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Tuesday, June 6, 2023

Oedipus Rex en Houston

Fotos: Houston Symphony Orchestra

Ramón Jacques

Interesante elección de obras, incluida la ejecución de la ópera-oratorio Oedipus Rex (1927) del compositor ruso Igor Stravinski (1882-1971) conformaron el penúltimo concierto de la primera temporada del director eslovaco Juraj Valčuha en su cargo de director titular de la Houston Symphony.  Valčuha, que parecería no tener aún un nombre mediático, con su valiosa contribución al mundo sinfónico, habiendo dirigiendo ya importantes orquestas, y en especial en el de la ópera, donde ha sido director musical del Teatro San Carlo de Nápoles en Italia, seguramente pronto terminará por obtener el reconocimiento que se merece un director de sus cualidades. Destaca su maestría, destreza y la autoridad con la que guía a sus músicos y extrae los matices y colores más radiantes y ocultos en cada partitura que dirige. Houston parece haber hecho una buena elección al haberlo elegido para dirigir su orquesta las próximas temporadas. El concierto incluyó una sentida lectura del poema sinfónico D’un soir triste de la compositora francés Lili Boulanger (1893-1918) contrastado por la melancólica y vivaz interpretación de las Tres obras para clarinete solo de Igor Stravinski, con la presencia de Mark Nuccio, clarinete principal de la orquesta, piezas que reflejan el incansable espíritu de búsqueda y creatividad del compositor que por medio de este instrumento se aproximó a la música contemporánea.  Aquí la orquesta combinó la energía y el vigor con la profundidad de cada pieza, con una lectura detallada y sutil de la mano del director, y también se escuchó Hélix para orquesta una composición orquestal en un movimiento del finlandés Esa-Pekka Salonen, pieza de apenas nueve minutos de duración, dedicada a Valery Gergiev quien la estrenó en Londres el 27 de agosto del 2005,  moderna y musicalmente rica en su concepción que fue creciendo en intensidad, con el buen aporte de las secciones de aliento,  metales y percusiones de la orquesta. Después, el  interior de la sala de conciertos Jones Hall se transformó en una mega pantalla donde se apreciaron las intimas, extravagantes y mágicas transmisiones e instalaciones del artista visual Adam Larsen, quien ya había hecho un trabajo similar hace algunos temporadas en esta sala con El castillo de Barbazul de Bartók, creando un marco escénico virtual para la escenificación de esta obra llena de intriga, asesinato, fatalidad y un destino ineludible de la considerada  madre de todas las tragedias griegas. Se contó además con la presencia del actor estadunidense Kyle MacLachlan quien narró con ímpetu lo que acontecería en escena. Una obra monumental requiere de la intensidad de un amplio coro, y eso fue lo que ofreció el coro Houston Symphony Chorus, que dirige Allen Hightower, que por momentos parecía entrar en un dialogo o una interacción con los solistas. El papel principal interpretado de manera notable por el tenor Sean Panikkar, con una voz robusta, amplia y cargada de emoción, conmoción y sentimiento de una parte que conoce bien porque la canta con regularidad.  El legendario bajo-barítono David Pittsinger cantó con temple dando personalidad al papel del vidente Tiresias; y la mezzosoprano Michelle DeYoung cantó con energía y el justo dramatismo el papel de Yocasta desplegando una voz oscura, amplia y con una tonalidad sombría apropiada para la parte. Positivo y correcto fue el aporte del barítono Dashon Burton en el doble papel de Creón y del mensajero, y del tenor Matthew White como el pastor, un tenor lirico de buenas cualidades. La orquesta tuvo varias oportunidades a lo largo del concierto para mostrar el carácter y el buen funcionamiento que ha adquirido bajo la conducción de Juraj Valčuha, un maestro de los colores, los timbres, y para encontrar y resaltar hasta los detalles más sutiles, tenues casi imperceptibles de cada pieza.  Dada su cercanía con la ópera y la música vocal-coral, sus elecciones para la próxima temporada incluyen: Salome de Strauss, el Réquiem Alemán de Brahms, Carmina Burana de Orff, y El Niño de John Adams, por mencionar algunas.









