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Friday, April 12, 2019

Jenůfa - Teatro dell’opera Olandese

Foto: © Ruth Walz

Ramón Jacques
Jenůfa  è stata rappresentata al teatro dell’opera olandese con la nuova proposta di Katie Mitchell adattata all’epoca moderna con scene e costumi di Lizzie Clachan, che raccontava la storia come se si trattasse di una telenovela, toccando temi sociali attuali come le molestie sul posto di lavoro, le gravidanze non desiderate e la violenza contro le donne. Le iummagini apparivano dirette e realistiche e si sviluppavano in un ufficio, nella casa della Kostelnička e in un salone delle feste, con delle scene così ben progettate da sembrare in uno studio televisivo, sebbene ciò che effettivamente si osservava erano immagini della vita tormentata di Jenůfa. La scena più di impatto è stata quella nell’ufficio del primo atto in cui lo spettatore poteva vedere quello che succedeva negli ambienti di una importatnte impresa, separati da muri, e nel quale Jenůfa lavorava come segretaria esecutiva. Risaltava la drammaticità e la cupezza della partitura orchestrale grazie alla solida direzione di Tomáš Netopil davanti ad una omogenea Netherlands Philarmonic Orkest. Molto buono il disimpegno vocale pieno di lirismo e di qualità della voce esibito dal soprano Annette Dash, che debuttava nel personaggio di Jenůfa, la cui figura  attraente e slanciata ben si adattava al personaggio disegnato in questa produzione. Evelyn Herlitzius è stata la malevole Kostelnička, ambizionsa, diabolica e credibile, con un vigoroso dispiego di mezzi vocali. Altro punto di eccellenza nel cast è stata la presenza dell’esperto mezzosoprano tedesco Hanna Schwarz nel ruolo della nonna Buryiiovka, di cui si registrava la sua lunga esperienza e la sicurezza vocale. Norman Reinhardt ha  impersonato bene lo sgradevole Števa, da parte sua Pavel Černoch ha dato colore e smalto al suo canto come violento Laca. E’ piaciuto il mezzosoprano Karin Strobos per la sua incredula Karolka e il coro ha velocemente compiuto i propri interventi.



Thursday, February 14, 2019

Jenůfa en Amsterdam


0Foto: © Ruth Walz
Ramón Jacques 
Jenůfa fue presentada en el teatro de la ópera neerlandesa con una nueva propuesta de Katie Mitchell adaptada a la época moderna, con escenario y vestuarios de Lizzie Clachan que contó la historia como si se tratara de una telenovela, abordando temas sociales actuales como el acoso laboral, los embarazos no deseados y la violencia contra las mujeres. Las imágenes son directas y muy realistas, y se desarrollan dentro de una oficina, la casa de Kostelnička y un salón de fiestas, con sets tan bien diseñados como si se tratara de un estudio de televisión, aunque lo que en realidad se observa son imágenes de la atormentada vida de Jenůfa. La escena más impactante, es la oficina del primer acto, donde el espectador puede ver lo que sucede dentro de cada oficina de una importante empresa, separadas entre sí por muros, y en la que Jenůfa trabaja como secretaria ejecutiva. Resaltó el dramatismo y la oscuridad de la partitura orquestal gracias a la sólida conducción de Tomáš Netopil al frente de una homogénea Netherlands Philarmonic Orkest. Muy buen despliegue vocal pleno de lirismo y las cualidades de su voz, exhibió la soprano Annette Dasch, quien debutó el personaje de Jenůfa, y cuya atractiva y esbelta figura se adecuó fielmente a la papeleta que requería la producción. Evelyn Herlitzius fue la malévola Kostelnička, ambiciosa, diabólica y creíble, con un vigoroso despliegue vocal. Otro punto para destacar en el elenco fue la presencia de la experimentada mezzosoprano alemana Hanna Schwarz como la abuela Buryjovka, quien dejó constancia de su larga experiencia y su seguridad vocal. Norman Reinhardt personifico bien al desagradable Števa, Por su parte, Pavel Černoch dio colorido y matices a su canto como el violento Laca. Agradó la mezzosoprano Karin Strobos por su incrédula Karolka; y el coro cumplió con celeridad, pero empuje cuando fue requerido.


