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Friday, December 21, 2018

Estreno Latinoamericano de Powder her face de Thomas Adès


Fotos. Gentileza. Prensa Teatro Colón / Máximo Parpagnoli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 13/12/2018. Teatro 25 de Mayo. Thomas Adès: Power her face. Ópera en dos actos. Libreto de Philip Hensher. Marcelo Lombardero, dirección escénica. Noelia González Svoboda, escenografía. Luciana Gutman, vestuario. Natalio Ríos, Paula Rodríguez, proyecciones. Gustavo Bruno y Nicolás Di Chiazza, diseño de sonido. Horacio Efron. Daniela Tabernig (Duquesa), Oriana Favaro (Criada y otros), Santiago Bürgi (Electricista y otros), Hernán Iturralde (gerente del hotel y otros). Orquesta de la Ópera de Cámara del Teatro Colón. Dirección Musical: Marcelo Ayub. Espectáculo presentado y producido por la Ópera de Cámara del Teatro Colón.

Con carácter de estreno latinoamericano la Ópera de Cámara del Teatro Colón presentó Powder her face de Thomas Adés en el Teatro 25 de mayo de la ciudad de Buenos Aires en un gran trabajo artístico de conjunto. Marcelo Ayub desde el podio condujo con amplio conocimiento, mirada atenta y concentración puesta en cada detalle, a la quincena de músicos que formaron la orquesta según el orgánico determinado por el compositor. 
La escenografía de Noelia González Svoboda ambientó cada escena de modo perfecto. Como elemento común una gran puerta central y en cada escena alguna caracterización específica ya sea una cama a la izquierda del espectador, el estrado del juez, una pequeña mesa y sillas o cambios en los costados de la gran puerta, a su vez una gran cortina de tul permite jugar escena en el proscenio y hasta los costados del foso orquestal son utilizados para algunos momentos. En adecuado estilo el vestuario de Luciana Gutman que recorre un arco que va de 1934 a 1990 y muy buena la iluminación de Horacio Efron, con cambios de intensidad y color que ayudan a la comprensión de la acción. Marcelo Lombardero a cargo del equipo visual logró realzar cada momento teatral sin recurrir a extralimitaciones en una obra donde lo sexual es casi explícito y la tentación de mostrar algo más puede ser muy fuerte. Lombardero eludió la tentación del desnudo o de lo explícito para hacer teatro y del bueno. Daniela Tabernig como la Duquesa a su calidad vocal sumó excelencia actoral. Vocalmente irreprochable insufló vida a una partitura complicada con su inmaculada línea de canto, con el brillo de sus agudos y con la belleza de su registro lírico. La soprano Oriana Favaro resplandeció por sus coloraturas perfectas, por su poderoso registro central y por su admirable involucramiento escénico que implica en sólo dos horas interpretar a seis personajes diferentes. El tenor Santiago Bürgi aportó emisión sana y articulación perfecta a la par de su plasticidad escénica. El barítono Hernán Iturralde caracterizó con brillo a cada uno de sus personajes con su timbre de gran belleza y su controlada emisión a la par de su ductilidad actoral.



Monday, October 8, 2018

Suor Angelica en el Templo – Buenos Aires Argentina


Fotos: Gentileza Lírica lado B. Crédito Noelia Pirsic.

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 07/10/2018. Templo Escondido del Museo Santa Felicitas. Giacomo Puccini: Suor Angelica. Ópera en un acto, libreto de Giovacchino Forzano. Ximena Belgrano Rawson, dirección escénica. Alicia Gumá, vestuario. Rodrigo Parise, elementos escenográficos, utilería y diseño de luces. Daniela Tabernig (Suor Angelica), Alejandra Malvino (Zia Principessa), Carina Hoxter (Suor Genoveva), Ayelén Regalado (Suor Osmina), Verónica Cano (la Abadesa), Mairin Rodríguez (la celadora), Roxana Deviggiano (la maestra de novicias), Vanina Guilledo (enfermera), Romina Jofre (mendicante), Myriam Casanova (mendicante), Susana Gómez (Suor Dolcina / Conversa), Natalia Bereskyj (conversa / novicia), Isabella Pascucci Belgrano (novicia). Orquesta de la compañía ‘Lírica Lado B’, Coro Regina Coeli, Coro de Niños de la compañía ‘Lírica Lado B’. Director de los Coros: Fermín Prieto. Dirección Musical: Ezequiel Fautario. Espectáculo presentado y producido por la Compañía ‘Lírica Lado B’.

