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Tuesday, June 6, 2023

Oedipus Rex en Houston

Fotos: Houston Symphony Orchestra

Ramón Jacques

Interesante elección de obras, incluida la ejecución de la ópera-oratorio Oedipus Rex (1927) del compositor ruso Igor Stravinski (1882-1971) conformaron el penúltimo concierto de la primera temporada del director eslovaco Juraj Valčuha en su cargo de director titular de la Houston Symphony.  Valčuha, que parecería no tener aún un nombre mediático, con su valiosa contribución al mundo sinfónico, habiendo dirigiendo ya importantes orquestas, y en especial en el de la ópera, donde ha sido director musical del Teatro San Carlo de Nápoles en Italia, seguramente pronto terminará por obtener el reconocimiento que se merece un director de sus cualidades. Destaca su maestría, destreza y la autoridad con la que guía a sus músicos y extrae los matices y colores más radiantes y ocultos en cada partitura que dirige. Houston parece haber hecho una buena elección al haberlo elegido para dirigir su orquesta las próximas temporadas. El concierto incluyó una sentida lectura del poema sinfónico D’un soir triste de la compositora francés Lili Boulanger (1893-1918) contrastado por la melancólica y vivaz interpretación de las Tres obras para clarinete solo de Igor Stravinski, con la presencia de Mark Nuccio, clarinete principal de la orquesta, piezas que reflejan el incansable espíritu de búsqueda y creatividad del compositor que por medio de este instrumento se aproximó a la música contemporánea.  Aquí la orquesta combinó la energía y el vigor con la profundidad de cada pieza, con una lectura detallada y sutil de la mano del director, y también se escuchó Hélix para orquesta una composición orquestal en un movimiento del finlandés Esa-Pekka Salonen, pieza de apenas nueve minutos de duración, dedicada a Valery Gergiev quien la estrenó en Londres el 27 de agosto del 2005,  moderna y musicalmente rica en su concepción que fue creciendo en intensidad, con el buen aporte de las secciones de aliento,  metales y percusiones de la orquesta. Después, el  interior de la sala de conciertos Jones Hall se transformó en una mega pantalla donde se apreciaron las intimas, extravagantes y mágicas transmisiones e instalaciones del artista visual Adam Larsen, quien ya había hecho un trabajo similar hace algunos temporadas en esta sala con El castillo de Barbazul de Bartók, creando un marco escénico virtual para la escenificación de esta obra llena de intriga, asesinato, fatalidad y un destino ineludible de la considerada  madre de todas las tragedias griegas. Se contó además con la presencia del actor estadunidense Kyle MacLachlan quien narró con ímpetu lo que acontecería en escena. Una obra monumental requiere de la intensidad de un amplio coro, y eso fue lo que ofreció el coro Houston Symphony Chorus, que dirige Allen Hightower, que por momentos parecía entrar en un dialogo o una interacción con los solistas. El papel principal interpretado de manera notable por el tenor Sean Panikkar, con una voz robusta, amplia y cargada de emoción, conmoción y sentimiento de una parte que conoce bien porque la canta con regularidad.  El legendario bajo-barítono David Pittsinger cantó con temple dando personalidad al papel del vidente Tiresias; y la mezzosoprano Michelle DeYoung cantó con energía y el justo dramatismo el papel de Yocasta desplegando una voz oscura, amplia y con una tonalidad sombría apropiada para la parte. Positivo y correcto fue el aporte del barítono Dashon Burton en el doble papel de Creón y del mensajero, y del tenor Matthew White como el pastor, un tenor lirico de buenas cualidades. La orquesta tuvo varias oportunidades a lo largo del concierto para mostrar el carácter y el buen funcionamiento que ha adquirido bajo la conducción de Juraj Valčuha, un maestro de los colores, los timbres, y para encontrar y resaltar hasta los detalles más sutiles, tenues casi imperceptibles de cada pieza.  Dada su cercanía con la ópera y la música vocal-coral, sus elecciones para la próxima temporada incluyen: Salome de Strauss, el Réquiem Alemán de Brahms, Carmina Burana de Orff, y El Niño de John Adams, por mencionar algunas.









