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Wednesday, April 1, 2020

Don Giovanni - Teatro Regional de Maule (Chile)

Foto: Teatro Regional de Maule (Chile)

Joel Poblete

Luego de que a raíz de la compleja situación social y política surgida en Chile en octubre del año pasado se decidiera suspender las fechas originales de sus funciones programadas para noviembre, a mediados de marzo una nueva producción del inmortal Don Giovanni de Mozart en el Teatro Regional del Maule, en la ciudad de Talca, terminó convirtiéndose no sólo en la ópera que inauguraba la temporada lírica 2020 en ese país, sino además fue probablemente la última presentación de un espectáculo como este en mucho tiempo en escenarios chilenos, pues a raíz del avance del COVID-19, dos días después de su segunda y última función comenzaron a prohibirse las convocatorias de público de cualquier tipo que superaran las 50 personas. Así, por ejemplo, el principal teatro chileno para este tipo de eventos, el Municipal de Santiago, ya anunció que suspenden todas sus actividades, lo que incluye la ópera que abriría en abril su ciclo lírico, La flauta mágicaEn ese contexto, el Don Giovanni que pudimos apreciar no sólo tuvo ese carácter especial por el contexto y las circunstancias, sino además fue lo suficientemente valioso por méritos propios, destacando además por contar sólo con artistas locales. Ubicada a tres horas de la capital del país (Santiago), en los 15 años que este 2020 se cumplen desde la inauguración de su Teatro Regional del Maule, en Talca han desarrollado una sostenida programación lírica, presentando producciones propias casi todos los años a lo largo de la última década y posicionándose así como uno de los principales escenarios de ópera en Chile, con títulos populares como Tosca, CarmenEl barbero de Sevilla La traviata, y en los últimos años Otello (2016), El trovador (2017) y en 2018 La bohème.

En lo musical, la Orquesta Clásica del Maule volvió a ser dirigida por su titular, el maestro Francisco Rettig, en una acertada lectura, de buenos contrastes dinámicos, en la que quizás resaltaron más los elementos cómicos, porque así fue también con la puesta en escena de Rodrigo Navarrete, el cantante que en los últimos años ha estado destacando cada vez más como régisseur, como el año pasado lo confirmaron sus logros en el Pagliacci del Teatro Regional de Rancagua y La italiana en Argel en el Municipal de Santiago. Navarrete guió un montaje atractivo, con buen ritmo, fluido y ágil, sobre todo gracias a la dinámica propuesta de imagen y video de Alvaro Lara y Claudio Rojas, muy bien complementados con el diseño de dispositivo escénico y la iluminación del reconocido diseñador Ramón López. Los tres ya se lucieron en ese Trovador de 2017 en Talca que comentara en estas páginas en ese momento, y ahora nuevamente fueron fundamentales en la ambientación de los distintos espacios que requiere la trama, marcados en esta ocasión por tonalidades más oscuras en lo escenográfico, luciéndose especialmente en la potente escena final del protagonista, que alcanzó un tono cósmico y sideral de gran efectividad, como si fuera el infinito el que se tragara a Don Giovanni.  Efectivamente, la propuesta escénica de Navarrete -que contó también con un ecléctico y muy particular vestuario de Loreto Monsalve, que funcionó mejor en algunos personajes que en otros- enfatizó más los elementos jocosos, sin profundizar demasiado en las potenciales complejidades del protagonista y quienes lo rodean. La picardía de los personajes populares como Leporello y Zerlina estuvo mejor desarrollada que las actitudes de los nobles, y las a estas alturas ineludibles connotaciones sexuales inherentes a la historia del seductor empedernido, que se sintieron fuera de lugar en el inicio en la casa del Comendador, pero funcionaron mejor en la última fiesta en casa del protagonista, que tanto en ese momento como en el final del primer acto contaron además con anacrónicos pero juguetones y efectivos movimientos coreográficos creados por Esdras Hernández

Una de las virtudes de este Don Giovanni fue lo juvenil de su elenco exclusivamente compuesto por intérpretes chilenos, y además es muy meritorio que algunos de los solistas sean cantantes que están desarrollando una auspiciosa carrera en escenarios internacionales. Partiendo por su protagonista, el ascendente barítono Ramiro Maturana, que creció y se formó precisamente en Talca y quien desde 2017 integra la Academia de la Scala de Milán, lo que no sólo le ha permitido cantar en el mítico escenario italiano en montajes para estudiantes y jóvenes de óperas como El elixir de amor, sino además encarnar roles secundarios compartiendo escena con prestigiosos colegas, como con Ambrogio Maestri en Gianni Schicchi -recibiendo indicaciones como régisseur del legendario cineasta Woody Allen- y en una de las últimas actuaciones del septuagenario Leo Nucci antes de retirarse, en Rigoletto. Maturana fue un Don Giovanni convincente y desenvuelto en lo teatral como seductor, y su voz de hermoso color, timbre y adecuado volumen, así como el canto seguro y expresivo, se prestan muy bien para el rol, que por supuesto aún puede seguir trabajando en distintos aspectos -en su vertiginosa agilidad, el siempre tan demandante  "Fin ch'han dal vino" lo puso a prueba-, pero en general le permitió lucirse en momentos como una bella entrega de "Deh, vieni alla finestra". 

