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Thursday, July 2, 2020

Enrique Arturo Diemecke: La vida a través de la música


Por José Noé Mercado

Enrique Arturo Diemecke: Biografía con música de Mahler (Siglo XXI, 2020) del periodista, editor y promotor cultural duranguense José Ángel Leyva es un libro que asume el gran reto de perfilar con palabras a un personaje que en esencia vive a través del sonido.

No es tarea menor, ni su ambición es modesta, ya que muchos músicos —como las obras que interpretan o crean— no siempre pueden aquilatarse fuera del cosmos sonoro del que son parte, en el que nacen y se agotan.   

Pero luego de leer las 277 páginas que integran esta publicación, la buena noticia es que el autor no únicamente logra salir avante de esa labor documental, sino que con un lenguaje llano y ameno, rítmico y transparente, consigue plasmar el rico mundo sensorial que configura el rostro humanista de Enrique Arturo Diemecke, el director de orquesta nacido en la Ciudad de México el 9 de julio de 1955 que se nutre de su pulso vital tanto como de otras artes para concebir la música como un prisma fascinante a través del que puede entenderse la vida misma.

Leyva, tras diversas entrevistas previas con el que sin duda es uno de los concertadores más destacados nacidos en México, hace hablar en primera persona a su biografiado para narrar ilustrativas anécdotas profesionales, compartir agudos pero legibles apuntes técnicos o emotivas reflexiones interiores y estéticas que dan cuenta de un personaje experimentado en el oficio que profesa.

Pero también de un ser creativo, inteligente y atento que no se entiende fuera del mundo; que no prescinde de lazos amistosos y sanguíneos y del significado dentro de su existencia; que aún cuando habla de obras, periodos y compositores que pueden remontarse a décadas o siglos atrás, no está apartado de su acontecer social ni del sentir de una época o la psicología de quienes lo rodean.

Otro de los méritos de Leyva consiste en que supo proveerse del material necesario para definir etapas, pasajes y emociones sustantivas de Diemecke; se nota que el músico habló con soltura, confianza y energía. Y, más importante aún, es que el autor supo descartar los inagotables detalles que suelen acompañar una trayectoria profesional tan relevante y longeva, desarrollada en diversos países, como la de Diemecke; José Ángel Leyva consigue una edición limpia, una estructura sólida y una perspectiva angular que no prescinde de acercamientos en primer plano.

Además de incluir un código quick response para acceder a la interpretación de la Sinfonía número 1 en Re mayor, Titán de Gustav Mahler que conduce Enrique Arturo Diemecke al frente de la Orquesta Sinfónica de Flint, de la que ha sido su titular artístico por más de 30 años, el libro está salpimentado con fotografías del director tomadas a lo largo de los años y de páginas de partituras mahlerianas donde se aprecian múltiples anotaciones que sirven como guías de interpretación y que testimonian la fascinación que el intérprete siente por su autor preferido.

Y sí. Ese amor cultivado y sostenido por el director capitalino hacia el compositor bohemio es el motivo conductor que da sentido y contraste al libro, que inicia con el recuerdo de Diemecke por aquellas vivencias musicales infantiles con sus padres y con el cuarteto que formó con sus hermanos —su papá le hizo comprender lo importantísimo que era ser el segundo violín y sobre todo el publirrelacionista del conjunto—, pero de ninguna manera se limita a un solo tema.

Por el contrario, ya desde el capitulado (“La música en mí”; “Los tres milagros”; “Padres”; “Entre México y el mundo”; “Mahler y yo”; “De composición, compositores y educación musical”; “Embajador de la cultura”; “Ciudadano de la orquesta”; “Reflexiones para derribar una cuarta pared”; “Una pregunta, señor Mahler; y “Once pasos para interpretar a Mahler”), el lector puede catar el rico temario de una publicación que proyecta a un músico que habla sobre el quehacer musical con dulzura y conocimiento, a veces revelando la ingenuidad de una aproximación inicial incluso con su autor fetiche, pero con una autoridad artística genuina y desprovista de ridículas impostaciones, con la que ha estado al frente como titular o invitado de orquestas en casi todo el planeta y con artistas del más diverso renombre.

Aunque no menos apetecible resulta conocer el entramado personal, íntimo, de Diemecke, si bien no todo son momentos de felicidad y satisfacción. El músico muestra su fragilidad y el dolor intenso del que a veces ha sido preso y que sin duda ha marcado su sensibilidad. El protagonista no vacila, en uno de los pasajes más conmovedores del libro, en contar el quiebre anímico y espiritual que significó la paulatina pero irreversible decrepitud de su padre, uno de los seres que lo hizo amar la música tanto como la vida, impedido no sólo para continuar su labor pedagógica y artística, sino para mantener su salud y eludir la muerte.