Thursday, February 23, 2017

Lohengrin en Paris

Fotos: Monika Ritterhaus

Gustavo Gabriel Otero
Twitter: @GazetaLyrica

París (Francia), 18/01/2017. Ópera Nacional de París Bastille. Richard Wagner: Lohengrin. Ópera en tres actos. Libreto de Richard Wagner. Claus Guth, dirección escénica. Christian Schmidt, escenografía y vestuario, Volker Michl, coreografía. Ronny Dietrich, dramaturgia. Olaf Winter, iluminación. Jonas Kaufmann (Lohengrin), Martina Serafin (Elsa de Brabante), René Pape (Rey Enrique I), Tomasz Komieczny (Telramund), Evelyn Herlitzius (Ortrud), Egils Silins (Heraldo), Hyun-Jong Roh, Cyrille Lovighi, Laurent Laberdesque y Julien Joguet (Nobles de Brabante). Orquesta y Coro Estable de la Opera Nacional de París. Director del Coro: Jo Luis Basso. Dirección Musical: Philippe Jordan.

La Ópera de París presentó en su sala de La Bastilla la producción escénica firmada por Claus Guth que se estrenó originalmente en Milán en 2012. La acción se traslada a los años 1850 en Alemania y Lohengrin es caracterizado como una criatura frágil que busca constantemente escapar o esconderse. No hay aquí cisnes, caballeros, gloria o armas, pues se ha quitado cualquier referencia al mundo medieval evocado en el libreto, sino introspección psicológica. La puesta luce pensada, correctamente elaborada, más simbólica que romántica y muy trabajada. Quizás la iluminación de Olaf Winter sea lo mejor de la faz visual con sorprendentes climas y belleza en cada momento; mientras que la escenografía y el vestuario de Christian Schmidt fueron funcionales al concepto de la puesta: un escenario único con tres pisos con seis puertas por piso en el fondo y tres en cada costado y un vestuario mayoritariamente negro con excepción de Elsa que viste de blanco. Philippe Jordan extrajo de la orquesta todos los matices posibles desde la claridad y sutileza del preludio hasta los momentos de mayor fuerza pasando por las perfectas fanfarrias y por momentos de extraordinaria excelencia como el inicio del tercer acto. 
El Coro de la Ópera de París, que dirige José Luis Basso, mostró su valía en una noche verdaderamente memorable con una obra de gran compromiso para ese colectivo de artistas. Jonas Kaufmann impacta con este Lohengrin tembloroso y con miedo que asume con total convicción escénica y sus poderosos medios vocales. No hay atisbo de problemas en su emisión, su voz se proyecta con grandeza. Sus agudos son firmes y su fraseo de primer nivel mientas maneja con excelencia la media voz y los pianísimos. René Pape aportó el terciopelo de su voz al Rey Enrique y algún agudo problemático no empaña su exquisita labor. Un gran Telramund ofreció el bajo-barítono polaco Tomasz Konieczny tanto por la línea de canto como por su actuación. Martina Serafin fue una Elsa interesante con buen fraseo y timbre algo duro y color metálico. Mientras que Evelyn Herlitzius como Ortrud conmovió por su pasional entrega al personaje y por su excelente registro central mientras que en el agudo se evidenció una tendencia al descontrol. Muy bien servido el Heraldo por Egils Silins y correcto el resto del elenco.