Muy bien estuvo también el bajo-barítono Antonio Espinosa, un simpático y divertido Leporello; desde 2017 el cantante, de atractiva voz y buen desempeño teatral, es miembro del Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo del Palau de Les Arts Reina Sofía de Valencia -el mismo que en febrero, a raíz de los acontecimientos del último tiempo, acordó sacar el nombre del tenor-, lo que le ha permitido cantar junto a importantes intérpretes internacionales en óperas como Don Carlos. Las tres sopranos que abordaron los roles femeninos fueron estupendas, partiendo por la excelente Doña Elvira de la fogueada Andrea Aguilar -considerando el buen nivel en el que cantó, fue una verdadera lástima que no interpretara su aria "Mi tradì quell' alma ingrata"- y la Doña Ana de la prometedora Annya Pinto, que también ha estado perfeccionándose en España y cuya bella voz brilló especialmente en la intensidad de "Or sai chi l'onore" y en una sutil y delicada versión de su "Non mi dir". Por su parte, como Zerlina, Tabita Martínez interpretó sus dos arias con la dosis justa de ingenuidad y ternura, conformando una creíble pareja con el logrado Masetto del barítono Nicolás Suazo. Adecuado y de buena proyección fue el bajo Pedro Alarcón como el Comendador, quien en su gran escena con Don Giovanni debió cantar de fuera de escena. Quien no logró entusiasmar mucho fue el tenor Felipe Catalán como Don Octavio: aunque por color y timbre su voz debería haber funcionado bien en el rol, sonó opaco y plano, aunque sorteó lo mejor que pudo los desafíos de "Il mio tesoro"; la no inclusión de su hermosa "Dalla sua pace", sumada a la ya mencionada omisión del aria de Doña Elvira y la reducción del sexteto final, fueron parte de los lamentables cortes que sin mayor explicación tuvo la partitura. Muy bien el coro que dirigió Pablo Ortiz, así como los comparsas y bailarines. En conjunto, un Don Giovanni bastante sólido, no sólo confirmando el buen nivel de las producciones de ópera en Talca, sino además un buen espectáculo, en medio de la incertidumbre de cuánto tiempo pasará antes de que se vuelva a ver una ópera en vivo por esos lados...

Saturday, December 9, 2017

El Trovador en el Teatro Regional del Maule (Talca, Chile)

Foto: TRM

Joel Poblete

¡Qué gusto da comprobar en vivo y en directo cómo la ópera se sigue abriendo camino a lo largo de Chile. Aunque tradicionalmente la actividad lírica se ha centrado en el Teatro Municipal de Santiago, en los últimos años ya se ha ido convirtiendo en tradición que distintas ciudades y regiones se atrevan con el género, ampliando los públicos y demostrando que también es posible apostar por este tipo de espectáculos fuera de la capital del país. ¡Y mayor mérito considerando cuando se cuenta en gran medida con talentos nacionales! En los últimos años ciudades como Rancagua, Concepción y Temuco han dado importantes pasos, y particularmente en Talca, tres horas al sur de Santiago, el Teatro Regional del Maule (TRM) es uno de los escenarios que más permanentes esfuerzos ha estado realizando en este ámbito. Luego de los elogios de la crítica local en los dos últimos años con La traviata y Otello, a fines de noviembre nuevamente ofrecieron, en sólo dos funciones, un título de Giuseppe Verdi. El turno fue ahora de la popular El trovador, que tuvo su estreno la noche del jueves 30, con un elenco casi completamente chileno. 

En esta ocasión, una vez más la dirección musical, al frente de la juvenil y muy competente Orquesta Clásica del Maule, estuvo en manos de su director titular Francisco Rettig, el maestro chileno que ha destacado a nivel latinoamericano y quien pocas semanas antes había dirigido en el Municipal de Santiago otro título verdiano: Aida. Su lectura fue vigorosa y aunque en algunos momentos no siempre apoyó por completo a los solistas vocales (lo que incidió en ocasionales desajustes), tuvo instantes muy lucidos y supo transmitir lo teatral y comunicar tanto el dramatismo como el lirismo de algunos pasajes. 

Cantando por primera vez en su carrera el rol titular de esta ópera, el trovador Manrico, luego de su aplaudido debut local protagonizando Otello el año pasado, regresó el tenor chileno radicado en Europa Giancarlo Monsalve, quien a lo largo de una década de actuaciones internacionales ha logrado actuar en escenarios como la Arena de Verona, el Covent Garden de Londres y las Óperas de Zurich y Baviera, entre otros, pero hasta estas funciones en Talca nunca había interpretado una ópera en su país de origen. Con un físico adecuado al perfil romántico del personaje que encarna, Monsalve tiene una voz de spinto de innegables cualidades, aunque su registro, la proyección y la emisión de las notas es muy variable a lo largo de la función; su canto arrojado y no demasiado sutil, así como el particular fraseo, parecen más adecuados al estilo verista que a Verdi, pero si bien no se lució tanto como cabía esperar en su gran escena -el aria "Ah si, ben mio" y la siempre temida "Di quella pira"-, estuvo mucho mejor en el último cuadro de la obra y considerando las demandas del papel, cumplió de manera eficaz y logró entusiasmar a la audiencia. 

