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Monday, October 14, 2019

Don Pasquale en el Teatro Colón de Buenos Aires



Fotos: Prensa Teatro Colón /Máximo ParpagnoliPrensa Teatro Colón / Arnaldo Colombaroli.

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 24/09/2019. Teatro Colón. Gaetano Donizetti: Don Pasquale. Ópera en tres actos. Libreto de Giovanni Ruffini. Fabio Sparvoli, dirección escénica. Enrique Bordolini, escenografía e iluminación. Imme Möller, vestuario. Nicola Ulivieri (Don Pasquale), Jaquelina Livieri (Norina), Santiago Ballerini (Ernesto), Darío Solari (Doctor Malatesta), Mario de Salvo (Un Notario). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Fabián Martínez. Dirección Musical: Srba Dinić.

El Teatro Colón presentó, en nueva puesta en escena, Don Pasquale de Donizetti con adecuado nivel de calidad. La Orquesta Estable bajo la conducción de Srba Dinić fue segura y ajustada. Nicola Ulivieri como Don Pasquale no logró dar al personaje todo el realce y la comicidad que requiere, quizás su registro de bajo-barítono no sea el mejor para poder encarnar con justicia al anciano protagonista. Darío Solari compuso un doctor Malatesta adecuado pero sin ningún rasgo para destacar. Jaquelina Livieri se aseguró un nuevo triunfo artístico con esta Norina cantada con seguridad, estilo y adecuada resolución de las coloraturas. Santiago Ballerini demostró su perfecta línea belcantística, su refinamiento expresivo y su bello color vocal a la par de su impecable llegada al agudo. Correcto resultó Mario de Salvo en su breve papel del Notario, así como el Coro Estable que dirige Miguel Martínez. La puesta de Fabio Sparvoli sólo subraya lo esencial de la trama y no profundiza en la comicidad. La caracterización de Don Pasquale no como un anciano de casi 70 años sino sólo un poco más grande que Norina y Ernesto no ayuda a la obra, hace perder comicidad y descarta un punto fundamental: la seducción que genera una joven en un anciano. El vestuario de Imme Moller es de una modernidad vaga e irreal y sin un anclaje temporal preciso. Enrique Bordolini plasma una escenografía demasiado esquemática. Es una estructura de madera, sin paredes, sin interiores ni exteriores, prácticamente sin adornos que delimita las acciones y que con muy pocos cambios da marco a todas las escenas; finalmente causa monotonía en conjunción con una iluminación correcta pero sin nada para destacar.



Thursday, August 8, 2019

La Flauta Mágica - Juventus Lyrica, Argentina


Fotos: Liliana Morsia 

Dr. Alberto Leal

LA FLAUTA MAGICA Buena versión de Juventus Lyrica OPERA DE MOZART- LIBRETTO DE EMANUEL SHINKANEDER DIRECCION MUSICAL -HERNAN SCHVARTZMAN DIRECCION ESCENICA -MARIA JAUNARENA Y VESTUARIO. ESCENOGRAFIA E ILUMINACION - GONZALO CORDOVA CORO DE JUVENTUS LYRICA DIRECCION DEL CORO HERNAN SANCHEZ AREATAGA TEATRO AVENIDA

“La Flauta Mágica”, una de las obras más populares de Mozart, fue estrenada en 1791.En el largo camino transcurrido hasta nuestros días generó las más diversas interpretaciones. Desde cuento infantil hasta folleto masónico, todo ha sido válido y por esa causa el espectador nunca sabe - a priori - que pasará cuando se abra el telón. Esta misma discrepancia tal vez sea una de las causas que ha llevado a famosos directores de cine a generar más de una versión cinematográfica. En su ambigüedad podemos encontrar una parte importante de su atractivo. Hernan Schvartzman es un espléndido Director como ya lo ha probado en la anterior versión de este título, además de Medea, Hamlet. Etc. Brindó excelencia musical con una pequeña orquesta que le respondió en todo momento. Gran trabajo,.Igualmente brillante, el del Coro en sus contadas intervenciones. Excelente el trabajo de Gonzalo Córdoba y el vestuario de Maria Jaunarena, además de brindar una marcación precisa para los cantantes. Esta producción ha merecido autenticamente como mejor puesta del año 2013 y es realmente justo. Creo que poco más se puede pretender de una puesta totalmente minimalista , siempre en carácter .y con momentos de gran belleza visual Figura indiscutible vocalmente fue la Pamina de Jaquelina Livieri. Un papel a su medida en sus actuales condiciones vocales. Cantó con un importante volumen, en estilo y excelente como actriz. Su volumen fue lejos el más grande del reparto y su estilo impecable. Su voz se está tornando con más cuerpo y este tipo de personajes son excelentes para su presente vocal, a lo que hay que agregar su bella presencia física. Brava. 
Nazareth Aufe, a quien vi en el mismo rol en el 2006, está normalmente cantando roles mucho más pesados, Don José, Ernani, etc. Su voz sonó sin brillo, aunque cantó sin problemas vocales, pero no creo que a esta altura sea un papel acorde a sus medios. Como actor repitió su Tamino notablemente estático. Oriana Favaro posee una hermosa voz, no creo que la Reina sea el papel más indicado para sus medios actuales. Excelente Julieta, creo que la Reina está fuera de sus condiciones ahora. No posee ni la voz ni el temperamento para el rol. Y no tuvo facilidad para las coloraturas, un rol que ha sido escrito para una dramático coloratura. Correcto Walter Schwarz, aunque su voz no sea la más adecuada para el rol.. Excelente las tres damas - LAURA PENCHI, VERONICA CANAVES y ROCIO ARBIZU, tanto vocal como actoralmente. Un párrafo aparte para Gabriel Carasso, un papageno, que ya lo hizo en el el 2013. Su prestación fue fundamental para darle vida al segundo acto. Gran actor y correcto cantante, supo darle una vuelta de rosca a un personaje que muchas veces pasa desapercibido. Bravo Correcto el resto del amplio elenco, destacándose el trio de niñas, tanto por su canto como por su desenvoltura escénica Una función que merece ser vista.

Saturday, July 6, 2019

Turandot en el Colón: cuando el segundo es el primero …


Fotos: Prensa Teatro Colón /Máximo ParpagnoliPrensa Teatro Colón / Arnaldo Colombaroli.

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 03/07/2019. Teatro Colón. Giacomo Puccini: Turandot. Ópera en tres actos. Libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni, basado en la fábula de Carlo Gozzi. Escena final completada por Franco Alfano. Roberto Oswald, concepción escénica y escenografía. Matías Cambiasso, director de escena repositor. Aníbal Lápiz, codirector de escena repositor y vestuario. Christian Prego, repositor de la escenografía. Rubén Conde, iluminación. Nina Warren (Turandot), Arnold Rawls (Calaf), Jaquelina Livieri (Liu), Lucas Debevec Mayer (Timur), Sebastián Angulegui (Ping), Iván Maier (Pang), Sergio Spina (Pong), Juan Font (Mandarín), Gabriel Renaud (Emperador Altoum), Gabriel Centeno, (príncipe de Persia), Analía Sánchez y Cintia Velázquez (Doncellas). Orquesta, Coro Estable y Coro de niños del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Martínez. Director del Coro de Niños: César Bustamante. Dirección Musical: Christian Badea. Función Especial para el Banco Ciudad.