Friday, April 7, 2023

Pelléas et Mélisande en Los Ángeles

Fotos: Craig T. Matthew / LA Opera

Ramón Jacques

Aunque se sabe que hubo poco contacto personal entre ellos, no se consideraban amigos y tampoco fueron frecuentes colaboradores, fue el destino el que quiso que los nombres del compositor francés Claude Debussy y el de Maurice Maeterlink quedaran unidos eternamente en la creación de Pelléas et Mélisande, la ópera en cinco actos basada en la obra homónima del dramaturgo y ensayista belga. Debussy creó esta obra maestra, que se adaptaba a sus principios y preferencias, apartándose de las reglas, las formas y las convenciones que dominaron la creación operística en los siglos precedentes. Debussy llegó a admitir que lo que lo atrajo a la obra de Maeterlinck, a pesar del ambiente de sueños y la atmosfera imaginaria en la que se desarrolla la historia, fue la humanidad, la sensibilidad y el lenguaje evocador que encontró en ella, que consideró más profundo de lo que pudo encontrar en cualquier referencia o documento histórico. Pelléas et Mélisande es una ópera que debería ser representada con mayor frecuencia, sin embargo, e inexplicablemente, forma parte de esos títulos que, a pesar de su riqueza orquestal y vocal, no ha logrado afianzarse dentro del repertorio ni las temporadas de los teatros, especialmente estadounidenses. En la historia de la Opera de Los Ángeles, solo se escenificó en la temporada de 1995; en el año 2016 la vecina orquesta LA Philharmonic ofreció una versión en concierto bajo la conducción del maestro finlandés Esa-Pekka Salonen, el mismo que la dirigió en 1995, y salvo contadas producciones en el Metropolitan de Nueva York o la Opera de Santa Fe este verano, es un título prácticamente desconocido en Norteamérica. El valor en la concepción escénica del director David McVicar, con marco escénico traído de la Opera de Escocia, con diseños y elegantes vestuarios de Rae Smith, es que logró construir personajes humanos, creíbles, con los que el público podía identificarse fácilmente por sus sentimientos, despojándolos de ese halo de misterio y simbolismos, para contar una historia con personajes que viven y experimentan situaciones y emociones reales.  Aunque no se menciona explícitamente el reino Allemonde, se entiende que la acción transcurre en un bosque y dentro de un castillo en la actualidad.  El marco escénico que dividía el escenario donde en una mitad se observaba un tupido bosque con árboles y la otra el interior de un opulento castillo, resultó ser una idea visualmente estética para el espectador, además del atractivo juego de luces creado originalmente por la diseñadora Paule Constable, y aquí encomendado al iluminador mexicano Pablo Santiago, con las proyecciones al fondo del escenario de Jack Henry James Fox que representaban la conjunción de la oscuridad de la noche con la luz del día, de la brillantez y la oscuridad, como signo de la contradicción que yace sobre  la relación entre las tres personas principales.  El elenco tuvo un buen desempeño comenzando con Sydney Mancasola, soprano estadounidense poco conocida en este país, pero de amplia carrera internacional, quien dotó al personaje de Mellisande del carácter ingenuo, inocente y frágil que requerido, mostrando una voz homogénea, dulce y musical en su timbre y emisión, desplegando seguras y brillantes notas agudas y conmovedores pianos. Pelléas le fue encomendado al tenor Will Liverman, quien creó un personaje de carácter endeble e indeciso, mostrando buenas condiciones vocales, con una emisión algo nasal, tensa y por momentos incómoda, aunque la línea vocal del papel fue concebida para un barítono Martín, que debe poseer un sonido ligero capaz de alcanzar un rango alto. El papel de Goulad fue cantando con profundidad, fuerza e impulso por el bajo-barítono Kyle Ketelsen, quien pareció sobreactuar su parte al estilo de un Otello obsesionado y consumido por los celos, que al final fue verisímil y en línea con la idea dispuesta por la dirección escénica.  El papel de su hijo Ynold, generalmente asignado a una soprano ligera, aquí fue interpretado por el niño soprano Kai Edgar, quien con apenas doce años se mostró desenvuelto y cómodo en escena.  El papel de Geneviève fue bien cantado por la experimentada mezzosoprano Susan Graham, que irradió brillantez y presencia. Ademas, fue un lujo contar con la presencia del bajo Ferruccio Furlanetto como Arkel, esa figura sombría implicada en todo lo que sucede en la historia por su sabiduría y visión. Se escuchó su profundo y autoritario canto, elegante en la dicción y en el fraseo.  Completó el elenco el bajo-barítono Patrick Blackwell en el papel del médico, y estuvo bien el coro es sus limitadas apariciones. Por su parte, James Conlon al frente de la orquesta regaló una sutil y grata lectura orquestal. Dirigió con delicadeza y atención, matizando los pasajes más reflexivos y tranquilos, como los pianissimos de los chelos y fagotes al inicio de la obra, y de las  cuerdas al final, sin faltar su requerida explosividad en los pasajes de fuerza orquestal y vocal, de pasión, de terror y violencia, así como en los ricos interludios que entrelazan cada escena, con una orquesta que respondió a la altura; coronando lo que fue una meritoria producción en este teatro, que mantuvo al público expectante y atento desde el inicio hasta el final del espectáculo.