Y no lo hace desde el morbo o el amarillismo, sino desde el más amoroso ángulo, que sirve también para alumbrar diversas cuestiones que se viven dentro de una orquesta y del ciclo útil de un atrilista, que inevitablemente concluye y que puede llevar no sólo a un ocaso laboral, sino anímico.

El libro pareciera durar muy poco antes de concluir y no sería raro que el lector quede con ganas de seguir adentrándose en esa óptica del director que está o ha estado al frente de orquestas e instituciones como la Sinfónica Nacional de México, la Sinfónica del Instituto Politécnico Nacional, la Filarmónica de Buenos Aires, el Teatro Colón en Argentina o la Filarmónica de Bogotá, en Colombia.

Pero lo cierto es que en estas páginas se recorre lo esencial de Diemecke; incluso facetas no del todo conocidas como la de compositor, arreglista o intérprete de diversos instrumentos. Y es fácil encariñarse con él, sonreír, sentirse frágil o volverse niño para mirar un mundo que le sorprende y con el que es capaz de conectar a través de los sonidos tan sinceramente como pocos músicos mexicanos lo han conseguido.

Friday, December 6, 2019

Los Cuentos de Hoffmann en el Colón de Buenos Aires


Fotos: Prensa Teatro Colon / Maximo Parpagnoli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 04/12/2019. Teatro Colón. Jacques Offenbach: Les contes d’Hoffmann (Los Cuentos de Hoffmann). Opera en un prólogo, tres actos y epílogo, libreto de Jules Barbier. Eugenio Zanetti, dirección escénica, escenografía y diseño multimedia. Bruno Arantes, realización de video. Eugenio Zanetti y Sebastián Sabas, vestuario. Irene Martens, coreografía. Eli Sirlin, iluminación. Ramón Vargas (Hoffmann), Rachele Gilmore (Olympia); Virginia Tola (Antonia), Milijana Nikolic (Giulietta); Rubén Amoretti (Lindorf, Copelius, Miracle y Dapertutto); Sophie Koch (La Musa y Nicklausse); Osvaldo Peroni (Frantz, André, Cochenille y Pittichinaccio); Omar Carrión (Spalanzani), Alejandro Spies (Crespel); María Luisa Merino Ronda (voz de la madre); Gabriel Renaud (Nathanaël); Ernesto Bauer (Hermann); Emiliano Bulacios (Schlémil); Christián De Marco (Luther); Gabriela Ceaglio (Stella). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Fabián Martínez. Dirección Musical: Enrique Arturo Diemecke.

El Teatro Colón cerró su Temporada Lírica 2019 con una nueva puesta en escena de ‘Los cuentos de Hoffmann’ que, lamentablemente, no pasó de la medianía por una puesta a todas luces grandilocuente y vacía, una dirección musical rutinaria y un cuadro de cantantes desparejo. Los aspectos escénicos fueron confiados a Eugenio Zanetti quien diseñó un vestuario ecléctico sin un anclaje temporal definido, una escenografía grandilocuente, proyecciones que sólo distraen la atención y un movimiento escénico rutinario y escenográfico sin precisiones o hallazgos actorales o teatrales.La idea principal es introducir un equipo de filmación que está realizando una biografía de Hoffmann que aparece en determinados momentos a lo que se añaden fotógrafos y curiosos varios.
Dos escaleras laterales conectadas con un cilindro octogonal, de inspiración gótica, donde están tanto al principio como al final las tres mujeres -Olympia, Antonia y Giulietta- marcan la ambientación escenográfica. Las escaleras y el cilindro cambian permanentemente de posición con el constante uso del escenario giratorio y por detrás se proyectan edificios, catedrales, pájaros, la luna, montañas, el mar, un incendio de bosques, la torre Eiffel, fuegos artificiales y hasta dirigibles que van y vienen. Complementado con multiplicidad de objetos, humo, autos, góndolas, faroles, barcas, estatuas monumentales, figurantes y bailarines. Todo el trabajo de Zanetti luce pesado, barroco y recargado; con poca atención a la labor teatral y actoral en una estética gastada y kitsch. Correcto el trabajo de Eli Sirlin en la iluminación y rutinaria la coreografía de Irene MartensSin pasar de una lectura rutinaria resultó la dirección musical de Enrique Arturo Diemecke, con notables desbalances y con tiempos lentos y pesados al principio y mejores a medida que avanzó la representación. Ramón Vargas exhibió profesionalismo, entrega y compenetración en su Hoffmann. Alternó momentos de mayor valía con otros donde la fatiga vocal era evidente, con todo redondeó una buena prestación artística. El bajo español Rubén Amoretti interpretó a los cuatro villanos (Lindorf, Copelius, doctor Miracle y Dapertutto) con estilo, elegancia, maldad a flor de piel y perfectos recursos vocales. De los personajes femeninos descollaron Rachele Gilmore y Sophie Koch.
Rachele Gilmore fue sin duda lo mejor de la noche. Deslumbró con su interpretación de Olympia por su exquisito timbre, por su extraordinaria extensión y por intercalar sobreagudos no marcados en la partitura que deslumbraron al público. La exquisita mezzosoprano Sophie Koch fue un verdadero lujo en el doble rol de la Musa y Nicklausse. Cada frase adquiere en su interpretación el matiz y el detalle justos que complementan su extraordinaria línea de canto y su bello color vocal. Con algunas irregularidades en sus prestaciones cumplieron sus cometidos tanto Milijana Nikolic en el rol de Giulietta como Virginia Tola en el rol de Antonia. Osvaldo Peroni aportó en los roles característicos de (Frantz, André, Cochenille y Pittichinaccio) su inocultable calidad vocal y actoral; irreprochable Omar Carrión como Spalanzani así como el Crespel de Alejandro SpiesMuy buena la prestación del Coro Estable que dirige Miguel Martínez y de buen nivel los cantantes de flanco con la excepción de Gabriel Renaud (Nathanaël) por sus agudos destemplados.

