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Sunday, August 30, 2015

Entrevista con la mezzosoprano Julie Boulianne

Foto: Julien Faugère ATMA Classique, Charlotte / Ópera de Bogotá

Originaria de la provincia de Quebec, Canadá, la mezzosoprano Julie Boulianne cuenta ya con una larga experiencia presentándose en importantes escenarios como el Metropolitan de Nueva York,  New York City Opera, Glimmerglass Opera, Opéra de Marseille, Opéra de Québec, Opéra de Montréal, Théâtre des Champs-Élysées, Ópera de Nueva Orleans, De Nationale Opera de Ámsterdam, Capitole de Toulouse, Opéra-Comique de Paris, Opera de Zúrich, asi como en los teatros de Lyon, Reims, Toulon, Aviñón, Vancouver y próximamente en el Covent Garden de Londres, además de importantes orquestas donde ha interpretado papeles para su cuerda tanto en operas, como en concierto de: Rossini, Mozart, Berlioz, Chabrier, Gounod, Handel y Offenbach, Ravel entre otros. Derrochando simpatía, amabilidad y pasión por su profesión de cantante aceptó esta entrevista donde nos habla sobre su carrera.

Ramón Jacques

¿Cómo fue que te acercaste a la música y particularmente a la ópera?

Empecé muy joven a tomar clases de piano y siempre me gustó la música en todas sus formas. Además, mi familia me transmitió el verdadero amor por el canto, ya que en casa todos cantaban o tocaban un instrumento. Las reuniones familiares siempre estuvieron llenas de música y de canciones. Creo que es una costumbre que las primeras familias católicas de Quebec adoptaron para conocer y compartir la música, pero sobre todo para pasar el invierno de una manera menos dolorosa. Aunque la tradición se perdió, todavía surgen muchos buenos cantantes en mi familia y en mi región de origen. Se me ocurre citar a Marie-Nicole Lemieux, entre otros.

Descríbenos un poco tu voz

Creo que es difícil para uno definir su propia voz, pero en general, y como más o menos estoy de acuerdo con ellos, te diré los adjetivos que he escuchado del público que define mi voz como melosa, cálida, con sabor a fruta o como caramelo.

¿Existe algún cantante que consideres como modelo vocal?

Por supuesto que tengo modelos vocales. Primero que nada, mi padre amaba a Elisabeth Schwarzkopf, a Joan Sutherland y obviamente a María Callas. En casa, escuchaba a sus cantantes favoritos de Quebec como Richard Verreau y Louis Quilico, así que todos ellos fueron mis primeros contactos con la ópera. Pero escuchar a Cecilia Bartoli fue lo que hizo que verdaderamente me interesara por el canto clásico. Después, y una vez que ya había descubierto la voz de mezzosoprano descubrí a Christa Ludwig, Anne Sofie Von Otter, Janet Baker, Frederica Von Stade y a Teresa Berganza entre muchas otras.  Hoy en día no tengo un modelo absoluto, pero percibo las funciones de una manera diferente, con el oído y los ojos de una artista con experiencia. La vida me dio la oportunidad de compartir el escenario con cantantes increíbles, algunos conocidos, otros menos, pero en cada ocasión, trato de absorber la mayor cantidad de información posible respecto a su manera de trabajar. Hay tantos cantantes admirables y todos tienen algo único que ofrecer.

Se nota el placer que tienes en lo que haces ¿Qué representa para ti la alegría de cantar?

La alegría de cantar es la búsqueda absoluta de todo artista lirico. Es el milagro que tiene como base todo lo ha que el artista ha logrado, lo que ha recorrido, su desarrollo; y de ello se trata de sacar lo más posible a pesar de todo lo que se interpone en el bien del canto. Para un cantante en carrera hay muchos factores que pueden frenar ese estado de gracia. Esto podría ser la complejidad de una puesta en escena, la dificultad para escuchar a la orquesta, lo incomodo de un vestuario, los problemas vocales ya sean por enfermedad o por fatiga, el deseo de complacer al público o a los medios. La felicidad de cantar es finalmente la razón fundamental por la que hacemos este trabajo. Las demás razones carecen de validez si desde el inicio no existe el placer por lo que se hace.

¿Desde tu debut como cantante y durante tu carrera quien ha ejercido en ti una influencia positiva y te ha apoyado?