El Teatro Colón programó diez funciones de ‘Turandot’ de Puccini en la que se alternaron tres elencos para los roles principales de Turandot, Calaf y Liù, combinados con dos repartos para el resto de los papeles. Cuatro funciones fueron para los tradicionales abonos con una distribución muy convincente en los roles menores pero desafortunado en los principales, dos representaciones tendrán como protagonistas a tres artistas argentinos de calidad como son Mónica Ferracani, Enrique Folger y Marina Silva; y otras cuatro al elenco que reseñamos, de las cuales tres funciones son de las llamadas ‘extraordinarias’ -sea las que se ponen en venta todas las localidades del teatro- más ésta que fue exclusiva para el ‘Aliado Principal’ del Teatro Colón: el Banco Ciudad. Las localidades fueron para los clientes del Banco Ciudad, que recibieron sus entradas en forma gratuita, y también para directivos, empresarios, miembros del mundo de la banca y las finanzas e invitados especiales. Gazeta Lyrica pudo estar presente gracias a la Oficina de Prensa del Banco Ciudad. Como primera aproximación al espectáculo podemos señalar el respeto y el disfrute del público -algo poco habitual en estas funciones especiales- y que el resultado artístico fue de mayor calidad en esta representación que el conseguido por el elenco de las funciones de abono. O sea que el ‘segundo’ elenco se convirtió por su calidad general y por coherencia en el verdadero ‘primer’ elenco. 
A favor del maestro Christian Badea a cargo de la dirección orquestal, podemos indicar que abrió los pequeños cortes que se hacen en la partitura en la primera escena del segundo acto a cargo de Ping, Pang y Pong, que restituyó la partitura original en la frase ‘Ti voglio tutta ardente d'amor!’ de Calaf en el final del segundo acto en lugar de cantarse el agudo extrapolado por la tradición y que normalmente es un grito sin sentido en la palabra ‘ardente’; y no se cortó el fragmento ‘Del primo pianto’ de Turandot en el final del tercero. Lamentablemente en el resto de la versión no pudo salir de una decorosa rutina que en ningún momento consiguió algo más que una lectura correcta de la obra. La orquesta Estable resultó adaptada a la lectura del director musical. En la faz visual se utilizó la idea original y los bocetos escenográficos que creó en 1993 Roberto Oswald con las adaptaciones realizadas por el artista en 2006. Todo el planteo es monumental con uso de escaleras, rampas, diversos planos, colosales estatuas y un gong enorme como abrazado por dragones. El vestuario de Aníbal Lápiz fue un complemento perfecto de la concepción visual. La reposición de la dirección de escena a cargo de Matías Cambiasso y Aníbal Lápiz respetó la concepción original de Oswald -que falleció en 2013- y combinó eficazmente las escenas individuales con la espectacularidad de las de conjunto. 
La misma fue iluminada muy eficazmente por Rubén CondeLa soprano Nina Warren fue una Turandot de registro homogéneo, muy buena llegada al agudo, canto pleno sin estridencias y sin trucos, conocimiento de la parte y gran ductilidad escénica. Cumplió con creces con todas las exigencias del rol, mostrando un gran crecimiento respecto a su última actuación en Buenos Aires en 2006. El tenor Arnold Rawls ofreció un Calaf de carácter más lírico que dramático, con bello color vocal, adecuado caudal, buena emisión y correcta gradación de las sutilezas interpretativas. Jaquelina Livieri fue una impecable Liù. Brilló en cada una de sus intervenciones por conocimiento del estilo, emisión perfecta, sutileza interpretativa, convicción escénica, agudos perfectos y pianísimos y filados de extraordinaria factura. Lucas Debevec Mayer fue un perfecto Timur con todo lo que requiere la partitura. Muy bien servidas las tres máscaras que compusieron Sebastián Angulegui (Ping), Iván Maier (Pang) y Sergio Spina (Pong). Juan Font resultó un mandarín de fuerte presencia escénica y gran volumen, adecuado el Emperador de Gabriel Renaud y correcto el resto del elenco. El Coro Estable se escuchó sólido y bien preparado y el de niños en su breve intervención no defraudó.



Friday, October 26, 2018

Correcta Bohéme en el Teatro Colón de Buenos Aires


Fotos gentileza Teatro Colón. Crédito: Arnaldo Colombaroli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 20/10/2018. Teatro Colón. Giacomo Puccini: La Bohème. Ópera en cuatro cuadros. Libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, basado en ‘Scènes de la vie de bohème’ de Henri Murger. Stefano Trispidi, dirección escénica. Enrique Bordolini, escenografía e iluminación. Imme Möller, vestuario. Coproducción del Teatro Colón con la Ópera de Tenerife (España). Mariana Ortiz (Mimí), Attala Ayan (Rodolfo), Jaquelina Livieri (Musetta), Fabián Veloz (Marcello), Fernando Grassi (Schaunard), Carlos Esquivel (Colline), Luis Gaeta (Benoit), Víctor Castells (Alcindoro), Sergio Spina (Parpignol), Leandro Sosa y Luis Loaiza Isler (Aduaneros). Orquesta, Coro de Niños y Coro Estables del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Martínez. Director del Coro de Niños: César Bustamante. Dirección Musical: Joseph Colaneri. Representación dedicada a la memoria de la soprano Montserrat Caballe.

