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Wednesday, September 26, 2018

Pelléas et Mélisande en Buenos Aires

Prensa Teatro Colón /Máximo Parpagnoli. Prensa Teatro Colón / Arnaldo Colombaroli


Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 31/08/2018. Teatro Colón. Claude Debussy: Pelléas et Mélisande. Ópera en cinco actos, libreto basado en el drama homónimo de Maurice Maeterlinck. Gustavo Tambascio (1948 – 2018), dirección original del proyecto, Susana Gómez, dirección escénica. Nicolás Boni, escenografía. Jesús Rui, vestuario. José Luis Fiorruccio, iluminación. Giuseppe Filianotti (Pelléas), Verónica Cangemi (Mélisande), David Maze (Golaud), Lucas Debevec Mayer (Arkel), Adriana Mastrangelo (Geneviève), Marianella Nervi Fadol (Yniold), Alejo Laclau (Médico), Cristian De Marco (Pastor). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Fabián Martínez. Dirección Musical: Enrique Arturo Diemecke.

Con el objetivo de celebrar el centenario de Claude Debussy volvió al escenario del Teatro Colón, en nueva puesta en escena, su única ópera Pelléas et Mélisande en una versión correcta a siete años de su última reposición. El maestro Enrique Arturo Diemecke a cargo de la concertación logró una versión razonable de la obra sin perjuicio de algunos momentos menos afortunados o alguna falta de sincronización. Quizás el punto más alto fue la faz visual por la creatividad de los distintos marcos escénicos ideados por Nicolás Boni con el aporte de la iluminación de José Luis Fiorruccio. La idea original del fallecido Gustavo Tambascio se enfocó en dos aspectos principales que fueron respetados por la que resultó la directora escénica: el paso del tiempo y el acento sobre la figura de Golaud. El vestuario de Jesús Rui fue funcional a la idea rectora de la puesta y los movimientos escénicos de Susana Gómez no parecieron un aporte fundamental aunque nada resultó fuera de lugar o transgresor. Los solistas principales no se distinguieron por su dicción francesa y actuaron con esmerada corrección. Verónica Cangemi en su primer acercamiento a Mélisande mostró profesionalidad y buena preparación mientras que Giuseppe Filianotti compuso en Pelléas razonable. El Golaud de David Maze fue centro de la acción conforme la puesta y el artista se destacó tanto por su canto como por su involucramiento escénico. Con muy buen volumen pero con emisión afectada y no natural el rey Arkel de Lucas Debevec Mayer. Muy en estilo Marianella Nervi Fadol como Yniold, un lujo Adriana Mastrángelo como Geneviève con dicción francesa impecable. Correcto el resto del elenco así como  el Coro Estable en sus breves intervenciones.



Tuesday, November 8, 2016

Volo di notte e Il prigioniero en el Colón de Buenos Aires

Fotos: Prensa Teatro Colón /Arnaldo Colombaroli o Máximo Parpagnoli 

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 25/10/2016. Teatro Colón. Luigi Dallapicccola: Volo di notte - ópera en un acto. Libreto del compositor basado en la novela ‘Vuelo nocturno’ de Antoine de Saint-Exupéry- e Il prigioniero -ópera en un prólogo y un acto, libreto del compositor basado en el relato ‘La tortura por la esperanza’ de Auguste Villiers del L’Isle-Adam y en ‘La légende de Thyl Ulenspiegel et de la Lamme Goedzak’ de Charles de Coster-. Michał Znaniecki, dirección escénica, Luigi Scoglio, escenografía, Ana Ramos Aguayo y Joanna Medyńska, vestuario, Diana Theocharidis, coreografía de acróbatas y bailarines, Bogumil Palewicz, iluminación. Elenco de Volo di notte: Victor Torres (Rivière), Carlos Ullán (Pellerin), Daniela Tabernig (Simona Fabien), Sergio Spina (Radiotelegrafista), Carlos Esquivel (Robineau), Duilio Smiriglia, Sebastián Sorarrain, Gabriel Centeno y Emiliano Bulacios (empleados), Carolina Gómez (Una voz interna) y Víctor Castells (Leroux). Elenco de Il prigioniero: Leonardo Estévez (Prisionero), Adriana Mastrángelo (Madre), Fernando Chalabe (Carcelero y Gran Inquisidor), Duilio Smiriglia y Fernando Grassi (Sacerdotes). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Martínez. Dirección Musical: Christian Baldini.

