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Saturday, August 2, 2025

Carousel en Boston

Fotos: Nile Scott Studios

Lloyd Schwartz

Hace ochenta años, “Carousel”, la segunda, y quizás la colaboración más entrañable entre Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, realizó sus últimas pruebas pre-Broadway en el Colonial Theatre de Boston. Por supuesto que el espectáculo ha sido revivido incontables veces desde entonces, pero gracias a la Boston Lyric Opera, finalmente ha vuelto al teatro Colonial. La producción parecía muy prometedora en papel, especialmente con la dirección escénica de Anne Bogart, cuyas dos recientes producciones en BLO incluían un atmosférico “Castillo de Barbazul” de Bartók y una versión extraordinariamente poderosa e imaginativa de “The Handmaid’s Tale” de Poul Ruders en un gimnasio de baloncesto de Harvard. Pero para una audiencia contemporánea, “Carousel” podría en realidad presentar mayores desafíos que “The Handmaid’s Tale”, y la nueva producción de Bogart no tuvo un éxito absoluto. Basada en la obra de teatro de 1909 "Liliom" del dramaturgo húngaro Ferenc Molnár, "Carousel" es la historia de amor entre la inocente trabajadora de un molino de Maine, Julie Jordan, y Billy Bigelow, un carismático pregonero de feria. Su admirable sentido de independencia hace que ambos sean despedidos de sus trabajos, y aunque se aman y se casan, la pobreza mina su felicidad, y en una discusión, él la golpea. Después de que Julie se embaraza, Billy se deja convencer por un amigo sórdido de realizar un robo a mano armada, y cuando el robo sale mal, Billy se suicida. Después, en un sorprendente giro sobrenatural, Billy vuelve a la Tierra 15 años después para consolar a su infeliz hija. Cuando ella rechaza su regalo (¡una estrella!), él también la golpea. Pero es perdonado de nuevo. ¡Tenía curiosidad por ver cómo una feminista moderna como Bogart abordaría el tema de la violencia doméstica, al igual que me preguntaba cómo manejarían los intérpretes los cursis acentos del Down East de Hammerstein como “The vittles we et were good, you bet!” ("¡Seguro que la comida estaba buena!"). Ambas preguntas, quizás para bien, siguen estando sin respuesta. Pero esta producción planteó otras preguntas que no se me habían ocurrido. El escenario sin cortinas se parecía más a "Sweeney Todd" que a "Carousel." El sombrío, gris aspecto del parque de atracciones abandonado y de tipo industrial de Sara Brown, con pasarelas curvas e inseguras, se alzaban tras una valla de malla metálica con guardias armados al frente del escenario. Realmente no es el carnaval festivo que se esperaba, y los trajes de Haydee Zelideth parecían una inquietante mezcla de vestimenta de carnaval (la amiga de Julie, Carrie Pipperidge, llevaba un gastado tutú rosa y botas plateadas) y alguna versión de punk contemporáneo (los pantalones cortos de mezclilla de Julie).  Fue extraño no ver cambios de vestuario a lo largo de los 15 años de la historia. Después leí la nota del programa de Bogart sobre el desafío de dirigir una "obra repetitiva". Su objetivo, escribe, "es aprovechar el poder de la original sin alterar su contenido" y sin embargo, continuó, "en mi versión de 'Carousel', un grupo de refugiados llega desde muy lejos para representar la obra, buscando obtener acceso y aceptación". Supongo que debí haber leído la nota primero, ya que explica la misteriosa aparición de alguien leyendo un libro (¿el guion?) que  instrucciones a los actores. Pero ¿qué más allá de confusión añade a la comprensión del espectáculo? "Carousel" fue un éxito en 1945, aunque no alcanzó el fenómeno de su predecesora, la que, en su mayor parte, es más alegre y divertida "Oklahoma!". Los papeles principales fueron interpretados por dos recién llegados a Broadway: el legendario John Raitt (padre de Bonnie Raitt) y Jan Clayton, quizás más conocida hoy como la madre en la serie de televisión "Lassie". Pero quizás junto con "South Pacific", de 1949, esta es sin duda la mejor partitura completa de