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Friday, December 6, 2019

Los Cuentos de Hoffmann en el Colón de Buenos Aires


Fotos: Prensa Teatro Colon / Maximo Parpagnoli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 04/12/2019. Teatro Colón. Jacques Offenbach: Les contes d’Hoffmann (Los Cuentos de Hoffmann). Opera en un prólogo, tres actos y epílogo, libreto de Jules Barbier. Eugenio Zanetti, dirección escénica, escenografía y diseño multimedia. Bruno Arantes, realización de video. Eugenio Zanetti y Sebastián Sabas, vestuario. Irene Martens, coreografía. Eli Sirlin, iluminación. Ramón Vargas (Hoffmann), Rachele Gilmore (Olympia); Virginia Tola (Antonia), Milijana Nikolic (Giulietta); Rubén Amoretti (Lindorf, Copelius, Miracle y Dapertutto); Sophie Koch (La Musa y Nicklausse); Osvaldo Peroni (Frantz, André, Cochenille y Pittichinaccio); Omar Carrión (Spalanzani), Alejandro Spies (Crespel); María Luisa Merino Ronda (voz de la madre); Gabriel Renaud (Nathanaël); Ernesto Bauer (Hermann); Emiliano Bulacios (Schlémil); Christián De Marco (Luther); Gabriela Ceaglio (Stella). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Fabián Martínez. Dirección Musical: Enrique Arturo Diemecke.

El Teatro Colón cerró su Temporada Lírica 2019 con una nueva puesta en escena de ‘Los cuentos de Hoffmann’ que, lamentablemente, no pasó de la medianía por una puesta a todas luces grandilocuente y vacía, una dirección musical rutinaria y un cuadro de cantantes desparejo. Los aspectos escénicos fueron confiados a Eugenio Zanetti quien diseñó un vestuario ecléctico sin un anclaje temporal definido, una escenografía grandilocuente, proyecciones que sólo distraen la atención y un movimiento escénico rutinario y escenográfico sin precisiones o hallazgos actorales o teatrales.La idea principal es introducir un equipo de filmación que está realizando una biografía de Hoffmann que aparece en determinados momentos a lo que se añaden fotógrafos y curiosos varios.
Dos escaleras laterales conectadas con un cilindro octogonal, de inspiración gótica, donde están tanto al principio como al final las tres mujeres -Olympia, Antonia y Giulietta- marcan la ambientación escenográfica. Las escaleras y el cilindro cambian permanentemente de posición con el constante uso del escenario giratorio y por detrás se proyectan edificios, catedrales, pájaros, la luna, montañas, el mar, un incendio de bosques, la torre Eiffel, fuegos artificiales y hasta dirigibles que van y vienen. Complementado con multiplicidad de objetos, humo, autos, góndolas, faroles, barcas, estatuas monumentales, figurantes y bailarines. Todo el trabajo de Zanetti luce pesado, barroco y recargado; con poca atención a la labor teatral y actoral en una estética gastada y kitsch. Correcto el trabajo de Eli Sirlin en la iluminación y rutinaria la coreografía de Irene MartensSin pasar de una lectura rutinaria resultó la dirección musical de Enrique Arturo Diemecke, con notables desbalances y con tiempos lentos y pesados al principio y mejores a medida que avanzó la representación. Ramón Vargas exhibió profesionalismo, entrega y compenetración en su Hoffmann. Alternó momentos de mayor valía con otros donde la fatiga vocal era evidente, con todo redondeó una buena prestación artística. El bajo español Rubén Amoretti interpretó a los cuatro villanos (Lindorf, Copelius, doctor Miracle y Dapertutto) con estilo, elegancia, maldad a flor de piel y perfectos recursos vocales. De los personajes femeninos descollaron Rachele Gilmore y Sophie Koch.
Rachele Gilmore fue sin duda lo mejor de la noche. Deslumbró con su interpretación de Olympia por su exquisito timbre, por su extraordinaria extensión y por intercalar sobreagudos no marcados en la partitura que deslumbraron al público. La exquisita mezzosoprano Sophie Koch fue un verdadero lujo en el doble rol de la Musa y Nicklausse. Cada frase adquiere en su interpretación el matiz y el detalle justos que complementan su extraordinaria línea de canto y su bello color vocal. Con algunas irregularidades en sus prestaciones cumplieron sus cometidos tanto Milijana Nikolic en el rol de Giulietta como Virginia Tola en el rol de Antonia. Osvaldo Peroni aportó en los roles característicos de (Frantz, André, Cochenille y Pittichinaccio) su inocultable calidad vocal y actoral; irreprochable Omar Carrión como Spalanzani así como el Crespel de Alejandro SpiesMuy buena la prestación del Coro Estable que dirige Miguel Martínez y de buen nivel los cantantes de flanco con la excepción de Gabriel Renaud (Nathanaël) por sus agudos destemplados.

Saturday, December 9, 2017

El Trovador en el Teatro Regional del Maule (Talca, Chile)

Foto: TRM

Joel Poblete

¡Qué gusto da comprobar en vivo y en directo cómo la ópera se sigue abriendo camino a lo largo de Chile. Aunque tradicionalmente la actividad lírica se ha centrado en el Teatro Municipal de Santiago, en los últimos años ya se ha ido convirtiendo en tradición que distintas ciudades y regiones se atrevan con el género, ampliando los públicos y demostrando que también es posible apostar por este tipo de espectáculos fuera de la capital del país. ¡Y mayor mérito considerando cuando se cuenta en gran medida con talentos nacionales! En los últimos años ciudades como Rancagua, Concepción y Temuco han dado importantes pasos, y particularmente en Talca, tres horas al sur de Santiago, el Teatro Regional del Maule (TRM) es uno de los escenarios que más permanentes esfuerzos ha estado realizando en este ámbito. Luego de los elogios de la crítica local en los dos últimos años con La traviata y Otello, a fines de noviembre nuevamente ofrecieron, en sólo dos funciones, un título de Giuseppe Verdi. El turno fue ahora de la popular El trovador, que tuvo su estreno la noche del jueves 30, con un elenco casi completamente chileno. 

En esta ocasión, una vez más la dirección musical, al frente de la juvenil y muy competente Orquesta Clásica del Maule, estuvo en manos de su director titular Francisco Rettig, el maestro chileno que ha destacado a nivel latinoamericano y quien pocas semanas antes había dirigido en el Municipal de Santiago otro título verdiano: Aida. Su lectura fue vigorosa y aunque en algunos momentos no siempre apoyó por completo a los solistas vocales (lo que incidió en ocasionales desajustes), tuvo instantes muy lucidos y supo transmitir lo teatral y comunicar tanto el dramatismo como el lirismo de algunos pasajes. 

Cantando por primera vez en su carrera el rol titular de esta ópera, el trovador Manrico, luego de su aplaudido debut local protagonizando Otello el año pasado, regresó el tenor chileno radicado en Europa Giancarlo Monsalve, quien a lo largo de una década de actuaciones internacionales ha logrado actuar en escenarios como la Arena de Verona, el Covent Garden de Londres y las Óperas de Zurich y Baviera, entre otros, pero hasta estas funciones en Talca nunca había interpretado una ópera en su país de origen. Con un físico adecuado al perfil romántico del personaje que encarna, Monsalve tiene una voz de spinto de innegables cualidades, aunque su registro, la proyección y la emisión de las notas es muy variable a lo largo de la función; su canto arrojado y no demasiado sutil, así como el particular fraseo, parecen más adecuados al estilo verista que a Verdi, pero si bien no se lució tanto como cabía esperar en su gran escena -el aria "Ah si, ben mio" y la siempre temida "Di quella pira"-, estuvo mucho mejor en el último cuadro de la obra y considerando las demandas del papel, cumplió de manera eficaz y logró entusiasmar a la audiencia. 