Con buen resultado general el Teatro Colón presentó -fuera de sus abonos y en funciones denominadas extraordinarias- dos obras breves de Luigi Dallapiccola: ‘Vuolo di notte’ e ‘Il Prigioniero’. En ambos casos las obras subían por tercera vez en la historia del ente lírico. Volo di notte -la única ópera que transcurre en la Argentina de autor no nacido o afincado en nuestro país- se pudo presenciar en las Temporadas 1959 y 1969 e Il prigioniero en 1954 y 2000. En este doble programa Dallapicola el director escénico, Michał Znaniecki, optó por intentar dar unidad dramática sin lograrlo y ésta fue la principal debilidad de la versión escénica. El trascurrir Volo di notte en la Argentina, en los inicios de la aviación civil, le dio pié a Znaniecki para colocar referencias al pasado reciente a pesar de estar la versión en la época en la que debe transcurrir. Así Simona Fabien se convirtió luego de la noticia de la muerte del piloto Fabien en una ‘madre de plaza de mayo’ -sesenta años antes de que éstas existieran- y la protesta del final de Volo en una alusión a la última dictadura militar argentina (1976-1983). Si en esta obra se forzaron las alusiones las mismas quedaron mejor en Il prigioniero, ya que es una metáfora puede ser más fácilmente localizable en un contexto más cercano tanto en el tiempo como en el espacio. La monumental escenografía de Luigi Scoglio contextualiza adecuadamente el aeródromo de noche con dos grandes torres en los costados, una con tres pisos donde se ubican el radiotelegrafista y los empleados, y otra casi sin uso que parece ser la torre de control, en el fondo se ve la pista separada de los controles por una reja que se abre o cierra alternativamente. En el Prigioniero reaparecen las torres y en lugar de la pista se adiciona un gran cubo que permite ver, mediante diversos giros, distintas perspectivas de la prisión. Adecuado a los años 30 el vestuario diseñando para Volo di notte por Ana Ramos Aguayo y de buena factura el de Joanna Medyńska para Il Prigioniero. 
Razonables a la estética planteada las coreografías de acróbatas y bailarines de Diana Theocharidis y excelente la iluminación de Bogumil Palewicz, aterrizaje de aviones incluido. La dirección musical de Christian Baldini y la respuesta de la Orquesta fueron de primer nivel, mientras que con gran calidad se desempeñó el Coro preparado por Miguel Martínez. Víctor Torres fue un Rivière muy bien actuado con acento en la crueldad del personaje. Vocalmente la masa orquestal lo opacó en algunos momentos aunque fue convincente en toda la obra. Mientras que Daniela Tabernig compuso una Simona Fabien impecable, con perfecta línea de canto y adecuada proyección deslumbrando y conmoviendo en todos los momentos que se encontró en escena. Sergio Spina (radiotelegrafista) y Carlos Ullán (Pellerin) aportaron calidad vocal y eficacia escénica. Carlos Esquivel fue un sobrio Robineau mientras que no desentonaron los empleados encarnados por Duilio Smiriglia, Sebastián Sorarrain, Gabriel Centeno y Emiliano Bulacios. Adecuado el Leroux de Víctor Castells y muy interesante la voz de Carolina Gómez en su breve intervención. En Il Prigioniero brilló el barítono Leonardo Estévez en el protagónico haciendo uno de las mejores actuaciones de su carrera, con credibilidad escénica y sólidos recursos vocales. Con la calidad de siempre Adriana Mastrángelo como la madre y ajustado y compenetrado Fernando Chalabe en el doble rol de Carcelero e Inquisidor. Buen servidos los roles menores por Duilio Smiriglia y Fernando Grassi.

