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Tuesday, October 3, 2023

Picture a day like this en Aix-en-Provence, Francia

Fotos:Jean-Louis Fernandez / Festival d'Aix en Provence

Fabiana Crepaldi 

Se trata de la cuarta ópera del dúo George Benjamin y Martin Crimp, la obra se estrenó, con gran éxito, en la 75ª edición del Festival de Aix-en-Provence.  En un artículo reciente hablé un poco de las óperas en forma de concierto presentadas en la 75ª edición del Festival d'Aix-en-Provence que tuvo lugar en julio en la acogedora ciudad del sur de Francia. Después de una interrupción más larga de lo previsto para ocuparme de las producciones paulistas y de la repentina muerte de Renata Scotto, y sobre todo, para reflexionar adecuadamente sobre el brillante trabajo que aquí abordaré, volví al Festival de Aix. En este breve texto, analizo lo que, en mi opinión, fue el plato fuerte y destacado de esta edición: el estreno mundial de Picture a Day Like This, del ya reconocido dúo George Benjamin y Martin Crimp .

Cuando pienso en el Festival de Aix-en-Provence me vienen a la mente tres ideas: Mozart (un compositor casi siempre presente), estrenos mundiales y producciones modernas, que en la mayoría de los casos se pueden clasificar como Regietheater – una forma de teatro de autor que no se presenta. hasta una mera ilustración del libreto. Todo esto estuvo presente en el que fue mi primer – espero que muchos – viaje al evento. Mozart, es cierto, esta vez no debió estar muy contento. Così Fan Tutte – título que tiene una importancia especial en el festival, que estuvo presente en su primera edición hace 75 años y que contó allí con una gran producción de Patrice Chéreau en 2005 – fue confiado a Dmitri Tcherniakov (dirección escénica) y Thomas Hengelbrock (dirección musical) y era una de las producciones más esperadas de la edición de este año. Sin embargo, fue una decepción general: desde el punto de vista escénico, aunque con el sello de calidad de Tcherniakov, era imposible hacer la vista gorda ante las diversas inconsistencias; musicalmente, cantantes con problemas técnicos inaceptables en un evento de esta magnitud, con derecho, incluidas afinación imprecisa.

Picture a Day Like This no fue la primera obra de Benjamin y Crimp que se estrenó en Aix, esa tierra fértil no sólo para la producción de vino y lavanda sino también para nuevas óperas. Fue allí, en 2012, donde debutó el primer gran éxito del dúo: Written on Skin. Otro estreno, más reciente, que tuvo un grande y merecido protagonismo fue, en el 2021, la impactante Innocence, último trabajo de la compositora Kaija Saariaho, que nos dejó en junio de este año. Además de Written on Skin y Picture, Benjamin y Crimp tienen otras dos obras en su catálogo: Into the Little Hill, estrenada en París, en el anfiteatro de la Opéra Bastille en el 2006, y Lessons in Love and Violenc, creada en el 2018 en Royal Opera House de Londres. Lo primero que llama la atención es que, de las cuatro óperas de este dúo inglés, tres se estrenaron en Francia -país donde tuvo lugar gran parte de la formación de Benjamin, que fue incluso alumno de Messiaen- y sólo una en Inglaterra. Si Written on Skin y Lessons in Love and Violence son tragedias psicológicas violentas, con traición y celos, opresivas tanto desde el punto de vista musical como en relación con la trama, la atmósfera de Picture a Day Like This es muy diferente, ya que revive el tono de cámara, y la sensación de cuento de hadas de Into the Little Hill. Sin embargo, lo que todas las óperas tienen en común es que tratan temas extremadamente contemporáneos basados ​​en historias antiguas, generalmente medievales. Por tanto, la esencia atemporal del alma humana está presente en este conjunto. Al igual que en los cuentos de hadas, en Picture los personajes no tienen nombres propios nombres, pero llevan el nombre de alguna característica (lo que sugiere que son arquetipos, y no una persona específica) el personaje principal se encuentra en una situación vulnerable (no es huérfano, como (Es común en los cuentos de hadas, sino todo lo contrario: perdió un hijo) y la narración no es realista, existe el elemento mágico, o mejor dicho, fantástico. Además, se cuenta el aprendizaje, a través de una sucesión de encuentros, en la línea de Alicia en el país de las maravillas y Alicia a través del espejo, de Lewis Carroll. Al igual que en las Alices, en Picture los encuentros se producen en la mente de la protagonista, una Mujer que, a diferencia de Alice no tiene nombre. También como en Alicia, quien es sometida a este aprendizaje es un personaje femenino, y no el joven héroe de un típico Bildungsroman del siglo XIX. A diferencia de Alice, sin embargo, en Picture la protagonista no es una niña, sino una mujer joven: una madre que perdió a su hijo pequeño ( "Tan pronto como mi hijo comenzó a hablar con frases completas, murió" ). En el programa de mano, Martin Crimp escribió que su punto de partida fue la fábula popular La camisa del hombre feliz, que narra la historia de un rey que padecía una enfermedad mortal (en algunas versiones, como la presente en Fábulas italianas de Italo Calvino, era el hijo del rey quien estaba enfermo y deprimido) y que, para curarse, necesitaba intercambiar camisetas con un hombre realmente feliz. En cada hombre que conoció, el rey descubrió una frustración. Desanimado, salió a cazar para intentar distraerse y escuchó cantar a un campesino feliz de la vida. El rey se acercó a él y le preguntó si quería seguirlo a la capital, a lo que él respondió (según la traducción del libro de Calvino):“(…) no realmente, gracias. No cambiaría de lugar ni siquiera con el Papa. (…) Estoy feliz así y con eso basta” . El rey estaba muy contento: ¡afortunadamente había encontrado a un hombre feliz! Sin embargo, pronto se dio cuenta de que el hombre feliz no tenía camisa.

