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Sunday, January 6, 2013

Lohengrin de Wagner en el Teatro alla Scala


Foto: Monika Rittershaus
 
Massimo Viazzo
 
¡Gran inauguración en la Scala! La visión psicoanalítica que caracterizó fuertemente el Lohengrin de Claus Guth indudablemente que sorprendió al público scaligero, pero que coherencia dramatúrgica tuvo. Claus Guth ambientó la opera a mediados del siglo diecinueve, prácticamente en la época de su creación quitando cualquier referencia al mundo medieval evocado en el libreto. Lo que le interesaba a Claus Guth no era el aspecto fantástico y de fabula de la obra si no la profundidad de la psique de los dos protagonistas que fue puesta al desnudo y situada en primer plano. Fue así como Elsa misma evocó con su sueño interior la aparición del caballero del cisne,  el que debía ayudarla y apoyarla en la adversidad de su vida tormentosa. Pero aunque el mismo Lohegrin, fue literalmente lanzado en este mundo, “otro” mundo que no era el suyo  (memorable fue su entrada en posición fetal, titubeante, tembloroso, casi un nuevo nacimiento) se presentó como un individuo en la búsqueda de si mismo. ¿Quién es el Caballero del Cisne? ¿Es un protector, un redentor, o posee también miedos y debilidades? Fue aquí donde Guth completó de modo sorprendente la visión dramatúrgica de la obra maestra wagneriana, captando en el protagonista la dicotomía que se crea entre su comportamiento y su ser, y la tarea para la que fue llamado por las multitudes en la búsqueda de su propio “yo” intimo y secreto.  Es por ello que el Lohengrin de Guth, es un Lohengrin absolutamente antiheroico, que al final de la opera sale de la escena, muriendo, y de manera espectacularmente simétrica a la que ingresó.  Excepcional fue la prueba de Jonas Kaufmann, absolutamente el mejor Lohengrin en circulación al día de hoy.  El tenor bavaro cantó un Lohengrin muy delicado y en la búsqueda constante de la expresividad, íntimo y sobretodo muy humano. Con una sólida emisión  y una extraordinaria seguridad en la definición del fraseo. Kaufmann electrizó al público. Su In fernem land, fue diáfano y conmovedor por timbre y es ya una de las paginas cumbres escritas en la historia reciente del máximo teatro milanes. Muy bien estuvo también Anja Harteros, una Elsa de gran carisma vocal, lírica y luminosa, aunque también atormentada.  La desbordante Ortrud de Evelyn Herlitzius, y el muy áspero Telramund de Tomas Tomasson formaron la pareja de “malos”.  Suave en su timbre, pero un poco problemático en los agudos estuvo el bajo alemán Rene Pape en el papel del rey, mientras que no siempre estuvo a punto en la entonación el Heraldo de Zeliko Lucic. Al final, de grande espesor fue la prueba de dirección de Daniel Barenboim agogica, muy móvil y siempre muy teatral. Un aplauso a todos, orquesta y coro por una producción que será recordada. 

Wednesday, January 2, 2013

Lohengrin - Teatro alla Scala, Milano


Foto: Monika Rittershaus

Massimo Viazzo

Grande inaugurazione alla Scala! La visione psicanalitica che ha fortemente caratterizzato il Lohengrin di Claus Guth può aver certamente spiazzato il pubblico scaligero; ma che coerenza drammaturgica! Claus Guth ha ambientato l’opera a metà Ottocento, praticamente all’epoca della sua composizione, facendo piazza pulita di ogni riferimento al mondo medievale evocato dal libretto. Ciò che interessava a Claus Guth non era certo l’aspetto fantastico e favolistico della vicenda, ma la profondità della psiche dei due protagonisti veniva messa a nudo situandosi in primo piano. E così era Elsa stessa ad evocare con il suo sogno interiore la comparsa del Cavaliere del Cigno, colui che la doveva aiutare e sostenere nell’avversità della sua vita travagliata. Ma anche lo stesso Lohengrin, letteralmente scaraventato in questo mondo, un mondo “altro” dal suo (memorabile la sua entrata in posizione fetale, titubante, tremante, quasi una nuova nascita...), era presentato come un individuo alla ricerca di se stesso: chi è il Cavaliere del Cigno? E’ un protettore, un redentore o possiede pure lui ansie e debolezze? E’ qui che Guth completa in modo avvincente la visione drammaturgica del capolavoro wagneriano cogliendo nel protagonista la dicotomia che si viene a creare tra il suo agire e il suo essere, tra il compito a cui è chiamato dalla moltitudine e la ricerca del proprio “io” intimo e segreto. Perciò il Lohengrin di Guth è un Lohengrin assolutamente antieroico, che alla fine dell’opera esce di scena, morendo, in modo specularmente simmetrico al suo ingresso. Eccezionale la prova di Jonas Kaufmann, in assoluto il miglior Lohengrin in circolazione oggi. Il tenore bavarese ha cantato un Lohengrin sfumatissimo, alla ricerca costante dell’espressività, intimo e soprattutto molto umano. Con una emissione salda e una sicurezza straordinaria nella definizione del fraseggio, Kaufmann ha elettrizzato il pubblico. Il suo In fernem Land, diafano e timbricamente commovente, è stata una delle pagine più alte scritte nella storia recente del massimo teatro milanese! Non da meno è stata Anja Harteros, un’Elsa di grande carisma vocale, lirica e luminosa, ma anche tormentata. La debordante Ortrud di Evelyn Herlitzius e il più rozzo Telramund di Tomas Tomasson formavano la coppia dei “cattivi”. Timbricamente morbido, ma un po’ problematico sugli acuti il basso tedesco René Pape nei panni del Re, mentre non sempre a fuoco nell’intonazione l’Araldo di Zeliko Lucic. Di grande spessore, infine, la prova direttoriale di Daniel Barenboim, agogicamente mobilissima e sempre molto teatrale. Un bravo a tutti, orchestra e coro, per una produzione da ricordare!