Sunday, June 7, 2015

Carmen en el Teatro Argentino de la Plata, Argentina

Fotos: Perez de Eulate / Guillermo Genitti - Teatro Argentino

Dr. Alberto Leal

Estrenada el 3 de marzo de 1875 en la Opéra-Comique no fue originalmente bien recibida por el público. Sin dudas, su argumento, liderado por una mujer que vive de una forma muy alejada a la moral de la época y termina asesinada por un soldado devenido en desertor y delincuente, desconcertó al público. Ocurrió lo mismo  con la versión presentada en el Teatro Argentino de La Plata, con Dirección escénica de Valeria Ambrosio, pero obviamente por otros motivos. Muy bien dirigida por el Maestro Tulio Gagliardo, cuidando siempre el balance entre foso y escenario, con gran respuesta por parte de la orquesta y gran trabajo vocal de ambos Coros, aunque desaprovechados teatralmente, esto alcanzó para brindar – a duras penas – una correcta función de Carmen. Antes a adentrarnos en la función, es lógico reconocer que el trabajo de Ambrosio, con respecto a la convocatoria de público, está dando sus frutos. La fórmula es simple pero tiene garantía de funcionamiento. Títulos populares, bajos precios – muy bajos – de las entradas justifican el cambio. Y para los que amamos el medio nada más placentero que ver un teatro lleno como estaba el Argentino el domingo. Por otro lado el edificio – exterior e interiormente- continúa deteriorándose a pasos agigantados. Da pena ver tanta destrucción en un teatro relativamente nuevo. La suciedad exterior y el abandono interior son cada vez más notables y no veo solución a corto plazo. Y volvamos a nuestra descolorida Carmen. Luego de su Tosca del año anterior y la presente Carmen es fácil concluir que la Sra. Anbrosio poco tiene para aportar al mundo de la ópera. No creo que se sienta cómoda en este terreno y lo que ha aportado es un leve make-up, nada más. En esta ocasión integró algunos pocos elementos de la comedia musical – que ese si debe ser su fuerte – pero no gravitaron para nada en el resultado final ni aliviaron el marcado aburrimiento del primer acto. Se usó la versión opéra-comique , con diálogos , pero severamente cortados. Con nulas marcaciones para el coro y solo algunas puntuales para los solistas, esta Carmen navegó gracias al respaldo musical y, en alguna medida, vocal. Lograda la simple escenografía de los dos primeros actos, triste la del tercero y kitsch la del último acto, coronado con un cuadro de una mujer desnuda con las banderillas clavadas en su espalda….al mismo tiempo que se proyectaba el hashtag #NiUnaMenos! (René Diviú). El feo vestuario, con variaciones de tiempo y lugar sin razón alguna, con ambos coros vestidos como si hubieron llegado así de sus casas y los soldados con trajes del “Ejercito de Liberación”, camuflados…no tiene coherencia ni explicación alguna y no ayudan a la representación. No parece existir aquí una idea clara de que se buscaba. (Valeria Ambrosio). 
Correcta iluminación de Willy Landin. Adriana Mastrángelo pareció no moverse aquí con la comodidad que lo hizo en la puesta de Marcelo Lombardero. Su altura y su tipo físico la apartan de la figura de Carmen. Pero cantó con su hermoso timbre, siempre afinada, con buena línea de canto y, por momentos sexy. Ella y Sebastián Sorrarain ( Dancairo) fueron claramente los dos que mostraron mejor dicción francesa. En algunos momentos de los 3 primeros actos fue poco audible (por lo menos desde mi butaca 5ta fila de Platea Alta). Pareció guardar su voz para el último y exigente acto, donde se la escuchó con muy buen volumen,  vibrante, con  gran entrega, generando un magnífico dúo con Enrique Folger (Don José). Es notable que ninguna de sus arias fuera aplaudida. Folger, en uno de sus papeles más logrados, volvió a mostrar su hermoso timbre, su notable volumen, gran temperamento y condiciones de actor. Por lejos lo mejor de la función. Así lo entendió el público premiándolo con una ovación luego de su aria y siendo el más aplaudido en su salida final. El “ES” Don José. En algunos momentos podría pedírsele un canto algo mas matizado, pero es tanta su entrega, tanta la emoción que logra generar, sobre todo en una función notablemente aburrida, que cada una de sus salidas levantaban considerablemente el nivel de la misma. Bravo. Leonardo Estévez (Escamillo) no mostró diferencias con la versión de Lombardero. Agudos forzados, tirantes, voz despareja. Aunque tiene la presencia adecuada, Escamillo no parece ser un rol de los adecuados para sus condiciones vocales. María Bugallo (Micaela) cantó con musicalidad y correcta línea de canto, aunque su voz es demasiado ligera para el rol. A pesar de ello se la escuchó toda la función sin problema alguno, en parte a su timbre rico en armónicos. El cuarteto de contrabandistas – Victoria Gaeta – Rocío Arbizu – Patricio Oliveira y Sebastián Sorrarain – cumplieron una excelente actuación. Sorrarain, que hizo del Dancairo su papel fetiche, ya que lo ha cantado en la mayoría de las representaciones de Carmen de los últimos años, da una clase que como aprovechar al máximo un rol comprimario y convertirlo en un personaje de importancia en la trama. Muy buenos trabajos de Sebastián Angulegui (Morales), Walter Schwarz (Zuñiga) Y Fernando Alvar Nuñez ( Lilas Pastia). El trabajo de Alejandro Ibarra, brinda una coreografía que se destaca particularmente en los interludios donde los “Alter ego” de los protagonistas anticipan la acción siguiente, pero mas allá de lo estético poco aportan a la acción. Logrará amigarse alguna vez con la Opera la Sra. Ambrosio?