Como la historia es algo moralista, Crimp comenzó a investigar sobre el tema. Pronto se topó con el Romance de Alejandro, que data aproximadamente del año 300 a.c. y cuenta la vida de Alejandro Magno. Cuando estaba a punto de morir, Alejandr escribió a su madre recomendándole que invitara a su funeral, independientemente de su clase social, a todas las personas que nunca habían conocido la infelicidad. Resultado: el funeral estuvo vacío, mostrándole a la infeliz madre que el dolor y la muerte son universales. Para Crimp, este pasaje del Romance de Alejandro es una severa lección de estoicismo, imbuida de un espíritu militar. Su búsqueda continuó. Finalmente encontró un texto con una temática cercana a este extracto del Romance, pero, según él, mucho más misterioso y mucho más humana: el cuento budista de la semilla de mostaza, que cuenta la historia del joven Kisha Gotami, cuyo hijo había muerto. Desesperada, Kisha Gotami salió con el niño en brazos en busca de una medicina y le recomendaron que fuera a ver a Buda. El Buda le dijo que su hijo y ella podían curarse con una simple semilla de mostaza blanca, pero que ese grano tenía que venir de una casa donde la muerte nunca había entrado. Iba de casa en casa, pero todos siempre le ofrecían el grano a excepto que alguien no hubiera muerto allí. Como la madre de Alejandro, pero de una manera más humana, Kisha Gotami aprendió que el dolor y la muerte eran universales. Al final del cuento, ella se dedica a la religión y, en el templo, se da cuenta de que la duración de la llama de cada lámpara varía, como sucede en la vida de los seres humanos. En Picture, essas tres parábolas, de épocas, sociedades y culturas tan diferentes, se transforman y llegan al encuentro de nuestra cultura y nuestro tiempo. La mayor fuente de dolor sigue estando representada allí a través de la madre con el hijo muerto - stabat mater doloroso. Este viaje psicológico, como observó Benjamin en una entrevista publicada en el programa de sala, no es nada realista. La puesta en escena minimalista y de buen gusto de Daniel Jeanneteau y Marie-Christine Soma , que participaron en la creación de las obras de Benjamin y Crimp y que, además de la dirección escénica, diseñaron la escenografía, la dramaturgia y la iluminación, fijaron la trama en la mente de Mulher: alrededor del escenario, una pared de metal confinaba y reflejaba la escena de una manera ligeramente borrosa. El escenario cobró mayor fuerza con el excelente y significativo vestuario de Marie La Rocca. Con una orquesta formada por una veintena de instrumentistas –en la que predominaban los instrumentos de viento y metal, no las cuerdas– y con sólo cinco solistas en escena, la ópera tiene dimensiones y sonido de cámara. No en vano, el espacio elegido para el estreno, que contó con la Orquesta de Cámara Mahler dirigida por el propio compositor, fue el pequeño y acogedor Théâtre du Jeu de Paume, un teatro de estilo italiano, inaugurado en 1787 y completamente renovado en el año 2000, cuya capacidad no llega a 500 personas. El nombre se debe a que fue construido en el lugar donde existía un verdadero Jeu de Paume (un juego predecesor del tenis). Con las entradas agotadas, el teatro lleno y en un día muy caluroso, el aire acondicionado se descompuso rápidamente, pero ello no intimidó al público que observó, atentamente la última representación de esta apasionante ópera.

“Cuando hablamos de 'teatro musical', evoca en mi espíritu, sobre todo, la voz humana: esa cosa maravillosa, eterna y majestuosa. Realmente lo considero como el elemento central” declaró Benjamín en una entrevista publicada en el programa de mano. “Las palabras son muy importantes, evidentemente, pero hay que cantarlas, cantarlas de verdad”. Para él, cuando un cantante habla durante una ópera, como ocurre en Carmen o La flauta mágica, hay una ruptura, algo parece romperse. Respecto al canto, Benjamín afirmó que le molestan dos cosas de las obras contemporáneas. Uno de ellos es la escritura vocal en “zigzag”, con grandes saltos, que es tan popular. Otra es que, en muchas obras, los cantantes tienen mucho vibrato, hasta el punto de que resulta difícil definir en qué nota cantan. Explica que cuando el acompañamiento era sencillo, como lo era en la época de Verdi, por ejemplo, era fácil reconocer la nota. “Pero en la música moderna los lenguajes armónicos ya no son los mismos y sospecho que los cantantes ya no saben exactamente a qué altura deben cantar: este vibrato refleja cierta inseguridad y falta de confianza”. Por tanto, es necesario ayudar al cantante, pero sin que el canto sea doblado por la orquesta, sin utilizar un lenguaje rítmico o musical del siglo XIX. Como explica también en el programa el musicólogo Pierre Rigaudière, citando al propio Benjamin, el compositor recurre a una escritura orquestal polifónica “que actúa como caja de resonancia selectiva para que las líneas vocales queden claramente incrustadas en el tejido orquestal y el ambiente armonioso, tanto para el cantante y para el público” El resultado de ello es una música claramente moderna, contemporánea, innovadora, que nos atrapa sin que sus disonancias provoquen sensación de malestar, sin que nos quedemos a la deriva en medio de la complejidad rítmica y melódica. La orquesta, polifónica, es transparente y nunca tapa a los cantantes. La canción tiene elementos de recitativo secco y momentos de un arioso fluido, incluidos algunos melismas en momentos específicos -que indican, sobre todo, éxtasis o locura-. Como Mozart y tantos otros grandes compositores de la historia, Benjamin compuso pensando en los cinco intérpretes que crearían su ópera y en sus características vocales. Esta es una experiencia que tanto los cantantes como nosotros del público, sólo podemos vivir con obras contemporáneas, que escuchamos las obras como y para quién fueron compuestas.  En una entrevista publicada en la edición de junio de Opéra Magazine , Benjamin dijo que vio a Marianne Crebassa , creadora de la protagonista de Picture , en un recital en el Wigmore Hall, en Londres, y le pareció fenomenal, con graves impresionantes. En Picture, en cada encuentro de la Mujer en busca de la persona feliz, el tono se acerca a la tumba: al principio, una voz más ligera y delicada la presenta a la supuesta persona feliz, como pidiéndole permiso, pero la gravedad de la situación, el drama de alguien que, en realidad, es desafortunado, lleva al cantante a un tono serio. Crebassa es realmente fenomenal, esta era la segunda vez que tenía la suerte de verla en vivo: la primera fue en 2018, como una inolvidable Mélisande en Pelléas et Mélisande de Debussy, en la Staatsoper de Berlín, y precisamente la ópera que Benjamin dice que es su favorita, y que influyó claramente en su composición, especialmente en las líneas de canto. Crebassa tiene una voz homogénea, con excelente proyección, con buen peso en la zona media-baja. Más importante aún: su voz tiene matices, tiene un color rico, sabe tener cierta gravedad, mantener la tensión del personaje, sin perder el brillo de su hermoso timbre. La ópera, que dura aproximadamente una hora, consta de siete escenas breves. En la primera y quinta escena, la Mujer, que no sólo es protagonista sino también narradora, está sola; Precisamente la quinta escena, en la que canta su aria, ocupa una posición central y puede considerarse un punto de inflexión. La música comienza discretamente y una sola nota marca el tono y continúa sonando durante un rato. La Mujer comienza su canción, a capella , hablando de su hijo con la dulzura de una canción de cuna que rápidamente adquiere un tono serio y trágico (then he had died) y continúa como una canción lastimera. No nos cuenta el motivo de su muerte: sólo habla del enfado que sintió, pero que, aun así, cumplió con su papel: lo lavó, lo “envolvió con la seda de siempre para quemar” y le cerró sus ojos. También cuenta que las mujeres vinieron a buscarlo – “a buscarlo para quemarlo, sugiriendo un ritual de cremación de alguna religión oriental, especialmente de la India, como el budismo, el hinduismo, el sijismo. Fue entonces cuando dijo “¡no!”– y fue en ese momento que la orquesta empezó a sonar, discretamente – y preguntó: “la tierra fría – los tallos de flores muertos vuelven a la vida – ¿por qué no – por qué no mi hijo?” Entonces – nos cuenta bajo una música con más ritmo, más colores y cierta ironía y cierto tono de aventura – una de las mujeres sonrió y le dijo:

“Encuentra una persona feliz en este mundo y quítale un botón de la manga. Haga esto antes de que oscurezca y su hijo vivirá”. 

Mientras decía esto, le entregó una página, arrancada de un libro viejo que contenía una lista de candidatos a personas felices. En este breve soliloquio ya es posible percibir el estilo de recitativo utilizado por Benjamin –cantado, sin esa interminable y monótona repetición de una misma nota que se encuentra en tantas obras anti musicales modernas–, así como la variedad de colores. en el canto de Crebassa que pronunció cuidadosamente cada palabra, cada una de las frases del texto; -estas frases son generalmente cortas incluso truncas. El interesante peso que se le da a cada consonante, la forma acentuada en que suenan las consonantes en la canción, además de facilitar la comprensión del texto, dan fuerza y ​​vitalidad al recitativo.