Uno de los aspectos que más expectativas generaba entre los operáticos locales era el debut de dos de las cantantes chilenas más destacadas de los últimos años, en roles considerados entre los más demandantes de sus respectivas cuerdas: la soprano Paulina González como Leonora, y la mezzosoprano Evelyn Ramírez como la gitana Azucena. La primera ofreció en lo escénico una versión más decidida y aguerrida que lo habitual en el personaje, mientras en lo vocal partió muy cauta, cuidando especialmente las notas agudas, pero su cometido fue progresando a medida que avanzó la función, culminando en una estupenda penúltima escena de la obra, donde supo asumir con inteligencia y delicadeza una tras otra la tremendamente exigente y expuesta "D'amor sull'ali rosee", seguida por el "Miserere", "Tu vedrai che amore in terra" y el dúo con el barítono; por supuesto que podrá seguir profundizando su Leonora con el paso del tiempo, pero para ser la primera vez, fue un nuevo y meritorio logro de esta artista que sigue dando importantes pasos en la ampliación de su repertorio, y continúa así con la senda verdiana iniciada con su Violetta en La traviata y Desdémona en Otello. Por su parte, Ramírez nos tiene acostumbrados no sólo a su enorme calidad como intérprete, sino además al eclecticismo en las obras que aborda: tan cómoda en el barroco, Mozart y Rossini como en Mahler o en obras de autores como Stravinsky y Weill, o en la Carmen que volvió a cantar recientemente en Rancagua, en un principio por temperamento y color vocal no parecía muy idónea para Verdi y la vengativa gitana Azucena; y aunque en efecto en el balance final no parece estar en su total elemento en este célebre personaje, se desempeñó con su habitual profesionalismo y seguridad, con su ya conocido desplante actoral unido a una excelente caracterización y maquillaje, y supo adecuar su voz a lo que demanda la partitura, culminando en una muy lograda y electrizante escena final. 

Quien ofreció la labor más completa y satisfactoria de entre los cantantes principales fue el más veterano, y a la vez el único integrante internacional del elenco, el barítono argentino Omar Carrión, muy conocido por el público chileno y quien siempre ha destacado por sus interpretaciones verdianas: en el Municipal de Santiago ha cantado en La traviataRigolettoSimón BoccanegraI due Foscari y también en El trovador la última vez que esta obra se ofreció en Chile, en 2013. En 2012 ya había cantado en el TRM, como Fígaro en El barbero de Sevilla rossiniano, y ahora regresó a ese escenario apenas un par de días antes del estreno, para reemplazar al colega chileno originalmente considerado para el rol del Conde de Luna. Carrión demuestra siempre un oficio a prueba de balas, supo manejar muy bien su voz y su canto noble fue el más adecuado al estilo del compositor, lo que el público supo apreciar, a juzgar por los sonoros aplausos recibidos al término del estreno. 


El bajo David Gaez ha demostrado en diversas ocasiones en los principales escenarios del país su talento y calidad vocal, pero interpretando a Ferrando -un rol menos relevante que los cuatro solistas principales, pero que de todos modos presenta innegables exigencias- no estuvo en una de sus mejores noches, al menos en el estreno; muy adecuado en la zona media y grave, tuvo problemas en prácticamente todas las notas altas, aunque fue correcto en lo escénico. En personajes secundarios, estuvieron bien la soprano Camila Guggiana como Inés, el tenor Gonzalo Araya como Ruiz, y dos integrantes del coro que tuvieron intervenciones solistas: el tenor Edman Leal como mensajero y el barítono Gonzalo Orellana como un gitano. Por cierto, el excelente coro, dirigido por Pablo Ortiz, fue uno de los elementos más sólidos de la función. 

Y otro de los aspectos que ayudaron a hacer más valioso este título en el TRM fue definitivamente su propuesta visual. Cada vez más fogueado como director escénico en teatros dentro y fuera de Chile -hace pocas semanas estuvo a cargo de la Carmen en Rancagua-, el cantante Rodrigo Navarrete fue el responsable de una puesta dinámica y viva, preocupada de los detalles y alejada del estatismo en que a veces caen otros montajes de este título, la que incluso contó en una escena con la participación de soldados reales del Regimiento de Infantería de Talca. Fundamental en su cometido fue la notable apuesta por una escenografía no corpórea en el sentido tradicional del término, en base a pantallas LED dispuestas como paneles movedizos donde se veían digitalmente los distintos ambientes de cada escena, y que además de permitir un adecuado uso del espacio generaron cuadros de gran belleza, contextualizando de manera notable la trama, con el apoyo de la iluminación a cargo del experimentado Ramón López; el vestuario, proveniente del Municipal de Santiago, no ofreció una unidad de estilo, aunque de todos modos cumplió y fue funcional. Este concepto escénico, cada vez más usado a nivel internacional pero prácticamente inédito en escenarios chilenos, fue un auténtico acierto y estuvo a cargo de un equipo del TRM encabezado por el diseñador Claudio Rojas y el audiovisualista Alvaro Lara. Una solución digna de aplausos y que puede permitir la realización de más espectáculos de este tipo a lo largo del país, y un nuevo paso adelante en la difusión del género lírico en Chile. 


Saturday, April 15, 2017

Adriana Lecouvreur en Buenos Aires

Fotos: Teatro Colón de Buenos Aires

Dr. Alberto Leal

Estrenada en el Teatro Lírico de Milán, el 6 de noviembre de 1902 con la participación de Enrico Caruso, fue siempre un vehículo para las más grandes sopranos de cada época. Desde Claudia Muzio, pasando por  Leyla Gencer, Virginia Zeani, Montserrat Caballé, Renata Tebaldi , Renata Scotto, Raina Kabaivanska, Mirella Freni y Joan Sutherland. En la actualidad Angela Gheorghiu (cuya cancelación en la actual producción era, en lo personal, algo sabido de antemano. Sus medios actuales no se adaptan para una obra que requiere medios importantes, potencia dramática para las partes recitadas y facilidad para apianar, sumado a un teatro de las dimensiones del Colón). Adrienne Lecouvreur fue en realidad una famosa actriz francesa y tuvo amoríos con Mauricio, Conde de Sajonia. Pero el argumento mezcla realidad y fantasía, logrando una interesante trama. A través de los años la partidura original sufrió cortes importantes, pero la obra mantiene su encanto a pesar de algunas incoherencias argumentales. O acaso Il Trovatore tiene alguna coherencia argumental? Las obras se deben analizar como un todo y allí Adriana sale airosa con espléndidos momentos musicales y vocales. Aunque, como hemos dicho, es un vehículo para grandes divos y en especial para notables divas, la versión presentada por el Colón – en este reparto alternativo – no los tuvo, pero si excelentes cantantes que lograron una versión de notable interés. Sabrina Cirera, finalmente en el lugar que le corresponde debido a sus condiciones, cantó una notable Adriana. No es naturalmente una diva, pero si una buena actriz que supo dar una muy buena resolución a cada una de sus escenas. Con una voz de buen volumen, notable línea de canto y gran facilidad para emitir impecables y hermosos pianísimos (absolutamente imprescindibles para esta obra), su Adriana conmovió y no dudo que debe abrir una nueva etapa para su carrera.  Guadalupe Barrientos como la Princesa de Bouillon, fue un volcán en erupción en escena. Desde el comienzo mostró un temperamento ideal para el rol, notable dotes de actriz y gran volumen. Debido a la falta de equilibrio entre foso y escenario, fue muy difícil escuchar sus graves en su aria inicial, perjudicada además por la serie de cortinados que bajaban en ese momento. Y es curioso de entender como el Maestro Lápiz, con su gran experiencia, no logró notar que distraían el momento más importante de la mezzo .De todas formas su trabajo fue notable, bordeando la excelencia y que solo necesita trabajar algo más en su registro grave. Bravo! Gustavo López Manzitti es un tenor todo terreno. Siempre musical, con prefecta afinación y excelente línea de canto. Trazó un Mauricio absolutamente creíble, moviéndose libremente en escena. Su timbre sigue sonando algo velado, como si su colocación se emita desde atrás. Creo que ya es su técnica y no admite a esta altura modificaciones. Pero es siempre infalible técnicamente.. Sin dudas con un timbre más presente y con más armónicos tendría una gran carrera internacional. De todas formas siempre es un gusto verlo y oírlo por la seguridad de su canto y el hecho de no producir el menor stress en la audiencia debido su seguridad musical. 
Omar Carrión generó un Michonnet totalmente creíble, con momentos absolutamente conmovedores. Por momentos fue también perjudicado por el volumen de la orquesta. Lucas Debevec Mayer lució presencia escénica y una voz acorde. Iván Maier, tal vez el trabajo más impecable del elenco, contó y actuó con total seguridad. Muy suelto como actor y siempre preciso vocalmente. Aunque puede abarcar un repertorio más amplio, es como volver a ver a un grande como Nino Falzetti. Gran trabajo. Correcto el resto del elenco. El Maestro Mario Perusso a quien siempre admiré en sus versiones del verismo y especialmente en Puccini, logró que la orquesta le respondiera con total corrección, pero pocas veces se logró balancear el foso con el escenario, tapando frecuentemente las voces de los cantantes.  El Maestro Aníbal Lápiz es sin dudas el mejor vestuarista de nuestro medio. Su dupla con el maestro Oswald lograron puestas inolvidables. Aquí, desempeñando ambos roles mostró lujo y una puesta totalmente en época, que el título no admite otra forma. De todas maneras con una puesta más aliviada, con menos tules y telas todo el tiempo invadiendo el escenario, el drama hubiera ganad en intensidad. Generalmente menos es más. Valoro su trabajo como el de Christian Prego (habitual asistente del Maestro Oswald), pero no dudo que un menor detallismo y un escenario más despejado hubiera favorecido a esta esperada Adriana. Seguramente muchos de los habitúes estarán muy contentos con esta puesta, a la que llaman “una puesta a nivel del Colón”, pero las épocas van generando cambios en todos los teatros del mundo y aquí poco se vio. Buena versión de una hermosa ópera.

