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Friday, December 5, 2014

L'étoile di Emmanuel Chabrier De Nederlandse Opera, Amsterdam

Foto: Marco Borggreve

Ramón Jacques

La principale compagnia d’opera dei Paesi Bassi ha cambiato il suo nome in De Nationale Opera, ma non la sua vocazione di teatro audace e d’avanguardia che propone opere poco conosciute e poco rappresentate, come in questa occasione con L’Etoile, opera buffa di Emmanuel Chabrier (In questa stagione il teatro olandese è stato l’unico a programmarla). La immaginaria e divertente trama nella quale i personaggi nutrono la credenza che il destino sia controllato dalle stelle è stata sfruttata e ben rappresentata scenicamente da Laurent Pelly, un riferimento per il repertorio francese, che ha saputo esaltare con ingegno la comicità e l’umor nero del libretto, così come le sua parti serie e oscure, come quella del perverso Rey Ouf I che realizza esecuzioni pubbliche ad ogni suo compleanno. Pelly trasporta questo mondo fantastico al mondo degli umani, con l’aiuto di scale, labirinti, corridoi che salgono scendono, vicoli ciechi, disegnati da Chantal Thomas; così come i colorati costumi di Jean Jacques Delmotte e dello stesso Pelly, e la raggiante illuminazione con le quali ha creato una piacevole resa teatrale. L’orchestrazione è ricca, spumeggiante, sofisticata e in alcuni momenti raffinata, accompagna la comicità, il sentimentalismo e la malinconia sulla scena. Si è notata la mano sicura e dinamica di Patrick Fournillier, conoscitore del repertorio che ha saputo estrarre il meglio dalla Residentie Orkest di L’Aia, invitata in buca. Un successo, per i dialoghi parlati, è stato di formare un cast di cantanti di lingua francofona capeggiato dal tenore Christophe Mortagne con la sua caratterizzazione del villano comico Rey Ouf I, cantato con sicurezza; e il mezzosoprano Stéphanie d’Oustrac  per il suo eccezionale sviluppo musicale ed  attoriale come Lazulli, personaggio en travesti. Il mezzosoprano Julie Boulianne ha fatto risaltare il ruolo di Aloès, mostrando eleganza nella sua linea vocale e personalità scenica. Simpatico il disimpegno del soprano Hélène Guilmette  come la bella principessa Laoula, di François Piolino, come segretario Tapioca e di  Jérôme Varnier come l’astrologo Siroco. Una menzione per il resto dei cantanti, così come peril solido e partecipativo coro del teatro.

Thursday, December 4, 2014

L'étoile de Emmanuel Chabrier en Ámsterdam

Foto Marco Borggreve

Ramón Jacques 

La principal compañía de opera de los Países Bajos cambio recientemente su nombre por el de De Nationale Opera, pero lo que no se alteró fue su vocación de ser un teatro atrevido y vanguardista que ofrece obras poco conocidas o poco representadas, como en esta ocasión L'étoile, opéra bouffe en tres actos del compositor Emmanuel Chabrier. Si bien la obra se ha representado con mayor frecuencia en teatros de Francia, en esta temporada el teatro neerlandés fue el único en programarla. La imaginaria y divertida trama en la que sus personajes tienen la creencia de que su destino es controlado por las estrellas fue explotada y bien representada escénicamente con el ingenio de Laurent Pelly, un referente del repertorio francés, quien supo exaltar con ingenio la comicidad y el humor negro del libreto, así como sus partes serias y oscuras –como la del perverso Rey Ouf I que realiza ejecuciones públicas el día de su cumpleaños. Pelly trasladó el mundo fantasioso a uno de humanos con la ayuda de escaleras, laberintos y pasillos que subían, bajan o eran calles sin salida, diseñados por Chantal Thomas; así como los brillantes y coloridos vestuarios de Jean-Jacques Delmotte como del propio Pelly, y una radiante iluminación con las que creó una grata experiencia teatral. La orquestación es rica, sofisticada y por momentos tan refinada, superior que la de cualquier opereta, que acompaña la comicidad, la melancolía o el sentimentalismo sobre la escena. Aquí se notó la mano segura y dinámica de Patrick Fournillier, conocedor del repertorio quien extrajo lo mejor de la Residentie Orkest de la Haya, invitada en el foso. Un acierto, por los extensos diálogos,  fue el de conformar un elenco de cantantes francoparlantes que encabezó el tenor Christophe Mortagne con su caracterización del villano cómico, Rey Ouf I, un Luis XIV moderno, que cantó con seguridad; y la mezzosoprano Stéphanie d’Oustrac quien tuvo un sobresaliente desenvolvimiento musical, con su suntuosa tonalidad oscura, y actoral como el personaje en travesti de Lazulli.  Agrado el desempeño de la soprano Hélène Guilmette como la hermosa princesa Laoula, así como el de François Piolino, como su secretario Tapioca; y del Jérôme Varnier del astrologo Siroco, aquí caracterizado como un científico loco. La mezzosoprano Julie Boulianne hizo resaltar el papel de Aloès mostrando elegancia en su línea de canto y personalidad escénica . Una mención para el resto de los cantantes, así como para el sólido y participativo coro del teatro. 

Tuesday, July 1, 2014

Orfeo y Eurídice en Florencia - 77° Maggio Musicale Fiorentino

© Pietro Paolini / TerraProject / Contrasto

Leonardo Monteverdi


En un día de calor insoportable en el Teatro della Pergola de Florencia se estrenó la puesta en escena de “Orfeo ed Euridice” de Gluck, por el factótum Denis Krief autor de la dirección, diseño de escenas, vestuario e iluminación. Es difícil creer que a pocos días se vieran dos puestas de operas con un resultado tan opuesto: el superlativo “L’amour des trois oranges” y este pésimo “Orfeo” sin explicación. La dramaturgia de Ranieri de’ Calzabigi fue totalmente desordenada por Krief que la situó en espacios definidos e indefinidos entre paneles corredizos, céntricos o descompuestos, blancos y donde caminan hombres y almas con pocas decoraciones. Un pequeño sofá o una fábrica de muebles fue mucho,  y ahí transcurrió buena parte de la acción. El coro con trajes modernos y por minutos en trajes del siglo XVIII pelucas blancas, proyecciones inútiles de un túnel, con bailes de discotecas que fue el infierno de Krief. Aquí Orfeo fue un cantante vestido con cuero sin su instrumento la lira. No fueron buenos los movimientos de Anna Bonitatibus, inciertos y exagerados, imputables a la dirección escénica, la artista italiana no estuvo en uno de sus mejores papeles ya que siendo mezzosoprano, su registro grave se not cansado por estar a los límites de una tesitura pensada para una genuina contralto. La artista articulo admirablemente las frases con sentido dramático aunque su canto no voló con libertad. Sin embargo, tuvo mucho éxito con el aria “Che pur ciel” La petulante y colérica Euridice de Hélène Guilmette sobresalió por su brillante voz y elegante, sobre todo en su aria, donde logró buenas frases y gracia escénica.  Amore, vestido como un pilluelo lo cantó Silvia Frigato, sin infamia ni laude homeopática. Las coreografías de Cristina Rizzo estuvieron en sintonía con la pobreza de la producción y desconectada con la dramaturgia. El maestro Federico Maria Sardelli ofreció elegantes sonoridades de la orquesta del Maggio con tiempos bien elegidos, además de un rico y decorativo bajo continuo, donde emergía por su creatividad y suavidad el arpa de Ann Fierens. El coro bien preparado por Lorenzo Fratini tuvo éxito.