La compañía Lírica Lado B se caracteriza desde su nacimiento por ofrecer un repertorio infrecuente a lo que le suma formas de producción alternativas y utilización de espacios no convencionales. En este caso volvió a la actividad con Suor Angelica de Puccini, quizás el título del Tríptico del maestro de Lucca más maltratado e infravalorado. La experiencia de ver ópera en un lugar no convencional ya es de por si gratificante; si le sumamos un ámbito más que adecuado para la acción escénica, un muy buen nivel musical, un uso de los espacios inteligente y excelencia en los protagonistas la noche resulta, cuanto menos, perfecta. Como locación se utilizó la arquitectura de un templo real -aunque el edificio no se haya utilizado jamás para el culto religioso- que se encuentra en el primer piso del Museo de Santa Felicitas en el porteño barrio de Barracas. La estructura eclesiástica del lugar resultó ideal para ambientar este drama que ocurre en un convento de clausura. Unos pocos elementos sirvieron para complementar lo dado por la arquitectura: un escritorio para Angelica, algunas sillas, una mesa donde se amasa pan, dos plataformas, una pequeña fuente y muchos candelabros con velas encendidas. 
El espacio no tiene Altar -dado que nunca se utilizó como Iglesia- y el espacio que ocuparía está libre, esto permite el libre juego escénico. Desde antes que comience la acción ya están las artistas: alguna monja teje, otra limpia el piso, amasa o arregla una estructura metálica; al fondo suor Angelica en su escritorio leyendo y atendiendo sus plantas. Muy poca luz artificial, casi toda iluminación con velas. El clima es perfecto. Ximena Belgrano Rawson acierta, junto con su equipo, en la ambientación y en los movimientos escénicos. La cercanía del público con los artistas sirve para involucrarse aún más en la acción. El único punto débil es el ‘milagro’ del final que resulta fallido. La orquesta se ubica en la mitad del espacio y por detrás, el público la tiene a su izquierda mientras que de frente puede seguir la acción, el coro está en lo alto. Esto requiere toda una proeza de articulación y en este caso se logró. La reducción orquestal de Héctor Panizza es más que adecuada para las dimensiones de la sala y no hace perder la esencia de las texturas orquestales originales. Ezequiel Fautario en la dirección musical logar dar a cada momento el tinte justo y conducir con éxito la nave a buen puerto, cosa que considerando el espacio y las ubicaciones de cada uno de los elementos es sencillamente una proeza. Por otra parte se estrenó el fragmento ‘amici fiori’ que había sido retirado de la partitura en 1922 y que comenzó tímidamente en 1993 a ser restablecido. Esas frases no sólo pintan acabadamente a la protagonista y su sapiencia sobre botánica sino que demuestran la modernidad de Puccini tanto en la línea vocal como en lo musical y en la orquestación. El nutrido elenco femenino fue solvente y eficaz así como los Coros. Se destacaron las rotundas voces de Verónica Cano (La Abadesa) y Mairín Rodríguez (la celadora) así como la sutileza de Carina Höxter (Suor Genoveva) sin desmedro de todo el elenco. Nuevamente fue modelo de compenetración escénica y calidad vocal la mezzosoprano Alejandra Malvino que personificó una temible Zia Principessa, en lo que resultó otro jalón de triunfo para la artista con una destacada carrera de absoluta profesionalidad y seriedad interpretativa. Pero en esta breve ópera todo cae por tierra si no se tiene una protagonista de fuste y en este caso Daniela Tabernig -una de las mejores sopranos de su generación y a la vez una de las grandes figuras de la lírica actual en la Argentina- cumplió de punta a punta de la partitura con los grandes desafíos de de Suor Angelica. Del pianísimo más sutil a la explosión dramática todos los estados de ánimo y los colores vocales pasaron por la interpretación de Tabernig. Emocionó sin dudas y con recursos legítimos en una verdadera noche de triunfo.



Monday, April 30, 2018

Rusalka en el Palacio de Bellas Artes de México D.F.

 
Un alucinante viaje a las profundidades de la fantasía, enmarcado por la música de la tradición eslava y espectaculares trabajos de escenografía e iluminación, es lo que vivió el público en la primera función de la ópera Rusalka, de Antonín Dvořák (1841-1904), que se presentó la noche del jueves en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, a cargo de la Compañía Nacional de Ópera de Bellas Artes.  El bel canto, la música, la danza, el teatro y el arte multimedia se combinaron de manera intrépida, para beneplácito del público, en esta reposición de la Ópera de Bellas Artes que cuenta una historia conocida por muchos, pues contiene elementos de La sirenita, cuento de Hans Christian Andersen, pero aquí en el personaje de la joven Rusalka, figura de la mitología eslava, interpretado vocalmente por la soprano argentina Daniela Tabernig. Bajo la dirección concertadora del maestro Srba Dinic y escénica de Enrique Singer, la ópera Rusalka, escrita en tres actos por Antonín Dvořák, con libreto en checo de Jaroslav Kvapil, basado a la vez en los cuentos de hadas de Karel Jaromír Erben y Božena Němcová, logró impresionar al público que se dio cita y que ofreció prolongados aplausos a la Orquesta y Coro del Teatro de Bellas Artes por su puntual interpretación de la partitura.  Igualmente, el elenco, de carácter internacional, fue premiado por el público con sus ovaciones: Daniela Tabernig como Rusalka, el tenor ruso Khachatur Badalian como el príncipe; el bajo islandés Kristinn Sigmundsson como el espíritu de las aguas; y la mezzosoprano mexicana Belem Rodríguez como la bruja. Fiel a lo prometido desde su primera temporada en 2011, el director de escena Enrique Singer entregó un verdadero cuento de hadas, un viaje al mundo fantástico del mar y la tierra, en donde Rusalka desafía las leyes sobrenaturales para convertirse en ser humano y lograr el amor en el mundo material, rebasando las fronteras de dos mundos antagónicos y enfrentando sus fatales consecuencias, con un cuidadoso manejo de los mitos y las tradiciones eslavas. “Escénicamente es un cuento de hadas que sucede en la tierra, en un palacio y bajo el agua”, y junto con el equipo creativo formado por Jorge Ballina en la escenografía, Víctor Zapatero en la iluminación y Eloise Kazan en el vestuario, “quisimos recrear un mundo fantástico con una estructura escenográfica compleja, con muchos cambios y colores”, dijo previamente el maestro Singer. Y, es que, en efecto, junto a la destreza vocal mostrada por los cantantes en escena, los elementos escenográficos cobraron tal relevancia que la imagen de la luna se convirtió en un personaje más, cuando Rusalka le pide que busque al príncipe y le diga que ella lo ama, lo cual dio pie a uno de los momentos más emotivos de la obra al interpretar Daniela Tabernig una de las más famosa arias de la ópera universal: Měčku na nebi hlubokém (La canción de la luna): ¡Luna, detente un momento y dime dónde se encuentra mi amor! Destacaron también las actuaciones de los cantantes: Celia Gómez en el papel de una princesa extranjera; Antonio Duque como guardabosques; Carla Madrid personificando al cocinero y como cazador, Édgar Gil, y en especial las tres ninfas: Lucía Salas, Edurne Goyarsu y Nieves Navarro. La ópera Rusalka, es una reposición de la producción que se estrenó el 10 de marzo de 2011 por la Ópera de Bellas Artes.
 