Uno de los aspectos que más expectativas generaba entre los operáticos locales era el debut de dos de las cantantes chilenas más destacadas de los últimos años, en roles considerados entre los más demandantes de sus respectivas cuerdas: la soprano Paulina González como Leonora, y la mezzosoprano Evelyn Ramírez como la gitana Azucena. La primera ofreció en lo escénico una versión más decidida y aguerrida que lo habitual en el personaje, mientras en lo vocal partió muy cauta, cuidando especialmente las notas agudas, pero su cometido fue progresando a medida que avanzó la función, culminando en una estupenda penúltima escena de la obra, donde supo asumir con inteligencia y delicadeza una tras otra la tremendamente exigente y expuesta "D'amor sull'ali rosee", seguida por el "Miserere", "Tu vedrai che amore in terra" y el dúo con el barítono; por supuesto que podrá seguir profundizando su Leonora con el paso del tiempo, pero para ser la primera vez, fue un nuevo y meritorio logro de esta artista que sigue dando importantes pasos en la ampliación de su repertorio, y continúa así con la senda verdiana iniciada con su Violetta en La traviata y Desdémona en Otello. Por su parte, Ramírez nos tiene acostumbrados no sólo a su enorme calidad como intérprete, sino además al eclecticismo en las obras que aborda: tan cómoda en el barroco, Mozart y Rossini como en Mahler o en obras de autores como Stravinsky y Weill, o en la Carmen que volvió a cantar recientemente en Rancagua, en un principio por temperamento y color vocal no parecía muy idónea para Verdi y la vengativa gitana Azucena; y aunque en efecto en el balance final no parece estar en su total elemento en este célebre personaje, se desempeñó con su habitual profesionalismo y seguridad, con su ya conocido desplante actoral unido a una excelente caracterización y maquillaje, y supo adecuar su voz a lo que demanda la partitura, culminando en una muy lograda y electrizante escena final. 

Quien ofreció la labor más completa y satisfactoria de entre los cantantes principales fue el más veterano, y a la vez el único integrante internacional del elenco, el barítono argentino Omar Carrión, muy conocido por el público chileno y quien siempre ha destacado por sus interpretaciones verdianas: en el Municipal de Santiago ha cantado en La traviataRigolettoSimón BoccanegraI due Foscari y también en El trovador la última vez que esta obra se ofreció en Chile, en 2013. En 2012 ya había cantado en el TRM, como Fígaro en El barbero de Sevilla rossiniano, y ahora regresó a ese escenario apenas un par de días antes del estreno, para reemplazar al colega chileno originalmente considerado para el rol del Conde de Luna. Carrión demuestra siempre un oficio a prueba de balas, supo manejar muy bien su voz y su canto noble fue el más adecuado al estilo del compositor, lo que el público supo apreciar, a juzgar por los sonoros aplausos recibidos al término del estreno. 


El bajo David Gaez ha demostrado en diversas ocasiones en los principales escenarios del país su talento y calidad vocal, pero interpretando a Ferrando -un rol menos relevante que los cuatro solistas principales, pero que de todos modos presenta innegables exigencias- no estuvo en una de sus mejores noches, al menos en el estreno; muy adecuado en la zona media y grave, tuvo problemas en prácticamente todas las notas altas, aunque fue correcto en lo escénico. En personajes secundarios, estuvieron bien la soprano Camila Guggiana como Inés, el tenor Gonzalo Araya como Ruiz, y dos integrantes del coro que tuvieron intervenciones solistas: el tenor Edman Leal como mensajero y el barítono Gonzalo Orellana como un gitano. Por cierto, el excelente coro, dirigido por Pablo Ortiz, fue uno de los elementos más sólidos de la función. 

Y otro de los aspectos que ayudaron a hacer más valioso este título en el TRM fue definitivamente su propuesta visual. Cada vez más fogueado como director escénico en teatros dentro y fuera de Chile -hace pocas semanas estuvo a cargo de la Carmen en Rancagua-, el cantante Rodrigo Navarrete fue el responsable de una puesta dinámica y viva, preocupada de los detalles y alejada del estatismo en que a veces caen otros montajes de este título, la que incluso contó en una escena con la participación de soldados reales del Regimiento de Infantería de Talca. Fundamental en su cometido fue la notable apuesta por una escenografía no corpórea en el sentido tradicional del término, en base a pantallas LED dispuestas como paneles movedizos donde se veían digitalmente los distintos ambientes de cada escena, y que además de permitir un adecuado uso del espacio generaron cuadros de gran belleza, contextualizando de manera notable la trama, con el apoyo de la iluminación a cargo del experimentado Ramón López; el vestuario, proveniente del Municipal de Santiago, no ofreció una unidad de estilo, aunque de todos modos cumplió y fue funcional. Este concepto escénico, cada vez más usado a nivel internacional pero prácticamente inédito en escenarios chilenos, fue un auténtico acierto y estuvo a cargo de un equipo del TRM encabezado por el diseñador Claudio Rojas y el audiovisualista Alvaro Lara. Una solución digna de aplausos y que puede permitir la realización de más espectáculos de este tipo a lo largo del país, y un nuevo paso adelante en la difusión del género lírico en Chile. 