Sunday, September 27, 2015

I Due Foscari en el Teatro Municipal de Santiago de Chile

Foto: Patricio Melo

Joel Poblete

Aunque en las funciones de estreno de cada uno de los dos repartos con los que se programó uno de sus protagonistas cantó enfermo, el regreso al Teatro Municipal de Santiago de la ópera I due Foscari de Verdi, luego de más de tres décadas de su última presentación en ese escenario (en 1982, cuando fue protagonizada por Renato Bruson y Vicente Sardinero en las que además fueron sus únicas funciones en Chile en el siglo XX), ha sido muy bien recibido por el público. 

Esta buena recepción se debe, de partida y en buena medida, por supuesto gracias a su música. Estrenada en 1844, injustamente subvalorada y escasamente representada durante buena parte del siglo XX, la sexta ópera del compositor italiano ha vuelto a ser considerada por los teatros en las últimas décadas, y aún más en los años recientes, desde que Plácido Domingo incluyera el rol protagónico en su discutible nueva faceta como "barítono". En el elenco internacional, el director titular de la Orquesta Filarmónica de Santiago, el ruso Konstantin Chudovsky, se mostró mucho más sutil y acertado que en sus otras dos incursiones líricas de este año -Rusalka Madama Butterfly-, en especial en el equilibrio entre las voces solistas y la orquesta; y en el segundo reparto, el llamado elenco estelar, el maestro chileno Pedro-Pablo Prudencio fue incluso más incisivo en su acercamiento a la música verdiana, transitando sólidamente entre los vigorosos, enérgicos y contagiosos ritmos de algunos momentos con los pasajes más líricos y dramáticos de otros. 

Además de la maestría de las melodías verdianas a las que es difícil resistirse, este regreso de I due Foscari también brilló gracias a su estupenda puesta en escena, a cargo de talentosos artistas argentinos. El director teatral Pablo Maritano, quien ya había destacado en ese escenario con sus propuestas para El trovador en 2013 y el año pasado en Otello, ofreció otro buen acercamiento a Verdi con una propuesta fluida, sutil y atenta a las situaciones dramáticas; su decisión de trasladar la acción desde mediados del siglo XV hasta la década del 30 en el siglo XX, funcionó muy bien y se hizo más coherente gracias a la bella y sobria escenografía de Nicolás Boni, de cuidada recreación de la arquitectura veneciana, y el lucido vestuario de Sofía Di Nunzio. La iluminación, a cargo del chileno Ricardo Castro, ayudó a reforzar los matices dramáticos y subrayar los claroscuros en los decorados y el argumento mismo. 

Y el elemento decisivo que terminó de entusiasmar en este montaje fueron los cantantes. Y eso que como ya se dijo, en ambos repartos hubo notorios problemas con alguno de los solistas. Originalmente cuando se anunció la temporada lírica de este año, el elenco internacional estaría encabezado por el barítono ucraniano Vitaliy Bilyy, quien ya ha destacado anteriormente en actuaciones en roles de Verdi en el Municipal, pero posteriormente se anunció que quien vendría sería el polaco Andrzej Dobber (quien protagonizara Rigoletto en ese teatro en 2010), y finalmente el dux Foscari fue cantado por el rumano Sebastian Catana, quien debutaba en Chile. En el estreno del elenco internacional, el lunes 21 de septiembre, Catana tosió no muy disimuladamente durante buena parte de la función, y aunque de todos modos cantó con buen volumen, su voz demostró no estar en las condiciones ideales, lo que de seguro incidió en una entrega teatral discreta e incluso distraída, lo que restó fuerza y dramatismo a la conmovedora escena final; una lástima, considerando su buen curriculum como cantante verdiano. 

Afortunadamente, a pesar del regular desempeño de Catana, el elenco internacional salió adelante y cosechó aplausos, en especial gracias a una de las sopranos que están destacando más a nivel internacional en el repertorio verdiano, la estadounidense Tamara Wilson, quien brilló especialmente en su regreso al Municipal, donde debutó en 2011 protagonizando Aida; merecidamente ovacionada por el público, su Lucrezia fue adecuadamente intensa y dramática, y en lo vocal lució un material poderoso y atractivo, de contundente volumen y cómodo en los distintos registros, capaz de sutilezas en sus momentos elegíacos, pero también de aportar la fiereza de los episodios más enérgicos. ¡Un gran acierto! A su lado, el tenor coreano Alfred Kim, quien ya ha interpretado en el Municipal El trovadorCavalleria rusticanaTosca y Carmen, cantó por primera vez en su carrera el rol de Jacopo y volvió a causar una sólida impresión por su potente voz y comprometida interpretación, destacando especialmente en el aria y cabaletta de su primera aparición, pero también en el dramatismo de las escenas posteriores.    

Y en el elenco estelar también uno de los dos Foscari estuvo enfermo. En el estreno de este segundo reparto, el martes 22, interpretando a Jacopo el tenor chileno Gonzalo Tomckowiack partió menos cómodo y seguro que en otras presentaciones suyas, situación que se fue acentuando durante la función y afectando notoriamente todo su desempeño, aunque de manera profesional intentó cantar hasta el final; a su favor hay que decir que por lo que se pudo apreciar en la transmisión por televisión abierta de este elenco en el marco de la gala presidencial de Chile el 18 de septiembre, el tenor había cantado bien y en mejores condiciones de salud. Lo bueno es que a pesar de esta notoria falencia, el reparto logró salir adelante gracias a dos artistas argentinos que ya han dejado buena impresión cantando previamente Verdi en el Municipal: el barítono Omar Carrión fue un buen dux Foscari, noble, convincente y sereno en lo actoral, y de competente entrega vocal, en especial en la última escena, y la soprano Mónica Ferracani actuó creíblemente y resolvió bien las arduas exigencias vocales del rol de Lucrezia, aunque en algunas notas o ciertos pasajes su emisión tuviera ocasionales deslices. 

En ambos repartos estuvieron muy bien los intérpretes de los roles secundarios, cantados por los chilenos Patricio Sabaté y Sergio Gallardo en el papel del implacable villano Loredano, las sopranos Paola Rodríguez y Yeanethe Münzenmayer como Pisana, los tenores Luis Rivas y Claudio Fernández como Barbarigo, el bajo Augusto de la Maza como un sirviente y el tenor Claudio Esteban Cerda como un oficial. Y el Coro del teatro, dirigido por el uruguayo Jorge Klastornik, volvió a lucirse, en particular en las impactantes escenas de conjunto. 


Wednesday, August 19, 2015

Gala Lírica en La Bellena Azul: ‘Homenaje a Luis Lima’ en Buenos Aires, Argentina

