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Friday, February 9, 2024

Das Rheingold en Los Angeles




 
Foto:  Timothy Norris at the Walt Disney Concert Hall, provided courtesy of the Los Angeles Philharmonic Association

Ramón Jacques

La sala de conciertos Walt Disney Hall, sede de la orquesta LA Philharmonic, situada en el corazón de la ciudad de Los Ángeles cumple este año 20 años de existencia (se inauguró el 23 de octubre del 2003) y fue diseñada, con su construcción supervisada y llevada a cabo, por el célebre arquitecto y diseñador canadiense-estadounidense Frank Gehry (1929) creador de una extensa lista de emblemáticas construcciones alrededor del mundo, que entre las más conocidas se encuentra el museo Guggenheim en Bilbao, España.  La orquesta quiso celebrar el veintenario de la sala, y realizar un homenaje en vida al propio Gehry, quien estuvo presente en la sala a pesar de su avanzada edad, con la ejecución de forma escénica de Das Rheingold, ópera épica en un acto con música y libreto de Richard Wagner (1813-1883), que hasta hoy no había sido interpretada por la orquesta, que solo incluyo La entrada de los dioses al Valhalla en un concierto en 1919 y su Finale en el año 1922.  Sin embargo, la ópera es un género que ha estado siempre presente a lo largo de la historia de la orquesta y que en temporadas recientes ha ofrecido: Die Walküre (en su temporada de verano en el Hollywood Bowl), y Tristán e Isolda de Wagner, además de Carmen de Bizet y Pelléas et Mélisande de Debussy, entre otras, pero siempre en versión de concierto o semi-escénica.  Lamentablemente esta sala no es un espacio apto o adecuado para presentar óperas en versión escénica, al menos no de manera exitosa, como sucedió durante el ciclo de óperas de Mozart-Da Ponte, que sobresalió en el aspecto musical y vocal, no así en el aspecto visual y escénico.  Aun así, y dentro del espíritu celebrativo de la ocasión, la obra se ofreció con una concepción escénica ideado por Frank Gehry, quien situó una plataforma, o escenario, de espacio algo limitado (en la parte trasera superior de la sala, en las butacas destinadas el coro y donde se encuentra el enorme órgano de la sala) y que llenó de instalaciones abstractas, de cubos y rectángulos de madera, y un enorme pasillo o proscenio al frente de la orquesta, por donde se desplazaban los cantantes, quienes también lo hacían por momentos entre los instrumentistas.  El escenario donde se ubicó la extensa orquesta se tiñó de negro, creando un oscuro foso de orquesta, y a la vez un contraste, que resaltaba de manera visualmente estética por el colorido de los vestuarios, además de la resplandeciente iluminación del cineasta Rodrigo Prieto logrando que la atención se enfocara en los cantantes y la trama.  En lo alto del escenario colgaban algunas tenues cortinas sobre las cuales se proyectaban imágenes de elementos como fuego, agua, tierra, y los subtítulos.  Los vestuarios de Cindy Figueroa, mas allá de su estilo moderno y llamativo, no resaltaron ni lucieron particularmente por belleza o atracción, como tampoco resulto del todo efectiva la dirección escénica de Alberto Arvelo, quien batalló con las limitaciones de espacio descritas, y en su búsqueda por darles un cierto carácter humano a los personajes, por momentos pareció explotar una innecesaria verve-comica, que se asemejaba más a una Flauta Mágica, que a un ideneo ambiente wagneriano. Un acierto fue la puntual y sobresaliente elección de cantantes, en su mayoría estadounidenses, que encabezó el bajo barítono estadounidense Ryan Speedo Green, quien hace año y medio cautivó aquí como Kurwenal en Tristán e Isolda, y que de nueva cuenta exhibió su voz potente, intensa y grata, que sumada a su personalidad escénica confirió autoridad al personaje de Wotan, así como la mezzosoprano Raehann Bryce-Davis idónea, eficiente y vocalmente feroz para dar vida a una convincente e indiscutible Fricka. El tenor Simon O’Neill (más conocido por ser un notable Siegfried) sacó adelante muy bien al soberbio e intrigoso Loge. El tenor Barry Banks, cumplió con su parte vocal de Mime, aunque algo sobreactuado y excedido por momentos; y el barítono alemán Jochen Schmeckenbecher aportó su experiencia y eficacia al odioso Alberich. Ampliamente satisfactoria fue la participación de la mezzosoprano Tamara Mumford, conmovedora y noble en el papel de Erda.  Adecuados y correctos estuvieron el resto de los cantantes del elenco como: Morris Robinson, un confiable bajo de vastas cualidades como Fasolt, el bajo Peixin Chen como Fafner, y la soprano Jessica Faselt como Freía. Sin olvidar la participación de las sopranos Ann Toomey como Woglinde, y Alexandria Shiner como Welgunde, el tenor John Mattew Myers como Froh y la mezzosoprano Taylor Raven como Flosshilde asi como el valioso y experimentado bajo-barítono Kyle Albertson quien personifico con buen aspecto y canto probado al personaje de Donner.  La orquesta se mostró como una fuerza iluminadora, y ejecuto las intricadas texturas con claridad y balance. El sonido orquestal fue vibrante y los músicos resaltaron por la uniformidad con la que se condujeron en cada sección. Al frente de los músicos Gustavo Dudamel, quien con el paso del tiempo ha dejado de ser un explosivo y frenético director, ahora parece buscar y extraer de manera meticulosa cada detalle. Salvo algunos pasajes al inicio de la obra cuya elección de tiempos lentos se escuchó algo pesada y tediosa, con el transcurrir de la obra fue calibrando hasta extraer y transmitir una contagiosa emoción, vibración y agitación. La entrada al Valhalla fue verdaderamente emocionante. La orquestación de Wagner tiene ese efecto que va envolviendo lentamente al público hasta llevarlo a brindar una sincera, pero explosiva y tumultuosa ovación en la que se puede percibir el efecto que esta música provoca.







Wednesday, December 28, 2022

Tristán e Isolda en Los Ángeles

Foto: Craig Mathew/ Mathew Imaging at the Walt Disney Concert Hall – courtesy of Los Angeles Philharmonic Association.

