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Tuesday, June 3, 2025

Rigoletto en Trieste, Italia

Foto: Teatro Verdi di Trieste

Rosanna Poletti

Fue un Rigoletto como no se veía desde hace años, el que se presentó en el escenario del Teatro Lírico Giuseppe Verdi de Trieste. Un elenco excepcional animó el escenario del debut. Daniel Oren dirigió la Orquesta del Verdi con extraordinaria maestría, atento a todos los matices de la espléndida música del compositor de Busseto, infundiendo a los músicos una constante atención al desarrollo de la escena. Se podía sentir desde la platea el esfuerzo, incluso físico, que el director hacía al dirigir la ópera de un Giuseppe Verdi llegado a la madurez expresiva. El protagonista, Amartuvshin Enkbath, barítono mongol, encendió la platea del teatro con su ejemplar interpretación del jorobado verdiano. Una voz así no se escuchaba desde hacía tiempo en Trieste. El público le suplicó varias veces y el cantante accedió a la solicitud de bis con el telón cerrado. Una interpretación plena y completa fue la suya, canora, pero también expresiva, capaz de transmitir todas las emociones que Verdi escribió para para este famoso jorobado. Drama potente y melódico al mismo tiempo, lleno de pasiones, traiciones, amor filial y venganza, enfatiza el acento sobre las tensiones sociales que con la revolución francesa resaltaron los abusos de la aristocracia. No es casualidad que el libreto de Francesco Maria Piave esté basado en el drama de Le Roi s’amuse de Victor Hugo, que destaca la corrupción de la corte y la condición subordinada de las mujeres, incluso la absoluta indiferencia hacia el destino de las mujeres por parte de los poderosos. La obra fue encargada en 1850 por la Fenice de Venecia. El tema tratado creó muchos problemas con la censura austriaca, que gobernaba en ese momento la ciudad de la laguna y que no toleraba la evidente crítica. Por eso el rey se convierte en un duque de una corte mucho más antigua, como ya hacía Shakespeare, que utilizaba reyes del pasado para atacar a sus contemporáneos. El tema dominante de Rigoletto es la maldición y la moraleja que se obtiene es “quien la hace, ¿la paga” porque Rigoletto es un hombre grosero, que desafía a todos con la maldad de sus comentarios, tanto así que que dice «... che coglier mi puote? Di loro non temo. Del Duca il protetto nessun toccherà.» >> (¿qué puede atrapar?.. De ellos no temo. Del protegido del Duque, nadie tocará) La maldición, en cambio, lo alcanzará, golpeándolo en su bien más precioso, su hija Gilda. No tuvo piedad por la hija de Monterone, de hecho, la ridiculizó por el deshonor que había caído sobre el hombre, que luego fue arrestado: «... Tu che d’un padre ridi al dolore, sii maledetto!» (Tú que te ríes del dolor de un padre, ¡seas maldecido!) grita el hombre al bufón, que desde ese momento será perseguido por el pensamiento de la maldición, hasta la muerte de Gilda; y las notas sombrías e inquietantes se intercalarán perenemente en la continuación de la música para recordar que el destino se ensañará con Rigoletto, algo de lo que de alguna manera él ya es consciente y teme por ello. De nada sirvió la advertencia  a la hija de quedarse en casa. Sabe bien lo que su "patrón" podría hacer, sin miramientos ni a él. Gilda es ingenua, llena de impulsos amorosos, esconde al padre el encuentro con el joven que se le ha acercado y que le ha declarado su amor. La chica no sabe que el estudiante pobre que se ha declarado como Gualtier Maldè es en realidad el Duque de Mantua, quien profesa amor a cualquier mujer de la que se encapriche por el tiempo de una noche. Gilda fue la soprano Sabina Puértolas, talentosa cantante española, que después de sus estudios en Pamplona continuó su formación en Italia, precisamente en el ámbito de la ópera verdiana. Con su interpretación, sacó a la luz el personaje de la joven enamorada, angelical en el encuentro con el duque, apasionada hasta la muerte cuando decidirá hacerse asesinar en lugar del poderoso, jurándole amor eterno, más allá de la evidencia de los hechos. Su voz brillante alcanzó picos difíciles, a las que a menudo Verdi obliga a sus sopranos. El Duque de Mantua fue interpretado por el tenor mexicoamericano Galeano Salas, quien se conmueve al saber que la joven fue raptada por la jauría de malhechores que lo rodean. Se pregunta, « E dove ora sarà quell’angiol caro? Colei che potè prima in questo core destar la fiamma di costanti affetti?», (¿Y dónde estará ahora ese ángel querido… Aquella que pudo despertar primero en este corazón la llama de constantes afectos?) pero no la perdonará. Salas expresó  en escena con su voz brillante y clara la frescura del joven que puede lograr todo con la ligereza de su rango. Pero luego en la ópera emerge, también destacada en la representación de una Mantua oscura y peligrosa, la otra cara de la moneda: la humanidad despreciable y condenada. Maddalena y Sparafucile fueron Martina Belli y Carlo Striuli), los dos hermanos que se apoyan en las actividades criminales, viviendo al margen de una ciudad corrupta. La bella Maddalena conquista al duque, que se sirve de sus lujuriosos servicios. Gracias a ella salva su vida, la que Rigoletto quería quitarle para vengarse del agravio a su hija. Una escena oscura en la que Verdi también hace caer la tormenta con los sonidos de los truenos y las luces de los relámpagos, para resaltar mejor la maldición que se cumple. Completaron el elenco los óptimos cantantes Carlotta Vichi (Giovanna), Gabriele Sagona (el Conde de Monterone), Miriam Artiaco (la Condesa de Ceprano), Enzo Peroni (Matteo Borsa), Fabio Previati (Marullo), Dario Giorgelè (el Conde de Ceprano) y para concluir Damiano Locatelli, Giuliano Pelizon, Daniele Cusari (oficiales de la corte). La dirección escénica de Vivien Hewitt no presentó grandes originalidades, salvo la apertura de la obra en la corte del duque con el entretenimiento que se remite a los mitos de Apuleio y Homero, exaltados por Giulio Romano, pintor de los Gonzaga, en tiempos de Federico II.


