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Monday, April 29, 2019

La Forza del Destino - Teatro Municipal de Santiago, Chile

Fotos crédito: Marcela González Guillén / Patricio Melo.

Joel Poblete

Aunque hubo más de un aspecto que generó divergencias o no convenció por completo, el muy esperado regreso de la ópera La fuerza del destino, inaugurando a mediados de abril la temporada lírica del Municipal de Santiago con dos elencos y tras 60 años de ausencia de escenarios chilenos, ofreció un balance general satisfactorio y memorable. De partida, porque se trata de una obra muy exigente y compleja, tanto por su estructura argumental, como por las demandas musicales que ofrece en especial a sus cantantes. Agréguese a eso que en esta ocasión no sólo casi todos los protagonistas estaban debutando en sus roles, sino además los directores musicales y el director de escena también la asumían por primera vez en sus carreras. Y tampoco hay que olvidar la fama de "mala suerte" que la tradición le atribuye a esta pieza, razón que según muchos la había tenido ausente de Chile por seis décadas. Tomando todo esto en consideración, los resultados en este retorno superaron todas las expectativas. Estrenada en Chile en 1873 (cuatro años después del debut de la versión revisada y definitiva que más se representa hasta hoy de esta obra, que data de 1869 en la Scala de Milán), precisamente en el Municipal de Santiago, en la historia de ese escenario sólo regresó en 16 temporadas, la última en 1959. Este retorno en el Municipal fue bastante completo y evitó cortes que a veces se realizan en esta obra, por lo que el espectáculo total, incluyendo dos intermedios, se extendió a lo largo de tres horas y media. Pero valió absolutamente la pena, de partida por lo musical en el elenco internacional: en su debut en Sudamérica y conduciendo por primera vez la obra, el director de orquesta italiano Giuseppe Grazioli obtuvo una excelente respuesta de la Filarmónica de Santiago, en una lectura energética y conmovedora, capaz de acentuar los momentos más dramáticos con los cómicos, resaltando especialmente el lirismo y la melancolía (por ejemplo, en el bello solo de clarinete que antecede la escena solista de Álvaro al comienzo del acto III). Muy bien también, tanto en lo vocal como actoral, el coro del Municipal que dirige el maestro uruguayo Jorge Klastornik.