Monday, May 26, 2014

Elektra de Strauss en el Teatro alla Scala de Milán

Foto: Brescia & Amisano

Massimo Viazzo

Altos muros grises daban marco a una escena que parecía casi una prisión, en la que vivían las tres mujeres fuertes y carismáticas, protagonistas de la opera de Strauss. Esta fue la ambientación de la Elektra de la Scala, el último espectáculo firmado por Patrice Chéreau antes de su muerte, repuesta aquí con gran cuidado por Vincent Huguet. Esta producción se originó en Aix-en-Provence en julio del 2013 trata con evidencia los rasgos de la poética del director francés con una escena desnuda, austera, atemporal dentro de la cual el mito se hace teatro burgués cargándose de agitaciones reales y reflejos psicoanalíticos. Así, la recitación es muy minuciosa para analizar las más secretas emociones que se transmiten al espectador de modo directo y de manera fulgurante. El merito fue también para una compañía de canto, casi perfecta, dominada por Evelyn Herlitzius en forma brillante. Su Elektra convenció por el gran magnetismo emitido y por seguridad en su canto, rico de inflexiones y claroscuros, muy solida en los agudos que fueron precisos y firmes.  Waltraud Meier diseñó una Klymtemnenstra psicológicamente atormentada, con una esculpida presencia escénica y Adrianne Pieczkonka con la suavidad de su canto dio voz a una Chrysothemis exuberante y determinada.  Para recordar también estuvo el Oreste de René Pape, con su timbre seductor y aterciopelado, con una linea vocal muy musical.  Pero también todos los cantantes que interpretaron los papeles menors (como Donald McIntyre, Franz Mazura y Roberta Alexander) supieron dar lo mejor de si. La conduccion de Esa-Pekka Salonen se hizo apreciar por la lucidez de su concertación y por el cuidado de los empastes instrumentales.  Salonen supo infundir a la orquesta un tono de inexorabilidad alucinada en todo lo que sucedía sobre el escenario para lograr un resultado artístico memorable.   

