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Thursday, October 26, 2017

El Cónsul de Menotti – Teatro Solís de Montevideo

Foto: Teatro Solís de Montevideo 

Luis G. Baietti 

Giancarlo Menotti, italiano de nacimiento, pero educado y residente en los EEUU fue un raro caso de compositor moderno (entendiendo por tales a los posteriores a Richard Strauss) que logró gozar de una cierta popularidad entre el público, si bien   no tanto frente a la crítica que siempre tendió a menospreciarlo como una suerte de sub Puccini por su uso intensivo de la melodía que es precisamente lo que le granjeó los favores del público que nunca logró sentirse muy consustanciado con los estilos más rupturistas  e intelectualizados que abrazaron otros compositores más festejados por la crítica. Su primer Opera, un amable entretenimiento llamado Amelia al Ballo tuvo gran éxito cuando su estreno y fue un título representado, en general como integrante de un doble programa lírico por su brevedad, con relativa asiduidad durante las temporadas de la época de oro del Sodre en la mítica sala consumida por el fuego que estaba en el local donde hoy se levanta el majestuoso Auditorio Adela Reta. Sus otras dos obras más conocidas son The Telephone y The Medium, ambas óperas breves en un acto y Maria Golovin  al final de su carrera compuso dos obras de larga duración Juana la Loca y Goya, escrita especialmente para Placido Domingo. El Consul fue su obra de mayor ambición y – descubro ahora- peor tratada en las representaciones, donde se hizo hábito privilegiar a buenos actores cantantes que no siempre le hicieron justicia a su partitura que tiene momentos de gran exigencia vocal. Es lo que descubro ahora en la excelente versión que ha ofrecido el Teatro Solís de Montevideo en sociedad con la Orquesta Filarmonica de Montevideo, que apoyado en un sólido conjunto de voces encabezado por una deslumbrante Eiko Senda, dio una visión cabal de la riqueza musical del texto. Hubo un gran trabajo musical del joven maestro Martin Jorge al frente de la estupenda Filarmónica local en una de sus mejores noches. Y un elenco vocal y actoral sin fisuras. Con un conjunto regional de intérpretes de muy alto nivel, comenzando por el excelente barítono brasileño Leonardo Neiva con un atrayente timbre vocal y gran fuerza expresiva, la estupenda  mezzo uruguaya Stephanie Holm en el mejor trabajo de su carrera, una sutil creación del argentino Leonardo Estevez muy exigido actoralmente en esta versión en que debe componer a un agente policial siniestro a quien el regisseur decidió vestir de clown acentuando aún más su papel siniestro, un muy sutil trabajo e Andres Barbery cantado con  todo el doble sentido del personaje y con una voz que ha crecido notablemente en extensión y volumen y que es una pena no sea utilizada en papeles protagónicos en lugar de traer desconocidos tenores mediocres del continente europeo, la impactante labor de la soprano uruguaya radicada en Europa Sofia Maria con una bellísima y potente voz de soprano lírica y gran fuerza expresiva, el asombroso rendimiento vocal del veterano maestro de canto de tantos intérpretes más jóvenes Fernando Barabino  que parece haber firmado el célebre pacto de Fausto, , las impecables actuaciones de las mezzos Julia Bregstein y Clementine Moreira y el muy auspicioso cuasi debut del joven barítono Julio Reolon dueño de una voz de muy bello timbre y un sólido volumen. Pero las grandes heroínas de la noche, por la complejidad de sus papeles fueron Adriana Mastrangelo y  Eiko Senda  Mastrángelo, que está pasando por un gran momento en su carrera y viene de obtener un resonante éxito cantando  Julio Cesar en el Colón volvió a deslumbrar con potente, hermosa voz de mezzo aguda y con su fuerte presencia de actriz dramática en un papel muy exigido porque es la contracara que se opone a la protagonista que de no contar con una oponente de este calibre vería muy perjudicada su actuación. Y un trabajo absolutamente deslumbrante de Eiko Senda, que logra superar aún a su reciente Tosca  del Teatro Colón que levantó ovaciones en el Primer Coliseo argentino. Un trabajo agotador en lo vocal, que rescató la belleza y la fuerza de la partitura de Menotti con varios momentos de gran despliegue vocal y una interpretación actoral que figura por derecho propio entre las más grandes composiciones teatrales que he visto en mi vida, en el Teatro que sea. Eiko que es japonesa de origen, radicada luego en Brasil y finalmente establecida en Uruguay por obra y gracia de un Cupido baritonal local, es como yo suelo decir entonces una soprano “ oriental por partida doble “ y ha sufrido en los últimos años una asombrosa transformación que la ha llevado de ser una cantante impecable vocalmente con una expresividad demasiado contenida, a la poderosa  extrovertida , súper latina intérprete que es hoy y que ha demostrado cabalmente en sus recientes Tosca, Lady Macbeth y esta Magda Sorel. La escena previa al cuadro final, donde Magda ya más muerta por dentro que viva, habiendo perdido a la madre de su marido y a su niñito, es una sombra de sí misma que mal se mantiene en pie y que lleva en su rostro pintada la muerte que abrazará voluntaria y lúcidamente en el último cuadro, es uno de los momentos más conmovedores que me haya sido presenciar en cualquier teatro de Opera.
El Maestro Sergio Lujan que ya se había hecho notar con una versión de La Flauta Mágica con elementos juveniles en un teatro del off uruguayo , había preocupado al medio con sus declaraciones de que haría una versión performática que se liberara de las ataduras al libreto y a la partitura. Felizmente nada de eso. El director se atuvo fielmente a la temática de la obra y a su música en una composición con algunas osadías, no todas ellas muy compartibles como la de hacer desfilar prisioneros en paños muy menores por los pasillos del Teatro en los intervalos, pero que en general se caracterizó por la gran intensidad que le dio al drama, y por la marcación atenta y profunda de cada personaje. En una obra que trata fundamentalmente de la angustia de la persecución política por parte de un régimen dictatorial y la insensibilidad burocrática de los consulados al otorgar el refugio a los que huyen  ( y no puedo aquí olvidar a los millones de judíos que pudieron salvar sus vidas  si los países de Occidente no se hubieran demostrado tan restrictivos al otorgar visas ) supo encontrar referencias más modernas y locales, con un punto culminante en la escena en que irrumpen el escenario parientes de detenidos-desaparecidos durante la dictadura militar uruguaya , personificados por los propios protagonistas en la vida real de esta tragedia, portando un cartel contra la impunidad, y saludados con una lluvia de panfletos con el nombre edad y fecha de desaparición de cada uno de los uruguayos faltantes, escena que provocó un minuto de silencio angustiado seguido de una prolongada ovación Es una pena que esta obra quede ahora en los archivos del Teatro Solís esperando una improbable reposición. Debiera viajar. Ser vista en el interior de Uruguay, Argentina, Brasil y en Buenos Aires  o en otros países latinoamericanos como por ejemplo México que tanto entiende de exiliados porque fue el país que con más generosidad y cariño albergó a los refugiados sudamericanos en su hora de máxima necesidad y dolor.

