuación de GUADALUPE BARRIENTOS previsiblemente despegando un impactante vocalismo, y con una gran fuerza dramática. Me tocaron particularmente dos escenas. Todo el dúo de Butterfly con el Cónsul en el cual alternó miradas de pena hacia su amiga con una mirada dura y silenciosamente acusadora hacia su interlocutor. Y la terrible escena final en que saca a lucir una máscara trágica auténticamente conmovedora. Gran labor. IGOR GOLOVATENKO impactó con una sobria presencia escénica y una voz bellísima, de hermoso timbre, volumen y extensión generosos. SERGIO SPINA realizó una verdadera interpretación maestra como Goro, algo más siniestro y en dominio de la situación que en las versiones normales, pero también bastante más servicial cuando se enfrenta a un poderoso como Yamadori. En cuanto a JAMES VALENTI nadie puede decir que no tiene el físico del papel. ( al fin no quedó ridículo que Butterfly le cante que es “ alto y fuerte “ ) hizo un magnífico retrato de su personaje que en esta versión es decididamente villanesco en su egoísmo y en su pretensión de resolver todo con base en el dinero. Tiene una voz agradable, especialmente del centro hacia abajo, incluyendo muy buenos graves Pero el registro agudo es débil. Pierde volumen y color, es notorio que se esfuerza y en el final con el cansancio llegaron algunas notas de sospechosa entonación. FERNANDO RADO fue auditivamente un Bonzo de lujo y se benefició visualmente por el uso de una peluca bien menos exagerada que su colega C.PEREGRINO. IRA LEVIN, más allá de su tendencia a ahogar a los cantantes con el volumen de la orquesta, volvió a conducir una versión de sondo suntuoso, que permitió descubrir detalles que no habíamos percibido pese a la cantidad de veces que hemos visto esta ópera, aunando belleza sonora con intensidad dramática en una versión ejemplar. Más allá de las para mi fallidas escenas del tío Bonzo y Yamadori continuó pareciéndome excelente la puesta de HUGO DE ANA con su atención al más mínimo detalle del drama, ateniéndose siempre a lo que marcan el libreto y la música, enfocándolos con una nueva luz, y que tuvo su punto máximo en la verdaderamente desgarradora escena final .