Thursday, June 12, 2014

Adriana Lecouvreur – Buenos Aires Lirica

Foto: Buenos Aires Lirica

Dr. Alberto Leal

Estrenada en Teatro Lírico de Milán, el 6 de noviembre de 1902, Adriana Lecouvreur es una ópera compleja, con un argumento por momento confuso, pero con una espléndida música y que requiere de cantantes que sean verdaderos actores. Y fue un real acierto de Buenos Aires Lirica incluirla en la presente temporada, luego de varios años de no ser presentada en Buenos Aires. La dirección musical a cargo del maestro Carlos Vieu fue base fundamental para éxito de la función. Con un fuerte dramatismo, tiempos correctos y una orquesta que lo siguió en forma constante, su trabajo nunca bajó de la excelencia. Hay que tener en cuenta que al estar parte de la orquesta en los palcos el balance por momentos no fue el mejor. Además, un equilibrio más presente entre el foso y el escenario hubiera mejorado el rendimiento de los cantantes. La puesta de Crystal Manich fue otro logro de la función, en esta época siempre es bienvenida una puesta totalmente en época, con desplazamientos rápidos y buena marcación de los cantantes. Fue, sin dudas, ayudada por la hermosa escenografía de Noelia González Svoboda y el excelente vestuario de época de Lucía Marmorek , perfecto en diseño y gama de colores y la iluminación de Rubén Conde. El diseño escenográfico permitió, en una ópera que es fundamentalmente “Teatro dentro del Teatro” poder mostrar mediante transparencias la acción que transcurre en el primer acto, en los momentos que Adriana realiza su representación. En la parte vocal, Sergio Spina como el Abate de Chazeuil realizó un impecable trabajo, tanto en la vocal como en lo actoral. Dudo que en el papel se pueda encontrar alguien mejor. Bravo. Christian Peregrino fue otro trabajo más que positivo en la representación .Con su formidable voz de bajo, su magnífica presencia, brindó un trabajo de jerarquía. Virginia Wagner, puso todo de su parte en la difícil parte de Adriana, su voz no es la más adecuada para la parte, donde un timbre más grave es necesario, pero puso todo de si para encarnar el papel y logró un muy buen rendimiento en el último acto. El tenor Eric Herrero mostro agudos contundentes, pero no puede mantener una línea de canto debido al vibrato que muestra en su registro central y en el pasaje. Flojo como actor, logró su mejor momento en el acto final. Adriana Mastrángelo, cantó una Princesa con notable libertad vocal y fue excelente en la creación de su personaje, aunque el rol requiere una voz de más peso, logró salvar este escollo con un gran desempeño vocal y un claro entendimiento del personaje. Omar Carrión, logró un muy querible personaje, más en lo actoral que en lo vocal. Aunque fue mejorando vocalmente a medida que transcurría la función. De todas formas generó un personaje creíble y demostró una vez más sus grandes dotes de actor. Muy buen desempeño de Eugenia Coronel, Griselda Adano, Walter Schwartz y Mauro Di Bert que aportaron buen canto y actuación. Notable el trabajo de Mauro Di Bert, aprovechando la escena de “Commedia dell'arte” muy buena idea de la directora. Ajustado en sus breves intervenciones el Coro preparado por Juan Casasbellas. En general es una muy buena versión que debe ser vista.

