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Sunday, June 14, 2015

El Ruiseñor de Stravinsky y L’Heure Spagnole de Ravel en Ámsterdam

Foto: Jurjen Stekelenburg

Ramón Jacques

“Historias exóticas” es el título de esta doble cartelera conformada por El Ruiseñor de Stravinsky y L’Heure Spagnole de Ravel ofrecida por la Radio Filharmonisch Orkest – la orquesta de la radio neerlandesa – en la sala de conciertos Concertgebouw, en su habitual matiné de los sábados al mediodía y que es transmitida siempre por radio. Como es costumbre, la orquesta convoco a un destacado grupo de intérpretes para la ejecución en concierto de dos grandes obras de teatro musical, en un acto cada una, y que continúan siendo poco representadas.  Sobresalió la presencia en el podio del célebre director Charles Dutoit, dirigiendo dos partituras que conoce y domina, y de las cuales extrajo la amplia gama de colores, posibilidades y libertades, que en especial la partitura de Ravel permite, con sus exóticas tonalidades de música popular española como el flamenco y las jotas, de  la cual se desprende una cierta ironía y picardía también contenida en el libreto.  En Stravinsky encontró una precisión musical  que extrajo de la sección de vientos, de las flautas y de la compacta y homogénea sección de cuerdas de la orquesta, y recreó coloridos sonidos de la naturaleza y temas orientales.  Vocalmente destacó la soprano rusa Julia Novikova, como el Ruiseñor, por la nitidez de su timbre y su ágil y virtuoso manejo de la voz.  La obra permitió también el lucimiento de la soprano Lisette Bolle como la cocinera, muy segura en sus intervenciones con voz robusta y de grato timbre. El tenor ruso Anton Rositskiy hizo su aporte como el pescador,  y el barítono David Wilson-Johnson derrochó experiencia como el emperador.  Sobresaliente fue la intervención del coro Groot Omroepkoor, sin duda uno de los mejores de su género.  L’Heure Spagnole se beneficio de la afinidades y cercanía que Dutoit parece tener con la música de Ravel, y con la oscura tonalidad, profundidad y expresividad que dio a su canto la mezzosoprano Julie Boulianne como el personaje de Concepción. El tenor Frédéric Antoun cantó con calidez y elegancia, buen fraseo y clara pronunciación francesa el papel de Gonzalve. Solido y convincente sonó el barítono neerlandés Thomas Oliemans en el papel de Ramiro. 

L'usignolo di Stravinskij e L'Heure Spagnole di Ravel in Amsterdam

Foto: Jurjen Stekelenburg

Ramón Jacques

“Storie esotiche” è il titolo di questa doppia proposta costituita dal Rossignol di Stravinskij e L’Heure Spagnole di Ravel, offerta dalla Radio Filharmonisch Orkest, l’orchestra della radio olandese, nella sala da concerto del Concertgebouw, nei suoi abituali matiné del sabato a mezzogiorno, e sempre trasmessa alla radio. Come d’abitudine l’orchestra ha chiamato un eccezionale gruppo di interpreti per l’esecuzione in forma di concerto di due grandi opere di teatro musicale, un atto per una, e che continuano ad essere poco rappresentate. Eccelleva la presenza sul podio del celebre direttore Charles Dutoit, che ha diretto due partiture che conosce e padroneggia, e dalle quali ha estratto l’ampia gamma di colori, possibilità e libertà, che permette soprattutto la partitura di Ravel, con i suoi toni esotici di musica popolare spagnola come il flamenco e la jota e dalla quale si apprende una certa ironia e malizia così come contenute nel libretto. In Stravinskij ha incontrato una precisione musicale che si evidenziava nella sezione dei fiati, dei flauti e della compatta ed omogenea sezione degli archi, e ha ricreato i colori sonori della naturalezza e dei temi orientali. Vocalmente è emerso il soprano russo Julia Novikova, come Usignolo, per la nitidezza del suo timbro e il suo agile e virtuoso uso della voce. L’opera ha permesso anche di brillare al soprano Lisette Bolle come cuoca, molto sicura nei suoi interventi con voce robusta e bel timbro. Il tenore russo Anton Rositskij ha dato il suo apporto come pescatore e il baritono David Wilson-Johnson ha mostrato esperienza come Imperatore. Eccezionale l’intervento del coro Groot Omroepkoor senza dubbio uno dei migliori nel suo genere. L’Heure Spagnole ha beneficiato dell’ affinità e vicinanza stilistica che Dutoit pareva tenere con la musica di Ravel, e la scura tonalità, profondità ed espressività che ha dato il mezzosoprano Julie Boulianne nel ruolo di Concepcion. Il tenore Frédéric Antoun ha cantato con calore e eleganza, buon fraseggio e chiara dizione francese nel ruolo di Gonzalve, Solido e convincente ha cantato  il baritono olandese Thomas Oliemans nel ruolo di Ramiro