En el rol de Leonora estuvo la soprano rusa Oksana Sekerina, quien ya dejó una grata impresión el año pasado en el Municipal, encarnando a Doña Ana enDon Giovanni y a Adalgisa en Norma; pero Mozart y Bellini son muy distintos a Verdi, compositor que asumía por primera vez en su ascendente carrera. Cauta y correcta en sus escenas iniciales, en un principio su voz no parece aún totalmente idónea al autor, pero en verdad es una cantante con mucho potencial, que deberá continuar estudiando y desarrollando su acercamiento al repertorio verdiano, pero fue ganando fuerza y seguridad a lo largo de la función, hasta culminar en una notable y ovacionada versión de "Pace, pace mio Dio!". Otro conocido del Municipal, el barítono ucraniano Vitaliy Bilyy, ha ido a ese teatro en diversas ocasiones, destacando especialmente en roles de Verdi: Attila (2012), El trovador (2013) y Aida (2017). Ahora debutó ahí su personaje número 16 del compositor, y nuevamente lució un canto recio, noble y sólido, destacando especialmente en su gran escena solista del acto III. También de regreso en ese escenario estuvo el bajo ruso Maxim Kuzmin-Karavaev, quien ya cantara ahí en 2012 en Lucrezia Borgia y fue ahora el Padre Guardiano, encarnado con una voz atractiva y toda la grave solemnidad vocal y de presencia que requiere el personaje. Y debutando en Chile, la mezzosoprano Anna Lapkovskaja se lució como la gitana Preziosilla, personaje breve y episódico, pero muy difícil y exigente en especial en la tesitura, escollos que la cantante rusa supo sortear con inteligencia y buen material, además de verse simpática y desenvuelta en escena. 
Entre tantas voces eslavas, también hubo un lugar importante para los cantantes chilenos. Radicado hace más de una década en Europa, donde se ha presentado en prestigiosos escenarios, el tenor Giancarlo Monsalve hasta ahora sólo había protagonizado en su país natal dos óperas en el Teatro Regional del Maule (en la ciudad de Talca), también de Verdi: Otello en 2016 y El trovador en 2017. Debutando al fin en el Municipal, encarnó ahora a Don Álvaro, papel que ya cantó previamente en la Ópera de Washington; como ya me pareció al oírlo en vivo en ese Trovador de hace dos años, canta con arrojo y un fraseo muy particular, con una voz cuyo registro y proyección, así como la forma de emitir las notas, en especial los agudos, probablemente no sea del gusto de todos los espectadores. En la primera escena no fue muy satisfactorio, pero fue convenciendo más a lo largo de la función y de todos modos fue muy aplaudido al final por el público, aunque lamentablemente fue el cantante más decepcionante entre los protagonistas. Entre los demás cantantes chilenos del reparto, quien sí arrasó con el favor de la audiencia fue el cada vez más sólido bajo-barítono Ricardo Seguel, excelente en canto y comicidad como Fray Melitone. En roles secundarios también estuvieron muy bien el tenor Gonzalo Araya (Trabuco), la soprano Paola Rodríguez (Curra), el bajo Jaime Mondaca (marqués de Calatrava) y el bajo-barítono Matías Moncada en dos papeles, el alcalde y un cirujano.  Lamentablemente, el segundo reparto, el llamado elenco estelar, no estuvo a la misma altura, a pesar que el director residente de la Filarmónica de Santiago, el chileno Pedro-Pablo Prudencio, condujo con entusiasmo y brío la partitura, pero los cantantes decepcionaron bastante, en especial la soprano armenia Lilit Soghomonyan, quien luego de su débil Tosca del año pasado en el Municipal ahora tampoco alcanzó el nivel vocal esperado en Leonora. Dos intérpretes mexicanos debutaron en el Municipal, y ambos partieron algo tímidos, pero fueron ganando fuerza a lo largo de la función: el tenor Héctor Sandoval como Álvaro y en especial el barítono Ricardo López. Quienes sí se lucieron fueron dos chilenos de ya probado talento: la mezzosoprano Evelyn Ramírez como Preziosilla y el barítono Patricio Sabaté como Fray Melitone, mientras la gran revelación de este elenco fue un espléndido bajo ucraniano, Taras Berezhansky, un sonoro Padre Guardiano de bella voz, cómodo en todo el registro. 
En cuanto a lo escénico, el director teatral italiano Stefano Vizioli, que en 1997 debutara en el Municipal con un Rigoletto que volvió a montarse en 2004, regresó con otro Verdi, ahora uno de los más exigentes de este autor para montar a nivel teatral, por su variedad de escenas, movimientos de multitudes, mezcla y contraste entre lo dramático y lo cómico y hasta inclusión de momentos de baile, entre otros obstáculos. Afortunadamente, todos esos aspectos estuvieron muy bien desarrollados en el espectáculo, en una producción que respetó los vericuetos e indicaciones de la historia, pero en un contexto escénico que quizás no convenció a todos por igual, pero en lo personal a mí me parece que fue muy efectivo: de acuerdo al concepto de Vizioli de abordar la obra como un "teatro de la vida", la bella, imponente y corpórea escenografía del argentino Nicolás Boni -quien debutó en el Municipal en 2015 con otro título verdiano, I due Foscari, y el mes anterior había inaugurado la temporada lírica del Colón de Buenos Aires con Rigoletto- reprodujo el interior de un gran teatro clásico de ópera "a la italiana", dañado y a medio derruir, que permanecía a lo largo de la obra y permitió distintas interpretaciones a modo de símbolo y metáfora, además de incluir la figura inclinada de un inmenso Cristo crucificado que recordó a montajes de otro diseñador argentino, el prestigioso régisseur Hugo de Ana, como La favorita de 2008 en el Municipal y precisamente La fuerza del destino de 2012 en el Colón porteño. 
No se puede negar que esta puesta en escena de La fuerza del destino logró impresionar, fue efectiva y tuvo un buen apoyo en el atractivo y elaborado vestuario de la chilena Monse Catalá, inspirado en Goya, y la iluminación de Ricardo Castro; además, no se puede dejar de resaltar las curiosas y tal vez anacrónicas, pero muy llamativas coreografías del italiano Pierluigi Vanelli.  En suma, fue un contundente inicio de temporada. Para los operáticos locales que nunca habíamos visto este título en vivo y hace años lo esperábamos, la emoción fue enorme. Y de paso, se logró derrotar una superstición.