 

Tuesday, December 19, 2017

Andrea Chénier en el Teatro Colón Buenos Aires

Fotos  Máximo Parpagnoli - Gentileza: Prensa del Teatro Colón.

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 09/12/2017. Teatro Colón. Umberto Giordano: Andrea Chénier. Ópera en cuatro actos. Libreto de Luigi Illica. Marías Cambiasso, dirección escénica. Emilio Basaldúa, escenografía. Eduardo Caldirola, supervisión de vestuario. Carlos Trunsky, coreografía. Rubén Conde, iluminación. Gustavo López Manzitti (Andrea Chénier), Daniela Tabernig (Maddalena di Coigny), Leonardo Estévez (Carlo Gérard), María Luján Mirabelli (la mulata Bersi), Vanesa Tomas (la condesa de Coigny), Alejandra Malvino (Madelon), Luis Gaeta (Mathieu), Mario De Salvo (Roucher), Gabriel Centeno (Incredibile), Ernesto Bauer (Fleville), Pablo Politzer (el Abate), Alejandro Meerapfel (Dumas), Víctor Castells (Fouquier Tinville y Mayordomo), Alejandro Spies (Schmidt). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director del Coro Estable: Miguel Martínez. Dirección Musical: Mario Perusso.

El Teatro Colón cerró su Temporada 2017 con Andrea Chénier de Giordano de adecuado nivel musical -en el elenco que reseñamos- y con una puesta escénica pobre, atento a la solución de emergencia que las autoridades tuvieron que decidir por la renuncia de quien debía ocuparse de los aspectos visuales a sólo 24 días del estreno. Para los escasos días de preparación la puesta de Matías Cambiasso lució razonable. Resultó muy apegada a las indicaciones escénicas del libreto aunque quizás faltaron más marcaciones actorales para los solistas principales que parecieron librados a su suerte. La funcional escenografía de Emilio Basaldúa dio buen marco abstracto a las escenas. Eduardo Caldirola seleccionó de los archivos del Colón los trajes de época que lucieron en buen estilo. La rutinaria iluminación de Rubén Conde y los pobres movimientos coreográficos trazados por Carlos Trunsky poco aportaron a esta puesta decorosa pero evidentemente de emergencia. 
La concertación del veterano Mario Perusso siempre tuvo el necesario apoyo a los cantantes, sin desbordes y cuidando el balance entre el foso y la orquesta, la versión tuvo las dosis necesarias de sutileza, lirismo y pasión que la partitura demanda. Gustavo López Manzitti compuso un ‘Andrea Chenier’ al cual no le faltó ninguna nota del registro, la voz se escucha en toda la sala sin inconvenientes y los tintes heroicos del personaje están garantizados. Daniela Tabernig es una soprano de bello registro lírico que se atreve a más y que en esta ocasión no sólo no defraudó, sino que brilló en el rol intenso y difícil de ‘Maddalena de Coigny’ que abordaba por primera vez. Leonardo Estévez fue un muy convincente Carlo Gérard que administró con eficacia sus recursos canoros para logar un resultado altamente encomiable. Emocionante Alejandra Malvino y su cuidada interpretación para encarar a la vieja Madelon, bien trabajada tanto en lo vocal como en lo actoral la Bersi de María Luján Mirabelli, un pequeño lujo el veterano Luis Gaeta como Mathieu, sin nada que objetar el Roucher de Mario de Salvo y en perfecto estilo el intrigante Incredibile de Gabriel Centeno mostrando, también, un solvente crecimiento artístico respecto a anteriores oportunidades. Adecuado y profesional el resto del elenco en sus pequeños, así como el Coro Estable que dirige Miguel Martínez.