Desde 1995 La Bohéme se vio en el Teatro Colón en cuatro temporadas (1995, 1999, 2006 y 2010) en todas ellas la producción escénica fue nueva y no volvió a utilizarse otra vez. A ocho años de su última reposición la ópera vuelve con otra nueva puesta en escena -en coproducción con la Ópera de Tenerife (España)- y la pregunta sobre el sentido de encarar óperas de repertorio con nuevas producciones cada vez que suben al escenario vuelve a nuestras mentes. ¿No puede el Colón utilizar una producción de calidad de sus archivos -por caso quizás la mejor de los últimos años fuera la de 2006- y utilizar los dineros públicos en cantantes de real valía internacional y no dilapidar recursos en escenografías? Stefano Trespidi diseñó un movimiento teatral de corte tradicional y sin grandes sorpresas pero con un minucioso trabajo de marcación.  La escenografía de Enrique Bordolini, que ubica la acción más cerca de finales del siglo XIX, es a la par bella, bien diseñada y funcional. La iluminación del propio Bordolini refuerza el concepto escenográfico y el vestuario de Imme Möller es atractivo como todo el concepto visual. El elenco vocal fue totalmente latinoamericano. Lo encabezaron la soprano venezolana Mariana Ortiz y el tenor brasilero Attala Ayan, mientras que el resto de los artistas fueron argentinos. Mariana Ortiz como Mimí aportó simpática presencia en escena y una faena vocal interesante. Attala Ayan fue un Rodolfo de correcto fraseo y adecuada prestación. Dos protagonistas que no lograron insuflar la pasión necesaria a sus roles. Fabián Veloz fue un Marcello de perfectos acentos mientras que Jacquelina Livieri descolló como Musetta. Ambos fueron, sin dudas, lo mejor del elenco. Correctos Fernando Grassi (Schaunard) y Carlos Esquivel (Colline), perfectos y efectivos Luis Gaeta (Benoit) y Víctor Castells (Alcindoro) en sus roles buffos, y un lujo Sergio Spina como Parpignol un tenor que está preparado y capacitado para roles de mucho mayor enjundia. Adecuado el resto del elenco. Los coros muy bien preparados por César Bustamante (niños) y Miguel Martínez (adultos) dieron calidad al segundo acto. El maestro Joseph Colaneri condujo con pericia a la Orquesta Estable que tuvo buena respuesta. La versión, en suma, resultó prolija y equilibrada, pero no fue mucho más allá de la corrección.



Sunday, September 2, 2018

El Barbero de Sevilla en el Teatro Solís de Montevideo


Foto: Santiago Bouzas

Luis. G Baietti

Es redundante a esta altura de los acontecimientos decir que la obra maestra de Rossini es una de las cumbres del teatro Lírico, y una de las favoritas del público. Prueba de ello es que a pesar de que en los últimos tiempos se ha abusado de la frecuencia con que se la representa, en relación con otras obras valiosas del repertorio que permanecen olvidadas, el Barbero rara vez falla en producir un lleno total como el que ostentaba hoy Sala del Teatro Solís y nunca deja de cautivar al público con su incomparable belleza sonora. En esta oportunidad tuvo una muy buena versión musical, comenzando por la excelente dirección de Ligia Amadio. La excelente (y bonita) directora brasileña se ha ganado con justicia el afecto y el respeto del público uruguayo por su labor al frente de la Filarmónica, ratificando aquí que posee esa virtud rara en los directores que frecuentan primordialmente el repertorio sinfónico de comprender a la perfección cual es el papel del director y de la orquesta en una representación operística. Amadío da apoyo a los cantantes, está siempre atenta a lo que ocurre en escena y además tiene la virtud de tornar más fáciles escollos que se les presentan a los solistas como en este difícil Barbero, donde muchas veces sus tiempos amables facilitaron la labor de algún cantante muy exigido por la difícil ornamentación de Rossini. Triunfo vocal absoluto de Jaquelina Livieri que impacto en los dos extremos de la partitura luciendo un registro agudo de impacto, pero sin ir en desmedro de las notas graves de la partitura. Por una vez tuvimos una soprano que nos permitió disfrutar de las variaciones agudas de los finales de aria sin añorar los graves de las mezzos. Jacqueline fue además la única de todo el elenco que consiguió entrar en el juego de la puesta y divertirse con ella. Homero Velho lució una voz importante de barítono con un impactante registro agudo y una coloratura correcta sin destacar. Aníbal Mancini sacó a buen puerto su conde de Almaviva, en base a un esplendoroso registro agudo y una buena técnica de coloratura. Remató su actuación, ayudado por Amadio, cantando la difícil aria y caballetta finales Cessa di piu resistere que muchos tenores esquivan cantar. Enrique Gibert estaba con una fuerte faringitis que hizo temer que tuviera que cancelar la función (y no sé si el Solís tenía un cover a la altura). A puro oficio teatral y técnica vocal sacó adelante la función sin que se notara su indisposición más que por su resistencia a cantar a viva voz como si estuviera marcando. Mariella Nocetti estuvo estupenda en el aria de Bertha y Enzo Romano lució como Don Basilio una voz importante a la cual le falta aún trabajar ambos extremos del registro que suenan menos potentes (graves) o que lo llevan a simplificar algunos pasajes para evadir agudos comprometedores. Fabian Milkewitz fue un excelente Fiorello cantado con una bella voz de barítono agudo y buena desenvoltura escénica y Iaron Brehar fue un logrado Oficial de la Guardia. A mí no me gustó para nada la puesta en escena. No voy a discutir el talento del director y su ingenio para crear los dibujos animados que son los verdaderos protagonistas de la escena, coordinando muy inteligentemente los movimientos con los de los cantantes. Pero e mi modo de ver trabajó contra el texto de Rossini y se esfumó la gracia y el romanticismo de la obra. Nunca vi a un público que en una función del Barbero se riera tan poco con la obra (Las pocas risas que se oyeron fueron en general originadas por los dibujos aminados independientemente de la acción, como los buitres que esperan cubiertos en mano que Bertha termine el aria y se saque el gusto de crepar, o por actitudes o apariencias ridículas de los personajes.  Lo peor fue la decisión de simular que todos los papeles son interpretados por Rossini, exigiendo entonces a todos los cantantes que deformen sus cuerpos para exhibir la gordura y el voluminoso abdomen de Rossini, Con esto fue imposible vivir la comedia romántica que en el fondo es el Barbero.

Friday, July 28, 2017

Rigoletto en el Teatro Municipal de Santiago de Chile

Fotos: Patricio Melo

Joel Poblete

Tras siete años de ausencia, Rigoletto regresó a mediados de julio al Municipal de Santiago de Chile, con dos repartos que debutaron en días consecutivos; en lo musical, en ambos hubo evidentes logros dignos de destacar y se contó con dos equipos de artistas muy competentes, mientras lo escénico generó notorias divisiones. Ya a estas alturas, en las últimas décadas el tema de las puestas en escena que cambian de época y lugar las historias originales de las óperas es habitual e ineludible en casi todo el mundo, y si bien en algunos casos hay montajes fallidos o que dan vergüenza ajena, en muchos otros hay aciertos, en particular cuando a pesar de las modificaciones, se conserva la esencia y espíritu de la obra. Sin ir más lejos, si bien en las temporadas del Municipal no todos estos intentos han funcionado -por ejemplo, en 2010 con el estreno en Chile de la Alcina de Handel a cargo del argentino Marcelo Lombardero, o el Macbeth de Verdi que planteó su compatriota Hugo de Ana-, hay varios casos en que los resultados han sido muy valiosos, como ha ocurrido con la versión del propio Lombardero para Ariadna en Naxos en 2011, o las hermosas propuestas del español Emilio Sagi para dos obras de Rossini como El turco en Italia y Tancredi, en 2015 y 2016, respectivamente.