Wednesday, January 21, 2015

Salomé en San Antonio Texas

Foto: Karen Almond

Carlos Rosas

Salomé, primera ópera que se escenifica en teatro Tobin Center, se ofreció  como uno de los eventos más sobresalientes del festival dedicado a Strauss, organizado por la Sinfónica de San Antonio. Con su director artístico, el compositor estadounidense Tobias Picker, y en su temporada inaugural, la Opera San Antonio ya comenzó a llamar la atención en el medio operístico norteamericano por su temporada poco convencional y osada con títulos, como el ya mencionado, además de Fantastic Mr. Fox de Picker, Il Segreto di Susanna de Wolf-Ferrari y La Voix Humaine de Pouenc. Así es como el nuevo director pretende darle una identidad única y diferente a la compañía, además del ofrecimiento de invitar artistas reconocidos para las producciones, situación que se recibe con beneplácito de un teatro que recién comienza. Salome se presentó  con una nueva escenografía y vestuarios que ubicaban la historia en la Belle Époque y no en la antigüedad histórica de Galilea. Sin embargo, la terraza y el comedor del palacio de Herodes de un diseño modernista y vestuarios de diversos estilos, dieron la sensación de ir en un camino opuesto al que marcaban el libreto y la música, llegando incluso mostrar una visión caricaturesca de la obra. No se intenta ser purista aquí, sino puntualizar una idea escénica que no funcionó. 
Patricia Racette, considerada la musa de Tobias Picker ya que ha dado vida a papeles principales de sus operas, encarnó por primera vez en escena el exigente papel de Salome, que ya había cantado en concierto en Chicago. De inicio su elección abría una incógnita ya que Racette ha destacado como soprano lirica, pero aquí utilizó sus recursos para proyectar y atravesar a la orquesta con capacidad sin perder el brillo y el color dramático en la voz, necesarios para transmitir el carácter siniestro del personaje. En escena actuó con mucha gestualidad y a su ‘danza de los siete velos’ le faltó un poco más desenvoltura y seducción. El director Candance Evans se encargo de la dirección escénica y de la coreografía. Alan Held fue un autoritario y resonante Jochanaan; Michelle De Young cantó con timbre oscuro y dio poca malicia a Herodías, y el tenor Allan Glassman mostró su dominio vocal y experiencia como Herodes. Discretos Brian Jadge como Narraboth y Renée Rapier como el paje. Sebastian Lang-Lessing dirigió a la orquesta (Sinfónica de San Antonio) con una aproximación casi sinfónica de la partitura, que fue detallada, libre y expresiva. 

Monday, August 4, 2014

Cavallleria Rusticana y Pagliacci en Los Ángeles

Foto: Ringo H.W. Chiu / For The Los Angeles Times

Carlos Rosas T. 

La esperada cita operística veraniega de la Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil), al aire libre en el Hollywood Bowl congregó a mas de 7000 espectadores, según cifras del recinto, que presenciaron y sufrieron con el conocido díptico compuesto por los melodramas de Mascagni y Leoncavallo. La función en concierto contó en su mayoría con cantantes estadounidenses. El ejercicio anual de incorporar operas, como el reciente ciclo de operas de Mozart-Daponte además de Aida, Carmen y otras, ha comenzado a rendir frutos ya que de la orquesta muestra una desenvuelta sonoridad, maleabilidad y la sensibilidad proveniente de un foso, alejada de  la rigidez y perfección a la que aspiran las orquestas sinfónicas de este país. Esta orquesta ha renovado su línea y su plantilla incorporando jóvenes y talentosos instrumentistas. El resultado fue musical fue ampliamente satisfactorio. Gustavo Dudamel en la dirección orquestal, es un discurso aparte, ya que quienes lo conocemos desde sus inicios notamos la ausencia del entusiasmo y la explosividad que tanto le caracterizó cuando asumió la titularidad de esta agrupación. Todo eso se ha diluido, y hoy es un director mesurado, que acompaña, que busca la precisión, pero que incurre en la rutina, antipatía y carencia de ideas. Surge entonces el cuestionamiento si es en verdad el prodigio que se nos hizo creer o solo se trató de una cortina de humo creada por la publicidad y por un régimen que siempre lo ha apoyado incondicionalmente. En ambas operas se pudo escuchar la hoy robusta y corpórea voz de Stuart Neill como Canio y Turridu, así como la inexpresividad y frialdad del barítono ingles Christopher Maltman como Alfio y Tonio, de una tonalidad más apta quizas para Mozart que para el verismo. Michelle DeYoung dio vida a una apasionada y solida Santuzza y Nancy Maultsby no paso de ser una reservada y moderada Mamma Lucia. Sobresaliente y con garbo escénico fue la interpretación de Lola que regaló la mezzosoprano Tamara Mumford, quién se vistió en el papel y convenció con escalofriante calidez y sonoridad. En Pagliacci, Julianna Di Giacomo tuvo un razonable desempeño como Nedda, es una artista de caudalosa y grata voz que pero contenida en escena. Francamente intrascendentes estuvieron Christopher Tiesi como Beppe y Lucas Mecheam como Silvio. Acompañó el coro Los Angeles Master Chorale que cumplió en un buen nivel. 