Obviamente, he tenido a mis padres que me han animado de manera constante con sus medios. Siendo claros en este punto, mis padres siempre han estado dispuestos a apoyar todo lo que haga con la condición de que haga el esfuerzo necesario para logarlo. Esta también Dalton Baldwin quien me hizo descubrir el universo de la melodía y del Lied y a quien le debo mucho; y Jacqueline Desmarais, una mujer extraordinaria y una importante mecenas de las artes en Canadá, que me ayudó  mucho durante mi aprendizaje y durante mis años en Juilliard.

¿De los personajes que has interpretado cual es el que más te ha marcado y cual es el que más ha exigido de ti?

Disfruté cantar Elisa en Tolomeo de Handel porque fue la primera vez que interpreté un personaje atormentado y malo. Me gustan estos personajes porque encuentro la complejidad en su maquiavélica psicología y también muchas posibilidades. Además, esta Cherubino que es el papel que canto con mayor frecuencia. He cantado muchas Cenerentolas y Rosinas, y he tenido la suerte de cantar papeles maravillosos como Cendrillon y Marguerite en La Condenación de Fausto.

Entre tantas posibilidades ¿Cuál sería el personaje que sueñas interpretar?

Mi siguiente gran desafío fue cantar Charlotte de Werther, que debuté este año en Bogotá.  Es un papel magnifico que abordé con gran entusiasmo.

¿Sientes que la costumbre de estar en el escenario y en producciones te va dando más seguridad y confort para tu desempeño?

Es cierto que después de algunas representaciones uno se siente más confiado, y eso da la oportunidad para explorar y para llevar las cosas al límite, como también para probar nuevos colores, otras sutilezas, y todo ello nos permite también mantener vivo el espectáculo.

¿Consideras que el trabajo de cantante ha cambiado? Es decir, ¿Existe el tiempo suficiente como para realizar un buen trabajo sobre el escenario?

Si, el trabajo ha cambiado en mi opinión, aunque es difícil para mí poder establecer una comparación de lo que he atravesado por este ambiente durante el tiempo que lo he hecho, ya que todo va muy rápido y los salarios son más bajos. Por ello, se debe trabajar más para mantener el mismo estándar de vida que el de los artistas de las generaciones anteriores. A veces me gustaría tener más tiempo para prepararme mejor, porque habiendo tantos cantantes la competencia es feroz, y el público en ocasiones prefiere la juventud en vez de la experiencia y la belleza en vez del talento.

¿Tienes un director de escena favorito o con quien te haya gustado trabar?

No tengo un director de escena favorito, pero puedo mencionar que he tenido buena suerte con ellos durante esta última temporada. Trabajé con Robert Lepage en La Condenación de Fausto, con Laurent Pelly en L'Étoile y con Denis Podalydès en La Clemenza de Tito. Tres enfoques completamente diferentes pero todos igual de geniales. En esos casos me sentí mimada y tuve la impresión de ser útil para la creación de momentos artísticamente significativos. ¡Es una sensación estimulante!

Se ha dicho que la voz femenina refleja el estado de ánimo, la moral, de una cantante ¿Estarías de acuerdo con esto?

Es una pregunta compleja, ya que muchas cantantes se quejan de tener una voz que no refleja su personalidad. Por otra parte, si se habla de lo que se puede lograr con la voz, estoy de acuerdo que lo ideal es que sea capaz de transmitir la emoción en el timbre y la música sin tener que poner un texto en la línea vocal. Obviamente, el color del texto sigue siendo crucial en la interpretación, pero no quiero desviarme del color de la voz.  Creo que una de las grandes claves del arte vocal es la honestidad. Siendo uno mismo sobre el escenario es como uno puede alcanzar a conmover al público.

¿Cuál es el director de orquesta que más te ha impresionado?

Trabajar con Charles Dutoit ha sido siempre intimidante, ya que es el director de orquesta con el que crecí en mi Quebec natal. Lo veía por televisión con frecuencia cuando era niña, y hoy ocupa un lugar especial en mi palmarés personal. Sin mencionar otros nombres siempre me impresiona cuando trabajo con directores que tienen largas y brillantes carreras, y que dirigen con naturalidad, sin nada más que demostrar y que están allí solo por el amor a la música. Es emocionante trabajar con un gran director e imaginarse que quizás sea la última vez que dirija esa obra. También es absolutamente fascinante y conmovedor ver como una persona puede trascender la música y dirigir solamente con miradas o con gestos bien colocados. Estoy también orgullosa y asombrada por la brillante carrera de mi compatriota Yannick Nézet – Séguin, con quien es un placer trabajar. Es un músico inigualable y una persona excepcional.