Pero el público del Municipal no siempre es totalmente receptivo con estas ideas, y cuando algo no le ha gustado lo ha manifestado notoriamente, en especial cuando la obra abordada es un clásico indiscutible, como ocurrió con el recordado y sonoro abucheo en la inauguración de la temporada 2009 con otra inmortal y querida obra de Verdi, La traviata. La última vez que se representó en ese escenario Rigoletto, en 2010, la propuesta del francés Jean-Louis Pichon había trasladado la acción desde el siglo XVI a la época en que fue estrenada la obra, mediados del siglo XIX, culminando en un final de tintes revolucionarios que no convenció. Considerando esto, quizás muchos esperaban que en esta ocasión este clásico volviera en su versión más "tradicional".

Sin embargo, en su debut en Chile, Walter Sutcliffe -con buena experiencia en escenarios como la Opera de Frankfurt, el Teatro Regio de Turín y el Capitole de Toulouse y además actual director artístico de la Northern Ireland Opera- optó por una vía distinta. Una visión más contemporánea, de marcados acentos psicológicos, como explicó él mismo en la entrevista que incluye el programa de sala de estas funciones. Ambientada en la época actual, tuvo momentos buenos, como el segundo acto, de lograda teatralidad, mientras otros no funcionaron tan bien, como la primera escena que fue algo confusa y desangelada, o el último acto donde no terminó de cuajar la idea de que Rigoletto y Gilda, que se supone están escondidos, estaban al mismo nivel escénico que los otros personajes, o que el intercambio seductor entre el Duque y Magdalena durante el célebre cuarteto "Bella figlia dell'amore" fuera a la distancia, o que la furiosa tormenta aparezca apenas sugerida. También aparecieron muy difusas las diferencias de clase y las barreras entre el séquito del Duque y el protagonista, y no pareció muy acertada la forma en que se perfilaron algunos personajes, en especial el enfoque tan infantil para Gilda.

De todos modos, a dirección teatral de Sutcliffe distó de ser completamente fallida; quizás su pretendida profundidad psicológica no fue demasiado lejos y todo se quedó en la superficie, pero igual no traicionó por completo las ideas de la obra ni redujo del todo sus alcances emotivos. Por lo mismo, no me parece que se mereciera de manera tan manifiesta el notorio abucheo de buena parte del público al final del estreno del elenco internacional; en especial porque no sólo fue protestado Sutcliffe, sino además dos talentosos colaboradores en su puesta en escena que sí estuvieron muy bien: el diseñador de origen suizo Kaspar Glarner (quien venía directamente de realizar el vestuario para el Otello en el Covent Garden de Londres que marcó el esperado debut de Jonas Kaufmann en el rol titular), quien quizás propuso un vestuario vistoso pero que puede ser bastante discutible, pero al mismo tiempo con elementos sencillos pero muy efectivos diseñó una buena escenografía que ayudó enormemente a la fluidez y dinamismo de la acción teatral, muy bien acentuada por la excelente iluminación del chileno Ricardo Castro, sugerente y atmosférica en lo dramático. 

Al menos mucho más efectivo y menos divisivo fue el aspecto musical, partiendo por la dirección orquestal, que en ambos elencos estuvo a cargo del maestro chileno Maximiano Valdés, guiando a la Filarmónica de Santiago en una lectura de ajustado acento dramático, que se mantuvo muy atenta al equilibrio entre la orquesta y los cantantes. Y como es habitual, el coro del teatro, dirigido por el uruguayo Jorge Klastornik, se plegó tan bien tanto a lo musical como a los requerimientos actorales.

En el elenco internacional, tras protagonizar en 2015 I due Foscari regresó al Municipal en el rol titular el barítono rumano Sebastian Catana, quien tiene una probada trayectoria como intérprete verdiano, pero en esa ocasión ofreció un regular desempeño, aparentemente aquejado por problemas de salud, y de hecho aún recordamos cómo en el estreno tosió indisimuladamente durante buena parte de la función. Aunque resulte curioso, parece que algo le pasa siempre al artista cuando canta en este escenario, pero en el estreno de este Rigoletto al inicio del espectáculo se anunció que estaba enfermo y cantaría por respeto al público; lo bueno es que pese a este pronóstico, Catana nuevamente ofreció buen volumen y sólo se oyeron ocasionales y muy puntuales problemas vocales, y si bien el canto es adecuado a Verdi y en lo actoral es imponente por su altura, a su encarnación le faltó dramatismo y emoción. Y precisamente en eso acertó en el segundo reparto -el llamado elenco estelar- el argentino Fabián Veloz, quien tras sus dos anteriores visitas a Chile -en 2014 para Otello y en 2015 en el programa doble Cavalleria rusticana y Pagliacci- ya dejó una excelente impresión en lo musical y escénico; actor comprometido y efectivo, su Rigoletto fue una figura sufrida e intensa, casi como un animal acorralado, pero denotando un fuerte lazo con su hija, lo que hizo todavía más dolorosa y conmovedora la tragedia. En lo vocal, salvo un par de ocasionales detalles en el estreno, se mostró contundente y sólido como en sus anteriores visitas al Municipal.

Como ya pasara en sus dos previas actuaciones en Chile -en 2012 en Lucrezia Borgia y el año pasado con su espectacular interpretación de Argirio en Tancredi-, el espléndido tenor chino Yijie Shi volvió a ofrecer el canto más memorable de estas funciones: tomando en cuenta que no todos los tenores especializados en Rossini que han abordado el rol del Duque de Mantua (Juan Diego Flórez, por ejemplo) han conseguido cumplir por completo con las demandas musicales del personaje, el artista asiático adaptó muy bien su hermosa voz a la entrega, brillando especialmente en las muy seguras notas agudas. Si sólo se pudiera hacer un reparo en su desempeño, podría ser que en lo escénico su personaje pareció más amable, incluso ingenuo y bonachón que lo habitual, mientras en el elenco estelar el tenor chileno Juan Pablo Dupré sí acertó en hacerlo más cínico y aprovechador; tras sus inicios como barítono en diversos roles en el Municipal, el artista nacional, actualmente radicado en Italia, ha estado desarrollando una ascendente carrera como tenor, y este Duque fue su primer gran personaje solista en ese escenario. Aún debe trabajar más la zona alta de su voz y hay otros detalles que puede seguir perfeccionando, pero se lo ve desenvuelto en lo teatral y tiene su mejor momento en la escena que incluye el recitativo "Ella mi fu rapita" y el aria "Parmi veder le lagrime".

Gilda estuvo muy adecuadamente abordada en ambos repartos, por la soprano española Sabina Puértolas en el elenco internacional y la argentina Jaquelina Livieri en el estelar. La primera supo brillar con una hermosa entrega de "Caro nome", destacando en su fluidez y flexibilidad sonora y en la emisión y seguridad de las notas agudas; la segunda, quien debutara el año pasado en el Municipal protagonizando La traviata, nuevamente ofreció una expresiva entrega actoral que convence y emociona, mientras en lo vocal aunque las notas más altas no parecen ser su fuerte, sabe manejar y adecuar sensiblemente su material al personaje de manera atractiva, además de complementarse muy bien con su padre en escena, lo que hizo aún más conmovedora su interpretación.