Rodgers. Comienza con el vibrante "Carousel Waltz", su única obertura que es una composición independiente, no la habitual colección de melodías del resto del espectáculo. Y termina con la muy familiar "You'll Never Walk Alone", la canción con aires de himno que incluye la primera referencia de Hammerstein a la alondra (“the sweet silver song of a lark”  ("el dulce canto plateado de una alondra"), anticipando su pegajosa y sentimental “lark who is learning to pray” (alondra que está aprendiendo a rezar) en "The Sound of Music", su último espectáculo con Rodgers. La canción más cautivadora y hermosa del espectáculo es el dueto de amor más original y conmovedor de R&H, "If I Loved You", la inusual canción de amor que parece hablar de no enamorarse (aunque, por supuesto, lo es). Existe un fragmento sublime de este dueto con Raitt y Clayton de un homenaje televisivo de 1954 a Rodgers y Hammerstein:  https://youtu.be/BYRQHMd1dn0 Uno de los grandes errores de Bogart es que, al poner en escena este íntimo dueto, el “concepto” no le permitió  dejar a los amantes solos, sino que los rodeó con otros personajes que escuchaban. Cuando Julie le canta a Billy sobre los pétalos que caen suavemente de los árboles, los actores sentados detrás de ella lanzaban puñados de pétalos. ¡Un truco teatral! En la recreación televisiva del original, Billy mismo recoge los pétalos caídos, que hace que a uno se le rompa el corazón. La partitura de Rodgers abarca números musicales tan memorables como el alegre "June Is Bustin' Out All Over" y el asombroso "Soliloquy (My boy Bill)" de Billy, de 8 minutos de duración, lo más cercano que Broadway ha estado a una versión musical de "To be or not to be". Y qué alegría fue escuchar canciones menos conocidas como la tierna: "When the Children Are Asleep" y la conmovedora "What's the Use of Won'drin'?" El director de orquesta David Angus y la magnífica orquesta hicieron más que justicia a la mayor parte de la música, aunque desearía que el “Carousel Waltz” (Vals del Carrusel) de apertura hubiera tenido un poco más de energía. Una de las mejores ideas de Bogart (o del coreógrafo Shura Baryshnikov) nació de lo que parecía ser una de las peores: ¡la completa ausencia de un carrusel! Pero durante el vals de apertura, los intérpretes, colocando postes en la desnuda plataforma central, se convirtieron en los ponys del carrusel. El elenco también estuvo en su mayoría sólido, especialmente la estrella del Metropolitan Opera, la mezzosoprano Jamie Barton, quien mostró una voz gloriosa como Nettie Fowler, la prima de gran corazón de Julie, quien le exprimió cada gramo de humor a “June Is Bustin’ Out All Over” y a “This Was a Real Nice Clambake”, y nos hizo escuchar “You’ll Never Walk Alone”. Lástima que fuera obligada a usar un vestido estrafalario con volantes que fue uno de los verdaderos horrores de la producción. Como Carrie, la soprano de voz brillante Anya Matanovič cantó sus canciones con perfecto entusiasmo en la afinación. A pesar de estar atrapada en ese tutú desgastado, pareció disfrutar sus momentos en el escenario. “(When I Marry) Mister Snow” es uno de los puntos más altos del espectáculo, junto con su dúo con el tenor Omar Najmi como su serio pero entrañable pescador.  El barítono Markel Reed hizo un villano animado y simpático como el amigo tramposo de Billy, Jigger Craigin. Su escena de seducción con Matanovič fue otro punto alto de comicidad. En su papel hablado, la mezzosoprano Sarah Heltzel estuvo excelente de una manera exagerada como la propietaria de la rueda de la fortuna, a quien también le gustaría ser la propietaria de Billy; y en otro papel sin canto, Lee Pelton, ex presidente del Emerson College y CEO de la Boston Foundation, hizo un entrañable Starkeeper (guardián de estrellas), el espíritu celestial que permite al difunto Billy regresar a la tierra para ver a su hija. Louise, la hija de Julie y Billy, fue otro papel sin cantar. La Louise original, que bailaba el legendario ballet coreografiado por Agnes DeMille, fue la exquisita