Friday, November 16, 2012

PEPITA JIMENEZ (Estreno Americano) de Albéniz - Teatro Argentino de la Plata

Fotos: Pérez de Eulale / Teatro Argentino de la Plata

Dr. Alberto Leal


 

Teatro Argentino de La Plata. Domingo 28. Opera de Isaac Albéniz con libreto de Francis Money-Coutts, basado en una novela de Juan Valera.


Estrenada por primera vez en el Teatro Liceo en 1896, ha sido una obra que sufrió numerosos cambios, tanto por parte del autor, como de otros compositores. Incluso fue cantada en distintos idiomas. La versión presentada por el Teatro Argentino es la revisada por Borja Mariño, sobre la versión estrenada en Praga y cantada en inglés. Calixto Bieito, de quien ya hemos visto otras puestas en Europa., se constituye en el eje central de esta representación. La historia original no aporta nada nuevo pero Calixto logra un nivel dramático impensado para el título. Realmente su Pepita, es España misma, con sus contradicciones en la época anterior y durante el franquismo. La religión y el sexo reprimido. Es de valorar que con una trama muy simple, Calixto logre un duro fuego dramático. Solamente su escenografía, debida a Rebecca Ringst, muestra una serie de de 28 placares, que se van abriendo o cerrando según la ocasión, generando aún más fuerza a la puesta y pegar en el clavo de la España donde hace transcurrir la versión. El ocultamiento es factor decisivo. Manuel Coves dirigió correctamente la orquesta, que solo tuvo pequeños problemas en la primera parte de la obra. El resto sonó realmente espléndido y fue un gran placer escuchar la excelente partitura de Albéniz. Un destacable trabajo de la misma, aunque por momentos la relación foso y escenario no fuera la más adaptable para los cantantes.
Nicola Beller Carbone compuso una Pepita llena de garra y contradicciones. Tal vez su papel fue algo sobreactuado, pero no tuvo problemas vocales y su voz fue claramente escuchada en todo el teatro. Enrique Ferrer, un tenor que no posee una voz particularmente bella, cumplió de sobra con su atormentado personaje. No posee un gran volumen pero fue escuchado sin inconvenientes en todas sus intervenciones. Posee la presencia necesaria para el rol y buenas condiciones de actor. Adriana Mastrángelo, con su esplendida figura, parece no ser el tipo más adecuado que pide Albéniz. Pero logró un personaje creíble y solo fueron poco audibles sus notas graves. Víctor Castells fue excelente en su rol. Buena voz, un canto siempre afinado y buen desempeño como actor. El grupo del resto de los cantantes mantuvo un excelente nivel, destacándose Sebastián Angulegui, quien parece mejorar en cada una de sus presentaciones. Esta versión fue un logro de Calixto Bieito, se puede percibir un gran trabajo detrás de la misma. Yo soy una persona creyente, sin embargo no me molestaron ni los desnudos de la Virgen María – que en la escena están totalmente justificados - ni el resto de los desnudos parciales. Entiendo que para algunos espectadores la puesta puede ser chocante y lo respeto. Pero lograr de un libreto más que simple una obra de fuerte dramatismo no es cosa de todos los días. Un bravo para el atrevimiento del Teatro Argentino y poder ver, que de alguna manera, nos equiparamos a los grandes teatros del mundo. Una ovación final premió este notable trabajo.

Wednesday, August 24, 2011

EXCELENTE VERSION DE TRISTAN E ISOLDA EN EL TEATRO ARGENTINO DE LA PLATA

Fotos: Genitti / Teatro Argentino de la Plata

Dr. Alberto Leal

TRISTAN E ISOLDA (Estreno en el Teatro Argentino) 19/08/11. Opera en tres actos con libreto y música de Richard Wagner. Director de Orquesta: Alejo Pérez. Director de Escena: Marcelo Lombardero. Diseño escenográfico: Diego Siliano. Diseño de vestuario: Luciana Gutman. Diseño de Iluminación: Horacio Efrón. Director del Coro: Miguel Fabián Martínez. Orquesta y Coro Estables Reparto: Tristán: Leonid Kakhozhaev, Isolda: Katja Beer, Rey Marke: Hermán Iturralde, Kurwenal: Douglas Hahn, Melot: Leonardo Estévez, Brangáne: Adriana Mastrángelo y elenco.