Además de tu reciente grabación “Handel & Porpora the London years” ¿Tienes algunos proyectos en puerta para grabar?

Sí, tengo dos proyectos previstos para la próxima temporada, con los sellos canadienses Atma y Analekta pero lamentablemente no puedo desvelar aun de que se tratan.

Para finalizar ¿Cual es el mejor recuerdo que tienes de tu carrera?

¡Esta es una pregunta muy divertida! Ya que leyéndola, obviamente me hace pensar en momentos horribles como las veces que he olvidado alguna palabra, o cuando me he adelantado, he tenido la impresión de perder la voz, desafinar, de no poder seguir al director, de cantar algo demasiado grave para mí o demasiado agudo, de las veces cuando el vestuario se desgarra completamente, las veces que me he patinado o me he caído en medio de un candente dueto. Una vez cante tan enferma que hacía más ruido que cantar. Mas allá de los momentos incómodos, tengo tantos hermosos recuerdos musicales que me sería imposible escoger uno.  Me da una gran emoción cada vez que canto el Mesías y todo el público se levanta durante el Aleluya, como también cuando canto la novena de Beethoven y me convierto de nuevo en una niña. (Risas).

Muchas gracias por esta entrevista Julie. 

Tuesday, August 11, 2015

Werther en Bogotá Colombia

Fotos: Carlos / Ópera de Colombia

Dr. Alberto Leal

“Werther “es mi opera francesa preferida. Con independencia de la popularidad de “Carmen” o “Fausto” la obra de Massenet, basada en un texto de Goethe, reúne tristeza desesperación, melancolía, derivadas de un amor que no puede ser, un hecho que la hace totalmente universal. Basado en mi gusto por esta obra he visto a lo largo de mi vida gran cantidad de versiones, de todas, que fueron muchas, hasta ahora mi favorita fue la brindada por el Coventgarden – Royal Opera House con Carreras y Von State – ambos en su mejor momento – dirigidos por Sir Colin Davis y con una puesta realista, bello nivel estético y gran respeto por la obra. Luego de ver la versión brindada por la Opera de Colombia, tendría que repensar cual es hoy mi preferida. Hay más de treinta años de diferencia entre ambas versiones, la estética ha cambiado, los medios técnicos son otros y cada vez más las versiones despojadas producen un aumento en la intensidad del drama. Por supuesto que exige un trabajo más detallista, más profundo por parte de la Dirección escénica, como una forma de compensar lo que puede perderse visualmente. Con un grupo de artistas mayoritariamente rioplatenses, la Opera de Colombia generó una magnífica versión de “Werther”, fue una de esas funciones inolvidables. Alejandro Chacón fue en gran parte el artífice de este logro. Contó con un excelente elenco de cantantes-actores, imprescindible para este tipo de puesta. Con una marcación precisa, gran respeto por el texto, acentuando fuertemente el dramatismo en los dos últimos actos, todo fluyó en forma natural y en estilo. Gran trabajo. Con una escenografía totalmente despojada - los pocos objetos incluidos son un escritorio y una silla y poco más, la labor de Nicolás Boni – que en general no me han gustado sus últimos trabajos – se ve adecuado y favorecido por la excelente iluminación de Caetano Vilela. Pero el peso de lo visual recae en el excelente vestuario de Adán Martínez. Con magníficos diseños, perfecta paleta de colores y detallada realización, fue el punto más alto en lo visual. Siempre siguiendo la tónica de puesta, una exacta combinación de vistoso pero austero, nada fue superfluo y tal vez más cercano al estilo germánico, más cercano de Goethe. Sin dudas la Charlotte: de la