Monday, August 16, 2021

Rigoletto en Tarragona, Cataluña España

Foto: Festival d'Estiu 2021

Ramón Jacques

La ciudad portuaria de Tarragona, en la región de Cataluña, recuperó su Festival d’Estiu; la cita veraniega en la que se ofrecen diversos espectáculos y eventos culturales, y que en esta ocasión por iniciativa de su Ayuntamiento y aprovechando la diversidad de artistas locales vinculados al arte lirico, se decidió inaugurar esta edición 2021 con la ópera Rigoletto de Verdi, con la peculiaridad de que se trató de la  primera producción operística completamente concebida y realizada en este histórico enclave medieval y romano que aún conserva muchas ruinas antiguas cargadas de historia y en una ubicación ideal frente al mar Mediterráneo. La función se realizó en el Auditori del Camp de Mart, un auditorio al aire libre, funcional, pero sobre todo con buena acústica para la proyección de las voces, de los coros y de la orquesta. Teniendo como fondo la antigua muralla romana que rodea el casco antiguo de la ciudad, se pudo presenciar un espectáculo visualmente atractivo.  La dirección escénica de Montse Colomé situó la trama en una época moderna, pero con apegó a lo que describe la trama, y algunas ocurrencias dignas de mencionar como la llegada del Duque de Mantua en su automóvil, por un camino situado en la parte superior entre el fondo del escenario abierto que colinda con la muralla. La escenografía concebida por el diseñador Llorenç Corbella, que consistió en una estructura rectangular metálica que giraba sobre el escenario mostrando diversos ambientes en cada escena: como el salón de una mansión en el primer acto, o la casa de Rigoletto en la parte superior, fue ingeniosa y sobre todo sirvió para dar fluidez y continuidad a la función. Un buen complemento a este marco fue la brillante iluminación de Josep Pijuan, así como los brillantes vestuarios de Meritxell Muñoz.  El coro de la opera de Tarragona bajo la dirección de Xavier Pastrana mostró cohesión y se mostró muy activo en sus intervenciones actorales.  Por su parte, la orquesta de la ópera de Tarragona dejo una grata impresión, con momentos de brillantez musicales, uniformidad en sus cuerdas y emocionante musicalidad en sus metales, todo ello gracias a la presencia del maestro Oliver Díaz, quien supo conducir con mano segura, control y sapiencia que lo han posicionado como uno de los directores españoles mas interesantes de la actualidad. El elenco vocal fue sin duda una de las fortalezas de la velada, comenzando con la presencia en el papel Rigoletto del barítono tarraconense Àngel Òdena un cantante de una larga trayectoria y experiencia, que supo plasmar a su caracterización del jorobado y acomplejado personaje, dotándolo de credibilidad escénica y un grato color baritonal adecuado para este tipo de papeles por su cuerpo, grato timbre y fraseo. Por su parte, la soprano Sabina Puértolas, otra cantante de largo recorrido internacional, personificó una delicada y fina Gilda, que se regodeó en los pasajes vocalmente más virtuosos de su partitura, haciendo gala de su radiante voz, que es dúctil, colorida y consistente en los agudos. El tenor Antonio Gandía, dio vida a un malévolo y malicioso Duque con un canto seguro; y la mezzosoprano Laura Vila desplegó una voz profunda y oscura, personificando una seductora y sensual Maddalena. El resto del elenco cumplió de manera satisfactoria en cada una de sus intervenciones, con una mención especial para el bajo-barítono Manuel Fuentes como Sparafucile, para el Monterone del barítono Carles Daza. Debido al éxito que generó este espectáculo lirico, por los pasillos de este recinto se habló extraoficialmente de la realización de futuros títulos operísticos, uno de los cuales podría ser Tosca.