A partir de esta primera escena llama la atención el efecto visual de cantantes y actores mezclándose con sus figuras sobre las paredes metálicas, efecto que se acentuaría en las siguientes escenas. La Mujer va en busca del botón de la manga de la camisa del feliz. Antes de las tres primeras reuniones, sostiene la hoja y la lee, y las tres veces que la lee, escuchamos más o menos el mismo recitativo, a modo de proclamación, acompañado de metales sordos, dando unidad y coherencia al discurso musical. Otra característica común a todos los encuentros, especialmente cuando se encaminan hacia el fracaso, es un discreto repique de campanas. En la segunda escena, la Mujer tiene su primer encuentro: una pareja de amantes, aparentemente muy felices, pero sólo en apariencia. De hecho, no se aman y terminan peleando: mientras el amante sueña con una relación, si no estable, al menos exclusiva, el amante es fanático del poliamor. En ese momento, con los amantes bajo el foco, los reflejos en las paredes metálicas parecen cobrar aún más relevancia poblando la escena. Inicialmente, el ambiente musical es lírico, fluido; La combinación de las voces de los amantes, la soprano noruega Beate Mordal y el contratenor persa-canadiense Cameron Shahbazi , como en la música barroca, creó una atmósfera sensual, de juventud viril. En polifonía y con notas largas, sus hermosas canciones a veces se complementan, o a veces se entrelazan, mientras la orquesta creaba una atmósfera casi mística, por supuesto, hasta el momento de la discusión. En la entrevista con la revista Opéra, Benjamin mencionó que Fantasías para viola, las canciónes da gamba de Purcell cambiaron su vida como compositor. La forma en que interactúan las voces de los amantes al comienzo de la escena, que contrasta con el canto de la Mujer, trae claros ecos de la brillante obra de Purcell. Cuando los amantes empiezan a discutir, la línea melódica del amante sigue siendo sensual, con notas largas –no se estremece demasiado–, pero el canto del amante cambia considerablemente y sus líneas dejan de combinarse y empiezan a contrastarse.Decepcionada con su primer encuentro, la Mujer acude al segundo de la lista: un artesano que llega atrapado en un cubo de acrílico y que dice estar sumamente feliz. Él, sin embargo, está contento con la medicación psiquiátrica, ya que fue sustituido por máquinas en la fábrica donde trabajaba lo que lo arruinó y lo volvió loco. El ambiente musical es más misterioso, más oscuro, y el canto del barítono, a veces melismático, abarca cuatro octavas: desde la región grave hasta el registro agudo. El excelente barítono americano John Brancy recorre todo su registro y llega al falsete con total homogeneidad, sin ninguna ruptura en su historial. Cuando comienza a entrar en un estado de excitación, su canto, más duro y enfático pierde casi por completo su legato. En la orquesta, la música también se vuelve más fuerte y disonante, creando una atmósfera de suspenso que, luego de que el artesano menciona sus numerosos intentos de suicidio, termina de manera fúnebre (No one will let me die). Como antes el hacía botones, en su manga había miles de botones de todo tipo, pero es un pobre desgraciado, una víctima del progreso y de la sociedad. La tercera en la lista, una compositora muy exitosa, famosa y activa, que aparentemente lo tiene todo para ser feliz, pero es demasiado insegura y egocéntrica para eso; en el fondo, está descontenta y teme convertirse en una nota a pie de página en la historia y se siente sola. Mordal y Shahbazi regresan al escenario, es la misma pareja de soprano (el compositor) y contratenor (su asistente) de su primer encuentro. No dejan de caminar, sin salir de su lugar, pero siempre simulando una carrera, y una carrera que, literalmente no los lleva muy lejos. Una vez más, sus canciones se complementan. En la orquesta, un sonido que sugiere una sinfonía contemporánea, destacando las cuerdas, especialmente los violines, en una especie de ostinato ¡No puedo resistirme a resaltar el toque bossa nova que aparece cuando la compositora menciona a Río de Janeiro en la lista de ciudades en las que ha estado! En el momento en que dice que, a pesar de toda su fama, no es feliz, es como si las cuerdas estuvieran desafinadas. La melodía parece volverse sin rumbo, aburrida. Cansada, desanimada, se lamenta la Mujer con una aria impactante, uno de los momentos centrales de la obra –y otra demostración más de la enorme calidad artística de Crebassa. Sola, oprimida dentro de su propia mente, canta dos veces, como si fuera un mantra, lo que ya había aparecido en la escena inicial: “los tallos de flores muertos vuelven a la vida – ¿por qué no – por qué no mi hijo? La melodía, con variaciones, es prácticamente la misma que la primera escena, pero la orquestación y el canto difieren mucho: la serenidad del principio dio paso a la agitación, a la desesperación. La orquesta suena fuerte, pero Crebassa tiene voz suficiente para no ser tapada. Después de una larga pausa, la misma frase (“vapores muertos de flores…”) regresa con el texto y la melodía distorsionados y en un ambiente musical mucho más tranquilo, como si estuviera entumecida, exhausta, después de la crisis, un cambio de humor propio del lamento. Termina el aria diciendo que ya no quiere la lista, sino milagros. Es allí, en este ambiente más tranquilo, donde aparece un coleccionista de arte. Brancy, el barítono, que alguna vez fue un artesano, regresa con un estilo de canto muy diferente, con líneas más largas y suaves. Permanece más tiempo en la región grave, pero va hacia el falsete una vez. Acompañado por los mismos metales apagados, él mismo recita su descripción en la lista y añade: “Tengo habitaciones llenas de milagros”. El nos conduce por obras de artistas de diferentes épocas, escuelas y estilos. Y también lo es la música: melodías más líricas, digamos incluso más románticas, atraviesan este tejido orquestal típicamente contemporáneo. Sin embargo, para que el coleccionista sea feliz, la Mujer debe amarlo: “¿Cómo podría amarlo? ¡No! "Avergonzado, el coleccionista solitario le dice el apellido de la lista: Zabelle. El coleccionista abre la puerta y le permite que la Mujer entre al jardín de Zabelle. Es como si estuviera entrando en uno de los cuadros del coleccionista, y aquí recordamos a Alice, que atravesó el espejo del salón y acabó en un jardín. La mujer vuelve a leer su catálogo, pero esta vez, la lectura es musicalmente distinta a las anteriores, y, al final, Zabelle continúa su frase -recurso que se repetirá más adelante-. Zabelle es el único personaje de la ópera que tiene un nombre: un nombre armenio cargado de significados positivos, uno de los cuales es "comprometido con Dios". Según la leyenda, el Jardín del Edén estaba en Armenia; Según la historia, bajo el dominio otomano, hace exactamente un siglo, el pueblo armenio fue víctima de un genocidio. Aparte de la Mujer, Zabelle es el único personaje que no puede confundirse con ningún otro, que cuenta con una intérprete exclusiva: la gran soprano austriaca Anna Prohaska.