Sunday, August 30, 2015

El Elixir de Amor en el Teatro Solís de Montevideo Uruguay

Fotos: Teatro Solís de Montevideo

Luis. G Baietti

Hacía mucho tiempo que no salía de un teatro de ópera con una sonrisa de oreja a oreja después de haber visto un espectáculo descollante perfecto, logrado hasta el mínimo detalle y para colmo creativo, pero dentro del más absoluto respeto a las intenciones de su autor. En primer lugar porque Elisir es una de las óperas que más me gustan y que con mas placer veo y reveo, con su delicado equilibrio entre comedia y drama ( la pasión no correspondida del protagonista por Adina es para él una tragedia ), por la belleza de la música de Donizetti en el ápice de su inspiración melódica y por la delicadeza poética de los versos de FeliceRomani, un autor que tiene en su haber varios de los textos más logrados de la época. La versión ofrecida por el Solís difícilmente podría ser mejor y se cuenta entre las mejores que he visto en mi vida en diversos teatros de las redondezas pero también en el Met, en la Ópera de Viena y en el Covent Garden, incluyendo una versión de hace unos cuantos años en Viena donde Erwin Schrott era precisamente el Dulcamara y arrebataba a la platea con su interpretación que ya era genial. Una versión que podría pasearse entre los más importantes escenarios del mundo, como los ya citados y que no sólo sería ovacionada como aquí por el público, pero además sería recordada al final del año entre los mejores títulos que en ese teatro se han visto durante el período. Un gran aplauso al Solís por no haberse tentado de hacer de esta versión una especie de “show Schrott“ centrándose exclusivamente en la brillantez del célebre cantante uruguayo, hoy entre los más cotizados en el mundo, y al cual finalmente, luego de un insistente asedio, consiguieron traer. Por el contrario se buscó rodearlo de los mejores elementos posibles y se acertó en pleno, por lo que la descollante actuación del divo uruguayo fue realzada por un elenco que no le fue en zaga en calidad interpretativa. Erwin Schrott claro está divirtió y se divirtió con el personaje al cual dotó de tics visuales vocales muy efectivos, agregó algunas invenciones propias, como su incapacidad para recordar el nombre Isotta y los errores que de ello se suceden, e impactó con una voz absolutamente apabullante, que se sobra para la parte, generalmente cantada por algún bajo bufo con más limitados recursos vocales, o por un bajo que al final de carrera por obra del desgaste de la voz, ha decidido utilizar la experiencia escénica adquirida para pasar a cantar este tipo de papeles. Como el gran Sesto Bruscatini. Schrott fue sencillamente maravilloso. Demostró cabalmente porque es un grande en el mundo lirico mundial. Y me anoto desde ya en la lista de espera para ver su Don Giovanni del año próximo en el Colón si se confirma su rumoreada contratación. Homero Velho redondeó un impecable Belcore, con una bella uygenerosa voz de barítono tanto en la extensión, que le permitió agregar algún agudo de su factura, como en el volumen, saliendo muy airoso de la difícil coloratura que Donizetti le ha colocado en un par de arias fundamentales. Belcore es por ello un papel traicionero en el cual he visto a muchos naufragar. Jaquelina Livieri en desbordante estado vocal, cumplió con toda la pirotecnia del personaje, en particular sus dos difíciles arias del último cuadro (Il mio rigor es de lo más difícil que ha compuesto Donizetti) y exhibió un volumen considerable que sobresalió en todos los conjuntos, al par que un impecable registro agudo, incluyendo dos sobreagudos no escritos en el final de cada uno de los actos. No es difícil prever que tendrá una importante carrera internacional, si bien seguramente en papeles más pesados que éste porque su voz tiende a un registro más grave y más potente que el de Adina. 