Tuesday, December 12, 2017

Andrea Chénier torna al Teatro Colon di Buenos Aires

Foto Prensa Teatro Colón / Máximo Parpagnoli
Gustavo Gabriel Otero
Questo dicempre sembra essere il mese di Andrea Chenier con ben sette produzioni diverse in giro per il mondo a condurre alla ghigliottina lo sfortunato poeta e Maddalena di Coigny a Praga, Oviedo, Monaco, Kassel, Budapest, in apertura della stagione della Scala di Milano e in chiusura di quella del Teatro Colón di Buenos Aires. La genesi di questa nuova produzione del Colón ha sofferto una catena sorpendente di cancellazioni e infortuni. Alla rinuncia degli interpreti principali previsti er le recite in abbonamento si è aggiunto l'intempestivo abbandono - a ventiquattro giorni dalla prima - della regista, la cineasta Lucrecia Martel, e dei suoi collaboratori. Nelle due recite straordinarie previste per sabato 9 e martedì 12 dicembre si sono rispettati tanto la direzione musicale quanto il cast annunciati, il che ha determinato un maggior interesse rispetto alla martoriata locandina delle recite abbonamento e il risultato non ha deluso e, anzi, ha superato le aspettative. Gustavo López Manzitti ha offerto un Andrea Chenier al quale non è mancata alcuna nota della tessitura. Intenso e coinvolto fin dal principio, il suo Improvviso ha dato prova della ualità vocale e della costante crescita artistica del tenore argentino. Credibile ed eroico nel secondo atto, si è amalgamato alla perfezione con il soprano, elettrizando poi con "Sì, fui soldato" nel terzo. Nel quarto ha delineato con fraseggio accurato, acuto brillante e intenzioni impeccabili "Come un bel dì di maggio" per poi far espandere nuovamente intensità drammatica e passione nel duetto finale. Daniela Tabernig è un soprano di belle qualità liriche che osa di più e che in questa occasione non solo non ha deluso, ma ha brillato in un ruolo difficile e intenso, che affrontava per la prima volta. Nel primo atto il suo lirismo si è prestato in maniera eccellente a delineare la giovane ingenua e un poco sognatrice Maddalena. Nel secondo si è imposta per la sua grande presenza scenica e una purissima linea di canto; il suo ingresso come donna provata dalle traversie causate dalla Rivoluzione e dalle sue conseguenze ha dimostrato che può, anche, brillare nei ruoli drammatici. Ha dominato nel duetto con Chénier per la cavata potente e l'espressività immacolata. 
Nel terzo e nel quarto, quando il personaggio si evolve in una donna  senza timori, disposta a tutto per il suo grande amore, Tabernig ha mostrato, senza dubbio, il suo valore e la costante evoluzione tecnica, Nell'aria "La mamma morta" ha gestito con intelligenza drammatica il vibrato e gli accenti, ponendo in ogni frase una profondità espressiva che ha convinto e commosso. Infine, si è unita a meraviglia con Chénier per un duetto pieno di travolgente passione in cui entrambi i cantanti non si sono risparmiati e hanno toccato il cuore del pubblico. Leonardo Estévez è stato un Carlo Gérard molto convincente, che ha amministrato con efficacia i suoi mezzi per un risultato altamente encomiabile. Si è presentato con espressività e buon gusto. Nel secondo atto ha saputo distinguersi nel difficile concertato e nel terzo è stato vibrante nell'arringa "Lacrime e sangue", espressivo e vigoroso in "Nemico della Patria", profondamente coinvolto nel resto dell'opera. Emozionante Alejandra Malvino con il rifinito sentimento che ha conferito alla vecchia Madelon, ben sviluppata nel canto e nella recitazione la Bersi di María Luján Mirabelli, un piccolo lusso il veterano Luis Gaeta come Mathieu, senza pecche il Roucher di Mario de Salvo e stilisticamente perfetto l'intrigante Incredibile di Gabriel Centeno mostrando, parimenti, un'efficace crescita artistica rispetto a precedenti occasioni. Adeguato e professionale il resto del cast, così come il Coro Estable diretto da Miguel Martínez. La concertazione del veterano Mario Perusso ha sempre offerto il necessario appoggio ai cantanti, senza eccessi e cusì da conferire alla partitura tutte le dosi necessarie di sottigliezza, lirismo e passione. Per i pochi giorni di preparazione, la messa in scena di Matías Cambiasso è parsa logica e attinente alle indicazioni del libretto, sebbene mancasse forse una maggior definizione attoriale per i solisti, che parevano lasciati al loro destino. La scenografia funzionale di Emilio Basaldúa è stata una buona cornice astratta mentre i costumi, evidentemente scelti dall'archivio, da Eduardo Caldirola, hanno rispettato lo stile. Le luci di routine di Rubén Conde e i poveri movimenti coreografici di  Carlos Trunsky non hanno aggiunto molto.

Tuesday, November 29, 2016

La octava de Mahler en el Colón de Buenos Aires

Prensa Teatro Colón /Arnaldo Colombaroli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 23/11/2016. Teatro Colón. Gustav Mahler: Octava Sinfonía, en Mi bemol mayor. Solistas: Jaquelina Livieri, Daniela Tabernig, Paula Almerares (sopranos), Guadalupe Barrientos, Alejandra Malvino, (contraltos), Enrique Folger (tenor), Alejandro Meerapfel (barítono) y Fernando Radó (bajo). Participación del Coro Polifónico Nacional. Orquesta Estable, Coro Estable y Coro de Niños del Teatro Colón. Director del Coro Estable del Teatro Colón: Miguel Fabián Martínez. Director del Coro de Niños del Teatro Colón: César Bustamante. Director del Coro Polifónico Nacional: Darío Marchese. Dirección Musical: Enrique Arturo Diemecke.