bailarina Bambi Linn. Ella se convirtió en una estrella en los inicios de la televisión. Para la Boston Lyric Opera, la bailarina, cantante y actriz Abigail Marie Curran causó una fuerte pero incierta impresión. Sus embestidas y saltos me parecieron exagerados. Debería haber sido responsabilidad del coreógrafo controlarla mejor, a menos que le estuviera dando a Baryshnikov exactamente lo que quería. Al final quedan los dos protagonistas. La soprano Brandie Sutton  quien le dio a Julie una especie de dureza contemporánea que combinaba con sus shorts vaqueros. Esa dureza también, paradójicamente, acentuó su vulnerabilidad. Su voz resonó con gran expresividad. Me hubiera gustado escucharla (y a todos los demás) sin la amplificación, de la que estoy seguro que el elenco original prescindió en el Colonial en 1943. El barítono Edward Nelson, quien interpretó a Billy Bigelow, parece ser una joven estrella en ascenso, pero lamento decir que fue la mayor decepción de esta producción. Fue el cantante más afectado por la amplificación, que enfatizó la ronquera de su desempeño vocal y probablemente contribuyó a la carencia de matices en su fraseo. Billy es uno de los grandes logros de Rodgers y Hammerstein. Es un personaje que canta lo que piensa, a medida que sus pensamientos evolucionan. En "If I Loved you", al igual que Julie, Billy está en el proceso de imaginar su futuro, descubriendo cómo sería enamorarse mientras, de hecho, se está enamorando. Ánd somehow I can see, (Y de alguna manera puedo ver) cantó “Just exactly how I’d be (exactamente cómo sería yo). Ahí estaba  cantando su autodescubrimiento. Justo como en "Soliloquy" donde se imagina el futuro de su hijo no nacido, del que piensa que podría llamarse Bill. De repente se da cuenta, con sentimientos conflictivos, de que este hijo imaginario podría ser una hija; y ese descubrimiento abre nuevas ventanas de imaginación. El verdadero y profundo autodescubrimiento es lo que hace que sus canciones sean tan emocionantes. Billy no se da cuenta de la profundidad de su propia imaginación poética: “You can't hear a sound, not the turn of a leaf Nor the fall of a wave hittin' the sand. The tide's creepin’ up on the beach like a thief Afraid to be caught stealin’ the land.” (No se oye ningún sonido, ni el paso de una hoja ni el golpe de una ola en la arena. La marea sube sigilosamente por la playa como un ladrón con miedo de que lo atrapen robando la tierra.”). El público vitoreó a Nelson después del “Soliloquy” y al final fue el que recibió los mayores aplausos. Pero en ninguno de sus números más importantes escuché  esa calidad de descubrimiento o poesía: la desesperada necesidad subyacente de Billy de aprender quién es y qué es, la necesidad que hace que este personaje sea tan conmovedor, es precisamente la cualidad que nos permite entender cómo una cachetada podría sentirse como un beso.  Mas adelante en la obra, Nelson me pareció más convincente, tras la muerte de Billy, especialmente en su exigencia de ser juzgado por "El Juez Supremo de Todos". La iluminación de Brian H. Scott fue particularmente efectiva aquí, incluyendo el repentino uso de las luces de la sala cuando Billy baja por un pasillo del teatro camino al cielo. Pero ¿por qué Bogart lo hizo cantar prácticamente toda la segunda mitad de la canción a fuera del escenario? Con esa memorable partitura y buenos cantantes, “Carousel” sigue siendo un espectáculo poderoso. No estoy seguro, como dice Julie, de que incluso un “purista” o stickler (Hammerstein lo rima con “partic'lar”) de escenografías tradicionales, y de puesta fiel le hubiera importado un poco de frescura inventiva. Pero es muy frustrante cuando la producción se interpone en lo que es lo más central en el espectáculo. Si, como yo, el lector es alguien que ama “Carousel”, entonces casi cualquier producción vale la pena ser vista. Y si se trata de alguien no la conoce, esta producción sigue siendo digna de ver —o al menos de escuchar— aunque parte de ella puede dejar dudas en la cabeza.