Mezzo canadiense Julie Boulianne – debutando el rol – fue la mejor que he visto y lo mas notable de la función desde el punto de vista vocal. Con un hermoso timbre, importante volumen, gran capacidad para el drama e impecable estilo, su trabajo rayó la perfección. Tiene excelente presencia, se mueve en escena con gran soltura y es notable como maneja los cambios que sufre su personaje, llegando a un tercer acto absolutamente magnífico. Seguramente será la gran Charlotte de los próximos años. Durante el día existieron dudas si el tenor César Gutiérrez cantaría ya que estaba afectado por un problema en su garganta. Finalmente cantó, luego que el teatro avisara la situación y que lo haría por respeto al público. Si no hubiera sabido esto nunca lo hubiera imaginado luego de oír el nivel vocal brindado. Tiene una voz de agradable timbre, muy buena línea de canto, facilidad para matizar y adecuado volumen. Solamente dos agudos algo tirantes en el primer acto podrían delatar su problema físico, pero a partir de allí su trabajo fue muy bueno. 
Me gustaría oírlo en condiciones normales, si su trabajo fue de notable calidad no estando en las mejores condiciones físicas, de mejorar lo brindado es un Werther de nivel internacional. La soprano Jaquelina Livieri brindó una impecable Sophie. Tal vez uno de los mejores valores que surgió en Argentina en los últimos tiempos. Con su cálido timbre, su excelente línea de canto, importante volumen, unido a su capacidad como actriz, hacen de ella una Sophie ideal. El dueto del tercer acto con Charlotte fue el momento más conmovedor de la función. El barítono uruguayo Alfonso Mujica fue un muy buen Albert. Posee un bello timbre, muy buena línea y volumen. Dotado de una muy buena presencia escénica, es un correcto actor. Tal vez su Albert fue algo más frío que lo habitual, pero es un enfoque absolutamente posible.Me gustaría verlo en un rol más exigente ya que tiene las condiciones. El bajo – también uruguayo – Marcelo Otegui logró el milagro de “sacar agua de una piedra”…Mucho valoro los cantantes que pueden hacer de un papel menor un creación que pese en la función. Su Bailli (El magistrado) tuvo un peso totalmente inusual para el rol. Canto con su bella voz de bajo, interactuó gratamente con el coro de niños y su personaje tuvo un peso que nunca sentí en versiones anteriores, donde el rol pasaba desapercibido. Es absolutamente real que no hay roles pequeños para verdaderos artistas. Andrés Agudelo y Hyalmar Mitrotti dieron una buena caracterización a sus personajes de Schmidt y Johann. El tenor Agudelo es poseedor de una hermosa voz de tenor que si trabaja tendrá un futuro asegurado, El bajo Mitrotti, quien cantará el rol de Colline en la versión de “La Boheme” que presentará como final de temporada el Teatro Argentino, posee un grato e importante material que necesita mas trabajo, pero condiciones tiene. Excelente trabajo del Coro de niños. Voces claras, muy buen volumen – aquí se respetó los seis niños que pide el libreto que muchas veces se aumenta. Además de mostrarse muy sueltos en escena. Lo que menos me convenció de esta versión fue la dirección de orquesta de francés Laurent Campellone. Condujo la Orquesta - que realizó un excelente trabajo – con nervio y dramatismo pero fuera de estilo. Su trabajo se acercó a la ópera italiana, por momentos al verismo. Esto resto algo de valor a la versión pero no fue para nada determinante. Este “Werther” puede presentarse en cualquier teatro del mundo y no dudo que sería un éxito. Bravo para todo el grupo que hizo esta excelente versión posible.