Thursday, September 25, 2014

Falstaff de Verdi en el Teatro Colon de Buenos Aires

Foto: Maximo Parpignoli / Teatro Coloon de Buenos Aires

Luis Baietti para operaintheworld

Junto con Otello las dos óperas que compuso en colaboración con Arrigo Boito (además de la segunda versión de SIMON BOCCANEGRA), ambas basadas en Shakespeare, es una obra atípica en la carrera de Verdi. En primer lugar porque a la inversa de toda su producción es una comedia, género en el cual sólo había incursionado antes muy al comienzo de su carrera produciendo un título muy simpático y muy agradable de oír pero muy menor. Y es atípica porque se distancia marcadamente de lo que había sido hasta entonces el estilo Verdi...No hay aquí las grandes arias ricas en melodías, que invitan a salir cantando del Teatro. La acción se desarrolla en un continuo donde no se pueden separar fragmentos, pero además, como si estuviera apuntando como un profeta a lo que será el futuro de la Opera, los cantantes pierden en buena medida el rol de protagonistas absolutos que siempre tuvieran sus óperas, y pasan a competir con la Orquesta que a menudo es la que lleva adelante la línea musical mientras los cantantes en escena entonan algo que está a medio camino entre el canto y el recitativo. Quizás sea esa la explicación de que este título, verdadero canto del cisne del Maestro, sea tan apreciado por los musicólogos que lo consideran su obra maestra, pero tenga una recepción más bien tibia entre el público que nunca acabó de incorporarlo a sus obras favoritas. La verdad es que la excelente versión que presentó el Teatro Colón hizo todo lo posible y bastante más para comunicar la grandeza del texto mostrando sus valores. En primer lugar importando algo que antes era cosa de todos los días pero que cada vez disfrutamos más raramente en nuestro Teatro de Opera: un cantante top de línea en pleno apogeo de sus condiciones vocales. Cuesta concebir un Falstaff mejor que el de AMBROGIO MAESTRI. Dotado, para comenzar con el verdadero físico del papel (alto, voluminoso) es un actor consumado, dotado de una comicidad natural que no necesita exageraciones y es portador por si fuera poco de una voz excepcional con un impresionante volumen y un registro agudo que invita al asombro. Gran actuación para conservar en el recuerdo y colocar en la galería de las grandes interpretaciones que han hecho honra a este gran Teatro que no pasa hoy por hoy por sus mejores días. A su lado impactó la interpretación de FABIAN VELOZ que cantó la expuesta partitura de Ford como si fuera un juego de niños e hizo gala de una creciente capacidad interpretativa, que seguramente ha crecido gracias a sus incursiones en los principales teatros de Europa, con los grandes maestros que ahora frecuenta. Para colmo se lo nota bastante más delgado, lo cual lo ayuda a desplazarse con una agilidad superior a la que exhibía cuando estaba entre nosotros todo el tiempo y no teníamos que compartirlo con nadie. BARBARA FRITTOLI, gran cantante con una impresionante carrera, nos tranquilizó a todos con su línea de canto, ya que llegamos a pensar que comenzaba a frecuentar los teatros “extracomunitarios “y este tipo de repertorio menos exigente en cuanto a notas porque estuviera en decadencia vocal. Nada de eso, fue una Alice elegante, excelentemente cantada y sólo no logró dominar completamente los concertantes porque a su lado estaba PAULA ALMERARES una Nannetta deliciosa y juvenil pero que en los concertantes mostraba un volumen vocal que no es el usual para las sopranos que encaran este papel. Poca cosa Meg para GUADALUPE BARRIENTOS pero siempre es un placer volver a verla y constatar in situ como continúa progresando su solvencia vocal y escénica ahora que canta regularmente en Europa y frecuenta un repertorio variado y exigente. ELISABETTA FIORILLO reiteró la impresión dejada en Ballo (Ulrica) de que canta con los restos de una gran voz, sólo que aquí su contundente registro grave, usado con sentido cómico le permitió lograr una creación magistral. Totalmente solvente el Fenton de EMANUELE D'AGUANNO no logró realmente justificar su contratación dado que hay una nada corta lista de cantantes locales que podían haber encarado este papel en igualdad de condiciones. Muy buenas las actuaciones de los encargados de los papeles comprimarios SERGIO SPINA, JUAN BORJA, GUSTAVO GIBERT. Muy simpático y desenvuelto el niño JORGE CHAMORRO que hace de paje de Falstaff. La dirección musical fue totalmente correcta, sin mayor destaque, pero con los endiablados contrapuntos entre foso y escenario que Verdi propone en esta ópera, esto ya es más que suficiente. Sólida, firmemente asentada en el sentido común la puesta de ARTURO GAMA , TUVO UNA IDEA GENIAL EN LA ESCENA FINAL DE HACER QUE TODOS LOS CANTANTES SE DESPOJEN DE SUS DISFRACES Y PASEN A USAR ROPA DE CALLE, MIENTRAS EL ESCENARIO GIRA Y MUESTRA SU REVERSO Y LOS CANTANTES , CANTANDO EL TEXTO ESCRITO POR VERDI, LE DICEN AL PUBLICO QUE QUIENES LO INTEGRAN HAN SIDO LOS ENGAÑADOS EN REALIDAD Y NO FALSTAFF O FORD. La escenografía fue funcional pero francamente pobre y fea de ver. Un párrafo aparte, elogioso, se merecen los profesores de la Orquesta que llevaron adelante una protesta gremial (por sueldos y un despido) sin afectar el desarrollo del espectáculo, tocando en mangas de camisa y exhibiendo al final durante los aplausos carteles indicativos del conflicto. No sé si tienen razón o no, pero al menos no la han perdido como la perdían en el pasado sometiendo al público a malos tratos como tenerlo esperando en sus butacas mientras los músicos decidían en asamblea en el escenario si la función se hacía o no.