Sunday, September 2, 2018

La ópera de los tres centavos en Boston



Foto: Liza Voll

Lloyd Schwartz

“La ópera de los tres centavos” que fue la sensación en la temporada teatral berlinesa de 1928, sirvió para consolidar las carreras del compositor Kurt Weill y del poeta Bertolt Brecht. Este irresistible, musical y amargamente satírico drama musical fue una actualización de Beggar’s Opera de John Gay compuesta de 1727. La nueva producción de la Boston Lyric Opera tuvo un elenco sólido, y el montaje fue del director angelino James Darrah. Todo comenzó favorablemente, en una inquietante y nebulosa escena con misteriosas figuras como estatuas. El cantante callejero, el barítono Daniel Belcher, caminaba en círculos cantando el famoso “Moritat” sobre los crímenes de Mack the Knife, Gran parte del canto fue bueno, especialmente el de Kelly Kaduce, quien se veía atrapada en la concepción de Darrah, cuya Polly aquí no se vio tan ingenua e inocente. Los diálogos hablados afearon su voz con un irreconocible y rancio acento de clase baja. La soprano Chelsea Basler tuvo igual que Kaduce, una mano pesada como Lucy, y Daniel Belcher exageró su excesivo apego por Macheath, en el papel de Tiger Brown.  La ópera se desarrolla con una característica combinación de maldad y sentimiento, pero el griterío, los chillidos, las carcajadas, y la innecesaria bufonería no fueron alegres o divertidas si no que resultaron ser fastidiosas. Solo los barítonos Christopher Burchett y James Maddalena no cayeron en la incesante exageración. Maddalena fue Peachum, que sin humor y gris moralina sobresalió.  Burchett mostró una resonante voz que se fue disminuyendo. Macheath es el centro de la atención, y requiere destilar carisma, sexualidad y peligro, pero en vez de atraer atención Burchett resultó indescifrable y sin química con Polly, Lucy o Jenny, la prostituta que no puede dejar, aunque arriesgue vida (que fue cantado por la mezzosoprano Renée Tatum de enorme voz). Una continua debilidad de la producción fue la parte musical. Fue grato identificar todos los instrumentos que Weill requiere – saxofones, banyo, guitarra hawaiana, acordeón, piano y teclado electrónico, sustituyendo al armonio- Weill prescindió de violines; pero el director David Angus nunca se comprometió completamente al vasto espectro de los estilos musicales de Weill, y si bien todo transcurrió con normalidad, los sonidos fueron básicamente planos.  Aunque la escena se sitúa en Londres, alrededor del periodo de la coronación de la reina Victoria, las abstractas y oscuras escenografías de Julia Noulin-Mérat y los vestuarios de Charles Neumann, no tuvieron identificación con un cierto lugar o tiempo, lo que fue una oportunidad perdida. En esta función fue difícil escuchar las palabras, porque la pequeña orquesta ahogaba a los cantantes y por la mala dicción en el intento de cantar en inglés. El director de escena quería que él publicó se concentrara en lo que sucedía en la escena, y no quiso distraer con ‘super títulos’ Me alegro de que la compañía no haya amplificado las voces, pero ¿Qué sentido tiene concentrase en la escena cuando es imposible entender lo que se dice? Muy poco en esta revolucionaria obra logró causar impacto.



Thursday, June 30, 2011

A Midsummer Night's Dream de Britten en Boston


Foto: Erik Jacobs / Boston Lyric Opera 2011

Lloyd Schwarz


La compañía Boston Lyric Opera presentó la opera de Britten A Midsummer Night's Dream, una adaptación de la obra de Shakespeare.  Se requiere valor para escenificar una opera del siglo 20 en esta ciudad dada la inclinación conservadora del publico, pero esta opera debería ser infalible por su encantadora partitura, brillante sonido, irresistible historia de amantes dispares, así como las escenas de farsas que pretenden hacer de la historia una tragedia. Las fortalezas de esta puesta en escena fueron su joven y atractivo elenco, la habilidosa interpretación orquestal, y algunos diseños escénicos con imaginación, ya que su la debilidad fueron las escenografias de John Conklin.  El director de escena Tazewell Thompson no supo encontrar el tono de esta obra ya que pudiera ser que se resiste a lo cómico o simplemente no lo capta.  Por ejemplo, durante el brillante cuarteto del tercer acto, del despertar de los amantes ("And I have found Demetrius like a jewel./Mine own and not mine own"), los personajes parecían confundidos y se movían sin sentido. Un problema mayor fue el ritmo letárgico que impuso David Angus, el nuevo director musical de la compañía.  Su conducción careció de pulso, con secciones lentas, y poco sentido de dirección ya que la música de Britten debe ser siempre activa, vigorizante y picante, y aun cuando es lenta debe moverse.  En esta función fue difícil mantenerse despierto. Los cantantes mostraron voces uniformes, pero su dicción inglesa fue un problema.  La soprano Susanna Phillips, fue una determinada y poco querida Helena, y la mezzosoprano Heather Johnson una conmovedora Hermia.  Por su parte el tenor Chad A. Johnson y el barítono Matthew Worth cantaron el papel de los enamorados con voces ligeras. El barítono inglés Andrew Shore fue un cautivador Bottom. El coro de niños fue especialmente dulce en la exquisita canción de cuna de Britten, pero también tuvieron problemas para ser escuchados.  El contratenor John Gaston hizo un convincente Oberon, y en el caso de la soprano Nadine Sierra no fue asi  como Tytania. Su príncipe, el bajo barítono Darren. K. Stokes fue un imponente Theseus. En el importante papel hablado de Puck, Karim Sulayman pareció ser demasiado grande y tosco para interpretar a una creatura del bosque.  