Tristán e Isolda, una de las obras maestras de Wagner fue presentada en el Teatro Argentino de La Plata. Fue estreno para el teatro y es el primer Wagner cantado en idioma original que se presenta en el mismo, ya que, aunque fue representado “Lohengrin” en 1952 fue cantado en italiano. Una obra de altísimo lirismo y grandiosidad, con bellos y repetidos leitmotiv, que solo puede presentarse con un alto grado de calidad. El resultado obtenido por el Teatro Argentino no puede tener otra calificación que EXCELENTE. Los dos grandes artífices de este logro fueron los Maestros Marcelo Lombardero y Alejo Pérez. Sin duda, el lo personal pienso que es el trabajo más logrado de Lombardero, construye imágenes casi intangibles de asombrosa belleza, basando siempre su trabajo desde la música. Con una puesta casi inmaterial, del más refinado buen gusto y un estupendo trabajo de Diego Siliano, las 4 horas de espectáculo van pasando sin que el espectador deje de admirar la belleza y plasticidad planteadas. Creo que unos de los momentos culminantes es la escena posterior al episodio del filtro del amor, donde la pareja se eleva y el telón se va cerrando dejando una visión de imborrable perfección. Una puesta donde predomina el ocre (muy bien contrastado con un vestuario absolutamente adecuado) y que basada en proyecciones, los distintos escenarios van cambiando siempre en forma exacta. Aunque esta puesta ya fue presentada en otros lugares, cabe aquí mencionar que la presentada fue totalmente realizada en el teatro. Llevará tiempo encontrar una puesta que reúna belleza y rigor wagneriano de la calidad de la presentada.
En lo musical, el Maestro Alejo Pérez realizó otro espléndido trabajo, con gran entrega, volumen adecuado y estilo, logró de la orquesta un formidable trabajo, a quien hizo subir al escenario en el momento de los saludos y fue meritoriamente ovacionada. Creo que quedó demostrado, ante comentarios en contrario, que el foso del teatro puede albergar una orquesta que no desmerezca las partituras del nivel de las wagnerianas. En la parte vocal, las mejores labores fueron de cantantes locales. Hernán Iturralde dio vida a un excelente Rey Marke, con su hermosa voz, su impecable línea de canto y sus brillantes dotes de actor, compuso un personaje inolvidable. Adriana Mastrángelo como Brangania, mostró un canto franco, siempre afinado y de excelente volumen. Y un esplendido trabajo actoral. Estuvo en cada detalle, en cada situación, absolutamente compenetrada en su papel. Katja Beer brindó a su Isolda su muy buena figura y sus excelentes dotes de actriz. No posee una voz wagneriana y su timbre no tiene particular belleza, presentando problemas notorios en el sector agudo. Pero salvo algunos momentos de incomodidad vocal construyó un personaje creíble. Leonid Kakhozhaev, quien había debutado en el Teatro Colón en 1998 con la Opera de Kiev, personificando al “Inocente” en Boris Godunov, personaje en la antípodas de Tristán, fue un elemento valioso en la representación. Su voz no tiene el volumen que uno espera para el rol, pero mantuvo la energía necesaria hasta el final de la función y fue un correcto actor. Douglas Hahn, realizó un excelente trabajo como Melot y siempre a un nivel de corrección el resto del elenco. Fue una pena no ver un teatro a pleno en la función de estreno. Este Tristán e Isolda es, como un todo, algo inolvidable, un triunfo del Teatro Argentino y de todos los que lo hicieron posible. IMPERDIBLE!



Sunday, March 20, 2011

Carmen de Bizet de Buenos Aires Lírica

Fotos: Liliana Morsia.
Dr. Alberto Leal.