Tuesday, June 25, 2019

Recital de Elīna Garanča en Buenos Aires

Gentileza Prensa Teatro Colón / Crédito: Arnaldo Colombaroli


Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 19 de junio de 2019: Teatro Colón. Concierto Lírico. Obras de Jacques Offenbach; Pietro Mascagni; Francesco Cilea; Camille Saint-Saëns; Manuel De Falla; Francisco Asenjo Barbieri; Pablo Luna Carné y Georges Bizet. Solista: Elīna Garanča, mezzosoprano. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Director Musical: Enrique Arturo Diemecke. Ciclo Grandes Intérpretes Internacionales.

En esta primera Gira por Sudamérica -que seguirá luego en San Pablo (Brasil) y Lima (Perú)- la mezzosoprano letona Elīna Garanča demostró sin lugar a dudas, en este Concierto en el Teatro Colón de Buenos Aires, las razones que la colocan como una de las grandes artistas líricas de la actualidad, en un programa que mostró un excelente abanico de su repertorio en un panorama más que abarcativo de sus capacidades interpretativas. La acompañó la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por Enrique Arturo Diemecke, que fue rutinario soporte en las intervenciones solistas y deslucida, desbalanceada y errática en los cuatro momentos puramente orquestales. Garanča comenzó con Santuzza y ‘Voi lo sapete’ de Cavalleria Rusticana en la que derrochó dramatismo y matices. Le siguió ‘Mon coeur s’ouvre à ta voix’ de Samson et Dalila interpretado con poderosa seducción y con su centro de terciopelo. 
En el aria para soprano ‘Io son l’umile ancella’ de Adriana Lecouvreur de Cilea hizo gala de sus pianísimos extraordinarios, de la homogeneidad de su registro y de su fraseo admirable. Mientras que ‘Acerba voluttà’ fue arrolladora en la interpretación con graves poderosos y notable volumen. En la segunda parte desplegó su amor por el repertorio español. Así la ‘Canción de Paloma’ de El barberillo de Lavapiés de Francisco Asenjo Barbieri y ‘De España vengo’ de El Niño Judío de Pablo Luna Carné fueron vertidas con muy buena articulación del idioma, natural gracia y soltura escénica. El recital finalizó con dos fragmentos de Carmen de Georges Bizet: la ‘Habanera’ fue una fiesta de diversidad de inflexiones e intensidades y de plena seducción; mientras que en la ‘Chanson Bohème’ del segundo acto derrochó energía y entrega. Ante las ovaciones del público ofreció cuatro piezas fuera de programa todas en español. Las ‘Carceleras’ del segundo acto de la zarzuela cómica Las hijas del Zebedeo de Ruperto Chapí, más tres obras que corresponden a su último trabajo discográfico denominado ‘Sol y Vida’. La versión en clave femenina del aria de tenor ‘No puede ser’ del segundo acto de la zarzuela La tabernera del puerto de Pablo Sorozábal; un gran homenaje a la Argentina con una delicada versión del tango-canción ‘El día que me quieras’ de Gardel y Lepera, para finalizar con una electrizante interpretación de un clásico tenoril de Agustín Lara: ‘Granada’.