La tarde estaba cayendo, el tiempo estaba llegando a su fin. En la orquesta, la repetición enfática de las notas mi bemol y re (que ya habían sonado al final de cada encuentro frustrado) crea una atmósfera de suspenso. En el paradisíaco jardín, además de Zabelle, la Mujer dice ver un largo sendero de árboles, un hombre dormido en un banco, un niño lanzando su barquito de papel a los arroyos que riegan el jardín, una niña jugando en un columpio... sonido envolvente de una canción. Se pueden escuchar sonidos de pájaros provenientes de la orquesta. ¡Finalmente había encontrado a alguien verdaderamente feliz! Zabelle, sin embargo, que parece ser una imagen de la propia Mujer, le dice: “Imagina un día como este. La luz del sol da paso a largas estelas de sombra al anochecer. Mi jardín se oscurece – y a la luz de las estrellas, los hombres fuerzan las rejas metálicas: ocupan el parque” – en la orquesta se escuchan sonidos de fanfarria – “Se llevan la casa y todo (…). Dejo a mi bebé. No se ve bien – tiene frío, tiene frío – no recuerdo cuánto grité. Ni niño, ni barquito de papel, ni columpio ni marido…”. Zabelle demuestra que un momento, un paisaje, una “imagen” no basta para determinar la felicidad de una persona. Y concluye: “Soy feliz sólo (…) porque no existo”. Zabelle le extiende el botón a la Mujer, pero hay una barrera que las separa. Para representar el jardín paradisíaco de Zabelle, el escenario más bello de la ópera, Daniel Jeanneteau y Marie-Christine Soma rodearon el escenario con proyecciones de cuadros químicas del artista franco-marroquí Hicham Berrada. Vivas, hermosas, coloridas, pero químicas, artificiales, una ilusión. En el programa mano, Jeanneteau comentó que la idea era crear un paraíso a la vez suntuoso e inviable: “La obra de Hicham Berrada es sumamente bella plásticamente y con la ventaja de poder representar un florecimiento de vegetales sin utilizar flores (…). Las obras de Hicham Berrada, sus 'acuarios', son, en efecto, medios absolutamente inadecuados para la vida: son, en realidad, sustancias químicas extremadamente peligrosas, pero que producen esta apariencia de vida y de esplendor”  Arriba ya mencioné que Zabelle, más de una vez, continúa la frase que cantaba la Mujer. Otra característica constante del dúo entre la Mujer y Zabelle es que mientras una canta una línea más larga narrando algo, la otra realiza breves contrapuntos en la región inferior. Aunque Crebassa y Prohaska tienen timbres muy diferentes, sus voces combinan perfectamente, reforzando la idea de que existe una conexión entre ellas: son la misma persona, Zabelle es una imagen de la Mujer, o algo así. En el enigmático final, cuando, según la narración de la Mujer, regresa la escena inicial, las mujeres que miran dicen que la página había sido arrancada del vasto libro de los muertos y que nadie podía cambiar eso. La Mujer sonríe y les muestra el botón que brilla en la palma de su mano. El final, aunque enigmático, deja claro que el botón brillante, más que un rayo de esperanza o una luz para comprender la vida, como las lámparas de Kisha Gotami, contrasta con el fatalismo del “libro de los muertos”. Los frutos de la vida y de la felicidad no son conceptos tan simples, tan bien determinados, que no se pueden determinar en un solo día, que no caben en una hoja, que no se pueden enumerar – “Odio las listas”, dice Zabelle .

Pero, sobre todo, no podemos perder de vista que, al tratarse de un cuento de hadas, de un viaje mental, la situación de perder un hijo debe tomarse en sentido figurado, no literalmente. En otras palabras, no me parece que Picture tenga como tema el duelo. La obra presenta las frustraciones de la vida de una mujer que, como todas las mujeres -o todas las personas-, incluida Zabelle, crea un paraíso de ilusiones, pero, en la vida real, se enfrenta a un mundo diferente e impredecible, que atraviesa las pérdidas más difíciles. y separaciones, éxitos y decepciones, tanto en el ámbito personal, como en el amoroso, como en el intelectual o profesional. “Soy feliz sólo (…) porque no existo ” dice Zabelle, en medio de su paraíso “suntuoso e inviable”. En este sentido, además de las fuentes citadas por Crimp y las dos obras de Lewis Carroll que relatan las aventuras de Alice, es imposible no recordar Cándide de Voltaire. Se trata de otra saga de encuentros (y desencuentros) concebida en formato de cuento de hadas, que parte de la ilusión -fatalista y alienante- de que vivimos en el mejor de los mundos posibles, pero los personajes no tardan en revelar su infelicidad. Voltaire escribió Cándide fuertemente impactado por el terremoto que destruyó Lisboa y la Guerra de los Siete Años: dos tragedias, una natural y otra provocada por el hombre. En Cándide, al final del capítulo 12, en un viaje en barco desde Europa a Sudamérica, la anciana (que a pesar de su origen noble no tiene nombre, como ocurre en los cuentos de hadas y con los personajes de Crimp), después de haber narrado las desgracias que sufrió. Atravesado, le propone a Cunegunde (en la traducción de Mário Laranjeira): “Lleva a cada pasajero a contarte su historia; y si hay uno que no ha maldecido muchas veces la vida, que no se ha dicho muchas veces que era el más desgraciado de los hombres, tírame de cabeza al mar. Después de escuchar a los demás pasajeros, Cándide y Cunegunde concluyen que la anciana tenía razón. Más tarde, en el capítulo 24, Cándido cree ver una pareja realmente feliz: un monje y una muchacha. Martino, criado de Cándido, no se engaña: “Apuesto a que no están [contentos]” "Invítalos a cenar ", dijo Cándide, "y verás si me equivoco " . La niña era Paquette, una prostituta infeliz que había sufrido varios males y que siempre tenía que fingir felicidad delante de sus clientes. El monje, el hermano Giroflee, se revela extremadamente descontento con la orden a la que pertenece. Cándide acaba también con un jardín, pero no el de Zabelle, que no existe, sino el de Voltaire, el de la vida práctica, que necesita ser cultivado sin cesar: “Il faut cultivar notre jardin “. Si se me permite una comparación más, esta vez del mundo de la ópera, citaría Les Contes d'Hoffmann  de Offenbach. Cuando, delante de Zabelle, la Mujer resume los resultados de sus encuentros, dice: “El coleccionista se sentía solo; la compositora, obsesionada consigo misma; los amantes no se amaban; y el artesano, un pobre hombre arruinado”. En Contes d’Hoffmann resumió sus tres encuentros románticos fallidos: “¡Olympia! ¡Destrozada!… ¡Antonia! ¡Muerta!... ¡Giulietta ah! . En la ópera de Offenbach, todo amor ideal que Hoffmann parece encontrar resulta imposible, del mismo modo que la felicidad es inalcanzable para todos los personajes de Picture. En ambas óperas, el protagonista, que narra la historia, sufre un proceso de aprendizaje a lo largo de cada encuentro; En ambas óperas, cada encuentro trae un sentimiento extraño y representa un camino en busca del autoconocimiento. Otra similitud entre las dos obras es que cada cuadro tiene su propio ambiente musical, sin que las respectivas obras tengan una unidad. Hay, sin embargo, una similitud más interesante entre las óperas de Offenbach y Benjamin: la identificación de un cantante (o grupo de cantantes) con más de un personaje –y de una manera que va mucho más allá de la mera economía de reparto. En Contes , la misteriosa figura de una especie de Mefistófeles está siempre presente y es interpretada por el mismo barítono: Lindorf (en el prólogo y epílogo), Coppelius (en el primer acto, el de Olimpia), Dr. Miracle (en el segundo acto, el de Antonia) y Dapertutto (en el tercer acto, el de Giulietta). A veces (y es genial cuando esto sucede), es la misma soprano la que interpreta a Stella, Olympia, Antonia y Giulietta, dejando claro que son facetas de la misma persona. En imagen, una pareja formada por una soprano y un contratenor interpretan tanto a la pareja de enamorados como a la compositora y su asistente; un mismo barítono hace tanto al artesano como al coleccionista. Esto nos permite reconocer al cantante o pareja cuando regresan en una situación diferente, trayendo la sensación de que son representaciones, tal vez arquetipos, no personas específicas y bien definidas, lo que cobra más fuerza cuando recordamos que todo el viaje se desarrolla en la mente de la mujer. Si los protagonistas de las dos óperas tienen en común que ambos son narradores y que pasan por un proceso de autoconocimiento en su viaje, hay una diferencia importante: en Contes el protagonista narra sus amores y por tanto, se involucra emocionalmente en cada encuentro y tiene una participación en cada fracaso; en Picture, la Mujer mantiene cierta distancia, por lo que su enfrentamiento con el extraño se hace aún más evidente. Para terminar, sólo puedo insistir en el privilegio que fue haber podido presenciar este estreno mundial, con dirección musical del propio compositor, con un elenco impecable elegido por él, y, desde la orquesta hasta la dirección escénica, con el equipo que suele acompañar su obra y sus creaciones. La ópera, sin duda uno de los estrenos más importantes de principios de siglo, está disponible en vídeo en Arte e Medici . ¡Vale la pena darle un vistazo!