Elektra di Strauss - Teatro Alla Scala Milano

Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano

Massimo Viazzo

Alte mura grigie incorniciavano una scena che sembrava quasi una prigione, la prigione in cui vivono le tre donne forti e carismatiche, protagoniste dell’opera di Strauss. Questa era l’ambientazione dell’Elektra scaligera, l’ultimo spettacolo firmato da Patrice Chéreau prima della morte, ora ripreso con grande cura da Vincent Huguet. Questo allestimento, nato ad Aix-en-Provence nel luglio del 2013 porta con evidenza i tratti della poetica del regista francese, con una scena spoglia, austera, atemporale, all’interno della quale il mito si fa teatro borghese caricandosi di turbamenti reali e riflessi psicoanalitici. Così la recitazione è minuziosissima nell’analizzare le più segrete emozioni che vengono trasmesse allo spettatore in modo diretto e a tratti folgorante. Merito anche di una compagnia di canto, pressoché perfetta, dominata da una Evelyn Herlitzius in forma smagliante. La sua Elektra ha convinto per il grande magnetismo sprigionato e per la sicurezza del canto, ricco di inflessioni e chiaro-scuri, e saldissimo sugli acuti, precisi e fermissimi. Waltraud Meier ha disegnato una Klytemnestra psicologicamente tormentata, di presenza scenica scolpita e Adrianne Pieczonka con la morbidezza del suo canto ha dato voce ad una Chrysothemis volitiva e determinata. Da ricordare anche l’Orest di René Pape, di timbrica seducente e vellutata, e con una linea vocale musicalissima. Ma anche tutti i cantanti che interpretavano le parti di fianco (c’erano anche Donald McIntyre, Franz Mazura e Roberta Alexander) hanno saputo dare il meglio. La direzione di Esa-Pekka Salonen si è fatta apprezzare per la lucidità della concertazione e per la cura degli impasti strumentali. Salonen ha saputo infondere all’orchestra un tono di inesorabilità allucinata in un tutt’uno con quello che avveniva sul palcoscenico per un risultato artistico memorabile.

Sunday, February 5, 2012

Conciertos Filarmónica de Los Ángeles (LA Philharmonic)

Foto: Sonya Yoncheva Credito: Lawrence K. Ho/Los Angeles Times.


Como parte de su temporada 2011-2012 la Filarmónica de Los Ángeles (LA Philharmonic) ofreció dos interesantes y variados conciertos: comenzando con el debut orquestal norteamericano de la joven directora de orquesta francesa  Emmanuelle Haïm, quien ya había dirigido opera en Norteamérica hace algunos años,  y  cuyo programa elegido no podía ser otro que de música de Handel, compositor en el que esta especializada. Con un reducido número de integrantes compuesto en su mayoría de cuerdas, con oboes, cornos, flauta, laúd y  clavecín, la orquesta demostró poca afinidad y practica en la interpretación de música antigua, dejando en evidencia que el genero es aun una asignatura pendiente, no solo para las orquestas de estas latitudes, si no también para el publico, que fue escaso en esta ocasión. E. Haïm dirigió desde el clavecín con su habitual energía y seguridad ofreciendo una lectura plena de dinamismo e imaginación, y con control para liberar rigidez y mantener la cohesión, que momentos perdieron los instrumentistas durante la ejecución de las suites 1 en fa mayor y 3 en sol mayor de la Música Acuática. La brillante música de Handel fluyó con mayor ligereza y uniformidad en el Concerto Grosso, Op. 6, pero el momento más significativo fue la interpretación de la cantata Il delirio amoroso obra de seductoras y expresivas líneas melódicas en sus recitativos y arias, que fueron interpretadas con la agilidad y nitidez vocal exhibida por la soprano Sonya Yoncheva. Aquí Haïm dirigió  con gusto y mantuvo la vivacidad y los colores de la partitura. El segundo concierto contó con la presencia del finlandés Esa Pekka Salonen, quien durante diecisiete años fue el titular de esta orquesta, y que ofreció una emocionante e intensa ejecución, a toda fuerza, de la Obertura no. 2 Leonore de Beethoven. Del propio autor, se ejecutó una satisfactoria versión del Concierto para piano No. 2 en si bemol mayor, teniendo como solista al pianista Emanuel Ax, que fue bien arropado por la experimenta meno de Salonen y que agradó en su Rondo Molto Allegro. Fiel a su idea de ejecutar música contemporánea, Salonen dirigió el estreno absoluto de Sirens obra que fue comisionada por esta orquesta al compositor sueco Anders Hilborg, quien a su vez la dedicó a Salonen.  La obra sinfónica coral,  que contó con la brillante y exuberancia vocal e interpretativa de la mezzosoprano sueca Anne Sophie von Otter, con la soprano israelí Hila Plitmann y con el coro Los Angeles Master Chorale,  recreó el canto del mar y de las sirenas y textos inspirados en el encuentro de Ulises con las sirenas en la Odisea, con una orquestación que es moderna, aguda e intensa.  RJ