Wednesday, September 26, 2018

Pelléas et Mélisande en Buenos Aires

Prensa Teatro Colón /Máximo ParpagnoliPrensa Teatro Colón / Arnaldo Colombaroli


Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 31/08/2018. Teatro Colón. Claude Debussy: Pelléas et Mélisande. Ópera en cinco actos, libreto basado en el drama homónimo de Maurice Maeterlinck. Gustavo Tambascio (1948 – 2018), dirección original del proyecto, Susana Gómez, dirección escénica. Nicolás Boni, escenografía. Jesús Rui, vestuario. José Luis Fiorruccio, iluminación. Giuseppe Filianotti (Pelléas), Verónica Cangemi (Mélisande), David Maze (Golaud), Lucas Debevec Mayer (Arkel), Adriana Mastrangelo (Geneviève), Marianella Nervi Fadol (Yniold), Alejo Laclau (Médico), Cristian De Marco (Pastor). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Fabián Martínez. Dirección Musical: Enrique Arturo Diemecke.

Con el objetivo de celebrar el centenario de Claude Debussy volvió al escenario del Teatro Colón, en nueva puesta en escena, su única ópera Pelléas et Mélisande en una versión correcta a siete años de su última reposición. El maestro Enrique Arturo Diemecke a cargo de la concertación logró una versión razonable de la obra sin perjuicio de algunos momentos menos afortunados o alguna falta de sincronización. Quizás el punto más alto fue la faz visual por la creatividad de los distintos marcos escénicos ideados por Nicolás Boni con el aporte de la iluminación de José Luis Fiorruccio. La idea original del fallecido Gustavo Tambascio se enfocó en dos aspectos principales que fueron respetados por la que resultó la directora escénica: el paso del tiempo y el acento sobre la figura de Golaud. El vestuario de Jesús Rui fue funcional a la idea rectora de la puesta y los movimientos escénicos de Susana Gómez no parecieron un aporte fundamental aunque nada resultó fuera de lugar o transgresor. Los solistas principales no se distinguieron por su dicción francesa y actuaron con esmerada corrección. Verónica Cangemi en su primer acercamiento a Mélisande mostró profesionalidad y buena preparación mientras que Giuseppe Filianotti compuso en Pelléas razonable. El Golaud de David Maze fue centro de la acción conforme la puesta y el artista se destacó tanto por su canto como por su involucramiento escénico. Con muy buen volumen pero con emisión afectada y no natural el rey Arkel de Lucas Debevec MayerMuy en estilo Marianella Nervi Fadol como Yniold, un lujo Adriana Mastrángelo como Geneviève con dicción francesa impecable. Correcto el resto del elenco así como  el Coro Estable en sus breves intervenciones.



Friday, July 13, 2018

El Réquiem de Verdi en Buenos Aires

Fotos: Prensa Teatro Colón /Máximo Parpagnoli.


Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 03/07/2018. Teatro Colón. Giuseppe Verdi: Messa da Requiem. Solistas: María José Siri (soprano), María Luján Mirabelli (mezzosoprano), Darío Schmunck (tenor), Goderdzi Janelidze (bajo). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Fabián Martínez. Director Musical: Enrique Arturo Diemecke.