La Octava Sinfonía de Gustav Mahler fue estrenada el 12 de septiembre de 1910 en Munich; a la Argentina llegó el 29 de abril de 1977, en carácter de primera audición sudamericana, en la sala del Teatro Colón. Se apreció en siete funciones de la mano de Pedro Ignacio Calderón, a la sazón director general del Colón bajo el gobierno de facto del momento, actuaron la orquesta Filarmónica de Buenos Aires, los Coros de dicho teatro y se contó con solistas locales. Nuevamente fue Calderón el brazo ejecutor, pero esta vez con la Sinfónica Nacional, en una única oportunidad el 29 de octubre de 1998, también en el Colón pero en la temporada de la Asociación Wagneriana. La tercera y última vez que la obra se pudo escuchar en vivo fue con los elencos del Teatro Argentino de La Plata tanto en su sala en la ciudad de las diagonales (septiembre de 2010) como en el Stadium Luna Park (en noviembre de 2010) y con amplificación dado las características de dicha sala de la ciudad de Buenos Aires. Por cuarta vez en la historia de la Argentina, por segunda vez en la Temporada del Teatro Colón y por tercera en su sala volvió la denominada Sinfonía de los mil con una versión con algunas imprecisiones pero de buen nivel general. La prestación de los tres Coros involucrados fue solvente: tanto el Coro Polifónico Nacional -convocado como segundo Coro en las tres últimas ejecuciones de la obra- como el Coro Estable y el Coro de Niños del Teatro Colón, actuaron con la corrección y el profesionalismo que los caracterizan. Quizás no fue del todo feliz la ubicación de las masas corales necesarias para la obra ya que la campana acústica utilizada era más corta de lo necesario Quedó un espacio al descubierto, entre primera fila de coros y la orquesta, de unos dos o tres metros, con unos cortinados que intentaban atenuar la fuga de sonido. Esto naturalmente afectó la escucha de los coros que en algunos momentos resultaron un poco lejanos. La elección de las voces solistas, quizás los mejores dentro de los cantantes locales, resultó más que acertada. El tenor Enrique Folger interpretó con arrojo, buena emisión e intencionalidad sin mácula. El barítono Alejandro Meerapfel sorteó las dificultades de su parte con emisión segura y belleza vocal mientras que el bajo Fernando Radó volvió a deslumbrar por su volumen, color y perfección. La soprano Paula Almerares en la brevísima Mater Gloriosa no estuvo a la altura de sus amplios antecedentes, mientras que la mezzosoprano Alejendra Malvino fue profesional, solvente y ajustada, una cantante que nunca defrauda.En un año descollante la soprano Daniela Tabernig volvió a demostrar su valía, su constante evolución técnica y expresiva, su línea de canto exquisita y su notable presencia escénica.
Jaquelina Livieri afianza cada vez que se la escucha su imprescindible presencia en los escenarios, mientras que la mezzosoprano Guadalupe Barrientos impresionó por su volumen y su color vocal, en una prestación a todas luces excelente. El maestro Enrique Arturo Diemecke dirigió de memoria la obra intentando concertar todos los detalles de una sinfonía única, difícil, atípica, gigante y monumental. Lo logró en casi todo momento salvo por algunas imprecisiones que no opacan que el maestro mexicano logró llevar a puerto seguro una nave de por sí destinada habitualmente al naufragio. La Orquesta Estable del Colón respondió con calidad como también el grupo de metales situado aparte del resto (4 trompetas en Fa y 3 trombones) que se ubicaron en un palco al fin de la platea. Y así el público y los artistas involucrados salieron felices y satisfechos por un momento único y pocas veces repetido.


Tuesday, November 8, 2016

Volo di notte e Il prigioniero en el Colón de Buenos Aires

Fotos: Prensa Teatro Colón /Arnaldo Colombaroli o Máximo Parpagnoli 

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 25/10/2016. Teatro Colón. Luigi Dallapicccola: Volo di notte - ópera en un acto. Libreto del compositor basado en la novela ‘Vuelo nocturno’ de Antoine de Saint-Exupéry- e Il prigioniero -ópera en un prólogo y un acto, libreto del compositor basado en el relato ‘La tortura por la esperanza’ de Auguste Villiers del L’Isle-Adam y en ‘La légende de Thyl Ulenspiegel et de la Lamme Goedzak’ de Charles de Coster-. Michał Znaniecki, dirección escénica, Luigi Scoglio, escenografía, Ana Ramos Aguayo y Joanna Medyńska, vestuario, Diana Theocharidis, coreografía de acróbatas y bailarines, Bogumil Palewicz, iluminación. Elenco de Volo di notte: Victor Torres (Rivière), Carlos Ullán (Pellerin), Daniela Tabernig (Simona Fabien), Sergio Spina (Radiotelegrafista), Carlos Esquivel (Robineau), Duilio Smiriglia, Sebastián Sorarrain, Gabriel Centeno y Emiliano Bulacios (empleados), Carolina Gómez (Una voz interna) y Víctor Castells (Leroux). Elenco de Il prigioniero: Leonardo Estévez (Prisionero), Adriana Mastrángelo (Madre), Fernando Chalabe (Carcelero y Gran Inquisidor), Duilio Smiriglia y Fernando Grassi (Sacerdotes). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Martínez. Dirección Musical: Christian Baldini.

Con buen resultado general el Teatro Colón presentó -fuera de sus abonos y en funciones denominadas extraordinarias- dos obras breves de Luigi Dallapiccola: ‘Vuolo di notte’ e ‘Il Prigioniero’. En ambos casos las obras subían por tercera vez en la historia del ente lírico. Volo di notte -la única ópera que transcurre en la Argentina de autor no nacido o afincado en nuestro país- se pudo presenciar en las Temporadas 1959 y 1969 e Il prigioniero en 1954 y 2000. En este doble programa Dallapicola el director escénico, Michał Znaniecki, optó por intentar dar unidad dramática sin lograrlo y ésta fue la principal debilidad de la versión escénica. El trascurrir Volo di notte en la Argentina, en los inicios de la aviación civil, le dio pié a Znaniecki para colocar referencias al pasado reciente a pesar de estar la versión en la época en la que debe transcurrir. Así Simona Fabien se convirtió luego de la noticia de la muerte del piloto Fabien en una ‘madre de plaza de mayo’ -sesenta años antes de que éstas existieran- y la protesta del final de Volo en una alusión a la última dictadura militar argentina (1976-1983). Si en esta obra se forzaron las alusiones las mismas quedaron mejor en Il prigioniero, ya que es una metáfora puede ser más fácilmente localizable en un contexto más cercano tanto en el tiempo como en el espacio. La monumental escenografía de Luigi Scoglio contextualiza adecuadamente el aeródromo de noche con dos grandes torres en los costados, una con tres pisos donde se ubican el radiotelegrafista y los empleados, y otra casi sin uso que parece ser la torre de control, en el fondo se ve la pista separada de los controles por una reja que se abre o cierra alternativamente. En el Prigioniero reaparecen las torres y en lugar de la pista se adiciona un gran cubo que permite ver, mediante diversos giros, distintas perspectivas de la prisión. Adecuado a los años 30 el vestuario diseñando para Volo di notte por Ana Ramos Aguayo y de buena factura el de Joanna Medyńska para Il Prigioniero
Razonables a la estética planteada las coreografías de acróbatas y bailarines de Diana Theocharidis y excelente la iluminación de Bogumil Palewicz, aterrizaje de aviones incluido. La dirección musical de Christian Baldini y la respuesta de la Orquesta fueron de primer nivel, mientras que con gran calidad se desempeñó el Coro preparado por Miguel Martínez. Víctor Torres fue un Rivière muy bien actuado con acento en la crueldad del personaje. Vocalmente la masa orquestal lo opacó en algunos momentos aunque fue convincente en toda la obra. Mientras que Daniela Tabernig compuso una Simona Fabien impecable, con perfecta línea de canto y adecuada proyección deslumbrando y conmoviendo en todos los momentos que se encontró en escena. Sergio Spina (radiotelegrafista) y Carlos Ullán (Pellerin) aportaron calidad vocal y eficacia escénica. Carlos Esquivel fue un sobrio Robineau mientras que no desentonaron los empleados encarnados por Duilio Smiriglia, Sebastián Sorarrain, Gabriel Centeno y Emiliano Bulacios. Adecuado el Leroux de Víctor Castells y muy interesante la voz de Carolina Gómez en su breve intervención. En Il Prigioniero brilló el barítono Leonardo Estévez en el protagónico haciendo uno de las mejores actuaciones de su carrera, con credibilidad escénica y sólidos recursos vocales. Con la calidad de siempre Adriana Mastrángelo como la madre y ajustado y compenetrado Fernando Chalabe en el doble rol de Carcelero e Inquisidor. Buen servidos los roles menores por Duilio Smiriglia y Fernando Grassi.