Friday, September 12, 2014

Il Viaggio a Reims - Rossini Opera Festival, Pesaro 2014

Foto: ROF 2014

Massimo Viazzo

Un buon successo anche per il tradizionale Viaggio a Reims affidato ai giovani dell’Accademia Rossiniana, che viene rappresentata dal 2001 con l’allestimento di Emilio Sagi ripreso da Elisabetta Courir. Quest’opera qui a Pesaro viene vista come una vera e propria palestra per le nuove voci, ed in effetti per metterla in scena degnamente ci vuole uno stuolo di solisti molto preparati. In questa edizione del festival solo la Madama Cortese di Giulia De Blasis è parsa in difficoltà dal punto di vista vocale. Gli altri hanno mostrato, chi più chi meno, apprezzabile dimestichezza con lo stile rossiniano. Perfettamente a proprio agio, ad esempio, Matteo Macchioni (Belfiore), attore efficace e cantante disinvolto. Per restare in ambito tenorile come non ammirare le doti di tenore contraltino di Anton Rositskiy (Libenskof) con la sua spavalderia nel lanciare sovracuti. Voce importante quella di Marko Mimica, non sempre facile da muovere, ma certamente di considerevole impatto, mentre il Don Profondo di Yupeng Wang cantava con eleganza, Anton Markov dava a Trombonok una timbrica da basso chiaro, mentre l’espansivo Alvaro di Iurii Samoilov sprizzava una energia contagiosa. Venendo alle voci femminili, da segnalare la purezza e limpidezza della linea di canto di Hasmik Torosyan (Corinna), forse un tantino freddina, la pirotecnica ed estroversa Folleville di Isabel Rodriguez Garcia e la spiritosa Melibea di Aya Wakizono. Lo spettacolo ha funzionato per il meglio anche per merito del giovane Ivan Lopez-Reynoso, il primo direttore d’orchestra messicano al Rof, capace di stimolare l’orchestra (la Filarmonica Gioachino Rossini) senza sosta, e di ben accompagnare i cantanti.

Monday, June 16, 2014

I Puritani de Bellini en el Teatro Municipal de Santiago

Foto: Patricio Melo / Teatro Municipal de Santiago

Joel Poblete 

Desde su estreno y a lo largo del paso del tiempo, hay consenso entre los expertos y el público en que la trama y la historia de I puritani son muy débiles e incongruentes, pero se redimen gracias a la belleza de la música de Vincenzo Bellini. Sus exigencias vocales no son menores, pero si se cuidan todos los aspectos, puede deparar momentos inolvidables a los espectadores, y afortunadamente así fue en las funciones que el Teatro Municipal de Santiago ofreció entre el 30 de mayo y el 11 de junio, que trajeron de regreso la obra a Chile luego de 21 años de ausencia. Y en su conjunto, podemos decir que fue una versión mucho más satisfactoria y memorable que la que pudimos apreciar en 1993.

El mérito fue la conjunción entre una sólida y lograda producción escénica y destacados intérpretes. Considerando que el montaje teatral estaba encabezado por el cotizado régisseur español Emilio Sagi, quien ya ha cautivado en sus seis anteriores puestas en escena en Chile -la más reciente, en 2012 inaugurando la temporada lírica del Municipal con Carmen-, no es de extrañar que funcionara tan bien y que a pesar del endeble argumento, consiguiera brillar y emocionar con buenos elementos visuales. 