Monday, October 14, 2019

Rodelinda en el Teatro Municipal de Santiago, Chile

Fotos:  Marcela González Guillén

Joel Poblete

Para muchos estaba entre lo más esperado del 2019 en el Municipal de Santiago, y no sólo no defraudó y fue muy aplaudido por el público en cada función, sino además ha sido elogiado por los críticos como uno de los mejores espectáculos operísticos de los últimos años. Como cuarto título de su temporada lírica, el debut en Chile a fines de agosto de Rodelinda, de Händel, superó las expectativas, y puede ser considerado como un verdadero hito. De partida, porque era la primera vez en sus más de 160 años que el Municipal presentaba en su escenario, y como parte de la temporada oficial, una ópera barroca; hace casi una década, en 2010, estaba programado el estreno de otra de las obras más famosas del mismo autor, Alcina, pero por los daños causados en el edificio por el terremoto de ese año las funciones finalmente debieron realizarse en otro teatro, de modo que esta era la segunda ópera barroca que ofrece el Municipal, pero la primera en el teatro mismo. 

En Chile, afortunadamente en especial a lo largo de la última década se han empezado a estrenar óperar barrocas en distintos escenarios -por ejemplo, los elogiados debuts de Orfeo de Monteverdi en 2009 y Platée de Rameau, en 2015-, pero aún faltaba el Municipal, donde al menos sí se habían presentado agrupaciones emblemáticas de esta corriente, como Les Arts Florissants, o solistas como el contratenor francés Philippe Jaroussky en 2017. Casi tres siglos después de su estreno mundial en Londres en 1725, el debut local de Rodelinda se ofreció en una versión con algunos recortes, con sus tres actos originales repartidos acá en dos partes con un intermedio, conformando en total menos de tres horas incluyendo el intervalo. 

La producción que ofreció el Municipal, originalmente estrenada el año pasado en la Ópera de Lille -y que además se puede ver completa en YouTube y precisamente en estos meses será editada internacionalmente en DVD y Blu-ray-, fue un verdadero acierto. El mérito fue de un equipo francés encabezado por el director escénico Jean Bellorini, quien también estuvo a cargo de la sugestiva iluminación y desarrolló la escenografía junto a Véronique Chazal. Bellorini viene originalmente del teatro, y eso se nota, porque su montaje es dinámico, ingenioso y, aunque se trata de un drama, también juguetón, porque el director entiende que estas historias de intrigas palaciegas y vaivenes sentimentales no pueden ser tomadas al pie de la letra, y también tienen elementos que pueden ser mirados con ironía y comedia, siempre que no se traicione su esencia. Se apostó por un marco atemporal, donde hay referencias al pasado histórico gracias a los toques de un lucido vestuario de Macha Makeïeff, pero el minimalismo y los juegos de luces dan a entender que podría suceder en distintas épocas, incluso en tiempos actuales. Bellorini optó por contar la historia al espectador a través del personaje silente del hijo de Rodelinda y Bertarido, Flavio (interpretado acá por la niña María Prudencio), quien aparece en distintos momentos en escena y además con su rostro proyectado en el fondo del escenario. Por lo mismo, hay elementos que se pueden entender como vistos mediante la mirada infantil, como el tren de juguete que atraviesa la escena en algunos instantes, las habitaciones de reducido tamaño que constantemente se mueven de un extremo a otro, los muñecos que representan a los protagonistas, o las medias que en algunos momentos usan cubriendo sus rostros. Una producción digna de aplausos, incluyendo al personal escénico del Municipal que logró llevarla a cabo con precisión en cada función. 