Ramón Jacques

The Tristan Project, estrenado en diciembre del 2004 bajo la conducción del entonces titular Esa Pekka-Salonen, y ofrecida durante la presente temporada, es uno de los programas más exitosos y ambiciosos concebidos por la orquesta Los Angeles Philharmonic (LA Phil).  Se trata de la ejecución de la opera Tristán e Isolda de Richard Wagner en una versión semi-escénica, realizada sobre el escenario de la sala de conciertos Walt Disney Concert Hall, sede de la orquesta, con transmisiones multimedia proyectadas sobre una enorme pantalla colgante sobre los músicos. Esta es la tercera ocasión que la orquesta repone la ópera en Los Ángeles, ya que además del año de su estreno fue vista también en el 2007, y anteriormente, la ópera completa se había escuchado en versión de concierto en diciembre de 1987 con la dirección musical de Zubin Mehta. A diferencia de las ocasiones anteriores, donde se escuchaba la obra completa en una velada, se optó por separar sus tres actos para ofrecerlos en tres diferentes conciertos, en noches consecutivas, una idea poco acertada a mi parecer, ya que despojaron a la obra de unidad, y de la continuidad y fluidez que requiere, además de las evidentes complicaciones logísticas y monetarias, para el público que decidió y pudo asistir los tres días.  Hablando de la parte visual y escénica del espectáculo, el creador de las proyecciones multimedia ya mencionadas, fue el artista visual Bill Viola, quien de manera paralela a lo que se escuchaba en la sala proyectó una serie de escenas de la vida actual, una pareja que representa a los personajes principales, así como elementos tales como el agua, la tierra y un intenso fuego rojo, que intentaban ir mas allá de la trama para adentrar al espectador en un supuesto subconsciente de  ideas y filosofías que llevaron a Wagner a componer esta maravillosa obra. Sin duda, una secuencia de interesantes y brillantez imágenes para observar, pero que poco aportaron y por momentos distrajeron la atención de la parte musical y de la obra misma.  Además, el célebre director escénico Peter Sellars, se encargó de los movimientos de los cantantes, algo que distó de ser una verdadera concepción actoral, ya que los cantantes se desplazan lentamente por el escenario teniendo poca interacción o dialogo actoral entre ellos.  Si algo puede resaltarse de la mano de Sellars, fue el aprovechar los espacios que le permitió la sala de conciertos, colocando al coro y algunos instrumentistas en la parte más alta, y a los solistas, según el acto, a cantar desde los balcones laterales, entre el público, llenando la inmensidad de la sala y su buena acústica, de cierto misterio, quizás un guiño a cómo se pueden esperar los montajes a futuro, con la amplitud de las voces. La realidad es que al final, con elaboradas puestas escénicas o sin ellas, Tristán e Isolda brilla por si misma por la suntuosidad de su orquestación, que va labrando su intensidad hasta llegar al clímax, y por la destreza desplegada por los cantantes.  Cabe señalar que esta nueva edición, originalmente anunciada para octubre del 2020, y pospuesta por la pandemia, debió ser dirigida de nueva cuenta por Esa Pekka-Salonen, pero por cambios en la agenda del ahora director de la San Francisco Symphony, Gustavo Dudamel, director de la LA Phil, se hizo cargo del reto de dirigir su primer Tristán e Isolda, título que dirigirá también en la opera de Paris. Dudamel se mostró como una director mesurado, cuidadoso y atento a cada detalle, a diferencia de la explosividad y excesivo entusiasmo que mostrara al inicio de su gestión con esta orquesta. Fue haciendo un trabajo preciso, que fue cincelando lentamente, haciendo crecer la intensidad y los decibeles. Sus cambios de ritmo y dinámica, al igual que la fuerza instrumental, parecían salirse de control por momentos, cubriendo las voces, pero en términos de una obra tan grandiosa, no cambian el resultado y la explosión de júbilo que suscitó entre el público. La orquesta mostró cohesión aportando su valía al espectáculo. El elenco contó con la soprano finlandesa Miina-Liisa Värelä en el papel de Isolda, de voz amplia, potente, algo rígida en su registro agudo, pero una cantante solvente y segura. El tenor sueco Michael Weinius fue un expresivo Tristán, de grato timbre y color que supo administrar bien la voz y sacó provecho a los extensos descansos entre cada acto, para dar mayor intensidad e ímpetu en los actos subsecuentes. La mezzosoprano Okka von der Damerau, dio vida a una conmovedora y apasionante Brangäne, una voz oscura de natural dulzura y brillante musicalidad, cualidades que pocas veces he escuchado en este repertorio. El bajo-barítono Ryan Speedo Greene, agradó como Kurwenal, por la calidad de su amplia, y profunda voz. No se puede decir lo mismo del bajo barítono Eric Owens, como el Rey Markle, quien padeció un poco por las exigencias del papel y la orquestación. Mostraron un buen desempeño, en resto de los personajes del elenco, los tenores Robert Stahley (Merlot), Arnold Livingston Geis (Pastor) y el barítono Ryan Wolfe (Timonel). Una mención va para el coro Los Angeles Master Chorale, por sus seguras intervenciones.  Otro importante evento operístico programado por la orquesta en enero del 2023, reprogramado de febrero del 2021, será el estreno local de la ópera Girls of the Golden West,  del compositor John Adams, quien celebrando su cumpleaños 75, asumirá la dirección orquestal.



Thursday, October 27, 2022

Epifanía: LA Phil y Gustavo Dudamel en el Auditorio Nacional de México


Foto: FIC

Por José Noé Mercado

En lo que probablemente haya sido el mejor concierto de música clásica de 2022 (y de muchos años) realizado en la Ciudad de México o sus alrededores, el pasado 28 de octubre se presentó en el Auditorio Nacional Los Angeles Philharmonic (Orquesta Filarmónica de Los Ángeles), bajo la batuta de su titular artístico, el venezolano Gustavo Dudamel. Lo de mejor puede discutirse por ser una apreciación subjetiva, claro; pero lo memorable que resultó la calidad interpretativa mostrada por Dudamel y sus músicos no puede negarse y de hecho traza en el horizonte un vara muy alta si alguien quiere asomarse a esas regiones que van más allá de un simple concierto de temporada para adentrarse en la profundidad estética del sonido que se traslada a la experiencia vital misma. En el marco de la 50 edición del Festival Internacional Cervantino, y un día antes de presentarse en el Teatro Juárez de Guanajuato donde la experiencia sería similar, la LA Phil interpretó una primera parte de música mexicana contemporánea. Para abrir el programa, se interpretó Kauyumari de Gabiela Ortiz. Se trata de una obra justamente comisionada por LA Phil como parte del regreso a los escenarios tras la pandemia, cercana a los 8 minutos de duración, en la que su compositora aventura sus trazos sonoros por un peregrinaje espiritual guiado por el peyote, viaje que permite a los huicholes comunicarse con sus antepasados, cumplir sus órdenes y erigirse en guardianes del planeta. Kauyumari (Ciervo azul, en huichol) puede entenderse como ese rito anual en el que los huicholes emprenden la caza del venado azul, al tiempo que realizan ofrendas por acceder al mundo invisible. La pieza dibuja una melodía de folclor huichol que de manera progresiva toma un ritmo frenético y complejo en el que se disuelve la melodía, acaso como simbolismo de ese viaje de peyote que fusiona la conciencia con lo intangible. La agrupación ofreció ese recorrido evolutivo y casi minimalista, pero alejado de lo mecánico, alcanzando más bien un plano hipnótico y espiritual que se comunicaba desde la batuta de Gustavo Dudamel, quien no sólo conduce el sonido sino la energía de sus músicos. Como segundo número, y con una duración cercana a la media hora, se abordó Fandango, formalmente un concierto para violín y orquesta en tres movimientos (Folia tropical. Plegaria. Fandanguito), pero en rigor un huapango que demanda energía, virtuosismo y vitalidad. La obra, compuesta por encargo de la violinista estadounidense Anne Akiko Meyers, solista que lo interpretó durante el concierto, permitió lucir no sólo el dominio de las formas clásicas de Arturo Márquez, sino reiterar ese sonido tan melodioso, popular y épico al mismo tiempo. Una orquesta como LA Phil y un director como Gustavo Dudamel, sumado al talento de Akiko Meyers no podían sino entregar una interpretación de antología auténtica. El primer movimiento sigue la clásica forma sonata (introducción, exposición con dos temas, puente, desarrollo y reexposición), mientras que el segundo rinde tributo al huapango mariachi conjuntamente con el fandango español (chacona), a manera de dancístico e íntimo lirismo; para llegar al tercero, que es una elaboración libre del huapango huasteco y una fiesta de coloratura y ornamentación del violín solista. Anne Akiko Meyers, quien interpreta “el Ex-Vieuxtemps Guarneri del Gesù, fechado en 1741, considerado por muchos como el violín de mejor sonido que existe y respalda las cuerdas Larsen” desplegó una deslumbrante magia de colores, voces y texturas arropada por una agrupación y batuta simbióticas. El virtuosismo fuera de serie de Akiko Meyers cobró vida en el Auditorio Nacional, y lo avalan sus 40 discos grabados, sus constantes apariciones en las radios clásicas mundiales y en los primeros sitios de las listas de Billboard pero, sobre todo, su colaboración inspiradora para que los principales compositores de la actualidad (Mason Bates, Jakub Ciupiński, John Corigliano, Jennifer Higdon, Morten Lauridsen, Wynton Marsalis, Arturo Márquez, Arvo Pärt, Gene Pritsker, Einojuhani Rautavaara, Somei Satoh y Adam Schoenberg, entre otros) creen nuevo repertorio para violín. Si la primera parte se conformó de dos platillos sonoros suculentos, luego del intermedio LA Phil y Gustavo Dudamel emprendieron una alucinante e imborrable ejecución de la Sinfonía No. 1 en Re Mayor de Gustav Mahler. La hondura emocional de la interpretación sólo fue equiparable a lo largo de sus cuatro movimientos con la belleza en que las secciones tomaron dimensiones de solistas, en un sonido elaborado con precisión y, más aún, con alma conjunta. Con unas cuerdas de lirismo casi doloroso, con sonido firme y esmaltado incluso en los pianísimos más susurrados. Con metales de brío, precisión y claridad luminosas. Con maderas preciosas en su empatía. Y con percusiones que repercuten más allá de la sala, en el interior del público, abandonado a una experiencia que entiende o más bien siente o intuye que es especial y única. Lo de Dudamel y LA Phil quizá pueda tener comparativos, en lo epifánico del momento que lograron crear. Por ejemplo, el gol de Diego Armando Maradona en el Estadio Azteca vistiendo el jersey número 10 de la selección argentina contra la selección inglesa, en el Mundial México 1986. Así, de ese tamaño y sin exagerar. No tiene caso decir más. Por eso ni siquiera hubo espacio para encore alguno. Todo había sido dicho en ese concierto.