Monday, February 14, 2011

Oedipus Rex de Stravinsky y el Castillo de Barba Azul de Bartok con la Orquesta Sinfónica de Boston

Fotos: Michael J. Lutch y Stu Rosner.

Lloyd Schwarz
Uno de los conciertos mas recordados de la Orquesta Sinfónica de Boston, es uno que nunca ocurrió. Hace casi 30 años, la orquesta anunció la presentación de Oedipus Rez de Stravinsky con puesta en escena de Peter Sellars y narración de Vanessa Redgrave. Las funciones fueron canceladas por temor a protestas en contra de la posición pro-Palestina de Redgrave. Ella demandó por rompimiento de contrato pero perdió, aunque en realidad perdimos todos. La recreación de Sófocles de Stravinsky, con el francés de Jean Cocteau retraducido al latín, es una obra importante para esta orquesta porque fue la que realizó el estreno de la obra en Estados Unidos en 1928 bajo la dirección de Serge Koussevitzky. Ha sido interpretada en numerosas ocasiones incluyendo las representaciones de 1972 de Leonard Bernstein y la del 2006 de Christoph von Dohnányi. James Levine dirigió por primera ocasión para el y para la orquesta, una doble cartelera que unió a Oedipus Rex con la opera en un acto de Bartók, El Castillo de Barba Azul, que son obras ampliamente contrastantes en su música, como el neoclasicismo y ritualismo de Stravinsky, y las ricas texturas folclóricas y húngaras en acento de Bartók. Ambas obras contienen personajes que no se detienen ante nada para descubrí su verdad: Oedipus, para descubrir la plaga de la ciudad; y Judith el pasado secreto de su marido. La verdad para ambos es su caída, y cada opera es tratada como una leyenda distanciada del presente por una narración hablada. Levine dirigió un concierto con inexorable bravura y una orquesta muy comprometida, así como el Coro del Festival de Tanglewood que estuvo sobresaliente en el coro “griego” de los testigos en la obra de Stravinksy. Los solistas fueron lo menos satisfactorio. El tenor Russell Thomas fue un Oedipus muy joven, de una simpática figura y brillante voz, pero que no fue capaz de transmitir la intensidad de la obsesión de Oedipus. El barítono Albert Dohmen estuvo casi inaudible como Creon, y aunque Michelle De Young fue más que audible, su tonalidad vocal estuvo dura y forzada, y al inicio insegura. Su discriminada reina pareció mas una demente Lady Macbeth, que se retorció y se acarició a si misma. Sus notas musicales en Barba Azul fueron maravillosas, pero su caracterización de una tímida y simplona Judith pareció convertirla más en una bruja que en una afligida esposa que trata de salvar a su marido a cualquier costo. El actor húngaro Örs Kisfaludy se divirtió como el irónico narrador del prologo de Barba Azul. Stravinsky quiso que la narración se hiciera en un lenguaje más accesible para la audiencia, y aquí escuchamos a Frank Langella, quien mostró la voz más hermosa y leyó de manera directa. Sir Mark Elder dirigió un intrigante y raro programa teniendo como solista el pianista alemán Lars Vogt, quien inicio su participación con dos preludios de Debussy: el sombrío "Feuilles mortes" y el mas energético "Ce qu'a vu le vent d'ouest" cada uno seguido de la orquestación de la elegante e insuperable orquestación debussiana de Colin Matthews, amigo de Elder. Después se interpretó una rareza, el poema: Paris: A Nocturne (The Song of a Great City), de Delius, cuyas previas ejecuciones por esta orquesta ocurrieron en 1909 y en 1941. Elder también dirigió una dulce, pero distante y poco sagaz interpretación del sublime Concierto para piano (K 467) de Mozart, con un frío Vogt, así como el poema más famoso de Richard Strauss, Till Eulenspiegel, que estuvo quizás no tan feliz.