Saturday, December 9, 2017

El Trovador en el Teatro Regional del Maule (Talca, Chile)

Foto: TRM

Joel Poblete

¡Qué gusto da comprobar en vivo y en directo cómo la ópera se sigue abriendo camino a lo largo de Chile. Aunque tradicionalmente la actividad lírica se ha centrado en el Teatro Municipal de Santiago, en los últimos años ya se ha ido convirtiendo en tradición que distintas ciudades y regiones se atrevan con el género, ampliando los públicos y demostrando que también es posible apostar por este tipo de espectáculos fuera de la capital del país. ¡Y mayor mérito considerando cuando se cuenta en gran medida con talentos nacionales! En los últimos años ciudades como Rancagua, Concepción y Temuco han dado importantes pasos, y particularmente en Talca, tres horas al sur de Santiago, el Teatro Regional del Maule (TRM) es uno de los escenarios que más permanentes esfuerzos ha estado realizando en este ámbito. Luego de los elogios de la crítica local en los dos últimos años con La traviata y Otello, a fines de noviembre nuevamente ofrecieron, en sólo dos funciones, un título de Giuseppe Verdi. El turno fue ahora de la popular El trovador, que tuvo su estreno la noche del jueves 30, con un elenco casi completamente chileno. 

En esta ocasión, una vez más la dirección musical, al frente de la juvenil y muy competente Orquesta Clásica del Maule, estuvo en manos de su director titular Francisco Rettig, el maestro chileno que ha destacado a nivel latinoamericano y quien pocas semanas antes había dirigido en el Municipal de Santiago otro título verdiano: Aida. Su lectura fue vigorosa y aunque en algunos momentos no siempre apoyó por completo a los solistas vocales (lo que incidió en ocasionales desajustes), tuvo instantes muy lucidos y supo transmitir lo teatral y comunicar tanto el dramatismo como el lirismo de algunos pasajes. 

Cantando por primera vez en su carrera el rol titular de esta ópera, el trovador Manrico, luego de su aplaudido debut local protagonizando Otello el año pasado, regresó el tenor chileno radicado en Europa Giancarlo Monsalve, quien a lo largo de una década de actuaciones internacionales ha logrado actuar en escenarios como la Arena de Verona, el Covent Garden de Londres y las Óperas de Zurich y Baviera, entre otros, pero hasta estas funciones en Talca nunca había interpretado una ópera en su país de origen. Con un físico adecuado al perfil romántico del personaje que encarna, Monsalve tiene una voz de spinto de innegables cualidades, aunque su registro, la proyección y la emisión de las notas es muy variable a lo largo de la función; su canto arrojado y no demasiado sutil, así como el particular fraseo, parecen más adecuados al estilo verista que a Verdi, pero si bien no se lució tanto como cabía esperar en su gran escena -el aria "Ah si, ben mio" y la siempre temida "Di quella pira"-, estuvo mucho mejor en el último cuadro de la obra y considerando las demandas del papel, cumplió de manera eficaz y logró entusiasmar a la audiencia. 

Uno de los aspectos que más expectativas generaba entre los operáticos locales era el debut de dos de las cantantes chilenas más destacadas de los últimos años, en roles considerados entre los más demandantes de sus respectivas cuerdas: la soprano Paulina González como Leonora, y la mezzosoprano Evelyn Ramírez como la gitana Azucena. La primera ofreció en lo escénico una versión más decidida y aguerrida que lo habitual en el personaje, mientras en lo vocal partió muy cauta, cuidando especialmente las notas agudas, pero su cometido fue progresando a medida que avanzó la función, culminando en una estupenda penúltima escena de la obra, donde supo asumir con inteligencia y delicadeza una tras otra la tremendamente exigente y expuesta "D'amor sull'ali rosee", seguida por el "Miserere", "Tu vedrai che amore in terra" y el dúo con el barítono; por supuesto que podrá seguir profundizando su Leonora con el paso del tiempo, pero para ser la primera vez, fue un nuevo y meritorio logro de esta artista que sigue dando importantes pasos en la ampliación de su repertorio, y continúa así con la senda verdiana iniciada con su Violetta en La traviata y Desdémona en Otello. Por su parte, Ramírez nos tiene acostumbrados no sólo a su enorme calidad como intérprete, sino además al eclecticismo en las obras que aborda: tan cómoda en el barroco, Mozart y Rossini como en Mahler o en obras de autores como Stravinsky y Weill, o en la Carmen que volvió a cantar recientemente en Rancagua, en un principio por temperamento y color vocal no parecía muy idónea para Verdi y la vengativa gitana Azucena; y aunque en efecto en el balance final no parece estar en su total elemento en este célebre personaje, se desempeñó con su habitual profesionalismo y seguridad, con su ya conocido desplante actoral unido a una excelente caracterización y maquillaje, y supo adecuar su voz a lo que demanda la partitura, culminando en una muy lograda y electrizante escena final. 