Saturday, June 4, 2022

Concierto en Los Ángeles – Gustavo Dudamel y LA Philharmonic

Foto: Los Angeles Philharmonic Association

Ramón Jacques

La Novena Sinfonía de Beethoven es una obra que siempre agrada y es inevitable escucharla y experimentarla en vivo todas las veces que se presente la oportunidad. La considerada ‘máxima sinfonía de celebración, humanidad y alegría’ fue programada por la LA Philharmonic, para clausurar la temporada 2021-2022 en su sala de conciertos: Walt Disney Concert Hall (así como también fue incluida en su extensa temporada de verano al aire libre que la orquesta lleva acabo en el Hollywood Bowl, que incluirá como otros atractivos la ejecución de The West Side Story, el tercer acto de Die Walküre y el Lago de los Cisnes con el Ballet de la ópera de Paris, de cuya orquesta es también director musical Gustavo Dudamel). Desde la llegada del director venezolano, a la LA Philharmonic se ha impulsado la interpretación de obras de compositores hispanoamericanos, además de que continuamente se comisionan y se estrenan obras de compositores mexicanos y latinoamericanos. Como ejemplo: dos semanas antes, se escuchó en esta sala la Noche de los Mayas de Silvestre Revueltas, y se estrenó Altar de Cuerda, obra para violín y orquesta de la compositora mexicana Gabriela Ortiz (de quien en el concierto inaugural de la próxima temporada en septiembre se escuchará su obra Yanga, y una semana después su Concierto para violín, hechas por encargo de la orquesta). Fiel a esa tradición, como preludio al concierto de esta noche se interpretaron dos estrenos: Esperanza del compositor peruano Gonzalo Garrido Lecca (1975) una alegre obra orquestal en tres movimientos titulados Reencuentro-Remembranza-Porvenir; y La Serpiente de Colores del joven compositor mexicano Francisco Cortez Álvarez (1983) basada en el cuento homónimo contenido en los libros de texto de tercer año de las escuelas de México, obra de unos diez minutos de duración, una radiante composición, en la que destacó la sección de cuerdas de la orquesta, con profusas y alborozadas percusiones y metales, en el que se distinguen destellos y pinceladas evocadoras de la música de Arturo Márquez, Moncayo e incluso Revueltas. Ambos compositores estuvieron presentes en la sala y subieron a recibir sus correspondientes aplausos, reconocimiento y felicitaciones por parte de Dudamel, encargado de la conducción musical. Si bien el trabajo de la orquesta aportando nuevas composiciones a su repertorio musical es digno de reconocimiento, pero sin saber bajo que criterios se eligen las piezas que la orquesta debe tocar en cada concierto, pareció poco afortunado programar estas dos obras en la primera parte de una velada en la que el público esta mentalizado y ansioso por escuchar una obra tan popular y atractiva como la novena de Beethoven, y al tratarse del tercer concierto de cuatro, desconozco como haya sido en la noche del estreno, ocasionó que una gran mayoría del público ingresara a la sala de conciertos después del intermedio, lo que es indudablemente una insensatez y un despropósito  para los compositores y para la orquesta misma. Gustavo Dudamel, ya no es aquel impulsivo y explosivo director que se viera en el 2009, al inicio de su gestión al frente de esta orquesta, y aunque su pasión se mantiene intacta, hoy se nota un director más mesurado y seguro, que intentó construir y cincelar cada pasaje y movimiento de esta monumental obra, buscando siempre los colores y los matices que contiene.  Es difícil pensar que esta pieza pueda dejar insatisfecho a alguien que la escucha y la vive, sobretodo en la “Oda a la alegría’ cargada de emotividad del tercer acto. La obra se escuchó con fluidez y buena dinámica, aunque en la parte coral y orquestal, Dudamel apostó por imprimir fuerza y volumen, aunque se ha demostrado que aquí cabe también la sutileza, causando algunos desfases con los solistas, quienes, colocados entre la orquesta y el coro, lograron por momentos transmitir solo destellos de sus voces que parecieron perderse en la masa orquestal y coral. Aun así, se debe reconocer la nitidez, la flexibilidad y el colorido en el canto de la soprano Jeanine DeBique, o la autoridad, peso, dinámica y resonancia vocal aportada por el bajo español. José Antonio López –dos cantantes quienes por cierto dedican mucho tiempo a cantar repertorio antiguo-  No desmerecieron el tenor Issachah Savage, por su calidez y amplitud vocal, ni la mezzosoprano Tayler Raven en sus intervenciones.  Buen desempeño tuvo el coro LA Master Chorale, dirigido y preparado por Grant Gershon, conocido director coral, que trabaja también frecuentemente dirigiendo al coro y a la orquesta de la vecina LA Opera. Un entusiasta premio recibieron los artistas por un público extático y satisfecho por un trabajo que gustó, y un reconocimiento a una ardua temporada que pudo cumplirse de inicio a fin sin cancelaciones.