Gustavo Gabriel Otero

Concierto memorable de la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la batuta del maestro Carlos Vieu en la sala denominada ‘La Ballena Azul’ del nuevo Centro Cultural Nacional en el ex Palacio de Correos de Buenos Aires, el pasado viernes 14 de agosto. La cuidada selección del repertorio, la batuta convocada, el concurso del excelente Coro Estable del Teatro Argentino de La Plata que dirige con éxito Hernán Sánchez Arteaga, y la participación de solistas líricos de real valía dentro de los cantantes nacionales, eran a-priori una garantía de calidad. La presencia del gran tenor internacional Luis Lima -hoy semi-retirado de los escenarios- fue un aliciente más para concurrir a esta verdadera fiesta, que a la postre se convirtió en un Homenaje al cordobés Luis LimaEl programa fue muy variado y extenso, y estuvo integrado principalmente por fragmentos de óperas del repertorio italiano, algunas páginas del francés y una pequeña muestra del alemán. La expansiva batuta del maestro Vieu se lució en los momentos sinfónicos. Así pasaron el Intermezzo de Manon Lescaut de Giacomo Puccini, la Obertura de La forza del destino de Giuseppe Verdi, y el Intermezzo de Cavalleria Rusticana de Pietro Mascagni. Carlos Vieu fue en todo momento puntal de la función con extrema diligencia para los cantantes y atención permanente a los profesores de la Orquesta Sinfónica Nacional, logrando unas suntuosas versiones orquestales de los fragmentos cantados. Quizás era necesario un mejor balance acústico ya que en la nueva sala el sonido ‘rebota’ especialmente en los momentos de mayor intensidad sonora. El espectador tiene la sensación de escuchar música grabada en el mayor de los volúmenes posibles del reproductor. Seguramente el uso de la sala con asiduidad por parte de la Orquesta y de los distintos directores vaya mejorando el balance sonoro. Impecable el Coro del Teatro Argentino de La Plata, que se lució en Dio, fulgor della bufera!, Si calma la bufera y Fuoco di gioia de Otello de Giuseppe Verdi; el Coro de Cigarreras de Carmen de Georges Bizet; el coro de Zingarelle e mattadori de La Traviata de Giuseppe Verdi, el poético Coro a bocca chiusa de Madama Butterfly de Giacomo Puccini y en el impactante final con el Te Deum que cierra el primer acto de Tosca, también de Puccini. En la participación de los solistas vocales se conjugaron distintas generaciones de cantantes, desde los más jóvenes y promisorios a los consagrados en el ámbito nacional pasando por los de edad intermedia e interesante carrera. Entre los más jóvenes se destacó especialmente Marina Silva por volumen, expresividad, línea de canto y belleza vocal. Asumida como una diva -con tres cambios de vestuarios incluidos- su participación incluyó el dúo de La Traviata, Un di felice, eterea, el aria Si, mi chiamano Mimí, de La Bohème y el cuarteto del último acto de RigolettoEn el otro extremo el tenor Sebastián Russo intervino sin deslumbrar en el mencionado dúo de La Traviata, en La donna e mobile y en el Cuarteto de Rigoletto. Sin duda un espaldarazo para su carrera estar en este programa y compartiendo escenario con artistas nacionales de primer nivel. También joven, Florencia Machado, impresionó por su potente interpretación del aria de las cartas de Werther y por su incisiva y voluptuosa participación en el cuarteto de RigolettoLa soprano Mónica Ferracani, de dilatada carrera nacional, brindó una magnífica interpretación de D’amor sull’ali rose, y de la cabaletta respectiva de Il Trovatore, y una ajustada y sentida versión de Vissi d’arte, de Tosca
Entre los no tan jóvenes Hernán Iturralde fue perfecto en la Canción de la Estrella vespertina de Tannhauser en el único momento alemán de la velada, y efectivo como Scarpia en el fragmento de Tosca que cerró el concierto. Es de lamentar que en los últimos compases el maestro Vieu no haya cuidado los planos sonoros y que ahogara el sonido de Iturralde, quien por otra parte no carece de ninguna manera de un volumen apreciable. Otros dos consagrados nacionales como Omar Carrión y Alejandra Malvino prestigiaron en sus intervenciones el momento otorgado. Así Carrión brilló como Fígaro en el Largo al factotum, tanto vocalmente como en actuación, y fue sólido complemento de Luis Lima en el dúo de la amistad de Don Carlo. Mientras que Malvino fue perfecta y sensual en Mon coeur s’ouvre à ta voix de Sansón y Dalila de Camille Saint-Saëns y arrolladora en Accerba voluttá de Adriana Lecouvreur de Cilea. También de edad intermedia, Fabián Veloz, volvió a resplandecer como intérprete. Impactó con su voz poderosa y excelente manejo de sus recursos en Cortiggiani vil razza dannata, y prestigió el Cuarteto de RigolettoDejamos para el final al que a la postre resultó homenajeado no solo por el cariño del público sino por las sentidas palabras del maestro Vieu y por una presente otorgado por las autoridades del Centro Cultural: Luis LimaEn el inicio Lima se dio el gusto de asumir por breves momentos un rol que nunca cantó completo y que siempre lo fascinó: Otello. Su interpretación de Esultate y Dio! Mi Potevi Scagliar, mostró que su caudal sonoro no ha disminuido con el paso del tiempo, así como tampoco su capacidad interpretativa. En la segunda parte se destacó en un rol fetiche de su carrera y así brilló en el dúo de Don Carlo, Dio che nell’alma infondere, junto al barítono Omar Carrión. El bis o propina fue otro regalo para y por Luis Lima. Así acometió con cuidada línea de canto, buena administración de los recursos y solvencia en los agudos el Nessun Dorma de Turandot de Puccini. Como final de fiesta el elenco completo cerró la función con Va pensiero, de Nabucco.

Thursday, September 25, 2014

La Traviata – Teatro Argentino de la Plata, Argentina

Foto: Guillermo Genitti

Dr. Alberto Leal
Una nueva puesta de un título como “La Traviata”, tal vez una de las óperas más populares del mundo, genera la posibilidad de un público masivo, pero también la constante comparación de las tantas versiones grabadas y representadas. Me gustaría primero valorizar el trabajo de la Sra. Valeria Ambrosio y del Maestro Carlos Vieu por darle un renacer al Teatro Argentino, por lo menos en la parte artística ,y esperar la continuidad con la próxima “Tosca” y una temporada completa para el próximo año. Este “renacer” fue brillante tanto vocal como musicalmente. Que gusto produce asistir a un título tantas veces visto y salir todavía emocionado… El Maestro Vieu dirigió en forma excelente con acertados tiempos y fuerte estilo verdiano. Fue una versión con garra, con temperamento. Y la orquesta respondió con un gran trabajo. Siempre trató de guardar un balance entre foso y orquesta, y si por pequeños momentos no se logró solo debe atribuirse a una escenografía colocada muy atrás en el escenario. Reconozco que tenía mis dudas sobre Elizabeth Blancke- Biggs, soprano de importante carrera y de la que he recibido muy buenas críticas. Sin embargo, desde hace tiempo aborda roles de soprano dramática – Macbeth, Nabucco – y en sus próximos dos compromisos cantará a title-role de Turandot! Pero que placer escuchar una voz y una técnica como la suya en el rol de Violetta. “Traviata” exige distinto tipo de voces para cada acto, cosa que en general produce que la soprano que puede brindar un brillante primer acto, en general, produce los otros actos flojos o viceversa. No ocurrió en esta oportunidad, la Sra. Blancke- Biggs brindó un excelente primer acto, mostró una voz de gran volumen, agradable timbre y negoció con mucha habilidad las coloraturas. Es muy afinada y se mueve muy bien en escena, ayudada además por su agraciada figura.  En el resto de los actos nunca bajó el nivel mostrado, logrando además, debido a su potente registro grave, que luego de tantos años y tantas versiones revalorizara aún más al gran Maestro Verdi. Esos graves, que en general no se escuchan, aquí dieron una mayor fuerza dramática al rol. Un gran trabajo y espero que no sea su última visita. Omar Carrión cantó con su bello timbre, su impecable línea verdiana, pero lo más importante, generó una versión original y más humana que los tradicionales Giorgio Germont. La escena con su hijo fue para mí lo más conmovedor de la función. No brindó el típico Germont padre, autoritario y duro con su hijo. Nos dio un padre que comprende la situación y solo trata de consolarlo. Una verdadera creación y fue, justamente, ovacionado por el público. Con la labor de Darío Schmunck – Alfredo – pude corroborar la impresión que tuve en Medea de Buenos Aires Lirica. Su voz se ha tornado más robusta y aumentó su volumen. Cantó con hermoso timbre, perfecta línea de canto y afinación, como nos tiene acostumbrados. Y se movió con total corrección en la parte actoral.  Eugenia Fuente demostró que puede saltar de “Giulietta” a Flora y que para los verdaderos artistas no hay papeles menores. Su presencia nunca pasó desapercibida en escena, es una muy convincente actriz y su breve parte vocal, como siempre, irreprochable. 