En las Temporadas fuera de sede del Teatro Colón cumplidas entre 2007 y 2009 el Réquiem de Verdi figuró en la cartelera en 2007 en el Teatro Coliseo y en 2008 en el Auditorio de Belgrano. Con la sala reabierta, el 30 de agosto de 2010, los cuerpos estables del Teatro Alla Scala de Milán ofrecieron la monumental Misa verdiana bajo la batuta de Daniel Baremboim, sin dejar de señalar que ya era tiempo para que la monumental Missa verdiana volviera a la cartelera del Colón, el principal atractivo de la versión estaba centrado en la vuelta a Buenos Aires de la soprano uruguaya María José Siri que cantó mucho en sus inicios tanto en nuestra ciudad como en otros escenarios de la Argentina -2003 a 2007- pero que desde su residencia efectiva en Italia y el despegue de su carrera internacional no había vuelto a los escenarios locales. La versión no defraudó y tuvo varios puntos de excelencia comenzando por la prestación del Coro Estable, que dirige Miguel Martínez, que logró dar el matiz justo, adecuado y seguro en cada una de sus intervenciones. Impactante en los momentos de fuerza tales como el ‘Dies irae’ o la fuga del ‘Sanctus’, pero a la vez sutil y delicado en los momentos que así lo requieren como el susurrado ‘Réquiem aeternan dona eis’ del inicio. El maestro Enrique Arturo Diemecke redondeó una versión musical tan profunda como precisa. Con un inicio lento y solemne logró diferenciar con justeza los momentos más líricos de los dramáticos. Quizás un poco menos de potencia en los momentos más efectistas habría venido muy bien. El tenor Darío Schmunck aportó su segura musicalidad, su registro homogéneo y la belleza de su timbre a un cuarteto solista que cumplió con todas las expectativas. Con el profesionalismo y la calidad habitual se desempeñó la mezzosoprano María Luján Mirabelli dando realce a todas sus intervenciones. El joven bajo, nacido en Giorgia, Goderdzi Janelidze evidenció en este su debut en el Colón un voz de poderosos medios, bello color y gran volumen. Sin dudas un artista a seguir con detenimiento en el futuro. Sin dudas un regreso esperado y con gloria de la soprano María José Siri que acometió su parte con registro parejo, gran volumen, perfecta proyección y adecuada intencionalidad, delicados y bien perfilados pianísimos y potente dramatismo.



Tuesday, August 1, 2017

Espectacular presentación del tenor Javier Camarena en el Teatro Colon

Foto: A. Colombaroli

Dr. Alberto Leal

Hace mucho tiempo que el Colón no brinda un Concierto de la calidad del efectuado el 27 pasado. Llevo toda una vida en el mundo de la Opera – y son muchos años – creo que contadas veces o tal vez nunca viví una experiencia como la del mencionado Concierto. Javier Camarena es de los mejores tenores de la actualidad y seguramente de los mejores que he visto en vivo. Es un cantante que además de su depurada técnica tiene condiciones naturales que no son para nada normales. Con él cualquier adjetivo parece quedar pequeño. Además, su simpatía, su humildad y don de gente lo hacen sin dudas un caso único y justifica totalmente el éxito que está obteniendo en los teatros del mundo. Con una voz de importante volumen, con un timbre más cercano a un lírico que a un lírico ligero, una extensión impresionante, soberbia línea de canto, notable facilidad para las coloraturas es de lo más cercano a la perfección técnica que he escuchado. Deslumbrante su apabullante línea de canto en las arias de “Romeo y Julieta” y “Pescadores de Perlas”, con fantásticos agudos en pianísimo, además de un increíble fiato. Absolutamente esplendida su versión de “Si, ritrovarla io giuro” de la Cenerentola, con espectacular re o mi sobreagudo (estamos en discusión) interpolado a tan difícil aria. Y su cierre de la primera parte con su ya conocida magnífica versión de “La hija del Regimiento”, cantada con total facilidad. Delirio del público que colmaba la sala y no era para menos. La segunda parte comenzó con dos espléndidas versiones de Donizetti, “Lucía” y “Don Pasquale”. Luego Verdi, una espectacular versión del aria y caballeta de “Traviata” y “La donna e mobile”.  Delirio del público asistente que aplaudió de parado la maravilla que había escuchado.  Luego llegaron tres bises, “Alma Mía”, “Granada” (delirio total del público) y “El día que me quieras”. No menos importante para el logro de esta fantástica velada fue la intervención del Maestro Enrique Arturo Diemecke. Excelencia en todo su trabajo, con una orquesta que le respondió todo el tiempo. Magnífico acompañante y soberbia su versión de la obertura de “La Forza del Destino”. Bravo Una noche inolvidable con un tenor fuera de serie, hay que juntar todos los adjetivos posibles para poder definirlo. Luego de la muy buena versión de “El Caballero de la Rosa” y este súper Concierto siento que el Teatro Colón está volviendo por su gloria. Hay tratativas de traer a Camarena para una ópera el próximo año, pero no resulta fácil por su agenda. ¡Este Concierto fue un regalo de corazón para todos los que amamos a la Opera!

Friday, July 28, 2017

El debut de Javier Camarena en el Colón de Buenos Aires

Fotos crédito: Prensa Teatro Colón /Arnaldo Colombaroli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 27 de julio de 2017: Teatro Colón. Concierto Lírico. Obras de Charles Gounod, Georges Bizet, Gioacchino Rossini, Gaetano Donizetti y Giuseppe Verdi. Solista: Javier Camarena, tenor. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Director: Enrique Arturo Diemecke. Segundo Concierto del Abono Verde.