Saturday, November 18, 2017

Aida en el Teatro Municipal de Santiago de Chile

Carlos Candia (elenco internacional) y Luis Hidalgo (elenco estelar)

Joel Poblete

Ya superado el conflicto que significó la huelga del sindicato técnico que desembocó en las funciones sin puesta en escena de Lady Macbeth de Mtsensk, la temporada lírica del Municipal de Santiago volvió a su curso normal, y en la primera quincena de noviembre ofreció su último título del año, la siempre popular Aida, de Giuseppe Verdi. En este retorno de la obra, luego de seis años de ausencia en Chile, se contó con una nueva producción a cargo del reconocido régisseur argentino Hugo de Ana, quien desde su debut en este escenario en 1980 ha regresado en diversas oportunidades, dejando en el recuerdo de los operáticos chilenos, algunos de los más memorables espectáculos de las últimas décadas. Aunque también ha tenido sus "tropiezos" locales, como su Macbeth futurista y orientalizado, o su Madama Butterfly de hace dos años, el artista suele ser garantía de calidad, y en esta nueva Aida, co-producción con el Teatro Real de Madrid (donde se presentará el próximo año), volvió a dejar una positiva impresión. Sobria y austera comparando con los excesos de otros montajes de esta obra, la puesta en escena de De Ana, quien se encargó además de la escenografía, vestuario e iluminación, supo utilizar muy bien los colores, sugerir en base a pocos elementos escenográficos, y manejar con inteligencia las dimensiones del escenario del Municipal. Los contornos del escenario sugirieron la forma de una pirámide, el piso estaba inclinado y en algunos momentos una parte de éste se convertía en una plataforma que se elevaba o bajaba permitiendo comunicar distintos niveles; entre los recursos visuales utilizados destacaron acertadas proyecciones (aunque algunas de ellas no se distinguían de manera totalmente clara), y el uso de espejos generando reflejos que realzaban el carácter de algunos pasajes. Su iluminación en particular fue muy sugestiva y atmosférica, y ayudó a resaltar el clima de las distintas escenas; y en cuanto a la afamada escena triunfal, que ya no fue un desfile, en ella se evitó el atiborramiento y supo ubicar muy bien al Coro del teatro, dirigido por Jorge Klastornik, que como siempre estuvo excelente. También fueron un aporte los números de danza creados por la veterana coreógrafa italiana Leda Lojodice, quien también ha cumplido con esta misión en anteriores producciones de De Ana en Chile, y además realizó previamente las coreografías de Aida del Municipal en una versión de 1997. Estas funciones permitieron un regreso: uno de los maestros chilenos que más han destacado en el exterior, Francisco Rettig, no sólo volvió a dirigir a la Filarmónica de Santiago luego de 14 años en un concierto sinfónico en marzo pasado, sino además ahora asumió la batuta en una ópera en el Municipal tras más de tres décadas, ya que la última vez que tuvo esa responsabilidad fue en 1984, con una Tosca de Puccini en la que coincidentemente la producción era de Hugo de Ana. Si bien hubo ciertos detalles de afinación o fugaces desajustes entre foso y escena, éstos no restaron mérito a una muy buena labor del maestro, quien guió una excelente versión. En cuanto a los solistas, mucho más contundentes fueron las voces masculinas, todas ya conocidas por el público del Municipal. Destacaron especialmente el tenor coreano Alfred Kim como Radamés, y el barítono ucraniano Vitaliy Bilyy como Amonasro, ambos de voces potentes y de generoso volumen; a lo largo de una década el primero ha ido dejando una impresión cada vez más grata en los espectadores locales con cinco roles distintos, entre ellos personajes en otras óperas de Verdi como El trovador en 2006 y Los dos Foscari en 2015, y en esta ocasión, aunque su actuación fue algo rígida y convencional pero siempre acertada, ofreció todo el aspecto heroico del canto de su rol, con un canto aguerrido y agudos seguros que le permitieron sobresalir en la siempre expuesta "Celeste Aida". 
El rol de Amonasro es breve pero fuerte, y de todos modos requiere un barítono que destaque en el repertorio verdiano, y Bilyy, quien también debutó en el Municipal hace más de diez años y ha abordado estilos muy distintos, ha brillado ahí especialmente en el compositor italiano, en títulos como Attila y El trovador, por lo que fue particularmente efectivo.  ¿Y las protagonistas femeninas? Cuando debutó en Chile hace dos años, interpretando a Santuzza en Cavalleria rusticana, nos pareció que la soprano rumana Cellia Costea actuó de manera distante y tenia un volumen generoso pero su voz era imprecisa en la afinación; ahora como Aida estuvo más convincente, y si bien nuevamente la emisión de algunas notas no fue totalmente afinada y parece más cómoda en los tonos medios que en los agudos, su labor fue progresando positivamente. En cuanto a quien para muchos es la verdadera protagonista de la obra, la intensa y altiva princesa Amneris, permitió el debut chileno de la mezzosoprano Marina Prudenskaya, quien está desarrollando una sólida carrera en prestigiosos teatros como el Covent Garden de Londres, el Festival de Bayreuth y la Staatsoper de Berlín; y sin embargo, a pesar de sus pergaminos, en sus primeras escenas si bien la voz es atractiva, llamó la atención lo reducido de su volumen y su discreta presencia escénica. Parecía como si estuviera guardándose para su gran momento, verdadero clímax dramático de la partitura, la escena del juicio; y en efecto, ahí al fin pareció más efusiva y con mayor despliegue vocal, aunque no llegó a las alturas de otras intérpretes que han abordado este rol en el Municipal en el pasado, incluyendo nombres como Fedora Barbieri, Marta Rose, Fiorenza Cossotto y Luciana D'Intino, por ejemplo.  Muy adecuados estuvieron por su parte el bajo coreano In-Sung Sim -quien antes en Chile cantó en el Municipal en Attila y La flauta mágica- como Ramfis, y el joven bajo-barítono ruso Pavel Chervinsky, que el año pasado ya estuviera en ese teatro en Tancredi y de nuevo regresara en marzo para la breve ópera en concierto Mozart y Salieri, fue ahora el estatuario Rey de Egipto.  En el segundo reparto, el llamado elenco estelar, la Filarmónica de Santiago fue guiada por su director residente, el maestro chileno Pedro-Pablo Prudencio, en una lectura vigorosa pero que no por ello descuidó las sutilezas sonoras, ni el balance entre la escena y la orquesta, ni tampoco dejó de apoyar a los solistas en los momentos más comprometidos o que ponían a prueba sus capacidades vocales. El reparto fue casi completamente local, salvo por los roles femeninos principales que estuvieron a cargo de dos intérpretes argentinas, una ya conocida por el público chileno y otra debutando en el país. En el rol titular, la soprano Mónica Ferracani volvió a confirmar su afinidad vocal e interpretativa con Verdi que ya demostrara en anteriores actuaciones en el Municipal, como en Attila (2012), El trovador (2013) y Los dos Foscari (2015); su voz potente, de buen volumen y bien proyectada, y la sensibilidad de su canto le permitieron sortear con inteligencia las dificultades del personaje, y a pesar de detalles puntuales en algunos pasajes conformó una de sus mejores interpretaciones en ese escenario, siendo convincente también en lo actoral. Por su parte, en su primera actuación en el Municipal la mezzosoprano Guadalupe Barrientos fue una Amneris mucho más intensa, imponente y expresiva en lo escénico que su colega del elenco internacional, exhibiendo una voz de atractivo color y un canto apasionado, aunque debe trabajar mucho más sus notas agudas y continuar explorando y desarrollando este demandante personaje. Con su reconocido oficio cimentado a lo largo de casi tres décadas de carrera solista, así como con su aporte escénico convencional pero siempre efectivo, abordando por tercera vez en el Municipal a Radamés -ya lo cantó en las versiones de 2005 y 2011- el tenor José Azócar sacó partido una vez más a los tintes heroicos de uno de los roles que mejor le quedan a su voz de spinto, de color oscuro y seguros y potentes agudos. Quien también retomó un personaje ya interpretado en esta ópera en ese teatro fue el bajo-barítono Homero Pérez Miranda, en este caso Ramfis, que ya cantara en 2011 (en 2005 también cantó esta ópera, pero en esa ocasión como el padre de la protagonista, Amonasro), y nuevamente tuvo un buen desempeño, a pesar de las notas más graves. Por su parte, el barítono Cristián Lorca asumió a Amonasro y a pesar de la convicción escénica con que se consagró a esta labor, en lo vocal presentó algunos problemas de afinación y emisión y las notas altas fueron algo tirantes. Y como el Rey de Egipto, el bajo Jaime Mondaca estuvo muy bien, con una voz de buen color y volumen, proyectada sin complicaciones desde el fondo del escenario. 