Monday, January 8, 2018

La Filarmónica de Viena ofrecerá tres conciertos en la Ciudad de México

Bajo la joven batuta de Gustavo Dudamel —ganador del premio Gramophone 2011 al artista del año— la histórica Filarmónica de Viena ofrecerá tres conciertos en México: dos en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, los días 2 y 3 de marzo de 2018, y uno más, el 4 del mismo mes, en el Auditorio Nacional, para que un mayor número de personas disfruten de su presencia en México. Con estos conciertos, viene a México una agrupación considerada entre las más importantes del mundo y que ha estado íntimamente ligada al desarrollo  y difusión de la música. La Filarmónica de Viena interpretará en su primer concierto, el viernes 2 de marzo a las 20:00, la Sinfonía Núm. 2 del gran compositor estadunidense Charles Ives y la granSinfonía Núm. 4 de Piotr Ilich Chaikovski. Durante el segundo concierto, el sábado 3 de marzo a las 19:30, la agrupación iniciará con la Obertura para un festival académico de Johannes Brahms, para continuar con el Concierto para flauta KV 314 de Wolfgang Amadeus Mozart, en el que el flautista australiano Walter Auer tomará el papel protagónico como solista, y finalizará con la Sinfonía Núm.1 en domenor de Johannes Brahms. En el Auditorio Nacional, el 4 de marzo, a las 19:30, la agrupación interpretará el adagio de la Sinfonía Núm 10 de Gustav Mahler y además la Sinfonía Fantástica, Episodios de la vida de un artista de Hector Berlioz. Con estas presentaciones al frente de la Filarmónica de Viena, el venezolano Gustavo Dudamel, se convirtió en la batuta más joven al frente de la agrupación, desde su debut con ella. Actualmente, Dudamel es director musical y artístico de la Filarmónica de los Ángeles y de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, por medio de las cuales ha llevado el arte propiciado por la musa Euterpe, a niños de las comunidades menos favorecidas. El impacto del liderazgo musical de Gustavo Dudamel se hace sentir en varios continentes; es aclamado como uno de los directores más fascinantes y convincentes de nuestro tiempo, lo que lo ha llevado también a ser uno de los más condecorados de su generación. Entre los reconocimientos que ha recibido están, además del Gramophone 2011 al artista del año, el 2014 International Opera Awards (Italia) - Oscar della Lirica, y el Premio Leonard Bernstein Lifetime Achievement,por la difusión de la música en la sociedad, otorgado por el Longy School of Music of Bard College, avalado por la familia Bernstein. La Orquesta Filarmónica de Viena fue fundada en 1842 por Otto Nicolai. Con una historia de 176 años, ha estado vinculada no solo a los grandes compositores de la tradición musical en Europa, sino a grandes directores e intérpretes musicales. Nombres como los de Franz Lachner, Gustav Mahler, Richard Strauss, Leonard Bernstein y otros están íntimamente entretejidos en la historia de esta legendaria agrupación, la cual realiza cerca de 40 conciertos anuales en Austria, y regularmente se presenta en Nueva York y Japón. Su tradicional Concierto de Año Nuevo es transmitido a más de 90 países y a su Summer Night Concert Schönbrunn, concierto gratuito, acuden cerca de cien mil personas. Los músicos de esta agrupación implementan el motto con el que Ludwig van Beethoven presentó su Missa solemnis: “Desde el corazón al corazón”.

Monday, March 27, 2017

La Creación y el Mesías en Los Ángeles


Rachele Gilmore (soprano)
 Foto: Craig T. Mathew/Mathew Imaging. Foto: Mesias RJ

Ramón Jacques

En menos de una semana, la Filarmonía de Los Ángeles regaló a su público dos obras cumbres del repertorio sinfónico vocal: La Creación de Haydn y pocos días después El Mesías de Handel.  Ambas se ofrecieron en versión de concierto, aunque la primera de ellas contó con un ingrediente adicional, la inclusión de iluminación y transmisiones de videos y fotografías en toda la parte trasera y en el techo de la sala de conciertos, de La Creación de Adán de Miguel Ángel, en diversas formas y tamaños, así como imágenes que se refieren al origen del mundo y lo magnificente que este es, además de algunos movimientos innecesarios de los solistas. Este recurso, conocido como ‘video installation’  es utilizado con bastante frecuencia  en esta sala de conciertos, aquí el artista del video y director fue Alberto Arévalo y el iluminador James Ingalls, y aunque visualmente es atractivo para el espectador lo distrae del objetivo,  ya que no parece establecer un vinculo directo o un sentido con la música que ya contiene su dosis de teatralidad y dramatismo, y que habla por sí sola.  Musicalmente hablando la ejecución fue soberbia, con la presencia del sólido y enérgico coro Los Ángeles Master Chorale y la presencia de la soprano Rachele Gilmore, una artista de conmovedora y ágil brillantez vocal, que transmitió delicadeza y sensibilidad. El tenor Joshua Guerrero, cumplió discretamente con un timbre poco grato, descuidada dicción y emotivamente alejado de lo que la parte requería de él. Además, el barítono Jonannes Kammler, sonó poco autoritario en sus intervenciones por su voz poco robusta, que aportó poco al concierto. El titular de la orquesta, Gustavo Dudamel se ha convertido en un concertador que busca la claridad y la precisión, dejando a un lado el entusiasmo y explosividad  que lo caracterizó al inicio de su gestión con esta orquesta, pero su búsqueda del detalle rindió frutos ya que extrajo provecho de una reducida agrupación, que comunicó  e inundó de melodía con sus cuerdas, metales y clavecín. 
Ann Hallenberg y Karina Gauvin. Foto: RJ
El entusiasmo no cesó con el Mesías de Handel, de nueva cuenta con  una inspirada orquesta, que sintió la música, la hizo suya y la lanzó como un rayo solar que ilumino al público.  Esta orquesta parece haberle encontrarle el gusto a la interpretación de música antigua, que hasta hace pocos años era algo desconocido y lejano para sus músicos. Un lujo fue contar con la presencia de la mezzosoprano sueca Ann Hallenberg, una experta en la interpretación de Handel, quien mostro agilidad, pero sobre todo un inolvidable canto pleno de intención y explosividad. La soprano Karina Gauvin, mostró su grata vocalidad, aunque la ligereza de su voz pareció no ayudarle en la emisión. El coro invitado fue La Chapelle de Québec, con mucha experiencia en este tipo de obras, y la conducción recayó en su fundador, el director canadiense Bernard Labadie, quien cometió notables errores y desfasases entre los artistas, desatenciones en los tiempos, pareciendo más preocupado por hacer resaltar la voz de Gauvin, en perjuicio del conjunto musical. Un director que en mi opinión personal, carece del nivel habitual de los directores que desfilan semanalmente por este podio. El tenor Allan Clayton y el bajo Matthew Brook, exhibieron un nivel inferior al de sus contrapartes femeninas. Escuchar  un Mesías es siempre un evento, y no se puede omitir la costumbre, al menos vista en las salas de concierto estadounidenses, donde el público se pone de pie para cantar al unisonó el Aleluya.

Monday, August 4, 2014

Cavallleria Rusticana y Pagliacci en Los Ángeles

Foto: Ringo H.W. Chiu / For The Los Angeles Times

Carlos Rosas T. 

La esperada cita operística veraniega de la Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil), al aire libre en el Hollywood Bowl congregó a mas de 7000 espectadores, según cifras del recinto, que presenciaron y sufrieron con el conocido díptico compuesto por los melodramas de Mascagni y Leoncavallo. La función en concierto contó en su mayoría con cantantes estadounidenses. El ejercicio anual de incorporar operas, como el reciente ciclo de operas de Mozart-Daponte además de Aida, Carmen y otras, ha comenzado a rendir frutos ya que de la orquesta muestra una desenvuelta sonoridad, maleabilidad y la sensibilidad proveniente de un foso, alejada de  la rigidez y perfección a la que aspiran las orquestas sinfónicas de este país. Esta orquesta ha renovado su línea y su plantilla incorporando jóvenes y talentosos instrumentistas. El resultado fue musical fue ampliamente satisfactorio. Gustavo Dudamel en la dirección orquestal, es un discurso aparte, ya que quienes lo conocemos desde sus inicios notamos la ausencia del entusiasmo y la explosividad que tanto le caracterizó cuando asumió la titularidad de esta agrupación. Todo eso se ha diluido, y hoy es un director mesurado, que acompaña, que busca la precisión, pero que incurre en la rutina, antipatía y carencia de ideas. Surge entonces el cuestionamiento si es en verdad el prodigio que se nos hizo creer o solo se trató de una cortina de humo creada por la publicidad y por un régimen que siempre lo ha apoyado incondicionalmente. En ambas operas se pudo escuchar la hoy robusta y corpórea voz de Stuart Neill como Canio y Turridu, así como la inexpresividad y frialdad del barítono ingles Christopher Maltman como Alfio y Tonio, de una tonalidad más apta quizas para Mozart que para el verismo. Michelle DeYoung dio vida a una apasionada y solida Santuzza y Nancy Maultsby no paso de ser una reservada y moderada Mamma Lucia. Sobresaliente y con garbo escénico fue la interpretación de Lola que regaló la mezzosoprano Tamara Mumford, quién se vistió en el papel y convenció con escalofriante calidez y sonoridad. En Pagliacci, Julianna Di Giacomo tuvo un razonable desempeño como Nedda, es una artista de caudalosa y grata voz que pero contenida en escena. Francamente intrascendentes estuvieron Christopher Tiesi como Beppe y Lucas Mecheam como Silvio. Acompañó el coro Los Angeles Master Chorale que cumplió en un buen nivel. 