Thursday, June 2, 2011

Moskva, Cheryomushki operetta in tre atti di Dmitri Shostakovich -Long Beach Opera

Fotos:Keith Ian Polakoff / Long Beach Opera

Ramón Jacques

La compagnia Long Beach Opera, il secondo teatro per importanza della città di los Angeles California, ha realizzato il debutto locale della rara e poco conosciuta operetta in tre atti di Dmitri Shostakovich: Moskva, Cheryomushki, su libretto dei celebri umoristi russi dell’epoca Vladimir Mass e Mikhail Chervinsky.Cheryomushki, il titolo si riferisce ad un conosciuto sobborgo di Mosca pieno di abitazioni costruite e sovvenzionate dal governo russo, ebbe la sua prima mondiale nella capitale russa il 24 gennaio 1959. Questa composizione è stata l’unica incursione del prolifico compositore, principalmente conosciuto per le sue sinfonie e quartetti per archi, nel campo della musica leggera e della commedia musicale, dato che la trama affronta in maniera satirica il problema della carenza, della burocrazia, delle difficoltà per ottenere un alloggio in Russia nell’era di Nikita S. Khrushchev. L’attrattiva e la viva orchestrazione contiene influenze di diversi stili musicali, soprattutto della musica romantica e della musica popolare russa, di compositori come Tchaikovsky e Lehár, mescolandola con alcuni passaggi di musica più ombrosa e atonale. Il direttore austriaco Andreas Mitisek, titolare della compagnia, ha diretto in modo corretto mantenendo sempre energia e dinamica come previsto in partitura. La messa in scena, austera e di pochi elementi come una gru meccanica, manifesti in russo e costumi anni ’50, ha permesso libertà di movimenti ai solisti e al coro.
Fortunatamente la regia di Isabel Milenski, che ha proposto situazioni divertenti, non prevedeva forzature. Tra i solisti si possono citare l’abilità attoriale e la timbrica scura del mezzosoprano Peabody Southwell nel ruolo di Masha; la brillante linea di canto del soprano Valerie Vinzant come Lidochka; e la simpatica ed esuberante Vava del soprano Susan Hanson. Infine si deve menzionare che Orango, l’opera satirica incompiuta che Shostakovich cominciò a comporre nel 1932 e la cui partitura per pianoforte del prologo e il libretto furono ritrovati nel 2006 dalla moglie Irina (terza sposa del compositore), è stata ricostruita e orchestrata dal compositore inglese Gerard McBurney (anche Moskva, Cheryomushki, Op. 105). La prima mondiale di quest’opera è prevista a Los Angeles nel dicembre 2011 e vedrà impegnata la Los Angeles Philharmonic diretta da Esa-Pekka Salonen (Premio Abbiati,per la direzione di Da una casa di morti di Leoš Janáčekalla Scala) con messa in scena di Peter Sellars.





Saturday, May 21, 2011

Moskva Cheryomushki opereta de Dmitri Shostakovich presentada por la compañía Long Beach Opera