Muy buenos trabajos de Sebastián Sorarrain (Marchese D'Obigny), Sebastián Angulegui (Douphol), Patricio Oliveira (Gastone) , Mauricio Thibaud (Grenvil) y una muy competente Annina de Roxana Deviggiano completan los principales roles de esta versión. Parejo nivel para el resto del elenco. La puesta de Willy Landin confirmó el tan mentado, “cuando una puesta tiene que ser explicada no funciona”. En primer lugar, generar una plataforma única a unos 3 metros del foso es no tener en cuenta a los cantantes. Su visión, marcada desproporción entre los objetos y los personajes, parece referirnos, como una opción, al valor de lo material en cierto nivel de la burguesía francesa, entre otras opciones….. Algunos de los objetos creados fueron realmente bellos, otros de un gusto más dudoso. Dejó muy poco espacio para el movimiento del Coro - dirigido por Hernán Sánchez Arteaga – quien realizó un excelente trabajo – y de los solistas. Y la distancia y la falta de proporción resto la intimidad que la trama reclama. De todas formas tanto el acto segundo – casa de campo – y el último, fueron muy agradables visualmente. En el último acto hay que superar las contradicciones entre el texto y la acción. Es difícil que entre la luz del sol en una noche nevando…. De todas formas la puesta lució lujosa, buen vestuario aunque poco definido en época y un halo de lujo que torna más agradables los problemas nombrados. Fue muy coherente la marcación de los cantantes, dentro de las limitaciones de espacio nombradas. Buen trabajo de iluminación de Sandro Pujía. Basado en los notables valores musicales y vocales, haciendo abstracción a los inconvenientes de la puesta, esta es una gran “Traviata” que DEBE verse. Es el CIELO! Pero también tenemos un INFIERNO, ver las lamentables condiciones en que se encuentra el Teatro deprime a cualquiera que ame – o por lo menos respete - cualquier manifestación cultural. Comprendo la falta de presupuesto, puedo entender el poco tiempo que llevan las nuevas autoridades, pero las condiciones actuales edilicias son penosas. Desde “Italiana” hasta ahora todo ha empeorado mucho, gran aumento de Grafitis , los mármoles de las escaleras más rotos y faltan bloques completos, la mayoría de las butacas de platea con el terciopelo despegado y la goma pluma a la vista, los baños sin jabón ni papel , las alfombras totalmente manchadas, etc., etc.…podría hacer una larga lista. Rejas o custodia son más que necesarias, de hecho creo que las rejas perimetrales han sido aprobadas. Pero existen problemas que no insumen montos importantes para ser arreglados si parte de los artesanos que el Teatro tiene en su plantilla aman el arte, podrían colaborar en solucionar los temas menores. Incluso ninguna empresa de la ciudad de La Plata que limpie alfombras no lo haría con una contraprestación de publicidad? Es un pecado que un espléndido Teatro, orgullo para la ciudad y el país, se deje venir abajo de esa manera. Esto es el INFIERNO! Pero el Maestro Verdi puede hacer que, por unas horas, nos olvidemos del contexto y disfrutar de su gran obra y de una gran versión musical y vocal.

Thursday, June 12, 2014

Adriana Lecouvreur – Buenos Aires Lirica

Foto: Buenos Aires Lirica

Dr. Alberto Leal

Estrenada en Teatro Lírico de Milán, el 6 de noviembre de 1902, Adriana Lecouvreur es una ópera compleja, con un argumento por momento confuso, pero con una espléndida música y que requiere de cantantes que sean verdaderos actores. Y fue un real acierto de Buenos Aires Lirica incluirla en la presente temporada, luego de varios años de no ser presentada en Buenos Aires. La dirección musical a cargo del maestro Carlos Vieu fue base fundamental para éxito de la función. Con un fuerte dramatismo, tiempos correctos y una orquesta que lo siguió en forma constante, su trabajo nunca bajó de la excelencia. Hay que tener en cuenta que al estar parte de la orquesta en los palcos el balance por momentos no fue el mejor. Además, un equilibrio más presente entre el foso y el escenario hubiera mejorado el rendimiento de los cantantes. La puesta de Crystal Manich fue otro logro de la función, en esta época siempre es bienvenida una puesta totalmente en época, con desplazamientos rápidos y buena marcación de los cantantes. Fue, sin dudas, ayudada por la hermosa escenografía de Noelia González Svoboda y el excelente vestuario de época de Lucía Marmorek , perfecto en diseño y gama de colores y la iluminación de Rubén Conde. El diseño escenográfico permitió, en una ópera que es fundamentalmente “Teatro dentro del Teatro” poder mostrar mediante transparencias la acción que transcurre en el primer acto, en los momentos que Adriana realiza su representación. En la parte vocal, Sergio Spina como el Abate de Chazeuil realizó un impecable trabajo, tanto en la vocal como en lo actoral. Dudo que en el papel se pueda encontrar alguien mejor. Bravo. Christian Peregrino fue otro trabajo más que positivo en la representación .Con su formidable voz de bajo, su magnífica presencia, brindó un trabajo de jerarquía. Virginia Wagner, puso todo de su parte en la difícil parte de Adriana, su voz no es la más adecuada para la parte, donde un timbre más grave es necesario, pero puso todo de si para encarnar el papel y logró un muy buen rendimiento en el último acto. El tenor Eric Herrero mostro agudos contundentes, pero no puede mantener una línea de canto debido al vibrato que muestra en su registro central y en el pasaje. Flojo como actor, logró su mejor momento en el acto final. Adriana Mastrángelo, cantó una Princesa con notable libertad vocal y fue excelente en la creación de su personaje, aunque el rol requiere una voz de más peso, logró salvar este escollo con un gran desempeño vocal y un claro entendimiento del personaje. Omar Carrión, logró un muy querible personaje, más en lo actoral que en lo vocal. Aunque fue mejorando vocalmente a medida que transcurría la función. De todas formas generó un personaje creíble y demostró una vez más sus grandes dotes de actor. Muy buen desempeño de Eugenia Coronel, Griselda Adano, Walter Schwartz y Mauro Di Bert que aportaron buen canto y actuación. Notable el trabajo de Mauro Di Bert, aprovechando la escena de “Commedia dell'arte” muy buena idea de la directora. Ajustado en sus breves intervenciones el Coro preparado por Juan Casasbellas. En general es una muy buena versión que debe ser vista.

Wednesday, July 11, 2012

Attila de Verdi en el Teatro Roma de Avellaneda, Buenos Aires Argentina

Fotos: Teatro Roma de Avellaneda

Dr. Alberto Leal

Estrenada el 17 de marzo de 1846 en el Teatro La Fenice de Venecia, Attila está basada en la pieza teatral Attila, König der Hunnen de Zacharias Werner. Verdi quedó realmente impactado con esta pieza y le encargó el libreto de la misma a Temistocle Solera, con quien ya había trabajado en el libreto de “Nabucco”. Como el trabajo presentado estaba muy alejado del argumento de la pieza teatral, Verdi se puso en contacto con Francesco Maria Piave para modificar lo realizado por Solera. Esto sin dudas le quitó consistencia argumental a la obra, y por momentos el argumento se torna realmente confuso. Pero en nada invalida este trabajo, ya que, algunos títulos cumbres del maestro de Parma, como Il Trovatore”, no presentan la menor coherencia argumental y son piezas fundamentales de la lírica, debido a su brillantez vocal y musical. Noveno título en la producción de Verdi, y el siguiente a “Alzira”, que fue recibido con muy poco éxito, Attila presenta hermosos momentos vocales, duettos, arias y cabalettas realmente brillantes y un preludio de singular belleza. La versión brindada en el Teatro Roma en forma de concierto nunca estuvo debajo de un nivel de excelencia. El Maestro Cesar Tello realizó un excelente trabajo de concertación, mostrando amplio dominio en el repertorio verdiano – como lo hizo el año anterior con “I Due Foscari”.  La orquesta sonó más compacta que en otras oportunidades, con muy buen volumen y afinación. Igualmente fue muy valioso el trabajo del coro, que cantó una escena desde el hall del teatro, logrando un sugestivo efecto. El Maestro sabe respetar los tiempos y las voces de cada uno de los solistas, está pendiente de ellos y, por otro lado, tuvo la suerte de contar con un excelente grupo de cantantes. El joven barítono Juan Salvador Trupia y Rodríguez, a quien tuvimos la suerte de ver y escuchar en un “I Pagliacci”, tiempo atrás, en el mismo teatro, mostrando un canto magnífico y excelencia como actor, posee una voz oscura, con excelente volumen y extensión. Abordó un rol de bajo con gran facilidad en todo el registro, incluyendo las partes más graves y cantó con gran dignidad y estilo. Creo que es uno de los cantantes jóvenes más valiosos de nuestro país.
A pesar que se comentaba que no estaba bien de salud, su trabajo fue impecable en la función de estreno. Haydee Dabusti volvió a mostrar que no existen roles imposibles para ella y que el primer Verdi es ideal para sus medios y su impecable técnica. Su trabajo rayó a gran altura, desde su primer y endiablada aria “SANTO DI PATRIA”, donde mostró perfecta coloratura, agudos fáciles y su habitual afinación, a su segunda aria donde las medias voces y pianisimos, que adquirió en el último tiempo, lograron un trabajo para atesorar. Igualmente descolló en las escenas de conjunto. Omar Carrión realizó un formidable trabajo, tal vez de lo mejor que le he visto en todos estos años de carrera, superando su versión de esta obra brindada en el Teatro Avenida. Cantó con hermoso timbre, buen volumen, excelente línea de canto y notable extensión. Su aria, dicha con intención, riqueza vocal y fuerza recibió la ovación más grande de la noche, compensando en todo momento con carácter e interacción con el resto del reparto la falta de posibilidad de mostrar sus conocidas y valoradas cualidades de actor. Felipe Castillo de Orleáns realizó un gran trabajo como Foresto. Voz de agradable timbre, con gran facilidad para matizar. Mostró una excelente línea de canto, total conocimiento del estilo y gran fuerza expresiva. Otro gran trabajo. Correcto el resto del elenco. El Maestro Tello contó con un gran cuarteto de cantantes y las versiones en concierto, sobre todo de títulos que no son de repertorio, deberían presentarse más seguido en nuestro medio. Con un Director y cantantes como los de esta versión creo que gana en intensidad y se evitan puestas – caras – y muchas veces molestas. Es una versión que todo amante de la opera DEBE ver. Un hermoso Verdi joven magníficamente cantado, con excelente dirección orquestal y Coro. El Teatro Roma está a solo cinco cuadras del puente que une a Capital con Avellaneda, en una zona con excelentes restaurantes y cafeterías, pero además con la facilidad de tener un micro que sale y regresa a la puerta del Teatro Colón, de donde se llega en no más de 10 minutos. No dejen pasar esta oportunidad, es realmente un espectáculo IMPERDIBLE. Un gran BRAVO para todos los que hicieron posible esta excelente versión de un hermoso Verdi joven.