Buenos Aires Lírica decidió iniciar tu temporada anual con una de las obras más populares del repertorio operístico, CARMEN. Estrenada el 3 de marzo de 1875 en la Opéra-Comique no fue originalmente bien recibida por el público. Sin dudas, su argumento, liderado por una mujer que vive de una forma muy alejada a la moral de la época y termina asesinada por un soldado devenido en desertor y delincuente, desconcertó al público. Este hecho afectó mucho a Bizet, quien muere tres meses después del estreno sumido en una profunda amargura. Nunca el maestro pudo imaginar que con el tiempo la música de Carmen sería una de las más reconocidas – incluso por público neófito – de todos los tiempos. No lejos de esta realidad estuvo Tchaikovsky opinando que sería "la ópera más popular del mundo". Una orquestación colorida y rica y una historia fuerte y pasional hacen que Carmen sea siempre bienvenida. Pero también entraña un desafío y un gran esfuerzo, y desde ese punto de vista es muy valiosa la decisión de Buenos Aires Lírica y más aún presentarla con los diálogos originales y con el espíritu que Bizet la imaginó para la Opéra-Comique. Aunque en lo personal prefiero las óperas representadas en la época original, acepto con agrado cuando se realizan cambios y los mismos se mantienen coherentes através de toda la representación, sin traicionar el espíritu del autor. Marcelo Lombardero planteó la acción en época actual, sin que se resintiera el planteo dramático y dándole algunas connotaciones de absoluta actualidad. Sin dudas el haber elegido la versión con los diálogos originales y no la habitual, con los recitativos de Ernest Giraud, ayudó en gran forma, haciéndola más liviana y con más posibilidades de generar algunos momentos jocosos. Carmen es una mujer libre, en todo sentido y padece violencia de género por parte de Don José. Este tema – desgraciadamente de total actualidad – fue la base de la puesta de Lombardero. Culminado la misma con una escena estremecedora donde, fichas policiales de mujeres golpeadas, se sobreponen a la filmación de una corrida de toros. El ambiente fue todo lo sórdido que se corresponde con el drama y – aunque esta vez con bailarines de hip-hop (excelentes) – la trama nunca perdió fuerza dramática. Dentro del contexto elegido, la escenografía, el vestuario y la iluminación fueron totalmente coherentes a la idea original, acentuando el clima hostil y sórdido. Pero para ser totalmente creíble esta puesta se necesitaban verdaderos cantantes – actores, y por suerte allí estuvieron.
Adriana Mastrángelo, con un imponente físico, más asimilable a una modelo que a una cantante de ópera, y totalmente contrario a la descripción de Merimée, brindó un trabajo consagratorio. Cantó con su hermoso timbre de voz, buen volumen, totalmente en estilo y creó un personaje de irresistible sensualidad. Sus cualidades vocales y sobre todo físicas fueron favorecidas por el tipo de puesta elegida. El tenor Martín Muehle fue la revelación de esta versión. Posee una excelente voz muy rica en armónicos y gran volumen. Tiene un temperamento adecuado con gran capacidad dramática y generó un excelente Don José.
Es un cantante para tener en cuenta para el futuro, no solo por Buenos Aires Lírica. Puede ser un valor muy positivo para cualquiera de los teatros de Buenos Aires. Oriana Favaro posee una exquisita voz de soprano lírica, brindó la pureza necesaria a su personaje. Sin dudas será un excelente valor a corto tiempo. En lo personal creo que todavía debe seguir trabajando. Cantó muy bien su aria pero no supo darle un cierre adecuado. Una gran promesa. Escamillo parece no ser el papel más adecuado para Leonardo Estévez. Canto de mayor a menor y con un resultado general claramente mediocre. Voz despareja, emisión poco clara, problemas técnicos notables. Es un cantante apto para otros papeles pero el toreador parece quedarle grande en este momento. El cuarteto de contrabandistas cantó y actuó con total solvencia. Esta versión le da más posibilidades actorales y tanto Sebastián Sorarrain como Santiago Bürgui supieron sacar claramente partido de la misma. Correcto el resto del elenco. Alejo Pérez dirigió la orquesta con excelentes tiempos, siempre en estilo y cuidando la relación foso - escenario. Un párrafo aparte merece el logrado preludio del tercer acto.  El coro de Buenos Aires Lírica tuvo una buena actuación, sobresaliendo el sector femenino. Igualmente fue positiva la prestación del Coro de Niños del Teatro Argentino. Una Carmen distinta, testimonial, exponiendo una problemática actual sin dejar de lado a Bizet, una Carmen con indudables valores individuales que debe ser vista, con total independencia de la época en que transcurre y a la cual es necesario ir con la mente abierta.