Monday, May 26, 2014

Elektra de Strauss en el Teatro alla Scala de Milán

Foto: Brescia & Amisano

Massimo Viazzo

Altos muros grises daban marco a una escena que parecía casi una prisión, en la que vivían las tres mujeres fuertes y carismáticas, protagonistas de la opera de Strauss. Esta fue la ambientación de la Elektra de la Scala, el último espectáculo firmado por Patrice Chéreau antes de su muerte, repuesta aquí con gran cuidado por Vincent Huguet. Esta producción se originó en Aix-en-Provence en julio del 2013 trata con evidencia los rasgos de la poética del director francés con una escena desnuda, austera, atemporal dentro de la cual el mito se hace teatro burgués cargándose de agitaciones reales y reflejos psicoanalíticos. Así, la recitación es muy minuciosa para analizar las más secretas emociones que se transmiten al espectador de modo directo y de manera fulgurante. El merito fue también para una compañía de canto, casi perfecta, dominada por Evelyn Herlitzius en forma brillante. Su Elektra convenció por el gran magnetismo emitido y por seguridad en su canto, rico de inflexiones y claroscuros, muy solida en los agudos que fueron precisos y firmes.  Waltraud Meier diseñó una Klymtemnenstra psicológicamente atormentada, con una esculpida presencia escénica y Adrianne Pieczkonka con la suavidad de su canto dio voz a una Chrysothemis exuberante y determinada.  Para recordar también estuvo el Oreste de René Pape, con su timbre seductor y aterciopelado, con una linea vocal muy musical.  Pero también todos los cantantes que interpretaron los papeles menors (como Donald McIntyre, Franz Mazura y Roberta Alexander) supieron dar lo mejor de si. La conduccion de Esa-Pekka Salonen se hizo apreciar por la lucidez de su concertación y por el cuidado de los empastes instrumentales.  Salonen supo infundir a la orquesta un tono de inexorabilidad alucinada en todo lo que sucedía sobre el escenario para lograr un resultado artístico memorable.   

Elektra di Strauss - Teatro Alla Scala Milano

Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano

Massimo Viazzo

Alte mura grigie incorniciavano una scena che sembrava quasi una prigione, la prigione in cui vivono le tre donne forti e carismatiche, protagoniste dell’opera di Strauss. Questa era l’ambientazione dell’Elektra scaligera, l’ultimo spettacolo firmato da Patrice Chéreau prima della morte, ora ripreso con grande cura da Vincent Huguet. Questo allestimento, nato ad Aix-en-Provence nel luglio del 2013 porta con evidenza i tratti della poetica del regista francese, con una scena spoglia, austera, atemporale, all’interno della quale il mito si fa teatro borghese caricandosi di turbamenti reali e riflessi psicoanalitici. Così la recitazione è minuziosissima nell’analizzare le più segrete emozioni che vengono trasmesse allo spettatore in modo diretto e a tratti folgorante. Merito anche di una compagnia di canto, pressoché perfetta, dominata da una Evelyn Herlitzius in forma smagliante. La sua Elektra ha convinto per il grande magnetismo sprigionato e per la sicurezza del canto, ricco di inflessioni e chiaro-scuri, e saldissimo sugli acuti, precisi e fermissimi. Waltraud Meier ha disegnato una Klytemnestra psicologicamente tormentata, di presenza scenica scolpita e Adrianne Pieczonka con la morbidezza del suo canto ha dato voce ad una Chrysothemis volitiva e determinata. Da ricordare anche l’Orest di René Pape, di timbrica seducente e vellutata, e con una linea vocale musicalissima. Ma anche tutti i cantanti che interpretavano le parti di fianco (c’erano anche Donald McIntyre, Franz Mazura e Roberta Alexander) hanno saputo dare il meglio. La direzione di Esa-Pekka Salonen si è fatta apprezzare per la lucidità della concertazione e per la cura degli impasti strumentali. Salonen ha saputo infondere all’orchestra un tono di inesorabilità allucinata in un tutt’uno con quello che avveniva sul palcoscenico per un risultato artistico memorabile.