Sunday, June 14, 2015

El Ruiseñor de Stravinsky y L’Heure Spagnole de Ravel en Ámsterdam

Foto: Jurjen Stekelenburg

Ramón Jacques

“Historias exóticas” es el título de esta doble cartelera conformada por El Ruiseñor de Stravinsky y L’Heure Spagnole de Ravel ofrecida por la Radio Filharmonisch Orkest – la orquesta de la radio neerlandesa – en la sala de conciertos Concertgebouw, en su habitual matiné de los sábados al mediodía y que es transmitida siempre por radio. Como es costumbre, la orquesta convoco a un destacado grupo de intérpretes para la ejecución en concierto de dos grandes obras de teatro musical, en un acto cada una, y que continúan siendo poco representadas.  Sobresalió la presencia en el podio del célebre director Charles Dutoit, dirigiendo dos partituras que conoce y domina, y de las cuales extrajo la amplia gama de colores, posibilidades y libertades, que en especial la partitura de Ravel permite, con sus exóticas tonalidades de música popular española como el flamenco y las jotas, de  la cual se desprende una cierta ironía y picardía también contenida en el libreto.  En Stravinsky encontró una precisión musical  que extrajo de la sección de vientos, de las flautas y de la compacta y homogénea sección de cuerdas de la orquesta, y recreó coloridos sonidos de la naturaleza y temas orientales.  Vocalmente destacó la soprano rusa Julia Novikova, como el Ruiseñor, por la nitidez de su timbre y su ágil y virtuoso manejo de la voz.  La obra permitió también el lucimiento de la soprano Lisette Bolle como la cocinera, muy segura en sus intervenciones con voz robusta y de grato timbre. El tenor ruso Anton Rositskiy hizo su aporte como el pescador,  y el barítono David Wilson-Johnson derrochó experiencia como el emperador.  Sobresaliente fue la intervención del coro Groot Omroepkoor, sin duda uno de los mejores de su género.  L’Heure Spagnole se beneficio de la afinidades y cercanía que Dutoit parece tener con la música de Ravel, y con la oscura tonalidad, profundidad y expresividad que dio a su canto la mezzosoprano Julie Boulianne como el personaje de Concepción. El tenor Frédéric Antoun cantó con calidez y elegancia, buen fraseo y clara pronunciación francesa el papel de Gonzalve. Solido y convincente sonó el barítono neerlandés Thomas Oliemans en el papel de Ramiro. 

L'usignolo di Stravinskij e L'Heure Spagnole di Ravel in Amsterdam

Foto: Jurjen Stekelenburg

Ramón Jacques

“Storie esotiche” è il titolo di questa doppia proposta costituita dal Rossignol di Stravinskij e L’Heure Spagnole di Ravel, offerta dalla Radio Filharmonisch Orkest, l’orchestra della radio olandese, nella sala da concerto del Concertgebouw, nei suoi abituali matiné del sabato a mezzogiorno, e sempre trasmessa alla radio. Come d’abitudine l’orchestra ha chiamato un eccezionale gruppo di interpreti per l’esecuzione in forma di concerto di due grandi opere di teatro musicale, un atto per una, e che continuano ad essere poco rappresentate. Eccelleva la presenza sul podio del celebre direttore Charles Dutoit, che ha diretto due partiture che conosce e padroneggia, e dalle quali ha estratto l’ampia gamma di colori, possibilità e libertà, che permette soprattutto la partitura di Ravel, con i suoi toni esotici di musica popolare spagnola come il flamenco e la jota e dalla quale si apprende una certa ironia e malizia così come contenute nel libretto. In Stravinskij ha incontrato una precisione musicale che si evidenziava nella sezione dei fiati, dei flauti e della compatta ed omogenea sezione degli archi, e ha ricreato i colori sonori della naturalezza e dei temi orientali. Vocalmente è emerso il soprano russo Julia Novikova, come Usignolo, per la nitidezza del suo timbro e il suo agile e virtuoso uso della voce. L’opera ha permesso anche di brillare al soprano Lisette Bolle come cuoca, molto sicura nei suoi interventi con voce robusta e bel timbro. Il tenore russo Anton Rositskij ha dato il suo apporto come pescatore e il baritono David Wilson-Johnson ha mostrato esperienza come Imperatore. Eccezionale l’intervento del coro Groot Omroepkoor senza dubbio uno dei migliori nel suo genere. L’Heure Spagnole ha beneficiato dell’ affinità e vicinanza stilistica che Dutoit pareva tenere con la musica di Ravel, e la scura tonalità, profondità ed espressività che ha dato il mezzosoprano Julie Boulianne nel ruolo di Concepcion. Il tenore Frédéric Antoun ha cantato con calore e eleganza, buon fraseggio e chiara dizione francese nel ruolo di Gonzalve, Solido e convincente ha cantato  il baritono olandese Thomas Oliemans nel ruolo di Ramiro