Una vez más, el talento teatral de Sagi se vio amplificado gracias al aporte fundamental de sus colaboradores habituales: tanto el estupendo marco de la escenografía de Daniel Bianco como el vestuario de Pepa Ojanguren y la atmosférica y sutil iluminación de Eduardo Bravo, supieron reflejar los sentimientos y situaciones que llevó a la música Bellini. La producción recordó en más de un aspecto a la de otro emblemático título belcantista abordado por Sagi en el Municipal, su elogiada Lucia di Lammermoor de 2005, pero de todos modos se lució de manera autónoma; la predominancia del blanco y el negro la hizo aún más sugerente y permitió destacar los momentos en que la luz se hacía presente e imponía en medio de la oscuridad cromática, así como logró ser aún más inspirada y efectiva en el uso de los elementos escénicos y del espacio, como la arena que cubría el suelo, o las 28 lámparas que permitieron momentos de gran belleza e impacto visual, en especial cuando se multiplicaban gracias al reflejo de la escenografía. En una ópera que suele ser muy estática e incluso monótona, Sagi se preocupó además de acentuar oportunamente los movimientos de los solistas y el coro, lo que ayudó a hacer mucho más fluida la producción a nivel escénico. 

En lo musical, en su debut en Chile el director de orquesta español José Miguel Pérez-Sierra demostró al frente de la Filarmónica de Santiago una gran afinidad con el estilo belcantista, así como sensibilidad y atención a los detalles, y un factor indispensable en una obra como Puritani: preocupación por los cantantes, por apoyarlos en todo momento desde el foso de la orquesta; Pérez-Sierra destacó tanto en los momentos más líricos y emotivos como en los excitantes sones marciales de números como el vibrante dúo "Suoni la tromba". 

La figura más aplaudida y elogiada de estas funciones fue la soprano bielorrusa Nadine Koutcher, quien en su debut en Chile fue superando progresivamente y con sorprendente habilidad todos los escollos del difícil personaje de Elvira, que une a las exigencias vocales de una típica heroína belcantista (agudos, sobreagudos, coloratura), la complicación teatral de tener que emocionar y convencer al público con sus caídas y recaídas en la locura; la cantante logró conmover con su canto y su despliegue escénico, que hizo creíble tanto el candor y ternura de la joven novia, como el dolor y tristeza que la sumergen en la locura al final del primer acto, así como la evocadora melancolía de su escena en el segundo acto. Una excelente cantante que brindó momentos memorables, y quien además supo complementarse muy bien con el tenor, algo fundamental en una ópera como esta, en especial en el peliagudo dúo del último acto, "Vieni fra queste braccia". 

Aunque sólo aparece en dos de las cinco escenas que comprenden los tres actos de la obra, el rol de Arturo Talbo es indudablemente uno de los más demandantes del repertorio de tenor, tanto por los arduos agudos que incluye desde el inicio hasta el fin, como por el estilo mismo de canto, que deja muy expuesta la voz y hace que cualquier problema o detalle resalte aún más en una función en vivo, lo que a menudo hace que su interpretación se traduzca en una permanente tensión, tanto para el intérprete como para el público. Afortunadamente, en el Municipal se contó con el debut en Latinoamérica del georgiano Shalva Mukeria, poseedor de una voz cuyo timbre y color puede no gustar a todos por igual  -aunque nos pareció que por momentos recuerda a grandes colegas belcantistas del pasado, como Tito Schipa-, pero exhibió un canto aguerrido, sensible y resuelto, y supo abordar las notas altas con eficacia e inteligencia, sin denotar un esfuerzo excesivo, además de conformar en lo teatral un personaje romántico y decidido. 

Por su parte, el bajo ruso Sergey Artamonov, quien ya había cantado antes en el Municipal en Aida (2011) y Don Giovanni (2012), realizó la que sin duda ha sido hasta ahora su mejor actuación en ese escenario, como un estupendo Sir Giorgio Valton, muy bien cantado con una potente voz que se notó cómoda en todo el registro, y una actuación sobria que ayudó a reflejar la calidez casi paternal que marca su relación con su sobrina Elvira, aunque se lo veía demasiado juvenil y pudo haber sido caracterizado más maduro. 