Sunday, January 6, 2013

Lohengrin de Wagner en el Teatro alla Scala


Foto: Monika Rittershaus
 
Massimo Viazzo
 
¡Gran inauguración en la Scala! La visión psicoanalítica que caracterizó fuertemente el Lohengrin de Claus Guth indudablemente que sorprendió al público scaligero, pero que coherencia dramatúrgica tuvo. Claus Guth ambientó la opera a mediados del siglo diecinueve, prácticamente en la época de su creación quitando cualquier referencia al mundo medieval evocado en el libreto. Lo que le interesaba a Claus Guth no era el aspecto fantástico y de fabula de la obra si no la profundidad de la psique de los dos protagonistas que fue puesta al desnudo y situada en primer plano. Fue así como Elsa misma evocó con su sueño interior la aparición del caballero del cisne,  el que debía ayudarla y apoyarla en la adversidad de su vida tormentosa. Pero aunque el mismo Lohegrin, fue literalmente lanzado en este mundo, “otro” mundo que no era el suyo  (memorable fue su entrada en posición fetal, titubeante, tembloroso, casi un nuevo nacimiento) se presentó como un individuo en la búsqueda de si mismo. ¿Quién es el Caballero del Cisne? ¿Es un protector, un redentor, o posee también miedos y debilidades? Fue aquí donde Guth completó de modo sorprendente la visión dramatúrgica de la obra maestra wagneriana, captando en el protagonista la dicotomía que se crea entre su comportamiento y su ser, y la tarea para la que fue llamado por las multitudes en la búsqueda de su propio “yo” intimo y secreto.  Es por ello que el Lohengrin de Guth, es un Lohengrin absolutamente antiheroico, que al final de la opera sale de la escena, muriendo, y de manera espectacularmente simétrica a la que ingresó.  Excepcional fue la prueba de Jonas Kaufmann, absolutamente el mejor Lohengrin en circulación al día de hoy.  El tenor bavaro cantó un Lohengrin muy delicado y en la búsqueda constante de la expresividad, íntimo y sobretodo muy humano. Con una sólida emisión  y una extraordinaria seguridad en la definición del fraseo. Kaufmann electrizó al público. Su In fernem land, fue diáfano y conmovedor por timbre y es ya una de las paginas cumbres escritas en la historia reciente del máximo teatro milanes. Muy bien estuvo también Anja Harteros, una Elsa de gran carisma vocal, lírica y luminosa, aunque también atormentada.  La desbordante Ortrud de Evelyn Herlitzius, y el muy áspero Telramund de Tomas Tomasson formaron la pareja de “malos”.  Suave en su timbre, pero un poco problemático en los agudos estuvo el bajo alemán Rene Pape en el papel del rey, mientras que no siempre estuvo a punto en la entonación el Heraldo de Zeliko Lucic. Al final, de grande espesor fue la prueba de dirección de Daniel Barenboim agogica, muy móvil y siempre muy teatral. Un aplauso a todos, orquesta y coro por una producción que será recordada. 