No es la primera vez que se vuelve a confirmar que el público del Teatro Colón está ávido de figuras internacionales por eso las ovaciones -totalmente merecidas- que recibió Javier Camarena en su debut local. La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires –un organismo con repertorio mayoritariamente sinfónico- fue buen soporte para los momentos solistas del tenor y resultó irregular y de trazo grueso cuando acometió fragmentos puramente sinfónicos: las Oberturas de Romeo y Julieta de Gounod, la de El Barbero de Sevilla de Rossini y la de La forza del destino de Verdi. No obstante los profesores de la orquesta están acostumbrados a la mano de su director titular el maestro Enrique Arturo Diemecke y responden con eficacia a sus indicaciones dinámicas. Luego de la obertura de Romeo y Julieta, a la que se le amputó el coro. Camarena entró y fue ovacionado antes de emitir nota alguna, el tenor mexicano respondió expresando su alegría y emoción por presentarse por primera vez en el Colón. Casi sin solución de continuidad cantó “Ah! lève-toi, soleil!” de Romeo y Julieta de Gounod y “Je crois entendre encore” de Los pescadores de perlas de Bizet. Con estos dos fragmentos demostró sobradamente su bien ganado lugar en el mundo de la lírica actual. Luego del otro fragmento musical por la Orquesta, la Obertura del Barbero, volvió Camarena para ofrecer otras dos arias seguidas: “Sì, ritrovarla io giuro” de La Cenerentola de Rossini y “Ah! mes amis!... Pour mon âme” de La hija del regimiento de Donizetti. 
El tenor mostró expresividad en cada frase, agudos de acero, potencia vocal y manejo admirable del fraseo. Luego de la pausa, Camarena cantó dos arias de Donizetti: “Tombe degli avi miei… Fra poco a me ricovero” de Lucia di Lammermoor y “Povero Ernesto…  Cercherò lontana terra” de Don Pasquale. Su calidad vocal fue asombrosa y mostró que no hace música en forma mecánica sino que es expresivo y compenetrado. La obertura de La forza del destino sirvió de entretiempo antes del final dando lugar al momento verdiano de la noche: así pasaron “Lunge da lei…  De’ miei bollenti spiriti” de La Traviata y “La donna è mobile” de Rigoletto. Quizás no sean estos fragmentos los que mejor se avienen a la actualidad del tenor sino que preanuncian el repertorio que abordará en el futuro. No obstante mostró que no es una máquina de cantar como algunos lírico-ligeros sino un artista consumado con bello color vocal y técnica impecable. Ante la ovación del público Javier Camarena ofreció tres bises o propinas seleccionadas con el mayor gusto y sensibilidad, si en el programa del concierto cantó en francés e italiano en los encores se prodigó en su castellano natal y con visos populares: así interpretó personales versiones de ‘Alma mía’ de María Grevor, ‘Granada’ de Agustín Lara y como regalo al público local ‘El día que me quieras’ de Gardel y Lepera. Una verdadera noche de triunfo inolvidable para el tenor mexicano.

Tuesday, November 29, 2016

La octava de Mahler en el Colón de Buenos Aires

Prensa Teatro Colón /Arnaldo Colombaroli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 23/11/2016. Teatro Colón. Gustav Mahler: Octava Sinfonía, en Mi bemol mayor. Solistas: Jaquelina Livieri, Daniela Tabernig, Paula Almerares (sopranos), Guadalupe Barrientos, Alejandra Malvino, (contraltos), Enrique Folger (tenor), Alejandro Meerapfel (barítono) y Fernando Radó (bajo). Participación del Coro Polifónico Nacional. Orquesta Estable, Coro Estable y Coro de Niños del Teatro Colón. Director del Coro Estable del Teatro Colón: Miguel Fabián Martínez. Director del Coro de Niños del Teatro Colón: César Bustamante. Director del Coro Polifónico Nacional: Darío Marchese. Dirección Musical: Enrique Arturo Diemecke.