Quien ofreció la labor más completa y satisfactoria de entre los cantantes principales fue el más veterano, y a la vez el único integrante internacional del elenco, el barítono argentino Omar Carrión, muy conocido por el público chileno y quien siempre ha destacado por sus interpretaciones verdianas: en el Municipal de Santiago ha cantado en La traviataRigolettoSimón BoccanegraI due Foscari y también en El trovador la última vez que esta obra se ofreció en Chile, en 2013. En 2012 ya había cantado en el TRM, como Fígaro en El barbero de Sevilla rossiniano, y ahora regresó a ese escenario apenas un par de días antes del estreno, para reemplazar al colega chileno originalmente considerado para el rol del Conde de Luna. Carrión demuestra siempre un oficio a prueba de balas, supo manejar muy bien su voz y su canto noble fue el más adecuado al estilo del compositor, lo que el público supo apreciar, a juzgar por los sonoros aplausos recibidos al término del estreno. 


El bajo David Gaez ha demostrado en diversas ocasiones en los principales escenarios del país su talento y calidad vocal, pero interpretando a Ferrando -un rol menos relevante que los cuatro solistas principales, pero que de todos modos presenta innegables exigencias- no estuvo en una de sus mejores noches, al menos en el estreno; muy adecuado en la zona media y grave, tuvo problemas en prácticamente todas las notas altas, aunque fue correcto en lo escénico. En personajes secundarios, estuvieron bien la soprano Camila Guggiana como Inés, el tenor Gonzalo Araya como Ruiz, y dos integrantes del coro que tuvieron intervenciones solistas: el tenor Edman Leal como mensajero y el barítono Gonzalo Orellana como un gitano. Por cierto, el excelente coro, dirigido por Pablo Ortiz, fue uno de los elementos más sólidos de la función. 

Y otro de los aspectos que ayudaron a hacer más valioso este título en el TRM fue definitivamente su propuesta visual. Cada vez más fogueado como director escénico en teatros dentro y fuera de Chile -hace pocas semanas estuvo a cargo de la Carmen en Rancagua-, el cantante Rodrigo Navarrete fue el responsable de una puesta dinámica y viva, preocupada de los detalles y alejada del estatismo en que a veces caen otros montajes de este título, la que incluso contó en una escena con la participación de soldados reales del Regimiento de Infantería de Talca. Fundamental en su cometido fue la notable apuesta por una escenografía no corpórea en el sentido tradicional del término, en base a pantallas LED dispuestas como paneles movedizos donde se veían digitalmente los distintos ambientes de cada escena, y que además de permitir un adecuado uso del espacio generaron cuadros de gran belleza, contextualizando de manera notable la trama, con el apoyo de la iluminación a cargo del experimentado Ramón López; el vestuario, proveniente del Municipal de Santiago, no ofreció una unidad de estilo, aunque de todos modos cumplió y fue funcional. Este concepto escénico, cada vez más usado a nivel internacional pero prácticamente inédito en escenarios chilenos, fue un auténtico acierto y estuvo a cargo de un equipo del TRM encabezado por el diseñador Claudio Rojas y el audiovisualista Alvaro Lara. Una solución digna de aplausos y que puede permitir la realización de más espectáculos de este tipo a lo largo del país, y un nuevo paso adelante en la difusión del género lírico en Chile. 


Saturday, July 19, 2014

Tosca alla Cave San Giovanni di Crevoladossola

Foto: Martina Ferro

Renzo Bellardone

TONES on the STONES 2014 – 17 luglio ore 21,30 TOSCA –  Giuseppe Giacosa e Luigi Illica, musica di Giacomo Puccini. Floria Tosca - Maddalena Calderoni, Mario Cavaradossi          Giancarlo Monsalve, Il Barone Scarpia- Emilio Marcucci, Cesare Angelotti, Giovanna Tarasconi, Spoletta- Saverio Pugliese, Sagrestano - Romano Franceschetto, Regia - Renato Bonajuto. Scene e costumi- Laura Marocchino. Scenografia in video Mapping 3D a cura di Area Odeon. Direttore- Stefano Romani. Coro Schola Cantorum S. Geregorio Magno preparata da Maro Rolfi. Coro Giovanile della Provincia Vco diretto da Enrica Pletti. Orchestra Filarmonica del Piemonte.

