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Tuesday, December 12, 2023

Pigmalione en Rovigo

Fotos: Valentina Zanaga para el Teatro Sociale di Rovigo

Athos Tromboni

El 16 de octubre de 1714 el poeta y libretista veneciano Francesco Passarini (no confundir con el compositor boloñés del mismo nombre que vivió en el siglo anterior) escribió una dedicatoria al alcalde de Rovigo: «... Excelencia, es una pieza indispensable deuda de mi reverendísimo respeto para consagrar a la grandeza de Vuestra Excelencia este drama mío, y a intercesión de su dicha para ser honrado con vuestro gloriosísimo Nombre..."Aquí se hizo la dedicación a los poderosos, como era costumbre en la época, y se presentó su disponibilidad "muy humilde, muy devota, muy servil" a la captatio benevolenza para su propio drama alegre (ópera bufa, como se diría hoy): el Pigmalión que «... en apenas dieciséis días se llevó a cabo la virtuosa idea del señor Giovanni Alberto Ristori, que la musicalizó en un tiempo tan limitado...» Por lo tanto, la primera representación se representó en el Teatro Manfredini de Rovigo en 1714, con éxito y admiración por parte de la nobleza y la burguesía polesana [de esa región del Veneto] (se puede suponer...) y contribuyó a la fama primero nacional y luego europea del compositor Giovanni Alberto Ristori. Por lo tanto, se trata de un alegre drama gioioso barroco, que el Teatro Sociale de Rovigo ha presentado como un "estreno absoluto en era moderna". Dando un paso hacia la literatura de la época; Pigmalión es un personaje del mito griego. Rey de Chipre según el escritor Arnobio (que vivió en el siglo III despues de Cristo.) se diferencia del personaje contado por Ovidio (“Las Metamorfosis”) donde se dice que Pigmalión era un escultor que había modelado un desnudo femenino en marfil: perdidamente enamorado de su propia estatua, la había considerado la máxima expresión de la feminidad, superior a cualquier mujer incluso de carne y hueso, hasta el punto de que dormía junto a ella con la esperanza de que algún día volviera a la vida. Siempre según Ovidio, fue con motivo de las celebraciones rituales en honor de Afrodita que el escultor fue al templo de la Diosa y le rogó que le concediera como novia la estatua creada con sus manos, convirtiéndola en una criatura humana: la Diosa estuvo de acuerdo. Él mismo vio cómo la estatua cobraba vida lentamente, respiraba y abría los ojos. Pigmalión y la mujer que emergió de la estatua se casaron y tuvieron una hija, Pafos, que más tarde dio nombre a la homónima ciudad de Chipre, famosa por un templo dedicado a Afrodita. La estatua, privada de nombre en el mito, ha sido llamada Galatea por los autores modernos (a partir del siglo XVIII). Volviendo a la actualidad: la ópera de Ristori y el libreto de Passarini hacen referencia a la historia contada por Ovidio; Complicando un poco las cosas, porque aquí el escultor Pigmalión es amado y disputado por dos jovenes, Eburnea e Isifile, a su vez amadas por Elviro y Laurindo. Será Eburnea quien prevalecerá, sustituyendo disimuladamente la estatua, debido a la desesperación de su amante abandonado Elviro, la alegría del escultor Pigmalión de poder casarse con una mujer real, y la renuncia de Isífile que tendrá que conformarse con Laurindo. Para el montaje de Rovigo se le confiaron los decorados y el vestuario a Matteo Corsi y a Eleonora Nascimbeni, ganadores del I Concurso de Escenografía dedicado al fallecido Gabbris Ferrari, gran pintor, escenógrafo y director de la capital veneta polesana La dirección estuvo a cargo de Federico Bertolani. Se atestiguó una pequeña obra maestra de decorados, vestuario y luces. Se aplaudió una puesta en escena cautivadora, bien realizada, precisa y sin florituras parainterpretativas, donde la comedia era comedia, la fábula era fábula y el ingenio se encaminaba inteligentemente hacia la sencillez pastoril que presumiblemente había animado en el siglo XVIII tanto al libretista como al compositor. El espectáculo cautivó al público asistente, que siguió toda la funcion con atención y diversión.  ¿Fondos y juegos de láminas y paneles pintados? Sí. ¿Fantasmagoría de colores pictóricos? Sí. ¿Alegría para la vista y el espíritu? Sí. ¿Abundancia de flores multicolores y arbustos muy verdes para un efecto caleidoscópico? Sí. Al éxito también contribuyó Bernardo Ticci, que se encargó de la transcripción musical; y Marco Schiavon responsable de la revisión dramatúrgica. Desde el punto de vista musical, hay que elogiar la bella interpretación de Bruno Taddia en el papel de Pigmalione: voz suave y excelente entonación, actuando como un aedo del clasicismo helénico. Excelentes estuvieron tanto la soprano Silvia Frigato (Eburnea) como la mezzosoprano Marina De Liso (Isifile), ambas intérpretes especializadas en canto barroco y prerromántico. El contratenor Nicolò Balducci (Elviro) estuvo excelente y asombró y sedujo con su entonación perfecta, su maravilloso legato y su gesto escénico elegante y expresivo. Un poco menos seductora fue la actuación del otro contratenor, Antonio Giovannini, que asumió el papel de Laurindo. Una licencia ingeniosa y compartible fue la del director Federico Bertolani que colocó en escena un personaje extra textual, con el encargo de interpretar el papel del Alcalde de Rovigo destinatario de la dedicatoria del poeta Francesco Passarini: en este papel completamente original se desarrolló el actor Giulio Canestrelli muy bien y de manera muy simpática. En el podio de la agrupación "L'Arte dell'Arco" (que interpretó con instrumentos de época), estuvo el maestro Federico Guglielmo, quien además de dirigir la orquesta interpretó algunas páginas de la partitura de Ristori como violín concertante. Poco público presente pero muy cálido y generoso en los aplausos finales también durante la representación. Los aplausos fueron en verdad meritorios.