Thursday, June 2, 2016

Dos Galas Líricas en Ushuaia (Tierra del Fuego) Argentina

Fotos: Andrés Camacho

Gustavo Gabriel Otero

Ushuaia, provincia de Tierra del Fuego, Argentina, 27 y 28 de mayo de 2016. Salón Magallanes. Galas Líricas. Daniela Tabernig, soprano. Guadalupe Barrientos, mezzosoprano. Nazareth Aufe, tenor. Ernesto Bauer, barítono. Ivan Rutkauskas, piano. Fragmentos de óperas de Giuseppe Verdi (La Traviata, Macbeth y Rigoletto), Gaetano Donizetti (Lucia di Lammermoor y La Favorita), Giacomo Puccini (La Bohème y Madama Buterfly), Wolfgang A. Mozart (Don Giovanni), Georges Bizet (Carmen), Franz Lehar (Die lustige witwe), Ruggiero Leoncavallo (Pagliacci), Camille Saint-Saëns (Samson et Dalila), Umberto Giordano (Andrea Chenier). Séptimo y Octavo Concierto del Ciclo Otoño Clásico en Arakur Ushuaia.

En Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, no es habitual encontrar eventos culturales por eso hay que celebrar la idea de este ciclo denominado ‘Otoño Clásico’ que organiza el Hotel Arakur Ushuaia Resort & Spa, que con diez conciertos entre el 30 de abril y el 4 de junio ofrece a locales y turistas una excelente ventana al mundo de la música clásica. Ya pasaron los pianistas Miguel Ángel Estrella y Ralph Votapek, el Trío Clásico de Buenos Aires y un dúo de violín y piano, y cerrará el Ciclo el Coro Polifónico Nacional de Ciegos. Como no podía faltar la lírica se convocó a cuatro contantes solistas y un pianista para que durante dos noches, con programas diferentes, den cuenta de dieciocho fragmentos, el viernes 27 de mayo, y doce fragmentos, el sábado 28, de catorce óperas diferentes. La selección fue más que acertada y se alternaron fragmentos únicos con tres y hasta cuatro dúos o arias de la misma ópera. 

No fue el típico recital de cantantes mirando al público sino que se hicieron movimientos teatrales, se utilizaron las distintas entradas para el ingreso de los artistas y siempre se intentó dar credibilidad escénica a los fragmentos y unidad estilística musical. No pudo ser mejor, en ambas jornadas, el acompañamiento al piano de Ivan Rutkauskas quien con menos de treinta años exhibe seguridad, musicalidad y perfecto apoyo a los solistas. La soprano Daniela Tabernig evidenció estar pasando por un momento vocal extraordinario -no en vano fue protagonista en alguno de los elencos de dos de las tres óperas que ofreció este año el Teatro Colón y en la única del Teatro Argentino de La Plata además de la sinfonía Resurrección de Mahler- y es difícil escoger un fragmento solista para calificar cómo el mejor. Así fue una Donna Anna contenida pero segura y perfecta en ‘Non mi dir’, una Mimí deliciosa en su aria de presentación y una dulce Micaela en ‘Je dis que rien’ en la primera noche. Mientras que emocionó con ‘Un bel di vedremo’ y cautivó con el momento solista de Nedda de Pagliacci. A dúo con el barítono Ernesto Bauer interpretó ‘la ci darem la mano’ de Don Giovanni donde la seducción actoral y vocal del Bauer dio posibilidad a Tabernig para crear un ser simple y seducido y, en la segunda noche, el dúo entre Silvio y Nedda de conmovedora perfección en ambos intérpretes. Con el tenor Nazareth Aufe cantó ‘Parigi o cara’, el dúo del primer acto entre Micaela y Don José de Carmen y el final del primer acto de La Bohéme, en los tres fragmentos ambos intérpretes se conjugaron a la perfección. En la segunda noche ante el Pinkerton arrollador de Aufe fue una apasionada Cio-Cio-San en el dúo del primer acto. Expresividad, manejo del fraseo, agudo firme y caudal poderoso fueron evidentes en las dos jornadas. Impactante fue la entrada de la mezzosoprano Guadalupe Barrientos por el centro de la platea cantando la ‘Habanera’ de Carmen de Bizet mientras que con el ‘Mon Coeur’ de Samson et Dalila seguramente revivió el triunfo obtenido hace pocas semanas en Eslovenia. Poderosa seducción, intencionalidad perfecta, entrega, voz potente de seguros graves y centro de color aterciopelado evidenció la joven artista en la primera jornada. 