Wednesday, January 2, 2013

Lohengrin - Teatro alla Scala, Milano


Foto: Monika Rittershaus

Massimo Viazzo

Grande inaugurazione alla Scala! La visione psicanalitica che ha fortemente caratterizzato il Lohengrin di Claus Guth può aver certamente spiazzato il pubblico scaligero; ma che coerenza drammaturgica! Claus Guth ha ambientato l’opera a metà Ottocento, praticamente all’epoca della sua composizione, facendo piazza pulita di ogni riferimento al mondo medievale evocato dal libretto. Ciò che interessava a Claus Guth non era certo l’aspetto fantastico e favolistico della vicenda, ma la profondità della psiche dei due protagonisti veniva messa a nudo situandosi in primo piano. E così era Elsa stessa ad evocare con il suo sogno interiore la comparsa del Cavaliere del Cigno, colui che la doveva aiutare e sostenere nell’avversità della sua vita travagliata. Ma anche lo stesso Lohengrin, letteralmente scaraventato in questo mondo, un mondo “altro” dal suo (memorabile la sua entrata in posizione fetale, titubante, tremante, quasi una nuova nascita...), era presentato come un individuo alla ricerca di se stesso: chi è il Cavaliere del Cigno? E’ un protettore, un redentore o possiede pure lui ansie e debolezze? E’ qui che Guth completa in modo avvincente la visione drammaturgica del capolavoro wagneriano cogliendo nel protagonista la dicotomia che si viene a creare tra il suo agire e il suo essere, tra il compito a cui è chiamato dalla moltitudine e la ricerca del proprio “io” intimo e segreto. Perciò il Lohengrin di Guth è un Lohengrin assolutamente antieroico, che alla fine dell’opera esce di scena, morendo, in modo specularmente simmetrico al suo ingresso. Eccezionale la prova di Jonas Kaufmann, in assoluto il miglior Lohengrin in circolazione oggi. Il tenore bavarese ha cantato un Lohengrin sfumatissimo, alla ricerca costante dell’espressività, intimo e soprattutto molto umano. Con una emissione salda e una sicurezza straordinaria nella definizione del fraseggio, Kaufmann ha elettrizzato il pubblico. Il suo In fernem Land, diafano e timbricamente commovente, è stata una delle pagine più alte scritte nella storia recente del massimo teatro milanese! Non da meno è stata Anja Harteros, un’Elsa di grande carisma vocale, lirica e luminosa, ma anche tormentata. La debordante Ortrud di Evelyn Herlitzius e il più rozzo Telramund di Tomas Tomasson formavano la coppia dei “cattivi”. Timbricamente morbido, ma un po’ problematico sugli acuti il basso tedesco René Pape nei panni del Re, mentre non sempre a fuoco nell’intonazione l’Araldo di Zeliko Lucic. Di grande spessore, infine, la prova direttoriale di Daniel Barenboim, agogicamente mobilissima e sempre molto teatrale. Un bravo a tutti, orchestra e coro, per una produzione da ricordare!

Saturday, September 25, 2010

Die Meistersinger, Lohengrin, Parsifal y el Anillo de Wagner en el Festival de Bayreuth 2010

Fotos: Anillo (Die Walkure, Die Meistersinger,Götterdämmerung Enrico Nawrath / Bayreuther Festspiele Lohengrin (Jonas Kaufmann - Michaela Rehle - Reuter; y Annete Dasch -David Ebener/ DPA).

Massimo Viazzo

Festival di Bayreuth 2010

WAGNER DIE MEISTERSINGER VON NÜRNBERG J. Rutherford, A. Korn, C. Reid, R. Zaun, A. Eröd, M. Eiche, E. Randall, F. Hoffmann, S. Heibach, M. Snell, M. Klein, D. Randes, K. F. Vogt, N. Ernst, M. Kaune, C. Guber, F. Röhlig; Orchestra e Coro del Festival di Bayreuth, direttore Sebastian Weigle regia: Katharina Wagner scene:Tilo Steffens costumiMichaela Barth, Tilo Steffens Bayreuth, Festspielhaus 5 agosto 2010

WAGNER LOHENGRIN J. Kaufmann, G. Zeppenfeld, A. Dasch, H. J. Ketelsen, E. Herlitzius, S. Youn, S. Heibach, W. van der Heyden, R. Zaun, C. Tschelebiew; Orchestra e Coro del Festival di Bayreuth, direttoreAndris NelsonsregiaHans Neuenfelsscene e costumiReinhard von der Thannen Bayreuth, Festspielhaus 6 agosto 2010

WAGNER PARSIFAL. Roth, D. Randes, K. Youn, C. Ventris, T. Jesatko, S. Maclean, A. Bezuyen, F. Röhlig, J. Borchert, U. Helzel, C. Bieber, W. van der Heyden, M. Rüping, C. Guber, C. Kohl, J. M. Böhnert, S. Schröder; Orchestra e Coro del Festival di Bayreuth, direttoreDaniele GattiregiaStefan HerheimsceneHeike ScheelecostumiG. Völlm. Bayreuth, Festspielhaus 7 agosto 2010

WAGNER Der Ring des Nibelungen.A. Dohmen, L. Ryan, L. Watson/S. Hogrefe, J. Botha, E. Haller, M. Fujimura, C. Mayer, A. Shore, W. Schmidt, A. Bezuyen, E. Halfvarson, R. Lukas, K. Youn, D. Randes, C. Kohl, U. Helzel, S. Mühleck, A. Gabler, M. Dike, S. Schröder, M. Gordon-Stewart, W. te Brummelstroete, A. Küttenbaum, A. Petersamer Orchestra e Coro del Festival di Bayreuth, direttore: Christian ThielemannregiaTankred DorstsceneF. P. SchlößmanncostumiB. E. Skodzig Bayreuth, Festspielhaus 8-9-11-13 agosto 2010