Monday, November 28, 2016

L’Incoronazione di Poppea - Teatro alla Scala

Monica Bacelli
Foto: Jensch - Teatro alla Scala

Ramón Jacques

Un anno dopo aver concluso la trilogía monteverdiana con L’Incoronazione di Poppea, che contava sulla realizzazione scenica di Robert Wilson, il Teatro alla Scala ha programmato nuevamente la stessa opera in tre atti. Lo spettacolo di Wilson è stato visivamente elegante e sobrio, collocato in un tempo indeterminato, con minimi movimenti scenici, come un albero o una colonna demolita, costumi eleganti, ma soprattutto una intensa e variegata illuminazione blu e bianca sul fondale La maniera di usare le luci e il senso magistrale dell’utilizzo dello spazio hanno stimolato i sensi dello spettatore. Tuttavia, i movimenti lenti e senza fretta dei cantanti caricati da simbolismi hanno impedito uno svolgimento drammatico e attoriale più chiaro dei personaggi, facendo sì che il prologo e il primo atto sono stati poco fluidi. Scenicamente, dopo l’intervallo si è vista più azione in scena. Ha inciso, anche, la direzione d’orchestra di Rinaldo Alessandrini, che davanti all’Orchestra della Scala, rinforzata con i musicisti del Concerto Italiano, ha offerto una lettura piatta e carente di finezza. In termini generali l’orchestrazione È suonata rigida, aspra E in alcuni momento carente di dinámica.  Vocalmente il cast di specialisti dello stile ha offerto una prova superlativa  a cominciare dalla affascinante e in evidenza Poppea di Carmela Remigio che esprimeva sua classe in scena, eccellendo con il suo timbro brillante e nítido, e chiarezza di emissione e dizione. Come Nerone, il tenore Leonardo Cortellazzi, è piaciuto con il suo timbro attrante e pieno di musicalità. Ottavia era la sperimentata Monica Bacelli, una interprete ideale del violento ed impetuoso personaggio, vocalmente precisa. Da parte sua, Sara Mingardo,  ha dato vita ad  un fragile e dispiaciuto Ottone, con timbro soave e profondo. È risaltata la convinzione e la forza scenica e vocale che Andrea Concetti ha impresso nel personaggio di Seneca. Dal lungo elenco del cast si può notare anche la spudorata Drusilla di Maria Celeng, l’Amore di Silvia Frigato e il Mercurio di Luigi De Donato, la Nutrice di Giuseppe de Vittorio, specialista nei ruoli en travesti, o la Damigella di Monica Piccinini. Non si può dimenticare la presenza di Furio Zanasi, una autorità nel recitar cantando monteverdiano, che sebbene in questa occasione ha interpretato tre brevi ruoli, è pur sempre considerato come il miglior interprete di Orfeo e Ulisse. Come dato anedottico, risulta sorprendente che uno spettacolo di questo livello non abbia interessato molto il pubblico milanese essendo rimasti in teatro molti posti vuoti