El bajo ruso Alexey Tikhomirov ya es bastante conocido en el Municipal: desde su revelador debut en 2011 en el elenco estelar de Boris Godunov, ha regresado en distintas obras -en 2012 para Don Giovanni, en 2014 para Otello y Turandot y el año pasado en la temporada de conciertos en el Réquiem de Verdi; en el elenco internacional de este Rigoletto, encarnando a Sparafucile, su voz rotunda y segura, de buenas notas graves, fue nuevamente muy adecuada. En el elenco estelar regresó el bajo uruguayo Marcelo Otegui, quien ya lo interpretara en ese escenario en la versión de 2010, y nuevamente lució un material sonoro, de generoso volumen y bien proyectado. Maddalena estuvo bien representada en esta versión, que en lo escénico resaltó de manera muy obvia pero efectiva el erotismo femenino, en particular en la sensualidad de la contralto chilena Francisca Muñoz en el elenco estelar, quien la cantó con seguridad y desplante, mientras en el elenco internacional sorprendió gratamente la contundente y voluminosa voz de la mezzosoprano rumana Judit Kutasi, de atractivo y cálido timbre, muy adecuada a los grandes personajes que Verdi escribió para su cuerda. Los roles secundarios de ambos repartos estuvieron muy bien cubiertos por intérpretes chilenos, destacando especialmente el excelente y vigoroso Monterone del bajo barítono chileno Ricardo Seguel en el elenco internacional, papel que este artista ya cantara en el Municipal en el Rigoletto de 2010.

Tuesday, November 29, 2016

La octava de Mahler en el Colón de Buenos Aires

Prensa Teatro Colón /Arnaldo Colombaroli

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 23/11/2016. Teatro Colón. Gustav Mahler: Octava Sinfonía, en Mi bemol mayor. Solistas: Jaquelina Livieri, Daniela Tabernig, Paula Almerares (sopranos), Guadalupe Barrientos, Alejandra Malvino, (contraltos), Enrique Folger (tenor), Alejandro Meerapfel (barítono) y Fernando Radó (bajo). Participación del Coro Polifónico Nacional. Orquesta Estable, Coro Estable y Coro de Niños del Teatro Colón. Director del Coro Estable del Teatro Colón: Miguel Fabián Martínez. Director del Coro de Niños del Teatro Colón: César Bustamante. Director del Coro Polifónico Nacional: Darío Marchese. Dirección Musical: Enrique Arturo Diemecke.

La Octava Sinfonía de Gustav Mahler fue estrenada el 12 de septiembre de 1910 en Munich; a la Argentina llegó el 29 de abril de 1977, en carácter de primera audición sudamericana, en la sala del Teatro Colón. Se apreció en siete funciones de la mano de Pedro Ignacio Calderón, a la sazón director general del Colón bajo el gobierno de facto del momento, actuaron la orquesta Filarmónica de Buenos Aires, los Coros de dicho teatro y se contó con solistas locales. Nuevamente fue Calderón el brazo ejecutor, pero esta vez con la Sinfónica Nacional, en una única oportunidad el 29 de octubre de 1998, también en el Colón pero en la temporada de la Asociación Wagneriana. La tercera y última vez que la obra se pudo escuchar en vivo fue con los elencos del Teatro Argentino de La Plata tanto en su sala en la ciudad de las diagonales (septiembre de 2010) como en el Stadium Luna Park (en noviembre de 2010) y con amplificación dado las características de dicha sala de la ciudad de Buenos Aires. Por cuarta vez en la historia de la Argentina, por segunda vez en la Temporada del Teatro Colón y por tercera en su sala volvió la denominada Sinfonía de los mil con una versión con algunas imprecisiones pero de buen nivel general. La prestación de los tres Coros involucrados fue solvente: tanto el Coro Polifónico Nacional -convocado como segundo Coro en las tres últimas ejecuciones de la obra- como el Coro Estable y el Coro de Niños del Teatro Colón, actuaron con la corrección y el profesionalismo que los caracterizan. Quizás no fue del todo feliz la ubicación de las masas corales necesarias para la obra ya que la campana acústica utilizada era más corta de lo necesario Quedó un espacio al descubierto, entre primera fila de coros y la orquesta, de unos dos o tres metros, con unos cortinados que intentaban atenuar la fuga de sonido. Esto naturalmente afectó la escucha de los coros que en algunos momentos resultaron un poco lejanos. La elección de las voces solistas, quizás los mejores dentro de los cantantes locales, resultó más que acertada. El tenor Enrique Folger interpretó con arrojo, buena emisión e intencionalidad sin mácula. El barítono Alejandro Meerapfel sorteó las dificultades de su parte con emisión segura y belleza vocal mientras que el bajo Fernando Radó volvió a deslumbrar por su volumen, color y perfección. La soprano Paula Almerares en la brevísima Mater Gloriosa no estuvo a la altura de sus amplios antecedentes, mientras que la mezzosoprano Alejendra Malvino fue profesional, solvente y ajustada, una cantante que nunca defrauda.En un año descollante la soprano Daniela Tabernig volvió a demostrar su valía, su constante evolución técnica y expresiva, su línea de canto exquisita y su notable presencia escénica.
Jaquelina Livieri afianza cada vez que se la escucha su imprescindible presencia en los escenarios, mientras que la mezzosoprano Guadalupe Barrientos impresionó por su volumen y su color vocal, en una prestación a todas luces excelente. El maestro Enrique Arturo Diemecke dirigió de memoria la obra intentando concertar todos los detalles de una sinfonía única, difícil, atípica, gigante y monumental. Lo logró en casi todo momento salvo por algunas imprecisiones que no opacan que el maestro mexicano logró llevar a puerto seguro una nave de por sí destinada habitualmente al naufragio. La Orquesta Estable del Colón respondió con calidad como también el grupo de metales situado aparte del resto (4 trompetas en Fa y 3 trombones) que se ubicaron en un palco al fin de la platea. Y así el público y los artistas involucrados salieron felices y satisfechos por un momento único y pocas veces repetido.


Tuesday, November 8, 2016

Concierto Lírico en la Usina del Arte (Buenos Aires)

Fotos: Teatro Colón de Buenos Aires / Gustavo G. Otero

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

Buenos Aires, 6 de noviembre de 2016: Sala Sinfónica de La Usina del Arte. Concierto Lírico. Obras de Rossini, Puccini, Borne (Bizet) y Massenet. Solistas: Jaquelina Livieri, soprano – Gustavo López Manzzitti, tenor – Fabio Mazzitelli, flauta. Orquesta Estable del Teatro Colón. Director: Reinaldo Censabella. Ciclo del Teatro Colón ‘La Estable en Escena’: Concierto nro. 8.