Y si lo visual y teatral fueron resueltos de manera tan memorable, lo musical no fue a la zaga, siendo el complemento perfecto. Con una destacada carrera en la dirección coral en importantes agrupaciones germanas, incluyendo diversas partituras de Händel, el alemán Philipp Ahmann debutó en Chile dirigiendo por primera vez esta obra, y sin embargo dio la impresión de conocerla desde hace mucho tiempo, por la sólida respuesta que consiguió de la Filarmónica de Santiago, en una formación más reducida en su cantidad de integrantes, adecuada al repertorio barroco. Considerando que no es una orquesta especialista en este tipo de música, es muy meritorio lo que se consiguió en términos de armonía y fluidez sonora, y al mismo tiempo Ahmann supo manejar el equilibrio entre el foso y el escenario, siempre atento a los cantantes. Para complementar los magníficos logros musicales, se contó con un prestigioso clavecinista acompañante como invitado, Fernando Aguado, y un excelente reparto vocal, encabezado por dos intérpretes venidos de España. De partida, la soprano Sabina Puértolas, quien debutara en Chile en 2017 como Gilda en Rigoletto, fue una espléndida Rodelinda, por estilo de canto y entrega actoral; generosa en matices y detalles, segura en las agilidades, brilló especialmente en sus ascensos al agudo, donde su voz suena particularmente diáfana y cristalina.

No era la primera vez que un contratenor cantaba en la temporada lírica del Municipal, pues en 2007 ya el coreano David DQ Lee interpretó en El murciélago al príncipe Orlofsky, rol habitualmente cantado por mezzosopranos. Pero en la ópera barroca los contratenores son esenciales, y en Rodelinda no sólo es necesario uno, sino dos: en este montaje en Chile, en el rol de Bertarido, un verdadero lujo, pues se contó con uno de los intérpretes más cotizados en su cuerda a nivel internacional, el catalán Xavier Sabata, en su debut local. Quizás el timbre o el color de la voz sean menos convencionales que los de otros colegas, en particular en la zona aguda, pero el despliegue vocal y escénico de Sabata es en verdad deslumbrante, sutil y refinado en los momentos más introspectivos, lleno de energía y bravura en los pasajes de agilidad. Por su parte, aunque el papel de Unulfo es quizás el más secundario de los seis solistas vocales en esta obra, el sudafricano Christopher Ainslie supo sacarle partido, con voz atractiva, sentido estilístico y desenvuelta y vivaz entrega actoral. 

El tenor argentino Santiago Bürgi, presente en todas las últimas temporadas del Municipal desde 2015 con un ecléctico repertorio -La carrera de un libertino, La condenación de Fausto, La cenerentola, Don Giovanni y hace dos meses con Così fan tutte-, fue ahora Grimoaldo, quien tiene el arco dramático más amplio de la obra; aunque no es totalmente rotundo en algunas notas o ciertas soluciones vocales, el intérprete trasandino cantó con resolución, sorteó con inteligencia las exigencias musicales y es un actor eficaz que logró el muy particular tono del personaje. 

El secuaz de Grimoaldo, Garibaldo, fue el barítono Javier Arrey, intérprete chileno cada vez mejor posicionado a nivel internacional, tras sus debuts en escenarios tan cotizados como la Ópera de Viena y el MET de Nueva York. No cantaba una ópera en el Municipal desde la Madama Butterfly de 2015, y aunque el personaje suele ser abordado por voces más graves que la suya, esto no fue un problema para él, quien se lució con un canto firme y buena proyección, conformando además a un villano elegante y de tonos irónicos. Completando el sexteto de protagonistas, la mezzosoprano italiana Gaia Petrone, de cálida voz especialmente rica en sus tonos medios, fue una intensa y aguerrida Eduige. 



Considerando los difíciles momentos que ha estado atravesando el Municipal en los últimos meses por sus problemas financieros, fue casi un verdadero milagro poder asistir a una Rodelinda como esta. Ampliando el repertorio para ofrecer títulos que sean una novedad para los operáticos locales, con altísimo nivel artístico, una puesta en escena de indiscutible calidad, cantantes de prestigio internacional que pueden ser un aporte para la escena local, e incluyendo a al menos un artista chileno en su reparto en un rol principal, es una demostración de cómo podrían y deberían ser siempre las cosas en el principal escenario lírico de Chile. 

Friday, July 28, 2017

Rigoletto en el Teatro Municipal de Santiago de Chile

Fotos: Patricio Melo

Joel Poblete

Tras siete años de ausencia, Rigoletto regresó a mediados de julio al Municipal de Santiago de Chile, con dos repartos que debutaron en días consecutivos; en lo musical, en ambos hubo evidentes logros dignos de destacar y se contó con dos equipos de artistas muy competentes, mientras lo escénico generó notorias divisiones. Ya a estas alturas, en las últimas décadas el tema de las puestas en escena que cambian de época y lugar las historias originales de las óperas es habitual e ineludible en casi todo el mundo, y si bien en algunos casos hay montajes fallidos o que dan vergüenza ajena, en muchos otros hay aciertos, en particular cuando a pesar de las modificaciones, se conserva la esencia y espíritu de la obra. Sin ir más lejos, si bien en las temporadas del Municipal no todos estos intentos han funcionado -por ejemplo, en 2010 con el estreno en Chile de la Alcina de Handel a cargo del argentino Marcelo Lombardero, o el Macbeth de Verdi que planteó su compatriota Hugo de Ana-, hay varios casos en que los resultados han sido muy valiosos, como ha ocurrido con la versión del propio Lombardero para Ariadna en Naxos en 2011, o las hermosas propuestas del español Emilio Sagi para dos obras de Rossini como El turco en Italia y Tancredi, en 2015 y 2016, respectivamente.