Fotos: Keith Ian Polakoff

Ramón Jacques 
La compañía Long Beach Opera de California, el segundo teatro en importancia de la ciudad de Los Ángeles realizó el estreno local de la rara y poco conocida opereta en tres actos de Dmitri Shostakovich: Moskva, Cheryomushki, con libreto de dos reconocidos humoristas rusos de la época Vladimir Mass y Mikhail Chervinsky. Cheryomushki, el titulo como mejor se conoce la obra y a la vez el nombre de un conocido suburbio de Moscu repleto de viviendas construidas y subsidiadas por el gobierno ruso, tuvo su estreno mundial en la capital rusa el 24 de enero de 1959. Dicha composición fue la única incursión del prolífico compositor, principalmente conocido por sus sinfonías y sus cuartetos de cuerdas, en el género de la música ligera y la comedia musical, ya que la trama aborda de manera satírica y cómica el problema de la escasez, de la burocracia y las dificultades para obtener una vivienda en Rusia en la era de Nikita S. Khrushchev. La atractiva y vivaz orquestación contiene influencias de diversos estilos musicales, notablemente de la música romántica y de la música popular rusa, de compositores como Tchaikovsky y Lehár, mezclándola con algunos pasajes de música sombría y por momentos atonal. El director austriaco Andreas Mitisek, titular de la compañía, dirigió de manera correcta a la orquesta manteniendo siempre la energía y la dinámica contenida en la partitura. La puesta escénica, austera y de pocos elementos como una grúa mecánica, carteles en ruso y vestuarios de los años 50, permitió libertad en los movimientos sobre la escena de los solistas y el coro. Afortunadamente, la dirección escénica de Isabel Milenski, que propuso situaciones divertidas, no incurrió en la sobreactuación ni en la forzada e innecesaria comicidad. Entre los solistas se puede destacar el desempeño actoral y la oscura tonalidad de la mezzosoprano Peabody Southwell, en el papel de Masha; la brillante línea de canto de la soprano Valerie Vinzant, como Lidochka; y la simpática y exuberante Vava de la soprano Susan Hanson. Finalmente, se debe mencionar que Orango, la opera satírica inconclusa que Shostakovich comenzó a componer en 1932, y cuya partitura para piano del prologo y libreto fueron descubiertos en el 2006 por Irina la tercera esposa del compositor, fue ya reconstruida y orquestada por el compositor ingles Gerard Mc Burney. El estreno mundial de esta obra esta previsto para realizarse en California, en diciembre del 2011 por la  Filarmónica de Los Ángeles (Los Angeles Philarmonic) que será conducida por Esa Pekka Salonen con puesta escenica de Peter Sellars.


Wednesday, March 17, 2010

De la casa de los muertos de Leóš Janáček - Teatro alla Scala de Milán

Foto: Ros Ribas - Fondazione Teatro alla Scala di Milano
Massimo Viazzo
La visión del mundo de los campos de prisioneros de Patrice Chéreau es muy humana. En este espectáculo, creado hace dos años y medio en Aix-en-Provence y coproducido, entre otros, por el teatro milanes, el director francés realizó una obra maestra de una intensidad psicológica fuera de lo común, logrando hacer que un trabajo sustancialmente sin trama fuera fascinante. Toda la ambientación fue atemporal y las altas y suspendidas paredes, (típico de la estética de Richard Peduzzi colaborador habitual Chéreau) delimitaron un espacio escénico que nunca fue invasivo. Tres momentos para recordar de la producción son: la lluvia de desechos (algo casi nunca actual) con la que se paso del primero al segundo acto, la muy eficaz pantomima del segundo acto que fue apartada y melancólica, y el águila de madera, sostenida a la fuerza, que se liberó con un vuelo catártico al final de la opera. De la casa de los muertos, que cuenta una serie de eventos sustancialmente ligados al pasado de los prisioneros, esta cimentada en la mecánica repetitiva de los gestos cotidianos de la vida de un campo, y que están ligados entre si por un delgado hilo conductor, para concentrarse en tres magníficos monólogos, uno por acto, que fueron unos verdaderos micro dramas de enérgica sustancia musical. Toda la obra fue dominada por un interminable conmoción de franco vigor, y por una expresiva y devoradora fuerza. Esa-Pekka Salonen mostró una vitalidad rítmica, seguida con pertinencia desde los primeros movimientos de su batuta, y un control casi infalible de los empastes timbricos y de incontenible paso teatral. En su debut al frente de una producción en el máximo teatro milanes, el director finlandés privilegió una cierta abreviatura en su labrado, sin hacer menos el cuidado de las dinámicas; y en la búsqueda de la eufonía, todo sonó afilado, cortante, agresivo, pero nunca diabólico.