En los últimos tiempos dos grandes salas de conciertos se sumaron a la oferta cultural de Buenos Aires. La denominada ‘La ballena azul’ en el Centro Cultural establecido en el Ex-Palacio de Correos -con una acústica reverberante- y éste auditorio construido dentro de lo que fue una usina eléctrica luego desactivada. La Usina Eléctrica concebida originalmente por arquitecto italiano Giovanni Chiogna, en los albores del siglo XX, como un ‘palacio de la luz’ con reminiscencias a un palacio florentino marca un hito en el paisaje urbano y una apuesta cultural de trascendencia y de calidad. Hoy la denominada Usina del Arte es un multicentro cultural que aloja una sala de conciertos de cámara para 280 espectadores, varias salas polivalentes, un microcine y la sala sinfónica para 1.200 asistentes. Con buen tino el Teatro Colón lleva sus cuerpos estables a este nuevo centro cultural de la ciudad de Buenos Aires en programas en su mayoría gratuitos. En este caso en la bellísima y moderna sala de conciertos que tiene una muy buena acústica, en principio superior a la otra nueva sala que depende del gobierno nacional, se desarrolló un más que interesante programa con una selección de repertorio atinada, no trillado o rutinario y, por ende, más que atrayente. Para entrar en clima el programa inició con la obertura de ‘Semiramide’ de Rossini que sirvió para demostrar la eficaz batuta del maestro Reinaldo Censabella y la digna respuesta de todos los sectores de la orquesta. La elección del repertorio cantado fue simétrica: un aria de soprano, un dúo, un aria de tenor y nuevamente un dúo. En medio la ‘Fantasía brillante sobre Carmen de Bizet’ para flauta y orquesta de François Borne en orquestación de Giancarlo Chiaramello logró dar una pausa a los solistas vocales y permitió el lucimiento, en flauta, de Fabio Mazzitelli a la vez que posibilitó escuchar una pieza bien resuelta, que se disfruta con agrado y simpatía. El inicio vocal correspondió a la ascendente soprano, oriunda de Rosario, Jaquelina Livieri que cantó un momento de Magda de La Rondine de Puccini: ‘Chi il bel sogno di Doretta’. Siguió con el dúo final de esa misma ópera por Livieri y el experimentado tenor Gustavo López Manzitti, como Ruggero. Luego de la fantasía sobre Carmen el momento solista fue para el tenor. Así Gustavo López Manzitti acometió la gran escena de Des Grieux de Manon de Massenet del tercer acto: ‘Ah! Fuyez douce image …’ para terminar con el dúo de Saint Sulpice: ‘Oui! Je fus cruelle et coupable ...’, naturalmente con Livieri como Manon. Gustavo Lopez.Manzitti se lució, como siempre, por su proyección y seguridad en el canto y la emisión, aunque no debió cantar mirando la partitura. Jaquelina Livieri afrontó el compromiso con belleza vocal, excelente fraseo y cautivante presencia escénica. 
En todo momento la experimentada batuta del maestro Censabella dio soporte a los cantantes y ante el pedido del público se ofrecieron dos bises o propinas. López Manzitti interpretó una sentida Canción de la flor de Carmen mientras que Livieri fue una perfecta Micaela en el aria del tercer acto: ‘Je dis que rien ne m'épouvante’. El público salió satisfecho de una hermosa tarde de música brindada con calidad, profesionalismo y excelencia.

Wednesday, April 13, 2016

Don Giovanni en el Teatro Colón de Buenos Aires

Foto: Parpagnoli / Colombaroli – Teatro Colón de Buenos Aires

Gustavo Gabriel Otero

Buenos Aires, 05/04/2016. Teatro Colón. Wolfgang Amadeus Mozart: Don Giovanni. Dramma giocoso en dos actos. Libreto de Lorenzo da Ponte. Emilio Sagi, dirección escénica. Daniel Bianco, escenografía. Renata Schussheim, vestuario. José Luis Fiorruccio, iluminación. Erwin Schrott (Don Giovanni), Sim{on Orfila (Leporello), María Bayo (Donna Elvira), Paula Almerares (Donna Anna), Jonathan Boyd (Don Ottavio), Lucas Debevec Mayer (Il Commendatore), Jaquelina Liviari (Zerlina), Mario De Salvo (Masetto). Orquesta y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro: Miguel Martínez. Dirección Musical: Marc Piollet.

Un excelente protagonista, un elenco irregular, una escenografía suntuosa pero por única fatalmente aburrida, una puesta tradicional sin matices y una buena prestación orquestal enmarcaron un correcto Don Giovanni que inició las funciones líricas de abono de esta Temporada 2016 del Teatro Colón. Erwin Schrott compuso un Don Giovanni compenetrado y profundo. Ya son conocidas en el mundo sus dotes actorales y su voz potente de excelente proyección. Schrott le da a cada expresión el sentido perfecto en fraseo e intencionalidad. Su interpretación revela palmariamente porqué es hoy uno de los mejores intérpretes de ese rol de la actualidad. A su lado Simón Orfila como Leporello no desentonó y si bien no está en el mismo nivel que Schrott fue un eficaz y digno criado del burlador de Sevilla. Tanto en lo actoral como en lo vocal ambos se amalgamaron perfectamente para ser lo mejor de la noche. En el otro extremo la Doña Elvira de María Bayo sólo mostró parte de su gloria pasada. La soprano española es una cantante experimentada y de calidad pero fuera totalmente del rol. Tampoco la local Paula Almerares fue una Doña Ana para recordar. Con emisión oscilante, su pasión y su entrega no bastaron para insuflar verdadera calidad al rol. Jaquelina Livieri fue una Zerlina de brillante línea vocal, a su lado Mario De Salvo fue un Masetto de perfectos acentos. 
Sólo correcto el Don Octavio de Jonathan Boyd y adecuado Lucas Debevec Mayer como el Comendador, así como el Coro Estable. Emilio Sagi en la dirección escénica efectuó un trabajo tradicional y rutinario. Todas sus ideas parecieron terminarse en el cambio de época -la acción se situó entre los años ’30 y ’50 del siglo XX- y en algunos pocos gestos teatrales. Daniel Bianco efectuó un boceto escenográfico igual para toda la obra. Un gran marco dorado que encierra la escena como un cuadro y por dentro un espacio monumental en color bronce y madera que siempre parece ser un mismo interior. La rutinaria iluminación de José Luis Fiorruccio poco aportó y el vestuario firmado por Renata Schussheim lució razonable para el concepto de la puesta. Marc Piollet condujo una pulcra versión de adecuados planos sonoros pero sin mayor brillo o vuelo.