Friday, April 27, 2012

Attila en el Teatro Roma de Avellaneda - Buenos Aires, Argentina



Soprano Haydée Dabusti,  Mejor Cantante Argentina de la Temporada 2011, premiada por la Asociación de Criticos Musicales de la Argentina

Sunday, October 2, 2011

EL DIA QUE PAGLIACCI TUVO NOMBRE PROPIO: LUIS LIMA‏

Fotos: Buenos Aires Lirica

Dr. Alberto Leal.

Primera parte: Suor Angelica Opera en un acto con música de Giacomo Puccini y libreto de Giovacchino Forzan. Suor Angelica: Florencia Fabris, La tía princesa: Elisabeth Canis, La abadesa: Alicia Alducín y elenco. Segunda Parte. I Pagliaccci Drama en un acto con música y libreto de Ruggero Leoncavallo. Canio: Luis Lima, Nedda: Florencia Fabris, Tonio: Omar Carrión , Silvio: Ernesto Bahuer, Beppe: Fermín Prieto.
Dos campesinos: Juan Feico, Fabián Frías. Director de Orquesta: Carlos Vieu. Dirección escénica, diseño de escenografía y vestuario: Marcelo Perusso. Iluminación: Rubén Conde. Director de Coro: Juan Casasbellas. Orquesta y Coros Estables

Buenos Aires Lírica continuó su temporada con un poco frecuente doble programa, Suor Angelica y Pagliacci. Pero la reunión de estas dos óperas cortas en un mismo programa no resultó desacertada. Ambas, generadas con pocos años de diferencia, tienen un denominador común, el fuerte dramatismo argumental. La lentitud de Sour Angelica se contrapone con el despliegue y la acción de I Pagliacci, y fue un acierto el orden en que fueron presentadas las mismas. Carlos Vieu dirigió la orquesta siempre en estilo, con acertados tiempos y cuidando la relación foso y escenario. Partiendo de un comienzo algo incierto, la Orquesta se fue afirmando redondeando un muy buen trabajo. Excelente trabajo del Coro, no solo en la parte vocal sino también en la actuación. Marcelo Perusso realizó un trabajo de notable belleza visual en Suor Angelica, con acertadas proyecciones y toda la escena dominada por colores sepias. Y fue muy adecuado el vestuario, en especial el traje lucido por la Zia, esta vez alejada del tradicional color negro. La marcación de los cantantes fue claramente estática, con casi nulos movimientos en la primera parte de la obra. Pagliacci, ambientada entre los 30 y los 40, tuvo el color y despliegue necesario. Se notó un minucioso trabajo con los miembros del coro y fue bien resuelta la acción en general. Florencia Fabris – soprano todo terreno si las hay, debido a la diversidad de su repertorio – poseedora de una voz de notable volumen, cantó su Angelica con buena técnica manteniendo siempre una correcta afinación. Tal vez la falta de matices deslució su versión de “Senza Mamma”, pero esto fue altamente recompensado con el fuerte dramatismo que le imprimió al final. Un muy buen trabajo. Elisabeth Canis, como la Zia, compuso un excelente personaje, con toques más humanos de lo acostumbrado sin perder en ningún momento su autoridad. Tal vez, su voz no posea la rotundez que el rol reclama, pero la autoridad de su canto compensó largamente este hecho. Del resto del amplio reparto, en todos los casos en un nivel de corrección, destaco la prestación de Alicia Alducín como la Abadesa. Con gran presencia, una voz de muy buen volumen y un canto sin fisuras revalorizó su personaje. El más puro verismo se hizo presente con la presentación de I Pagliacci. Comenzando en forma de filmación cinematográfica, este efecto se perdió a medida que transcurría la representación. Pero la acción tuvo siempre un notable impacto debido en gran parte a la ductilidad actoral de los cantantes. Creo que fue una brillante idea convocar a Luis Lima para el rol titular. El tenor de muy importante carrera internacional, apartado de la misma hace alrededor de 10 años y con esporádicas apariciones en el Teatro Argentino y países vecinos, es un “milagro” vocal, conservando además las excelentes dotes de actor que siempre tuvo.

Acostumbrados en el último tiempo a escuchar tenores generalmente estables de Operas de Europa occidental, la intensidad de su voz, el caudal de la misma, muestran la diferencia notable entre una gran figura y cantantes que solo alcanzan a la corrección…y no siempre. Su voz se ha tornado más oscura, su característico timbre mantiene la gran riqueza de armónicos y su volumen se presenta más grande aún. Realizó una brillante caracterización del difícil rol, desplegando sus grandes cualidades de actor. Su actuación me hizo volver, por un momento, a otros tiempos, donde reales “divos” eran asiduos en nuestro medio. Bravo Maestro Lima! Bravo Buenos Aires Lírica por este regalo. Espero que tanto el Teatro Colón como el Argentino de la Plata tengan en cuenta el valor de un verdadero artista que vive en nuestro país y no seguir padeciendo de la mediocridad importada. Por supuesto que compartiendo escenario con un cantante de sus quilates, todo el elenco dio lo mejor de sí. Omar Carrión brindó un excelente Tonio, con la calidad vocal que siempre lo distingue pero además, mostró facetas de comediante que en lo personal no le conocía. Solo lamento que su “deformidad” no fuera planteada por el Director de escena en forma más notable. Su trabajo nunca bajó de un nivel de excelencia. Florencia Fabris, con una voz tal vez no la más adecuada para Nedda, relizó un impecable trabajo. Sorteó sin problema alguno las coloraturas de su aria, canto en gran forma durante todo el transcurso de la opera y mostró excelentes dotes de actriz, acompañadas por su muy buena figura. Otro gran trabajo. Fermín Prieto, cuya voz ya es demasiado pesada para Beppe, supo manejarla de excelente manera, logrando un muy buen nivel. Ernesto Bahuer, cantó con total corrección y se mostró honesto y sensible como actor. Correcto el resto del elenco. Solo una frase para el final: EL DIA QUE PAGLIACCI TUVO NOMBRE PROPIO: LUIS LIMA