Fue el Regietheater quien mandó en la edición 2010 del Festival de Bayreuth. Pero el Ring de Tankred Dorst- que el próximo año, después del canónico quinquenio, será retirado y remplazado por Tannhäuser- resultó irremediablemente ser la producción perdedora desde el punto de vista conceptual y visivo, en relación con las otras tres producciones, que fueron mas dinámicas, y decididamente se rescata lo que respecta a la parte musical. Dorst habría tenido también la justa intuición de dar vida a esta regia-no-regia: y el hecho de que el mito viva junto a los humanos condicionándolos puede ser también una buena percepción, pero la idea fue ejercida de una manera tan blanda que la hizo parecer solo episódica. Se vieron grupos de delgados jóvenes que jugaban y recorrían el escenario, inconscientes de las cuestiones que ocupaban a los dioses. Después fue el turno de un técnico que tomó la lectura de los números del gas también en el Nibelheim, y el de unos operadores que sin saberlo trabajaban sobre unos caminos, mientras debajo del viaducto se consumaba el asesinato del dragón por parte de Siegfried. Demasiado esporádico y ocasional. ¿Que sucede entonces? Entonces, se piensa en Christian Thielemann y en un elenco que en conjunto estuvo muy bien resolviendo la suerte de un espectáculo disminuido y un poco monótono (además, poca entendible fue la elección de cerrar la cortina en cada interludio y en cada cambio de escena). Thieleman logró cuajar monumentalidad con lirismo, e intimismo con lo épico sin perder nunca de vista la narración (¡impresionante!). La habilidad para hacer constantemente flexible el tiempo y la «sonorización» de las pausas (como apasionante fue la última, antes de la exposición del Leitmotiv de la redención de amor, en línea con el Crepúsculo legado de las lecciones de Giuseppe Sinopoli) proyectan al maestro berlinés hacia el Gotha de los grandes directores wagnerianos.

Posterioremente se pudo escuchar finalmente un Siegfried, que fue Lance Ryan, solido, rebelde, resistente y casi nunca fatigado (una novedad en el Bayreuth de los últimos años), capaz también de tocar la finezas en las medias voces. A su lado, Linda Watson (Brünnhilde) estuvo admirable por tenacidad y obstinación de acento, a pesar de estar debilitada por una fastidiosa faringitis que le impidió cantar el tercer acto de Siegfried. El muy probado Wotan de Albert Dohmen, fue una de las fortalezas de esta producción desde su première en el 2006. Es orgulloso, perentorio, autoritario, de una línea esculpida, y aun así, capaz de replegarse en inflexiones mas profundas. Johan Botha con su Siegmund muscular, de alguna rigidez en su línea pero de fluida vocalidad, completó un póker de ases de alto perfil. En tanto, el elenco de Meistersinger desilusionó un poco, y en el se presentó James Rutherford el tercer Sachs en tres años. Aun así, el espectáculo de Katharina Wagner fue interesante por la audacia con la que se invirtieron los valores de de los buenos y los malos sin forzar nunca el libreto del bisabuelo. Hans Sachs atravesó un mapa de papel de tornasol «Walther» como un street artist un poco ingenuo, recobrando valores de la antigua tradición, y Beckmesser inicio un recorrido antiético convirtiéndose el mismo en un artista solitario y libre. Todos fueron óptimos actores, pero vocalmente solo Adrian Eröd (el Merker) y Norbert Ernst (David) logaron resolver la suerte de una función sin un brillo particular.