Thursday, June 2, 2016

Fidelio en el Teatro Colón de Buenos Aires

Prensa Teatro Colón / Máximo Parpagnoli

Gustavo Gabriel Otero

Buenos Aires, 17/05/2016. Teatro Colón. Ludwig van Beethoven: Fidelio. Ópera en dos actos. libreto de Josef Sonnleithner, Stefan von Breuning y George Friedrich Treitschke, basado en el drama 'Léonore, ou l’amour conjugal' de Jean-Nicolas Bouilly. Eugenio Zanetti, Dirección escénica, escenografía, vestuario y multimedia. Rubén Conde, iluminación. Zoran Todorovich (Florestán), Carla Filipcic Holm (Leonora), Hernán Iturralde (Don Fernando), Homero Pérez Miranda (Don Pizarro), Manfred Hemm (Rocco), Jaquelina Livieri (Marcelina), Santiago Bürgi (Jaquino), Sebastián Angulegui y Juan González Cueto (Prisioneros). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Martínez. Dirección Musical: Francisco Rettig.

Con una puesta en escena decorativa, grandilocuente y vacía, una dirección musical rutinaria y buenas voces se presentó en el Teatro Colón una nueva versión de Fidelio de Beethoven. Eugenio Zanetti en su múltiple rol de vestuarista, escenógrafo, diseñador multimedial y director de escena optó por una fastuosidad tan alejada de la obra como vacua y kitsch. La escenografía y el vestuario evidenciaron una confusión de épocas y estilos, sin anclaje temporal y con ubicación en todos los tiempos a la vez, entre Grecia y la actualidad. La faz actoral no aportó nada novedoso dentro de marcaciones rutinarias. Correcta la iluminación de Rubén Conde. La errática batuta Francisco Rettig con tiempos lentos y aburridos concretó una versión plana y pálida de la obra. El festival de pifias de los bronces poco ayudó a plasmar una versión musical de calidad. Sin maravillar lo mejor fueron las voces y sólo por esto la versión tuvo interés. Zoran Todorovich fue un Florestán que sorteó con gallardía las enormes dificultades de su aria de presentación y fue muy eficaz en el resto del segundo acto. Carla Filipcic Holm fue una Leonora con inmaculada línea de canto, agudos brillantes, belleza de timbre, intencionalidad y perfecto estilo. El Pizarro de Homero Pérez Miranda no logró encontrar la emisión que requiere el personaje. Se lo notó demasiado exigido y en momentos poco audible. El Rocco de Manfred Hemm fue de esmerada corrección y perfecta dicción mientras que Hernán Iturralde supo sacar muy buen partido del pequeño rol de Don Fernando. Nuevamente Jaquelina Livieri mostró su altísimo desempeño vocal con una Marcelina de perfectos acentos. Satisfactorio el resto del elenco y de excelencia el Coro Estable del Teatro Colón, dirigido por Miguel Martínez.