Pero el público del Municipal no siempre es totalmente receptivo con estas ideas, y cuando algo no le ha gustado lo ha manifestado notoriamente, en especial cuando la obra abordada es un clásico indiscutible, como ocurrió con el recordado y sonoro abucheo en la inauguración de la temporada 2009 con otra inmortal y querida obra de Verdi, La traviata. La última vez que se representó en ese escenario Rigoletto, en 2010, la propuesta del francés Jean-Louis Pichon había trasladado la acción desde el siglo XVI a la época en que fue estrenada la obra, mediados del siglo XIX, culminando en un final de tintes revolucionarios que no convenció. Considerando esto, quizás muchos esperaban que en esta ocasión este clásico volviera en su versión más "tradicional".

Sin embargo, en su debut en Chile, Walter Sutcliffe -con buena experiencia en escenarios como la Opera de Frankfurt, el Teatro Regio de Turín y el Capitole de Toulouse y además actual director artístico de la Northern Ireland Opera- optó por una vía distinta. Una visión más contemporánea, de marcados acentos psicológicos, como explicó él mismo en la entrevista que incluye el programa de sala de estas funciones. Ambientada en la época actual, tuvo momentos buenos, como el segundo acto, de lograda teatralidad, mientras otros no funcionaron tan bien, como la primera escena que fue algo confusa y desangelada, o el último acto donde no terminó de cuajar la idea de que Rigoletto y Gilda, que se supone están escondidos, estaban al mismo nivel escénico que los otros personajes, o que el intercambio seductor entre el Duque y Magdalena durante el célebre cuarteto "Bella figlia dell'amore" fuera a la distancia, o que la furiosa tormenta aparezca apenas sugerida. También aparecieron muy difusas las diferencias de clase y las barreras entre el séquito del Duque y el protagonista, y no pareció muy acertada la forma en que se perfilaron algunos personajes, en especial el enfoque tan infantil para Gilda.

De todos modos, a dirección teatral de Sutcliffe distó de ser completamente fallida; quizás su pretendida profundidad psicológica no fue demasiado lejos y todo se quedó en la superficie, pero igual no traicionó por completo las ideas de la obra ni redujo del todo sus alcances emotivos. Por lo mismo, no me parece que se mereciera de manera tan manifiesta el notorio abucheo de buena parte del público al final del estreno del elenco internacional; en especial porque no sólo fue protestado Sutcliffe, sino además dos talentosos colaboradores en su puesta en escena que sí estuvieron muy bien: el diseñador de origen suizo Kaspar Glarner (quien venía directamente de realizar el vestuario para el Otello en el Covent Garden de Londres que marcó el esperado debut de Jonas Kaufmann en el rol titular), quien quizás propuso un vestuario vistoso pero que puede ser bastante discutible, pero al mismo tiempo con elementos sencillos pero muy efectivos diseñó una buena escenografía que ayudó enormemente a la fluidez y dinamismo de la acción teatral, muy bien acentuada por la excelente iluminación del chileno Ricardo Castro, sugerente y atmosférica en lo dramático. 

Al menos mucho más efectivo y menos divisivo fue el aspecto musical, partiendo por la dirección orquestal, que en ambos elencos estuvo a cargo del maestro chileno Maximiano Valdés, guiando a la Filarmónica de Santiago en una lectura de ajustado acento dramático, que se mantuvo muy atenta al equilibrio entre la orquesta y los cantantes. Y como es habitual, el coro del teatro, dirigido por el uruguayo Jorge Klastornik, se plegó tan bien tanto a lo musical como a los requerimientos actorales.