Casi perfecta, estuvo la compañía de canto de Parsifal dominada por el afligido pero también enérgico Gurnemanz de Kwangchul Youn. Christopher Ventris en el papel del «puro loco» fue una confirmación, Susan Maclean (Kundry) fue un agradable descubrimiento: su modo casi mórbido y voluptuoso de interpretar las frases conquistó literalmente. Una lastima por el Amfortas de rango reducido de Detlef Roth, parcialmente rescatándose en la primera sesión del Lamento del tercer acto. La dirección de Daniele Gatti, fue solemne, hierática, contemplativa, nunca grandilocuente, y embellecida por una tímbrica que la hizo parecer de verdad ejemplar Se podría no hablar de la poliédrica regia firmada por Stefan Herheim, que esta destinada a entrar directamente a los anales del festival. De gran impacto visual de rara fuerza intelectual fue el Parsifal de Herheim, tan físico y conceptual a la vez, que logró ser absoluto y definitivo, justo por su actitud para maniobrar por niveles mas compuestos.

De hecho, el director de escena noruego no se limitó a narrar la historia de Parsifal (por ejemplo, en el preludio se ayudó de una pantomima un poco larga para contar la muerte de mama Herzeleide) de una manera mas amplia al espectro de la narración con múltiples refracciones y estratificaciones temporales que envolvieron la historia misma del festival – el Templo de Graal en que se ambientó la ultima parte del primer acto repitió claramente aquel que fuera diseñado por Paul von Joukowsky en 1882 para el estreno absoluto de la opera- como el de villa Wahnfried, escenografía de eventos sobre la escena, de la misma Alemania, con un impresionante final situado en el Bundestag alemán. El todo estuvo acompañado por la constante presencia de una cama en el centro de la escena, como símbolo claro de la vida y la muerte, que traga y escupe individuos en metamorfosis. Fue un espectáculo riquísimo y por ciertos versos inquietante, que se espera que pronto pueda encontrar la vía del DVD. Irónico, divertido, provocativo fue al final el nuevo Lohengrin de Hans Neuenfels, que fue dirigido con ímpetu, pero poco atmosfera, por el joven leton Andris Nelsons. Cuidado dramatúrgico y muy elegante escénicamente estuvo esta producción escénica que será recordada sobretodo por dos motivos: la prueba mayúscula propuesta por Jonas Kaufmann en el papel del caballero cisne, robusto, viril, timbrado, fijado a los agudos y siempre muy variado en el fraseo (nunca con un falsete ni en los pianísimos); y la transformación de los pobres brabantinos en grande ratas blancas, negras (y rosas) en la óptica de una radical descontextualización de los acontecimientos. Es claro que estos ratones suscitaron la diversión del público en la apertura de la cortina (pero que se transformaron en ternura en la escena del cortejo nupcial del segundo acto con todas los ratoncitos vestidos con multicolores y la cola colgante) creíble metáfora de un pueblo manipulado en un laboratorio que puede esperar a liberarse solo aspirando de manera utópica a una forma de vida superior, mucho muy emancipada.

También Telramund (un Ketelsen de fraseo poco refinado), el Rey (un monarca casi atormentado de manera shakesperiana, personificado por un notable Georg Zeppenfeld, ¡hasta el día de hoy nunca antes visto!) y naturalmente Elsa (la frágil y por momentos un poco desvaneciente Annete Dasch) entraron en la orbita de aquel genio del mal que es Ortrud (una Evelyn Herlitzius de fuerte personalidad, con una línea de canto un poco neurótica). La conclusión fue espeluznante: mientras Lohengrin salía tristemente de la escena, con el la utopía pareció desvanecerse definitivamente. Gottfried, hermano de Elsa, volvió a la vida saliendo de un grande huevo con las facciones (monstruosas) de un feto y su colgante cordón umbilical. ¿Seria justo que al joven Duque de Brabante se le propusiera como el iniciador del nuevo camino? Quizás. Lo cierto es que los últimos movimientos de batuta en el teatro se dieron entre risas y murmullos. No podía ser de otra forma. ¿Hans Neuenfels quería desinflar el final? Puede ser. Pero si así fuese, no obstante, seria un ajuste indudablemente surrealista, pero del todo coherente y en línea, y la idea registica no parecería defendible en cuanto a la música wagneriana, y me parece que iría hacia otra dirección.