Sunday, August 30, 2015

El Elixir de Amor en el Teatro Solís de Montevideo Uruguay

Fotos: Teatro Solís de Montevideo

Luis. G Baietti

Hacía mucho tiempo que no salía de un teatro de ópera con una sonrisa de oreja a oreja después de haber visto un espectáculo descollante perfecto, logrado hasta el mínimo detalle y para colmo creativo, pero dentro del más absoluto respeto a las intenciones de su autor. En primer lugar porque Elisir es una de las óperas que más me gustan y que con mas placer veo y reveo, con su delicado equilibrio entre comedia y drama ( la pasión no correspondida del protagonista por Adina es para él una tragedia ), por la belleza de la música de Donizetti en el ápice de su inspiración melódica y por la delicadeza poética de los versos de FeliceRomani, un autor que tiene en su haber varios de los textos más logrados de la época. La versión ofrecida por el Solís difícilmente podría ser mejor y se cuenta entre las mejores que he visto en mi vida en diversos teatros de las redondezas pero también en el Met, en la Ópera de Viena y en el Covent Garden, incluyendo una versión de hace unos cuantos años en Viena donde Erwin Schrott era precisamente el Dulcamara y arrebataba a la platea con su interpretación que ya era genial. Una versión que podría pasearse entre los más importantes escenarios del mundo, como los ya citados y que no sólo sería ovacionada como aquí por el público, pero además sería recordada al final del año entre los mejores títulos que en ese teatro se han visto durante el período. Un gran aplauso al Solís por no haberse tentado de hacer de esta versión una especie de “show Schrott“ centrándose exclusivamente en la brillantez del célebre cantante uruguayo, hoy entre los más cotizados en el mundo, y al cual finalmente, luego de un insistente asedio, consiguieron traer. Por el contrario se buscó rodearlo de los mejores elementos posibles y se acertó en pleno, por lo que la descollante actuación del divo uruguayo fue realzada por un elenco que no le fue en zaga en calidad interpretativa. Erwin Schrott claro está divirtió y se divirtió con el personaje al cual dotó de tics visuales vocales muy efectivos, agregó algunas invenciones propias, como su incapacidad para recordar el nombre Isotta y los errores que de ello se suceden, e impactó con una voz absolutamente apabullante, que se sobra para la parte, generalmente cantada por algún bajo bufo con más limitados recursos vocales, o por un bajo que al final de carrera por obra del desgaste de la voz, ha decidido utilizar la experiencia escénica adquirida para pasar a cantar este tipo de papeles. Como el gran Sesto Bruscatini. Schrott fue sencillamente maravilloso. Demostró cabalmente porque es un grande en el mundo lirico mundial. Y me anoto desde ya en la lista de espera para ver su Don Giovanni del año próximo en el Colón si se confirma su rumoreada contratación. Homero Velho redondeó un impecable Belcore, con una bella uygenerosa voz de barítono tanto en la extensión, que le permitió agregar algún agudo de su factura, como en el volumen, saliendo muy airoso de la difícil coloratura que Donizetti le ha colocado en un par de arias fundamentales. Belcore es por ello un papel traicionero en el cual he visto a muchos naufragar. Jaquelina Livieri en desbordante estado vocal, cumplió con toda la pirotecnia del personaje, en particular sus dos difíciles arias del último cuadro (Il mio rigor es de lo más difícil que ha compuesto Donizetti) y exhibió un volumen considerable que sobresalió en todos los conjuntos, al par que un impecable registro agudo, incluyendo dos sobreagudos no escritos en el final de cada uno de los actos. No es difícil prever que tendrá una importante carrera internacional, si bien seguramente en papeles más pesados que éste porque su voz tiende a un registro más grave y más potente que el de Adina. 
Lució además la exacta mezcla de vivaz, coqueta , juvenil y romántica, soñadora, que cree en la historia de Tristan e Isolda y en definitiva enamorada ,en un retrato perfecto de la voluble Adina que cae subyugada por el verdadero amor. Sandra Escorza fue un agradable complemento, muy bien actuada la parte y sobresaliendo en algunos conjuntos especialmente en la zona aguda. Me reservé el final para hablar de Santiago Ballerini porque tuvo una interpretación genial, histórica. Apoyado en su bello timbre central, su total competencia para llegar a las notas graves que abundan en el primer acto y que han sido el terror de muchos tenores líricos como él, la belleza y facilidad de sus agudos y una desarmante mezzavoce fue vocalmente el Nemorino ideal, pero además tuvo actoralmente una interpretación memorable, desopilantemente cómica pero también permeable al drama cuando aparece. A veces ambas cosas a la vez. La mayor parte del tiempo me tuvo al borde del llanto. La mayor parte de las veces de risa, pero no todas. Rodeado además por colegas de voces enormes como Schrott, Livierii Velho supo además no intentar competir pero hacerse oír perfectamente sobre la base de una natural proyección de la voz, que no es enorme pero que corre con absoluta facilidad y es un constante placer al oído.Un nuevo galón en la carrera de este joven tenor que está evolucionando de logro en logro en una carrera siempre ascendente que ha comenzado a ser notada en el exterior. Absolutamente brillante el desempeño de los alumnos de la Escuela de Arte Lírico que se entregaron con alma y vida a sus personajes creando cada uno de ellos un ser humano identificable y contando además espléndidamente el texto de Donizetti. La escenografía se vio beneficiada con el traspaso al Solís. En primer lugar porque al ser menor el espacio escénico se evaporó por completo esa sensación de monumentalidad exagerada que tenía en el escenario del Colón. Además el menor ancho de boca obligó a suprimir toda la parte izquierda del decorado donde había un retrete masculino que daba lugar a algunas humoradas no muy elegantes sobre la sensación olfativa que provocaba. Sufrieron un poco las proyecciones traseras, por la falta de distancia con el proscenio. Y el último escenario, que acompaña la bellísima Una furtiva lacrima mantuvo su seducción poética. Me sentiría tentado de decir que fue brillante el trabajo de Florencia Sanguinetti y que trabajó al detalle con todos sus intérpretes, con larguísimas y bien aprovechadas horas de ensayo. Pero hubo algo diferente que es mucho más que eso. El desarrollo de la acción teatral muestra una total compenetración de cada uno de los intérpretes con la puesta, apoyando unos las acciones de los otros. Y si bien uno se sentiría tentado de adjudicarle a Schrott y su experiencia en los mejores Teatros del mundo varias de sus ocurrencias como Dulcamara, es imposible no ver que hubo un fantástico trabajo de conjunto, donde cada uno aportó ideas y enriqueció la creación del otro. Y esto es precisamente el logro máximo al que puede aspirar un director de escena. Que su equipo sea un conjunto y además trabaje creativamente aportando ideas. Y hay que incluir en esto al maestro Martin Jorge, Director de la Banda Sinfónica de Montevideo , que en una brillante ejecución de la partitura supo otorgar el margen de libertad creativa que sus intérpretes necesitaban, haciendo que la orquesta acompañara la acción en lugar de limitarla. Algo que pocos directores de opera saben hacer. Esperemos que vuelva al género porque es una adquisición de primer nivel para la lírica nacional. Una reflexión final: la puesta es un acabado ejemplo de lo que se puede lograr cuando se piensa que las respuestas están todas en el texto, y no se busca impactar apartándose de él o modificando su contenido. Una demostración además de que se puede lograr la comicidad trabajando con los integrantes del elenco solista y del coro sin necesidad de agregar actores de la Comedia del Arte o saltimbanquis , que están fuera de contexto y si bien pueden proporcionar buenos momentos de teatro lo hacen más a contrapelo del texto que al servicio de este. El espectáculo se inició además con un momento de incontenida emoción cuando el Maestro Basaldúa dirigió al público unas breves pero muy emotivas palabras recordando al gran director y autor de la puesta original Sergio Renan, recientemente fallecido. Y un aplauso especial a la directora repositora Florencia Sanguinetti que supo entender que el mejor homenaje que podría brindarse al maestro ausente era presentar su versión como una cosa viva, sujeta a la inspiración de sus intérpretes actuales, y no como una rígida pieza de museo. Aplausos de pie entonces para el Solís y para el equipo reunido.