En el elenco internacional, tras protagonizar en 2015 I due Foscari regresó al Municipal en el rol titular el barítono rumano Sebastian Catana, quien tiene una probada trayectoria como intérprete verdiano, pero en esa ocasión ofreció un regular desempeño, aparentemente aquejado por problemas de salud, y de hecho aún recordamos cómo en el estreno tosió indisimuladamente durante buena parte de la función. Aunque resulte curioso, parece que algo le pasa siempre al artista cuando canta en este escenario, pero en el estreno de este Rigoletto al inicio del espectáculo se anunció que estaba enfermo y cantaría por respeto al público; lo bueno es que pese a este pronóstico, Catana nuevamente ofreció buen volumen y sólo se oyeron ocasionales y muy puntuales problemas vocales, y si bien el canto es adecuado a Verdi y en lo actoral es imponente por su altura, a su encarnación le faltó dramatismo y emoción. Y precisamente en eso acertó en el segundo reparto -el llamado elenco estelar- el argentino Fabián Veloz, quien tras sus dos anteriores visitas a Chile -en 2014 para Otello y en 2015 en el programa doble Cavalleria rusticana y Pagliacci- ya dejó una excelente impresión en lo musical y escénico; actor comprometido y efectivo, su Rigoletto fue una figura sufrida e intensa, casi como un animal acorralado, pero denotando un fuerte lazo con su hija, lo que hizo todavía más dolorosa y conmovedora la tragedia. En lo vocal, salvo un par de ocasionales detalles en el estreno, se mostró contundente y sólido como en sus anteriores visitas al Municipal.

Como ya pasara en sus dos previas actuaciones en Chile -en 2012 en Lucrezia Borgia y el año pasado con su espectacular interpretación de Argirio en Tancredi-, el espléndido tenor chino Yijie Shi volvió a ofrecer el canto más memorable de estas funciones: tomando en cuenta que no todos los tenores especializados en Rossini que han abordado el rol del Duque de Mantua (Juan Diego Flórez, por ejemplo) han conseguido cumplir por completo con las demandas musicales del personaje, el artista asiático adaptó muy bien su hermosa voz a la entrega, brillando especialmente en las muy seguras notas agudas. Si sólo se pudiera hacer un reparo en su desempeño, podría ser que en lo escénico su personaje pareció más amable, incluso ingenuo y bonachón que lo habitual, mientras en el elenco estelar el tenor chileno Juan Pablo Dupré sí acertó en hacerlo más cínico y aprovechador; tras sus inicios como barítono en diversos roles en el Municipal, el artista nacional, actualmente radicado en Italia, ha estado desarrollando una ascendente carrera como tenor, y este Duque fue su primer gran personaje solista en ese escenario. Aún debe trabajar más la zona alta de su voz y hay otros detalles que puede seguir perfeccionando, pero se lo ve desenvuelto en lo teatral y tiene su mejor momento en la escena que incluye el recitativo "Ella mi fu rapita" y el aria "Parmi veder le lagrime".

Gilda estuvo muy adecuadamente abordada en ambos repartos, por la soprano española Sabina Puértolas en el elenco internacional y la argentina Jaquelina Livieri en el estelar. La primera supo brillar con una hermosa entrega de "Caro nome", destacando en su fluidez y flexibilidad sonora y en la emisión y seguridad de las notas agudas; la segunda, quien debutara el año pasado en el Municipal protagonizando La traviata, nuevamente ofreció una expresiva entrega actoral que convence y emociona, mientras en lo vocal aunque las notas más altas no parecen ser su fuerte, sabe manejar y adecuar sensiblemente su material al personaje de manera atractiva, además de complementarse muy bien con su padre en escena, lo que hizo aún más conmovedora su interpretación.

El bajo ruso Alexey Tikhomirov ya es bastante conocido en el Municipal: desde su revelador debut en 2011 en el elenco estelar de Boris Godunov, ha regresado en distintas obras -en 2012 para Don Giovanni, en 2014 para Otello y Turandot y el año pasado en la temporada de conciertos en el Réquiem de Verdi; en el elenco internacional de este Rigoletto, encarnando a Sparafucile, su voz rotunda y segura, de buenas notas graves, fue nuevamente muy adecuada. En el elenco estelar regresó el bajo uruguayo Marcelo Otegui, quien ya lo interpretara en ese escenario en la versión de 2010, y nuevamente lució un material sonoro, de generoso volumen y bien proyectado. Maddalena estuvo bien representada en esta versión, que en lo escénico resaltó de manera muy obvia pero efectiva el erotismo femenino, en particular en la sensualidad de la contralto chilena Francisca Muñoz en el elenco estelar, quien la cantó con seguridad y desplante, mientras en el elenco internacional sorprendió gratamente la contundente y voluminosa voz de la mezzosoprano rumana Judit Kutasi, de atractivo y cálido timbre, muy adecuada a los grandes personajes que Verdi escribió para su cuerda. Los roles secundarios de ambos repartos estuvieron muy bien cubiertos por intérpretes chilenos, destacando especialmente el excelente y vigoroso Monterone del bajo barítono chileno Ricardo Seguel en el elenco internacional, papel que este artista ya cantara en el Municipal en el Rigoletto de 2010.