Tuesday, July 27, 2010

Glimmerglass Opera, Festival 2010 en Cooperstown Nueva York.

Fotos: Karli Cadel(Tosca, Bodas de Figaro), Claire McAdams (The Tender Land, Tolome), Peyton Lea (Alice Busch Opera Theater)- Glimmerglass Opera

Glimmerglass Opera
Tolomeo, Las Bodas de Figaro, The Tender Land, Tosca
Glimmerglass Opera Festival
Alice Busch Opera Theatre Cooperstown, NY

Paula Citron

El Festival de Opera de Glimmerglass 2010 fue una temporada de prueba y error. La representación de Tolomeo y Tosca fueron un éxito, pero tanto Bodas de Fígaro como The Tender Land resultaron ser tediosas. Sin embargo, la culpa no fue de los cantantes que se mostraron uniformemente salidos. Glimmerglass presume ser un teatro de producciones nuevas, pero ¿Cómo se logra eso durante una recesión? Como medida para ahorrar fondos, se le encargó al diseñador Donald Eastman la tarea de crear cuatro puestas escénicas de producciones anteriores. Su “canibalismo” (o “re propuestas” un eufemismo utilizado en el programa de mano, resultó ser muy bueno, con una sola falla.
Tolomeo de Handel

Esta opera es típica de Handel, con una trama que intenta reunir a tres enamorados, y con tres sensacionales prestaciones como la de la soprano mezzosoprano canadiense Julie Boulianne en el papel de Elisa, la del contratenor estadounidense Anthony Roth Constanzo como Tolomeo y de la soprano estadounidense Joélle Harvey como Seleuce. Los tres navegaron por sus arias da capo de manera brillante. La soprano de Quebec, Boulianne puede actuar y cantar al mismo tiempo. Su hermosa voz tiene cuerpo y un sonido brillante, que emocionó en su registro bajo y cantó con segura coloratura. Puede cantar con fuerza y a la vez con dulzura. Francamente las opera de Handel, tal y como fueron creadas, como una secuencia de arias solistas, pueden parecer interminables y de poco interés escénico. El director escénico Chas Rader-Shieber puso su atención sobre la escena, pero de las maneras mas extrañas, como tratar cada aria como si fuera ella sola una producción. Por ejemplo, la arias de Tolomeo que se refieren a las aguas las hace mirando a través de un estanque con peces o el aria de Seleuce sobre las brisas de aire, la cantó rodeada de ventiladores eléctricos. Hubieron tantas elecciones raras de dirección escénica en esta producción, que cuando se encendieron las luces del teatro al final del segundo acto, parecieron ser parte del espectáculo- y que Constanzo solo sobre el escenario en ese momento debía dirigirse al publico, cuando en realidad las luces se encendieron para dar auxilio medico a una persona en el teatro.
La otra idea genial de Rader-Shieber fue la inclusión de tres criados quienes se movían alrededor del escenario cambiando de lugar elementos de la escenografía, y que a la vez funcionaban como un coro griego por como reaccionaban ante cada personaje, o cuando se quitabansus pelucas como fuera necesario. Los vestuarios de Andrea Hood correspondieron a diferentes épocas y siglos para cada personaje. Tolomeo vistió jeans y un abrigo del siglo dieciocho, y Elisa un vestido negro très chic en tulle. Aunque la opera fue excéntrica en dirección y diseño, absurda en simbolismo y metáforas, fue conducida de muy buena manera por Christian Curnyn.
Las Bodas de Fígaro de Mozart