Tuesday, September 13, 2011

ÓPERA “SIMON BOCCANEGRA” DE GIUSEPPE VERDI DIRIGIDA POR MAURIZIO BENINI EN CHILE

Fotos: Teatro Municipal de Santiago

Johnny Teperman

Giuseppe Verdi. Opera en un prólogo y tres actos, con libretos de Francesco María Piave y Arrigo Boito. Reparto. Simon Boccanegra: Roberto Frontali / Omar Carrión* Amelia Grimaldi: Alexia Voulgaridou /Keri Alkema* Gabriele Adorno: Woo-Kyung Kim / Gonzalo Tomckowiack*  Jacopo Fiesco: Arutjun Kotchinian / Homero Pérez-Miranda* Paolo Albiani: Roman Burdenko / Ricardo Seguel* Pietro: Pablo Jiménez / Cristián Moya* Sirvienta de Amelia: Constanza Domínguez / Carla Vilches* Un Capitán: Claudio Fernández / José Barrera* Director de Escena: Filippo Crivelli  Escenografía e Iluminación: Ramón López Vestuario: Marco Correa Repositora Elenco Estelar: Christine Hucke Asistente de Dirección de Escena: Pablo Maritano Orquesta Filarmónica de Santiago Director: Maurizio Benini / José Luis Domínguez* Coro del Teatro Municipal Director: Jorge Klastornick

Intrigas políticas, un padre que busca a su hija desaparecida misteriosamente, amores truncados, secuestros, envenenamientos y una música que muestra a Verdi en la cima de su genialidad, son los puntos bases de la trama de la ópera italiana "Simón Boccanegra", de Giuseppe Verdi..  El gran compositor italiano tenía una increible habilidad para combinar política y relaciones humanas. "Simón Boccanegra" constituyó -sin duda-uno de sus trabajos más sombríos y envolventes, con esta historia que se desarrolla en la Italia del siglo XIV y está repleta de intrigas.  Son algunos de los ingredientes de la composición, que se ofreció como cuarto título de la temporada lírica nacional 2011 del Teatro Municipal de esta capital y que confirmó lo bien que ha estado el ciclo programado en nuestro coliseo. “Simón Boccanegra”, obra de argumento terrible, pero de bellos conceptos en todos los aspectos del arte, destacó en esta ocasión una parte musical impecable e incluso, nos atrevemos a señalar, con intérpretes excepcionales, partiendo por Maurizio Benini, un músico notable, un visitante constante, quien incluso hace cinco años fue el director principal de la Orquesta Filarmónica de Santiago, que en esta ocasión condujo con su calidad inigualada a la agrupación, que brilló con luces propias en ambas versiones. El director en la versión estelar fue, una vez más, el maestro nacional José Luis Domínguez, quien manejó en forma excelente a un grupo de instrumentistas que aportó una calidad en las cuatra familias de instrumentos.  La conducción teatral del elenco estuvo a cargo de Filippo Crivelli, importante director que ha trabajado con directores de la talla de Franco Zeffirelli, Michelangelo Antonioni, Tatiana Pavlova y Luchino Visconti y quien ha hecho en nuestro teatro El Barbero de Sevilla, Norma, Roberto Devereux y Simon Boccanegra en 1991 y 2001.

Su experiencia y conocimientos son enormes y le han valido obtener importantes premios en su patria. Esta vez Crivelli movió sus piezas habilmente y permitió el lucimiento de los cantantes cuando enfrentaban al público, al adquirir un rol preponderante. La escenografía e iluminación fueron responsabilidad de Ramón López, quien adecuó bien el ambiente reinante en las distintas situaciones, incluso con un colorido especial. El vestuario de Simon Boccanegra es de gran valor, ya que fue creado por el destacado diseñador chileno Marco Correa, uno de los precursores de la alta costura en nuestro país, fallecido en 1992. El Museo de la Moda presentó una exposición de tres vestidos de colección de este gran diseñador, como homenaje a su exitosa trayectoria en nuestro país. La exhibición tuvo lugar en el foyer principal del Teatro Municipal. Este “Simón Boccanegra”, versión 2011 en Chile, fue toda una sorpresa en cuanto al elenco de cantantes, tanto del grupo internacional como el del Estelar o segundo elenco.  El barítono Roberto Frontali mostró una voz calificada y a la vez, estuvo bien teatralmente en el manejo de su personaje. Mejor sin duda que el argentino Omar Carrión, quien no tuvo el mismo vuelo dramático con su caracterización del “dogo”. La hermosa soprano griega Alexia Voulgaridou encarnó a Amelia Grimaldi, con una voz bastante aceptable, pero sin darle a su personaje la emoción y calidad de la norteamericana Keri Alkema, lejos la mejor figura del elenco estelar, con una voz potente, emotiva, a ratos arrebatadora y de una técnica absoluta. El bajo armenio Arutjun Kotchinian., interpretó en gran forma al personaje de Fiesco, con sólida voz, en tanto que el tenor coreano Woo Kyung Kim, encantó al auditorio con su romántico enfoque del enamorado Gabriel Adorno. Su voz, de bello timbre, muy verdiana, fue atractiva, agradable de principio a fin, que se hizo fácil de escuchar, inclusoi de paladear. En estos dos roles, el cubano chileno Homero Pérez-Miranda (Fiesco) y el chileno Gonzalo Tomckowiack (Adorno), tuvieron impecables actuaciones y este último se mostró como un estupendo “belcantista”.  El barítono Ruso Roman Burdenko, abordó con gran calidad vocal, y solvencia actoral a Paolo Albiani y su contraparte chilena, Ricardo Seguel, lució su jerarquia acostumbrada; los comprimarios chilenos estuvieron, una vez más, a la altura de los extranjeros: elos fueron Constanza Domínguez y Carla Vilches(Sirvienta de Amelia), Pablo Jiménez y Cristian Moya (Pietro) y Claudio Fernández y Josd Barrera (Capitán).

Sunday, June 20, 2010

Entrevista al barítono argentino Omar Carrión

Fotos: Schaunard en La Boheme, Arnaldo Colombaroli - Teatro Colón; El Barbero de Sevilla; Attila - Buenos Aires Lírica; El Barbero de Sevilla - Teatro Solís de Montevideo.

Ramón Jacques

Argentina ha sido siempre un país de gran tradición operística si se considera que en Buenos Aires, su capital, se encuentra el famoso y legendario Teatro Colón. También porque ha sido una inagotable cantera de voces de gran calidad, muchas de ellas surgidas del propio Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Esta gran generación de cantantes argentinos, al lado de tantas figuras que pisaron el máximo escenario bonaerense, han ayudado a construir y a enriquecer la historia de este teatro. Una de las figuras más representativas de esa generación, y al que se le considera una de las mejores voces de su cuerda en ese país es, sin lugar a dudas, el barítono Omar Carrión.

Con un extenso currículo, Omar goza de reconocimiento internacional que comenzó participando en importantes concursos de canto como el Concurso Pavarotti de Filadelfia, y el prestigioso Cardiff Singer of the World en Gales, así como por su interpretación cantando papeles como: Lescaut en Manon y Manon Lescaut, Sharpless en Madame Butterfly, Ping en Turandot, Rigoletto, Don Carlo en Ernani, el Conde Luna en Il Trovatore, Germont en La Traviata, el Marques de Posa en Don Carlo, Lord Enrico en Lucia di Lammermoor, Alfonso IX en La Favorita, Lord Notthingham en Roberto Devereux y Fígaro en El Barbero de Sevilla, entre otros; y se ha presentado en diversos teatros de Sudamérica como el Solís de Montevideo, Municipal de Santiago y Temuco en Chile, Medellín y Cali en Colombia, Porto Alegre en Brasil, además en Hanover en Alemania, Atenas en Grecia, Cardiff en Gales, y en el Auditorio Nacional de México, además de su presentaciones en los teatros Argentino de la Plata y Avenida de su ciudad, sin olvidar su continua participación en las Temporadas del Teatro Colón de su ciudad natal donde alternó con cantantes como Placido Domingo, Mirella Freni, Neil Shicoff, Alain Fondary, Leona Mitchell, Jennifer Larmore, Leo Nucci, Marcelo Álvarez, y Sherill Milnes

En esta entrevista, Omar Carrión nos habla de su carrera y sus puntos de vista sobre su carrera y su visión de la ópera en la Argentina.

¿Fue el ambiente musical que existía en casa lo que despertó tu interés por convertirte en cantante de ópera?
¡Increíblemente no! Mi padre fue un gran tenor lirico spinto llamado Antonio Carrion y mi madre Hilda Angelici, una exquisita soprano. Ambos dejaron de cantar cuando yo nací, y durante mi niñez crecí escuchando vocalizar a los alumnos de mi padre, cosa que no me incentivó para nada hacia la ópera. Yo era y sigo siendo fanático de Los Beatles. Sin embargo, la genética pudo más y en la adolescencia todo se disparó naturalmente. Fui a ver una Tosca al Teatro Colón con Carlo Bergonzi y cuando comenzaron las primeros acordes de la ópera y mientras él cantaba ‘Recondita Armonia’, algo sentí dentro de mí. Al año siguiente vi Rigoletto con Sherrill Milnes y allí decidí que quería cantar. Estaba cursando el secundario y vivía escuchando y viendo ópera. En esa época jamás me hubiera imaginado que iba a estudiar y cantar con el propio Milnes.