Tuesday, August 11, 2015

Werther en Bogotá Colombia

Fotos: Carlos / Ópera de Colombia

Dr. Alberto Leal

“Werther “es mi opera francesa preferida. Con independencia de la popularidad de “Carmen” o “Fausto” la obra de Massenet, basada en un texto de Goethe, reúne tristeza desesperación, melancolía, derivadas de un amor que no puede ser, un hecho que la hace totalmente universal. Basado en mi gusto por esta obra he visto a lo largo de mi vida gran cantidad de versiones, de todas, que fueron muchas, hasta ahora mi favorita fue la brindada por el Coventgarden – Royal Opera House con Carreras y Von State – ambos en su mejor momento – dirigidos por Sir Colin Davis y con una puesta realista, bello nivel estético y gran respeto por la obra. Luego de ver la versión brindada por la Opera de Colombia, tendría que repensar cual es hoy mi preferida. Hay más de treinta años de diferencia entre ambas versiones, la estética ha cambiado, los medios técnicos son otros y cada vez más las versiones despojadas producen un aumento en la intensidad del drama. Por supuesto que exige un trabajo más detallista, más profundo por parte de la Dirección escénica, como una forma de compensar lo que puede perderse visualmente. Con un grupo de artistas mayoritariamente rioplatenses, la Opera de Colombia generó una magnífica versión de “Werther”, fue una de esas funciones inolvidables. Alejandro Chacón fue en gran parte el artífice de este logro. Contó con un excelente elenco de cantantes-actores, imprescindible para este tipo de puesta. Con una marcación precisa, gran respeto por el texto, acentuando fuertemente el dramatismo en los dos últimos actos, todo fluyó en forma natural y en estilo. Gran trabajo. Con una escenografía totalmente despojada - los pocos objetos incluidos son un escritorio y una silla y poco más, la labor de Nicolás Boni – que en general no me han gustado sus últimos trabajos – se ve adecuado y favorecido por la excelente iluminación de Caetano Vilela. Pero el peso de lo visual recae en el excelente vestuario de Adán Martínez. Con magníficos diseños, perfecta paleta de colores y detallada realización, fue el punto más alto en lo visual. Siempre siguiendo la tónica de puesta, una exacta combinación de vistoso pero austero, nada fue superfluo y tal vez más cercano al estilo germánico, más cercano de Goethe. Sin dudas la Charlotte: de la Mezzo canadiense Julie Boulianne – debutando el rol – fue la mejor que he visto y lo mas notable de la función desde el punto de vista vocal. Con un hermoso timbre, importante volumen, gran capacidad para el drama e impecable estilo, su trabajo rayó la perfección. Tiene excelente presencia, se mueve en escena con gran soltura y es notable como maneja los cambios que sufre su personaje, llegando a un tercer acto absolutamente magnífico. Seguramente será la gran Charlotte de los próximos años. Durante el día existieron dudas si el tenor César Gutiérrez cantaría ya que estaba afectado por un problema en su garganta. Finalmente cantó, luego que el teatro avisara la situación y que lo haría por respeto al público. Si no hubiera sabido esto nunca lo hubiera imaginado luego de oír el nivel vocal brindado. Tiene una voz de agradable timbre, muy buena línea de canto, facilidad para matizar y adecuado volumen. Solamente dos agudos algo tirantes en el primer acto podrían delatar su problema físico, pero a partir de allí su trabajo fue muy bueno. 
Me gustaría oírlo en condiciones normales, si su trabajo fue de notable calidad no estando en las mejores condiciones físicas, de mejorar lo brindado es un Werther de nivel internacional. La soprano Jaquelina Livieri brindó una impecable Sophie. Tal vez uno de los mejores valores que surgió en Argentina en los últimos tiempos. Con su cálido timbre, su excelente línea de canto, importante volumen, unido a su capacidad como actriz, hacen de ella una Sophie ideal. El dueto del tercer acto con Charlotte fue el momento más conmovedor de la función. El barítono uruguayo Alfonso Mujica fue un muy buen Albert. Posee un bello timbre, muy buena línea y volumen. Dotado de una muy buena presencia escénica, es un correcto actor. Tal vez su Albert fue algo más frío que lo habitual, pero es un enfoque absolutamente posible.Me gustaría verlo en un rol más exigente ya que tiene las condiciones. El bajo – también uruguayo – Marcelo Otegui logró el milagro de “sacar agua de una piedra”…Mucho valoro los cantantes que pueden hacer de un papel menor un creación que pese en la función. Su Bailli (El magistrado) tuvo un peso totalmente inusual para el rol. Canto con su bella voz de bajo, interactuó gratamente con el coro de niños y su personaje tuvo un peso que nunca sentí en versiones anteriores, donde el rol pasaba desapercibido. Es absolutamente real que no hay roles pequeños para verdaderos artistas. Andrés Agudelo y Hyalmar Mitrotti dieron una buena caracterización a sus personajes de Schmidt y Johann. El tenor Agudelo es poseedor de una hermosa voz de tenor que si trabaja tendrá un futuro asegurado, El bajo Mitrotti, quien cantará el rol de Colline en la versión de “La Boheme” que presentará como final de temporada el Teatro Argentino, posee un grato e importante material que necesita mas trabajo, pero condiciones tiene. Excelente trabajo del Coro de niños. Voces claras, muy buen volumen – aquí se respetó los seis niños que pide el libreto que muchas veces se aumenta. Además de mostrarse muy sueltos en escena. Lo que menos me convenció de esta versión fue la dirección de orquesta de francés Laurent Campellone. Condujo la Orquesta - que realizó un excelente trabajo – con nervio y dramatismo pero fuera de estilo. Su trabajo se acercó a la ópera italiana, por momentos al verismo. Esto resto algo de valor a la versión pero no fue para nada determinante. Este “Werther” puede presentarse en cualquier teatro del mundo y no dudo que sería un éxito. Bravo para todo el grupo que hizo esta excelente versión posible.