Friday, December 5, 2014

L'étoile di Emmanuel Chabrier De Nederlandse Opera, Amsterdam

Foto: Marco Borggreve

Ramón Jacques

La principale compagnia d’opera dei Paesi Bassi ha cambiato il suo nome in De Nationale Opera, ma non la sua vocazione di teatro audace e d’avanguardia che propone opere poco conosciute e poco rappresentate, come in questa occasione con L’Etoile, opera buffa di Emmanuel Chabrier (In questa stagione il teatro olandese è stato l’unico a programmarla). La immaginaria e divertente trama nella quale i personaggi nutrono la credenza che il destino sia controllato dalle stelle è stata sfruttata e ben rappresentata scenicamente da Laurent Pelly, un riferimento per il repertorio francese, che ha saputo esaltare con ingegno la comicità e l’umor nero del libretto, così come le sua parti serie e oscure, come quella del perverso Rey Ouf I che realizza esecuzioni pubbliche ad ogni suo compleanno. Pelly trasporta questo mondo fantastico al mondo degli umani, con l’aiuto di scale, labirinti, corridoi che salgono scendono, vicoli ciechi, disegnati da Chantal Thomas; così come i colorati costumi di Jean Jacques Delmotte e dello stesso Pelly, e la raggiante illuminazione con le quali ha creato una piacevole resa teatrale. L’orchestrazione è ricca, spumeggiante, sofisticata e in alcuni momenti raffinata, accompagna la comicità, il sentimentalismo e la malinconia sulla scena. Si è notata la mano sicura e dinamica di Patrick Fournillier, conoscitore del repertorio che ha saputo estrarre il meglio dalla Residentie Orkest di L’Aia, invitata in buca. Un successo, per i dialoghi parlati, è stato di formare un cast di cantanti di lingua francofona capeggiato dal tenore Christophe Mortagne con la sua caratterizzazione del villano comico Rey Ouf I, cantato con sicurezza; e il mezzosoprano Stéphanie d’Oustrac  per il suo eccezionale sviluppo musicale ed  attoriale come Lazulli, personaggio en travesti. Il mezzosoprano Julie Boulianne ha fatto risaltare il ruolo di Aloès, mostrando eleganza nella sua linea vocale e personalità scenica. Simpatico il disimpegno del soprano Hélène Guilmette  come la bella principessa Laoula, di François Piolino, come segretario Tapioca e di  Jérôme Varnier come l’astrologo Siroco. Una menzione per il resto dei cantanti, così come peril solido e partecipativo coro del teatro.

Thursday, December 4, 2014

L'étoile de Emmanuel Chabrier en Ámsterdam

Foto Marco Borggreve

Ramón Jacques 

La principal compañía de opera de los Países Bajos cambio recientemente su nombre por el de De Nationale Opera, pero lo que no se alteró fue su vocación de ser un teatro atrevido y vanguardista que ofrece obras poco conocidas o poco representadas, como en esta ocasión L'étoile, opéra bouffe en tres actos del compositor Emmanuel Chabrier. Si bien la obra se ha representado con mayor frecuencia en teatros de Francia, en esta temporada el teatro neerlandés fue el único en programarla. La imaginaria y divertida trama en la que sus personajes tienen la creencia de que su destino es controlado por las estrellas fue explotada y bien representada escénicamente con el ingenio de Laurent Pelly, un referente del repertorio francés, quien supo exaltar con ingenio la comicidad y el humor negro del libreto, así como sus partes serias y oscuras –como la del perverso Rey Ouf I que realiza ejecuciones públicas el día de su cumpleaños. Pelly trasladó el mundo fantasioso a uno de humanos con la ayuda de escaleras, laberintos y pasillos que subían, bajan o eran calles sin salida, diseñados por Chantal Thomas; así como los brillantes y coloridos vestuarios de Jean-Jacques Delmotte como del propio Pelly, y una radiante iluminación con las que creó una grata experiencia teatral. La orquestación es rica, sofisticada y por momentos tan refinada, superior que la de cualquier opereta, que acompaña la comicidad, la melancolía o el sentimentalismo sobre la escena. Aquí se notó la mano segura y dinámica de Patrick Fournillier, conocedor del repertorio quien extrajo lo mejor de la Residentie Orkest de la Haya, invitada en el foso. Un acierto, por los extensos diálogos,  fue el de conformar un elenco de cantantes francoparlantes que encabezó el tenor Christophe Mortagne con su caracterización del villano cómico, Rey Ouf I, un Luis XIV moderno, que cantó con seguridad; y la mezzosoprano Stéphanie d’Oustrac quien tuvo un sobresaliente desenvolvimiento musical, con su suntuosa tonalidad oscura, y actoral como el personaje en travesti de Lazulli.  Agrado el desempeño de la soprano Hélène Guilmette como la hermosa princesa Laoula, así como el de François Piolino, como su secretario Tapioca; y del Jérôme Varnier del astrologo Siroco, aquí caracterizado como un científico loco. La mezzosoprano Julie Boulianne hizo resaltar el papel de Aloès mostrando elegancia en su línea de canto y personalidad escénica . Una mención para el resto de los cantantes, así como para el sólido y participativo coro del teatro. 