En la segunda acometió ‘O mio Fernando’ de La Favorita y se atrevió a ‘La mamma morta’ de Andrea Chenier ambas con perfecto sentimiento y depurada línea. A dúo con el tenor Nazereth Aufe cantó el final de Carmen, donde ambos artistas se involucraron en los personajes hasta hacer olvidar que era un concierto. El dúo ‘Lippen Schwingen’ de Die Lustige Witwe ofreció un momento de intenso lucimiento para Ernesto Bauer que fue muy eficazmente acompañado por Barrientos. Por aplomo, musicalidad y seguridad en el agudo sorprendió el tenor Nazareth Aufe. Fue en la primera noche Edgardo (de Lucia) de esmerada interpretación belcantista, también Alfredo (de Traviata), Don José (de Carmen) y Rodolfo (de La Bohème) en todos los fragmentos fue seguro, profesional y ajustado intérprete. Con menos eficacia abrió la segunda noche con ‘Ah, la paterna mano’ de Macbeth pero luego cantó con justeza ‘Parmi veder’ de Rigoletto y ‘Addio fiorito asil’ de Madama Buterfly. Un artista a tener en cuenta y a seguir con detenimiento. Sin discusiones la presencia magnética en el escenario y la calidad vocal de Ernesto Bauer. El viernes 27 de mayo interpretó con perfectos acentos tanto ‘cruda funesta smania’ de Lucia como a Giorgio Germont en ‘Di provenza’, en ‘Finch ch’han dal vino’ de Don Giovanni quizás faltó algo de fiato para esta aria de extrema dificultad, mientras que finalizó esa noche con una exquisita interpretación de la ‘Ballmusik’ de Die Lustige Witwe. 

El sábado conmovió con su calidad vocal, intencionalidad, y volumen en los dos fragmentos solistas: ‘Pietá, respeto, amore’ de Macbeth y el célebre ‘Cortigiani’ de Rigoletto. El público ovacionó a los artistas en la primera noche y deliró en la segunda. Ante los efusivos aplausos en las dos jornadas interpretaron el Brindis de La Traviata como bis o propina. El viernes agregaron, también, el Cuarteto de Rigoletto -que en la segunda noche y con distinto movimiento actoral integró el programa y dónde las cuatro voces se amalgamaron a la perfección- mientras que el sábado versionaron tanto la Habanera de Carmen como el Nessun Dorma de Turandot de Puccini para cantarlo en cuarteto y para felicidad del público. En suma: dos noches de alta calidad en el extremo sur de la Patagonia Austral.

Sunday, May 29, 2016

La Boheme en el Teatro Argentino de la Plata


FotoL Guillermo Gennitti
Dr. Alberto Leal

Estrenada en 1896 en el Teatro Regio de Turín poco podemos agregar de esta magnífica obra del Maestro Puccini.Solo con decir que es la cuarta ópera más representada en el mundo, queda en claro el interés que despierta en todos los amantes de la ópera. La versión con que abrió su temporada el Teatro Argentino deber ser considerada de excelencia, demostrando una vez más que bien elegido el reparto nuestros cantantes pueden realizar excelentes prestaciones. El Maestro Carlos Vieu, siempre una garantía al frente de la orquesta estable, brindó una excelente versión musical, impecable en estilo, supo equilibrar foso y escenario, nunca tapando a los cantantes y brindar brillantez cuando era requerida. Gran trabajo que fue acompañado por la orquesta estable en todo momento. Mario Pontiggia generó una escenografía en dos planos, muy interesante, aunque la segunda planta no fue muy usada, dio un muy buen marco visual. Como es sabido no soy proclive a los cambios de época en las óperas en general. Sin embargo aquí, trasladada alrededor de 1940, fue coherente en todo momento y no alteró mayormente la trama. El vestuario, también de Pontiggia fue mucho menos convincente. No hay forma de justificar que Mimí llegue moribunda con el peinado recogido impecable como usó en toda la representación ni vestida de impactante floreado (todo esto restó fuerza dramática al final) Tampoco es explicable que en Paris en pleno invierno y en la calle salgan bailarinas en malla. Hay muchos detalles de este tipo pero lo valioso es que marcó muy bien a los cantantes, quienes respondieron en gran forma, creando momentos de comicidad de buen cuño y otros de notable sensibilidad. Lo vocal nunca bajó de un nivel de excelencia. Daniela Tabernig, una de las jóvenes figuras con segura transcendencia a nivel internacional, brindo una brillante Mimí, con hermoso timbre, importante volumen y una gran facilidad para matizar. Actuó en forma siempre correcta, aunque la escena de la muerte – tal vez no favorecida por el entorno - fue lo menos convincente de su trabajo. Gustavo López Manzitti, en uno de los mejores trabajos que le he visto en todos estos años, junto al Werther del Colón. Cantó con bella línea de canto, sensibilidad y notables matices. Fue un convincente actor y esta vez – a diferencia del Colón – usó una peluca perfecta que parecía absolutamente natural. El esperado Do del aria fue algo más tirante que el resto de su canto, pero seguro. Como en otras ocasiones su timbre algo falto de armónicos y punta no dio la fuerza de los típicos timbres mediterráneos. Pero en un todo es un más que respetable Rodolfo. Y como ha probado todos estos años es un tenor “todo terreno” que puede pasar de Verdi, Puccini a ópera francesa, alemana o contemporánea y siempre está perfecto en estilo. Ricardo Crampton, en su vuelta a nuestro país, ya que está radicado en Italia haciendo una interesante carrera, mostró su hermoso timbre de barítono, su canto tiene ahora más soltura, lo mismo que su físico, pero manteniendo siempre su línea de canto y su importante volumen. Actuó y cantó con total solvencia, favorecido además por su apariencia física. Siempre se vio en él un elemento para hacer una carrera internacional y puede verse en las críticas de la época que residía en nuestro país. Sin dudas de lo más notorio del reparto. Esperemos verlo en nuestro querido Teatro Colón en poco tiempo. Una total revelación fue la joven soprano chilena Yaritza Véliz. Una Musetta no fácilmente olvidable. Tiene un hermoso timbre de soprano ligera con suficiente volumen, su canto siempre fue expresivo, matizado y su actuación del segundo acto, cantando y actuando con gran sensualidad fue totalmente un logro. Un verdadero hallazgo haberla contratado. Otro punto destacado fue la actuación de Emiliano Bulacios, luciendo una importante voz de bajo y conmoviendo en su aria “Vecchia zimarra, senti “. Mario Di Salvo, completó con solvencia vocal y escénica el grupo de bohemios. Un nivel de total corrección brindó el resto del elenco. Gran trabajo del coro, dirigido por Hernán Sánchez Arteaga, lo mismo que el de niños dirigido por Mónica Dagorret. Una gran apertura de temporada con un “Boheme” que merece ser vista. Nota: Una pregunta para el Director General y Artístico Sr. Martin Bauer, si en una función de “La Boheme”, un domingo por la tarde, con excelente elenco, dirección y atractiva puesta, además de un precio absolutamente acomodado, no logró llenar la platea, con varias filas vacías en la parte trasera y notables blancos en el resto de la sala, que se puede esperar para las funciones de ópera contemporánea? Es para pensar