Tuesday, June 10, 2014

Così fan tutte en Los Ángeles (LA Philharmonic)

Foto: Craig T. Mathew and Greg Grudt/Mathew Imaging. 

Ramón Jacques

Con Così fan tutte llegó a su fin el ciclo de operas Mozart/Daponte que iniciara hace dos años la Los Angeles Philarmonic. Como en las ediciones anteriores, los resultados escénicos no se acercaron remotamente a la altura y al nivel de lo escuchado en la parte musical y vocal, y ello hace a uno preguntarse si en realidad era necesario el excesivo dispendio en producciones que poco aportaron a la trama de cada uno de los títulos, ya no digamos al espectáculo visual. Parecería que no se previó ni se entendió que el Walt Disney Hall no es un teatro apto para hacer montajes escénicos, y versiones en concierto de las operas, no solo le hubieran ahorrado horas de disgusto y aburrimiento al público, si no que hubieran bastado para hacerle justicia a estas tres obras maestras. Eso sí, de las versiones anteriores quedarán grabadas en la memoria las sobresalientes interpretaciones de Mariusz Kwicien como Don Giovanni, la exuberante y brillante Donna Anna de Carmela Remigio o la apasionante Condesa de Dorothea Röschmann, así como las buenas ejecuciones musicales de la propia orquesta. Una vez más el encargado del montaje fue encomendado a Christopher Alden, reconocido e ingenioso director de teatro estadounidense, que requería de un teatro no de una sala de conciertos para trabajar y que recurrió nuevamente a letárgicos movimientos lentos o circulares sin ningún sentido para los cantantes, quienes por momentos, estáticos cantaban de frente al público, por ello la insistencia de una versión en concierto, como tampoco se entendió la poca interacción entre los personajes que en ocasiones cantaban situados en diferentes partes del escenario. 
Don Alfonso y Despina, vestidos en negro representaron la maldad, y se arrastraron por la escena lentamente o realizaron vulgares e innecesarios gestos Los demás solistas vistieron colores claros en ropas primaverales, muy fashion, diseñadas por el conocido Hussein Chalayan. La futurista escenografía consistió en una estructura blanca circular colocada al fondo del escenario, y cuya parte superior se movía hacia arriba y hacia abajo, como si se tratara de las dunas de un desierto por el cual caminaban los cantantes.  Este concepto fue creado por la firma Zaha Hadid Architects. La idea que nació desde el primer título, fue de combinar la moda con la arquitectura y el teatro, situación que pareció no funcionar completamente. Vocalmente fue un deleite escuchar la soprano Miah Persson, una sensible Fiordiligi que exhibió un colorido timbre y admirable agilidad, transmitiendo y dando cátedra de canto. La mezzosoprano Roxana Constantinescu actuó con sensualidad y cantó con una voz profunda y oscura. El joven tenor Benjamin Bliss, miembro del programa de cantantes de la LA Opera, sustituyó de último minuto al anunciado Alek Shrader, y aunque su Ferrando estuvo muy limitado en sus movimientos por disposición de Alden, dejo constancia de un canto seguro y cálido. Un nombre a tener en cuenta, ciertamente. Correcto estuvo el barítono Phillipe Sly como Guglielmo, así como el experimentado bajo Rod Gilfry que encarno a un diabólico y malicioso Don Alfonso. Cautivo la tonalidad cristalina en la voz de la reconocida soprano Rosemary Joshua, quien dio vida a una vulgar y rebelde Despina. La orquesta tuvo un notable desempeño, muy musical y muy homogéneo en cada una de sus secciones. El entusiasmo explosivo que mostró al inicio de su gestión con esta orquesta Gustavo Dudamel parece haberse esfumado. Hoy nos encontramos frente a un director más mesurado, cuidadoso y por momentos algo rutinario y carente de imaginación. Sus tiempos fueron correctos y el resultado en general fue meritorio, aunque no estuvo exento de cometer algunos desfases entre los instrumentos y las voces. 

Friday, January 24, 2014

Emotivo e intenso el debut de la Simón Bolívar en Omán

ANA MARÍA HERNÁNDEZ G. |  EL UNIVERSAL

Mascat.- El mundo árabe recibió por primera vez a una orquesta venezolana. La Sinfónica Simón Bolívar, dirigida por Gustavo Dudamel, acaba de culminar el concierto ofrecido en el Royal Opera House de Mascat, ciudad capital del sultanato de Omán, en la península arábiga.
"La Tempestad", la suite del ballet "Romeo y Julieta" y la Sinfonía No. 4 de Piotr Ilich Tchaikovsky conformaron el repertorio que presentaron los venezolanos, al cabo de lo cual el público, de pie, aplaudió largamente, ovacionando y ondeando banderas tricolores. Una vez ultimada la cuarta sinfonía del compositor ruso, el público pidió bis y Dudamel lo brindó: "La Estancia" del argentino Alberto Ginastera, y luego una pequeña suite conformada por "Pajarillo" y "Alma Llanera", esta última coreada a petición del director. El público respondió, develando así que no solo eran omaníes los que ocupaban las butacas, sino buena parte de venezolanos residentes en ese país y en otros aledaños, como los Emiratos Árabes Unidos. Se espera un segundo concierto en Mascat, esta vez de corte más didáctico, pues unos doscientos o más niños se congregarán en el mismo auditorio, y esta vez escucharán la Sinfonía No. 5 de Beethoven.

Thursday, June 21, 2012

Don Giovanni di Mozart - Los Angeles Philharmonic

Foto: LA Philharmonic

La Filarmonica di Los Angeles (LA Philharmonic) , che da qualche stagione ha incorporato nella propria. opere in forma di concerto, ha iniziato con le opere della trilogia Mozart/Da Ponte Senza la presenza della buca orchestrale l’orchestra era posta nella parte posteriore e a un livello superiore rispetto a dove si sviluppava l’azione. L’idea hollywoodiana dell’architetto Frank Gehry pure ideatore della Sala Walt Disney Concert Hall, di simulare rocce con teli bianchi mescolati a costumi in stile spaziale, e colorati per le donne, e disegnati da Rodarte, suggeriva una ambientazione alla Star trek, nel futuro in un pianeta sconosciuto. Seducenti immagini visuali venivano prodotte dall’uso del contrasto, del chiaroscuro per merito del brillante lavoro di Adam Silverman. Il regista Christopher Alden non è invece riuscito a risolvere in modo convincente la parte attoriale, a causa di movimenti lenti ispirati alla formula Wilson, privando così l’opera di drammaticità, sarcasmo e seduzione. Di fronte all’orchestra Gustavo Dudamel, che mancava dell’energia e dell’entusiasmo mostrati qui all’inizio della sua gestione, offriva una lettura che privilegiava tempi lenti, noiosa in alcuni momenti, anche se dobbiamo riconoscere che nei passaggi dove ha impresso maggior dinamismo sapeva estrarre dal tessuto musicale una ammirevole trasparenza. Il baritono Mariusz Kwiecien, oggi uno dei migliori interpreti di Don Giovanni, ha dominato vocalmente il ruolo con voce robusta, sonora e calda, pur condizionato dalla visione registica poco convincente del suo personaggio Il soprano italiano Carmela Remigio è stata una Donna Anna sensibile e elegante, di timbro nitico, molto musicale e impeccabile nella dizione, e Aga Mikolaj una energica Donna Elvira di voce robusta ma non omogenea timbricamente. Il tenore Pavol Breslik esibiva voce uniforme e agile e di piacevole timbro per Don Ottavio, e Anna Prohaska era una simpatica Zerlina di linea leggera. Stefan Kocan ha mostrato voce potente da basso come Commendatore, ma come il resto del cast (Leporello, Masetto), la sua prova passava senza lode e senza infamia. RJ