Lástima que completando el cuarteto protagónico, el joven barítono chino ZhengZhong Zhou no estuvo al mismo nivel de sus tres colegas y no pudo sacar todo el partido esperable de uno de los roles más hermosos escritos para su cuerda en el repertorio belcantista, Sir Riccardo Forth; el cantante asiático tiene un material vocal interesante y bien timbrado, pero de reducido volumen e insuficiente proyección, por lo que su bella escena solista en el primer acto no tuvo el impacto requerido, aunque en lo escénico al menos reflejó la melancolía del personaje. 

La mezzosoprano chilena Evelyn Ramírez supo aprovechar bien las oportunidades teatrales que tiene el breve rol de la reina Enriqueta de Francia, quien en esta oportunidad, en vez de pasar desapercibida como una prisionera secreta, estaba llamativamente vestida con un traje y una peluca colorina que la hacían más parecida a la legendaria Isabel I de Inglaterra. El barítono chileno Pablo Castillo estuvo correcto en su breve participación como el padre de la protagonista, Lord Gualtiero Valton, mientras el tenor chileno Exequiel Sánchez fue un Sir Bruno Robertson bien cantado, pero algo sobreactuado y exagerado en sus gestos y movimientos. 

Además de las representaciones del Elenco Internacional, también se ofrecieron dos funciones de esta ópera con el llamado Elenco Estelar, con la Filarmónica de Santiago dirigida por el maestro chileno Pedro-Pablo Prudencio, quien logró muy buenos resultados musicales gracias a una lectura clara y precisa y al igual que su colega del elenco internacional, siempre fue un gran apoyo para los cantantes. También hay que destacar que como de costumbre ambos repartos contaron con una acertada labor del Coro del Teatro Municipal, que dirige Jorge Klastornik.  

Los aplausos más entusiastas del segundo elenco también fueron para la protagonista, en este caso la soprano argentina Natalia Lemercier, quien ya se había presentado por partida doble en el Teatro Municipal en 2012, protagonizando la ópera Lucrezia Borgia, de Donizetti, y como Doña Ana en Don Giovanni, de Mozart, en los elencos estelares de ambos títulos. Era la primera vez en su carrera que interpretaba el rol de Elvira, y su desempeño fue muy sólido; un par de ocasionales desajustes en algunas notas no empañaron un trabajo muy atractivo y lleno de sensibilidad tanto en lo vocal como en lo actoral, en el que abordó con entrega las notas más agudas y las agilidades e incluyó oportunamente algunas variaciones en ciertos fragmentos, pero también supo conmover con la tristeza y locura del personaje. 

Por su parte, encarnando a Arturo, regresó al Municipal el tenor ruso Anton Rositskiy, quien el año pasado dejara una buena impresión como Nemorino en el elenco estelar de El elixir de amor, de Donizetti. Rositskiy tiene un material vocal que puede adaptarse muy bien a esta obra, y mostró un indudable arrojo al abordar los agudos más temibles (algunos mejor resueltos que otros), incluso permitiéndose incorporar aquellas notas altas que no todos sus colegas intentan. Un par de pequeños percances vocales en el estreno no fueron obstáculo para completar una buena entrega por parte del tenor, a lo que se puede agregar una creíble presencia física y que se complementó muy bien con Lemercier (juntos, ambos se lucieron particularmente en un estupendo "Vieni fra queste braccia").

Desplegando su habitual solidez vocal y desplante escénico, el bajo-barítono cubano-chileno Homero Pérez-Miranda fue un noble y cálido Sir Giorgio Valton, mientras el experimentado barítono argentino Luis Gaeta debió adaptar al personaje de Sir Riccardo Forth sus actuales medios vocales, más adecuados para roles maduros de Verdi que para un personaje belcantista más juvenil y romántico; Gaeta tiene indudable oficio y es un cantante inteligente, además de una voz con mayor volumen y proyección que el intérprete de este papel en el elenco internacional, pero de todos modos no pudo lucirse por completo.  La mezzosoprano argentina Miriam Caparotta interpretó a la reina Enriqueta, el mismo rol que cantara en el elenco principal la última vez que se dio esta ópera en el Teatro Municipal, en 1993, por lo que no deja de ser meritorio que más de dos décadas después, tuviera un buen desempeño en este personaje. Muy bien también el barítono Carlos Guzmán y el tenor Rony Ancavil como Lord Gualtiero Valton y Sir Burno Robertson, respectivamente.