Esta lánguida producción no es lo que requiere un público que esta cansado de esta obra. De hecho pareció ser un Fígaro más. La palabra utilizada para describir esta producción seria gris, tanto en las escenografías, como en los vestuarios, incluso en la dirección de David Angus, director musical de Glimmerglass. La idea del diseñador Donald Eastman de un palacio dilapidado y despintado es que el Conde Almaviva es de un mal marido que descuida su hogar. Esto no correspondió, ya que el Conde es designado como embajador de España en Londres.
El director canadiense Leon Major, dirigió la opera con habilidad y como si fuera una obra de teatro, que en ese caso hubiera funcionado mejor sin la orquesta. Su trabajo escénico incluyó muchos detalles alegres como una simpática lucha entre Fígaro y Susanna. Mayor astutamente utilizó al personaje de Don Basilio como un mirón. También les permitió a sus personajes cantar solos sobre el escenario con sus demonios. Sin embargo, el lento tratamiento musical de Angus saboteó el canto y la dirección escénica. Una orquesta poco interesante con una mala producción y aburridos vestuarios, hizo todo, en una palabra, aburrido. Patrick Carfizzi (Figaro), Lyubov Petrova (Susanna), Caitlin Lynch (Countess), Mark Schnaible (Count) y Aurhelia Varak (Cherubino) hicieron lo suyo para levantar la opera de su estancamiento musical con pocos resultados.

"The Tender Land” de Aaron Copland

Lo que funciona en un ballet no necesariamente funciona en la opera. Tomando como ejemplo a Aaron Copland. Sus brillantes partituras para los ballets “Rodeo” y “Appalachian Spring” son piezas clásicas de música. Su opera de 1953, The Tender Land, llena de sonidos rurales – o de autentica voz musical americana- es tediosa excepto en el bailable del segundo acto. La opera esta inspirada en el libro “Let Us Now Praise Famous Men” de 1941 con fotografías de Walker Evans de granjas sureñas en la época de la depresión y con texto de James Agee, pero ni la belleza, ni la majestuosidad o el dolor de ese libro se ven reflejados en la opera. El poco interesante libreto de Horace Everett no posee un arco dramático. La estudiante y chica de granja Laurie Moss, se siente inquieta, se enamora de un vagabundo y se marcha con el. La opera fue concebida para voces jóvenes y los artistas del programa de jóvenes cantantes americanos de Glimmerglass hicieron muy buen trabajo, bajo la guía del director, y antiguo director musical de este teatro, Stewart Robertson. Por su parte Tazewell Thompson hizo una dirección de buen gusto. El tenor Chris Lysack interpretó al cartero Mr. Splinter, y es un cantante a tener en cuenta. Lysack mostró una voz clara y maravillosa dicción. Con tal pureza y facilidad en su tesitura alta ¿estaremos frente a un futuro heldentenor wagneriano? Su biografía muestra que participará durante dos años con la Opera Estatal de Hamburgo, así que el tiempo lo dirá, y además posee un doctorado en literatura francesa.
Tosca de Puccini

Esta producción fue la gran vencedora de Glimmerglass. El director Ned Carty le dio a este caballo de batalla entusiasmo y frescura. Trabajo en las emociones lo más que pudo, sin ser caer nunca en lo melodramático. Situar la acción en la época post primera guerra mundial, funciona si uno se imagina la ascensión de Mussolini, el fascismo y el estado policiaco. Como ejemplo, para los que están acostumbrados al opulento aposento del villano Scarpia en el segundo acto, la idea de Canty fue una sorpresa. Las cortinas se abrieron en una comandancia de policía con escritorios, teléfonos, focos de luz colgantes y viejas maquinas de escribir. Hombres armados entraban y salían de la escena, y Tosca en un hermoso vestido blanco, se veía completamente fuera de lugar. La producción incluyó un trió de carismáticos cantantes estadounidenses. La soprano Lise Lindstrom como Tosca mostró una poderosa voz que se elevó hasta otra estratosfera. Hubo brillantez ahí – no aguda pero si emocionante. Su Cavaradossi fue el tenor Adam Diegel, de buena presencia, y con el que hizo una buena pareja. Diegel es temerario, yendo hacia lo suyo de manera acelerada. Se debe recordar el nombre del barítono Lester Lynch, quien interpretó a Scarpia como el matón que verdaderamente es. Este cantante puede cantar una tormenta, con su autoritario y robusto sonido, con el que además acarició sus notas. Claramente parece ser un cantante apto para el repertorio de Puccini y de Verdi. El director David Angus se dio el gusto de dirigir con lentitud las partes mas tranquilas, y de aumentar la tensión en las partes dramáticas. En otras palabras, no puede equivocarse con la música de Puccini, en donde todo esta dado para el.