Wednesday, December 23, 2009

El Niño: A Nativity Oratorio di John Adams - Carnegie Hall, New York

Foto: John Adams, Dawn Upshaw, Michelle DeYoung. Orchstra of St. Luke's. Copyright Notice - Chris Lee 2009

Ramón Jacques

Sebbene negli USA siano disponibili molte raccolte di canti natalizi e “christmas carols” la tradizione legata alla forma colta dell’oratorio come unione di musica e fede cristiana in questo periodo dell’anno (il Natale, appunto) è veramente scarsa. John Adams, forse il compositore americano più rispettato di oggi, ha cominciato ad invertire la rotta, adattando proprio temi cristiani a situazioni ed eventi successi negli ultimi dieci anni. Uno di questi è identificabile con l’arrivo dell’anno “2000” che per molti significava l’inizio di una nuova era della salvezza mentre per altri la possibilità di una grave catastrofe. Così, quando Adams ha accettato la commissione, offerta dal Théâtre du Châtelet di Parigi, di scrivere un pezzo per il nuovo millennio, ha deciso di raccontare la storia della natività che ha dato luogo all’oratorio El Niño. Invece di basarsi sul Nuovo Testamento però, Adams e il suo abituale collaboratore Peter Sellars hanno creato un libretto bilingue (spagnolo e inglese) ispirato alle poesie in lingua spagnola della celebre poetessa messicana Rosario Castellanos (1925-1974) e di Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), la più importante drammaturga messicana del 17° secolo, così come si trovano altri riferimenti letterari e biblici in lingua inglese. Questa combinazione di sacro e profano, che attraversa frontiere politiche e temporali, in un tentativo di riconciliare gli opposti, rappresenta la vera speranza del nuovo millenio, il tutto narrato sempre dal punto di vosta femminile. La colorita e variegata orchestrazione - suddivisa in 24 parti differenti che fluiscono con sottigliezza, ma anche forza - è moderna e si ispira alla musica minimale, quindi l’armonia è consonante, e si percepiscono anche riferimenti alla musica medievale, al folk messicano e americano, al jazz e, naturalmente, alla musica natalizia ancora americana.
Si trattava della prima rappresentazione del lavoro alla Carnegie Hall (in forma di concerto), con la presenza dello stesso John Adams alla direzione musicale, così che l’evento ha generato molta aspettativa nel mondo musiclae newyorkese. Il compositore ha realizzato una lettura sicura (Orchestra of St. Luke’s), attenta ai minimi dettagli esaltando la partitura, sottolineando delicatezze e prendendosi anche certe libertà interpretative che lasciavano liberi di esprimersi gli archi, l’armoniosissimo trombone e la chitarra nel solo conclusivo, qui accompagnata dal coro di voci bianche (The Brooklyn Youth Chorus). Superba anche la prova del Westminster Symphonic Chorus Il soprano Dawn Upshaw, unica presenza anche nel cast originario a Parigi, ha rivestito i testi con esuberanza e soavissima chiarezza vocale, molto comunicativa nel Magnificat ed effusiva nel Memorial de Tlatelolco (su testo della Castellano) cantato in spagnolo. Michelle de Young, mezzosoprano, ha cantano con intensità, con una emissione potente, ma anche un po’ forzata soprattutto nella trascendantale parte La Anunciación la cui dizione spagnola non era nulla chiara. Eric Owens, un basso-baritono di notevoli mezzi, è stato penetrante ma un po’ ingombrante quanto a presenza vocale (ad esempio in Joseph’s Dream e nell’etereo trio con soprano e mezzosoprano Se habla de Gabriel). Dolcissima, infine, la partecipazione dell’ ensemble masculino, un trio d’ “angeli” composto da tre controtenori che accompagnavano sullo sfondo l’espandersi delle arie e dei pezzi d’insieme.