Se l’opera è emozione, Tosca alla Cave San Giovanni di Crevoladossola   ne è stata la  sognante conferma. Arrivando per la prima volta alla cava si resta ammutoliti dalla spettacolarità risultante dal lavoro dell’uomo, cui andranno ad aggiungersi l’ingegno e l’arte. Il palco su due livelli è stato creato con blocchi  di granito, così come gli elementi scenici fissi sul palco e lo sfondo di marmo, che in una cifra unica e spettacolare valorizza il naturale contesto del teatro di pietra. Le proiezioni in Mapping 3D-innovativa tecnica di videoproiezione- hanno letteralmente trasformato la gigantesca parete in un frammentato palazzo Farnese, piuttosto che in un cielo dove ‘lucean le stelle’ con sotto lo scorrere di immagini di tutta Roma (quella che fino a prima tremava dinanzi a Scarpia). Convinto da anni che le proiezioni possono sostituire egregiamente ingombranti ed a volte troppo costosi  allestimenti, non posso che esprimere plauso al lavoro dell’Area Odeon che ha realizzato le luci e la suggestiva scenografia virtuale. La direzione dell’orchestra Filarmonica del Piemonte è stata affidata  al Maestro Stefano Romani che  ha tratto un’ attenta lettura con spunti emozionanti, mentre la regia, sul palco enorme e di forte impatto, è stata curata da Renato Bonajuto che, trattandosi di approdo dell’opera a Tones on the Stones, ha privilegiato la classicità che il foltissimo pubblico si attendeva dalla sperimentazione del’opera  alla cava. Laura Marocchino si attenuta alla stessa chiave di lettura  per scene e costumi. Tosca ha qui incontratto la voce del soprano Maddalena Calderoni, anche direttrice artista della rassegna, che ha inevitabilmente strappato l’applauso al “Vissi d’arte” interpretato con eleganza vocale, mantenuta in linea per tutta l’opera. Una nota particolare va riconosciuta a Emilio Marcucci nei panni di Scarpia, altezzoso ed arrogante; voce profonda e brunita spazia agilmente sul rigo, conservando linea di canto coinvolgente. Apprezzati Saverio Pugliese in Spoletta  e Giovanni Tarasconi in Angelotti; vera ovazione per il sagrestano di Romano Franceschetto.  A placare la trepida attesa è giunta alfin “O dolci baci oh languide carezze” …l’aria che mi fece innamorare dell’opera negli anni giovanili! Il giovane tenore cileno Giancarlo Monsalve, con alta presenza scenica, chiaro fraseggio  e morbido timbro ricco di sfumature, l’ha cantata con passione coinvolta. Cantante di provata bravura tecnica ed interpretativa ha fatto rivivere le fibrillanti emozioni di Cavaradossi  fino all’uccisione di questi, in cima al masso più alto e da dove, in preda alla disperazione, si è lanciata nel vuoto Tosca, mentre sulla parete di marmo appariva l’immagine di Castel Sant Angelo. Bravi i coristi della Schola Cantorum S. Gregorio Magno preparati da Mauro Rolfi e simpatici i ragazzi  del Coro Giovanile della Provincia del Vco diretto da Enrica PlettiL’insieme della realizzazione è risultata talmente affascinante, da indurmi a concludere con  ancora una parola di apprezzamento per l’iniziativa  e per la globale emozionante suggestione  che luci, immagini, musica e voci insieme hanno dipinto, non solo sulle pareti di granito, ma anche nello spirito sensibile degli spettatori. La Musica vince sempre.