Thursday, January 10, 2013

El Juramento de Gaztambide - Teatro de la Zarzuela de Madrid


Foto: Fernando Marcos
 
RJ
 
El Teatro de la Zarzuela de Madrid recuperó durante la presente temporada la poco conocida zarzuela en tres actos del compositor Joaquin Gaztambide, “El Juramento”   Estrenada en este mismo escenario en 1858 la obra, cuya acción se traslada a 1710 durante la guerra de Sucesión entre Felipe V y los austriacos, estuvo olvidada durante mucho tiempo. Fue en el 2000 cuando Emilio Sagi la rescató y la presentó con un divertido montaje minimalista, de pocos elementos en escena, amplios espacios, árboles que representaban un bosque, y los elegantes vestidos y corsés en tonos blancos y crema, así como las pelucas blancas, del reconocido modisto Jesús del Pozo. Esta producción fue la misma que se utilizó en esta reposición. La alegre iluminación en brillantes tonalidades blancas y amarillas principalmente dio vida y relieve a la escena. En su dirección, Sagi trató la trama como una comedia llena de sentimentalismo, situaciones y enredos entre personajes de diferentes rangos sociales con su justa dosis de comicidad. La alegre música y orquestación al igual que sus romanzas, tienen influencia de la opera italiana, pero con su singular toque español. Con su vasta experiencia en opera, el director Miguel Ángel Gómez Martínez, ofreció una lectura segura al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, y del Coro extrayendo la musicalidad y efervescencia con precisión y cuidado por las voces. El papel de María fue bien interpretado por la soprano Sabina Puértolas con nítido y brillante timbre. Divertida y astuta fue la Baronesa de María Rey Joly, soprano de elegante y homogéneo canto. Destacados estuvieron Gabriel Bermúdez como el Marque y David Menéndez como Don Carlos, y correctos el resto de los cantantes del elenco. RJ

Wednesday, March 17, 2010

Concerto di José Carreras - Auditorio Nacional, Città del Messico

Foto: José Carreras - Sabina Puértolas - El porvenir- copyright


Ramón Jacques

Nonostante il ritiro di José Carreras dal circuito operistico internazionale, non è possibile dimenticare il grande apporto del tenore, attraverso una prolifica carriera, al mondo della lirica, dove è leggenda vivente del canto. Ed è questa la ragione per cui la sua presenza continua ad attrarre tanto pubblico ai suoi concerti, com’è successo al Auditorio Nacional di Città del Messico. Per questo concerto è stato scelto un gradevole programma, senza richiedere un eccessivo impegno vocale, iniziato con quattro canzoni di autori italiani, molto conformi al gusto e al temperamento di Carreras: L’ultima canzone di Francesco Tosti, Pecchè di Francesco Pennino, Silenzio Cantatore di Gaetano Lama e Passione di Nicola Valente. Il programma continuava con un brano più prossimo allo spirito del tenore come la romanza catalana Rosó da Pel teu amor di Josep Ribas. In tutti i pezzi l’artista ha sfoderato bella dizione, ardore ed emozione, col suo inconfondibile timbro vocale. Il ciclo seguente comprendeva affascinanti brani in spagnolo come Lejana tierra mía e El día que me quieras di Carlos Gardel, addentrandosi successivamente nella zarzuela con la jota Ya mis horas felices da La del Soto del Parral di Soutullo y Vert e suggellando la serata colla sua celebre e infiammata interpretazione di Granada di Lara, scatenando a quel punto una tumultuosa ovazione.

Notevole il soprano navarrese Sabina Puértolas, che ha sfoggiato una linea vocale corretta, un timbro chiaro e cristallino, fornita delle agilità richieste dall’aria Je veux vivre dall’opera Romeo e Giulietta di Gounod, con espressività in Les filles du Cadix di Delibes, una grazia speciale in Carceleras da Las hijas del Zebedeo di Chapí, malizia in Me llaman la primorosa dal Barbero de Sevilla di Giménez y Nieto. A fianco di Carreras il soprano ha cantato assai gradevolmente il Dúo e la Jota dal Dúo de la africana di Manuel Fernández Caballero.
La Orquesta Pro Arte ha creato una bella cornice musicale durante la serata sotto l’esaltata ma sicura bacchetta di Enrique Ricci, con l’esecuzione sinfonica della Suite 2 de L’Arlesianne di Bizet, l’Intermezzo da Pagliacci e l’intermezzo da La Boda de Luis Alonso. Davanti all’entusiasmo del pubblico sono stati offerti cinque bis, tra cui O mio babbino caro, Core ’ngrato e il brindisi da La Traviata di Verdi

Monday, March 15, 2010

Concierto de José Carreras - Auditorio Nacional de México D.F.