Wednesday, February 1, 2012

Programa excepcional ofrece la Orquesta Sinfónica de Chile

Foto: Francisco Rettig

Johnny Teperman

La Orquesta Sinfónica de Chile, dirigida por Francisco Rettig, ofreció un programa doble excepcional como concierto de cierre que desarrolló con gran éxito y que obtuvo grandes muestras de aprobación por parte de público y críticos. En esta oportunidad, debutó con la Sinfónica de Chile, el brillante cellista chino Xian Zhuo, que recientemente había ganado el Concurso de Ejecución Musical “Luis Sigall”, versión 2011 de la ciudad-balneario de Viña del Mar. El tema central escogido para la ocasión, fue una de las principales composiciones de la música selecta del siglo pasado, el ballet "La Consagración de la Primavera" de Igor Stravinsky (estrenado en 1913)  Aunque ha dirigido esta obra al menos unas 60 veces con diferentes orquestas de Chile y el extranjero, para Francisco Rettig esta monumental pieza musical siempre representa un desafío para todos sus ejecutantes, lo que -sin embargo- en esta ocasión, le significó vivir una jornada muy feliz. El destacado director de orquesta nacional, en esta versión con la Orquesta Sinfónica de Chile llevó a cabo un planteamiento musical diferente. La obra volvió a ser presentado por 102 músicos después de seis años en el Teatro Universidad de Chile, en dos ocasiones, una en la Quinta Vergara de Viña del Mar y, por último en las Semanas Musicales de Frutillar, en el sur del país. Los análisis y comentarios más versados y estrictos apuntan a que son muchos los factores que aportan al lenguaje excitante de "La Consagración". El diseño orquestal es vivido, colorido e imaginativo; desde el penetrante fagot de la apertura en su registro más alto, pasando por las combinaciones densas siguientes de figuraciones en los vientos, hasta los cornos que se elevan describiendo el "Rito de los Antiguos".  El lenguaje tonal también es único. "La Consagración" está llena de melodías simples, de aire folclórico, frecuentemente con no más de cuatro o cinco notas diferentes. Estas tonadas por lo general están acompañadas por combinaciones de notas menos llanas: disonancias mordaces o texturas rutilantes. A pesar de este enfoque único de la melodía y la armonía, la música es principalmente rítmica. Por momentos el ritmo es elemental, como en los acordes repetidos de las cuerdas con acentos del corno que abren "Los Augurios de la Primavera" o los once poderosos golpes de tambor y cuerdas que separan a "Los Círculos Místicos de las Muchachas Jóvenes" de la bárbara "Glorificación de la Víctima Elegida". En casi todas las partes el ritmo es excitante e irregular, especialmente en la "Danza del Sacrificio". Stravinsky optó por melodías simples y armonías que cambian lentamente para contribuir a que el oyente pueda centrar su atención en los ritmos inexorables.  A todo lo anterior se ciñeron Rettig y sus músicos y, por ello, el resultado fue impresionante y muy ovacionado por un público vivamente emocionado, con lo que el conjunto debió despedirse ejecutando uno de los pasajes más vibrantes de esta obra espléndida, "La Danza de la Tierra".  En el comienzo de esta programación doble, el joven intérprete chino Xian Zhuo deslumbró al público, como antes lo había hecho con un riguroso jurado en Viña del Mar, que debió dirimir entre 16 talentos de todo el mundo en noviembre pasado.  El joven intérprete asiático (26 años), sorprendió gratamente con su calidad y su talento y sobre todo con la nota amotiva que impuso a través de toda la ejecución del Concierto para violoncello en Si menor, Op. 104, de Antonin Dvorak. Al igual que en Viña del Mar, los críticos de música y el público asistente al Teatro Universidad de Chile, coincidieron en calificar al intérprete chino como un brillante ejecutante, de altísima calidad técnica e interpretativa. Xian Zhuo, quien ha obtenido el primer lugar en cinco Concursos mundiales en los que ha participado en los últimos tres años, reconoció que en Chile debió enfrentar una suma de dificultades y que "el haber salido triunfador, me llena de orgullo".