Lució además la exacta mezcla de vivaz, coqueta , juvenil y romántica, soñadora, que cree en la historia de Tristan e Isolda y en definitiva enamorada ,en un retrato perfecto de la voluble Adina que cae subyugada por el verdadero amor. Sandra Escorza fue un agradable complemento, muy bien actuada la parte y sobresaliendo en algunos conjuntos especialmente en la zona aguda. Me reservé el final para hablar de Santiago Ballerini porque tuvo una interpretación genial, histórica. Apoyado en su bello timbre central, su total competencia para llegar a las notas graves que abundan en el primer acto y que han sido el terror de muchos tenores líricos como él, la belleza y facilidad de sus agudos y una desarmante mezzavoce fue vocalmente el Nemorino ideal, pero además tuvo actoralmente una interpretación memorable, desopilantemente cómica pero también permeable al drama cuando aparece. A veces ambas cosas a la vez. La mayor parte del tiempo me tuvo al borde del llanto. La mayor parte de las veces de risa, pero no todas. Rodeado además por colegas de voces enormes como Schrott, Livierii Velho supo además no intentar competir pero hacerse oír perfectamente sobre la base de una natural proyección de la voz, que no es enorme pero que corre con absoluta facilidad y es un constante placer al oído.Un nuevo galón en la carrera de este joven tenor que está evolucionando de logro en logro en una carrera siempre ascendente que ha comenzado a ser notada en el exterior. Absolutamente brillante el desempeño de los alumnos de la Escuela de Arte Lírico que se entregaron con alma y vida a sus personajes creando cada uno de ellos un ser humano identificable y contando además espléndidamente el texto de Donizetti. La escenografía se vio beneficiada con el traspaso al Solís. En primer lugar porque al ser menor el espacio escénico se evaporó por completo esa sensación de monumentalidad exagerada que tenía en el escenario del Colón. Además el menor ancho de boca obligó a suprimir toda la parte izquierda del decorado donde había un retrete masculino que daba lugar a algunas humoradas no muy elegantes sobre la sensación olfativa que provocaba. Sufrieron un poco las proyecciones traseras, por la falta de distancia con el proscenio. Y el último escenario, que acompaña la bellísima Una furtiva lacrima mantuvo su seducción poética. Me sentiría tentado de decir que fue brillante el trabajo de Florencia Sanguinetti y que trabajó al detalle con todos sus intérpretes, con larguísimas y bien aprovechadas horas de ensayo. Pero hubo algo diferente que es mucho más que eso. El desarrollo de la acción teatral muestra una total compenetración de cada uno de los intérpretes con la puesta, apoyando unos las acciones de los otros. Y si bien uno se sentiría tentado de adjudicarle a Schrott y su experiencia en los mejores Teatros del mundo varias de sus ocurrencias como Dulcamara, es imposible no ver que hubo un fantástico trabajo de conjunto, donde cada uno aportó ideas y enriqueció la creación del otro. Y esto es precisamente el logro máximo al que puede aspirar un director de escena. Que su equipo sea un conjunto y además trabaje creativamente aportando ideas. Y hay que incluir en esto al maestro Martin Jorge, Director de la Banda Sinfónica de Montevideo , que en una brillante ejecución de la partitura supo otorgar el margen de libertad creativa que sus intérpretes necesitaban, haciendo que la orquesta acompañara la acción en lugar de limitarla. Algo que pocos directores de opera saben hacer. Esperemos que vuelva al género porque es una adquisición de primer nivel para la lírica nacional. Una reflexión final: la puesta es un acabado ejemplo de lo que se puede lograr cuando se piensa que las respuestas están todas en el texto, y no se busca impactar apartándose de él o modificando su contenido. Una demostración además de que se puede lograr la comicidad trabajando con los integrantes del elenco solista y del coro sin necesidad de agregar actores de la Comedia del Arte o saltimbanquis , que están fuera de contexto y si bien pueden proporcionar buenos momentos de teatro lo hacen más a contrapelo del texto que al servicio de este. El espectáculo se inició además con un momento de incontenida emoción cuando el Maestro Basaldúa dirigió al público unas breves pero muy emotivas palabras recordando al gran director y autor de la puesta original Sergio Renan, recientemente fallecido. Y un aplauso especial a la directora repositora Florencia Sanguinetti que supo entender que el mejor homenaje que podría brindarse al maestro ausente era presentar su versión como una cosa viva, sujeta a la inspiración de sus intérpretes actuales, y no como una rígida pieza de museo. Aplausos de pie entonces para el Solís y para el equipo reunido.