Tuesday, July 3, 2012

Un Ballo in Maschera en Turín, Italia


Foto: Ramella & Giannese

Renzo Bellardone

La cuidada dirección escénica de Lorenzo Mariani se conjugó muy bien con la refinadísima escena de Maurizio Balò y los vestuarios de Maurizio Millenotti. Dicha dirección estuvo atenta a los movimientos que narraban sentimientos vividos; las escenografías representaron con sobrio refinamiento una paleta de colores, y los vestuarios, por momentos esenciales y en otros evocativos, se fundieron muy bien en la elegante construcción.  La orquesta de buenos maestros del Teatro Regio fue dirigida por Renato Palumbo en una  búsqueda, por delinear en destellos, el ímpetu de la teatralidad de cada momento y tema. La opera en conjunto fue agradable y entretenida, y fue exaltada por la presencia del irreprochable coro dirigido por Claudio Fenoglio que estuvo siempre preciso y elegante en la extracción de los mejores sonidos. Giancarlo Monsalve interpretó con prestancia a Riccardo, con envolvimiento y una voz calida y apasionada.  El papel de Renato le fue confiado a Marco di Felice, quien con respecto a su interpretación en el Sferisterio de Macerata en el 2011, mostró madurez en el personaje con apreciable rotundidad.  Muy bella estuvo la escena de celos con la cama roja rota por la discusión con Amelia, personaje al que prestó su voz Anna Pirozzi quien por momentos estuvo al limite de su empeñó, pero que estuvo inquietante en la escena en la que se encontró vagando en el horroroso campo en el que se veían cinco cadalsos con cuerdas colgando y hierbas milagrosamente rojas en un ángulo. Elisabetta Fiorillo, consolidada en el personaje de Ulrica, sorprendió en cada momento por los colores profundos y oscuros que atemorizaban y creaban una atmosfera de suspenso y predicciones que fue reforzada por una discontinua luz roja en una oscuridad que fue interrumpida solo por símbolos esotéricos. Barbara Bargnesi fue un irónico Oscar que con cabello cubierto y una urna de extracción, mantuvo una constante verve en un crescendo de agradables medios vocales. Este Ballo estuvo lleno de serpentinas rojas y confeti y fue bruscamente ensombrecido  por el disparo de pistola con el que concluyó el trágico evento. Un papel importante asumió la iluminación diseñada por Andrea Anfossi, ya que delineó armoniosamente  el acontecimiento así como varios pasajes musicales. ¡La Música vence siempre!

‘UN BALLO’ RAFFINATO IN UN CRESCENDO DI ATTESA - TEATRO REGIO DI TORINO


Foto: Ramella & Giannese

Renzo Bellardone

La regia accurata di Lorenzo Mariani ben si coniuga con le scene raffinatissime di Maurizio Balò ed il costumi di Maurizio Millenotti. La regia è attenta ai movimenti che parlano dei sentimenti vissuti, le scene rappresentano  con sobria raffinatezza e l’uso di una minimale tavolozza; i costumi talora essenziali, talvolta evocativi ben si fondono nella elegante costruzione.L’orchestra degli ottimi professori del Teatro Regio è diretta da Renato Palumbo alla ricerca, a sprazzi, dell’impetuosità a sottolineare la teatralità dei momenti topici. L’opera, nell’insieme piacevole e gradevole, è esaltata dalla presenza dell’ineccepibile coro diretto da Claudio Fenoglio sempre preciso ed elegante nell’estrazione delle migliori sonorita. Giancarlo Monsalve con prestanza interpreta ‘Riccardo’, con  coinvolgimento e  voce calda ed appassionata. Il ruolo di Renato è affidato a Marco di Felice, che rispetto alla sua stessa interpretazione nel 2011 allo Sferisterio di Macerata denuncia maturazione nel ruolo con rotondità apprezzabili. Bella la scena di gelosia con il letto rosso spezzato dalla lite con Amelia cui da  voce  Anna Pirozzi talvolta  al limite dell’impegno; inquietante la scena in cui lei si aggira nell’orrido campo visualizzato con cinque  forche con i cappi penzolanti e l’erba miracolosa rossa, in un angolo. Elisabetta Fiorillo, consolidata nel personaggio, ogni volta stupisce per i colori profondi e scuri che intimoriscono e creano una perfetta atmosfera di suspense e predizione qui rinvigorita da luce rossa altalenante nel buio interrotto solo  da simboli esoterici!!!! Barbara Bargnesi è un ironico Oscar che indossato il cappello, urna dell’estrazione, mantiene verve costante in un crescendo di gradevolezze vocali.  Il Ballo è un trionfo  di stelle filanti rosse e coriandoli che saranno bruscamente annebiati dal colpo di pistola che conclude la tragica vicenda.Importante ruolo assumono le luci disegnate da Andrea Anfossi che sottolineano armoniosamente la vicenda ed i vari passaggi musicali. !La Musica Vince sempre!