Thursday, October 20, 2016

Las Bodas de Fígaro en el Salzburgo

© Salzburger Festspiele / Ruth Walz

Oxana Arkaeva

Después de dos años como intendente interino del festival, Sven-Erich Bechtolf ofreció en paquete las tres operas famosas de Mozart y Daponte.  Le Nozze di Figaro se presentó en seis funciones, en una reposición del montaje del año pasado. Trasladada la acción de Sevilla a Inglaterra, al Downtown Abbey Sitcom, el director de escena Alex Eales hizo un Fígaro de estilo innovador no tradicional. Situada en la sección longitudinal de una casa, el público se observaba la casa de “Big brother” de Mozart, espiando por agujeros, involuntariamente el público se convirtió en voyerista de rápidas, ligeras y confusas situaciones escénicas. Musicalmente la velada fue enmarcada por la Orquesta Filarmónica de Viena bajo la batuta de Dan Ettinger, que al inicio actuó más en un plano trasero.  Tocando sonidos suaves la orquesta tomó ventaja hasta la escena final del segundo acto. La desigual conducción de Ettinger creó dificultades de coordinación entre la escena y el palco y dinámicamente permaneció más indiferente que cautivante. Los artistas se vistieron con encantadores vestuarios de la época post eduardiana (Mark Bouman) y el elenco que actuó bien y pareció disfrutar. Sin embargo, el canto se mantuvo en un nivel de voces pequeñas lo que no permitió un gran rango dinámico y careció de la sensualidad musical de Mozart. Luca Pisaroni como el Conde era la estrella de la función. Convenció permanentemente cambiando de una situación dolorosa a otra,  y engañar a la esposa y pedir perdón pareció algo normal.  Su agradable voz de bajo-barítono estuvo presente durante la función y en su aria del tercer acto alcanzó su pico musical.  La desafortunada Condesa tuvo sus primeras apariciones como una joven y hermosa mujer que sin embargo requería de lentes para leer. Anett Fritsch cantó con cálido y ligero sonido, tremolo y con algunos incómodos agudos. Su actuación y suave y graciosa, simbolizó una mujer indulgente, amorosa y fiel. La imponente presencia de Adam Plachetka, desafortunadamente no estuvo al nivel de su volumen de canto. Pareció tirar la voz hacia atrás emitiendo un sonido bajo, pero su actuación fue fascinante, especialmente en el final, cuando creó un admirable Fígaro casi como oso de peluche.  La Susanna de Anna Prohaska permaneció sombría escénica y vocalmente durante toda la noche. Estuvo agobiada por la acción y su pequeña voz tuvo dificultades para escucharse con la orquesta.  Finalmente logró serenarse al final en su aria del cuarto acto, para mostrar un grato timbre y delicado canto.  Margarita Gritskova como Cherubino cantó con cálida voz de mezzosoprano y fue adorable en sus intenciones de seductor, aunque  demasiado femenina por momentos, quizás por eso Basilio fue tan persistente con ella. Sobresalió Paul Schweinester que combinó su accionar con su canto. Su omnisciente Basilio fue el mejor personaje de la producción.  La pareja bufa de Marcellina y Bartolo fue cantada por Ann Murray y Carlos Chausson.  Ambos gustaron cantando y actuando, aunque más Murray con su divertida  y graciosa actuación de una mujer ebria.  Franz Super como Don Curzio y Erik Anstine como Antonio mostraron buenas voces, y Christina Gansch dio vida al papel de Barbarina. 

Sunday, September 18, 2016

Welcome to Mozart´s Big Brother House „Le Nozze di Figaro“ at Salzburg Festival

P
Photos Walz

Oxana Arkaeva

August 8th, 2016. Completing his two years as Festivals Interim Intendant, stage director Sven-Erich Bechtolf brought out a package of the three most famous operas by Mozart: “Don Giovanni”, “Cosi fan’ tutte” and “Le Nozze di Figaro”. Attended performance on August 16th presented the first of the six shows of last year´s production´s revival.

Moved from Sevilla to England and set in Downton Abbey Sitcom stage design (Alex Eales), this “Figaro” is more of traditional than of innovative style. Presented with a longitudinal section of the house, the audience finds itself looking inside of the Mozart´s Big Brother House. As if peeping through keyholes, we involuntary became Voyeurs of door – to – door, fast – paced, full of confusion and easy – wit stage happenings.

Musically the evening was framed by the Vienna Philharmonic Orchestra under the button of
Dan Ettinger. At the beginning acting more in the background and playing with soft sound, the orchestra musically took the lead only at the final scene of the second act. Ettinger’s uneven conducting created coordination difficulties between stage and orchestra and dynamically remained more indifferent than engaging.

The singer's ensemble, dressed in lovely costumes of post – Edwardian style (Mark Bouman) were more of a type cast, acted well and seemed to enjoy the show. The singing, however, was kept on rather a small voice level, thus not allowing a big dynamic range and missing the sensuality of Mozart’s music.

Luca Pisaroni as Count Almaviva was the acting star of the evening. He is convincing as permanently stumbling from one painful situation into the other, spoiled English Dundee, for whom to betray his wife and then ask for forgiveness is business as usual. His agreeable bass – baritone is equally present throughout the performance and in his famous aria in the third act, he achieved his personal musical highlight.

His stage wife, an unfortunate Countess Almaviva has her first mute stage appearance as still young, beautiful woman who, nevertheless, already needs reading glasses. Soprano Anett Fritsch sings with warm, light sound, with a tremolo and sometimes uneasy high notes. Her acting is soft and gracious, symbolizing the forgiving, loving, ideal type of faithful spouse.

Adam Plachetka’s imposing appearance, unfortunately, didn’t match his singing volumes. He seemed to pull back his voice, making it sound smaller, opening up only in his fourth act aria. His acting nevertheless was charming and especially in the finale, he gave a lovely and teddybear-like, admirable Figaro.