Fotos: José Carreras y Sabina Puértolas - cortesia el porvenir ©

Ramón Jacques

A pesar de que José Carreras se encuentra retirado del circuito operístico internacional, es imposible olvidar la gran aportación que tuvo, a lo a lo largo de su prolífica carrera, al mundo de la lírica que lo ha convertido en una leyenda viviente del canto. Por ello, su presencia continúa atrayendo tanto público a sus conciertos, como sucedió en el Auditorio Nacional de la ciudad de México.

Para este concierto se conformó un grato programa musical, no tan exigente desde el punto de vista vocal, que inició con la interpretación de cuatro canciones de compositores italianos, muy afines al gusto y al temperamento de Carreras, como: L’ultima canzone de Francesco Tosti, Pecchè de Francesco Pennino, Silenzio Cantatore de Gaetano Lama y Passione de Nicola Valente, y se incluyó una pieza mas cercana a su espíritu como la romanza catalana Rosó de Pel teu amor de Josep Ribas. En todas ellas exhibió buena dicción, ardor y emoción, y su inconfundible y distintivo timbre vocal. En el siguiente ciclo cantó deleitables obras en español, como: Lejana tierra mía y El día que me quieras de Carlos Gardel. Para adentrarse un poco en la zarzuela eligió la jota Ya mis horas felices de La del Soto del Parral de Soutullo y Vert, y selló la velada con su celebre y enardecida interpretación de Granada de Lara, que causó una tumultuosa ovación.

Notable estuvo la soprano navarra Sabina Puértolas, quien mostró una correcta línea vocal, con un timbre claro y cristalino, así como agilidad en el aria Je veux vivre de la opera Romeo y Julieta de Gounod; expresividad en Les filles du Cadix de Delibes, una gracia particular en Carceleras de Las hijas del Zebedeo de Chapí, y picardía en Me llaman la primorosa del Barbero de Sevilla de Giménez y Nieto. Al lado de Carreras, cantó de manera placentera, el Dúo y Jota del Dúo de la africana de Manuel Fernández Caballero.

La Orquesta Pro Arte creó un satisfactorio marco musical durante la velada bajo la exaltada, pero segura conducción de Enrique Ricci, y ejecutó en solitario, la Suite 2 de L’Arlesianne de Bizet, el Intermedio de la opera Pagliacci, y el intermedio de la Boda de Luis Alonso. Ante tanto entusiasmo, se ofrecieron cinco propinas resaltando: O mio babbino caro, Core’ngrato y el brindis de La Traviata de Verdi.

Saturday, March 13, 2010

Concierto de José Carreras en Monterrey

Imagen concierto, foto: José Carreras y Sabina Puértolas - El Porvenir.- copyright.

José Angel Cervantes

En su regreso a Monterrey México, el tenor español José Carreras complació con creces al publico al ofrecer una velada de bel canto, recuerdos y emociones que envolvieron el ambiente en la Arena Monterrey. El aclamado cantante presentó ante cerca de cinco mil asistentes un variado repertorio de melodías que pasaron desde algunas clásicas operísticas hasta interpretaciones de Carlos Gardel, zarzuelas y melodías mexicanas que tuvieron una acalorada respuesta por parte del publico.


Acompañado por la Orquesta sinfónica de la UANL, dirigida por David Giménez, Carreras inició con L`ultima canzione y Pecchè en las que mostró una parte de su virtuosismo interpretativo. De traje negro, con gesto sonriente pero concentrado en sus interpretaciones, tuvo escasa interacción con el público limitándose a agradecer con movimientos de cabeza y ocasionales saludos a las ovaciones. Aunque mostró cierto cansancio, en ningún momento minó su deseo de entrega al máximo en cada nota y destacó durante la primera parte, su interpretación de Passione y Rosso-Pel teu amor.

En la conclusión del programa, Carreras se despidió con un homenaje a México y España con la interpretación de Granada, y ante la aclamación general volvió para retomar a la ópera y cantar al lado de la soprano española Sabina Puértolas el clásico romántico Solamente una vez. La participación de Puértolas en el concierto merece mención aparte, ya que la intrprete de Navarra interpretó cuatro melodías en solitario con lo que mostró calidad vocal y dejó extasiados a los presentes con su canto y su desenvolvimiento en el escenario sobretodo en: Me llaman la primorosa y Les filles de Cadix. La orquesta sinfónica del UANL estuvo a la altura al ejecutar obras como el Intermezzo de Cavallería Rusticana y La boda de Luis Alfonso.