La Octava Sinfonía de Gustav Mahler fue estrenada el 12 de septiembre de 1910 en Munich; a la Argentina llegó el 29 de abril de 1977, en carácter de primera audición sudamericana, en la sala del Teatro Colón. Se apreció en siete funciones de la mano de Pedro Ignacio Calderón, a la sazón director general del Colón bajo el gobierno de facto del momento, actuaron la orquesta Filarmónica de Buenos Aires, los Coros de dicho teatro y se contó con solistas locales. Nuevamente fue Calderón el brazo ejecutor, pero esta vez con la Sinfónica Nacional, en una única oportunidad el 29 de octubre de 1998, también en el Colón pero en la temporada de la Asociación Wagneriana. La tercera y última vez que la obra se pudo escuchar en vivo fue con los elencos del Teatro Argentino de La Plata tanto en su sala en la ciudad de las diagonales (septiembre de 2010) como en el Stadium Luna Park (en noviembre de 2010) y con amplificación dado las características de dicha sala de la ciudad de Buenos Aires. Por cuarta vez en la historia de la Argentina, por segunda vez en la Temporada del Teatro Colón y por tercera en su sala volvió la denominada Sinfonía de los mil con una versión con algunas imprecisiones pero de buen nivel general. La prestación de los tres Coros involucrados fue solvente: tanto el Coro Polifónico Nacional -convocado como segundo Coro en las tres últimas ejecuciones de la obra- como el Coro Estable y el Coro de Niños del Teatro Colón, actuaron con la corrección y el profesionalismo que los caracterizan. Quizás no fue del todo feliz la ubicación de las masas corales necesarias para la obra ya que la campana acústica utilizada era más corta de lo necesario Quedó un espacio al descubierto, entre primera fila de coros y la orquesta, de unos dos o tres metros, con unos cortinados que intentaban atenuar la fuga de sonido. Esto naturalmente afectó la escucha de los coros que en algunos momentos resultaron un poco lejanos. La elección de las voces solistas, quizás los mejores dentro de los cantantes locales, resultó más que acertada. El tenor Enrique Folger interpretó con arrojo, buena emisión e intencionalidad sin mácula. El barítono Alejandro Meerapfel sorteó las dificultades de su parte con emisión segura y belleza vocal mientras que el bajo Fernando Radó volvió a deslumbrar por su volumen, color y perfección. La soprano Paula Almerares en la brevísima Mater Gloriosa no estuvo a la altura de sus amplios antecedentes, mientras que la mezzosoprano Alejendra Malvino fue profesional, solvente y ajustada, una cantante que nunca defrauda.En un año descollante la soprano Daniela Tabernig volvió a demostrar su valía, su constante evolución técnica y expresiva, su línea de canto exquisita y su notable presencia escénica.
Jaquelina Livieri afianza cada vez que se la escucha su imprescindible presencia en los escenarios, mientras que la mezzosoprano Guadalupe Barrientos impresionó por su volumen y su color vocal, en una prestación a todas luces excelente. El maestro Enrique Arturo Diemecke dirigió de memoria la obra intentando concertar todos los detalles de una sinfonía única, difícil, atípica, gigante y monumental. Lo logró en casi todo momento salvo por algunas imprecisiones que no opacan que el maestro mexicano logró llevar a puerto seguro una nave de por sí destinada habitualmente al naufragio. La Orquesta Estable del Colón respondió con calidad como también el grupo de metales situado aparte del resto (4 trompetas en Fa y 3 trombones) que se ubicaron en un palco al fin de la platea. Y así el público y los artistas involucrados salieron felices y satisfechos por un momento único y pocas veces repetido.


