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Friday, July 21, 2017

Salome en Los Ángeles

Fotos: Larry Ho / LA Opera

Ramón Jacques 

Salome fue uno de los primeros títulos ofrecidos, a mediados de los años 80, por la recién formada Music Center Opera, que posteriormente adoptó el nombre de Ópera de Los Ángeles (o LA Opera). La obra se repuso en1989 y después desapareció de la programación del teatro. De hecho, fue ese montaje, por parte del director inglés Peter Hall, lo que situó a la nueva compañía dentro del radar operístico, ya que se consideró atrevido y osado para la época, por su cargado erotismo y desnudos que ofreció La interprete principal en aquel momento fue la joven y desconocida mezzosoprano Maria Ewing. Treinta años después, y dentro de la presente temporada, Salome se repuso con la misma producción escénica de Peter Hall, diseñadas por su colaborador John Bury. que luce intacta, aunque algo anticuada y rígida, además de reducida en espacio para el movimiento de los artistas. Al fondo se ve una luna enorme, y el fondo cambia de color, de azul claro, a negro, hasta abigarradas tonalidades rojas, en los momentos de mayor intensidad. La iluminación parecer ser la única variedad vista en toda la función. Los vestuarios, a excepción de las ligeras túnicas de Salome, son ridículos y poco estéticos. La dirección escénica del joven director David Paul, bajada de tono, careció de sentido y lógica, con movimientos, entradas y salidas de escena confusas, mucha sobreactuación; pero sobre todo despojó al personaje principal de la sensualidad, la frivolidad y la provocación que le pertenecen. Cuidando no asemejarse en nada a la idea de Hall la danza de los siete velos aquí fue reducida a una atlética coreografía de baile moderno. Francamente un despropósito. 
La soprano Patricia Racette, ya con experiencia en papel estelar, demostró que su voz se adapta bien a este repertorio, ya que ha crecido en extensión, se ha robustecido y adquirido un metal y grata coloración oscura.Su entrega y desempeño escénico se vio claramente limitado y hasta penalizado por la dirección escénica. El barítono islandés Tómas Tómasson fue en vigoroso y recio Jochanaan en su canto y actuación. Allan Glassman dio vida a un pervertido y degenerado Herodes, creíble en su actuación; y la soprano Gabriele Schnaut una segura Herodías de canto algo estridente. Poco que decir del resto de los intérpretes, más allá de que cumplieron con sus papeles asignados.  En la dirección musical, James Conlon dirigió con entusiasmo y seguridad. Parece que este tipo de obras le apasionan y se nota en el resultado orquestal, convenciendo y contagiando a sus instrumentistas.

Wednesday, January 21, 2015

Salomé en San Antonio Texas

Foto: Karen Almond

Carlos Rosas

Salomé, primera ópera que se escenifica en teatro Tobin Center, se ofreció  como uno de los eventos más sobresalientes del festival dedicado a Strauss, organizado por la Sinfónica de San Antonio. Con su director artístico, el compositor estadounidense Tobias Picker, y en su temporada inaugural, la Opera San Antonio ya comenzó a llamar la atención en el medio operístico norteamericano por su temporada poco convencional y osada con títulos, como el ya mencionado, además de Fantastic Mr. Fox de Picker, Il Segreto di Susanna de Wolf-Ferrari y La Voix Humaine de Pouenc. Así es como el nuevo director pretende darle una identidad única y diferente a la compañía, además del ofrecimiento de invitar artistas reconocidos para las producciones, situación que se recibe con beneplácito de un teatro que recién comienza. Salome se presentó  con una nueva escenografía y vestuarios que ubicaban la historia en la Belle Époque y no en la antigüedad histórica de Galilea. Sin embargo, la terraza y el comedor del palacio de Herodes de un diseño modernista y vestuarios de diversos estilos, dieron la sensación de ir en un camino opuesto al que marcaban el libreto y la música, llegando incluso mostrar una visión caricaturesca de la obra. No se intenta ser purista aquí, sino puntualizar una idea escénica que no funcionó. 
Patricia Racette, considerada la musa de Tobias Picker ya que ha dado vida a papeles principales de sus operas, encarnó por primera vez en escena el exigente papel de Salome, que ya había cantado en concierto en Chicago. De inicio su elección abría una incógnita ya que Racette ha destacado como soprano lirica, pero aquí utilizó sus recursos para proyectar y atravesar a la orquesta con capacidad sin perder el brillo y el color dramático en la voz, necesarios para transmitir el carácter siniestro del personaje. En escena actuó con mucha gestualidad y a su ‘danza de los siete velos’ le faltó un poco más desenvoltura y seducción. El director Candance Evans se encargo de la dirección escénica y de la coreografía. Alan Held fue un autoritario y resonante Jochanaan; Michelle De Young cantó con timbre oscuro y dio poca malicia a Herodías, y el tenor Allan Glassman mostró su dominio vocal y experiencia como Herodes. Discretos Brian Jadge como Narraboth y Renée Rapier como el paje. Sebastian Lang-Lessing dirigió a la orquesta (Sinfónica de San Antonio) con una aproximación casi sinfónica de la partitura, que fue detallada, libre y expresiva.