Thursday, June 12, 2014

Adriana Lecouvreur – Buenos Aires Lirica

Foto: Buenos Aires Lirica

Dr. Alberto Leal

Estrenada en Teatro Lírico de Milán, el 6 de noviembre de 1902, Adriana Lecouvreur es una ópera compleja, con un argumento por momento confuso, pero con una espléndida música y que requiere de cantantes que sean verdaderos actores. Y fue un real acierto de Buenos Aires Lirica incluirla en la presente temporada, luego de varios años de no ser presentada en Buenos Aires. La dirección musical a cargo del maestro Carlos Vieu fue base fundamental para éxito de la función. Con un fuerte dramatismo, tiempos correctos y una orquesta que lo siguió en forma constante, su trabajo nunca bajó de la excelencia. Hay que tener en cuenta que al estar parte de la orquesta en los palcos el balance por momentos no fue el mejor. Además, un equilibrio más presente entre el foso y el escenario hubiera mejorado el rendimiento de los cantantes. La puesta de Crystal Manich fue otro logro de la función, en esta época siempre es bienvenida una puesta totalmente en época, con desplazamientos rápidos y buena marcación de los cantantes. Fue, sin dudas, ayudada por la hermosa escenografía de Noelia González Svoboda y el excelente vestuario de época de Lucía Marmorek , perfecto en diseño y gama de colores y la iluminación de Rubén Conde. El diseño escenográfico permitió, en una ópera que es fundamentalmente “Teatro dentro del Teatro” poder mostrar mediante transparencias la acción que transcurre en el primer acto, en los momentos que Adriana realiza su representación. En la parte vocal, Sergio Spina como el Abate de Chazeuil realizó un impecable trabajo, tanto en la vocal como en lo actoral. Dudo que en el papel se pueda encontrar alguien mejor. Bravo. Christian Peregrino fue otro trabajo más que positivo en la representación .Con su formidable voz de bajo, su magnífica presencia, brindó un trabajo de jerarquía. Virginia Wagner, puso todo de su parte en la difícil parte de Adriana, su voz no es la más adecuada para la parte, donde un timbre más grave es necesario, pero puso todo de si para encarnar el papel y logró un muy buen rendimiento en el último acto. El tenor Eric Herrero mostro agudos contundentes, pero no puede mantener una línea de canto debido al vibrato que muestra en su registro central y en el pasaje. Flojo como actor, logró su mejor momento en el acto final. Adriana Mastrángelo, cantó una Princesa con notable libertad vocal y fue excelente en la creación de su personaje, aunque el rol requiere una voz de más peso, logró salvar este escollo con un gran desempeño vocal y un claro entendimiento del personaje. Omar Carrión, logró un muy querible personaje, más en lo actoral que en lo vocal. Aunque fue mejorando vocalmente a medida que transcurría la función. De todas formas generó un personaje creíble y demostró una vez más sus grandes dotes de actor. Muy buen desempeño de Eugenia Coronel, Griselda Adano, Walter Schwartz y Mauro Di Bert que aportaron buen canto y actuación. Notable el trabajo de Mauro Di Bert, aprovechando la escena de “Commedia dell'arte” muy buena idea de la directora. Ajustado en sus breves intervenciones el Coro preparado por Juan Casasbellas. En general es una muy buena versión que debe ser vista.

Thursday, August 8, 2013

Die Fau ohne Schatten de Strauss en el Teatro Colón de Buenos Aires


Foto: Teatro Colón de Buenos Aires
Gustavo Gabriel Otero
 
Luego de treinta y cuatro años de ausencia volvió al escenario del Teatro Colón La mujer sin sombra de Richard Strauss en una gran versión donde se conjugaron la belleza de la puesta, la calidad musical y el elenco homogéneo.  La puesta de Andreas Homoki -realizada con la colaboración del mexicano Arturo Gama- recurre a simbolismos sencillos y de plena efectividad. Con perfectos movimientos actorales, con gestos cargados de significado y con inteligente uso de los interludios se hace absolutamente comprensible la difícil historia narrada.  La escenografía de Wolfgang Gussmann es sencilla y funcional: un único dispositivo de dos paredes unidas en un punto de fuga y un plano inclinado. El vestuario del mismo Gussmann utiliza los mismos ideogramas que cubren las paredes del escenario sobre fondo blanco para el vestuario de los espíritus. El tintorero y su familia estarán vestidos de amarillo fuerte al igual que las cajas que simbolizan la casa de Barak. El Emperador usa ropa azul y rojas serán las flechas, los árboles y las vendas que ciegan a los protagonistas en algunos momentos.  El diseño de iluminación de Franck Evin es excelente y no se preocupa por esconder sin éxito las sombras. El simbolismo de las sombras humanas será el color de la ropa. Ira Levin al frente de la Orquesta Estable efectuó un muy valioso trabajo sinfónico y logró una excelente respuesta por parte de sus integrantes  Se destacó la nodriza de Iris Vermilion. Su extenso registro le permitió superar los escollos de su parte y brillar en el rol. Su línea de canto y su seguridad fueron inobjetables y el plus de maldad en su actuación completó un personaje diabólico.  Las otras dos damas no desentonaron. Así Manuela Uhl encarnó una Emperatriz con perfecto decir y exquisita musicalidad y Elena Pankratova como la Tintorera exteriorizó un registro potente y bien colocado.  Jukka Rasilainen fue un correcto intérprete de Barak y al muy eficaz tenor Stephen Gould le faltó algo de sutileza al encarar el dificilísimo rol de Emperador.  Del extenso cuadro de solistas se destacaron el Espíritu Mensajero de Jochen Kupfer y los hermanos de Barak interpretados por Mario De Salvo, Emiliano Bulacios y Sergio Spina. Los coros cumplieron su parte así como el resto del elenco.