Anna Prohaska´s Susanna remained bleak scenically and vocally throughout the evening. She seemed to be overloaded by the whole action, and her small voice often had difficulties getting over the orchestra. Fortunately, in the famous “Rose” aria in the fourth act she, finally, got a chance to calm down, giving us a treat of the lovely timbre and delicate singing.

Margarita Griskova as Cherubino sings with warm mezzo-soprano and is absolutely lovable in his continuous seducing attempts. Her acting is often too feminine thus, maybe, explaining, why amorous Basilio so persistently pursues Cherubino. It is remarkable how Paul Schweinester manages to combine never-ceasing action with admirable singing. His Basilio as an omniscient, everywhere present chief spy, is the most well-shaped character in this production.

The Buffo couple of Marcellina and Dr. Bartolo were sung by Ann Murray and Carlos Chausson. Both singing and acting noteworthy, Ann Murray stole the show by giving in the fourth act an absolutely hilarious and incredibly funny performance of a drunk, hiccupping old Lady.

Franz Super as Don Curzio and Erik Anstine as Gardener Antonio both displayed good voices: Super giving a refreshing, not stuttering lawyer and Astine of a comical, steadily drunk man. Christina Gansch in the tiny role of Barbarina managed to make an impression both with her lovely soprano and boyish like, admirable play.

Greatly appreciated by the audience this production builds up, together with the two mentioned above, the Festivals´ Da Ponte Trilogy. Recently released on DVD and Blue-Ray under Unitel Classics it features up to 4K Ultra HD definition picture quality, additional backstage footage, a digital opera guide and gives a welcome opportunity to experience up-close and to enjoy the spirit and the high quality of this great venue.

Thursday, June 21, 2012

Don Giovanni di Mozart - Los Angeles Philharmonic

Foto: LA Philharmonic

La Filarmonica di Los Angeles (LA Philharmonic) , che da qualche stagione ha incorporato nella propria. opere in forma di concerto, ha iniziato con le opere della trilogia Mozart/Da Ponte Senza la presenza della buca orchestrale l’orchestra era posta nella parte posteriore e a un livello superiore rispetto a dove si sviluppava l’azione. L’idea hollywoodiana dell’architetto Frank Gehry pure ideatore della Sala Walt Disney Concert Hall, di simulare rocce con teli bianchi mescolati a costumi in stile spaziale, e colorati per le donne, e disegnati da Rodarte, suggeriva una ambientazione alla Star trek, nel futuro in un pianeta sconosciuto. Seducenti immagini visuali venivano prodotte dall’uso del contrasto, del chiaroscuro per merito del brillante lavoro di Adam Silverman. Il regista Christopher Alden non è invece riuscito a risolvere in modo convincente la parte attoriale, a causa di movimenti lenti ispirati alla formula Wilson, privando così l’opera di drammaticità, sarcasmo e seduzione. Di fronte all’orchestra Gustavo Dudamel, che mancava dell’energia e dell’entusiasmo mostrati qui all’inizio della sua gestione, offriva una lettura che privilegiava tempi lenti, noiosa in alcuni momenti, anche se dobbiamo riconoscere che nei passaggi dove ha impresso maggior dinamismo sapeva estrarre dal tessuto musicale una ammirevole trasparenza. Il baritono Mariusz Kwiecien, oggi uno dei migliori interpreti di Don Giovanni, ha dominato vocalmente il ruolo con voce robusta, sonora e calda, pur condizionato dalla visione registica poco convincente del suo personaggio Il soprano italiano Carmela Remigio è stata una Donna Anna sensibile e elegante, di timbro nitico, molto musicale e impeccabile nella dizione, e Aga Mikolaj una energica Donna Elvira di voce robusta ma non omogenea timbricamente. Il tenore Pavol Breslik esibiva voce uniforme e agile e di piacevole timbro per Don Ottavio, e Anna Prohaska era una simpatica Zerlina di linea leggera. Stefan Kocan ha mostrato voce potente da basso come Commendatore, ma come il resto del cast (Leporello, Masetto), la sua prova passava senza lode e senza infamia. RJ

Tuesday, June 19, 2012

Don Giovanni con la Filarmónica de Los Ángeles


Foto: Matthew Imaging / Carmela Remigio (Donna Anna) / Mariusz Kwiecien (Don Giovanni y Stefan Kocan (Comendador)

Don Giovanni drama jocoso en dos actos con música de Wolfgang Amadeus Mozart y libreto en italiano de Lorenzo Da Ponte. Función escénica realizada el 18 de mayo del 2012 en la sala de conciertos Walt Disney Hall de Los Ángeles, California EUA. Temporada 2011-2012 de la Filarmónica de Los Ángeles (LA Philharmonic). Director musical: Gustavo Dudamel. Elenco: Mariusz Kwiecien (Don Giovanni), Kevin Burdette (Leporello), Carmela Remigio (Donna Anna), Aga Mikolaj (Donna Elvira), Pavol Breslik (Don Ottavio), Anna Prohaska (Zerlina), Ryan Kuster (Masetto), Stefan Kocan (Commendatore). Director de escena: Christopher Alden. Escenografía: Frank Gehry. Vestuarios: Kate y Laura Mulleavy de Rodarte. Iluminación: Adam Silverman. Coro: Los Angeles Master Chorale. Maestro del coro: Grant Gershon.

La Filarmónica de Los Ángeles, que desde hace algunas temporadas ha incorporado en sus temporadas operas en versión concierto, inició su ciclo de tres operas escenificadas de la trilogía Mozart- Da Ponte. Con un escenario sin foso la orquesta fue ubicada en la parte trasera en un nivel superior a donde transcurrió la acción. La hollywoodesca idea del arquitecto Frank Gehry, también diseñador de la sala de conciertos Walt Disney, de simular rocas con telas blancas y mezclarlas con vestuarios de estilo espacial, o coloridos para las mujeres, diseñados por la casa Rodarte, sugirieron una ambientación estilo Star Trek en el futuro y en un planeta indeterminado. El contrastante uso de claroscuros de la brillante iluminación de Adam Silverman creó seductoras imágenes visuales. La idea hasta aquí parecía funcionar, solo que Christopher Alden no pudo resolver convincentemente la parte actoral, porque recurrió a los movimientos lentos de la ya desgastada formula Wilson, condicionando a los personajes a una incesaría sobreactuación, que además privó a la obra del dramatismo, el sarcasmo y la seducción que esta opera requiere.
Frente a la orquesta, Gustavo Dudamel, quien carece de la energía y el entusiasmo desmedido que mostró aquí al inicio de su gestión, ofreció una lectura que privilegió los tiempos lentos y fue tediosa por momentos, aunque debe reconocerse que en los pasajes donde imprimió mayor dinamismo extrajo tejidos musicales de admirable claridad. El barítono Mariusz Kwiecien, en la actualidad uno de los mejores intérpretes del papel de Don Giovanni dominó vocalmente al personaje con voz robusta, sonora y calida, aunque estuvo muy condicionado en su actuación para desarrollar convincentemente su personaje. La soprano italiana Carmela Remigio fue una sensible y elegante Donna Anna de timbre nítido y muy musical y exhibió una impecable dicción, y Aga Mikolaj una enérgica Donna Elvira de voz robusta pero homogénea en el timbre. El tenor Pavol Breslik exhibió una voz uniforme y ágil de grato timbre como Don Ottavio y Anna Prohaska fue una simpática Zerlina de canto ligero. Correcto estuvo el coro que se ubicó en las butacas altas detrás del escenario. Stefan Kocan, mostró su potente voz de bajo como el comendador, pero tanto el como el resto de los cantantes que completaron el elenco, pasaron sin pena ni gloria. RJ