Monday, September 10, 2012

Gala Lírica en el Teatro Colón



Foto: Teatro Colon

Dr. Alberto Leal

DARÍO SCHMUNCK ORQUESTA ACADEMICA DEL INSTITUTO SUPERIOR DE ARTE DEL TEATRO COLÓN. DIRECTOR: ENRIQUE ARTURO DIEMECKE
 
Celebrando los cincuenta años de relación entre Argentina y Corea, el Teatro Colón programó un concierto con la soprano coreana Sumi Jo y el tenor argentino Dario Schmunck. Varios años pasaron desde que disfrutáramos la presencia de la cantante coreana, ya que se lució en nuestro Coliseo en “Ariadna en Naxos”, “La flauta mágica” y “Rigoletto”. El tiempo ha pasado, pero sus encantos siguen intactos, más allá de algunas diferencias vocales. Puede aún manejar el fiato de una forma admirable, posee los estupendos pianissimos  que la han caracterizado y su facilidad para la coloratura sigue siendo la misma. Además de su gracia, lo que contribuyó con su actuación en cada aria y lució una espléndida figura. Con una sala totalmente colmada, en gran parte por miembros de la comunidad coreana en Argentina, el concierto tuvo sabor a verdadera fiesta. Por supuesto que el tiempo no pasa en vano. Con independencia de todo lo brindado, en ningún caso dio un sobreagudo en forte, siempre en pianissimos. Su dicción sigue siendo un punto flojo en su canto y su falta de entrega se hizo notable en algunas arias. Brilló en el aria de “Le toréador” de Adolphe Adam, covenció menos en un “Caro nome”, impecable en lo vocal pero poco sentido y lució ampliamente en el aria de Olimpia “Les oiseux dans la charmille” de “Los cuentos de Hoffmann” de Offenbach. Los agregados al programa, tuvieron suerte diversa, desde un «O mio babbino caro», que no es el aria más conveniente para sus medios hasta canciones típicas coreanas y una expresiva y emotiva «Canción a la bandera» de «Aurora» de Panizza, cantada a dúo con el tenor Dario Schmunck, en un totalmente entendible español. El tenor Dario Schmunck cantó una correcta versión de Una furtiva lacrima”, tal vez, los tiempos demasiado rápidos que imprimió el Maestro Enrique Arturo Diemecke no le permitieron matizar más su canto, pero se recompuso brindando un magnífica versión del “Kuda,kuda” de “Eugenio Oneguin”. El Maestro Diemecke se constituyó en una figura más, interactuando con los cantantes. La ORQUESTA ACADEMICA DEL INSTITUTO SUPERIOR DE ARTE DEL TEATRO COLÓN estuvo siempre a la altura del concierto, realizando un plausible trabajo. El cierre, como era de esperar, llegó de la mano del brindis de Traviata. Un concierto particular, con mucho sabor a afecto por la lejana tierra de sus orígenes y muy disfrutable para los que no pertenecemos a la comunidad coreana.

Thursday, May 6, 2010

Concierto OFUNAM - México D.F.

Foto: Enrique Arturo Diemecke -Musica UNAM

Ramón Jacques

Agradable, sugestivo y emociónate, así fue este concierto presentado por la Orquesta Filarmónica de la UNAM, bajo la conducción de Enrique Arturo Diemecke. El reconocido director mexicano de prolífica carrera internacional en el terreno operístico y sinfónico, que hoy funge como director titular de la Filarmónica de Buenos Aires en Argentina, comenzó su estrecha relación con la OFUNAM hace treinta años cuando ocupó el cargo de director asociado.

El concierto comenzó con una alegre y dinámica ejecución de la Obertura de El empresario,k 486 la comedia con música en un acto que Mozart compuso en enero de 1786 por encargo del emperador José II para una celebración importante, y que además de la orquesta grande resalta por el sonido de las trompetas y los timbales. A continuación, se interpretó el Concierto para fagot y orquesta en si bemol mayor, K191 de Mozart. Aunque existen pocas partituras orquestales para fagot, al igual que otros instrumentos que han vivido a la sombra de tantos conciertos para piano y violín, Mozart compuso obras para instrumentos de aliento como: la flauta, el oboe, el clarinete, el corno y el fagot, prueba de ello son sus conciertos, serenatas y divertimentos. El concierto de tres movimientos tuvo como solista al estadounidense David Bell, quien emitió con su fagot la sensual musicalidad del movimiento Allegro y el sereno y pausado carácter, pleno de melancolía y tranquilidad del Andante ma adagio. La orquesta, bajo la segura y entusiasta guía de Diemecke, proporcionó un adecuado acompañamiento de sonido compacto y homogéneo, de típica sonoridad mozartiana apoyada en la ligereza de la sección de cuerdas. Como bis, Bell interpretó el Capricho n. 3 de Rossini.

La segunda parte del concierto vibró con la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor de Mahler, y la ardiente y pasional lectura, de cinco contrastantes movimientos, muy acordes al temperamento del maestro Diemecke quien transmitió y contagió a los músicos la fuerza y la exaltación del movimiento Traeurmarsch que inició con una triste marcha fúnebre que fue subiendo de intensidad al sonido de las trompetas; y del romántico Stürmisch bewegt que terminó con una violenta conjunción de todas las fuerzas musicales. En el tercer movimiento Scherzo, la orquesta se adentró en el gusto y la armonía del landler, el típico ritmo vienés. En el exquisito y tranquilo Adagietto, el movimiento musical que fue inmortalizado en la película Muerte en Venecia de Luchino Visconti, Diemecke condujo con delicadeza y libertad expresiva, extrayendo conmovedora sutileza de los instrumentos de cuerdas, notablemente el arpa. Al final, se escucharon referencias musicales del Adagietto y del segundo movimiento, así como una exuberante melodía que concluyo con un monumental y escalofriante cierre.