¿Cuándo ocurrió tu debut?

Considero que mi verdadero debut profesional fue en 1990, con el rol de Guglielmo de Cosi Fan Tutte en el Teatro Colón. Irónicamente antes del cierre del teatro, mi ultimo trabajo importante fue también en Cosi Fan tutte pero como Don Alfonso. De ese Guglilemo ya han pasado diecinueve años.¿Qué significó para ti representar a tu país en los concursos de canto ‘Pavarotti de Filadelfia’ y ‘Cardiff Singer of the World’ en Gales?Los concursos son experiencias interesantes que te hacen subir un escalón. También fui Ganador del Concurso Rossini en 1992 en Argentina. Más allá de eso, he visto a estupendos cantantes de concursos que jamás han cantado nada y otros que nunca ganaron un concurso y son grandes divos. Creo que el secreto está en no dejarse amedrentar por los avatares de la carrera, y seguir siempre estudiando y perfeccionándose hasta el final de la misma. Acabo de hacer una producción de Traviata nuevamente: he cantado muchas funciones de esta ópera, y sin embargo durante dos meses sólo se podía ver en mi mesa de luz la partitura, y La Dama de las Camelias de Dumas, los libros de Kurt Pahlen refiriéndose a la obra, el vídeo de la película Camille con Greta Garbo y Robert Taylor, otro libro de cantantes que opinan sobre el abordaje de los personajes etc. Con lo anterior quiero decir que la ópera es mucho más que cantar bien solamente.

Si tuvieras que describir tu voz ¿Qué características dirás que esta posee?

Me considero un barítono lírico agudo.

Para alguien que nunca ha escuchado cantarte en directo ¿Qué seria aquello que te gustaría que te escuchara cantar primero?


Sin duda el belcanto, y cuando hablo de belcanto, por supuesto que incluyo a Verdi que como dijera alguna vez Placido Domingo es el belcanto con la B mayúscula.


¿Cuál es tu repertorio mas apto en este momento, y con que papeles consideras ampliarlo?


Básicamente el repertorio belcantista. En teatros grandes busco no salirme del bel canto, y en los teatros medianos o más chicos, canto óperas un poco más fuertes, pero siempre con mi voz. Por lo tanto, mi repertorio mas común comprende papeles como Fígaro, Germont, Alfonso IX, Lord Enrico, Notthingham, Don Carlo, Malatesta, Valentín, Guglielmo, Don Alfonso, Belcore, Sharpless, Ping, y para teatros más chicos Conde de Luna, Rigoletto, Marques de Posa.

Una experiencia significativa en tu carrera fue la gira que realizaste con la Orquesta Nacional de España. ¿Qué recuerdas de esa experiencia?

Cantamos las Ausencias de Dulcinea de Joaquín Rodrigo, una cantata para barítono y cuatro sopranos dirigidos por el gran maestro Rafael Frühbeck de Burgos Se presento en Hannover, Alemania, y en Atenas, en el increíble Anfiteatro Herodes Atticus, al pie del Partenón. Esa noche, alumbrado por la luz de la luna, me sentí agradecido de ser cantante y poder esta allí, con Atenas a nuestros pies y pisando el escenario en donde había estado María Callas.

Te formaste profesionalmente en el Teatro Colon de Buenos Aires y te tocaron vivir las épocas legendarias de este mítico recinto ¿Que recuerdos sobresalen en tu memoria de esa época?

Recuerdo que al entrar a la sala principal se sentía como si fuera a un templo. También llegar a los ensayos o las funciones me trae a la memoria que lo hacia pensando que debía estar a la altura de las circunstancias, cosa nada fácil. Recuperar la parte edilicia será más fácil que recuperar la mística del templo.

¿Cómo fue para ti trabajar y alternar con figuras tan importantes que pasaron por el Colón?
Siempre que he cantado con los grandes divos, mis sentidos se agudizan de tal manera que trataba de ver y oír todos los detalles. Cantando al lado de los grandes se aprende más que en otras situaciones. Por otro lado, siempre trate de acercarme a ellos con el respeto hacia aquel que ha marcado un camino y del cual se puede aprender.
¿Existe alguno en particular que haya tenido una influencia positiva sobre tu carrera?

Sin duda el haber cantado y tomado clases con Sherill Milnes, ya que siempre fue un referente para mi, y el poder trabajar con el me hizo evolucionar enormemente.
Precisamente el destino quiso que formaras parte de la gala de reinauguración del Teatro Colón el 24 de mayo del 2010, y que fueras elegido para cantar en la primera producción, que fue La Boheme, en su reapertura. ¿Podrías describirnos esta experiencia?
Si, el mismo elenco que en la gala de reapertura del teatro cantó el segundo acto de La Boheme, fue el que después abrió la temporada 2010, con el mismo titulo. Para mi fue muy emocionante y un honor estar en el escenario del Colón esa noche, ya que no hay que olvidar que muchos artistas, melómanos y demás amantes de la opera pensamos en algún momento que tardaría mucho tiempo mas para que el Colón comenzara a funcionar.
Otro evento sobresaliente en tu carrera fue el haber participado en la primera gira del Colón al extranjero y que fue a México en el 2007 con la producción de Oswald y Lápiz de Turandot de Puccini. ¿Qué recuerdos tienes de aquellas funciones?
Esa gira fue simplemente inolvidable porque fue la primera vez que una producción completa del Colón, incluidos los elencos, orquesta, coro, técnicos, escenografías y demás, viajaron a otro país. Como mi esposa es soprano del coro estable del teatro, viajamos con nuestro hijo, que en ese momento tenia doce años. Los tres en un país que no conocíamos, con una cultura histórica impresionante, paisajes bellísimos, además de que fuimos tratados por los mexicanos con una amabilidad y respeto invaluables. En ese marco canté en esa magnifica producción del Colón, la cual fue muy bien recibida. Siempre pienso ¿Qué más podríamos pedir? Fue un premio de dios.

Viene un desafío importante que es el de interpretar el papel principal en Belisario, una opera desconocida de Donizetti. ¿Qué nos puedes decir respecto al personaje y las dificultades que supone su interpretación, considerando que existen pocas referencias discográficas o de puestas escénicas de esta obra?

Belisario es una opera de Donizetti muy poco transitada, de hecho en el Colón se hizo una sola vez en 1982 con el maestro Renato Bruson. Me he preparado de toda la biografía posible de este general romano, honorable, valiente, honesto, religiosamente ortodoxo, que en la opera, bajo el libreto de Cammarano es denunciado por su esposa Antonina entre otras cosas por haber mandado asesinar a su propio hijo. Es desterrado, pero antes lo dejan ciego sacándole los ojos. Como veras, es un interesante papel de composición que irónicamente no tiene ninguna aria. Al igual que Simon Boccanegra, Belisario tiene un aria que comienza cuando entra al escenario y termina cuando muere herido en una batalla. En todo esto estamos trabajando en estos momentos con el regista Marcelo Perusso.
¿A que atribuyes el hecho que exista tanta tradición y oferta de opera en la Argentina?

Es que Argentina tiene cantantes muy buenos, con bellas voces latinas. Talentosos y preparados .Al igual que directores de orquesta y de escena, es un país de gran tradición operística. Gracias a Dios hace casi dos décadas, que se ha multiplicado la ópera en todo el país, con mini temporadas en las provincias, mas el entrañable Teatro Argentino de la Plata, pasando un momento magnifico, con una infraestructura de producción de gran teatro y las nuevas compañías privadas de excelente nivel como Juventus Lírica, Buenos Aires Lírica, Fundamus o la Casa de la Ópera en Buenos Aires. Así, el público puede saciar su sed de ópera y los cantantes algo más que su necesidad artística.
¿Qué otros compromisos y proyectos tienes para el futuro?
Lo dicho, ahora estoy ensayando Belisario para Buenos Aires Lirica, después viajaré para cantar otro gran papel protagónico en el Teatro Municipal de Santiago de Chile, pero este si es muy conocido: Rigoletto. Posteriormente cantaré tres conciertos, uno con soprano y los otros dos con tenores. En realidad los grandes aliados musicales de los barítonos, son las sopranos y los tenores, aunque en la trama son quienes siempre nos desprecian, nos odian o nos matan. Es nuestro karma, así que creo que el barítono es un ser solitario.