Monday, December 21, 2009

El Niño, oratorio de John Adams – Carnegie Hall, Nueva York

El Niño Oratorio. Copyright Notice - Chris Lee 2009. Orchestra of St. Luke's John, Dawn Upshaw (soprano).

Ramón Jacques

A pesar de que en Estados Unidos existe una gran cantidad de canciones de navidad o “christmas carols” la tradición y creación del oratorio, como forma de unión entre la música con la fe cristiana de esa época del año, es realmente escasa. John Adams, el compositor americano más respetado en la actualidad, ha comenzado a cambiar esta situación adaptando temas cristianos para describir ciertas actitudes culturales de la última década. Una de ellas, fue el arribo del año 2000, que para muchos significó el inició de una nueva época de salvación y para otros la posibilidad de una gran catástrofe. Por ello, cuando Adams aceptó la comisión que le ofreció el Théâtre du Châtelet de Paris para componer una obra sobre el inicio del nuevo milenio, eligió contar las historias de la navidad, y de un nacimiento, que captaban su idea del temor a las puertas de un prometedor inició, lo que dio origen al oratorio El Niño. En vez de basarse en algún texto del Nuevo Testamento, Adams y su habitual colaborador Peter Sellars crearon un libreto bilingüe (en español e ingles) basado principalmente en las poesías en lengua española, de la celebre poetisa mexicana Rosario Castellanos (1925-1974) y de Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), la dramaturga mexicana mas importante del siglo XVII, así como en otras referencias literarias y bíblicas en lengua inglesa. Esta combinación de voces sagradas y seculares, que cruzan diferentes fronteras de tiempo y políticas, reconciliando diversas dualidades, representa la esperanza para el nuevo milenio, narrada siempre desde el punto de vista femenino. La colorida y variada orquestación, conformada por 24 partes diferentes que van fluyendo con sutileza o con fuerza, es moderna, con influencia del género “minimalista”, de consonante armonía, y en el que se percibe una sutil incorporación de tonalidades pertenecientes a la música, medieval, folk mexicano y americano, jazz y de la música de navideña americana. Al tratarse de la primera representación (en versión concierto) de la obra en el Carnegie Hall de Nueva York, y con la presencia de Adams en la dirección musical, el evento generó muchas expectativas en el ambiente musical local. Al frente de la brillante Orchestra of St. Luke’s, grupo de cámara de Nueva York, el propio compositor realizó una lectura segura y atenta a cada detalle en la que exaltó la textura y la delicadeza de la serena orquestación, permitiendo ciertas libertades interpretativas a la sección de cuerdas, a un armonioso trombón, o al solo final de guitarra con el que concluye la obra, acompañando a un coro de voces infantiles (The Brooklyn Youth Chorus). Notable desempeño tuvo también el coro Westminster Symphonic Chorus. La soprano Dawn Upshaw, única cantante que participó en el estreno mundial de la obra en Paris, logró revestir sus textos cantables con una exuberante y suave claridad vocal, muy comunicativa en su “Magnificat” y efusiva en el “Memorial de Tlatelolco” (de Castellanos) cantado en español. Michelle DeYoung, (mezzosoprano) fue mas intensa en su cantó, con potente y forzada emisión, sobretodo en la trascendental parte, “La Anunciación” donde su dicción española fue poco clara. La potente voz del bajo barítono Eric Owens, fue penetrante pero demasiado corpulenta al interpretar: “Joseph’s Dream” y etérea en el trío (con soprano y mezzo soprano) “Se habla de Gabriel”. Muy melodiosa y dulce fue la participación del “ensamble masculino”, una especie de trío angelical compuesto por tres contratenores, que acompañó y sirvió de fondo a las voces solistas durante sus arias, dúos y tríos.