Sunday, January 22, 2012

Excelente nivel ofrece Gala Lírica en Teatro Universidad de Chile

Johnny Teperman

Destacadas figuras de la ópera nacional participaron en la Gala Lírica ofrecida el reciente fin de semana por un cuarteto de solistas junto al Coro de la Universidad de Chile y a la Orquesta Sinfónica de Chile.  La soprano Patricia Cifuentes; el tenor Gonzalo Tomckowiack, la mezzosoprano Evelyn Ramírez y el barítono Ricardo Seguel, dirigidos por Francisco Rettig, fueron los solistas de este espectáculo que se dio a tablero vuelto en el Teatro Universidad de Chile y que se repitió al día siguiente en la Quinta Vergara de Viña del Mar.  La programación reunió partes de conocidas óperas de autores como Verdi, Rossini y Mozart en una jornada de dos horas de duración y un intermedio, seguidos con mucho interés por un grupo de entusiastas asistentes, la mayoría de ellos aficionados a la ópera. En el programa destacaron Va, Pensiero de “Nabucco”; La donna è mobile y Caro nome de “Rigoletto”; Gloria all’ Egitto, ad Iside de “Aida”; Credo di Jago de “Otello” y Sempre Libera y Brindis de “La Traviata”, todas de Verdi. También figuraron La Calunnia de “El Barbero de Sevilla” y dúo O che muso… de “La Italiana en Argel” de Rossini; Regnava nel silenzio de “Lucía de Lammermoor”, de Donizzetti y La habanera, Au secours, Aria del Toreador y Coro Cigarreras de “Carmen” de Bizet, entre otras. Dentro de la presentación sobresalieron las interpretaciones de ambas damas: la soprano Patricia Cifuentes, con las árias de Verdi de "Rigoletto" y "La Traviata", además de "Lucía de Lammermoor y la mezzosoprano Evelyn Ramírez brillante en sus árias de "Carmen" de Bizet, de "Sapho" de Gounod y de "Orfeo y Eurudice", de Gluck. El Coro Sinfónico universitario conducido por Juan Pablo Villarroel y la Orquesta Sinfónica de Chile, muy bien dirigida por Francisco Rettig, estuvieron impecables.

PREMIADAS VOCES

La soprano Patricia Cifuentes fue la primera cantante chilena que ganó el concurso internacional de canto Doctor Luis Sigall en 2003, logrando una enorme proyección a nivel nacional e internacional.  Sus participaciones en las temporadas líricas del Teatro Municipal de Santiago y como solista con la Orquesta Sinfónica de Chile, fueron elogiadas por el público y la crítica. En 2005 ganó el Premio de la Asociación de Periodistas de Espectáculos, APES, como la mejor figura femenina en ópera de ese año, por su rol de Lucia en “Lucia di Lammermoor”.  En 2007 obtuvo el premio del Círculo de Críticos de Arte por sus actuaciones en La Hija del Regimiento y El Murciélago. En 2007 debutó en “El Elixir de Amor” en el Teatro Avenida en Buenos Aires. Entre los roles que ha realizado destacan los de Suor Genovieffa (junto a Verónica Villarroel) en la ópera “Suor Angélica”; Inés en “La Favorita”; Elvira en (La Italiana en Argel), y Gilda en Rigoletto, entre otros.  Gonzalo Tomckowiack está considerado como uno de los mejores tenores chilenos en la actualidad. Desde 1999 ha interpretado roles en las temporadas líricas del Teatro Municipal y en teatros en el extranjero como el Teatro Comunale de Bologna, Italia, Teatro Massimo Bellini de Catania, Italia, Teatro de la A.B.A.O. en Bilbao, España, en Sudamérica Teatro Solis en Montevideo, Uruguay, BALírica en Buenos Aires, Argentina, en Colombia con la Orquesta Filarmónica de Bogotá y con la Orquesta Filarmónica de Medellín, entre otros. Sus estudios los realizó en la Universidad de La Serena, en el Conservatorio Real de Bruselas, Bélgica y en la Escuela de Artes de la Universidad de Boston, Estados Unidos. Ha sido galardonado en diversos concursos internacionales tales como: “Concurso Internacional de Canto Alfredo Kraus" en España, “Concurso Internacional de Canto de Verviers" en Bélgica, "Concurso Internacional de Canto de Marmande" en Francia. El barítono chileno Ricardo Seguel fue elegido como la figura más sobresaliente en la Opera Nacional 2010 por su interpretación de “Don Pascuale” de Donizetti, en el montaje que realizó en el marco del Segundo Festival de Opera en el Centro de Extensión de la Universidad Católica. Ha cantado importantes roles en temporadas líricas de Chile, Argentina, Perú. Panamá y Montevideo, en Uruguay.  Una destacada trayectoria artística ha desarrollado la mezzosoprano Evelyn Ramírez, quien realizó sus estudios musicales en la Universidad de Chile con la profesora Carmen Luisa Letelier. El año 2004 debutó en el Teatro Municipal de Santiago, en el oratorio “La Pasión según San Juan” de J.S.Bach. Luego participó en “El Mesías” de G.F.Haendel conducido por Maximiano Valdés y en la ópera “El Buque Fantasma” de R. Wagner dirigida por Frank Beermann. Desde ese año cumple compromisos en las temporadas líricas nacionales, además de participar como solista en piezas sinfónico-corales con la Orquesta Sinfónica de Chile como “Juana de Arco en la Hoguera” y en galas líricas.

Thursday, September 29, 2011

Ópera “Der Kaiser Von Atlantis” brillante puesta en escena de ópera alemana, Santiago de Chile

Foto Kaiser de Atlantis César Cortés Dellepiane Reportero Gráfico Prensa UC

Johnny Teperman

Sorprende por su tema, puesta en escena y calidad de interpretación. Lugar: Centro de Extensión de la Universidad Católica. Salón Fresno  Organizador: Ópera UC y Orquesta de Cámara UC. Ópera en un acto, de Viktor Ullmann (1898-1944).  Director invitado, Francisco Rettig Puesta en escena, Miryam Singer Elenco: Pablo Oyanedel, Kaiser, David Gáez, Muerte Eduardo Jahnke, Parlante, Leonardo Pohl, Arlequín, Andrea Aguilar, Tambor, Iván Rodríguez, Soldado, Paulina González, Bubikopf