Su ejecución que fue más movida, y mas clara-oscura respecto a la original y cartesiana realizada por Pierre Boulez en el 2007. Pero esta vez, como nunca, en la ultima obra maestra de Leóš Janáček ¡el trabajo de de equipo terminó pagando! No fue solo merito de Chéreau que los retratos de los carcelarios hayan quedado impresos en la memoria, si no que que también la formidable adherencia al dictado dramatúrgico que tuvo el elenco vocal. Por ello, no se puede olvidar: la demencia de Skuratov del sobrexcitado John Mark Ainsley, la muy amaga perturbación y agresividad del Filka de Stefan Margita, la gallardía del Šiškov de Peter Mattei, de seductor y suave canto; como tampoco la nobleza de Gorjančikov del elegante Willard White, ni la inocencia di Aljeja de un Eric Stoklossa, que fue verdaderamente conmovedor. Se debe subrayar también la muy compacta y deslumbrante prueba, muy segura en los timbres del Coro del Teatro alla Scala. En suma, ¡fue un espectáculo victorioso!

Da una casa di morti di Janáček - Teatro alla Scala, Milano

Fotografie di Ros Ribas- Teatro alla Scala, Milano

Janáček compone, Chéreau umanizza

Massimo Viazzo
E’ umanissimo il mondo dei campi di prigionia nella visione di Patrice Chéreau. Il regista francese in questo spettacolo - creato ad Aix-en-Provence due anni e mezzo fa e coprodotto, tra l’altro, proprio dal teatro milanese - realizza un capolavoro di intensità psicologica fuori dal comune riuscendo a rendere avvincente un’opera sostanzialmente senza trama. L’ambientazione è tutto sommato atemporale con alte pareti geometriche, incombenti (tipiche dell’estetica del collaboratore di sempre Richard Peduzzi) delimitanti uno spazio scenico mai invasivo. Tre momenti da ricordare: la pioggia di rifiuti (mai così attuale) che sigla il passaggio dal primo al secondo atto, l’efficacissima pantomima del secondo atto straniante e malinconica, e l’aquila di legno sostenuta dai forzati che si libra in un volo catartico al termine dell’opera. Da una casa di morti racconta un serie di vicende sostanzialmente legate al passato dei prigionieri, calate nella meccanica ripetitività dei gesti quotidiani della vita del campo, legate tra loro da un esilissimo filo conduttore e che si coagulano in tre superbi monologhi, uno per atto, veri microdrammi di energica sostanza musicale. Ma tutto il lavoro è pervaso da un fremito inarrestabile, da una vigoria franca, da una forza espressiva divorante. Esa-Pekka Salonen sfodera una vitalità ritmica perseguita con pertinacia fin dalle prime battute, un controllo pressoché infallibile degli impasti timbrici ed un passo teatrale travolgente. Il direttore finlandese (al suo debutto in una produzione operistica nel massimo teatro milanese) predilige una certa stringatezza nell’incedere senza venir meno la cura delle dinamiche e, non ultimo, la ricerca dell’eufonia: tutto suona affilato, tagliente, aggressivo, ma mai cattivo, in un’esecuzione più mossa, più chiaroscurata rispetto a quella originale e cartesiana realizzata da Pierre Boulez nel 2007.

E mai come nell’ultimo capolavoro di Leóš Janáček il lavoro d’équipe paga! Non è solo per merito di Chéreau che i ritratti dei carcerati restano impressi nella memoria. Come dimenticare, per esempio, la demenza di Skuratov (un tarantolato John Mark Ainsley), l’alienazione amarissima di Filka (un aggressivo Stefan Margita) o la gagliardia di Šiškov (seducente il morbidissimo canto di Peter Mattei) e poi ancora la nobiltà di Gorjančikov (un elegante Willard White) o l’innocenza di Aljeja (un Eric Stoklossa davvero commovente) se anche il cast, vocalmente, non fosse stato di formidabile aderenza al dettato drammaturgico? E non ultimo è da sottolineare la prova di grande compattezza, timbricamente scurissima, del Coro del Teatro alla Scala, in forma smagliante. Insomma uno spettacolo vincente!