Wednesday, January 4, 2012

Don Giovanni de Mozart en la Scala de Milán

Marco Brescia & Rudy Amisano

Massimo Viazzo

Don Giovanni como director de escena del espectáculo en el que el mismo es el actor principal. Esta es la idea de fondo de la inteligente y atractiva puesta en escena de la obra maestra mozarteana, firmada por Robert Carsen para la abertura de la temporada scaligera. Asi, las funcionales escenas de Michael Levine reprodujeron el teatro mismo, con bambalinas movibles, cortinas, palcos en perspectiva y la presencia de espejos que reflejaban la misma sala del Piermarini. Don Giovanni hizo su entrada inmediatamente en escena, y en un movimiento dramáticamente eficaz, jalo hacia abajo la cortina con los acordes en re menor de la obertura dejando descubierta, y con la sala encendida, una lucida pared en la que se proyectaban las imágenes de las plateas. Todo es teatro, la existencia es teatro y Don Giovanni lo sabe, creando personajes que sin el, permanecieron inevitablemente sin vida. El Finale de la opera fue revelador en tal sentido, con el protagonista quien reviviendo, hizo desaparecer a todos de la escena cuando concluyó la representación guiada por el, haciéndolos hundirse inexorablemente en ese abismo en el que estamos acostumbrados a verlo desaparecer a él, y en lo que fue un verdadero coup de théâtre! Muy elegantes estuvieron los vestuarios elegidos por Brigitte Reiffenstuel, sobretodo aquellos con los que Don Giovanni continuamente se cambiaba durante el transcurso del espectáculo (sacos, camisas…).
Un Don Giovanni interpretado con nonchalance y grande suavidad vocal por Peter Mattei, un dandy un poco ausente sin histrionismo ni excesos. Carismático estuvo el Leporello de Ildebrando D’Arcangelo un sirviente que interpretó el papel de un técnico de la escena. Su voz es importante y su esculpida dicción fue muy nítida. La Donna Elvira de Barbara Frittoli pareció exuberante y segura, dominando verdaderamente la escena. Un poco más anónima fue la prestación de Tamar Iveri, una Donna Anna con un poco de dificultad en el registro superior, y poco comunicativa. Giuseppe Filianoti prestó a Don Ottavio una voz importante, pero la emisión por momentos forzada y una cierta rigidez en el fraseo comprometieron en parte el resultado. Timbrado e imponente el Comendador de Kwangchul Youn, mientras que poco atractivo desde el punto de vista vocal estuvo la pareja Zerlina-Masetto interpretada por una debíñ Anna Prohaska y por un cavernoso Štefan Kocán. Daniel Barenboim encontró buenos equilibrios timbricos y una convincente variedad dinámica, pero los tiempos, sobretodo en los concertati estuvieron demasiado lentos y privados de energía teatral.




Don Giovanni - Teatro alla Scala, Milano

Foto: Marco Brescia & Rudy Amisano

Massimo Viazzo
 Don Giovanni regista dello spettacolo in cui egli stesso è attore principale: ecco l’idea di fondo dell’intelligente ed avvincente messa in scena del capolavoro mozartiano firmata da Robert Carsen per l’apertura scaligera. Così le funzionali scene di Michael Levine riproducono il teatro stesso, con quinte mobili, sipari, prospettive di palchi e la presenza di specchi che riflettono la stessa sala del Piermarini. Don Giovanni entra in scena subito, e questo è un momento drammaticamente efficacissimo, strappando il sipario sugli accordi di re minore dell’Ouverture e lasciando scoperta, e a sala accesa, una parete lucida che proietta l’immagine delle platea. Tutto è teatro, l’esistenza  è teatro e Don Giovanni lo sa, creando personaggi che senza di lui restano inevitabilmente senza vita. Il Finale dell’opera è rivelatore in tal senso, con il protagonista redivivo che fa sparire tutti dalla scena alla fine della rappresentazione da lui guidata, facendoli sprofondare inesorabilmente in quegli abissi che solitamente spettano a lui: un vero coup de théâtre! Molto eleganti gli abiti predisposti da Brigitte Reiffenstuel, soprattutto quelli che Don Giovanni continua a cambiarsi nel corso dello spettacolo (giacche, camicie...), un Don Giovanni interpretato con nonchalance e grande morbidezza vocale da Peter Mattei, un dandy un po’ svagato senza istrionismi nè eccessi. Carismatico il Leporello di Ildebrando D’Arcangelo, un servitore che indossa i panni del tecnico di palcoscenico: la sua voce è importante e la sua dizione scolpita e nitidissima. La  Donna Elvira di Barbara Frittoli è parsa esuberante e sicura, vera dominatrice della scena. Un po’ più anonima la prestazione di Tamar Iveri, una Donna Anna un po’ in difficoltà nel registro superiore e poco comunicativa. Giuseppe Filianoti ha donato a Don Ottavio una voce importante, ma l’emissione a volte forzata e una certa rigidità nel fraseggio ne hanno in parte compromesso i risultati. Timbrato, imponente il Commendatore di Kwangchul Youn, mentre poco attraente dal punto di vista vocale la coppia Zerlina-Masetto interpretata da una flebile Anna Prohaska e da un cavernoso Štefan Kocán. Daniel Barenboim ha trovato buoni equilibri timbrici e una convincente varietà dinamica, ma i tempi, soprattutto nei concertati, erano un po’ troppo lenti e privati di energia teatrale.

Friday, March 19, 2010

La Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela dirigida por Claudio Abbado en Lucerna, Suiza

SJVSB. Director: Claudio Abbado. Solista: Anna Prohaska. Sala de Conciertos Teatro KKL. Festival de Lucerna, Suiza. 19-03-2010. Fotos: Nohely Oliveros/ Fesnojiv
La Sinfónica Simón Bolívar aportó emotividad y precisión en Lucerna, Suiza
Prensa Fesnojiv

La esperada actuación de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, con el maestro Claudio Abbado guiando la batuta, se inició con una suite de Sérgei Prokófiev (Escita, Op.20) en cuya interpretación predominaron la claridad y el orden, con líneas rotundas y un nunca descuidado matiz de incandescencia. Equilibrio entre la gran familia de instrumentos, transiciones llenas de sabiduría y planos sonoros ejemplares para una estructura tímbrica que nunca mostró ni un ápice de flaqueza, fueron atributos que extasiaron a los cultísimos melómanos que ocuparon las casi dos mil butacas del Concert Hall de Lucerna, Suiza, asiento de uno de los festivales de música de mayor prosapia del planeta. La Simón Bolívar, orquesta residente y atracción estelar del evento, aportó trascendencia y precisión, embridada por la férrea batuta de quien está considerado como uno de los directores de mayor jerarquía de la historia. El público de Lucerna, habituado a los grandes acontecimientos musicales, se rindió ante el vigor y la solvencia técnica de los instrumentistas venezolanos, aplaudiendo de manera entusiasta su interpretación contrastada y colorista.

Igualmente aclamada fue la soprano Anna Prohaska, solista de la Sinfónica Simón Bolívar en la exigente Suite de la ópera Lulú de Alban Berg, abordada por el maestro Abbado y sus huestes venezolanas con un lirismo mesurado, no exento de exuberancia y aliento. Prohaska mostró un sonido eminentemente lírico, agradable, fresco, radiante y soleado, con un carisma que conjuga encanto y seducción. Su fraseo fue imaginativo y regulado, cualidades indispensables para el canto en forte y para la intimidad de los pianissimos.