Tuesday, July 27, 2010

Glimmerglass Opera, Festival 2010 en Cooperstown Nueva York.

Fotos: Karli Cadel(Tosca, Bodas de Figaro), Claire McAdams (The Tender Land, Tolome), Peyton Lea (Alice Busch Opera Theater)- Glimmerglass Opera

Glimmerglass Opera
Tolomeo, Las Bodas de Figaro, The Tender Land, Tosca
Glimmerglass Opera Festival
Alice Busch Opera Theatre Cooperstown, NY

Paula Citron

El Festival de Opera de Glimmerglass 2010 fue una temporada de prueba y error. La representación de Tolomeo y Tosca fueron un éxito, pero tanto Bodas de Fígaro como The Tender Land resultaron ser tediosas. Sin embargo, la culpa no fue de los cantantes que se mostraron uniformemente salidos. Glimmerglass presume ser un teatro de producciones nuevas, pero ¿Cómo se logra eso durante una recesión? Como medida para ahorrar fondos, se le encargó al diseñador Donald Eastman la tarea de crear cuatro puestas escénicas de producciones anteriores. Su “canibalismo” (o “re propuestas” un eufemismo utilizado en el programa de mano, resultó ser muy bueno, con una sola falla.
Tolomeo de Handel

Esta opera es típica de Handel, con una trama que intenta reunir a tres enamorados, y con tres sensacionales prestaciones como la de la soprano mezzosoprano canadiense Julie Boulianne en el papel de Elisa, la del contratenor estadounidense Anthony Roth Constanzo como Tolomeo y de la soprano estadounidense Joélle Harvey como Seleuce. Los tres navegaron por sus arias da capo de manera brillante. La soprano de Quebec, Boulianne puede actuar y cantar al mismo tiempo. Su hermosa voz tiene cuerpo y un sonido brillante, que emocionó en su registro bajo y cantó con segura coloratura. Puede cantar con fuerza y a la vez con dulzura. Francamente las opera de Handel, tal y como fueron creadas, como una secuencia de arias solistas, pueden parecer interminables y de poco interés escénico. El director escénico Chas Rader-Shieber puso su atención sobre la escena, pero de las maneras mas extrañas, como tratar cada aria como si fuera ella sola una producción. Por ejemplo, la arias de Tolomeo que se refieren a las aguas las hace mirando a través de un estanque con peces o el aria de Seleuce sobre las brisas de aire, la cantó rodeada de ventiladores eléctricos. Hubieron tantas elecciones raras de dirección escénica en esta producción, que cuando se encendieron las luces del teatro al final del segundo acto, parecieron ser parte del espectáculo- y que Constanzo solo sobre el escenario en ese momento debía dirigirse al publico, cuando en realidad las luces se encendieron para dar auxilio medico a una persona en el teatro.
La otra idea genial de Rader-Shieber fue la inclusión de tres criados quienes se movían alrededor del escenario cambiando de lugar elementos de la escenografía, y que a la vez funcionaban como un coro griego por como reaccionaban ante cada personaje, o cuando se quitabansus pelucas como fuera necesario. Los vestuarios de Andrea Hood correspondieron a diferentes épocas y siglos para cada personaje. Tolomeo vistió jeans y un abrigo del siglo dieciocho, y Elisa un vestido negro très chic en tulle. Aunque la opera fue excéntrica en dirección y diseño, absurda en simbolismo y metáforas, fue conducida de muy buena manera por Christian Curnyn.
Las Bodas de Fígaro de Mozart