Tuesday, June 19, 2012

Don Giovanni con la Filarmónica de Los Ángeles


Foto: Matthew Imaging / Carmela Remigio (Donna Anna) / Mariusz Kwiecien (Don Giovanni y Stefan Kocan (Comendador)

Don Giovanni drama jocoso en dos actos con música de Wolfgang Amadeus Mozart y libreto en italiano de Lorenzo Da Ponte. Función escénica realizada el 18 de mayo del 2012 en la sala de conciertos Walt Disney Hall de Los Ángeles, California EUA. Temporada 2011-2012 de la Filarmónica de Los Ángeles (LA Philharmonic). Director musical: Gustavo Dudamel. Elenco: Mariusz Kwiecien (Don Giovanni), Kevin Burdette (Leporello), Carmela Remigio (Donna Anna), Aga Mikolaj (Donna Elvira), Pavol Breslik (Don Ottavio), Anna Prohaska (Zerlina), Ryan Kuster (Masetto), Stefan Kocan (Commendatore). Director de escena: Christopher Alden. Escenografía: Frank Gehry. Vestuarios: Kate y Laura Mulleavy de Rodarte. Iluminación: Adam Silverman. Coro: Los Angeles Master Chorale. Maestro del coro: Grant Gershon.

La Filarmónica de Los Ángeles, que desde hace algunas temporadas ha incorporado en sus temporadas operas en versión concierto, inició su ciclo de tres operas escenificadas de la trilogía Mozart- Da Ponte. Con un escenario sin foso la orquesta fue ubicada en la parte trasera en un nivel superior a donde transcurrió la acción. La hollywoodesca idea del arquitecto Frank Gehry, también diseñador de la sala de conciertos Walt Disney, de simular rocas con telas blancas y mezclarlas con vestuarios de estilo espacial, o coloridos para las mujeres, diseñados por la casa Rodarte, sugirieron una ambientación estilo Star Trek en el futuro y en un planeta indeterminado. El contrastante uso de claroscuros de la brillante iluminación de Adam Silverman creó seductoras imágenes visuales. La idea hasta aquí parecía funcionar, solo que Christopher Alden no pudo resolver convincentemente la parte actoral, porque recurrió a los movimientos lentos de la ya desgastada formula Wilson, condicionando a los personajes a una incesaría sobreactuación, que además privó a la obra del dramatismo, el sarcasmo y la seducción que esta opera requiere.
Frente a la orquesta, Gustavo Dudamel, quien carece de la energía y el entusiasmo desmedido que mostró aquí al inicio de su gestión, ofreció una lectura que privilegió los tiempos lentos y fue tediosa por momentos, aunque debe reconocerse que en los pasajes donde imprimió mayor dinamismo extrajo tejidos musicales de admirable claridad. El barítono Mariusz Kwiecien, en la actualidad uno de los mejores intérpretes del papel de Don Giovanni dominó vocalmente al personaje con voz robusta, sonora y calida, aunque estuvo muy condicionado en su actuación para desarrollar convincentemente su personaje. La soprano italiana Carmela Remigio fue una sensible y elegante Donna Anna de timbre nítido y muy musical y exhibió una impecable dicción, y Aga Mikolaj una enérgica Donna Elvira de voz robusta pero homogénea en el timbre. El tenor Pavol Breslik exhibió una voz uniforme y ágil de grato timbre como Don Ottavio y Anna Prohaska fue una simpática Zerlina de canto ligero. Correcto estuvo el coro que se ubicó en las butacas altas detrás del escenario. Stefan Kocan, mostró su potente voz de bajo como el comendador, pero tanto el como el resto de los cantantes que completaron el elenco, pasaron sin pena ni gloria. RJ

Friday, February 10, 2012

Gustavo Dudamel dirigió en Los Ángeles la Sinfonía de los Mil de Mahler

Foto: LA Phil

Prensa FundaMusical Bolívar   

El sábado 4 de febrero la ciudad de Los Angeles, meca del cine y la vanguardia de diversos movimientos artísticos, amaneció revolucionada. Pero no era una super producción de Hollywood lo que tenía en expectativa a muchos citadinos de esta urbe multicultural, se trataba de un acontecimiento sonoro que haría historia, una producción musical cuyo director era Gustavo Dudamel y un elenco conformado por 99 músicos de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, 91 de la Filarmónica de Los Angeles, 8 solistas y 818 coralistas, quienes finalizaron el Proyecto Mahler con una solemne interpretación de la Sinfonía n.° 8 en mi bemol mayor “De los mil” de Gustav Mahler. El histórico The Shrine Auditorium, mismo escenario en el que se celebraban los premios Oscar y los Grammy, recibió a más de 8000 personas - 3 mil en la mañana en el ensayo abierto al público y otras 5 mil en la función estelar de las 8:00 pm – quienes rindieron una ovación muy extensa, tras escuchar la mítica “Sinfonía de las mil voces”, conocida así por el número de músicos y cantantes que participan en ella, guiados por el talento y el esfuerzo titánico de Gustavo Dudamel. “Super Sinfonía” tituló el diario Los Angeles Times en su primera página del cuerpo de cultura y espectáculos. El periodista David Ng, catalogó el concierto como un hecho sin precedentes dentro de la música sinfónica. Las entradas estaban agotadas desde hacía 15 días y en la mañana del sábado, revendedores en los alrededores del teatro ofrecían boletos hasta por 500 $. Se trata también de la producción más ambiciosa emprendida por la Filarmónica de Los Angeles. Exigentes arreglos de tarima, iluminación y escenario tuvieron que hacerse al auditorio durante varias semanas para albergar a los 1017 músicos y cantantes. 18 sobre-tarimas tuvieron que ser instaladas para ubicar debidamente a los coralistas y al menos las primeras tres hileras de butacas de la localidad patio, fueron inhabilitadas para poder extender el escenario y dar cabida a músicos y solistas. La producción y su actractivo elenco, encabezado por el director venezolano –ídolo en Los Angeles-, hicieron que importantes personalidades y ejecutivos del mundo del entretenimiento, junto a luminarias del firmamento Hollywoodense como William Shatner, John Lightow y hasta la “Novicia rebelde”, Julie Andrews, asistieran a la cita musical. Los solistas fueron Anna Larsson, Manuela Uhl, Juliana Di Giácomo, Charlotte Helekant, Kiera Duffy, Burkhand Fritz, Brian Mulligan y Alexander Vinogradov, y el coro estuvo preparado y dirigido por el maestro Grant Gershon.