Tuesday, July 1, 2014

Orfeo y Eurídice en Florencia - 77° Maggio Musicale Fiorentino

© Pietro Paolini / TerraProject / Contrasto

Leonardo Monteverdi


En un día de calor insoportable en el Teatro della Pergola de Florencia se estrenó la puesta en escena de “Orfeo ed Euridice” de Gluck, por el factótum Denis Krief autor de la dirección, diseño de escenas, vestuario e iluminación. Es difícil creer que a pocos días se vieran dos puestas de operas con un resultado tan opuesto: el superlativo “L’amour des trois oranges” y este pésimo “Orfeo” sin explicación. La dramaturgia de Ranieri de’ Calzabigi fue totalmente desordenada por Krief que la situó en espacios definidos e indefinidos entre paneles corredizos, céntricos o descompuestos, blancos y donde caminan hombres y almas con pocas decoraciones. Un pequeño sofá o una fábrica de muebles fue mucho,  y ahí transcurrió buena parte de la acción. El coro con trajes modernos y por minutos en trajes del siglo XVIII pelucas blancas, proyecciones inútiles de un túnel, con bailes de discotecas que fue el infierno de Krief. Aquí Orfeo fue un cantante vestido con cuero sin su instrumento la lira. No fueron buenos los movimientos de Anna Bonitatibus, inciertos y exagerados, imputables a la dirección escénica, la artista italiana no estuvo en uno de sus mejores papeles ya que siendo mezzosoprano, su registro grave se not cansado por estar a los límites de una tesitura pensada para una genuina contralto. La artista articulo admirablemente las frases con sentido dramático aunque su canto no voló con libertad. Sin embargo, tuvo mucho éxito con el aria “Che pur ciel” La petulante y colérica Euridice de Hélène Guilmette sobresalió por su brillante voz y elegante, sobre todo en su aria, donde logró buenas frases y gracia escénica.  Amore, vestido como un pilluelo lo cantó Silvia Frigato, sin infamia ni laude homeopática. Las coreografías de Cristina Rizzo estuvieron en sintonía con la pobreza de la producción y desconectada con la dramaturgia. El maestro Federico Maria Sardelli ofreció elegantes sonoridades de la orquesta del Maggio con tiempos bien elegidos, además de un rico y decorativo bajo continuo, donde emergía por su creatividad y suavidad el arpa de Ann Fierens. El coro bien preparado por Lorenzo Fratini tuvo éxito.

Tuesday, January 25, 2011

I Turchini en el Auditorio Nacional de Madrid se sumerge en la constelación del barroco, España.

Fotos: I Turchini, Antonio Florio - Centro Nacional de Difusión Musical (INAEM)
Alicia Perris
Comenzó la “saison” del Ciclo Universo Barroco con una velada en la sala de Cámara del Auditorio Nacional de Música, con el que se abren las actividades de 2011 del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM). Un calendario diferente y variado. Se vuelca así esta institución en agrandar el repertorio y traer al gran público músicas casi desconocidas o “descatalogadas”, revitalizando uno de los más importantes compositores italianos del barroco, Cristofaro Caresana (1640-1709), que vivió en la época en que su región natal formaba parte de la monarquía española. El programa elegido la noche del jueves 20 ofreció sus cantatas de conjunto para 5 0 6 voces y grupo instrumental, donde destacan “L´Adoratione de Maggi”, “La Veglia”, “Demonio, Angelo y tre pastori “ y “Sembri Stella Felice Partenope Leggiadra”. Se incluyen además, del compositor Pietro Andrea Ziani (1620-1684), dos sonatas, la op. VII, nº 15 (Friburgo y Venecia, 1667-68) y la sonata op. VII, nº 17 (de Friburgo y Venecia, 1667-68). Con la dirección de Antonio Florio y las sopranos Valentina Varriale y Silvia Frigato, el alto Filippo Mineccia, los tenores Giuseppe de Vittorio y Rosario Totaro y el bajo Sergio Foresti, esta propuesta consiguió un alto nivel de excelencia, una compenetración personal y musical evidente en una sala con una acústica exquisita, que se presta muy bien al recogimiento sonoro y el disfrute. Antonio Florio es un músico entregado y lleva a cabo una labor muy valiosa de investigación musicológica que trata de recuperar el repertorio napolitano de los siglos XVII y XVIII, aunque esta actividad no es la única que lo ocupa. I Turchini, fundada por el maestro Florio en 1987, está constituida por instrumentistas y cantantes dedicados en especial al repertorio mencionado, centrado sobre todo en compositores olvidados en su día. El grupo es residente del Centre Lyrique d´Auvergne de Clermont-Ferrand y ha realizado numerosas grabaciones y giras por el extranjero, recibiendo en 2008 el premio Napoli en la sección “Excelencias ocultas”. Han preparado el año pasado la recuperación de ”Orfeo ed Euridice” de Fux y en el sello Glossa han grabado dos discos: “L´adoratione de Maggi” de Caresana y “Tenebrae”, compuesta para la Semana Santa napolitana, que verá la luz este año. Sugerente y evocador trabajo, concebido para el deleite de los que buscan perlas raras en la salas de conciertos, alejados de los grandes espectáculos masivos. Con una dirección ajustada y sensible, todos los intérpretes- cantantes e instrumentistas- logran crear una atmósfera casi irreal por lo infrecuente de la elección y ejecución de este repertorio, todo un descubrimiento y un verdadero hallazgo. Los próximos conciertos del Ciclo Universo Barroco tendrán lugar el 19 de febrero con el grupo Forma Antiqua y “La Cantata española en el siglo XVIII” y el 10 de marzo con una propuesta dedicada a “Bárbara de Braganza y su entorno hispánico” ( en la conmemoración de los 300 años de su nacimiento) con la agrupación La Real Cámara. Merece la pena seguir este rastro de excelencia realmente notable.