Esta lánguida producción no es lo que requiere un público que esta cansado de esta obra. De hecho pareció ser un Fígaro más. La palabra utilizada para describir esta producción seria gris, tanto en las escenografías, como en los vestuarios, incluso en la dirección de David Angus, director musical de Glimmerglass. La idea del diseñador Donald Eastman de un palacio dilapidado y despintado es que el Conde Almaviva es de un mal marido que descuida su hogar. Esto no correspondió, ya que el Conde es designado como embajador de España en Londres.
El director canadiense Leon Major, dirigió la opera con habilidad y como si fuera una obra de teatro, que en ese caso hubiera funcionado mejor sin la orquesta. Su trabajo escénico incluyó muchos detalles alegres como una simpática lucha entre Fígaro y Susanna. Mayor astutamente utilizó al personaje de Don Basilio como un mirón. También les permitió a sus personajes cantar solos sobre el escenario con sus demonios. Sin embargo, el lento tratamiento musical de Angus saboteó el canto y la dirección escénica. Una orquesta poco interesante con una mala producción y aburridos vestuarios, hizo todo, en una palabra, aburrido. Patrick Carfizzi (Figaro), Lyubov Petrova (Susanna), Caitlin Lynch (Countess), Mark Schnaible (Count) y Aurhelia Varak (Cherubino) hicieron lo suyo para levantar la opera de su estancamiento musical con pocos resultados.

"The Tender Land” de Aaron Copland

Lo que funciona en un ballet no necesariamente funciona en la opera. Tomando como ejemplo a Aaron Copland. Sus brillantes partituras para los ballets “Rodeo” y “Appalachian Spring” son piezas clásicas de música. Su opera de 1953, The Tender Land, llena de sonidos rurales – o de autentica voz musical americana- es tediosa excepto en el bailable del segundo acto. La opera esta inspirada en el libro “Let Us Now Praise Famous Men” de 1941 con fotografías de Walker Evans de granjas sureñas en la época de la depresión y con texto de James Agee, pero ni la belleza, ni la majestuosidad o el dolor de ese libro se ven reflejados en la opera. El poco interesante libreto de Horace Everett no posee un arco dramático. La estudiante y chica de granja Laurie Moss, se siente inquieta, se enamora de un vagabundo y se marcha con el. La opera fue concebida para voces jóvenes y los artistas del programa de jóvenes cantantes americanos de Glimmerglass hicieron muy buen trabajo, bajo la guía del director, y antiguo director musical de este teatro, Stewart Robertson. Por su parte Tazewell Thompson hizo una dirección de buen gusto. El tenor Chris Lysack interpretó al cartero Mr. Splinter, y es un cantante a tener en cuenta. Lysack mostró una voz clara y maravillosa dicción. Con tal pureza y facilidad en su tesitura alta ¿estaremos frente a un futuro heldentenor wagneriano? Su biografía muestra que participará durante dos años con la Opera Estatal de Hamburgo, así que el tiempo lo dirá, y además posee un doctorado en literatura francesa.
Tosca de Puccini

Esta producción fue la gran vencedora de Glimmerglass. El director Ned Carty le dio a este caballo de batalla entusiasmo y frescura. Trabajo en las emociones lo más que pudo, sin ser caer nunca en lo melodramático. Situar la acción en la época post primera guerra mundial, funciona si uno se imagina la ascensión de Mussolini, el fascismo y el estado policiaco. Como ejemplo, para los que están acostumbrados al opulento aposento del villano Scarpia en el segundo acto, la idea de Canty fue una sorpresa. Las cortinas se abrieron en una comandancia de policía con escritorios, teléfonos, focos de luz colgantes y viejas maquinas de escribir. Hombres armados entraban y salían de la escena, y Tosca en un hermoso vestido blanco, se veía completamente fuera de lugar. La producción incluyó un trió de carismáticos cantantes estadounidenses. La soprano Lise Lindstrom como Tosca mostró una poderosa voz que se elevó hasta otra estratosfera. Hubo brillantez ahí – no aguda pero si emocionante. Su Cavaradossi fue el tenor Adam Diegel, de buena presencia, y con el que hizo una buena pareja. Diegel es temerario, yendo hacia lo suyo de manera acelerada. Se debe recordar el nombre del barítono Lester Lynch, quien interpretó a Scarpia como el matón que verdaderamente es. Este cantante puede cantar una tormenta, con su autoritario y robusto sonido, con el que además acarició sus notas. Claramente parece ser un cantante apto para el repertorio de Puccini y de Verdi. El director David Angus se dio el gusto de dirigir con lentitud las partes mas tranquilas, y de aumentar la tensión en las partes dramáticas. En otras palabras, no puede equivocarse con la música de Puccini, en donde todo esta dado para el.