Saturday, August 13, 2011

Gira bicentenaria en europa cierra con éxito en Estambul, Turquía

Foto: Manuel Jurado dirigiendo a la Orquesta Sinfónica Simón Bolivar. Fesnojiv

La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, guiada por su director, Gustavo Dudamel, cerró su más reciente periplo por Europa. Lo hizo conquistando el fervor de un nuevo territorio para ellos, el de la antigua Constantinopla, el del encuentro entre Oriente y Occidente. Los aplausos de un público eufórico sumaron más de 20 minutos. A la salida, organizadores y públicos hacían peticiones para que la orquesta regresara el año próximo. Entre tanta ovación, a los jóvenes venezolanos les costó irse del escenario. Tuvieron que tocar tres bises que fueron doblemente aplaudidos, pues Gustavo Dudamel, en ese momento final, le cedió su batuta a dos jóvenes directores: Jesús Parra y Manuel Jurado, quienes se ponían por primera vez la chaqueta de los colores de la bandera para dirigir en suelo internacional. Los espectadores no creían que fuera posible que dos adolescentes estuvieran sobre el podio dirigiendo a más de 170 músicos. El episodio simbolizó el espíritu de continuidad y formación de relevo de El Sistema. Fue quizá una de las mejores inspiraciones para los integrantes de la ONG Música por la Paz, con la que ya se está diseñando un programa de intercambio académico que comenzará a ejecutarse en tan sólo dos meses. Horas antes del concierto, el maestro José Antonio Abreu visitó la pequeña sede del programa turco y ofreció todo el apoyo pedagógico necesario para que en Turquía crezca con fuerza esta iniciativa musical y social que luego de seis años de trabajo ya tiene 380 alumnos. Algunos de esos niños turcos miraron y escucharon con admiración un repertorio que, por ahora, es desconocido e inalcanzable para ellos, pero que revelaba un sonido de futuro. Casi sin pestañear vieron a los músicos venezolanos quienes tocaron Daphnis y Chloe, de Ravel, Santa Cruz de Pacairigua, de Evencio Castellanos, la Sinfonía India, de Carlos Chávez, y el Pájaro de Fuego de Stravinsky.








Tuesday, August 9, 2011

Dudamel y la Simón Bolivar vuelven a hacer historia en los Proms de Londres

Foto: Fesnojiv

Gustavo Dudamel bajó la batuta y hubo un segundo de silencio. Después de tanto estremecimiento, el público enmudeció, era como si quisieran aguantar la respiración tanto como el recuerdo de lo recién escuchado, visto; de lo recién vivido. Un segundo más y el peso del aplauso fue incontenible. Los 5000 espectadores que fueron anoche al Prom número 29 de esta edición de los BBC PROMS, ovacionaban de pie (y con los pies) a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela. Tal como sucedió hace cuatro años, cuando los músicos venezolanos vinieron por primera vez para presentarse en el prestigioso festival, la Sinfónica Simón Bolívar, protagonizó un episodio memorable. En esta ocasión tocaron la Segunda Sinfonía de Mahler, mejor conocida como la Resurrección, con la que cada alma se conecta, de una y otra forma, con el verbo creer. En esta oportunidad, la obra de Mahler fue cantada por la mezzo soprano Anna Larsson y la soprano Miah Persson, además del Coro Nacional Juvenil de Gran Bretaña. Muchos de los asistentes esperaron 24 horas para poder comprar una entrada del último lote a la venta: el de los tickets para ver el concierto de pie. Desde anoche, un joven de 17 años esperaba bajo un paraguas para ver en vivo a la orquesta venezolana, que hasta ahora sólo había escuchado en discos. “Tengo que ver esta energía con mis propios ojos, escucharla y sentirla de cerca”. Lo logró también Mónica Maduro, venezolana, quien estuvo en la cola desde tempranas horas de la mañana bajo un sol extrañamente inclemente que fue aprovechado por la piel de muchos. “Es un gran orgullo escuchar a la gente de al lado decir que tienen años viniendo a los Proms y nunca habían visto una cola tan larga a esta hora”, dijo Mónica Maduro.
El compromiso de los músicos venezolanos creció cuando en pleno ensayo, el maestro Gustavo Dudamel les confesó que en el concierto del Festival de Salzburgo, una señora se le había acercado llorando. “Tenía mucho tiempo que no me emocionaba así; desde que vi a mi padre dirigir por última vez”, dijo. Era la hija de Herbert von Karajan, legendario director de orquesta del siglo pasado. No hubo mejor inspiración que esas cortas palabras. El lunes 8 se presentan en Estambul para un reto nuevo: tocar por primera vez en tierra turca. La antigua Constantinopla será la última parada de la Gira Bicentenaria Europa 2011 de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, agrupación cúspide del Sistema Nacional de Coros y Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela.

En el centenario de la muerte de Mahler la Sinfónica Simón Bolívar da una lección de vida

Foto: Fesnojiv

La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela tocó en Salzburgo un milagro: el de la Resurrección, nombre con el que es conocida la Segunda Sinfonía del compositor y director Gustav Mahler. Este año, justamente cuando se conmemora el centenario de su muerte, los músicos venezolanos llevaron a la cuna de Mozart una lección de vida, de redención, de salvación. Dirigidos por Gustavo Dudamel, los venezolanos tocaron apasionadamente la crisis del hombre que pierde su fe y la recupera luego de un ardoroso conflicto consigo mismo. Violines, violonchelos, clarinetes, oboes, trombones, cornos, trompetas, la rítmica de la percusión, se batieron contra la desesperanza y se enfilaron por el sendero de una partitura que es testimonio del verbo creer. No les es difícil. Después de todo, ellos mismos, emblemas del Sistema de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles, son considerados como encarnación de esperanza y de futuro. La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela entiende de exaltación tanto como de sigilo. En cinco movimientos, los músicos venezolanos iban desde los más suaves compases a los pasajes más rudos y furiosos.
Así, de erizado a terso, era el tránsito en la piel de los espectadores que ovacionaron a la orquesta por 15 minutos de pie. Los aplausos largos tradujeron el agradecimiento por una experiencia que, aunque ya algunos la habían vivido por primera vez en 2008, cuando la orquesta debutó en este festival, sigue siendo única para ellos: ver a 170 músicos cuya media de edad apenas se acerca a los 30 años tocando música académica como los más experimentados músicos europeos, con un agregado innegable: la pasión que conquista hasta al espectador más esquivo. La Segunda Sinfonía de Mahler, con la que la sinfónica venezolana cerró su participación en el Festival de Salzburgo, tuvo también a las cantantes Anna Larsson y Miah Persson y al coro Wiener Singverein como protagonistas.







La tragedia de Shakespeare fue la gloria de la Simón Bolivar

Foto: Fesnojiv

No había entradas desde hace por lo menos un mes para ver y escuchar a la Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar” de Venezuela, dirigida por el maestro Gustavo Dudamel, en el epicentro de la música clásica del mundo por estos días: el Festival de Salzburgo. El 1 de agosto de 2011, frente a las puertas del Teatro Felsenreitschule, una veintena de melómanos desesperados ofrecía la cantidad que le pidieran por una entrada, pero casi todos los espectadores apuraban el paso y apretaban su ticket con celo. La expectativa que se sentía en la calle crecía, las únicas palabras que se escuchaban en español eran Bolívar y Dudamel. La oscuridad absoluta de un teatro construido en el siglo 17, bajo una roca inmensa de la que extrajeron material de construcción para la catedral del Salzburgo, calló el murmullo. Bajo una luz tenue, delante de los pasillos de catacumba del escenario, apareció Simon Callow, cuyo cuerpo fue prestado al espíritu del Hamlet delineado por Shakespeare. A la interpretación del actor inglés siguió la arrebatadora fantasía que el compositor Piotr Iliych Tchaikovsky hizo de la tragedia de Hamlet y el fantasma de su duda, de su angustia, de su delirio, de la dolorosa entrega de su reino; de su muerte. La orquesta, con la pasión del que vive con intensidad una historia contada con detalle, tocó el cielo oscuro de La tempestad y la atormentada y amorosa historia de Romeo y Julieta. La tragedia de Shakespeare fue in crescendo y se convirtió, al final, en la gloria de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela: el exigente público que no acepta la presencia sino de un fotógrafo oficial en la sala para evitar escuchar el ruido del clic de las cámaras, no dudó en aplaudir de pie a los músicos venezolanos. Hace tres años, cuando vinieron por primera vez, lo lograron y ayer repitieron la proeza justo el día después de que tocara la Filarmónica de Viena, al mando de la batuta de Pierre Boulez. El 3 de agosto, la Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar” de Venezuela interpretó su segunda actuación en el Festival de Salzburgo con la Segunda Sinfonía de Mahler, concierto para el que tampoco habu entradas y que constituye el más importante homenaje que rinde el festival al centenario de la muerte de Mahler.