El Centro de Extensión de la  Universidad Católica se ha lucido plenamente al presentar  la genial versión de la obra “Der Kaiser von Atlantis”, a cargo de la directora de ópera  UC,  Miryam  Singer, durante dos presentaciones, los días 27 y 28 de septiembre. La puesta en escena es totalmente innovadora ya que la obra  –que dura una hora- se ve de pie y es posible circular en  torno a los personajes y la orquesta.  El montaje con una estética muy moderna, incorpora muchas pantallas de televisión con imágenes que complementan el  montaje además de ir mostrando la traducción de lo cantado. La ópera se escribió y ensayó en el campo de  concentración nazi de Therezin (Theresienstadt), cerca de  Praga. Ante la imposibilidad de relatar una realidad indescriptible, la historia se expresa en forma de una sátira. “Der Kaiser von Atlantis” (“El Emperador de  Atlántida”)  es la historia de un líder embriagado de sí mismo (Hitler), cuya irrefrenable intención  por lograr el exterminio total,  es más fuerte que el temor a su propia muerte.  El Kaiser  Überall, (el Emperador Todopoderoso) da órdenes para que se lleve a cabo la guerra total. Para que ello sea posible, la Muerte debe llevarse a todo el mundo. Asqueada de tanta  arrogancia, la Muerte se rehúsa a cumplir con el banal deseo de Überall y se declara en huelga, negándose a dejar  morir a la gente. El caos resultante de la imposibilidad de morir anula el poder del Emperador Überall, que accede a
ser el primero en morir sólo para que la Muerte esté de acuerdo en volver a cumplir con su deber.

La ópera en un acto es de Viktor Ullmann (1898-1944) y el
director invitado es  Francisco Rettig, quien cumple
una destacada copnducción al frente de la Orquesta  de
Cámara de la U. Católica.

Ullman escribió esta opera en el campo de concentración de Therezin (Praga), durante el año 1943. El recinto esa una ciudadela fortificada, trasformada en campo en septiembre de 1942, El guió de la obtra es de Peter Kier, un talentodo diseñador checo, a la sazón de 24 años de edad.  Durante el otoño del año 1944se hicieron preparativos y ensayos para su m9ontaje esceénico. En octubre, luego del primer ensayo con vestuario, todo se detuvo por òrdenes de las SS. de Hitler y practicamente, todas las personas ibvolucradas en la producción fueron transportadas al campo de exterminio de Auschwitz, Polonia.El elenco de cantantes, todos de primer nivel vocal destaca las voces y el trabajo actoral de Pablo Oyanedel, Kaiser; David Gáez,  Muerte; Eduardo Jahnke, Parlante; Leonardo Pohl, Arlequín;  Andrea Aguilar, Tambor; Iván Rodríguez, Soldado y Paulina  González, Bubikopf. Regie, video, ambientación, escenografía e iluminación constituyen una labor redonda y podría afirmarse que genial, de Miryam Singer, ella misma cantante de ópera destacada y arquitecto de profesión.
 

Thursday, May 26, 2011

Espíritu de Gustav Mahler renace en concierto de la Sinfónica de Chile

Foto: Francisco Rettig
Johnny Teperman
Como parte de los homenajes al Centenario de la muerte del gran compositor y director de orquesta austríaco Gustav Mahler, la Orquesta Sinfónica de Chile interpretó la Sinfonía nº 6 llamada “Trágica”, bajo la dirección del Maestro chileno Francisco Rettig, especialista en su obra.  El 18 de mayo pasado, se conmemoró en el mundo entero el Centenario de la Muerte de uno de los más grandes sinfonistas de la historia de la música, el compositor austríaco Gustav Mahler. Por este motivo, la Orquesta Sinfónica de Chile ha dedicado su Temporada 2011 a su memoria con la programación de sus principales obras, en el Teatro Universidad de Chile,, entre ellas la ya citada Sinfonía nº 6. Rettig es un músico chileno especialista en este autor. El legado musical del gran compositor y director austriaco marca la cumbre de la evolución de la sinfonía romántica ya que Mahler ejerció influencia en compositores del siglo XX como los austriacos Arnold Schönberg y Alban Berg. En su música, especialmente en la Sexta Sinfonía y en los Kindertotenlieder, Mahler reflejó un atormentado espíritu que lo persiguió siempre no obstante alcanzó la realización profesional como un músico admirado y respetado de su época y amorosa con su joven esposa Alma. Centenario de Mahler. Este año el mundo conmemora el Centenario de la muerte de Gustav Mahler, compositor que volcó en sus partituras su vida, sus emociones, miedos, angustias y también su felicidad, que nació un 7 de julio de 1860 en Kaliste, Bohemia, actual República Checa, en el seno de una humilde familia judía., siendo el segundo de quince hijos, nueve de los cuales murieron durante la infancia.  La interpretación de la Sexta Sinfonía "Trágica" fue realmente ipresionante y la conducción de Rettig, brillante.  El legado musical del gran compositor y director austriaco marca la cumbre de la evolución de la sinfonía romántica ya que Mahler ejerció influencia en compositores del siglo XX como los austriacos Arnold Schönberg y Alban Berg. En su música, especialmente en la Sexta Sinfonía y en los Kindertotenlieder, Mahler reflejó un atormentado espíritu que lo persiguió siempre no obstante alcanzó la realización profesional como un músico admirado y respetado de su época y amoroso con su joven esposa Alma.