La Patética de Tchaikovsky -obra seleccionada por el maestro Abbado como epílogo de este primer concierto del festival- fue un modelo de rigor constructivo. A partir del sobrecogedor susurro con el que la orquesta inició su accionar, la tensión interpretativa no decayó jamás. Además de patética, la gran composición de Tchaikovsky fue una sinfonía geométrica, delimitada hasta la exactitud. Los músicos venezolanos, guiados por la sabia batuta del maestro italiano, consiguieron seducir nuevamente al conocedor público local, brindando –como bien apuntó un importante periódico cultural suizo- “un divino ejercicio de emoción y belleza”.

La Sinfónica de la Juventud Venezolana invitada del Festival de Lucerna, Suiza

Foto: Dudamel- Los Angeles Philharmonic Association ; Abbado- Frank Di Polo. Fesnojiv; Lucerne Festival - Jürg Egli
Prensa Fensojiv

La sinfónica venezolana –orquesta cimera de un Sistema musical educativo y social que ha sembrado raíces ejemplares por el mundo- reaparecerá bajo la dirección del maestro Claudio Abbado, director artístico del Festival desde 2003, interpretando un exigente programa, la noche del 19, y luego en los días subsiguientes, actuará bajo la égida de Gustavo Dudamel (aclamado en el evento internacional de 2008 por su solvencia y energía) y de los emergentes conductores Christian Vásquez y Diego Matheuz, miembros de una saga de músicos virtuosos, incubados en el seno de la Fesnojiv. La ascendente soprano inglesa de origen austríaco, Anna Prohaska, intervendrá como solista de la Simón Bolívar en la velada inaugural del viernes 19, en la Suite de la ópera Lulú, de Alban Berg, encauzada por la batuta de Abbado, quien suele reunir en la hermosa población suiza a los ejecutantes más destacados del planeta.


Gustavo Dudamel, el director que ha recibido en los dos últimos lustros las más encendidas ponderaciones de los críticos europeos y asiáticos, regresará el sábado 20 a la KKL de Lucerna –sala modular, como ha sido llamada- para brindar otra inequívoca muestra de su arte en la ejecución del Poema Sinfónico Francesca da Rimini, del que acostumbra extraer matices insospechados. Inspirado, sin dudas, en la acogedora atmósfera del encantador paraje, el joven barquisimetano también empuñará la batuta, delante de la SJVSB, para dejar oír la imponente Sinfonía Alpina Op. 64 de Richard Strauss. El colofón del Festival de Lucerna, en cuyo seno el maestro Abbado incluye cada año nuevas obras de su celebrado Ciclo Mahler, lo constituirá la presentación de los dos ascendentes directores del Sistema: Christian Vásquez, de la cantera caraqueña, y Diego Matheuz, larense como Dudamel. Así el público del festival disfrutará de la calidad de esta orquesta que será conducida por esta constelación de directores. Lucerna, en Suiza, situada sobre el idílico Lago de los Cuatro Cantones y rodeada de imponentes montañas, albergará durante cuatro días –del 19 al 22 de marzo- a los instrumentistas de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, invitada en condición de huésped del Festival de Pascua en el que la excelencia musical es la nota dominante, tanto en los nuevos puentes con la modernidad como en la mayor concentración, año tras año, de formaciones orquestales de referencia en Europa y América.

Christian Vásquez, asistente del maestro Mariss Jansons en la Bamberg Synphoniker de Alemania y avanzado alumno de José Antonio Abreu, interpretará con la Simón Bolívar la celebérrima obertura rossiniana de la ópera Guillermo Tell, más un repertorio latinoamericano conformado por obras de Alberto Ginastera (las Danzas del Ballet La Estancia), Evencio Castellanos (Santa Cruz de Pacairigua) y Arturo Márquez (el Danzón número 2). Para el epílogo de sus desempeños en el acreditado festival suizo de 2010, la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar seleccionó la Sinfonía nº 10 de Dmitri Shostakovich y el Concierto para violín y orquesta de Beethoven, ambas dirigidas por Diego Matheuz, con un solista de la talla de Kolja Blacher, nacido en Berlín, quien ha sido huésped de las orquesta más importantes del mundo, junto a las cuales ha exhibido una exuberancia concisa y poderosa.

Saturday, March 6, 2010

Claudio Abbado al Servicio del Sistema Orquestal en Caracas Venezuela.

Fotos: Claudio Abbado (director) y SJVSB, Anna Prohaska (soprano) Crédito: Frank Di Polo. Fesnojiv.
Prensa Web Fesnojiv
Sala Simón Bolivar. CASPM- Caracas
Sergéi Prokófiev, Suite Scythian Op. 20
Alban Berg
, Piezas sinfónicas de la ópera Lulu
Piotr Ilyich Tchaikovsky, Sinfonía nº 6 en si menor, Op. 74 Patética.
Cuando una orquesta es tan buena, dúctil, maleable y exacta como la Sinfónica de la Juventud Venezolana "Simón Bolívar"; y cuando un director es tan culto, serio, detallista y posee una personalidad avasalladora como la de Claudio Abbado, el destinatario de la música no puede sino embelesarse ante la perfección y la belleza. La conmemoración de los 35 años del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela ha propiciado un encuentro con la solidez y el rigor de uno de los más grandes directores de las dos últimas centurias y ello constituye un motivo de legítimo orgullo. Desde que en enero de 2005 se estableciera una intensa y nunca interrumpida relación con la Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar -la formación cumbre del exitoso y laureado sistema artístico y social venezolano- el aporte del maestro Claudio Abbado ha contribuido a jerarquizar en el mundo a una formación que se encuentra al servicio de una de las actividades más placenteras y exquisitas.

Esa verdad quedó plasmada -e inmortalizada en la historia musical del país- desde que Abbado empuñó la batuta para dirigir a la "Simón Bolívar", reforzando el quehacer académico de una institución de alto vuelo, y dentro del marco de una temporada aniversaria consagrada -por decisión del maestro José Antonio Abreu- al entrenamiento orquestal. ¿Quién otro sino Abbado, tan vinculado a la historia del Sistema venezolano, podía potenciar al máximo la rica orquestación, refinada y no exenta de matices, de la Suite Escita de Sergéi Prokófiev, una caudalosa narración, llena de sabor cinematográfico, que tiene como epílogo la sobrecogedora Marcha de Lolly y el Cortejo del sol? ¿Quién sería capaz de desvelar las complejas armonías de la Suite de la opera Lulú de Alban Berg, con una joven soprano austríaco-inglesa de 26 años, llamada Anna Prohaska, que hizo gala de una afinación irreprochable y una increíble ordenación de las dinámicas y los ritmos?

¿Cómo disfrutar el sonido de una orquesta homogénea, consistente, concentrada, y que respondió con creces a lo que Claudio Abbado le exigió en la celebrada Sinfonía (Patética) de Tchaikovsky? El Resultado fue apoteósico y la satisfacción del público -que llenó el Centro de Acción Social por la Música en Caracas- en una jornada donde se reforzó, con enjundia, la solvencia académica, la pulcritud , la nitidez y el riquísimo legado que nos obsequió el celebre director italiano. !La experiencia fue por demás loable, y sin reparos¡