Friday, October 9, 2015

Estreno Argentino de Rusalka

Crédito Liliana Morsia. Gentileza: Buenos Aires Lírica

Gustavo Gabriel Otero

Buenos Aires. 04/10/2015. Teatro Avenida. Antonín Dvorák: Rusalka, ópera en tres actos. Libreto de Jaroslav Kvapil. Estreno Argentino. Mercedes Marmorek, dirección escénica. Luciana Fornasari, diseño de escenografía. Lucía Marmorek, diseño de vestuario. Ignacio González Cano, coreografía. Alejandro Le Roux, diseño de iluminación. Daniela Tabernig (Rusalka), Eric Herrero (Principe), Homero Pérez Miranda (Vodník, duende del agua), Elizabeth Canis (Jezibaba, bruja), Marina Silva (La Princesa Extranjera), Mirko Tomas (Guardabosques), Oriana Favaro, Rocío Giordano y Vanina Guilledo (Ninfas del bosque), Sergio Vittadini (Cazador), Cecilia Pastawski (mozo de cocina). Orquesta y Coro de Buenos Aires Lírica. Director del Coro: Juan Casasbellas. Dirección Musical: Carlos Vieu. Espectáculo presentado y producido por la Asociación Buenos Aires Lírica.

La Asociación de Ópera Buenos Aires Lírica ofreció en el Teatro Avenida de Buenos Aires, en carácter de Estreno Argentino, Rusalka de Antonin Dvorak con alta calidad musical y una fallida puesta en escena. Mercedes Marmorek optó por situar la acción alrededor de los años 1890/1900, los actos primero y tercero tienen lugar en un oscuro burdel centroeuropeo y el segundo en la corte de algún Príncipe del Imperio Astrohúngaro. Lo abstracto y misterioso se intentó hacer concreto y ésta fue la causa de la fallida versión escénica. Con estas ideas la obra perdió toda la magia, la fantasía y el romanticismo que tiene. La escenografía de Luciana Fornasari y el vestuario de Lucía Marmorek lucieron buen diseño y confección e, indudablemente, se adecuaron al concepto de la puesta. Particularmente fallido el vestuario de la protagonista y no muy feliz el del príncipe que se presenta en un prostíbulo de traje militar de gala, que por otra parte utiliza en toda la obra. Irregular la iluminación de Alejandro Le Roux, que dejó en muchos momentos a los protagonistas entre las sombras, y olvidable la coreografía de Ignacio González CanoEl maestro Carlos Vieu dio impulso vital a la partitura, cuidando el balance entre el foso y la orquesta. Algunas pifias los bronces y pequeñas desafinaciones de las cuerdas no opacan la gran calidad general de la versión musical. Daniela Tabernig fue una protagonista de fuste, deslumbrante y con perfecta línea de canto. Subyugó en todo momento, con lirismo, con entrega y con convicción. El tenor Eric Herrero cumplió con los requerimientos de la parte del Príncipe. Tiene sólidos agudos aunque es oscilante en el centro y no demasiado expresivo. La mezzosoprano Elizabeth Canis descolló como la malvada bruja Jezibaba, mientras que Homero Pérez Miranda insuflo autoridad y convicción como  Vodník, el padre de Rusalka, y duende del agua. Marina Silva fue una Princesa Extranjera temperamental que mostró nuevamente expresividad, línea de canto y belleza vocal. Adecuado el Coro en sus breves intervenciones, muy homogéneas las tres ninfas, aquí prostitutas en el burdel centroeuropeo, Oriana Favaro, Rocío Giordano y Vanina Guilledo, con esmerada corrección el Guardabosques de Mirko Tomas, y solvente el resto del elenco.