El Festival de Salzburgo, los Proms de Londres y Estambul esperan a a la Sinfónica "Simon Bolivar" de Venezuela

Foto: Fesnojiv

La América del Bicentenario suena en Europa con el maestro Gustavo Dudamel. La celebración del Bicentenario de la Independencia de Venezuela seguirá resonando en el mundo. La Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar” de Venezuela se encargará de ello. Después de una exitosa gira por Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Colombia y Venezuela, los músicos venezolanos llevarán su ofrenda musical para conquistar a la antigua Constantinopla: Estambul, Turquía. Guiados por la batuta del maestro Gustavo Dudamel, en esta oportunidad repetirán como residentes en el Festival de Salzburgo y volverán a los famosos Proms de Londres. El primer compromiso será en Salzburgo, cuna de Mozart, donde los venezolanos se consagraron en el 2008 con elocuentes ovaciones de parte de un público acostumbrado a las mejores orquestas. Esta vez, la Orquesta Sinfónica “Simón Bolívar” de Venezuela llevará a suelo austríaco la Segunda Sinfonía de Mahler, también conocida como Resurrección, en la que participarán la soprano Miah Persson, la mezzo-soprano Anna Larsson y el coro Wiener Singverein. Así mismo, los venezolanos interpretarán las obras de Piotr Ilyich Tchaikovsky inspiradas en Shakespeare: Obertura fantasía Romeo y Julieta, Fantasía sinfónica La tempestad Op. 18, Obertura fantasía Hamlet Op. 67, cuya grabación con los venezolanos le comenzó a dar la vuelta al mundo este año con el sello Deutsche Grammophon. La narración de los textos del autor inglés estarán a cargo del actor Simon Callow, conocido por sus roles en películas como Shakespeare in love, Cuatro bodas y un funeral, Una habitación con vistas, En tierra de nadie y El fantasma de la ópera, entre otras. La representación venezolana protagonizará la edición 117 de los Proms en el Royal Albert Hall de Londres, justo en el teatro donde en 2007 causaron el furor de los miles de espectadores que asistieron a este tradicional festival para escucharlos tocar la Décima Sinfonía de Shostakovich y algunas obras latinoamericanas. Gracias al resultado de esa primera presentación, la expectativa por la orquesta criolla y el director Gustavo Dudamel -quien también se ha presentado en los Proms con la Sinfónica de Gotemburgo- creció y para este concierto las entradas se vendieron en sólo tres horas. En Londres, interpretarán la Resurreción de Mahler, esta vez junto al Coro Nacional Juvenil de Gran Bretaña. La participación de los venezolanos fue la escogida para conmemorar el centenario de la muerte de Mahler, uno de los artistas más importantes de un festival que, desde su primera edición en 1895, siempre ha estado atento a la necesidad de recordar de manera especial los onomásticos de los compositores universales.

Turquía: un territorio para otra conquista

La Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela se presentará por primera vez en el Centro de Convenciones de Halic, en Estambul, Turquía. A través de la Sociedad de Cultura y Arte, el país anfitrión ha querido ofrecerle al público, además de los conciertos, un panel para promover la implementación del programa pedagógico del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, en la nación turca. En la antigua e histórica Constantinopla, la orquesta interpretará el repertorio shakesperiano de Tchaikovsky y, en el segundo concierto, la Suite n.º 2 Daphnis y Chloe, de Maurice Ravel, Santa Cruz de Pacairigua, del compositor venezolano Evencio Castellanos, la Sinfonía India de Carlos Chávez y el Pájaro de Fuego de Stravinsky, repertorio con el que celebraron, en este lado del mundo, el Bicentenario de los países de América Latina.








Thursday, July 21, 2011

Dudamel y la Sinfónica Simón Bolívar iluminan a la juventud sudamericana

Foto: Gustavo Dudamel

Fesnojiv

La ovación del público bogotano selló la Gira Bicentenaria. Más allá de cualquier separación geográfica, más allá de las lenguas y acentos, mucho más allá de formalismos diplomáticos, en las profundidades del Sur latieron con más fuerza los corazones y las esperanzas de miles de niños y jóvenes. Sus ídolos, sus ejemplos vivientes, sus hermanos solidarios: el maestro Gustavo Dudamel y la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar estaban allí sobre el escenario y en sus escuelas y núcleos, para compartir el sagrado ritual de la música ejecutada con pasión y excelencia. Tal vez como nunca antes, la consigna “Tocar y Luchar” tiene más vigencia y significado. Durante los encuentros y ensayos que el maestro Dudamel y los músicos de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar sostuvieron con los jóvenes y niños de los núcleos de orquestas en Brasil, Argentina, Uruguay, Chile y Colombia, quedó claro que para alcanzar el alto nivel artístico y convertirse en emblema del nuevo movimiento sinfónico mundial, hace falta tocar y trabajar mucho para verse en ese ejemplo y modelo venezolano. La Gira Bicentenaria fue más que un tributo musical para el público sudamericano que fue testigo de exitosos conciertos en Bahía, Sao Paulo, Río de Janeiro, Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile y Bogotá. Se convirtió en un termómetro que constató las altas temperaturas, así como el impacto artístico y social que el Sistema de Orquestas venezolano tiene en Brasil -con Neojibá en Bahia, el Instituto Baccarelli en Sao Paulo y el Programa Guri en el sur de la nación carioca, y Acción Social por la Música en Río y Minas Gerais-; en Argentina -con orquestas juveniles e infantiles en más de 5 provincias-; en Uruguay -con el Núcleo de la Orquesta Juvenil José Artigas-; en Chile -con la Orquesta Juvenil de Santiago-, y en Colombia –con la Fundación Batuta y la Orquesta Binacional Colombo-Venezolana-. Durante el periplo fue reconocida la obra del maestro José Antonio Abreu, creador de El Sistema, emprendimiento social y cultural sin parangón en el mundo que luego de 15 años de trabajo en estos países visitados durante la Gira Bicentenaria está en el camino de la consolidación en los países del sur, donde se está transformando la vida de miles de niños y jóvenes a través de la música. En este sentido, se concretaron nuevos acuerdos de cooperación y asesoría de profesores y músicos venezolanos, así como la pronta creación de orquestas binacionales, como máxima expresión de la solidaridad que las Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela tienen con la juventud musical suramericana. La Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar se despidió con un concierto en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo con la Séptima Sinfonía de Mahler, una obra con la que arrancaron aplausos no sólo en este escenario, sino en los diversos teatros en los que se presentaron los venezolanos justamente en el año en que se conmemora el centenario de la muerte del compositor. Los espectadores del sur también escucharon obras del repertorio latinoamericano que son parte del repertorio universal como Santa Cruz de Pacairigua, del venezolano Evencio Castellanos, y la Sinfonía India, del mexicano Carlos Chávez. Una de las obras más aplaudidas por la crítica fue Pájaro de Fuego de Stravinsky, un compositor que la orquesta ha trabajado con profundidad. La Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar y el maestro Dudamel han dado la mejor de sus ofrendas para celebrar el Bicentenario de Venezuela y de los países vecinos y hermanos de América Latina.